Algis Budrys – ¿Quién?

Hola, culebras.

Necesitando un libro finito para que me entrase bien en el bolsillo interior de la chupa rescaté este diminuto Ultramar. Llevaba no sé cuánto tiempo en La Pila este ¿Quién? por eso de que el tema de una posible historia de espías en la guerra fría me atraía poco y menos.

De Algis Budrys había leído ya Michaelmas y El laberinto de luna, sin recordar ahora mismo mucho de ambos, lo que denota el escaso éxito que a largo plazo han tenido en mi cerebro.

Algis Budrys - ¿Quién?

Algis Budrys – ¿Quién?

Empecé a leer este ¿Quién? temiendo encontrarme un rollo de espionaje y contraespionaje. No voy a negar que no hay algo de ello, pero para mi sorpresa el libro lleva entretejida una historia de crecimiento (o más bien desarrollo) personal del protagonista que le quita peso al rollo de las agencias. También temía darme de frente a un bodrio psicológico, por eso de tratar de descubrir (y cómo hacerlo) la verdadera personalidad bajo esa cara de metal. Sin embargo tampoco ha habido mucho de ello. ¡Menos mal!

La verdad es que la lectura se hace ligera, si bien no del todo amena. Al menos para mí, que no acabo de cogerle el gusto a la temática. A lo largo de las páginas se medio juega al gato y el ratón de una manera muy somera para tratar de averiguar quién se esconde tras la máscara. Pero no hay verborrea psicológica, tratando de trazar fintas en las fintas de las fintas para pillar al impostor. Al contrario, aparecen unos agentes bastante mediocres o desganados que no se ven capaces de hacer mucho. O al menos de sacar nada en claro.

Sin duda no está entre las lecturas de mi vida, pero tampoco la puedo llamar truño.

La edición cuanta con una traducción algo mejorable a cargo de Rafael Marín. ¿Podría traicionar al autor y cargarse esa ristra de adverbios modales? ¿Eso es traición?

Le pongo un 6.

Adiós.

Algis Budrys – Michaelmas

Haca tiempo, no sé si unos meses o más, un amigo me comentó que se estaba poniendo ‘de moda’ hacer reseñas de cinco palabras. Reseñas de libros, de películas, de cualquier cosa que se te ocurriera. No voy a decir que voy a tomar esa costumbre dado que reducir un comentario de una obra a ella lo veo injusta y tendenciosa. Pero sí que voy a ir comentando (a modo de recuerdo para mí mismo) los libros que caen entre mis manos y que disfruto o sufro leyendo.

Así, por riguroso orden, voy a empezar esta sección con el libro que he terminado hace escasos minutos: Michaelmas, de Algis Budrys (Ultramar). De ese autor ya leí antes El laberinto de la Luna, que no me me dejó ningún recuerdo, ni bueno ni malo. De éste, y siguiendo la filosofía esa de las cinco palabras, puedo decir:

Una auténtica perdida de tiempo .

El principal defecto que le veo al libro está en el personaje central. No se debe a su inverosímil como individuo, sino tan absolutamente increíble que en ningún momento de la novela acabas enganchando con él. Ni siquiera con la ayuda de Domino acaba de ser viable. A partir de eso, y que al fin y al cabo se trata de la base se la novela, el intento de llevarnos a lo largo de una conspiración muy en plan guerra fría sólo consigue embrollarnos. El protagonista junto a su ‘calculadora’ es tan listo, tan omnipotente, que resulta anodino. Las páginas se suceden comprobando cómo es de guay el amigo, o su máquina, tan listo que se adelanta a todo y a todos….menos al final, un desbarre sin ton ni son, un deus ex maquina del copón, que sorprende al lector por su arbitrariedad. Pero, claro, al protagonista no: casi se limita a enarcar una ceja nada más. Cosas de ser tan guay.

Aun con todo el libro tiene algo bueno: el adelanto en algo que tan de nuestros días como la red. En la novela, sin llamarlo así, existe una red de comunicaciones global, con sus bases de datos y sus servidores, que bien podría considerarse un esbozo de la actual Internet. Pero es que libro tiene fecha de 1977. El señor Budrys se anticipó varias décadas a la realidad, aunque no puede evitar la tentación de incluir válvulas de vacío, cables (algunos incluso de espiral), cintas de datos, y teléfonos de marcación por rueda. No se puede acertar un 100%.

Para quien se atreva con el libro, ánimo. Para mí ha sido un tiempo perdido. Y todavía tengo pendiente de ese autor Quién. No sé si algún día me atreveré…

PD: Por supuesto, libro leído entero, nada de dejarlo a medias. Eso es de cobardes incapaces de dar una última oportunidad al autor.