Archivo de la Categoría Internet

Hola, culebras.

Lo de ‘hola’ es por decir algo, ya que puede que nadie lea esto :P Tal y como indica el título de esta entrada, los señores de Google han decidido que esta web (y junto a ella mi nombre oficial y mi mote) no debe aparecer en sus listados tal y como antes aparecía, en los primeros puestos de las respectivas búsquedas. O eso o una conspiración judeomasónica intenta hacer aun más gris mi vida, volviéndome ya por completo invisible en esto de internet.

Hace unas semanas atrás (a lo sumo tres) que me llevo fijando en que las estadísticas de acceso al sitio han bajado en picado. A ver, no es que hubiera muchos accesos (al fin y al cabo este sitio no es nada más que un humilde blog personal), pero es que se habían reducido prácticamente a cero patatero. Hoy me he acordado de mirarlo de nuevo y he comprobado sin lugar a dudas que el dominio raíz, txisko.com, ha sido sacado de google. Aun se mantienen los subdominios, pero lo que se refiere a búsquedas por mi nombre ya mi dominio no aparece por ningún sitio: estoy totalmente borrado.

Antes ponía en google ‘txisko‘, ‘francisco ruiz fernández‘ o incluso sólo ‘francisco ruiz‘ y aparecía el primero. Había otras palabras con las que también salía en la primera página, como ‘carrefouronline‘, por ejemplo, o ‘seur carrefour‘ y ‘timo red6000 navidad‘.

Esto ya no es así: ahora ni aparezco. Desapareció mi web en lo que se refiere a Google (no sé porqué pero uno de las escasas apariciones que hay de mi web aun en los resultados de Google es la de ‘txisko.com/tag/navidad/‘).

Acompaño unas tristes capturas de pantalla a modo de ‘prueba’, si se puede decir eso, de que ya no existo.

'francisco ruiz'

Aviso: Si alguno pretende encontrarme en la calle de Talisio, Madrid, lo lleva crudo ;)

'francisco ruiz fernandez'

Realmente me intriga qué narices habrá en la calle Talisio con mi nombre. No, no usaré Google para descubrirlo.

'txisko'

Después de años lo consiguió: el restaurante de El ciego consigue estar en cabeza de la búsqueda por ‘txisko’. Que no espere que le felicite si él es el culpable de mi defenestracion de Google. No sé si poner un esmaili de coña :P , uno de enfado }:-|, uno de tristeza :( o de qué. O nada.

He rellenado el formulario de Google para añadir el sitio a sus sistemas, pero la verdad es que no tengo mucha fe en que sirva de algo. Si, tal y como me temo, la situación no se repara tendré que aguantarme y convertirme en un fantasma internetero (o googlero, que se puede decir que es lo mismo).

Voy a ir practicando el ulular lastimero y fantasmagórico. ¡Uuuuuuuuuuuhhhhhhhhh! ¿Qué tal? ¿Bien?

Chao…

PD: Hay que joderse con las preocupaciones que tiene uno…

PD 2: Me he dado de alta en las herramientas de webmaster de Google, aplicándolo a este dominio, y lo confirmo: para Google, de mi dominio raíz, sólo existe la dirección txisko.com/tag/navidad/. Y para él no existen ni feeds ni leches. Sólo el tag de navidad. He comprobado que no sé porqué el archivo de robots estaba vacío. ¿Puede eso ocurrir así porque sí? Me mosquea porque no recuerdo haberlo tocado en años, y juraría que lo dejé activo para todos los buscadores. ¿El hosting me la ha jugado machacando el viejo? Lo veo muy extraño…

De todas maneras a saber qué cojones han hecho en Google con el resto del dominio. Buscaré alguna manera de hablar con ellos para que me lo expliquen.

Hola, culebras.

Otra muestra de las chorrocientas españas

Esto de al lado me lo encontré ayer mientras leía el gReader. Se trata de una maravillosa y sintomática muestra de la situación estúpida, surrealista y balcánica de este país, una tierra que realmente ya nadie puede llamar ’suyo’ sin miedo a recibir ladridos desde alguna oscura esquina.

Mientras unos (el nuevo poder en uno de los dos territorios más ‘quiero ir a mi bola’) intentan que la realidad lingüística se ajuste a la puta-olvidada-y-recordada-según-venga-en-gana, otros (aquellos cuyo gentilicio allende este país ha sido sinónimo tanto de ‘lo nacional’ como de palurdo y estúpido) se ofenden por el uso en sus cortes de la supuesta lengua común.

