Ramsey Campbell – Nazareth Hill

Hola, culebras.

De nuevo le doy un poco al maestro Campbell. No voy a negar que la última lectura suya me dejó mal sabor de boca. Pero entiendo que no toda su obra puede igualar el nivel de Imágenes Malditas, La secta sin nombre o El sol de medianoche.

Empecé a leer esta novela con la sombra del juego y película de nombre similar, Silent Hill, rondándome. El paralelismo se iba acrecentando en mi mente a medida que se acumulaban algunos detalles: el fuego como elemento de cierto peso en la historia, la presencia de la casa (similar a la de la iglesia en le película), la aparición, que en algo me recordaba a las que se ven en la película. Incluso la manera en la que Campbell juega entre lo real y lo imaginario.

Pero llega un momento en el que esa posible relación desaparece y tenemos a un Campbell puro.

Ramsey Campbell - Nazareth Hill

Ramsey Campbell – Nazareth Hill

El estilo agobiante, visual y muy atmosférico, típico del inglés se apodera de la novela. Gracias a él acompañamos a la protagonista en su descenso en espiral hacia la locura y la soledad, ambas descritas de esa manera tan íntima que sólo puede hacer Campbell. Ante nosotros pasa una amplia panoplia de personajes secundarios. A mi entender el autor se vuelca de manera quizá excesiva en los vecinos, llegando un momento en el que casi hace falta llevar una lista de ellos. Pero por fortuna al cabo de un tiempo se queda con unos pocos. Con ellos como decorado contra el que enfrentar la degradación de Amy,  Campbell se centra en la chica y su padre, enfrentando la mentalidad juvenil y asustadiza de ella y la cada vez más obsesiva y puritana de él. Entre ambos, como especie de entrometido y a veces convidado de piedra, está Rob, el novio de la chica.

La desesperación, la rebeldía y la confusión de la chica, teñidas por el temperamento de la adolescencia, están llevadas de manera realista: sólo hace falta haber tenido a una hija en esa edad para conocer muchos de los diálogos y poco menos que hacerlos propios. En ese carácter destaca la obra: no se trata de un cuento de espectros al uso, aunque sí los haya. El libro se centra sobre todo en la necesidad de una adolescente de reivindicar su personalidad y su espacio. No es una niña, por mucho que su padre la tenga por eso: exige que se la tenga en cuenta como una adulta. Incluso cuando habla de lo que ve, algo que nadie más que ella parece apreciar. La afirmación de una personalidad adulta, exigiendo que se la tenga en cuenta como tal, frente al pasado infantil y fantasioso (y por tanto algo a tener menos en cuenta).

El juego entre lo que ve y lo que cree se va enredando hasta el punto de que el lector, y la propia protagonista, duda de sus percepciones. A los dos tercios del libro da la impresión de que no estamos ante un libro de aparecidos, sino ante uno en el que una chica adolescente se enfrenta a la mismísima locura (mundana, cruda y trágica). ¿Cuánto de lo que ve existe de verdad y cuánto tiene su origen en su mente atormentada por el recuerdo de algo que creyó ver de niña, una madre muerta de manera trágica, un padre ultrarreligioso y sobreprotector?

El lector navega entre esos dos mares (locura frente a horror sobrenatural) sin saber a ciencia cierta en cuál de ellos acabará sumida la protagonista, si no en los dos. A lo largo de la novela Campbell no da pistas, sólo suelta un golpe tras otro hundiendo más a la protagonista y al lector en esa sima. Un claro acierto.

Sin embargo no todo son detalles positivos en la novela. Si algo se pude decir de Campbell eso es que cuida muchísimo los detalles, tejiendo ambientes y atmósferas como nadie. El horror, el vértigo de la desesperación de palpan a lo largo de la historia, creciendo a medida que se acerca el desenlace. Pero a veces las descripciones resultan tan prolijas que agobian. Campbell hincha las páginas con detalles excesivos que más que ayudar a dibujar despistan al lector. Y, de forma incongruente con eso mismo, la auténtica protagonista de la novela (la casa) no acaba de estar bien definida. La describe muchas veces pero lo hace de manera incoherente: las dimensiones (tanto del edificio como de la parcela en la que está erigida) no acaban de encajar: a veces parece que está en medio de un enorme solar vacío, mientras que otras da la impresión de que sus muros están justo sobre la calle, encima del mercado. Ignoro si el autor deseaba de verdad dar esa impresión, pero a mi gusto resulta fallida.

