Archivo de la Categoría “Libros”

El VICIO, con mayúsculas.

Hola, culebrillas.

No quiero hablar mucho de esta cosa. La tumba de Lucifer, el pestiño de Daniel Rhodes, es a la literatura de terror lo que los telefilmes post telediario de Antena 3 al cine de calidad (y quiero pensar que el cine de calidad todavía existe). De hecho ni siquiera como argumento para una película de serie B saldría bien parada. El libro no engancha en ningún momento, carece de tensión, las escenas ‘de miedo’ no dan ni miedo ni nada, los personajes planos y a veces son demasiado ochenteros. Por otro lado la visión que da de la Francia rural parece sacada de una película de Paco Martínez Soria, e ignoro hasta que punto acierta o mete la pata: me gustaría saber la opinión de un francés.

Tema aparte merece la traducción, que llega a incluir alguna que otra frase directamente sin sentido. Además parece que el traductor o el ‘componedor’ (ignoro el nombre técnico) desconoce el significado y uso del símbolo ‘»’ para continuación de discursos en nuevo párrafo.

Luego está el título de la obra: ¿por dónde sale Lucifer? Creo que se le menciona sólo una vez, y de refilón. Si al menos se hablara de Baphomet… Y no vale como excusa el decir que nos encontramos ante una traducción cutre de esas a las que nos tienen acostumbrados en España, sobre todo en el cine. No: el propio autor pone el nombre Lucifer en el título original, Next, after Lucifer. Este tío estaba fumado cuando escogió el libro. Pero aun más fumado debía estar su editor original… y el español, por supuesto.

Este truño no se lleva un 0 por piedad, pero un 1 ya es suficiente. Vaya pérdida de tiempo.

Adiós.

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Hola, ofidios.

Por primera vez en mi vida, si no me engaña la memoria, leo algo escrito por un japonés (no vale manga, que es cómic). Me habían hablado bien de este autor, Haruki Murakami, concretamente del la obra Tokio Blues. En FNAC por esos días estaban poniendo por todas partes stands con sus libros y, cuando me encontré este de tan curioso nombre, me lo compré por impulso.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas me ha dejado un sabor de boca amargo, nada satisfactorio para un autor mundialmente reconocido y al que acaban de dar el XXIII Premio Internacional de Catalunya. ¿Por qué? Pues porque en algo como la fantasía con este libro me demuestra que cuando lo escribió (1985) no tenía casi ningún dominio del género. O eso o el autor es un ñoño de tres pares de narices.

El libro se divide en dos escenarios muy claramente diferenciados:

  • Por un lado hay un Tokio de un futuro cercano, muy cercano. En ese futuro se ha desarrollado una técnica de computación que, por la manera en que la desarrolla (luego hablo de ese detalle), bien podría haber surgido de la mente de Cronenberg: el uso de un cerebro humano modificado mediante cirugía para ‘encriptar’ datos. Vale, eso no supondría de por sí nada nuevo, ni bueno ni malo. Pero cuando el autor intenta entrar en los detalles se pierde y alcanza niveles de patetismo que a mí me ha sonrojado. Un simple ejemplo: la entrada de datos el bioencriptador se realiza de modo visual (en ese aspecto nada que objetar), y la salida de datos ya encriptados es ¡tachán! ¡hojas escritas a bolígrafo! Sin comentarios. Bueno, sí que lo comento: con Cronenberg la salida de datos hubiera quedado de igual manera orgánica, incluso seminal, y sin duda mucho más efectista. No como este truño de Murakami. El resto de situaciones que se describen en la sección ‘futuro’ van desde lo retro o cutre (como los dos macarras, que parecen sacados de un manga) a lo sin sentido (los discursos pseudocientíficos que suelta el profesor), con lo ridículo (como el uso de los clips) entre medias.
  • Por otro lado una sugerente y misteriosa ciudad. En ella hay unicornios, a las personas se les extirpa con cuchillo la sombra, la biblioteca está llena de cráneos, la gente no tiene corazón (de manera literal)… Sin duda un entorno que en otras manos daría lugar a toda una serie de historias de lo más sugerente. Pero lo que digo: en otras manos. En manos de Murakami todo se reduce a una ñoñedad absoluta de sentimientos ñoños, acciones ñoñas y discursos ñoños. Una cosa es la ñoñedad de textos como La historia interminable, en el que el público al que estaba destinado (infantil y juvenil) justifica ese mensaje babosón. optimista y sentimental; otra muy diferente este texto, que en principio (y casi sin él, si se tiene en cuenta la psicología del protagonista) orientado a un público adulto. Pero adulto no equivale, al menos en mi caso, con simplón.

