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Hola culebras.

Supongo que alguno estará por ahí, aunque Google quiera evitarlo. Y si no la verdad es que poco importa: ellos se pierden mis sabias palabras :P

De nuevo descubro un autor, que en esta ocasión se trata de todo un clásico en la literatura de aventuras: Jack London. Sobre todo conocido por sus libros Colmillo blanco y La llamada de lo salvaje, gran parte de su obra se basa en la propia experiencia.

El libro que he leído, El lobo de mar, sin duda alguna algo de personal debe tener dado que con la edad de diecisiete años se embarcó en un barco con el mismo destino que el Fantasma, Japón. Ignoro si también se dedicó ese barco a la caza de foca, pero con toda seguridad en la travesía debió entrar en contacto directa o indirectamente con el mundo retratado en el libro.

Pero vayamos a que nos importa: el libro. Nos encontramos ante un relato de aventuras, una narración en la que el personaje protagonista se puede decir que sólo es testigo de lo que sucede, constituyendo el auténtico centro de la historia ese lobo de mar que moldea a sus hombres como si de figuras de barro se tratara. Un personaje brutal al que resulta imposible coger cariño, ni siquiera en el duro final. Las aventuras se disfrutan aunque el interés sufre altibajos (ni de lejos nos encontramos ante historias tan adictivas como las de Gordon Pym o Jim Hawkins, por poner dos ejemplos), pero en general se hacen agradables… salvando los surrealistas diálogos que mantienen el protagonista y Larsen. Esas conversaciones quedan por completo fuera de lugar, recordándome ese bodrio que es La delgada línea roja, con sus soldados poetas. Se peude obligar al lector a entrar en la suspensión de credulidad, pero otra muy diferente es poner a un lobo de mar como un filósofo materialista y fatalista, y peor aun suponer que en un ambiente tan duro como la cubierta de un baro gobernado por el terror se llegue a debatir la naturaleza del alma humana, de la inmortalidad y de la esencia del hombre. Salvando este gran pero la novela se hace agradable.

O quizá tenga que decir que la lectura hubiera debido ser agradable: he sufrido una horrible edición, con una traducción pésima (tanto que no aparece indicado el traductor por ningún sitio). Sin duda ello ha contribuido a que no disfrute de la obra tal y como una buena labor editorial podría haber logrado.

Datos de esta edición:

Editorial Akai

ISBN: 84-7600-146-0

Evitar a toda costa si quieres disfrutar de la lectura de El lobo de mar. A veces los saldos los pagas de manera muy cara.

Valoración final: 6

Compré este libro hace menos de un mes por puro impulso: supongo que se sumó el bajo precio del libro y la posibilidad de conocer un autor nuevo para mí (dotado de relativa fama, ganador de varios premios e idolatrado por parte de la comunidad del cómic). Sea por lo que fuere, lo compré y -más raro aun- lo empecé leer a los pocos días, saltándome todo lo que había en la pila desde hace años. El volumen consiste en una compilación de relatos cortos, mi estilo favorito, lo que lo hacía así de antemano atractivo y de presumible fácil lectura. Sin duda esos factores me animaron aún más a tomarlo entre manos.

Lamentablemente el resultado de la lectura de este Objetos frágiles ha resultado pobre, muy pobre. Neil Gaiman me recuerda en parte a Stephen King, llenando sus historias de detalles y anécdotas que dan profundidad a sus personajes. Pero, al contrario que King, Gaiman se queda ahí: no narra historias, limitándose a recrear situaciones. Juega con atmósferas, da pinceladas de tramas, pero nada más: me da la impresión de que sus relatos se limitan a un muy bien ornamentado marco, pero sin la pintura del centro. La marquetería es una muy digna profesión, pudiendo crear verdaderas obras de arte, pero un marco preciosista no justifica la ausencia del cuadro. Gaiman no pinta cuadros; a lo sumo da un par pinceladas y deja al lector ahí, esperando más. Y eso cuando directamente no cierra la historia a las bravas, como en el injustamente premiado ‘Estudio en esmeralda’ (una nueva demostración de lo basuriles que son muchos premios de estos). Para mí, Gaiman representa el perfecto ejemplo de que la forma no lo es todo: forma sin fondo no sirve para nada.

