David Brin – Arrecife brillante

Hola, culebras.

Por fin, la última reseña que me quedaba pendiente desde que estuve enfermo/off. Ha transcurrido casi un año entero de que terminé (escribo esto el día 27/12/2012), y ya era hora de terminar estos deberes pendientes. Así que aquí voy con Arrecife brillante, del futurista 😛 David Brin,

Que sí, que debería escribir una reseña de este libro pero… ¿que se puede decir de algo que queda completamente en el aire? Sí, en el aire: cuando empecé a este libro no tenía ni idea de que se trataba de la primera parte de una trilogía (desde hace años no leo los prólogos de Barceló). Pero además era una saga en estado puro: en este primer libro no concluye ni una sola de las historias que empieza, dejándote con cara de lelo. No es que haya paja, es que mete una, dos tres, cuatro historias, a las que hay que añadir toda una serie de descripciones de una sociedad compleja basada en la interacción de diversas razas extraterrestres, todas muy diferentes entre sí. ¿Estamos ante una maravilla como la saga de El planeta de la aventura, de Vance? Pues no, o como mucho (a falta de leer los otros dos volúmenes de la saga) nos encontramos ante una versión hipertrofiada y excesivamente detallista. ¿En exceso? Hay quien dirá que no, que todo detalle que sirva para dibujar el entorno es bienvenido; yo entiendo que hay límites, y necesitar de mil quinientas páginas (suponiendo que las otras dos partes tengan una extensión similar) para narrar una historia de una posible primer contacto de una sociedad proscrita con sus perseguidores me obliga a aplicarle un único adjetivo: sobredimensionada. O paja. O que el tío quiere rentabilizar una historia normal triplicando las páginas y pensando que así conseguirá el triple de ventas.

Vale que la biología de los extraterrestres sea interesante (sobre todo los conos gestalt y los que se propulsan con ruedas), o que el entorno misterioso y sus ruinas sugieran un pasado no revelado de poder y tragedia, o la incógnita que se esconde en la sima marina (si bien esa escena me recordó demasiado a Abyss, de Cameron): todo ello esta bien, pero queda eclipsado en cuanto a eficacia narrativa al compararla con El planeta de la aventura.

Por no hablar que el universo en el que esto se enmarca, el de la Serie de la Elevación, no me acaba de agradar: del mismo sólo he leído La rebelión de los pupilos, libro que me dejó frío, muy frío. Este Arrecife brillante tiene algo más de chicha, sí, pero sigue sin engancharme.

Y es que Brin no acaba de entrarme bien: tras leer este rocoso y lleno de claroscuros Arrecife brillante, a los que se suman Mensajero del futuro, Tierra, La rebelión de lo pupilos, creo que o algo me pasa con él, o que sencillamente no es un autor de mi agrado. No sé si habrá otra ocasión para darle una nueva oportunidad. Si no me equivoco no queda nada de él en La Pila, y dado que todo esto que he leído de él eran saldos… hasta que no me le topo en otro saldo creo que el señor Brin, futurista, se va a quedar por mí en las estantería de las librerías.

Bueno, que me olvidaba de ponerle una nota: un 6, si bien al tratarse de una saga inconclusa esa nota podría subir o bajar dependiendo del resultado final de la historia. Aunque leyendo lo que he leído de sus continuaciones pocas ganas me quedan

Chao.

David Brin – Mensajero del futuro

Hola, culebras.

Otra reseña muy tardía (escrita el 23/12/2012) y ultracorta, en ésta ocasión de Mensajero del futuro, la famosa novela de David Brin, el ‘futurista’ (tal y como lo describen en la serie de TV Profetas de la Ciencia Ficción). Tanta fama alcanzó la novela que Kevin Cosme de Todos los Santos rodó una adaptación cinematográfica. Ya había visto varias veces la película, una historia romanticona que tiene la ciencia ficción más como escenario que como elemento de peso y, si bien se deja ver, no está precisamente entre mis favoritas del subgénero postapocalíptico.

Pero vayamos al libro y dejemos en paz la película.

¿Qué hay en el libro? Una historia de supervivencia, protagonizada por un solitario en un mundo forzosamente solitario y desconfiado. A través de la novela rezuma una mezcla de optimismo y fatalidad. De un lado están los núcleos de población que intentan hacer resurgir (o al menos no olvidar) la civilización de preguerra; del otro los tan americanos asilvestrados locos de la independencia y las armas. Y entre medias un fantasmal organismo de Correos, pergeñado a modo de justificación de que el protagonista vista un abrigo de ese cuerpo (único parecido con la película).

La novela carece de un ritmo que enganche, yendo a trompicones de interés y falta del mismo. Pero eso no acaba de suponer un problema dado que le da realismo: ese mundo devastado es una suerte de ruleta rusa, un continuo desengaño donde mantener la esperanza es sin duda el mayor reto. Y así, a base de ostias, de chascos, avanza el protagonista a lo largo de novela. Que nadie espere una epopeya ni un texto épico: se trata de una historia de un solitario que a duras penas soporta la carga que conlleva portar ese abrigo.

Por todo ello le pongo al libro un 6.

Chao.

PD: Para los que sepan inglés, ahí les dejo el comentario que el propio autor de la novela dedica a la película.

David Brin – Tierra

Hola, culebras.

Lo último que leí de David Brin fue La rebelión de los pupilos, una historia ñoña y menor. Ahora le toca a Tierra, un mazacote que empecé a leer hace casi nueve años. Bueno, para ser sincero no puedo decir que lo empecé: sólo leí las primeras dos páginas y lo dejé debido a su peso (estábamos en verano y no estaba el tiempo para ir cargando con lastre).

¿Qué se puede decir de este Tierra? Pues que, a grandes rasgos, consiste en mezclar Todos sobre Zanzibar con una trama ciberpum. Sí, puede sonar a descripción sesgada y maniquea, pero no falta a la verdad. Mezclamos los ingredientes de la novela: como ingrediente básico unos rollos en plan grin-pís catastrofitas/buenrollistas, a manera de aglutinador un concepto de red ligeramente relacionado con el de Gibson; aderecemos todo ello con un poco de hard (la presencia de ‘beta’) y unas pizcas de magufada (la cavitrónica, el concepto de gazer [que literalmente se le va de las manos a medida que la novela avanza] y la basura global del final). Mezclamos los ingredientes con páginas y páginas de paja, un exceso de personajes (que por más que hable de ellos no acaban de quedar creíbles, y alguno de ellos directamente sobra, como el trío de babuinos-humano y su maestra, o el los críos gilipollas pobretones, o el ‘ingeniero indígena papú que regresa a la jungla de sus antepasados’) y no sale este mostrenco de más de seiscientas páginas.

Seiscientas páginas para contar algo que en la mitad de extensión se hubiera contado sin problemas. Seiscientas páginas de las cuales algunas directamente me las he leído por encima y rápido (buena parte de los textos de los personajes antes citados). Seiscientas páginas que van entre las ganas de saber qué pasa con ‘beta’ (los episodios hard sin duda constituyen lo mejor del libro) y el más soberano desinterés. Y todo ello finalizado con una horrible escena de diálogo por la que dan ganas de matar al autor: vaya manera de revolverse en el barro.

No, definitivamente Brin no es Benford ni Bear. Por mucho que se hable de ‘las tres Bs’, no señores, no: hay diferencias, grandes diferencias.

Como se puede deducir, no puedo describir a Tierra como un libro muy recomendable: no es un duerme ovejas pero apunta maneras.

Un saludo.