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Hola, culebras.

Pues eso, que seguimos hablando del baneo de mi web en los resultados de búsquedas concretas. Sé que suena a pataleo (y lo es), pero como estoy en mi web y me da la gana decirlo, lo digo, ale :P

Hace unos días me metí en esa cosa llamada Google Webmaster Tools y me sigue sorprendiendo lo que me encuentro tras el baneo de mi nombre y mi apodo en google.

En la 'ruca' está la clave

Lo último: el motor encuentra mi web en la posición segunda a la búsqueda de mi nombre más la palabra ‘ruca’. Si quitamos ‘ruca’, mi web desaparece de los resultados.

¿Magia? ¿Potagia? A saber. ¿Qué sentido místico posee la palabra ‘ruca’ como para que sólo con ella se invoque mi web en los resultados?

El pasado día 17 de marzo realicé una ‘Solicitud de reconsideración de txisko.com/’. Por supuesto no confío lo más mínimo en los resultados de eso, dado que será un robot el que la realice, seguramente el mismo robot que, a saber porqué, ha excluido mi web de los resultados de búsquedas por mi nombre y mi apodo.

Nada más por hoy de este tema.

Un saludo.

PD: Ruca, ruca, ruca, que no llevo peluca.

Hola, culebras.

Lo de ‘hola’ es por decir algo, ya que puede que nadie lea esto :P Tal y como indica el título de esta entrada, los señores de Google han decidido que esta web (y junto a ella mi nombre oficial y mi mote) no debe aparecer en sus listados tal y como antes aparecía, en los primeros puestos de las respectivas búsquedas. O eso o una conspiración judeomasónica intenta hacer aun más gris mi vida, volviéndome ya por completo invisible en esto de internet.

Hace unas semanas atrás (a lo sumo tres) que me llevo fijando en que las estadísticas de acceso al sitio han bajado en picado. A ver, no es que hubiera muchos accesos (al fin y al cabo este sitio no es nada más que un humilde blog personal), pero es que se habían reducido prácticamente a cero patatero. Hoy me he acordado de mirarlo de nuevo y he comprobado sin lugar a dudas que el dominio raíz, txisko.com, ha sido sacado de google. Aun se mantienen los subdominios, pero lo que se refiere a búsquedas por mi nombre ya mi dominio no aparece por ningún sitio: estoy totalmente borrado.

Antes ponía en google ‘txisko‘, ‘francisco ruiz fernández‘ o incluso sólo ‘francisco ruiz‘ y aparecía el primero. Había otras palabras con las que también salía en la primera página, como ‘carrefouronline‘, por ejemplo, o ‘seur carrefour‘ y ‘timo red6000 navidad‘.

Esto ya no es así: ahora ni aparezco. Desapareció mi web en lo que se refiere a Google (no sé porqué pero uno de las escasas apariciones que hay de mi web aun en los resultados de Google es la de ‘txisko.com/tag/navidad/‘).

Acompaño unas tristes capturas de pantalla a modo de ‘prueba’, si se puede decir eso, de que ya no existo.

'francisco ruiz'

Aviso: Si alguno pretende encontrarme en la calle de Talisio, Madrid, lo lleva crudo ;)

'francisco ruiz fernandez'

Realmente me intriga qué narices habrá en la calle Talisio con mi nombre. No, no usaré Google para descubrirlo.

'txisko'

Después de años lo consiguió: el restaurante de El ciego consigue estar en cabeza de la búsqueda por ‘txisko’. Que no espere que le felicite si él es el culpable de mi defenestracion de Google. No sé si poner un esmaili de coña :P , uno de enfado }:-|, uno de tristeza :( o de qué. O nada.

He rellenado el formulario de Google para añadir el sitio a sus sistemas, pero la verdad es que no tengo mucha fe en que sirva de algo. Si, tal y como me temo, la situación no se repara tendré que aguantarme y convertirme en un fantasma internetero (o googlero, que se puede decir que es lo mismo).

Voy a ir practicando el ulular lastimero y fantasmagórico. ¡Uuuuuuuuuuuhhhhhhhhh! ¿Qué tal? ¿Bien?

