Mi experiencia en la sanidad pública cántabra (II): Liencres

Hola, ofidios.

Pues aquí está la segunda y última parte de mis andanzas por la sanidad pública cántabra. En la anterior entrega hablé de cómo se me intervino de urgencia un viernes de agosto en el Hospital Universitario Marques de Valdecilla y de lo que sucedió el fin de semana siguiente.

Exteriores Hospital de la Cruz Liencres

Exteriores Hospital de la Cruz Liencres

Tal y como dije en la anterior entrada el lunes, no sin ciertos problemas burocráticos, me llevaron de Valdecilla a Liencres. Debían rondar la una y media de la tarde, como mucho las dos, cuando al fin llegamos al Hospital Santa Cruz de Liencres (ya sabéis, de aquí en adelante H.S.C.L.). Nada más detenerse la ambulancia, y como se suele decir, la primera en la frente: no había sillas de ruedas. A ver, que yo había andado ya por la rea, pero una cosa es caminar diez metros adelante, diez metros atrás, y otra recorrer un hospital sosteniendo en alto la vía con el antibiótico (sí, hice todo el viaje con la mierda esa entrando en la vena y quemando). Tras la noticia de que no había disponible ninguna silla ya me veía yo de esa pinta andando por los pasillos. Pero como el ambulanciero ya se conocía el percal (la ausencia de sillas en la recepción de enfermos) se adelantó y no sé de dónde sacó una. Juraría que dijo que la ‘había cogido sin permiso’. ¿Un enfermo se levantó de su silla en un momento dado para ir al baño y al regresar ésta había desaparecido? No lo sé. No quiero saberlo.

De una manera u otra acabé en mi cuarto, lo que tras estar el fin de semana en la rea supuso una habitación muy espaciosa. Estaba situado en la planta primera y para mi sorpresa toda la me pertenecía: no había instrumental más que para una sola cama. No voy a negar que mi mujer y yo respiramos aliviados: tras la aglomeración casi insalubre de la rea ahora disponía de un cuarto para mí sólo. El colmo del lujo supuso el disponer de ventanas: tres enormes ventanales desde los que, más allá de prados verdes y llenos de vida, se divisaba la silueta de Peña Cabarga recortando el horizonte. Delante de ella, a la izquierda, se adivinaba la vacuidad de la bahía; en el extremo izquierda, ya casi fuera del campo visual, Santander. Para embellecer aun más la estampa llegamos al hospital en uno de esos muy escasos días de agosto en los que lucía una claridad y colorido singulares. Así, sentado en la cama y contemplando el sur de la bahía, habiendo recibido una hora antes la primera cura, ya sin el catéter ni el bote del drenaje y alejado del semisótano de la rea de traumatología, al fin parecía que las cosas mejoraban.

¡Mec! Craso error. Ahora, a partir de ese preciso momento, empezaría el viaje hacia lo incomprensible y vergonzoso.

Una vez instalado en la habitación quedaba que me viera el traumatólogo. En Valdecilla uno de los que me atendió el fin de semana me dijo que ese lunes estaría en el H.S.C.L.. Yo, tonto de mí, pensé que él mismo me atendería. No le volví a ver nunca más.

Pero yo por entones disfrutaba del cambio de la estancia. Mientras esperaba a que llegara me trajeron la comida: había llegado casi al H.S.C.L. a la hora de servirla, así que prepararon un menú basal más y me lo plantaron sobre la mesa. Para mi sorpresa la comida estaba buena, incluso muy buena. En eso lo debo admitir: la cocina en el H.S.C.L. no tenía nada que envidiar a la de un bar, e incluso está mejor que en muchos de los bares en los que he comido. La tarea de comer sólo la pude realizar con la ayuda de mi mujer: con el brazo derecho casi inmóvil algunas de las maniobras que hay que hacer para comer (como por ejemplo cortar un filete de pollo con cuchillo y tenedor) me resultaban imposibles. Pero no dejé nada, quedando por el contrario muy satisfecho. Se llevaron la bandeja y seguimos esperando.

Por circunstancias mi mujer no pudo acompañarme ese lunes mucho más allá de la comida (mi situación trastocaba demasiados planes que había que rectificar y enmendar, algo que sólo podía hacerlo ella). Así que me quedé allí solo en ese enorme cuarto, recién operado. Vamos, parecido a cuando estaba en el rea sólo que ahora sin la aglomeración de allí y con ventanas.