No todo es malo en este libro, y tres narraciones merecen salvarse de la quema (en parte porque se trata de historias, cuentan algo): ‘Alimentadores y alimentados’ (clasicista y previsible pero que aun así se disfruta), ‘Goilat’ (gracioso con su toque a lo Dick), ‘El pájaro del sol’ (aventurita con un aire que no sé porqué me hizo recordar a HPL, si bien no tiene nada que ver con él) y ‘El rey de la cañada’ (que no está nada mal, pero que tiene como defecto el que huele demasiado a una mezcla de Moorcock y Barker).

Detalle aparte merece la manera extraña en la que introduce a los personajes en algunas ocasiones, con excesiva brusquedad. Lo he notado en unos cuantos relatos: inicia una escena interactuando el protagonista con alguien y sólo al cabo de varios párrafos dice quién es ese alguien. No me ha gustado nada, pero supongo que se trata una impresión personal.

Intentaré darle una segunda oportunidad con una novela, a ver si mejora, pero no las tengo todas conmigo: habrá que pasar tiempo para que llegue ese segundo intento.

Valoración final: 4.

Hola, culebras.

Un hombre humilde que sufre una traición, la soledad y el abandono. La impotencia ante un destino cruel que no se merece. La oscuridad. Sentirse manejado por personas que encarnan poderes más allá de su comprensión. Un encarcelamiento injusto en una mazmorra y bajo unas condiciones inhumanas. Un inesperado compañero que sirve de apoyo a nuestro protagonista a lo largo de esa nueva prueba. Una huida a través del agua (con un inconfundible simbolismo iniciático) hacia una inmensa fortuna que le aguarda, escondida. La aparición triunfal de un personaje histriónico, dilapidando lujo y extravagancia, ampulosidad y misterio. El nuevo bufón de la corte aparece en… pues no, no se trata de París.

Porque no estoy describiendo de la primera parte de El Conde de Montecristo, el inmortal clásico de Alejandro Dumas. No, señores: este argumento que apunta a plagio descarado pertenece a la primera mitad (ojo, que hablo de toda la primera mitad del libro) de Las estrellas mi destino, el clásico de Alfred Bester, el supuesto referente o revulsivo de la ciencia ficción de los cincuenta… que en el fondo no de deja de ser un plagio a un clásico decimonónico. Eso demuestra lo digna de confianza que es la crítica ‘estándar’, tanto americana como no americana. Han ensalzado a eso. Si este plagio se merece el calificativo de clásico de la cifi, que venga Cthulhu y devore las almas de quienes lo defienden.

En definitiva, nos encontramos ente un libro de lectura inevitable para detestar la crítica profesional, para seguir yendo por libre, sin implicarse en ese mundillo cerrado y endogámico que responde al nombre de ‘fandom’ (mundillo en el que, como en el de los negocios, hay demasiado de ‘yo te como el rabo si tú me lo comes a mí’ con el simple objetivo de subir, de crecer. En resumidas cuentas: humanos).

Por lo demás, si quieres leer un libro basado en la idea de la evolución de un personaje, de la nada al todo, mejor aprovecha tu tiempo en la novelita de Farmer El hacedor de universos. Al menos de Farmer se sabe que siempre fue un gamberro, un iconoclasta y plagiador/homenajeador.

Eso sí, todo esto sólo hablando del tema del plagio, ya que dentro de la novela hay fallos argumentales (como el escandaloso de ‘la aparición’ y explicación del jaunteo) que son para darle de gorrazos al autor por tratar de subnormales a los lectores. Pero ponerme a hablar de ellos significaría dedicarle más tiempo y esfuerzo del que se merece este enorme chasco. Menos mal que me lo he leído en muy poco tiempo, con lo que ya mismo me pongo con otro para intentar quitarme el mal sabor de boca. ¿O abría que decir mal sabor de ojos? :P

Adiós.

Hola, culebras.

