Mohamed Bouazizi: un nombre que nunca debe ser olvidado

Hola, ofidios.

Puede que a estas alturas el nombre de Mohamed Bouazizi les diga poco o nada. ¿Quién es ese moro?, dirá alguno. Pues ese hombre, sin saberlo, puede ser una de las figuras más importantes de la historia moderna. Al menos ya lo es de la de Túnez y de Egipto, y está en camino de correr la misma suerte para Yemen, Siria, Dubai… y España.

¿Cómo puede ser eso cierto?, diréis. Os coloco una foto suya, a ver si os dice algo:

Mohamed Bouazizi

(Fuente.)

¿Nada? ¿No os suena su cara? Os pongo un enlace a otra foto, quizá un poco más desagradable.

Me parece que seguís igual. Alguno ya habrá adivinado que este hombre ha sufrido graves quemaduras. Os daré una nueva pista: Mohamed Bouazizi murió víctima de esas quemaduras. Quemaduras que él mismo se infringió.

¿Cómorl?, os escucho exclamar, ¿que es uno de esos cobardes que se suicidan?

Pues sí… y no. Sí, se suicidó, se mató a si mismo, optó por el camino de abandonar este mundo de manera prematura… pero lo hizo a lo bonzo, como protesta por su situación.

¿Qué situación es esa que le lleva a cometer esa salvajada?, preguntáis, y no sin razón. ¿Qué lleva a un hombre joven (además con formación universitaria) a cometer algo tan doloroso y dramático como rociarse de pintura inflamable y prenderse fuego? La desesperación, la rabia, la indignación. Le habían quitado su medio de subsistencia, habían desoído su petición de ayuda. Y en un gesto absolutamente nada occidental pretestó prendiéndose fuego.

Vale, que sí. Pero ¿qué tiene que ver este moro con España y conmigo?, soltarás hastiado. Ahora te invito a entrar en la página que la wikipedia española le dedica a ese vendedor ambulante.

¿Qué, lo captas? ¿No? Pues te lo voy a dar mascadito: ese hombre el 17 de diciembre de 2010 se quemó a lo bonzo ante un edificio oficial en su ciudad, Sidi Bouzid (Túnez). Días después se iniciaron las revueltas en la región. Mientras la gente se alzaba contra Ben Alí (un dictador que nunca había sido presentado como tal en la prensa española) Mohamed moría en el hospital. Pero su gesto y, nunca mejor dicho, la llama de su atrevimiento ya había creado un efecto dominó. La revolución tunecina triunfó, Ben Alí cayó, y con él Túnez entró en una nueva época. A Túnez siguió Egipto… y luego más países.

Mientras, en el no tan remoto occidente europeo, varios países (sobre todo los cerdos) se desangraban en una crisis inventada por el poder financiero. Y en España, además de la crisis que nos han servido los banqueros, tenemos la muy patria del ladrillo, servida a la carta por Aznar y Zapatero. Pero la gente, esa masa estúpida y manipulable, esa borregada que hasta entonces con el jurgol, la fórmula uno, los toros y la Esteban ya esteba contenta, empieza a reaccionar. Las redes sociales se calientan y una parte de la sociedad (viendo que se puede, que otros países en teoría más atrasados se están sacudiendo el yugo) estalla el 15 de mayo de 2011 (algo que yo, con poco acierto, había deseado/vaticinado que sucediera años atrás). Al 15M le sigue el fenómenos de las acampadas, y cómo eso se propaga por otros países. Ya se habla de revolución global, algo que puede tomar una nueva escala si se une de una vez por todas China.

Y todo porque un vendedor ambulante, lleno de desesperación, se quemase en público en su ciudad.

Con toda sinceridad, si estas revoluciones llegan a buen término, espero que a este hombre se le erijan monumentos y se le recuerde como se merece. Con su sacrificio, sin saberlo y sin quererlo, ha hecho mucho más que cientos, miles de políticos de decenas de países a lo largo de décadas.

Mis respetos a este hombre que ha entrado por la puerta grande en la historia.

Un saludo.  A él y a todos.

P.D.: Sí, hay en la red más entradas como esta, pero no por repetirse una verdad ésta deja de serla.

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