Chao…

PD: Hay que joderse con las preocupaciones que tiene uno…

PD 2: Me he dado de alta en las herramientas de webmaster de Google, aplicándolo a este dominio, y lo confirmo: para Google, de mi dominio raíz, sólo existe la dirección txisko.com/tag/navidad/. Y para él no existen ni feeds ni leches. Sólo el tag de navidad. He comprobado que no sé porqué el archivo de robots estaba vacío. ¿Puede eso ocurrir así porque sí? Me mosquea porque no recuerdo haberlo tocado en años, y juraría que lo dejé activo para todos los buscadores. ¿El hosting me la ha jugado machacando el viejo? Lo veo muy extraño…

De todas maneras a saber qué cojones han hecho en Google con el resto del dominio. Buscaré alguna manera de hablar con ellos para que me lo expliquen.

Hola, culebras.

Otra muestra de las chorrocientas españas

Esto de al lado me lo encontré ayer mientras leía el gReader. Se trata de una maravillosa y sintomática muestra de la situación estúpida, surrealista y balcánica de este país, una tierra que realmente ya nadie puede llamar ’suyo’ sin miedo a recibir ladridos desde alguna oscura esquina.

Mientras unos (el nuevo poder en uno de los dos territorios más ‘quiero ir a mi bola’) intentan que la realidad lingüística se ajuste a la puta-olvidada-y-recordada-según-venga-en-gana, otros (aquellos cuyo gentilicio allende este país ha sido sinónimo tanto de ‘lo nacional’ como de palurdo y estúpido) se ofenden por el uso en sus cortes de la supuesta lengua común.

Este país de la pandereta dentro de unos años, Cthulhu mediante, se convertirá en una panda de reinecillos taifas: algunos harán de madera (triste y llena de añoranza), otros de tripa (el quiero pero no puedo hacer el ruido de antes), unos pocos de grapas (luchando por volver a aglutinar lo que ya no se puede aglutinar) y el resto de escandalosas chapas (dispuestas a seguir con la juerga que nunca dejaron sea como sea).

¡Imperium fail!

Y que yo lo vea.

Humanos, asquerosos humanos…

Hola, ofidios.

Entrar en gmail, desplegar la pestaña de ‘más etiquetas’, ir a la sección ‘Etiquetas del sistema’ y en la línea de Buzz pulsar ‘ocultar’. Por supuesto, no darse de alta en ningún momento. Feisbuc, Tuiter y demás chorradas pierde-tiempo para otro.

De nada.

Hola, culebras.

La verdad es que mi misantropía me suele impedir implicarme en los juegos de estas criaturas despreciables llamadas humanos. Sin embargo de unas semanas acá asisto a un penoso intercambio de comunicados (penosos en parte por lo escandaloso del tema, y en parte por la relevancia que está adquiriendo cuando hay otros -léase el paro- muchísimo más preocupantes ante los cuales no hay ni comunicados globales interneteros, ni reuniones con el ministro de turno ni nada e nada) entre dos bandos.

Entre los del ‘otro’ bando hay uno que me hace mucha gracia porque en esto parece lo único que desea es subir en google, mejorar su pagerank. Hoy me ha dado por satisfacerle un poco. Ahí va una chorrada cortita, en plan twitter, para que su ego crezca una infinitésima más.

Érase una vez un opinador ignorante. Opinaba de lo que otros hacían, y/o de cómo lo hacían. Hasta que uno de ellos mostró otra manera de actuar. ¿El opinador se callará, enterándose de verdad de qué va el asunto? ¿Rectificará? Habrá que esperar su próximo movimiento.

Espero que el opinador se sienta satisfecho por estos milisegundos de gloria que desde este antro internetero se le ha dispensado (si agarra subida de sueldo quiero mi parte, por infinitesimal que ésta sea; si le dan alguna colleja sus mecenas, mejor que se las quede todas él).

Ale, adiós.

Hola, culebras.