Lo último que leí de David Brin fue La rebelión de los pupilos, una historia ñoña y menor. Ahora le toca a Tierra, un mazacote que empecé a leer hace casi nueve años. Bueno, para ser sincero no puedo decir que lo empecé: sólo leí las primeras dos páginas y lo dejé debido a su peso (estábamos en verano y no estaba el tiempo para ir cargando con lastre).

¿Qué se puede decir de este Tierra? Pues que, a grandes rasgos, consiste en mezclar Todos sobre Zanzibar con una trama ciberpum. Sí, puede sonar a descripción sesgada y maniquea, pero no falta a la verdad. Mezclamos los ingredientes de la novela: como ingrediente básico unos rollos en plan grin-pís catastrofitas/buenrollistas, a manera de aglutinador un concepto de red ligeramente relacionado con el de Gibson; aderecemos todo ello con un poco de hard (la presencia de ‘beta’) y unas pizcas de magufada (la cavitrónica, el concepto de gazer [que literalmente se le va de las manos a medida que la novela avanza] y la basura global del final). Mezclamos los ingredientes con páginas y páginas de paja, un exceso de personajes (que por más que hable de ellos no acaban de quedar creíbles, y alguno de ellos directamente sobra, como el trío de babuinos-humano y su maestra, o el los críos gilipollas pobretones, o el ‘ingeniero indígena papú que regresa a la jungla de sus antepasados’) y no sale este mostrenco de más de seiscientas páginas.

Seiscientas páginas para contar algo que en la mitad de extensión se hubiera contado sin problemas. Seiscientas páginas de las cuales algunas directamente me las he leído por encima y rápido (buena parte de los textos de los personajes antes citados). Seiscientas páginas que van entre las ganas de saber qué pasa con ‘beta’ (los episodios hard sin duda constituyen lo mejor del libro) y el más soberano desinterés. Y todo ello finalizado con una horrible escena de diálogo por la que dan ganas de matar al autor: vaya manera de revolverse en el barro.

No, definitivamente Brin no es Benford ni Bear. Por mucho que se hable de ‘las tres Bs’, no señores, no: hay diferencias, grandes diferencias.

Como se puede deducir, no puedo describir a Tierra como un libro muy recomendable: no es un duerme ovejas pero apunta maneras.

Un saludo.

Hola culebras.

Este que ahora voy a comentar es uno de los primeros libros que me compré la llegar a Madrid. Santi L. Moreno me llevó a una librería perdida en lo que me pareció el culo del mundo (más adelante lo asocié con el barrio de Tetuán) y allí, entre estanterías repletas de los más variados libros, adquirí este viejo y desgastado ejemplar. De entrada tiene de verdad un mal aspecto, con las páginas completamente amarillentas y las primeras cuarenta páginas cayéndose del lomo por falta de cola, pero tratándolo con cuidado se deja leer. Y el contenido satisface, sí señor.

De Varley ya había leído Blue Champagne (enternecedor ‘El Pusher’, magníficamente triste y patética ‘La guía telefónica de Manhattan (abreviada)’, acojonante ‘Pulse Enter []’), que sólo puedo calificar como muy buena.

Este Y mañana serán clones no pasará a la historia de mis lecturas, pero al menos ha resultado entretenido y, sobre todo, sorprendente: resulta alocado al tiempo que gracioso ese caos de personajes, diferentes unos de otros pero que en el fondo no dejan de ser los mismos. No voy a destripar esta frase por muy extraña que suene dado que en comprenderla radica uno de los puntos interesantes del libro. En eso y en la línea de emergencia de Ofiuco: auténtica protagonista de la novela, una circunstancia que en un primer momento no se aprecia debido a la pésima traducción del título (el original es, cómo no, The Ophiuchi hotline).

Porque con el paso de las páginas lo que viene de Ofiuco se convierte en la clave de todo para llegar al final a un desenlace que, si bien no puede considerarlo efectista, grandioso ni sorprendente (casi podría calificarlo como gris), sí deja buen sabor de boca. Y con patada en los cojones a la humanidad incluida de regalo, cosa muy de agradecer.