Este país de la pandereta dentro de unos años, Cthulhu mediante, se convertirá en una panda de reinecillos taifas: algunos harán de madera (triste y llena de añoranza), otros de tripa (el quiero pero no puedo hacer el ruido de antes), unos pocos de grapas (luchando por volver a aglutinar lo que ya no se puede aglutinar) y el resto de escandalosas chapas (dispuestas a seguir con la juerga que nunca dejaron sea como sea).

¡Imperium fail!

Y que yo lo vea.

Humanos, asquerosos humanos…

Hola, ofidios.

Entrar en gmail, desplegar la pestaña de ‘más etiquetas’, ir a la sección ‘Etiquetas del sistema’ y en la línea de Buzz pulsar ‘ocultar’. Por supuesto, no darse de alta en ningún momento. Feisbuc, Tuiter y demás chorradas pierde-tiempo para otro.

De nada.

Hola, culebras.

La verdad es que mi misantropía me suele impedir implicarme en los juegos de estas criaturas despreciables llamadas humanos. Sin embargo de unas semanas acá asisto a un penoso intercambio de comunicados (penosos en parte por lo escandaloso del tema, y en parte por la relevancia que está adquiriendo cuando hay otros -léase el paro- muchísimo más preocupantes ante los cuales no hay ni comunicados globales interneteros, ni reuniones con el ministro de turno ni nada e nada) entre dos bandos.

Entre los del ‘otro’ bando hay uno que me hace mucha gracia porque en esto parece lo único que desea es subir en google, mejorar su pagerank. Hoy me ha dado por satisfacerle un poco. Ahí va una chorrada cortita, en plan twitter, para que su ego crezca una infinitésima más.

Érase una vez un opinador ignorante. Opinaba de lo que otros hacían, y/o de cómo lo hacían. Hasta que uno de ellos mostró otra manera de actuar. ¿El opinador se callará, enterándose de verdad de qué va el asunto? ¿Rectificará? Habrá que esperar su próximo movimiento.

Espero que el opinador se sienta satisfecho por estos milisegundos de gloria que desde este antro internetero se le ha dispensado (si agarra subida de sueldo quiero mi parte, por infinitesimal que ésta sea; si le dan alguna colleja sus mecenas, mejor que se las quede todas él).

Ale, adiós.

Hola, culebras.

Tras haber usado durante un par de meses Spotify veo que no me agrada. Pero nada. Lo seguiré usando durante un tiempo indefinido, seguramente hasta que me harte de él. ¿Qué ha pasado? No, la culpa no la tienen los anuncios (se me apaga el cerebro al oírlos). No la culpa de ello se halla en las propias tripas de la aplicación, en su modelo de servicio. Pero antes de explicar la situación hagamos un poco de historia, que hoy estoy charlatán (total, para quienes me van a oír).

De unos años para acá se está poniendo de moda el llamado streaming, ya sea para audio o para vídeo. Éste consiste en abrir un canal de descarga y, desde tu ordenador (o aparato capacitado) obtener en vivo datos en formato audio o vídeo: escuchas y/o ves un contenido pero no lo almacenas, quedando obligado a volverte a conectar si deseas verlo de nuevo. En pocas palabras: o tienes una conexión viva y lo suficientemente rápida o ‘no te comes nada’.

En nuestro país cada vez hay más gente con conexión (si bien no con datos boyantes, o puede que ni de lejos boyantes), sobre todo con cable o ADSL (y no precisamente gracias a que tales líneas tengan precios muy accesibles, no, pero ese es otro tema). Poco a poco, y mientras la crisis lo permita, los españolitos se van uniendo a esa arma de destrucción de gobiernos (aunque no lo hagan para temas más serios que el cierre de webs)… perdón, a internet.

Bueno, que me voy por las ramas. Estaba hablando del streaming: el engendro que te obliga a tener una conexión para ver o escuchar cualquier cosa. Existen ya modelos de TV usando streaming, siendo en España el más famoso del Imagenio de timofonica (así escrito, tal y como les gusta a ellos: sin tilde). Los sistemas ‘pedestres’ de streaming, sin pagar una pasta a una multinacional, para la mayoría de los mortales implican ‘estar sentado delante de la pantalla del ordenador’. Vamos, el colmo de la comodidad.