Entre los detalles que a alguno le disgustará, pero que a mí no me preocupan, está la ya clásica vaguedad o indefinición de algunos detalles. ¿De dónde sale el poema de Hepzibah? ¿Cómo llega al libro de Amy, si es que de verdad llega? O la manera en la que se crea el vínculo entre la chica y la presencia… Campbell usa un método muy lovecraftiano para tratar de empezar iniciarlo (típica lectura de un diario) pero, de nuevo al estilo del de Liverpool, queda sin definir. Ni falta que hace: las emociones que en torno a ello se dibujan ya tienen suficiente vida como para poseer entidad propia, aunque su fundamento sea irracional y/o subconsciente.

A esos defectos de forma ayuda poco, por no decir nada, la traducción. Poco voy a hablar de ella. Sólo diré que la edición que he leído está editada por La Fábrica de Ideas. Punto. Quien haya leído más reseñas mías de libro de esa editorial ya sabrá por dónde van los tiros. Más de lo mismo. Ya me hago a la idea de que todos los saldos de esta gente están saldados por eso mismo, por tratarse de ediciones chapuceras (y a saber si irrespetuosas con el autor y su obra). Pese a la traducción, pese a la puntuación a veces aleatoria, pese a las erratas, pese a las frases mal construidas, el libro (por su contenido, su fondo) se puede leer. Aunque, todo hay que decirlo, a veces uno piensa ‘¿de verdad está tan mal traducido, o es que Campbell ha escrito esto así de mal?’. La verdad, se me hace más creíble que esos numerosos pasajes en los que la vista se te va buscando el sentido a la frase tengan su origen en una torpe traducción más que alguien como Campbell, escritor afanado y con trayectoria intachable, no sepa crear frases. Una pena no poder leer inglés y así poder comparar.

De la portada mejor no hablar. Demasiado similar a la de El guardián de almas: dos imágenes sobrepuestas, una de ellas distorsionada.

Lo dicho, pese al empeño que parece poner la gente de La Fábrica de Ideas por destrozar el libro, éste avanza hacia un final soberbio y salvaje, una nueva muestra de cómo ese señor sonriente y con cara de no haber roto un plato está donde está. Por ello el libro se merece un 7, sobre todo por la manera de tejer esa asfixiante desesperación por reivindicar el yo de la protagonista. Un Campbell medianito: ni tan bueno como unos ni tan malo como otros. Y eso ya quiere decir que es mucho mejor que la media de autores de terror que te puedas encontrar por ahí.

Adiós. O hasta otra. O…

Ramsey Campbell – Reencarnación mortal

Hola, culebrillas.

Hace mucho tiempo, quizá demasiado, que no leo un libro del maestro Ramsey Campbell, el escritor que en mi opinión mejor es capaz de crear ambientes de tensión, de sensaciones de acoso o acecho. En definitiva, el maestro de la inquietud y el desasosiego.

Aun recuerdo la maravillosa e impresionante sensación que transmitía El sol de medianoche, el que hasta ahora me parece su mejor libro. Luego llegaron Imágenes malditas, Cartas malditas, La secta sin nombre, Ultratumba… entre unos y otros hay grandes diferencias de calidad, encontrando los dos extremos entre los textos ‘malditos’, el mejor el de Imágenes, el peor el de Cartas.

Pero eso era hasta ahora. Tras leer Reencarnación mortal los extremos de valoración de la obra de Campbell alcanzan un nuevo umbral… inferior. Porque el libro es malo. Malo con avaricia: un simple refrito de obras anteriores en las que Campbell se limita a repetir esquemas, situaciones y técnicas, todo ello basado en un argumento inicial que por sí sólo resulta muy endeble: la mezcla de sueños proféticos con pesadillas que sufren un reducido grupo de personas. Como digo, esto como base de una historia de terror (siempre y cuando no derive en fantasía oscura), resulta escaso. Tan escaso que el autor se dedica la inmensa mayor parte de la novela a generar un intento de ambiente incómodo pero sin tener mucho que ver con la premisa inicial entrevista en el prólogo.

