Stephen King – Canción de Susannah

Hola, culebras.

Ya sólo me queda uno, un librito de casi mil páginas para acabar con LTO. Como se ve me he ventilado este Canción de Susannah en un plis, en un auténtico santiamén. Al menos en mi caso, alguien que cada no sé por qué vez lee con más lentitud, así me lo ha parecido. ¿Qué quiere decir eso? Pues que lo he disfrutado, sí señor. En esta Canción King regresa a una lucidez perdida en los volúmenes tercero y sobre todo cuarto (me niego a hablar de ese interludio apenas interesante dentro de la saga titulado El viento).

Stephen King - Canción de Susannah

Stephen King – Canción de Susannah

¿Qué me hace pensar así? En un primer lugar hay que hablar de que nos encontramos ante una lectura ágil, al más puro estilo del King clásico y que tan buenos recuerdos me trae. Lo narrado invita a leer y leer sin pausa. Por desgracia ese hambre que genera la historia se contrapone a que nos encontramos con una obra breve, muy breve, mucho más que  aquellas a las que nos tiene acostumbrado el autor. Casi se podía decir que se trata de una novela corta (ojo, hablando en términos de Stephen King, claro). Al acabar de leerla se junta en hambre con las ganas de comer, que dirían en mi casa, lo que haga que tengas la impresión de que se quedaban cosas en el tintero. No lo digo como algo malo, sino en el sentido de que se podían haber narrado bastantes más acontecimientos en este libro. De hecho todo el libro sabe a preludio de algo gordo, pero no de ‘lo gordo del final’ sino de ‘lo gordo de un episodio clave no resolutivo’. No se si me ejpliko :P. Se me hace que dejan demasiados asuntos pendientes para el último libro. Al fin y al cabo todavía están por ahí volando muchos temas, como el del terreno, todo lo relativo a Tronido y lo que hay más allá, por no mencionar ciertos biológicos y desconcertantes cabos sueltos de Lobos.

Aún con todo hay que insistir: los pros superan a los contras.

Uno de los aciertos del libro, al menos desde mi punto de vista, radica en que nos encontramos con un texto que juega con algo que sólo puedo describir como metarrealidad. Como amante de Moorcock debo decir que me han encantado esas pinceladas de la teoría del multiverso. King no lo hace de una manera tan alocada y divertida como el inglés, pero reto al señor King a que mi niegue que no pensó en Elric, Ereköse, Hawkmoon o Corum al narrar estas aventuras de Rolando y compañía. A través de esa metarrealidad se empieza a explicar esas referencias literarias y cinematográficas que en las entregas anteriores me mosquearon. En las otras entregas esas referencias supusieron una manera fácil de meter páginas y argumentos, eso hay que decirlo claro. En Lobos el señor King se limitó a llevar a su mundo una historia ya narrada, revistiéndola de su propia mitología pero con la mitad del trabajo de base ya hecho. Y en Bola fusiló ideas del Mago de Oz, con lo que eso implica de ‘como otro ya lo ha pensado yo no pienso y no me esfuerzo’. De nuevo no se puede comparar su actitud con la de Bester, pero tira hacia ese rollete. Pese a todo gracias a este sexto libro esa serie de ‘homenajes’ empiezan a encajar aportando un ‘sentido del todo’ bastante (sí, al final tengo que decirlo) onanista. O muy onanista, qué carajo. En esta obra el señor King se da un homenaje a sí mismo como no he leído jamás en otra novela, o al menos ahora mismo no recuerdo nada semejante. Sin duda ha disfrutado, y mucho, al redactar ciertas secciones de este libro. Lo comprendo: él que puede, a él que le dejan (sigo pensando que a otro autor con menos éxito comercial el editor no le hubiera dejado publicar eso), que lo disfrute. Sólo puedo decir que siento una horrible envidia por ello.

