Matrix y Avatar: la historia de dos besos muy mal colocados

Hola, culebras.

Hace unos días fui al cine, algo de por sí infrecuente dado que estoy en contra de ese tipo de cultura abusiva en la que pagas una exageración por apenas dos horas de algo que incluso puede que no te guste, y que si te gusta no puedes volver a disfrutar. Por no mencionar que te meten publicidad no deseada al principio, y que te arriesgas a padecer vecinos molestos.

Bueno, eso, que hace unos días me metí en una sala de cine a ver la peli de moda, Avatar. Si entré con cierto temor  acerca de lo que me iba e encontrar (no pude evitar leer algunos comentarios de gente que tiene costumbre, como yo, a leer ciencia ficción), la verdad es que salí sintiendo vergüenza ajena. No voy a hablar en detalle de las razones de ese sentimiento, sino simplemente diré que Avatar posee uno de los guiones más vergonzosos que he visto en años. El señor Cameron para mí, mientras guionice, ha muerto. Vamos, que se acaba de ganar un precioso R.I.P.

Pero entre los despropósitos que como plaga bíblica se suceden en la película, algunos de ellos dignos de apaleamiento, destaca uno: el jodido beso del marine con la jamona alien de turno. Ese beso supuso el anticlímax de la película, el colmo de ‘hasta aquí hemos llegado’. A la mente me viene otro beso que se carga una película hasta el momento aceptable: el beso de Trinity a Neo. Ese beso dejaba bien clara una cosa: Trinity es a la ‘realidad’ de la Tierra conquistada por las máquinas lo que Neo a Matrix, una persona capaz de alterar las reglas de esa ‘realidad’, de resucitar muertos. Yo, al salir del cine tras ver Matrix, estaba convencido de que deberían hacer una segunda parte de la película sólo para explicar eso. Por supuesto, como luego se vio, nasty de plasty. Los hermanos Wachowski (no confundir con el otro) con la segunda película de Matrix demostraron que sólo saben hacer persecuciones súper caras y aburridas en autopistas creadas sólo con ese fin, porque lo que se dice cine de ciencia ficción entretenido y (siempre dentro de los parámetros de la fantasía y la ciencia ficción) creíble/coherente no.

¿Qué le pasa al beso de Avatar? Pues algo que cae por su propio peso: lo que aparece en pantalla no es más que un puñetero beso humano, muy humano, demasiado humano. ¿Dónde está el esfuerzo por hacer una civilización medianamente alienígena y creíble, con todo su juego de relaciones interpersonales alienígenas? Vamos, que ese beso como demostración de amor está puesta ahí para que lo comprendan los espectadores lobotomizados, vagos o cortitos, aquellos a los que hay que darles todo mascado porque si no se pierden. Contemplando la biología del planeta (esa que tanto mentan a los largo de la peli los de green piece de turno) ¿para qué querrían besarse estos seres cuando poseen algo mucho mejor, un vínculo neural (la cosa de la coleta) que les permite unirse mucho más allá del simple contacto de la carne? Al protagonista le muestran el uso de ese enlace especial en numerosas ocasiones, hasta llegar al punto de ser una parte imprescindible de su relación con el entorno: con los ‘caballos’, con los ‘dragones’, con la propia ‘Gaia’, con sus muertos incluso. Así que, llegados al momento de demostrar el amor (que no deja de ser un sentimiento humano, y qure no tiene porqué aplicarse a una raza extraterrestre) ¿no resultaría más lógico que usaran ese mismo enlace y no recurrir a algo tan primitivo e insulso como un froti-froti buco lingual? Por dios, que le amputen las manos a Cameron para que no coja un teclado en su vida. Y que también le laringoticen para que no pueda dictar nada. No más guiones de ese tío, por favor.

En definitiva, dos besos, dos momentos supuestamente románticos (supongo que metidos para satisfacer los requisitos comerciales de los productores) que se cargan lo que hasta el momento se narraba en la película.

Un premio para ellos.

Adiós, ofidios.

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