Resumiendo: por un lado tenemos un muy poco acertado escenario pseudofuturista, y por otro lo que muy bien podría ser una fantasía oscura que acaba convertida en una ñoñedad sin límites.

Tras acabar el libro me parece como si el autor hubiera dicho ‘ale, que en este libro me voy a poner a escribir cifi y, olé mis huevos, la voy a mezclar con fantasía’, todo ello sin tener el menos bagaje en ambos géneros. Así le queda algo torpe, descafeinado y en muchas ocasiones ridículo texto.

¿Qué salva al libro? La creación del protagonista y la manera que tiene de describir su manera de ver el mundo y reaccionar ante él. Murakami demuestra tener buenas dotes de narrador de historias. Lástima que en este libro lo quiera revestir de fantasía, lo que le hace cagarla de manera radical. Al menos para alguien acostumbrado a moverse por esos lares.

Como nota final le pongo un 5, y se salva del suspenso por esa manera de contar la historia/desgracia del protagonista.

Habrá que leer otro libro de Murakami, uno en el que no se ahogue en el género fantástico.

Un saludo.

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Hola, culebrillas.

Tras varios años en la pila me pongo con esta recopilación a cargo de Julián Díez. Los nombres en portada son la inmensa mayoría conocidos por mí, alguno incluso en persona, pero por fortuna (por eso de hacer unas reseñas más objetivas) la relación tras todos estos años es escasa, si no nula.

  • ‘Mein Fürer’, de Rafael Martín, nos muestra una obra más de este autor en mi opinión sobrevalorado. En este relato se mete en una historia de viajes en el tiempo de la que luego no sabe salir (posee un final absolutamente carente de sentido, típica huida hacia delante). El estilo que usa, de tan rápido que es, acaba sufriendo el defecto de ocultar los diálogos. Se lleva un 4.
  • ‘La estrella’ de Elia Barceló es uno de los varios relatos que no comprendo qué narices pintan aquí, porque la verdad es que de cifi, muy poco. Más bien su temática se puede definir como de fantasía disfrazada de cifi, sobre todo debido a esos mutantes tan poco creíbles: no se puede obrar un cambio similar en 800 años y al mismo tiempo lograr la estabilidad genética. Aún así el texto posee un aire poético que le hace merecedor de un 6.
  • Con César Mallorquí y ‘El rebaño’ ya entramos en algo mucho más serio. ‘El rebaño’ es un magnífico relato, en parte heredero de textos como La tierra permanece o Apocalipsis. Su eficacia da poco pie a comentario, aparte de decir que se disfruta de cabo a rabo. Sólo le plantearía un pero (muy tonto pero que se me ocurrió al poco de empezar a leerlo): ¿quién esquila a las ovejas? ¿o éstas arrastran sus lanas como bolas de pelo? No recuerdo que se dijera eso en el texto. Un 9.
  • ‘Míster ego’, León Arsenal, nos presenta su ‘El centro muerto’ y defrauda. El relato tiene una lectura muy agradable, sí, pero padece un final en exceso incongruente que peca de fantasioso. Tanto es así que para mí anula todo lo leído antes. De nuevo tenemos fantasía revestida de cifi. Se lleva un 6.
  • El siempre pulcro Juan Miguel Aguilera, de la mano de ‘El bosque de hielo’ nos sumerge en un relato de corte clásico, al estilo de Clarke o Niven. El relato me parece que tiene relación con ese extraordinario universo de Akasa Puspa (digo ‘me parece’ porque no me he puesto a comprobarlo), en lo que creo que son el embrión de los colmeneros. La pena es que el relato se me hizo corto: su brevedad le da casi el cariz de anecdótico, necesitando a mí entender mayor extensión para tratar todo lo que deja entrever. Vamos, que se podría sacar una novela. Le pongo un 8.
  • Con ‘Otro día sin noticias tuyas’, de Juan Carlos Planells, la compilación empieza a caer. En picado. En barrena. Relato insulso y vacío, una sucesión deshilachada de recuerdos a medio camino entre intimista nostálgico y la más ligera fantasía. Su presencia en la compilación no que de ninguna manera justificada. Un 3. Y mucho me parece.
  • Sigue el picado, ahora ya vertiginoso. Otro de los gurús injustificados de la cifi española, Rodolfo Martínez, aporta ‘Un jinete solitario’. De entrada se trata de ciberpum, y eso no me gusta. Además relato negro, menos todavía. Si lo sumamos tenemos un relato que lo ha sufrido. Y mucho. Si le añades un final tramposo (típico del género detectivesco, y razón para que bodrios como Los misterios de Laura los deteste a más no poder) junto a un personaje llorón, da como resultado un texto ostentoso y hueco. Un 2 por no ponerle un 1.
  • Armando Boix, aplicándose sobre los mandos con firmeza, consigue alzar el vuelo en su corto, humilde y efectivo ‘Nada personal’. Le pesa la previsibilidad, pero aun así destaca frente a sus dos antecesores. Un correcto 6.
  • Poco a poco regresamos a altura de crucero con ‘Los herederos’ de Daniel Mares. He de admitir que me gustó mucho más ‘La máquina Pymblikot’, pero éste no desmerece. Sobre un escenario descrito de una manera superficial se dibuja una extraña historia de amor, cuya extrañeza esconde una realidad apenas atisbada. La pena está en el final, que tratando de explicar ese mundo el autor cometa un error de bulto: el origen de la transmisión implica una carambola cósmica muy poco creíble, si no imposible. Aun con todo le otorgo un 7.
  • Poco puedo decir de ‘Días de tormenta’ de Ramón Muñoz. Tras leerlo sólo me venía a la cabeza el anuncio ese del Scattergories del pulpo. Este relato y su inclusión en la compilación es igual: está metido con calzador. Un 4.
  • ‘Una esfera perfecta’, de Eduardo Vaquerizo, no es un relato perfecto, no. Sencillo e intimista (aun con toda la sangre que salpica en sus páginas), se lee muy bien pero no cala. Le pongo un 6.
  • La recopilación acaba con el relato ‘Entre líneas’, de José Antonio Cotrina, un texto indiscutiblemente fantástico (se ve que en España la cifi no da para más y por fuerza hay que meter la fantasía), bien llegado y que agrada, al que le otorgo un 7.