Dado que el libro me lo empecé a leer con una idea ‘a’ (predispuesto por el título y los acontecimientos narrados de los primeros episodios) y al avanzar me encontré con un resultado ‘y’, totalmente inesperado, no voy a decir nada en esta reseña de su trama. Quien quiera leerlo de manera ‘virginal’ que lo haga, y quien quiera zamparse unos spoliers que lo haga en otro web, pero que sepa que si destripa la trama no se hará ningún favor. Palabra de misántropo.

Compra, lee y no te arrepentirás. Y, si no lo has leído aun, ya tardas en conseguir Blue Champagne.

Adiós.

Hola, ofidios.

Nuevo año, nueva entrada, en esta ocasión a modo de resumen de las lecturas del año anterior. Aquí desgloso mis pobres lecturas (pobres por ser sólo 23 libros: ni siquiera uno por semana, cosas que pasan por sólo leer en los traslados al trabajo). A continuación, el resumen:

Fecha fin lectura Autor Título Valoración Género
28/01/2009 AA.VV. Mares tenebrosos 8 Terror
10/02/2009 Oliver Sacks Un antropólogo en Marte 6 Ensayo
17/02/2009 Michael Moorcock El programa final 3 Fantasía
23/02/2009 AA.VV. Visiones 1999 5 Fantasía
17/03/2009 Norman Spinrad La canción de las estrellas 6 Ciencia ficción
01/04/2009 C.S. Lewis Perelandra 4 Ciencia ficción
17/05/2009 Stephen King Apocalipsis 7 Fantasía
30/05/2009 George R. R. Martin Los viajes de Tuf 7 Ciencia ficción
10/06/2009 Cordwainer Smith Los señores de la instrumentalidad IV 5 Ciencia ficción
02/07/2009 AA.VV. Maestros del horror de Arkham House 7 Terror
25/07/2009 AA.VV. El peón del caos 6 Fantasía
07/08/2009 AA.VV. Lo mejor de la ciencia ficción soviética II 6 Ciencia ficción
15/08/2009 Karel Čapek La guerra de las salamandras 4 Ciencia ficción
23/08/2009 Javier Negrete La mirada de las furias 6 Ciencia ficción
05/09/2009 Sheri S. Tepper Despertar 8 Ciencia ficción
18/09/2009 Robert Bloch El que abre el camino 7 Terror
01/10/2009 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 1 5 Ciencia ficción
13/10/2009 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 2 7 Ciencia ficción
21/10/2009 James Herbert Aullidos 5 Thriller
29/10/2009 Theodore Sturgeon Venus más X 3 Ciencia ficción
27/11/2009 John Brunner Todos sobre Zanzibar 7 Ciencia ficción
06/12/2009 AA.VV. Visiones macabras 7 Terror
16/12/2009 Arthur C. Clarke La ciudad y las estrellas 9 Ciencia ficción
24/12/2009 AA.VV. Conan el bucanero 7 Fantasía

Las lecturas no han tenido la variedad que yo hubiera deseado (menos preponderancia de la cifi y más del terror) pero como lo que manda en estos años es sobre todo La Pila, pues hay que atenerse a ella y a su ciencificiosa realidad.

Ahora juguemos un poco con los números.

En total han sumado 9773 páginas leídas este año, lo que hace una media de unas 27 páginas por día. Pobre, muy pobre, lo admito. Pero quizá eso se debe a que de los veinticuatro libros leídos he sacado una media de satisfacción que no llega al seis (en concreto un 5′73).

El género que este año mejor sabor de boca me ha dejado es el de terror (con un 7′23 de promedio), pero esto no puede sorprender dado que sólo he leído cuatro libros del mismo, frente a los trece de cifi, con una media de satisfacción del 5′67.

Por palo de creación, el que más resultados positivos me ha brindado es (para variar) el de relato corto, donde me encuentro con un promedio de 6′37. Por el contrario, el que peor resultado me ha dado ha sido para mi sorpresa la novela corta, circunstancia sin duda debida sobre todo a causa de ese El programa final, que lastra las demás. La novela estándar no destaca, con un mediocre aprobado alto (exactamente un 5′7).

A ver si este año que ahora entra consigue que se disperse un poco más los géneros y se eleven las medias de satisfacción por lectura.

Ale, se acabó esta entrada pedantilla y sin sentido aparte del meramente masturbatorio.