Pasaron los minutos y estos se convirtieron en horas. No venía ningún médico. Salvo las enfermeras, que cada cuatro horas me regalaban una nueva dosis de antibiótico, y las auxiliares que reponían y quitaban las bolsas de sueros, parecía que allí no había médico alguno. ¿Acaso en ese hospital se podía realizar un ingreso con mi perfil (cuadro infeccioso que habían catalogado de muy grave) y que ningún médico apareciera aunque siquiera para comprobar mi estado y contrastarlo lo que ponía en mi historial? Alucinante. Entre que habían tratado de retrasar el traslado (tal y como dije en la anterior entrada) y la dejadez que evidenciaban una vez ingresado, empezaba a no tenerlas todas conmigo.

Las horas fueron pasando. Me inyectaban más y más antibióticos… y nada más. ¿Que qué quería? Pues me esperaba algo básico, algo que habían hecho de manera concienzuda en Valdecilla: que me tomaran pulso y temperatura, por lo menos una vez en cada turno. Había llegado poco antes de finalizar el turno de mañana. Pues bien: hasta la mañana del día siguiente nadie me tomó mediciones. Un par de veces a lo largo de la tarde y de la noche informé de que no me habían tomado la temperatura. Sonrisas y poco más por respuesta, pero nadie me controló como es debido. Vamos, yo sabía que no tenía fiebre, pero me gustaría saber que pusieron en la gráfica de estado correspondiente a esas horas.

Mientras esperaba –en vano– que me tomaran pulso y temperatura seguían administrándome antibióticos: sin falta, cada cuatro horas, viales y bolsas (en tandas de hasta tres seguidas) que tardaban a veces una hora o más en vaciarse. Acababa el tercer día en el que apenas dormía de seguido dos horas, tres días de dolores aguantados en plan ‘esto es lo que hay’ y rellenas de continuas y obligadas vigilias. Sueño escaso y poco reparador con el que sin embargo debía aguantar el resto del día.

Al cabo de los días conseguí enterarme de qué antibiótico me inyectaban: cloxacilina. Algunas de las veces que me lo inyectaban dolía mucho, otras menos o casi nada. Pero cuando dolía de verdad lo hacía en serio: como si me metieran ácido por la vía. Tenía que levantar la mano para ralentizar el goteo mientras sentía cómo la vena, hasta casi más allá del codo, ardía de manera casi literal. Eso sí que era sentir fuego en las venas. Ignoraba la razón, pero parecía que las dosis más dolorosas me las administran cada doce horas, una de ellas en plena madrugada. Lo dicho, mi descanso se podía considerar casi nulo.

Las continuas bolsas y viales de productos fueron afectando mi vena y a la vía. Hasta la tarde del lunes ya me la habían cambiado dos veces: la primera para retirar esa chapuza que cometió en mi flexura el de urgencias de Valdecilla (esa matanza duró hasta la madrugada del sábado). Luego, en vista de que no podían pinchar en el brazo afectado por la infección, siguieron taladrándome en el otro. En concreto la mano izquierda: así acabé por primera vez en mi vida sabiendo qué se siente al clavarle a uno una aguja gorda en el dorso de la mano. Me tomaron una primera vía en el dorso de la mano, pero al cabo de poco tiempo demostró no ser eficaz, por lo que tuvieron que buscarme otra en esa misma mano. Un segundo pinchazo acompañado de un ‘lo siento pero voy a tener que hurgarte para conseguir alcanzar bien la vena’. Esa segunda vía funcionó muy bien y me duró hasta que llegué al H.S.C.L. Con ella aguanté como pude hasta recibir el alta.

Llegó mi primera noche en el nuevo hospital. Vaya nochecita. Mala por varios factores: la medicación me provocaba gran dolor, un enorme sueño acumulado y para acabarla de fastidiar creo que desarrollé algo de fiebre (o quizá se trataba de un efecto del cansancio y la debilidad). Todos esos factores se juntaron de tal manera que hicieron que viviera una de esas escenas extrañas que sólo le pasa a la gente como a mí: durante un buen rato tuve algo similar a un ataque de risa. ¿Por qué? Esa noche entró a mi habitación un enfermero muy alto y delgado, rostro serio y alargado que rondaba si no superaba los sesenta años, pelo corto canoso sin apenas calvas, voz grave y ademanes pausados. En mi estado sólo se me ocurrió pensar que se parecía demasiado a El Hombre Alto. La risa surgió en buena parte porque me imaginé a ese hombre deambulando por los pasillos del hospital de noche, mientras las bolas de cuchillas surcaban la oscuridad buscando víctimas. Casi me imaginé a los enanos embozados entrando a algunos cuartos para llevarse a los enfermos. Lo dicho, toda una paranoia. Al menos imaginándome todo eso me eché unas risas y me entretuve.