La media final del libro es de 5.6, periodo :P No llega ni al bien.

Aquí se termina la lectura y empieza una muy breve opinión: me parece preocupante que en una supuesta antología de nada más ni nada menos que veinte años de ciencia ficción española se incluyan tres relatos de fantasía y un pulpo. ¿Tan bajo está el nivel? Una pena, y muy mala manera de promocionar el género. Pero ¿existe de verdad el relato de género en esas dos décadas?

Un saludo.

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Hola, culebras.

American psycho llevaba años y años en la pila y nunca me atrevía a cogerlo: me daba miedo debido a la impresión de bestseller insustancial que me causaba. Pero llegó el día en el que me dije ‘debo darle una oportunidad a este libro de Ellis.

De entrada me sorprendió el estilo usado por el autor: un hiperactivo presente en primera persona que a veces casi no te deja respirar. Usando el monólogo interior consigue uno meterse bastante a fondo en la mente de Patrick y ver basura. Mucha basura. Toneladas de basura. Basura en forma humana. De hecho en toda la novela no hay prácticamente ningún personaje que no pertenezca a la élite de los más despreciables seres humanos. A lo largo del libro no deseas que Patrick los mate, sino que deseas ser tú quien le mate, a él y a todos cuantos le rodean. Por pijos, por superficiales, por ridículos, por pretenciosos… porque no se merecen ni el esfuerzo de mirarles.

Ignoro la intención de Ellis al escribir el libro, si lo hizo a modo de catarsis, como reflejo de una sociedad para reírse de ella, o qué, pero el resultado para mí ha sido uno de los libros más llenos de personajes despreciables que jamás haya leído. No hay contrastes, no hay luces y sombras: cada uno, a su manera, merece una paliza. O que le maten directamente. Triste.

Y, al mismo tiempo que está lleno de personajes despreciables, el libro está completamente vacío. No dice nada, reduciéndose a una sucesión de acontecimientos. A medida que el libro avanza la crueldad y el gore aumentan, pero no se vislumbra dirección alguna a la novela, que acaba de igual manera que ha empezado. La única diferencia es que yo me siento estafado.

Luego hay esas divisiones musicales que no vienen a cuento ni aportan absolutamente nada: Génesis, Whitney Houston, Huey Lewis… ¿porqué mete eso? De nuevo el sinsentido como parte integral del texto.