Así lo que tenemos entre manos es una especie de novela río en la que personajes de vidas distintas, casi todas ellas totalmente divergentes, avanzan de manera casi paralela hacia un final nada claro. Pero el detalle de ‘paralelo’ es exáctamente eso: no se encuentran puntos de unión entre todas las historias, pasando páginas y más páginas con escenas que no aportan nada al resto.

Y lo peor es que, llegados al desenlace, nada de cuanto se ha narrado en los varios cientos de páginas previas sirve de nada. Porque nos encontramos ante un desenlace confuso, mal explicado, apresurado. Campbell no destaca precisamente por explicar mucho lo que esconden sus tramas (al contrario que otros, como Stephen King); más bien al contrario, deja siempre una muy interesante ‘zona de vacío’ que obliga a lector a imaginar. Vamos, que con Campbell un buen final es uno que deja cabos sueltos, e incluso una mezcla de cinismo y mala leche. Pues bien: nada de esto hay en Reencarnación mortal. La no-explicación del desenlace apunta a que sencillamente ni quiso o (lo que me temo) no supo. El enlace entre las pesadillas, lo que sucede en la casa, los tejemanes de Sage y lo del final resulta tan brumoso que directamente no resulta. Para más cachondeo hay un final feliz. Vamos, que el libro es un puñetero encargo para pagarse lentejas.

Escenas deshilvanadas y tópicas (muy usadas en el resto de su, pero sin la magia del continuo ‘te aprieto y te atenazo más hasta asfixiarte’), acontecimiento que afectan a los personajes sin un rumbo marcado, conclusión confusa con origen del mal apenas dicho en tres frases (al parecer un personaje de peso, Sage, sabía todo de todo, formando parte del mal, pero sin embargo no toma un papel de peso en el desenlace final, ni propicia una escena aclaratoria ni similar), final asquerosamente feliz (que incluye una notitta a modo de apostilla que no remata).

No puedo evitar hablar de la solapilla izquierda: directamente para matar al editor o, por lo menos al director de la colección. ¿Cómo se puede permitir editar una solapilla que destripa todo el libro, hasta su final? Para matarles, tal cual: para matarles.

Por todo ésto (por lo flojo y maquinal del libro, por muy Campbell que sea) le otorgo un triste 5.

Un saludo.

PD: Muy triste la frase de Straub en la contraportada. Ese tipo de aportaciones, sin duda a base de talonario, flaco favor le hacen tanto al que la firma como al que la recibe.

Ramsey Campbell – Cartas malditas

Hola, culebrillas.

Tras varios años regreso a Campbell con este Cartas malditas. La última vez que tuve en mis manos un Campbell se trataba de El parásito, libro que por desgracia perdí y no pude acabar de leer, y eso que me estaba gustando bastante (con lo que, si alguno me lo quiere regalar le esteré muy agradecido).

De entrada el título me recordó el modesto pero efectivo Imágenes malditas, del que tengo un agradable recuerdo (más aún para tratarse de la primera novela de Campbell que leí), pero por desgracia a medida que la novela avanza las semejanzas se limitan a eso, al título. Y si uno se fija en el original inglés, Obssesion, ni en eso.

Pero la verdad es que el título inglés, Obsesión, si que encaja a la perfección en lo narrado en el libro, que se reduce principalmente a una única idea: el ‘Corazón delator’ de Poe, alargado y ampliado con algunos toques sobrenaturales. Y es que en el libro no hay más. Sí, está el maravilloso y agobiante toque Campbell, presentándonos a unos protagonistas cada vez más sumergidos en la angustia, con una vaga pero opresiva sensación de estar perseguidos y observados, pero poco más. El libro al final defrauda, recordándome (y sé que suena casi a pecado) al Demogorgo de Lumley. Sí, pone los pelos como escarpias la asociación, pero es que realmente me vino a la cabeza una escena de ese engendro de libro.

Sin lugar a dudas nos encontramos con un  Campbell menor, muy distante de esa auténtica maravilla que es El sol de medianoche. Una pena. Le otorgo un 6 y casi que me parece demasiado.

Adiós.