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Hola, ofidios. Tal y como ya hice el pasado año, aquí va (más que nada para mí, que me encantan estás chorradas estadísticas sin sentido) el sumario de lo leído el pasado año.
A modo de resumen, y comparando con el año anterior:
- He leído un poco mas, 29 referencias frente a 23, si bien de esas 29 hay incluidas un par de sagas como ‘todo uno’.
- Más páginas, 1217 (casi un 30% más, que se dice pronto), que hacen unas 33 páginas diarias. Sigue siendo poco, pero más que el año pasado.
- De nuevo hay más que nada cosas de cifi, pero ya he intentado yo que la pila no imponga tanto su ley.
- La valoración media de lectura ha resultado penosa, un seis ramplón, y es que me he topado con auténticos bodrios, de los gordos.
Entre lo más destacable del libro sin duda las primeras tres cuartas partes de El terror, una verdadera joya, Radix (de la que laguien en su día me avisó como ‘libro malo’ y mira por dónde…) o la sorprendente, por eso de que no me esperaba algo tan bueno, Guerra mundial z.
Bueno, esto ha sido todo en lo que se refiere a lecturas del 2010. A ver cómo se porta el 2011.
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Hola, culebras.
Hace ya años me compré y leí la versión inicial de este libro de Stephen Hawking, Historia del tiempo. Pero lo perdí y, cuando vi recientemente la oportunidad de que me prestaran esta nueva versión no lo dudé.
Brevísima historia del tiempo en principio se trata de una revisión de la anterior, actualizada a los nuevos descubrimientos realizados en los casi veinte años transcurridos entre ambos libros. Tengo un buen recuerdo del primero, que servía de magnífica introducción a una de las dos únicas ciencias verdaderas, la física (la otra, por supuesto, es la matemática; el resto son derivados o abstracciones de éstas , o bien se trata de disciplinas experimentales). Sin embargo de este otro… hay que decir que no: algo falla en él. Sí, lo adornan de dibujitos, pero por desgracia la mayoría de las veces no aportan absolutamente nada al texto (a veces incluso molestando). La edición que me han dejado, del Círculo de Lectores, resulta poco menos que nefasta, con ese aspecto infantilóide que hace que la mitad de la página se use como margen, además de la injustificada y muy de la casa tapa dura, que vuelve lo que bien pudiera ser un buen libro de mano en un mostrenco casi inmanejable (sobre todo para el poco texto que contiene).
En cuanto al contenido en sí se habla muy por encima de muchos conceptos básico de ciencia, tan de refilón que muchas veces parece que uno atiende al sermón de un cura que narra los misterios de la religión, misterios no discutibles y por tanto no cuestionables. Ósea, el autor pide que tengamos fe en lo que dice. Ese defecto supone un gran lastre a mi entender: la ciencia no es fe, sino seguridad. Sí, el libro está dirigido a legos, pero su discurso carente de referencias se sitúa a un mismo nivel de oscurantismo que la Biblia. Una simple relación de lecturas para quien desee curiosear más en los múltiples conceptos de que se habla le habrían dado más credibilidad al libro (vale, eso lo puede hacer cualquiera con un poco de interés, pero no cuesta nada al autor y al editor el seguir la doctrina científica de añadir bibliografía a los textos). En la última sección del texto se centra bastante en la teoría (o teorías) de cuerdas, y ya se embarra de manera definitiva: la teoría de cuerdas es complicada, pero explicada sólo con palabras ‘mundanas’ resulta ya casa inmanejable.
Ya para acabar, y que me perdonen los físicos y los matemáticos, me ha chirriado horriblemente la sección en la que se habla de la renormalización en el caso del cálculo de energía de partículas virtuales (capítulo 11). Eso de decir que se ‘eliminan infinitos absurdos’ me suena a decir que ∞ – ∞ = 0 (vamos, la típica burrada de instituto). Supongo que explicar la renormalización en palabras cotidianas resultará imposible, pero tal y como lo expresa en el libro más que ayudar, entorpece (y seguro que añadir una pequeña bibliografía sobre esto tampoco ayudaría, lo admito, si esa se limita a libros de álgebra ).
Bueno, no voy a decir nada más. Simplemente la nota: un seis flojillo. Una pena por esa cuarta parte final del libro y ese aire de discurso basado en la fe, que no ayuda a diferenciar ciencia de religión.
Aaaaaaaaaaaaadiós.
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Si hace unas semanas hablé de la necesidad de una desintoxicación (y salvando la tentación en la que caí con la última lectura), he aquí dicho intento de cura.Mi anterior experiencia con el señor Sacks, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, me dejó un magnífico sabor de boca, por lo que no esperaba menos de este otro libro. Y sin embargo no he quedado satisfecho al 100%.
A lo largo de las siete historias nos presentan otros tantos casos más o menos chocantes para el ciudadano no familiarizado con los trastornos mentales (como yo mismo, si no tengo en cuenta mis experiencias con los managers de mi empresa). Pero si en el anterior libro se centraba en cada personaje, tratando de darle una explicación, una diagnosis, en este libro parece que se siente obligado a rellenar con teoría de los sentidos, e incluso con filosofía. La paja no resulta del todo desagradable, pero sí que peca en algunos casos de volverse cansina, densa: hay partes llenas de explicaciones científicas que sacadas del mundo neurológico al lector medio le aportan poco. Un ejemplo lo encontramos en ‘La pasión de sus sueños’, historia demasiado alargada con teorías de la memoria, y que sin embargo queda mal descrita en lo que se refiere al propio paciente y sus creaciones.
Por el contrario en ‘El último hippie’ no sobra palabra alguna, trazando una interesantísima relación entre neurología, religión y cultura popular (sobre todo la descripción final en el concierto de los Dead). La religión y su relación con el sujeto autista también aparece, de refilón pero en forma de una pincelada muy interesante, en la historia que da título al libro (esa descripción de una ‘puerta al cielo’ es de lo más sugerente).
Salvando la citada paja, destacar la historia narrada en ‘Ver y no ver’, terrible, dramática, con su claro toque de patetismo; o la impresionante fuerza de voluntad descrita en ‘Vida de un cirujano’. En ‘Prodigios’ nos encontramos de nuevo con una historia alargada, hinchada, pero que incluso con ese defecto resulta interesante (más aun cuando, en mi caso, ya conocía la obra de su protagonista); otro tanto de lo mismo sucede con ‘El caso del pintor ciego al color’, interesante pero hinchada.
En definitiva, un libro interesante aunque a ratos aburrido que cumple a la perfección con lo que yo le pedía: desconectar del género fantástico.
Me apunto para la lista de la compra Despertares (en su día ya me gustó la película basada en el libro) y La isla de los ciegos al color.
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