American Psycho se merece un tres, y eso como mucho. Nada más. Chau.

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Hola, culebras.

Os presento la nueva aventura editorial de alguien muy especial, Iván Hernández (para mí siempre será DisneyMan, y autor de algunos dibujos de otras épocas): buscoaliados.com.

Se trata de un intento de promoción de una trilogia de temática fantástica en la que está trabajando, El futuro no tiene aliados. La idea de promoción se basa en el ‘apoyo’ a través de feisbuk, con los ya típicos ‘me gusta’. Haciéndose ‘fan’ de la web recibiréis regalos electrónicos. Como no podía ser menos posee una página en el citado servicio. También posee su propio torrente de pío-píos en el pajaroto.

Dado que no uso feisbuk (de hecho odio ese engendro) no voy a poder ‘aliarme’ como Iván quiere, pero animo a todos los zombies de feisbuk a que lo hagan. A ver si el proyecto acaba bien, con la trilogía en las librerías.

Yo por mi parte desde aquí lo enlazo y lo propago vía feed. Menos da una piedra. Y sobre todo si se trata de una piedra misántropa ;)

Un saludo.

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Hola, culebrillas.

De este autor canadiense, Robert J. Sawyer, ya había leído algún que otro relato (sobre todo en los U.P.C.), pero ninguna novela. Así que cuando me encontré esta obra de raro nombre, Starplex, a un precio realmente bajo (tres euritos) no lo dudé. No conocía la editorial ni la colección, lo cual de entrada me daba un poquillo de miedo: a ver si se trataba de una edición cutre con una traducción googleada o similar. Pero por fortuna no acerté: hay algunas erratas pero nada grave.

El inicio de la novela recuerda un poco a las de Robert L. Forward, con sus diagramas orientativos, si bien en esta ocasión no acaban de aportar nada especialmente interesante a la novela. Ésta empieza de manera algo torpe, con un uso de cursiva y un flashback que no me acaban de convencer: la secuencia de hechos y la manera gráfica de identificarlos (cursiva para ‘lo más actual’ y tipografía normal para el flashback) al principio me hizo dudar de si se narraba uno, dos o tres momentos de acción distintos.

Salvando esos detalles pijoteros la novela arranca más o menos bien, planteando una doble intriga. Pero por desgracia a medida que se avanza una de las dos incógnitas (la que se plantea en la sección de cursiva) parece quedar olvidada por el autor. Mientras tanto la sección ‘no cursiva’ se prolonga en lo que se asemeja a un episodio de la serie clásica de Star Trek, con un Kirk discutiendo con una mezcla de Spock con rasgos klingon. El spoiler inicial que se marca la propia novela hace que lo que quizá intentó el autor fuera un momento álgido se convierte en algo así como ‘sí, que sé que va a pasar esto: adórnalo bien para que no me aburra’.

Por fortuna al final la novela retoma el ritmo y nos plantea un escenario final realmente jugoso, incluso grandioso (por la escala). Se acaban las páginas y me queda un sabor agridulce, como de una historia con un buen trasfondo, una idea base muy buena, pero mal llevada. Habrá que intentarlo con otra obra de este autor, a ver si mejora.

Al final la pongo un siete justico, dado que un seis me parecería poco.

Un saludo.

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Hola, ofidios.

De nuevo recurro al bueno Howard para desintoxicarme, y en esta ocasión le toca a Conan el conquistador. Sin saberlo he tenido entre las manos la única novela como tal del cimmerio, una historia que gracias a su extensión permite al autor introducirnos más nunca en el mundo hiborio y sus enredos políticos.

De nuevo los personajes son estereotipos, pero funcionan a la perfección para obtener una novela trepidante, con batallas épicas, combates a cara de perro, horrores antiguos, magia negra y conspiraciones viles. Conan pasa de rey a fugitivo, de ahí a pirata y de nuevo a triunfante conquistador.

No voy a decir mucho más, porque leyendo el resto de reseñas que he puesto de los libros de Conan se puede adivinar cómo funciona de bien.

La novela se merece un justo ocho de puntuación.

Un saludo.

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Hola, culebras.

En una nueva muestra de esa lucidez de editorial tan española, esta antología de relatos (que en origen se publicó como un sólo volumen) de Harlan Ellison la han partido en varios tomitos. Pero mejor no voy a despotricar de los editores (eso lo dejo para otro día) y me voy a centrar en lo contenidos de esta recopilación que significó un antes y un después en la ciencia ficción angloparlante, lo que quiere mundial.