Pese a lo disfrutable que es el libro tiene sus contras, como no podía faltar en una obra de King: el libro queda descompensando. Algunos protagonistas pasan por las páginas sin apenas pena ni gloria, poco menos que olvidados hasta cierto momento final; por el contrario otros reviven en una grandeza y fuerza sólo comparable a la de La invocación. De resultas de todo ello, junto a la brevedad del texto, me queda una sensación de que ‘aquí han faltado más historias’. Me da la impresión de que, tal y como se desprende del coda, el señor King se ha encontrado con que la MUERTE le ha metido prisa:

–TERMINA ESTA CONDENADA SAGA, HIJO, QUE SI NO LA SIGUIENTE FURGONETA ACABARÁ CONTIGO.

Nota, por si acaso alguno piensa algo: no, no me considero NI DE LEJOS fan de Pratchett. De hecho no me atrae nada de nada todo el rollo ese me Mundodisco.

No diré que Stephen King se haya vuelto un cagaprisas, pero casi, casi. Sin lugar a dudas el atropello ha desencadenado su necesidad de acabar la historia, pero ¿qué hubiera pasado su no hubiera pasado eso y, siguiendo el ejemplo de George R. R. Martin, se hubiera tomado su tiempo (y sus miles de páginas) en hilvanar algo más maduro? El mismo King lo admite: escribe por impulso. Ahí radica su magia… y supone su talón de Aquiles.

En fin, esto es lo que hay. Ajo y agua.

No quiero adentrarme en el libro, más que nada porque alguien al que respeto no se ha leído ni este libro ni el siguiente: no voy a adelantar nada para no reventarle la sorpresa. Sólo sabe que tiene mis libros a su disposición para cuando quiera acabar la saga.

Pese a todo yo no sería yo sin dar un poco de cera. ¿En qué? Pues claro, en los errores que he creído identificar:

  • Errores de traducción, como por ejemplo las dimensiones de la puerta de la cueva. La verdad es que este error proviene de Lobos, pero lo pongo aquí porque me acordado ahora de él y porque no se subsana en Canción. En Lobos se habla de una puerta de una ¿veintena? de metros de alto, algo sin duda llamativo. Sin embargo en Canción no se la describe así de grande (descomunal, mejor dicho), sino que de manera similar a las de la playa. ¿Qué ha pasado? No dispongo de los originales en inglés pero apostaría a que han bailado las unidades de medida, de pies a metros. Haciendo la conversión pies–metros ya sale una puerta grande pero aun así mucho más comprensible y creíble, sobre todo para una puerta que se encuentra dentro de una caverna.
  • Errores de escenario: uno de los más graves que me chirrió mucho de nuevo tiene que ver con la puerta. En Lobos la parte posterior de la puerta daba justo a un abismo. Sin embargo en Canción resulta que tras ella hay espacio suficiente para que se forme un semicírculo de personas. Entiendo que mola la idea de rodear la puerta para el ritual. ¿Que la descripción original no me cuadra con la escena? No pasa nada: la muevo por arte de magia y dejo entre ella y el abismo el sitio necesario. Arreglado. Tsk, tsk, señor King. Aceptamos barco como animal acuático, vale.
  • Vació en la trama, al menos vacíos sin cubrir a estas alturas de partida: pese a lo explicado respecto a los Lobos y su función/trabajo (o lo que medio se ha intuido) me sigue quedando una gran duda. O se me ha pasado o sigo sin ver una razón lógica para que en los callas haya semejante superpoblación de mellizos. ¿Razones ambientales? ¿Alimenticias? ¿Manipulación genérica? ¿Selección de una población con tendencia a ese tipo de descendencia? ¿O simple y pura magia? Espero que ese detalle vital (que al fin y al cabo justifica un libro entero, y supone la base de la explicación para el comportamiento de parte de la facción enemiga) se explique en la última novela.

Pero bueno, salvando pequeños detalles voy a empezar a leer la última novela con auténticas ganas. Me esperan casi mil paginitas. A ver si no defrauda. Al menos esta Canción no lo ha hecho, tanto como que al final se lleva un 8.E insistirle a cierto individuo a que se deje de tontarías y que se lea ya estos dos últimos libros.

Adiós.

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