Hasta luego, culebras.

Hola, ofidios.

Aunque leyendo el título de esta entradilla (y su etiqueta asociada) parecería que se trata de muchos autores o de un libro de relatos, la verdad es que ni una cosa, ni otra. El libro lo han escrito sólo dos autores, Lin Carter y L. Sprague de Camp, algo que se contradice con el nombre que aparece en la portada, el de Howard (práctica por parte de la editorial que yo consideraría engañosa para con el lector, haciéndole creer que va a leerán obra directa de Howard). Por otro lado, al aparecer el nombre del tejano, uno se espera relatos: ahí radica el segundo ‘engaño’, ya que en el interior del libro lo que nos encontramos es un trabajo novelizado de seguidores sobre sus notas. En efecto, Conan el bucanero es una novela.

Pero bueno, dejemos esos deslices de editorial no del todo seria y entremos en harina. Como todo lo que hasta ahora ha pasado por mis manos sobre el cimmerio, nos encontramos con una lectura rápida, sencilla y carente de florituras, con personajes planos (ni siquiera esbozos), pero en la que destaca una historia llena de acción, con buenos buenosos, malos malosos, bichos bichosos y acción acciosa. Literatura juvenil perfecta para evadirse.

Este Conan el bucanero de Carter y de Camp no aporta prácticamente nada al personaje, salvo rellenar un muy breve periodo de su vida. A lo sumo destacar la presencia de Toth-Amon, el que se acabará convirtiendo en la némesis por excelencia de Conan. Nos reencontramos con Juma (no tengo la novela anterior en la que aparece el kushita, pero lo recuerdo de cuando leía La espada salvaje de Conan).

A lo amantes del HPL les hará gracia ver como los autores han continuado con los guiños al de Providence, tan frecuentes entre las obras de los miembros del círculo de Lovecraft, insertando a Tsathoggua.

Un ejercicio ligero de lectura, recomendable pero sin destacar, ideal para pasar un buen rato. Sin duda una agradable manera de acabar las lecturas del año.

La próxima entrada de libros (y seguramente del blog, ya que casi se puede decir que sólo consta de reseñas), será el balance de lecturas del año, el primero que hago desde que he empezado con esta sección. Todo ello si, claro, no me acabo antes el que tengo entre manos (Y mañana serán clones, de Varley), pero vistas las fechas en las que estamos dudo mucho que tenga tiempo para ello.

Hasta luego.

Hola, culebrillas.

Han pasado varios años desde mi último Clarke, y pensé que había llegado la hora de leer este libro, el único que me quedaba por casa del maestro del hard.

Pero antes de hablar del libro comentaré una tontería: hace muchos, bastantes años (yo debía ser un crío) no sé dónde leí una historia que me impactó, la de una extraña ciudad recorrida por un niño, el único que había nacido en ella a lo largo de millares de años. Hasta ahí llega mi recuerdo. Más mayor pregunté si a alguno les sonaba este argumento y todos me dijeron lo mismo: La ciudad y las estrellas, de Clarke. Pero es que lo que yo leí llegaba como mucho a cuento corto, ni de lejos poseía la extensión de una novela.

Sigo sin saber si leí esa historia, la soñé o qué. Lo importante es que con La ciudad y las estrellas y las aventuras de Alvin la intriga de saber que le pasaba al chico ese se me ha pasado: me he encontrado con una historia magnífica, con ese sentido de la maravilla estilizado y elegante típico de Clarke. Un gozada.

Pasando las páginas uno viaja de un decorado opresivo, masificado e impersonal (la cuasi eterna Diaspar) a la bucólica Lys. En esa transición, al comparar ambas sociedades, uno no puede evitar recordar la relación entre la primera y la segunda fundación (las de Asimov), una tecnológica y la otra psíquica. Pero es que el viaje no acaba aquí: en una sucesión de acontecimientos acabamos recorriendo los rescoldos de enormidades equiparables a las descritas en Mundo anillo o en Invernáculo. La historia más sorprendente del final me arrancó otra relación, en esta ocasión con un clásico, pero admito que este enlace está un poco tomado por los pelos.