Pero vamos, que con o sin hombre alto, con o sin enanos deformes llevándose cuerpos a su asolada dimensión, y mucho menos con las esferas metálicas voladoras, nadie vino a tomarme el pulso ni la temperatura. Al menos hasta que se hizo de día, llegó la luz y exorcizó a El Hombre Alto y sus huestes. No le volví a ver nunca más, lo que en parte me dio algo de pena ya que le quería haber sacado una foto con el móvil.

El Martes.

Mal que bien la mañana del martes llegó: cambio de turno y ¡al fin! toma de tensión y temperatura, todo ello aderezado con nueva tanda de medicamentos y antibióticos. Por fortuna la vía de la mano aguantaba bien, recibiendo mi cuerpo todos los mejunjes sin el menor problema.

Los problemas surgirían en otro frente, el compuesto por la supuesta traumatólogo del H.S.C.L.

Mi mujer había regresado al hospital esa mañana, y no me abandonó ya el resto del tiempo, por lo que hizo de testigo de todo lo que sucedió en los siguientes días. Y acabó tan perpleja e indignada como yo.

El primero (y una de las más fuertes) de los sopapos en toda la cara llegó esa mañana del martes. A mi habitación entró una doctora (de bien entrada la cincuentena, si no ya en los sesenta, rubia y delgada, con unas gruesas gafas al estilo John Lennon) acompañada por una enfermera, la robocop (tan seria que casi parecía que se había tragado un palo). Se presentó como la doctora que iba a ver la evolución de la herida. Si dijo su nombre ni mi mujer ni yo lo oímos. Siguiendo sus órdenes la enfermera procedió a retirar los apósitos bastante abultados que había sobre la herida. Hay que decir que por la noche la herida había exudado un poco (me desperté con un reseco reguero en le pecho, una fina costra de coágulos y pus que me recorría desde el hombro hasta el centro del pecho para luego descender en dirección al ombligo, pero sin llegar al final del esternón), pero aparte de eso parecía que evolucionaba muy bien: los labios de la cicatriz ya no poseían ese preocupante tono negruzco, sino que habían cambiado a un más normal tono rojizo. La herida estaba hinchada y dolía, pero nada fuera de lo normal para una que no tenía ni siquiera cinco días (más aun cuando nos dijeron desde el primer momento que la sutura iban a hacerlo adrede fea, muy fea: montaron una sobre otra los labios de la dermis con el objetivo de que, así abierta, exudara con facilidad y sacara toda la mierda que hubiera podido quedar dentro. En resumidas cuentas: tenía un tajazo enorme y con una gruesa zona de dermis al aire. Guay). Una vez descubierta y lavada la herida la doctora procedió a evaluarla (de una forma bastante somera, todo sea dicho). Buena pinta, buena evolución, limpiar, esterilizar y volver a cubrir.

¿Listo? No, de eso nada. Aquí empieza lo divertido.

Nosotros estábamos ingresados en un hospital de Cantabria, si bien mi residencia habitual hace años que no está en esa región. Ante esa situación (nos hallábamos lejos de nuestros especialistas ‘oficiales’ y en periodo vacacional) sugerimos la idea de realizar un traslado a nuestro hospital de referencia. Vamos, que una ambulancia me llevara allí. Parece que esa sugerencia inspiró a la doctora, que empezó con el festival del humor, por decirlo de al manera. Le comentamos lo del traslado mediante ambulancia: yo ya conocía de primera mano un traslado similar, y con aquel mismo hospital de Liencres como destino, precisamente. Ante esto la mujer empezó a farfullar en contra. Pero no en contra porque mi situación médica lo impidiera, no: en contra porque no quería que partiera de ella semejante petición. Dijo que aquello no era posible. Nosotros sabíamos de sobra que sí se podía hacer: a un familiar le habían hecho eso mismo unos años atrás. Pero recordemos que estamos en el hospital que no quería recibirme el lunes por la mañana porque… porque… porque no.

Tras la primera negativa, negativa a que ella solicitara el traslado y la ambulancia, sugerimos la posibilidad de que hablaran con nuestro hospital de referencia y dicho traslado se tramitara desde allí. Tampoco la convenció la idea. Entonces, como le habíamos dicho que estábamos de vacaciones, nos preguntó que cuándo teníamos planeado regresar. Le dijimos que teníamos billetes de tren para el sábado siguiente, ante lo cual nos dijo que para esa fecha seguro que podría viajar bien. Esa fecha suponía que había transcurrido una semana justa después de una intervención de la que tenía como fruto de la misma una enorme herida supurante. Y la mujer pretendía que me metiera en un tren y me metiera en el cuerpo todo el trayecto a saber en qué condiciones.