Pero no me voy a extender en el tema vídeo, dado que tengo que admitir que no soy consumidor asiduo del mismo. Vayamos a la música, algo que consumo: paso horas en casa delante del ordenador, y durante años he disfrutado del binomio música-ordenador con mis artistas favoritos sonando primero a todo trapo (cosas de vivir solo) y luego con cascos.

Al principio la música provenía directamente de mi cadena musical, ya de cintas, vinilos o, más tarde, CDs. Luego aparecieron las tarjetas de sonido (supongo que este detalle, el ‘luego’, sorprenderá a algún lector yogurín. Sí, hubo una larga época en la que no existían las tarjetas de sonido, y cuando aparecieron hubo un periodo en el que comprarte una te aseguraba horas de quebraderos de cabeza para conseguir que tu equipo la reconociera bien), y con ellas los ripeadores de CDs, los mp3 y mi fiel winamp. Así, con megas y megas de mp3 (primero sacados de mis propios CDs, luego obtenidos gracias al intercambio en mi primer curro vía ftp con gente de todo el mundo), llené años y años de música. Los CDs de canciones empezaron a volar de manos de un colega a otro: en el mundo hay demasiada música para sólo oír lo que te compras. De hecho llegó un momento en el que sólo compraba lo que sabía de fijo que me iba a gustar, o aquello que ya había escuchado y que me satisfacía como para invertir en ello (a alguno ya le valdría darse cuenta de una vez que en esa manera de actuar se encuentra el futuro de la música; esa y los conciertos, claro).

Pero un día entro en mi vida (no he podido evitar usar esa memez de expresión) el streaming musical. Como si de radio se tratara, algunos colgadillos ponían su winamp en modo emisión y lanzaban a la red sesiones propias de música. Sí, se petaba si había no mucha gente conectada, pero no dejaba de ser una manera de escuchar música de otros, según los gustos de otros (pero previamente ya te asegurabas de que quien ‘pinchaba’ tuviera un perfil acorde al tuyo).

Luego descubrí, hace cosa ya de siete u ocho años, un programita llamado Pandora (nada que ver con la cagada que ahora está de moda). Modesto y no muy llamativo en lo que a la estética se refiere, este software usaba una serie de ‘conceptos’ para catalogar y vincular la música: valoraciones de estilo, tempo, melodía, armonía, ritmo, instrumentación, etc. A través de ellos, y en base a una búsqueda inicial, el programa te iba dando sugerencias que creía que te podían agradar. ¿Qué una canción te gustaba? Se lo decías y él más tarde te ponía una similar, o del mismo grupo; si no te gustaba la ‘marcaba’ para no volverla a pinchar. Así de sencillo. Poniendo Pandora y empezando por grupos que me gustaban me ponía temas de otros (conocidos ya por mí) que también me gustaban… y de otros que desconocía pero que igualmente a veces me sorprendían gratamente. Por desgracia con el paso del tiempo quedó evidenciado que el repertorio de temas no era muy variado: los temas se repetían demasiado, incluso varias veces por sesión, quizá debido a que mis gustos no coincidían con la mayoría.

Ya adicto a este sistema de música online, y sobre todo a la posibilidad de descubrir (eso sí, de forma vaga) nuevos grupos, me mudé a algo similar y que tampoco llevaba mucho tiempo: last.fm. De funcionamiento similar a Pandora, permitía marcar temas como ‘amados’ o como ‘odiados’, lo que en función de las etiquetas vinculadas al tema y al grupo permitía al sistema colarte nueva música acorde a tus gustos. Lo punto flaco en este sistema estaba en que las etiquetas las colocaban los propios usuarios, y eso a veces llevaba a confundir al sistema con clasificaciones demasiado genéricas o incluso de broma. Pese a ello seguí usándolo en casa para oír música mientras enredaba con el ordenador. A lo largo de los años de uso Last.fm me brindó sorpresas muy agradables: descubrí a The Azoic, Panzer AG, Down of Ashes, Wintersun, Agalloch, Funeral (y de paso a Ahab), por nombrar sólo unos pocos. Todo ello aderezado con una reproducción aleatoria que muchas veces casi podría definir como jugosa.