Tras haber usado durante un par de meses Spotify veo que no me agrada. Pero nada. Lo seguiré usando durante un tiempo indefinido, seguramente hasta que me harte de él. ¿Qué ha pasado? No, la culpa no la tienen los anuncios (se me apaga el cerebro al oírlos). No la culpa de ello se halla en las propias tripas de la aplicación, en su modelo de servicio. Pero antes de explicar la situación hagamos un poco de historia, que hoy estoy charlatán (total, para quienes me van a oír).

De unos años para acá se está poniendo de moda el llamado streaming, ya sea para audio o para vídeo. Éste consiste en abrir un canal de descarga y, desde tu ordenador (o aparato capacitado) obtener en vivo datos en formato audio o vídeo: escuchas y/o ves un contenido pero no lo almacenas, quedando obligado a volverte a conectar si deseas verlo de nuevo. En pocas palabras: o tienes una conexión viva y lo suficientemente rápida o ‘no te comes nada’.

En nuestro país cada vez hay más gente con conexión (si bien no con datos boyantes, o puede que ni de lejos boyantes), sobre todo con cable o ADSL (y no precisamente gracias a que tales líneas tengan precios muy accesibles, no, pero ese es otro tema). Poco a poco, y mientras la crisis lo permita, los españolitos se van uniendo a esa arma de destrucción de gobiernos (aunque no lo hagan para temas más serios que el cierre de webs)… perdón, a internet.

Bueno, que me voy por las ramas. Estaba hablando del streaming: el engendro que te obliga a tener una conexión para ver o escuchar cualquier cosa. Existen ya modelos de TV usando streaming, siendo en España el más famoso del Imagenio de timofonica (así escrito, tal y como les gusta a ellos: sin tilde). Los sistemas ‘pedestres’ de streaming, sin pagar una pasta a una multinacional, para la mayoría de los mortales implican ‘estar sentado delante de la pantalla del ordenador’. Vamos, el colmo de la comodidad.

Pero no me voy a extender en el tema vídeo, dado que tengo que admitir que no soy consumidor asiduo del mismo. Vayamos a la música, algo que consumo: paso horas en casa delante del ordenador, y durante años he disfrutado del binomio música-ordenador con mis artistas favoritos sonando primero a todo trapo (cosas de vivir solo) y luego con cascos.

Al principio la música provenía directamente de mi cadena musical, ya de cintas, vinilos o, más tarde, CDs. Luego aparecieron las tarjetas de sonido (supongo que este detalle, el ‘luego’, sorprenderá a algún lector yogurín. Sí, hubo una larga época en la que no existían las tarjetas de sonido, y cuando aparecieron hubo un periodo en el que comprarte una te aseguraba horas de quebraderos de cabeza para conseguir que tu equipo la reconociera bien), y con ellas los ripeadores de CDs, los mp3 y mi fiel winamp. Así, con megas y megas de mp3 (primero sacados de mis propios CDs, luego obtenidos gracias al intercambio en mi primer curro vía ftp con gente de todo el mundo), llené años y años de música. Los CDs de canciones empezaron a volar de manos de un colega a otro: en el mundo hay demasiada música para sólo oír lo que te compras. De hecho llegó un momento en el que sólo compraba lo que sabía de fijo que me iba a gustar, o aquello que ya había escuchado y que me satisfacía como para invertir en ello (a alguno ya le valdría darse cuenta de una vez que en esa manera de actuar se encuentra el futuro de la música; esa y los conciertos, claro).

Pero un día entro en mi vida (no he podido evitar usar esa memez de expresión) el streaming musical. Como si de radio se tratara, algunos colgadillos ponían su winamp en modo emisión y lanzaban a la red sesiones propias de música. Sí, se petaba si había no mucha gente conectada, pero no dejaba de ser una manera de escuchar música de otros, según los gustos de otros (pero previamente ya te asegurabas de que quien ‘pinchaba’ tuviera un perfil acorde al tuyo).