Mostramos nuestro desacuerdo ante esa opción e insistimos en que creíamos que la mejor solución pasaba por la ambulancia. Debió ver que no nos íbamos a bajar del burro así como así, por lo que empezó a descubrirnos la realidad del juego. La ambulancia podían pedirla a nuestro hospital de referencia, pero nosotros debíamos cargar por adelantado con toda la factura. La mujer nos dijo que un traslado similar podía suponer con facilidad unos tres mil o tres mil quinientos euros. Una bagatela, vamos.

Eso si queríamos la ambulancia. Siempre estaba la opción (y aquí lo voy a poner de la manera más literal que puedo, pasado este tiempo) de ‘coger el coche y hacer todo el camino con los sueros y medicamentos en alto. Eso lo puede hacer ya mismo’. Vamos, esa ‘doctora’ de marras le decía a un paciente como yo, recién operado de gravedad de una infección (todavía sin saber cual era el bicho que se había difundido por mi cuerpo), que agarrara mi coche, me pusiera a conducir bastantes centenas de kilómetros, todo ello mientras seguía con la vía activa y recibía por ella medicamentos en vena, medicamentos que a veces me hacían retorcerme de dolor.

Y yo, educado hasta la estupidez, no la partí la boca en ese mismo instante.

La verdad era que no salté a su cuello porque me quedé anonadado, atónito ante esas palabras. ¿Qué tipo de persona era esa que me decía semejante salvajada? ¿Estaba ante un médico que ha realizado el juramento hipocrático o ante una vulgar contable? ¿Me encontraba en un hospital de la Seguridad Social, que he colaborado a mantener mes a mes con parte de mi nómina o una de esas mierdas privadas que sólo atienden a pacientes rentables? Mientras alucinaba no dejaba de cagarme en todos los muertos de esa jodida doctora. Hoy, semanas después, sigo haciéndolo.

El tono de la conversación subió un poco, nosotros diciendo que esa factura debía quedar a cargo de la Seguridad Social, ella respondiendo que primero la pagábamos nosotros y luego con ella debíamos acudir a la tesorería de la Seguridad Social de nuestra comunidad y solicitar que nos devolvieran le dinero. Y lo decía dando a entender que lo llevábamos crudo.

Por supuesto siempre podía yo irme en coche o, el sábado, en tren.

Y yo no la partí la boca. Jodida timidez, jodida educación, jodido respeto.

Con los ánimos caldeados sacamos a colación otro tema: necesitaba un papel para mi empresa. Todo indicaba que la baja se iba a prolongar más allá de mi periodo de vacaciones, por lo que necesitaba lo más pronto posible un documento que avalara mi ingreso y baja ante la empresa. Aquello parece que produjo en la ‘doctora’ perplejidad, y en buena parte me dio a entender como que ‘¿qué ridículas cosas de mortal pretenden que haga?’. Y es que a esas alturas la altanería y prepotencia que destilaban sus palabras resultaba imposible de disimular.

Otra vez: qué patada en la boca se merecía, por dios. Bajarla a ostias de ese supuesto trono al que se había subido y que se diera cuenta de que no había diferencia entre ella, doctora, y yo, paciente: todos pertenecemos, mal que nos pese, a la misma especie animal. No hay ninguno que deba estar por encima de otro.

Bueno, en cuanto al papel de marras nos dijo que al día siguiente nos lo daría, que todavía quedaba tiempo para que llegara la fecha en la que yo debía entrar a trabajar. Con esas la emperatriz senil y su mínimo cortejo salieron de mi cuarto. De nuevo nos quedamos solos mi mujer y yo, comentando la jugada llenos de irritación.

El día prosiguió con la inevitable y periódica visita de enfermeras y auxiliares para traerme y ponerme más medicinas y sueros. La toma de temperatura y presión sanguínea se normalizó, con las tres mediciones habituales en toda planta.

El dolor que uno de los medicamentos me producía se repitió, y yo seguía sin saber el porqué de ello.

Oño, que llega el Miércoles.

La monotonía de la mañana del miércoles se ve rota con la llegada, al fin, del informe de infeccioso. Nos lo cuenta una doctora de infecciosos, muy joven y peripuesta ella (casi parecía más dispuesta a ir a un desfile que a informar de un patógeno): ya se sabía qué bicho que me ha atacado. Abajo os lo presento: el interfecto responde al nombre de Estafilococo Aureo.