Mientras tanto Pandora seguía a lo suyo, emitiendo música según su algoritmo, hasta que lo cerraron para los no yanquis. Pandora murió como opción para mí.

Sin embargo de un año y poco a acá algo empezó a fallar en last.fm: detecté las mismas deficiencias que me habían sacado de Pandora. Además, al tiempo, avisaron de que el servicio se volvería de pago. Obligatoriamente de pago. Y un día se acabó: me obligaban a pagar. Eso en plena época de crisis, con el Euribor por las nubes. Vamos, el momento ideal para pedir dinero por algo que no es vital: a borrar el usuario y seguir con mis discos.

Al cabo de unos meses ‘descubrí’ (la verdad es que  ya lo conocía de oídas, pero no me había molestado en instalarlo por pura vagancia) esto llamado Spotify. Me lo instalé y me encontré con algo de aspecto ligeramente parecido al horrible iTunes. Bueno, me dije: una cosa es el aspecto y otra el funcionamiento. Puse un grupo de prueba, Feindflug, y la cosa ya empezó a pintar mal: había poco, muy poco. Mejor dicho, nada. Seguí tirando del hilo a cosas más ‘comerciales’, me creé unas pocas listas y le di al [play+random]. La musiquilla agradable empezó a sonar por mis cascos. Bien, bien.

Pero el ‘bien’ no duró mucho. Por más que las listas tuvieran una variedad que me parecía suficiente como para generar al sistema una idea de mis gustos, sólo se me reproducían temas que yo ya había introducido antes, nada nuevo: no había sorpresa, no había esa novedad que me encantaba en last.fm o en Pandora, sólo la lista de lo que yo ya había buscado y marcado antes. Y, para acabar de cagarla, la reproducción aleatoria iba horriblemente mal: las canciones del mismo grupo se encadenaban casi una tras otra (a veces sin el ‘casi’), los grupos se repetían.

¿Cómo, con una lista en la que posiblemente hay un centenar de grupos, se repite un mismo intérprete tres veces en apenas veinte temas?

Mal, está muy mal trabajado el cálculo aleatorio de los temas.

¿Resultado de todo ello? Las listas  de reproducción, aun habiendo sido enriquecidas con mucha variedad de temas y grupos, a veces aburren. Ha muerto Pandora para los no yanquis, se ha suicidado last.fm (al menos para mí), y Spotify no me da lo que busco: música de mi agrado  pero que me sorprenda, novedades. En definitiva, añoro lo que ya no tengo. Jodido inconformismo.

¿Hay algo (no de pago) que se parezca a Pandora o a last.fm? Habrá que investigar un poco…  Pero mejor otro día: hoy estoy muy vago.

Un saludo.

Hola, culebras.

Esto tiene la pinta de convertirse en un clásico navideño, como Ra-Pa-Él y Hola-soy-Edu-Feliznavidad. La red de embaucadores de Euro 6000 vuelve a lanzar un campaña engañosa… pero engañosa sólo si no te lees la letra ahora no-tan-pequeña. Prometen un descuento del 10%, pero con un máximo de devolución de 20€. Vamos, que de nuevo lo del descuento se queda en agua de borrajas, desleído en unas fechas en las que se gasta bastante más. Se agradece que en la web lo dejen claro (ver el flash embebido), así como en las condiciones de la promoción (leer la sección segunda, que tiene coña la lista de exclusiones).

Al menos en esta ocasión tiene la decencia de no imponer un gasto mínimo (yo no he llegado verlo indicado por sitio alguno). En esta ocasión no es tan engañoso como la otra vez, lo que no implica que resulte atrayente, al menos para mí.

Hola, culebras.Por segunda vez voy a hablar de un artículo que he visto en la web Ahorro diario. En esta ocasión se trata de hablar de bolas de lavado que sustituyen al detergente de lavadora. Según lo leí, así por encima, pensé en algún tipo de bola de detergente concentrada que se dosificaba muy poco a poco y que duraba años.

Pero no.

Si se mira por ahí, ya en la propia web de una de las bolas mágicas o a través de los propios enlaces que ponen en los comentarios algunos lectores, uno descubre que se trata de otro timo tan ochentero como el agua imantada. Vamos, basura pseudo científica que engaña con palabras altisonantes a gente inocente y crédula. Se ve que a ese tipo de gente pertenece Chloe, la autora de la entrada de marras, bien intencionada (nadie lo pone en duda) pero inocente.