Luego descubrí, hace cosa ya de siete u ocho años, un programita llamado Pandora (nada que ver con la cagada que ahora está de moda). Modesto y no muy llamativo en lo que a la estética se refiere, este software usaba una serie de ‘conceptos’ para catalogar y vincular la música: valoraciones de estilo, tempo, melodía, armonía, ritmo, instrumentación, etc. A través de ellos, y en base a una búsqueda inicial, el programa te iba dando sugerencias que creía que te podían agradar. ¿Qué una canción te gustaba? Se lo decías y él más tarde te ponía una similar, o del mismo grupo; si no te gustaba la ‘marcaba’ para no volverla a pinchar. Así de sencillo. Poniendo Pandora y empezando por grupos que me gustaban me ponía temas de otros (conocidos ya por mí) que también me gustaban… y de otros que desconocía pero que igualmente a veces me sorprendían gratamente. Por desgracia con el paso del tiempo quedó evidenciado que el repertorio de temas no era muy variado: los temas se repetían demasiado, incluso varias veces por sesión, quizá debido a que mis gustos no coincidían con la mayoría.

Ya adicto a este sistema de música online, y sobre todo a la posibilidad de descubrir (eso sí, de forma vaga) nuevos grupos, me mudé a algo similar y que tampoco llevaba mucho tiempo: last.fm. De funcionamiento similar a Pandora, permitía marcar temas como ‘amados’ o como ‘odiados’, lo que en función de las etiquetas vinculadas al tema y al grupo permitía al sistema colarte nueva música acorde a tus gustos. Lo punto flaco en este sistema estaba en que las etiquetas las colocaban los propios usuarios, y eso a veces llevaba a confundir al sistema con clasificaciones demasiado genéricas o incluso de broma. Pese a ello seguí usándolo en casa para oír música mientras enredaba con el ordenador. A lo largo de los años de uso Last.fm me brindó sorpresas muy agradables: descubrí a The Azoic, Panzer AG, Down of Ashes, Wintersun, Agalloch, Funeral (y de paso a Ahab), por nombrar sólo unos pocos. Todo ello aderezado con una reproducción aleatoria que muchas veces casi podría definir como jugosa.

Mientras tanto Pandora seguía a lo suyo, emitiendo música según su algoritmo, hasta que lo cerraron para los no yanquis. Pandora murió como opción para mí.

Sin embargo de un año y poco a acá algo empezó a fallar en last.fm: detecté las mismas deficiencias que me habían sacado de Pandora. Además, al tiempo, avisaron de que el servicio se volvería de pago. Obligatoriamente de pago. Y un día se acabó: me obligaban a pagar. Eso en plena época de crisis, con el Euribor por las nubes. Vamos, el momento ideal para pedir dinero por algo que no es vital: a borrar el usuario y seguir con mis discos.

Al cabo de unos meses ‘descubrí’ (la verdad es que  ya lo conocía de oídas, pero no me había molestado en instalarlo por pura vagancia) esto llamado Spotify. Me lo instalé y me encontré con algo de aspecto ligeramente parecido al horrible iTunes. Bueno, me dije: una cosa es el aspecto y otra el funcionamiento. Puse un grupo de prueba, Feindflug, y la cosa ya empezó a pintar mal: había poco, muy poco. Mejor dicho, nada. Seguí tirando del hilo a cosas más ‘comerciales’, me creé unas pocas listas y le di al [play+random]. La musiquilla agradable empezó a sonar por mis cascos. Bien, bien.

Pero el ‘bien’ no duró mucho. Por más que las listas tuvieran una variedad que me parecía suficiente como para generar al sistema una idea de mis gustos, sólo se me reproducían temas que yo ya había introducido antes, nada nuevo: no había sorpresa, no había esa novedad que me encantaba en last.fm o en Pandora, sólo la lista de lo que yo ya había buscado y marcado antes. Y, para acabar de cagarla, la reproducción aleatoria iba horriblemente mal: las canciones del mismo grupo se encadenaban casi una tras otra (a veces sin el ‘casi’), los grupos se repetían.

¿Cómo, con una lista en la que posiblemente hay un centenar de grupos, se repite un mismo intérprete tres veces en apenas veinte temas?

Mal, está muy mal trabajado el cálculo aleatorio de los temas.