Ellison se ha rodeado para esta antología de nombres de una manera u otra famosos, algunos porque cuando la concibió ya de por sí habían alcanzado la fama, y otros que la alcanzarían a posteriori.

La obra arranca con una serie de prólogos y presentaciones, dos de las cuales de la mano del mismísimo Asimov. Como la mayoría de loa escrito por el doctor, se hacen amenas y agradables. Tras ellas entra en escena Ellison, con toda una verborrea que a veces se vuelve casi baboseante para ciertos autores. Cada relato de la antología tiene un texto presentación del antologista y un epílogo del propio autor.

Podré unas pocas palabras de cada relato:

El canto del crepúsculo, de Lester del Rey, no está mal, si bien yo (y personalmente yo) le pondría un pero: lo podría haber escrito yo. La forma, la temática, el desenlace, todo es muy semejante a otros relatos que he escrito. Relatos que no han pasado alguna que otra criba. Le planto un 6.

Moscas, de Robert Silverberg, es un relato con mucha mala leche, dinámico, pero algo previsible. Le otorgo un 7.

El día siguiente a la llegada de los marcianos, de Frederik Pohl, por desgracia es un relato americano, demasiado americano. No digo que no tenga su gracia, su fondo reivindicativo, pero es que la mentalidad de los personajes es demasiado norteamericana. Sin duda en esa época y en ese país el tema estaría muy en boga, pero al estar tan constreñido a tiempo y lugar ahora pierde la gracia y el sentido. Un 5 y no más se merece.

Jinetes del salario púrpura, de Philip José Farmer, nos presenta a un Farmer desbocado, queriendo meter demasiado en un texto al mismo tiempo demasiado corto (por todo lo que pretende mostrar) y demasiado largo (con diferencia la narración más extensa el volumen). Un relato atrevido, iconoclasta, provocador y lenguaraz, muy al estilo del autor. Usa lenguaje experimental con que puede decirse está emparentado con La naranja mecánica de Burgess. Precisamente ese aspecto semántico se queda en ‘intento’ debido a que para que se desarrolle con efectividad se hubiera necesitado mayor extensión. Y es que de hecho el texto se reduce a una excusa para dibujar a grandes trazos un mundo rico y sugerente, una serie de pinceladas que no llegan a profundizar a causa de la reducida extensión. Por todo ello el relato no acaba de llenar. Le otorgo un 6.

El sistema Malley, de Miriam Allen deFord, es un relato mediocre, con final forzado y anodino. La mejor parte es la primera, llena de ultraviolencia. Un triste 4 le pongo.

Un juguete para Juliette, de Robert Bloch, es un relato bien llevado, con un estilo infantil lleno de repeticiones, pero que adolece de un final burdo y apresurado (casi diríamos que novel) que desvirtúa el conjunto. Otro 6.

El merodeador en la ciudad al borde del mundo, de Ellison, es un relato descompensado. El protagonista, de tan malo que es, parece más tonto que otra cosa, algo que se contrapone a la bestia que en realidad debía de ser Jack. Además el relato falla en lo relativo a crear un entorno creíble y el modo en que interactúa con el protagonista. Intenta forzar la situación y a personaje envolviéndolo con un mundo alienante, pero tal alienación nunca se logra, y por el contrario vuelve al protagonista aun más patético. No se merece más de un 5.

La noche en que todo el tiempo escapó, de Brian Aldiss, la podemos definir como paranoia ridícula fruto de un autor totalmente endrogado, una estupidez sin sentido alguno. De nuevo Aldiss demostrando es capaz de crear basura. Un 3, y por ponerle algo.

Un saludo.

PD: Me se olvidaba. La media del libro da un resultado de un cinco con veinticinco. Bastante triste para la que se supone que es una recopilación de relevancia casi histórica.

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Hola, culebras.

Tenía pensado redactar una meditada reseña de este libro, Melmoth el errabundo (de Charles R. Maturin), una tran extensa como las dos que he escrito de Frankenstein o de El monje. Pero eso es lo que tenía pensado, y otra la realidad: ando liadísimo y apenas tengo tiempo para dedicar a este humilde blog. Así que me voy a ceñir a lo más conciso de este clásico de la literatura gótica.