Sentido de la maravilla, desproporción cuidadosamente calculada (y justificada), abismos de tiempo… esto y más hay en esta novela. No voy a decir nada más: sólo que quien quiera disfrutar con un buen libro ya está tardando en hacerse con él.

Hasta luego…

Hola, culebras.

Voy a hablar de otro libro que lleva años en La Pila, y que allí ha estado de manera consciente debido a uno de los nombres que aparece en portada: el de Dean R. Koontz. Nunca he leído nada de él, más que nada porque sólo he escuchado pestes acerca del autor. Pero bueno, algún día debía leerlo y ese día ha llegado: estas son las Visiones macabras que viví.

El libro casi lo podríamos describir como una colina; empezamos acercándonos a ella y, parea nuestra sorpresa, en torno a la base hay un pantano hediondo. Con dificultados lo atravesamos, y con una sonrisa de alivio iniciamos el ascenso. La ladera posee una pendiente suave, un paseo agradable, no muy llamativo pero con algunos macizos de flores que alegran la vista. Continuamos subiendo y a medida que nos acercamos a la cumbre descubrimos que estamos disfrutando de verdad. Sensación que se confirma al coronar la cima: desde ella podemos disfrutar de un paisaje magnífico; nos sentirnos contentos de haber llegado allí. Sin embargo debemos avanzar, seguir, descender. Para nuestra desgracia al otro lado nos encontramos con una ladera que termina en acantilado. Mal que nos pese nos descolgamos por las rocas, mas no podemos evitar algún golpe, sufriendo incluso alguna caída que provoca heridas. Pero al fin llegamos al suelo y, ya desde él, oteamos esa cumbre recordando la pequeña gloria que descubrimos en ella. El muy agradable recuerdo nos hace valorar como positiva la excursión. Nos lamemos las heridas, damos la vuelta y seguimos nuestro camino.

Ya he colado la metáfora. Ahora a aclararla.

El pantano, como se habrá podido adivinar, es la introducción del libro, una basura pesada, tocha, pedante, perpetrada por el señor Koontz. El colmo del despropósito llega cuando, si no entiendo mal, ataca veladamente a la nueva ola de terror que surgió en los ochenta (cuya figura más importante la podemos encontrar en Clive Barker) por dejarse llevar por lo grotesco, lo sucio. Barrer es grotesco, sucio, sexual, y son duda se ha ganado a pulso el término de revulsivo del género. Que haya cada diez años un nuevo Barker, por favor, y que empalen a Koontz en una plaza pública en esas mismas fechas.

Ese ascenso suave y con detalles de color, de calidad, se trata de los tres relatos de F. Paul Wilson. ‘Sentimientos’ remota el clásico de la mano amputada y maldita, para contarnos una historia previsible, lineal y poco afortunada. ‘Caras’, por otro lado, me recuerda a los niños de la talidomida: ¿Se habrá inspirado en ese drama el autor? Lo ignoro, pero el resultado del relato satisface, al punto de verlo incluso filmable. ‘Inquilinos’ nos presenta una historia correcta, con buen ritmo y un cambio de registro final que deja un buen sabor de boca.

La cumbre del libro, sin lugar a dudas, la encontramos en el relato ‘El jardinero’, de Sheri S. Tepper. De no haber leído nada de ella en mi vida a encontrarme con estas dos joyas. ‘El jardinero’ es un relato magnífico, que sabe aprovechar muy bien la extensión impuesta por el editor para conseguir una novela corta redonda, con personajes algo tópicos pero creíbles (incluso el deforme protagonista). El único pero que se le puede ver a la novela es que resulta predecible, si bien ese defecto queda eclipsado por el resto de sus virtudes.