¿Resultado de todo ello? Las listas  de reproducción, aun habiendo sido enriquecidas con mucha variedad de temas y grupos, a veces aburren. Ha muerto Pandora para los no yanquis, se ha suicidado last.fm (al menos para mí), y Spotify no me da lo que busco: música de mi agrado  pero que me sorprenda, novedades. En definitiva, añoro lo que ya no tengo. Jodido inconformismo.

¿Hay algo (no de pago) que se parezca a Pandora o a last.fm? Habrá que investigar un poco…  Pero mejor otro día: hoy estoy muy vago.

Un saludo.

Hola, culebras.

Esto tiene la pinta de convertirse en un clásico navideño, como Ra-Pa-Él y Hola-soy-Edu-Feliznavidad. La red de embaucadores de Euro 6000 vuelve a lanzar un campaña engañosa… pero engañosa sólo si no te lees la letra ahora no-tan-pequeña. Prometen un descuento del 10%, pero con un máximo de devolución de 20€. Vamos, que de nuevo lo del descuento se queda en agua de borrajas, desleído en unas fechas en las que se gasta bastante más. Se agradece que en la web lo dejen claro (ver el flash embebido), así como en las condiciones de la promoción (leer la sección segunda, que tiene coña la lista de exclusiones).

Al menos en esta ocasión tiene la decencia de no imponer un gasto mínimo (yo no he llegado verlo indicado por sitio alguno). En esta ocasión no es tan engañoso como la otra vez, lo que no implica que resulte atrayente, al menos para mí.

Hola, culebras.Por segunda vez voy a hablar de un artículo que he visto en la web Ahorro diario. En esta ocasión se trata de hablar de bolas de lavado que sustituyen al detergente de lavadora. Según lo leí, así por encima, pensé en algún tipo de bola de detergente concentrada que se dosificaba muy poco a poco y que duraba años.

Pero no.

Si se mira por ahí, ya en la propia web de una de las bolas mágicas o a través de los propios enlaces que ponen en los comentarios algunos lectores, uno descubre que se trata de otro timo tan ochentero como el agua imantada. Vamos, basura pseudo científica que engaña con palabras altisonantes a gente inocente y crédula. Se ve que a ese tipo de gente pertenece Chloe, la autora de la entrada de marras, bien intencionada (nadie lo pone en duda) pero inocente.

Lo malo es cuando a la ignorancia se suma la dejadez, la falta de investigación, en un portal que se supone quiere ser guía en tiempos como estos, duros. No puedes ir por ahí diciendo a la gente que se gaste 40 eurazos en un producto que ni has probado, ni sabes como funciona, o si realmente es útil (y ahorrativo). Antes de publicar una ‘recomendación para el ahorro diario’, en un sitio con el lema de ‘gasta con sentido, vive mejor’, piensa que sugerir a la gente que deba gastarse 40 euros en algo que luego puede ser un timo lo vas a pagar con tu credibilidad.

Pero lamentablemente así está el mundo actual, lleno de ‘periodistas’ (titulados o no) que no son más que correveidiles chapuceros.

Si antes de publicar esa entrada hubiera investigado sólo un poco hubiera leído cosas tan ridículas como que su funcionamiento se basa nada más que en imanes. Sabiendo algo de química se conoce que la molécula del agua es bipolar, estructurada en enlaces van der Waals, mucho menos estables que uno covalente. Por eso, si bien el imán puede romper el enlace de manera puntual, la propia naturaleza de lo iones generados volverá a crear el enlace al instante. Vamos, el resultado del magnetismo sobre el agua es prácticamente nulo.

Otro punto negativo para esta web (la primera me la comí yo mismo con patatas tras lo de carrefour online, parte I y parte II). Sobre todo porque si se centra en el ahorro diario no puede dejar caer la recomendación de algo que es un timo, y un timo caro, además. Van dos (sólo dos), pero ya habrá que empezar a leer con lupa lo que ponen… o darse de baja del feed, claro.

Un saludo.

Para ella, e ineludiblemente también para la otra: lo son todo para mí.