Maturin nos presenta ua obra de extensión desmesurada, y en ese mismo concepto desmesura se encuadra el contenido del texto. Siguiendo los cánones del texto gótico, en sus páginas nos encontramos con los ya típicos (y tópicos) pasadizos secretos, presencias fantasmales, conspiraciones eclesiásticas, relaciones familiares engañosas, oscuridad y sufrimiento, etc. Así, basándose en esos elementos que no por manidos pierden fuerza, el narrador los presenta una historia que al principio engancha: un supuesto inmortal que ha alcanzado tal condición a través de un pacto con el demonio. No he leído el Fausto de Goethe, con lo que me resulta imposible hablar de semejanzas, así que ese asunto me lo voy a saltar (que no, que no voy a enrollarme mucho).

El libro arranca con un inicio impresionante: regreso a una mansión en extremo tétrica, un pariente moribundo y mezquino, una tormenta, un naufragio y, como culmen de todo ello, la aparición de una figura incongruente y aterradora. Magnífico.

A raíz del inicio de la narración del español ya se puede hablar de semejanzas con El monje en lo relativo al enfemizo ambiente eclesiástico: su historia arranaca de manera maravillosa con su descripción de las maldades que se ocultan tras los muros de un convento (el único y gran defecto de esta parte, y en general de toda la novela, es el tono resabiondo y cargante que usa el autor a la hora de describir). Las desventuras del pobre español parecen no acabar nunca, siempre acaeciéndole algo todavía más dramático.

Y ahí empieza a degenerar.

Yo esperaba (tonto de mí por ‘esperar’) que la narración del español fuere una suerte del cuento de la monja sangrienta en El monje. Pero aquí no es así: la narración se alarga y alarga y alarga. Y vemos cómo dentro de ella hay otra, y luego otra, y más allá otras dos, y una quinta. Eso en un momento en el que el pobre español se encuentra en medio de uan sitiación llena de tensión: recién huído de la cárcel de la Inquisición. El texto se ve lleno de paréntesis a cual más extenso y farragoso, todo ellos para que el clérigo que se esconde tras el autor se solace en un impertinente sermón. El autor no sabe distinguir su púlpio de la novela, y así esta decae hasta el punto de desear abandonar el libro.La últimas páginas unos las lee casi a desgana, deseando que acabe ese tormento: no el de Melmoth, sino el del lector.

Y es que el texto sufre de un narrador en exceso omnisciente, que describe todo de una manera tan prolija que aburre y mata los ambientes de horror que presente. No suguiere sino vomita las escenas. Ves hasta el más diminuto menudillo medio digerido. Y te obliga a saborarlo. Horrible.

A eso se suman los diálogos monónotonos,  monocordes, con una única voz y estilo de discurso. Todos (hombres, mujeres, niños y ancianos) hablan igual: no existe en el menor ‘trabajo de personaje’. Horrible.

Para rematar la chapuza el autor inserte de manera bastanta anárquica citas supuestamente cultas, las cuales más que alumbrar algo a la narración sólo demuestran un nivel de pedantería descomunal. Pedor todavía cuando muchas de esas citas caracen de objeto alguno e incluso rompen el ritmo. Horrible.

Una lástima que algo que prometía ser una delicia el autor, con su afan de demostrar ‘lo bien que escribe, acabe destrozando todo el texto.

Le pongo un cinco gracias al fondo que hay tras muchas de las escenas (magnífico), ya que por la forma se llevaría un bien merecido cero.

Un saludo.

PD: Al final sí que me he enrollado un poco :P

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Hola, culebras.

Tras varios años sin retomar la saga Dorsai, de Gordon R. Dickson, me llevé a las manos este Nigromante, una novelita que no abulta nada, ideal para llevarla encima. Ya me había leído los dos primeros números de la saga (Nigromante es el tercero): el primero no me disgustó y el segundo me resultó aburrido aunque digno. Sin embargo este Nigromante me ha parecido una auténtica pérdida de tiempo, un libro jipioso lleno de pseudofilosofía chusca y ridícula, ‘aderezado’ por una serie de ‘misterios’ tramposos metidos con calzador y que el autor se dedica a ‘resolver’ en la parte final del libro. Un ejemplo de deus ex machina, vamos. Además está enlazado con la saga Dorsai por los pelos (con una simple frase al final del libro), supongo que para ‘unir’ universos.

Vamos, que casi no merece ni el esfuerzo de leerse.

Le planto un dos porque hay que ponerle algo y porque un poco de imaginación sí que tiene.

Ale, a por el siguiente. Y de paso acabarme de una vez el Melmoth.

Chao.

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