Sprague de Camp y Lin Carter- Conan de Aquilonia

Hola, ofidios.

Tras el último libro, lleno de descripciones y detalles, he optado por una lectura ligerita. Y en eso se suele llevar el gato al agua los libritos que tengo de Conan. En esta ocasión se trata de Conan de Aquilonia, que tiene en la portada el engañoso autor de Robert E. Howard. Porque no, los textos son de de Camp y de Carter.

Robert E. Howard - Conan de Aquilonia

Robert E. Howard – Conan de Aquilonia

Los autores usan un estilo casi mimético con el de Howard. Ello hace que de la lectura suponga un regreso a los sabores de los textos pulp de los años 30, aunque hay que aclarar que los cuentos vieron la luz (por entregas) en la primera mitad de los años 70. Pulp redivivo en todo su poder.

Como me esperaba, se trata de una lectura muy rápida. De tan ligera a veces parece insustancial. En eso tiene bastante que ver el que las descripciones se vuelven reiterativas, casi calcos unas de otras, entrando dentro del tópico fácil. Un ejemplo claro de ello lo tenemos en la manera de mostrar a Conan: se repite casi palabra por palabra en las cuatro historias. Eso tiene un pase al tener en cuenta que los cuentos aparecieron por separado, lo que implica que pueden llegar a lectores que no sepan de qué va todo el rollo este del bárbaro envejecido. Pero aun así, las descripciones podrían haber variado un poco más y no tirar del copia y pega versión setentera. Siguiendo el estilo antiguo, se usa y abusa de los epítetos. Se utilizan tanto que llegan a hacerse algo pesados. En general el estilo resulta simple y sin la menor floritura.

Hablando de los cuentos, llegan a poseer cierto aire de pastiche; no tengo claro si los autores buscaban eso o les salió sin querer. Las historias entretienen, como no se podía esperar menos de Conan, pero en ocasiones todo parece demasiado encorsetado (la aparición de cierta joya poderosa, por ejemplo, o una espada de la que se olvida uno del todo hasta que justo se usa y ¡albricias!).

Como detalles tontos, decir que en demasiadas ocasiones el título de un capítulo me ha chirriado. Muchos de ellos están agarrados por los pelos, arañados de algún detalle ínfimo y puesto ahí, en negrita destacada, con el simple objetivo de atraer al lector y hacerle leer más.

En definitiva, de Camp y Carter se limitaron a tomarle el relevo a Howard y conseguir un texto lo bastante digno como para que se leyera con gusto, sin caer en la basura que perpetró cierto innombrable. Como nota le pongo un 6. Y a ver con qué me pongo ahora.

Adiós.