El acantilado, el despropósito final de la compilación tiene como autor a Ray Garton, ¿aclamado? autor de Crucifax. Realmente, si esa novela tiene el mismo corte que esta otra de ‘Monstruos’ espero que no pasa pos mis manos jamás: la estructura de la novela es horrible, con flashbacks pésimamente colocados (al punto de que a veces no sabes si estás leyendo algo del presente o del pasado). La novela en sí mete a monstruos en un entorno en el que no hacen falta: las propias personalidades de los personajes (y la organización religiosa de fondo) ya son de por sí lo suficientemente despreciables como para generar horror. El final se predice a la milla, pero no se disfruta ni cuando se acerca, ni al llegar a él, ni después, con esa lovecraftiana nota policial que acerca la novelilla al pastiche chusco, de broma. En definitiva, ‘Monstruos’ se reduce a una monstruosa pérdida de tiempo y un mal colofón para una compilación que iba ascendiendo en calidad.

Mención aparte merece la contraportada: se nota que quien lo ha redactado no le ha gustado nada, y se ha dedicado a reventar las historias. Un nuevo despropósito editorial, para seguir la tradición de Aullidos.

Una pena que esa basura final manche algo que iba muy bien. Por lo menos uno recuerda con agrado los primeros dos tercios del libro (sobre todo el relato central). Espero que la siguiente lectura me satisfaga más.

Hola, ofidios.

Al fin tomo en mis manos este mundialmente aclamado clásico de John Brunner. El grosor del volumen intimida, eso no se puede negar, pero al igual que otra obra maestra de su misma época (Dune) el número de páginas no tiene porque equivaler a tocho pesado y lento.

Lamentablemente Todos sobre Zanzibar no es Dune. Allí donde el libro de Herbert se muestra dinámico y bien estructurado, el de Brunner sufre un exceso de estructuras: su estilo experimental, algo que de por sí no es malo, se atraganta en algunas ocasiones con inserción de datos y situaciones que aportan poco a la historia. El caso más resaltable es una serie de conversaciones que se dan en una fiesta: cuando pasas de la cuarta página de diálogos desgranados empiezas a pensar ‘vale, sí, la gente ésta tiene todas esas movidas en la cabeza; ahora cuéntame algo nuevo’. Esta sensación de ‘querer contar más, mucho más’ y que se convierte en un ‘quiero y no puedo’, se repite demasiado en el libro. En algunas ocasiones esa sensación de ‘no haber cuajado’ logra cuajar en algo concreto y tangible (la entrega de material a los terrorista, por ejemplo) pero otras no. Y en algunas incluso no sabes de qué va el rollo, como en el caso de la ‘canción’ de Contexto 18 - Resaca.

En el prólogo del libro Brunner ya anticipa, sin admitirlo claramente, este error del libro: quiso describir toda una sociedad y un mundo al detalle. Y con tanto detalle trata de describirlo que a veces se pierde. En mi opinión quizá hubiera dado mejor resultado el dividir el libro en varios atacando las tramas, y aprovecharse de ellos para explayare más en los detalles. Un ejemplo de una ambientación similar pero centrada la encontramos en la magnífica Las torres del olvido, de George Turner: centrándose en lo que pasa en un solo sitio, una sola familia (y su entorno), nos describe a la perfección un mundo asolado similar al de Brunner.

Pero aunque el libro a veces se pierde el resultado final satisface, y mucho: las dos historias, casi opuestas en su desarrollo pero unidas por el patetismo de sus protagonistas (el ejecutivo de éxito pero de vida vacía por un lado, y por el otro el perceptivo sensible y sensible cuya vida es arruinada al convertirle en lo que nunca deseo ser), enganchan deseando saber más y más. Las páginas  se suceden y no puedes dejar de leer, pese a las interrupciones ‘ambientales’ más o menos molestas que inserta el autor.

No voy a hablar de la actualidad de esta novela: lo dejo para opinión de quien la lea. Que la termine, respire hondo y mire a su alrededor.

Un definitiva, el balance de la lectura resulta positivo, no espantándome para futuras lecturas del mismo autor: en la pila guardo Rebaño ciego; supongo que no tardará mucho en caer en mis manos. De todas maneras adivino que es un libro que requiere una relectura. Seguro que así se captan muchos detalles que en una primera lectura se han escapado.

Chao.

[Actualizo 20/12/2009 18:54] Acabo de acordarme de que de Brunner ya había leído otro libro, El crisol del tiempo. Esa obra en cuestión me encantó, así que cuando le llegue el momento agarraré El rebaño ciego sin ninguna predisposición negativa.