Lo malo es cuando a la ignorancia se suma la dejadez, la falta de investigación, en un portal que se supone quiere ser guía en tiempos como estos, duros. No puedes ir por ahí diciendo a la gente que se gaste 40 eurazos en un producto que ni has probado, ni sabes como funciona, o si realmente es útil (y ahorrativo). Antes de publicar una ‘recomendación para el ahorro diario’, en un sitio con el lema de ‘gasta con sentido, vive mejor’, piensa que sugerir a la gente que deba gastarse 40 euros en algo que luego puede ser un timo lo vas a pagar con tu credibilidad.

Pero lamentablemente así está el mundo actual, lleno de ‘periodistas’ (titulados o no) que no son más que correveidiles chapuceros.

Si antes de publicar esa entrada hubiera investigado sólo un poco hubiera leído cosas tan ridículas como que su funcionamiento se basa nada más que en imanes. Sabiendo algo de química se conoce que la molécula del agua es bipolar, estructurada en enlaces van der Waals, mucho menos estables que uno covalente. Por eso, si bien el imán puede romper el enlace de manera puntual, la propia naturaleza de lo iones generados volverá a crear el enlace al instante. Vamos, el resultado del magnetismo sobre el agua es prácticamente nulo.

Otro punto negativo para esta web (la primera me la comí yo mismo con patatas tras lo de carrefour online, parte I y parte II). Sobre todo porque si se centra en el ahorro diario no puede dejar caer la recomendación de algo que es un timo, y un timo caro, además. Van dos (sólo dos), pero ya habrá que empezar a leer con lupa lo que ponen… o darse de baja del feed, claro.

Un saludo.

Para ella, e ineludiblemente también para la otra: lo son todo para mí.

Para ella, para ellas, un pequeño cuento. Mucho me ha costado, de tan oxidado que estoy en esto de juntar palabras, pero ahí está el resultado de mi esfuerzo. Ojalá la una lo sepa apreciar hoy, y espero que la otra haga lo propio en un día futuro y próximo.

Y aunque no lo valoren: para ella, para ellas.

Hola, culebras.

Hace ya unos días empezó esta historia, y aun no ha terminado. En esa primera vez la situación quedó en fase b), paquete que el repartidor de Seur se había negado a recoger, y a la espera de la espera de la fase c), segunda recogida por parte del repartidor.

Bien, la fase c) se llevó a cabo sin problemas el día esperado (29 de diciembre) a una hora cercana a las 18:00. No resultó un encuentro cordial, más que nada porque ante nuestra puerta se presentó el mismo impresentable individuo que dio la espantada la otra vez.

Ahora mismo (5 de enero de 2009, a las 16:23) mi banco me informa de que carrefouronline me ha realizado un ingreso por… ¿92.05€? ¿Dónde cojones estan los 6.95 restantes? Seguro que los muy hijos de perra me han cobrado los portes de la devolución del cacharro que nunca funcionó (recordar que, como dice en la propia web, al ser causa la devolución de carrefouronline los portes los pagan ellos. De hecho así nos lo dijo, bien claro, la telefonista). La fase d) se ha realizado, pero a medias.

Esto no puede quedar así.

Ante este continuado despropósito ya he preparado y enviado respuesta (a la dirección oficial, y me niego a gastarme más dinero con putos teléfonos 902):

Muy señores míos: me acaba de llegar un ingreso a cuenta de 92.05€, cuando el importe del susodicho artículo es de 99€.

Les recuerdo que traté de devolver el artículo en los primeros siete días tras su compra, y que si no se hizo en ese plazo fue debido a la incompetencia de su empresa transportista, SEUR.

Ruego me ingresen los 6.95€ restantes a más tardar este viernes 9 de enero de 2008. En caso contrario cursaré la correspondiente denuncia ante consumo, en la que además irá incluida el importe en llamadas a teléfonos 902 suyos, llamadas provocadas por su incompetencia y mal servicio.

Atentamente,

Francisco Ruiz Fernández.

P.D.: Tengan por seguro que una vez acabe todo este asunto procederé a darme de baja de todos sus servicios. Les enviaré un notificación formal para que, en virtud de la L.O.P.D., me den de baja de todos sus sistemas y bases de datos.

