Samuel R. Delany – Nova

Hola, culebras.

Sí, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que puse nada en este blog, pero es que he estado (y aun sigo) de baja, pachucho. Y además, por una vez en mi vida, estando enfermo no he tenido muchas ganas de leer. Eso indica lo mal que de hecho me encuentro. De esa manera un libro que en otras circunstancias no me hubiera durado ni una semana ahora me he tirado más de un mes con él. ¿De qué libro hablo? De Nova, de Samuel R. Delany.

Del señor Delany no leía nada desde hace muchos años. Pero muchos, muchos. Si no recuerdo mal la última vez que agarré algo suyo se trataba de la saga La caída de las torres, lectura que se me hizo por aquel entonces (yo no había siquiera superado la veintena de años) espesa y casi insoportable. Dado que no recuerdo de esa trilogía mucho ignoro cómo la afrontaría ahora, si me gustaría o no.

Pero sí puedo decir que este Nova lo he agarrado con cierto resquemor y miedo. La fama de Samuel R. Delany como escritor no–fácil le precede. ¿Y qué me he encontrado en esta novelita? Pues una aventura que, sin haber leído el clásico de Melville, creo que tiene bastante que ver con Moby–Dick. En resumidas cuentas se trata de la historia de un capitán de navío (estelar pero navío al fin y al cabo, con sus remos y todo) en busca de un premio demente, una meta que le puede llevar a la muerte, a él y a todos cuantos le acompañen en la travesía. ¿A quién tiene por compañeros? A la manera del Lobo de mar de London el capitán se hace acompañar de un literato, pero junto a éste hay un marinero y músico de origen terrestre (algo que en la novela queda claro que supone toda una distinción, una raza aparte) así como un peculiar grupo de marinos nacidos en los sistemas extrasolares.

Con esos ingredientes se podría esperar una novela de aventuras más o menos dinámica. Pero no. Nova, en vez de fluir de una manera continua hacia su meta se estanca en detallar los recuerdos del capitán y algunos de los miembros de la tripulación. Esos pasos a atrás en el tiempo de la historia tiene una excesiva longitud, haciendo que se rompa el tempo de la acción principal. En vez de llevar al lector a esos sucesos pasados (y que sí, que tienen peso en la historia principal) de una manera dosificada, con píldoras más o menos pequeñas, le empacha con páginas y páginas de historias secundarias que en un principio parecen por completo desconectadas de la trama base. Para más INRI resulta que algunos de esos recuerdos tratan de definir a algunos de los personajes de la tripulación, si bien otros miembros de la misma quedan por completo huecos, planos. ¿Tanto hubiera costado dedicarles a los mellizos o a la pareja de los pajarotos tanto interés como al resto? Como resultado de todo ellos tenemos un tratamiento de los personajes irregular.

Otro defecto que tiene la novela (este que me lo tomo a nivel más personal que otra cosa) lo encontramos en el uso de la pseudociencia. El autor trata de argumentar parrafadas técnicas para explicar el funcionamiento de ese mundo, pero la mayoría de ellas consisten en pura charlatanería con ínfulas de ciencia. Más le hubiera valido eliminarlas, soltar lo del flogisto a las claras y seguir adelante con la búsqueda de Moby–Dick.

Con todo ello el resultado final del libro defrauda un poco: da pena ver cómo lo que muy bien podía haberse convertido en una historia época acaba en agua de borrajas. Por todo ello le pongo un 6, y bastante me parece.

Adiós.

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