Para ella, para ellas, un pequeño cuento. Mucho me ha costado, de tan oxidado que estoy en esto de juntar palabras, pero ahí está el resultado de mi esfuerzo. Ojalá la una lo sepa apreciar hoy, y espero que la otra haga lo propio en un día futuro y próximo.

Y aunque no lo valoren: para ella, para ellas.

Hola, culebras.

Hace ya unos días empezó esta historia, y aun no ha terminado. En esa primera vez la situación quedó en fase b), paquete que el repartidor de Seur se había negado a recoger, y a la espera de la espera de la fase c), segunda recogida por parte del repartidor.

Bien, la fase c) se llevó a cabo sin problemas el día esperado (29 de diciembre) a una hora cercana a las 18:00. No resultó un encuentro cordial, más que nada porque ante nuestra puerta se presentó el mismo impresentable individuo que dio la espantada la otra vez.

Ahora mismo (5 de enero de 2009, a las 16:23) mi banco me informa de que carrefouronline me ha realizado un ingreso por… ¿92.05€? ¿Dónde cojones estan los 6.95 restantes? Seguro que los muy hijos de perra me han cobrado los portes de la devolución del cacharro que nunca funcionó (recordar que, como dice en la propia web, al ser causa la devolución de carrefouronline los portes los pagan ellos. De hecho así nos lo dijo, bien claro, la telefonista). La fase d) se ha realizado, pero a medias.

Esto no puede quedar así.

Ante este continuado despropósito ya he preparado y enviado respuesta (a la dirección oficial, y me niego a gastarme más dinero con putos teléfonos 902):

Muy señores míos: me acaba de llegar un ingreso a cuenta de 92.05€, cuando el importe del susodicho artículo es de 99€.

Les recuerdo que traté de devolver el artículo en los primeros siete días tras su compra, y que si no se hizo en ese plazo fue debido a la incompetencia de su empresa transportista, SEUR.

Ruego me ingresen los 6.95€ restantes a más tardar este viernes 9 de enero de 2008. En caso contrario cursaré la correspondiente denuncia ante consumo, en la que además irá incluida el importe en llamadas a teléfonos 902 suyos, llamadas provocadas por su incompetencia y mal servicio.

Atentamente,

Francisco Ruiz Fernández.

P.D.: Tengan por seguro que una vez acabe todo este asunto procederé a darme de baja de todos sus servicios. Les enviaré un notificación formal para que, en virtud de la L.O.P.D., me den de baja de todos sus sistemas y bases de datos.

Por supuesto, visto lo visto, no espero contestación alguna por su parte (viva la atención al cliente). Prepararé los documentos para tramitar la denuncia. Si ha de tirarme de nuevo meses tramitando denuncias lo haré, pero esta gente no se va a quedar así por le morro con mi dinero. Gracias a Antonio por el enlace de Consumo acerca de cómo realizar una reclamación en Madrid. Me va a resultar muy util, seguro.

Veo que esto aun no acaba… ¡qué divertido fin e inicio de año! ¡Demos las gracias a Carrefouronline = Seur = basura! Está visto que en esta mierda de pais sólo puedes realizar compras a distancia si asumes lo siguiente:

  • si lo comprado está bien, todo perfecto,
  • si hay algo mal, te lo vas a comer con patatas o prepárate para vivir un pequeño infierno

¿Solución de mi mujer? Muy salomónica ella, dice que lo mejor es no comprar nunca más cosas ’serias’ ni por catálogo ni en internet: sólo en tienda física y a tomar por culo. Dice que si hay que montar un pollo mejor tener un careto humano delante al que escupir (lo de escupir es mío: ella lo ha dicho de una manera más fina y elegante). Viva el avance en tecnologías: por culpa del mal servicio de las empresas la brecha tecnológica se agranda y el españolito de a pie sigue desconfiando de comprar ‘en el internext ese’.

A ver si con un poco de suerte consigo colarme arriba en las búsquedas de google de carrefouronline, para que la gente vea estos posts y sepa a qué atenerse antes de trabajar con esta escoria.

Me voy a comer un pedazo de roscón, a ver si así se me quita la mala leche.

Adios.