Por supuesto, visto lo visto, no espero contestación alguna por su parte (viva la atención al cliente). Prepararé los documentos para tramitar la denuncia. Si ha de tirarme de nuevo meses tramitando denuncias lo haré, pero esta gente no se va a quedar así por le morro con mi dinero. Gracias a Antonio por el enlace de Consumo acerca de cómo realizar una reclamación en Madrid. Me va a resultar muy util, seguro.

Veo que esto aun no acaba… ¡qué divertido fin e inicio de año! ¡Demos las gracias a Carrefouronline = Seur = basura! Está visto que en esta mierda de pais sólo puedes realizar compras a distancia si asumes lo siguiente:

  • si lo comprado está bien, todo perfecto,
  • si hay algo mal, te lo vas a comer con patatas o prepárate para vivir un pequeño infierno

¿Solución de mi mujer? Muy salomónica ella, dice que lo mejor es no comprar nunca más cosas ’serias’ ni por catálogo ni en internet: sólo en tienda física y a tomar por culo. Dice que si hay que montar un pollo mejor tener un careto humano delante al que escupir (lo de escupir es mío: ella lo ha dicho de una manera más fina y elegante). Viva el avance en tecnologías: por culpa del mal servicio de las empresas la brecha tecnológica se agranda y el españolito de a pie sigue desconfiando de comprar ‘en el internext ese’.

A ver si con un poco de suerte consigo colarme arriba en las búsquedas de google de carrefouronline, para que la gente vea estos posts y sepa a qué atenerse antes de trabajar con esta escoria.

Me voy a comer un pedazo de roscón, a ver si así se me quita la mala leche.

Adios.

Hola, culebras.

Maldito el momento en que descubrí carrefouronline. A raíz de realizar con ellos mi primer pedido todo han sido problemas, con su producto, con ellos y (sobre todo) con su servicio de transportes, Seur.

Se me ocurrió comprar un monitor panorámico (un HANNSPREE XM BOSTON Monitor 19″ HDMI) pensando que, como otros de su género, no supondría problema alguno a la hora de acoplarlo a un equipo con Windows XP. No me voy a abundar en el tema de cómo funcionó el trasto, pero el resultado es que no, no lo hizo con la trivialidad que las circunstancias exigen en estas fechas (enchufar, configurar y volver a empacar casi sin que nadie te vea, y en cuestión de minutos).

El proceso de entrega de dicho monitor es la parte a) de la odisea, una aventura que a día de hoy aún continúa, para nuestra (de mi mujer y mía) desgracia. La parte b) sucedió el día 26 de diciembre, y las c) y d) todavía están por llegar.

Un resumen de la a) se puede leer en el correo que remití a la dirección de contacto para clientes de carrefouronline. Aquí lo teneis:

Hola.

Soy cliente de carrefouronline. Dado que la cuenta clientes.carrefouronline@carrefour.es no responde (algo que me parece muy preocupante), les remito mi correo a esta otra, más genérica.

Un saludo.

———- Forwarded message ———-
From: <postmaster@carrefour.es>
Date: 2008/12/17
Subject: Delivery Status Notification (Failure)
To: Francisco Ruiz <o…@t….com>

This is an automatically generated Delivery Status Notification.

Delivery to the following recipients failed.

clientes.carrefouronline@carrefour.es

Final-Recipient: rfc822;clientes.carrefouronline@carrefour.es
Action: failed
Status: 5.1.1

———- Mensaje reenviado ———-
From: ”Francisco Ruiz” <o…@t….com>
To: clientes.carrefouronline@carrefour.es
Date: Wed, 17 Dec 2008 15:54:27 +0100
Subject: Carrefour-online: la MALA calidad de servicio de SEUR
Muy señores míos,

Debo informarles que el trato al cliente y la calidad de servicio de su empresa subcontratada de reparto, SEUR, deja muchísimo que desear. Tanto que me hace plantearme seriamente el volver a comprar algo con ustedes. Lo que indican en su web (’Este sistema nos permite garantizarte la máxima fiabilidad y exactitud en la entrega. En caso de no encontrarte en la dirección indicada, SEUR contactará contigo para un segundo intento de entrega. Recuerda que no se admiten entregas en apartados de correos’) dista mucho de la realidad.

Procedo a explicar mi caso.

