Samuel R. Delany – Tritón

Hola, culebras.

Hace mucho… bah, no tanto. Hace algún tiempo que no leo nada de Delany. Lo último no me dejó muy buen sabor de boca, aunque mejor de lo esperado dado que este autor tiene fama de ‘difícil’. La verdad, Tritón lleva muchísimo en la Pila, más que nada porque lo que pone en la contraportada no me atraía mucho. Cosas de comprar de manera compulsiva ultramares.

Samuel R. Delany - Triton

Samuel R. Delany – Triton

Pero ya le ha tocado la hora. O no, según se mire: no he podido acabarlo, me ha vencido.

De entrada decir que me he encontrado con muchos, muchísimos, demasiados -mentes. Se puede decir que este libro sirve de ejemplo de lo que implica abusar de los modales. Se hacen cargantes, insufribles. Una auténtica tortura, al menos para mí.

Ni que decir tiene que junto con los -mentes uno no se libra de la infestación de seres. El jodido verbo ser se convierte en una plaga.

Pero los problemas con el estilo no acaban ahí. La propia sintaxis se hace cargante, con frases enrevesadas de manera artificiosa. Uno sufre ante el exceso de paréntesis: a veces incluso se encuentra tres incisos de ese tipo en una sola frase (hace muchos años me reía de Lorenzo Luengo por su sistemático uso de los paréntesis; leyendo este libro hubiera deseado que Delany se quedara en el estilo de Luengo). Esa sobreabundancia hace que el discurso quede roto, por no decir destrozado. Uno se pierde entre las acotaciones, las inserciones, los comentarios, y por ello la lectura se vuelve farragosa. Para acabar de joder la marrana, demasiadas veces esos incisos aportan datos de poco o nulo interés. Vamos, una paja descomunal.

La forma mal, muy mal. Pero, ¿y el fondo?

Entre tanta acotación y comentario, la novela se arrastra. Padece de un inicio muy lento, que hace que el lector no sepa bien adónde ser pretende ir. Esto es habitual en Delany, sí, pero en esta novela se hace excesivo. Y el escenario tan distinto de lo habitual no ayuda: si se introdujera al lector de una manera más fluida en esa sociedad de Tritón se llevaría mejor ese primer centenar de páginas, pero el autor parece empeñado en ofuscar el texto. Porque sí, tarda ciento sesenta páginas en arrancar. Todo un record.

Aun así, seguimos.

Debo decir que, para la época en que se escribió el libro, me ha sorprendido la manera tan clara de mostrar la sexualidad, incluida la homosexualidad. Resulta refrescante saber que hay gente que no se muestra timorato ante esos temas. Ahora mismo, en este país de mierda, todavía hay gente que no tolera esas expresiones de sexualidad.

Aunque el discurso de Delany tiene algún mensaje que hoy día sí que se llevaría palos. Uno de ellos, quizá el más grave, versa en lo relativo a que, según el libro, la inclinación sexual se puede cambiar mediante un proceso químico-médico. Ni soy sexólogo, ni endocrino, ni nada similar, pero me da que el tema de la orientación sexual va más allá de un coctel de hormonas y operaciones de bisturí.

Un ejemplo de palabras, y palabras y más palabras introducidas sin apenas sentido (poco menos que para engrosar el libro) lo tenemos en el discurso relativo a la metalógica que le da el protagonista a su nueva ayudante. Según lo leía pensaba «Ya lo puede justificar más adelante, porque si no es un ejemplo brutal de paja». Y luego sí, me quedó claro que había acertado.

Según avanza el libro la paja me empieza a saturar. Diálogos plagados de acotaciones, muchas de ellas sin aportar nada salvo detalles superficiales; esa partida de vlet, con la descripción en exceso detallada del juego, que a todas luces está sobredimensionada (ni siquiera en un libro como El jugador, a priori más predispuesto a ello, se llega a tal detalle); la descripción del sistema de gravedad artificial (de repente nos metemos en harina de pseudo ciencia ficción dura). En general todo podría haberse descrito con efectividad, pero no tanto detalle.

