Poppy Z. Brite – El alma del vampiro

Hola, culebras.

Cuánto tiempo… De nuevo malo (sin duda la edad ya se hace notar), de nuevo un gran hueco en el blog. Lo peor de todo ha supuesto que en este tiempo he leído poco y menos: no estaba de humor para ello. Aparte que lo que he tenido entre manos no me ha resultado muy de mi agrado.

Al asunto.

Nunca antes había leído nada de Poppy Z. Brite, por lo que empezar con el ‘famoso’ (al menos en mi cabeza poseía cierta fama, aparte de que sólo conocía ese título de la autora) El alma del vampiro me pareció buen idea. Me esperaba un libro de vampiros que, tal y como tenía entendido, había servido de revulsivo en el subgénero. Dado que no estoy muy puesto en ese subgénero no puedo decir con seguridad si de verdad el libro tuvo ese efecto, pero en mi caso tengo que decir que no lo logró.

Novela adolescente y para adolescentes, enfoca la figura del vampiro desde un aspecto por completo alejado de la religión (los de este libro no huyen ante un crucifijo, resultando para ellos indiferentes los símbolos religiosos). A lo largo del libro intenta describirlos como una especie por completo separada de la humanidad. No lo dice con estas palabras, pero se desprende de la lectura que los vampiros son parásitos que mediante una por completo increíble (en el sentido peyorativo de la palabra) han sufrido una evolución convergente hacia su especie huésped, hasta el inverosímil punto de permitir la creación de híbridos viables. Todo lo que se refiere a la idea de vampiro de la novela se cae por su propio peso cuando se le da dos pensadas: la vitalidad y fortaleza mediante la simple ingesta de sangre, la enorme capacidad de regeneración de tejidos, por no hablar de la inmortalidad… todo ello se asocia a un supuesto ente biológico al que se pretende desvestir de todo elemento mágico. Por supuesto el intento acaba fracasando, carente de explicaciones válidas.

Pero no todos los defectos se limitan a mi manera de ver un texto/argumento que se supone carece de elementos mágicos. Hay más defectos que han hecho la lectura no muy agradable.

Otro, que leyendo ahora acerca de la autora forma parte de su sello personal, consiste en el uso de personajes homosexuales. En esta obra parece que todos tienen tendencias homosexuales, o como mucho bisexuales. Una cosa es defender la libertad sexual y otra muy diferente cercenar la realidad (que existe una variedad de sexualidades) borrando casi del mapa la tendencia mayoritaria y limitándose a un tipo concreto. Eso hace que el texto me parezca más irreal aún. Como panfleto pro–homosexuales no estará mal, pero como intento de plasmar una galería de personajes creíble falla.

El libro empieza con una historia de abandono, casi a lo telenovela. Continúa con la inserción de un personaje que a todas luces, y para mi pesar, gozará de peso: Fantasma, un chico con una especie de poderes paranormales, hipersensitivo. O lo que yo llamo ‘la llave hacia el deus ex machina’. Con el avance de la novela no me equivoco, adquiriendo el chaval ese un papel tramposo y de salida fácil.

Otro personaje trata de humanizar a los vampiros, el supuesto protagonista de nombre Nada. Pero por desgracia ese chaval, que bien podría centrar la novela, se va diluyendo en la última parte de la novela. Llegados al último tercio de la novela casi desaparece; sólo resurge en el final, momento en que no se sabe a santo de qué aparece dotado de un poder nunca explicado (e injustificado) sobre los otros vampiros.

La novela está llena de tópicos relativos al mundillo siniestro. Puede que los siniestros de Nueva Orleáns resulten tan tontos como los de la novela, porque al menos los que yo conozco lo son tanto… bueno, alguno sí.

Alguna escena cruje por forzada: así de entrada se me ocurre al de la pelea en la máquina de Coca Cola de la gasolinera y el ‘casual’ accidente posterior. Ignoro lo que pretendía la autora con ello, pero en mi caso en vez de decir ‘que dramático’ me ha hecho pensar ‘¿me tomas el pelo?’.

Para acabar hablar de la supuesta provocación de alguna de las escenas: ¿le supone un reto al lector leer la descripción de una violación o de sexo incestuoso? A mí, la verdad, no. Considero que quien al leer ese tipo de escenas se sienta asqueado o espantado que siga metido en su jaula de oro leyendo basura edulcorada: la vida da eso y más, por desgracia. Y que no lean La carretera.

En definitiva, una lectura decepcionante y que no me anima lo más mínimo a buscar nada más de la señora Brite. El libro se lleva un 4 y va que chuta.

Adiós.

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