El pasado fin de semana (día 14) me di de alta en su servicio de venta a distancia y compré mi primer pedido (81.XXX.YYY). Todo bien, hasta esta mañana: estando en el trabajo me llaman al móvil (a las 12:49, desde un número de móvil 691.XXX.YYY) que di de contacto y el repartidor me pregunta ’si soy yo’. Me identifico y ante eso me dice que si hay alguien en casa. Le explico que supongo que estará mi mujer. En eso que *acto seguido* me pregunta que cual es el piso y la letra de mi casa (como si el repartidor no lo supiera) y llama al portero automático. Al ver que no hay nadie me dice que ya no va a poder entregarlo y que lo manda al almacén de Getafe. Ante esto le informo de que yo, a partir de las 17:30 estaré en casa. Para mi sorpresa me dice que ‘de eso nada’, que no va a volver otra vez y que sea yo el que me desplace a Getafe a recoger el pedido. Por más que le insisto se niega a pasarse por la tarde, todo ello en un tono prepotente y casi insultante, como si yo (el cliente, el que paga) debiera obedecerle.

Ni que decir tiene que si yo pago gastos de envío es para que me traigan a casa lo comprado. Y que por lo menos se de un segundo intento. Aquí de entrada uno sólo, y previa llamada sin posibilidad de reacción alguna.

Por suerte en ese momento mi mujer regresaba y, a través de una llamada mía, pudo localizar la furgoneta de reparto y recoger el paquete. Si no no sé como hubiera acabado esto. Puede que en forma de reclamación a la oficina del consumidor y yo dándome de baja de su servicio.

Lo dicho: esa actitud por parte del repartidor me parece indignante y me desanima a seguir contando con ustedes (debido a la penosa labor de su subcontrata). Espero y deseo que esta desagradable situación no se repita.

Un saludo,

Francisco Ruiz.

A este correo hay que hacerle varias anotaciones:

  1. El correo de contacto que la propia empresa nos da a los clientes no funciona.
  2. No dan ningún tipo de respuesta a los correos de la otra cuenta oficial. Vamos, que todo apunta a que la primera cuenta directamente no existe, y que la otra es un agujero negro.
  3. La gente de Seur, para variar, hace lo que les da la santa gana. En los datos personales de mi cuenta de carrefouronline dejé bien claro la manera de realizar las entregas. A saber: de venir, con un tiempo prudencial de una hora por lo menos, que nos avisaran por teléfono. Nosotros trabajamos y la empresa de paquetería no puede pretender que se esté para ellos todo el santo día, y así durante un período de días indefinido.
  4. De dar una segunda oportunidad nada: el individuo cuando supo que no estábamos y me dijo la dirección del almacén de Getafe se lavó las manos y se negó a venir una segunda vez por la tarde, en contra de lo que pone en la página de carrefouronline (que es con quien yo mantengo la relación comercial).
  5. Las malas formas conmigo de manera telefónica y con mi mujer que tuvo el repartidor. Si tu trabajo te estresa lo siento mucho, pero debes saber que yo pago porque se me entreguen bien las cosas, y no tengo porqué aguantar borderías ni malas maneras.

Y todo esto sin analizar mucho más la situación.

El tema continúa con una llamada el día 23 de diciembre al servicio de atención al cliente de carrefouronline. La llamada tiene su razón de ser en la imposibilidad de conseguir que el monitor, aun conectándolo a varios ordenadores con todo el S.O. operativo, no funciona correctamente. La operadora, tras explicarle el problema del aparato, y la escena con el repartidor, comprendió nuestro enfado y nos confirmó que hay muchas más quejas acerca del mal servicio de Seur (a lo que yo me pregunto: si la gente se queja ¿por qué siguen usando esa empresa? ¿A lo mejor porque sólo se quejan a la operadora y tras ese primer filtro la queja ‘no asciende’?).

Total, que dado que estamos en plazo de devolución desde el servicio de atención al cliente me remiten un formulario que debo adherir a la caja, y me informan que pasarán a recogerlo, todo con los portes pagados. Les repetimos que, por favor, antes de venir que nos llamaran con antelación de una hora o dos, para poder ir a casa si nos cogen fuera (y más aun en estas fechas tan de hacer visitas). La operadora lo comprendió y nos dijo que así se haría, y que quien viniera a recogerlo lo tendría en cuenta. ¿Pero quién pasará a recogerlo? Dios mío, no: Seur. Me temo algo malo. Y además con estas fechas de por medio. A ver qué pasa. ¿Deberé mantenerme encerrado en mi casa todos estos días esperando que la gente de Seur me llame directamente al portero automático de casa?