El libro avanza. Sufren ciertas desgracias, viajan a La Tierra, regresan… todo a lo largo de miles de palabras, de incisos, de comentarios que no aportan nada. La lectura se hace casi insoportable. Y sin el casi. Acabé dejando el libro de lado: ya no estoy para perder el tiempo (y, a fin de cuentas, la vida) en semejantes cosas. Me quedé en la página 270 de 400. No pude más. Será por falta de libros que leer.

Lo siento, Delany, entras en la lista de fracasos. Y te llevas con este Tritón un 3.

Siguiente.

Samuel R. Delany – Nova

Hola, culebras.

Sí, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que puse nada en este blog, pero es que he estado (y aun sigo) de baja, pachucho. Y además, por una vez en mi vida, estando enfermo no he tenido muchas ganas de leer. Eso indica lo mal que de hecho me encuentro. De esa manera un libro que en otras circunstancias no me hubiera durado ni una semana ahora me he tirado más de un mes con él. ¿De qué libro hablo? De Nova, de Samuel R. Delany.

Del señor Delany no leía nada desde hace muchos años. Pero muchos, muchos. Si no recuerdo mal la última vez que agarré algo suyo se trataba de la saga La caída de las torres, lectura que se me hizo por aquel entonces (yo no había siquiera superado la veintena de años) espesa y casi insoportable. Dado que no recuerdo de esa trilogía mucho ignoro cómo la afrontaría ahora, si me gustaría o no.

Pero sí puedo decir que este Nova lo he agarrado con cierto resquemor y miedo. La fama de Samuel R. Delany como escritor no–fácil le precede. ¿Y qué me he encontrado en esta novelita? Pues una aventura que, sin haber leído el clásico de Melville, creo que tiene bastante que ver con Moby–Dick. En resumidas cuentas se trata de la historia de un capitán de navío (estelar pero navío al fin y al cabo, con sus remos y todo) en busca de un premio demente, una meta que le puede llevar a la muerte, a él y a todos cuantos le acompañen en la travesía. ¿A quién tiene por compañeros? A la manera del Lobo de mar de London el capitán se hace acompañar de un literato, pero junto a éste hay un marinero y músico de origen terrestre (algo que en la novela queda claro que supone toda una distinción, una raza aparte) así como un peculiar grupo de marinos nacidos en los sistemas extrasolares.

Con esos ingredientes se podría esperar una novela de aventuras más o menos dinámica. Pero no. Nova, en vez de fluir de una manera continua hacia su meta se estanca en detallar los recuerdos del capitán y algunos de los miembros de la tripulación. Esos pasos a atrás en el tiempo de la historia tiene una excesiva longitud, haciendo que se rompa el tempo de la acción principal. En vez de llevar al lector a esos sucesos pasados (y que sí, que tienen peso en la historia principal) de una manera dosificada, con píldoras más o menos pequeñas, le empacha con páginas y páginas de historias secundarias que en un principio parecen por completo desconectadas de la trama base. Para más INRI resulta que algunos de esos recuerdos tratan de definir a algunos de los personajes de la tripulación, si bien otros miembros de la misma quedan por completo huecos, planos. ¿Tanto hubiera costado dedicarles a los mellizos o a la pareja de los pajarotos tanto interés como al resto? Como resultado de todo ellos tenemos un tratamiento de los personajes irregular.

Otro defecto que tiene la novela (este que me lo tomo a nivel más personal que otra cosa) lo encontramos en el uso de la pseudociencia. El autor trata de argumentar parrafadas técnicas para explicar el funcionamiento de ese mundo, pero la mayoría de ellas consisten en pura charlatanería con ínfulas de ciencia. Más le hubiera valido eliminarlas, soltar lo del flogisto a las claras y seguir adelante con la búsqueda de Moby–Dick.

Con todo ello el resultado final del libro defrauda un poco: da pena ver cómo lo que muy bien podía haberse convertido en una historia época acaba en agua de borrajas. Por todo ello le pongo un 6, y bastante me parece.

Adiós.