Pues se ve que sí. En la tarde del 26 de diciembre, alrededor de las cuatro, han llamado al portero automático, y no era papa Noel, no: un individuo con voz urgente ha escupido mi nombre al micrófono. Yo, imaginándome que se trataba del de Seur, le abrí la puerta sin siquiera preguntarlo (algo que no debería haber hecho, no, pero es que ya tenía ganas de que se llevaran el trasto).

Mientras el ‘amigo’ sube mi mujer, con quien también tuvieron un encontronazo esos repartidores de alegría y felicidad, se preparó a abrirle la puerta. Yo, conociéndola, me retiré a una zona oculta a la visión de la entrada y me preparo para escuchar un rapapolvo. La puerta del ascensor se abrió y apareció el repartidor (yo no veo nada desde mi posición). Aquñi hago un resumen de la jugosa y sorprendentemente corta conversación:

-Vengo a por un bulto (para qué va dar las buenas tardes, digo yo).

-Bien, pero ¿no le dijeron que antes de venir nos avisaran?

-Señora…

-No, es que se lo dijimos a la operadora: que por favor nos llamaran antes de venir para poder estar.

-¡Señora, usted no va a decirme cómo hacer mi trabajo!

Y acto seguido se dio la vuelta y se metió en el ascensor, sin coger el bulto ni nada de nada. Ahí nos quedamos mi mujer y yo, anonadados ante el trabajador de paquetería, cuyo deber es recoger y llevar bultos, pero que se negaba a hacerlo en cuanto recibía una queja.

Lo que siempre he dicho, por experiencia: Seur es una auténtica basura de empresa. Ahora me demuestran (en dos ocasiones casi seguidas) que parte de sus repartidores (no les meto a todos, pero ya sí a dos de los que trabajan en el sur de Madrid) son maleducados, groseros, ineficaces y engreídos (por poner unos pocos adjetivos).

Un consejo os doy: no contratéis Seur jamás. No es mi primer encontronazo con esta chusma, pero ojalá sea el último.

Tras esto tocaba llamar de nuevo al servicio de atención al cliente, una llamada que acabó siendo larga, pero jodidamente larga. Al contarle a nuestra operadora nuestra situación esta nos dijo de entrada, así a las claras, que llamaramos nosotros a Seur (así, con un par de huevos, que el marrón que originan su subcontratados me lo coma yo, no ellos). Le dejamos claro que de eso nada, que nosotros teníamos contacto a través del albarán de entrega con carrefouronline, con nadie más, y que los intermediarios se los comían ellos, no nosotros. Lo dicho, tras mucho tiempo de espera (y tonto de mí, a un 902, que por los nervios y el cabreo se me olvido conseguir la versión de marcación normal), conseguimos que nos dijeran que se pasarían a recogerlo, de nuevo, el próximo lunes de 4 a 8 de la tarde (eso es una horquilla y lo demás cuento). A ver qué pasa para entonces.

Mientras tengo bien claro que en cuanto esto acabe, con mi dinero reingresado en cuenta, me doy de baja inmediatamente de carrefouronline y no vuelvo a comprar nada con ellos por el resto de los días.

Por supuesto, como se puede deducir, todavía tenemos en nuestra posesión el bulto… y en mi cuenta de ahorro no se me ha restituido el importe.

A ver como se realizan las partes c), segundo intento de recogida del bulto, y d), reintegro de mi dinero en cuenta, de esta historia.

Jodidos humanos, no paran de darme razones para desear el exterminio de toda la especie.

Corolario: todo esto pasa en muy buena parte por el nefasto sistema de subcontratación que desde hace décadas impera en este país. Si yo fuera ministro de trabajo aboliría las subcontratas, ilegalizándolas. Sin duda alguna se ganaría en servicio, en la calidad del mismo, y se abaratarían costes, que en un porcentaje demasiado alto acaban en los bolsillos de los vendecarnes y directivos  de las empresas intermediarias, todos ellos especuladores del trabajo ajeno.

Un saludete con algo de estrés, angustia, ansiedad o fobia navideña, a saber lo qué.