Staphylococcus aureus http://www.niaid.nih.gov/topics/antimicrobialResistance/Pages/aureusBacteria.aspx

Staphylococcus aureus. Fuente: http://www.niaid.nih.gov/topics/antimicrobialResistance/Pages/aureusBacteria.aspx

 

Con ese apellido uno diría que es algo bonito, presioso, digno de acaparar en estos tiempos de crisis. Pues sí… y no. Según nos explica la pitiminí de infecciosos nosotros, los roñosos humanos, lo acaparamos en la superficie de la piel. Vamos, que sin que lo sepamos le tenemos como inocuo vecino. Aunque lo de inocuo cambia cuando el muy hijo de puta abandona su hábitat habitual, la superficie de nuestra piel, para introducirse en nuestro cuerpo: entonces la lía, y muy gorda. Tanto como para generar una infección mortal si no se cuida con antibiótico.

Joder, qué miedo tener a ese mal nacido en la piel, podréis pensar. Pero la verdad es que resulta difícil que este malnacido se cuele en el cuerpo: tiene que encontrar no una vía de acceso, sino una autopista. Como la que encontró en mi cuerpo tras una infiltración que me realizaron a finales de junio. Por ello AVISO PARA NAVEGANTES: si te infiltran puedes acabar con una infección de caballo. No suele ser normal pero la posibilidad está ahí. Doy fe de ello con mi cicatriz.

Ale, ya he explicado el porqué acabé como acabé, con un hombro inflado como un globo, al rojo vivo, irritado y casi inmóvil. Como bien dijo el médico al verlo: ‘¡por dios! ¡De cabeza a urgencias y a operar!’. Y a la mierda la mitad de mis vacaciones.

Las buenas noticias se suceden: al tratarse de un viejo amigo de los médicos conocen de sobra cómo atajarle. El tratamiento que he seguido hasta entonces resulta perfecto para ello, por lo que durante unos días seguirá tal cual. Si todo evoluciona de buena manera con toda seguridad el podré dejar de recibir antibiótico intravenoso el viernes.

Sin embargo no todo podrían ser buenas noticias: gracias a la analítica que me encargaron en Valdecilla han encontrado algunos niveles anormales en los valores hepáticos, por lo cual me deben realizar una ecografía.

Por segunda vez en mi ingreso regresa la doctora, emperatriz senil, cuyo nombre seguimos sin conocer. En esta ocasión ha cambiado de séquito, estando acompañada en este caso por una enfermera que parece incluso humana, no como la robocop. Sin molestarse en ver mi herida, apenas se preocupa por mi evolución. Su preocupación parece centrada en saber qué vamos a hacer, si optamos por pedir el traslado, si hemos ya decidido si vamos a pagar la ambulancia, que cuándo teníamos pensado regresar a nuestra ciudad… se nos quiere quitar de encima lo más pronto posible. Eso nos queda muy claro. Molestamos. Suponemos un gasto que no quieren asumir.

Volvemos a preguntar por el documento que justifique ante mi empresa el ingreso hospitalario. La emperatriz senil dice que no lo tiene, ante lo cual le repetimos que es muy importante, sobre todo en una empresa como la mía. No le comento que nos dirigen ejecutivos tóxicos dado que a ella eso la importa un pimiento: si le preocupa más el gasto que le supongo que mi salud, como para preocuparse de los cánceres que dirigen mi empresa. Al fin nos dice que debemos pedir tal documento en la secretaría de la planta. Y con esas se va, dejando a la enfermera para que me realice la cura. Ni ha visto la evolución de la herida ni le ha preocupado lo más mínimo. Toda una profesional, vamos. Profesional de la contabilidad, se entiende, que no de la medicina.

Al fin llega el momento en el que me hacen la ecografía. Montado en la cama me llevan por pasillos y ascensores. Si a sensación de que transporten en silla de ruedas se me hizo extraña esta de ir tumbado en la cama lo supera. El H.S.C.L. tiene naturaleza universitaria, por lo que la ecografía me la realiza una interina respaldada por una titular. Hasta ahí nada anormal. Lo que me mosquea ocurre cuando me escucho como que la interina ve un bulto, quiste o algo anormal. La titular la guía para mirar de otra manera con el sensor… y en voz alta ni confirma ni desmiente nada. Yo, cansado de hospitales, sustos y tratamientos, no digo nada y sólo espero a que llegue el informe. Si hay malas noticias que me las digan con un informe médico, otro más.

Me devuelven a la habitación a seguir con el tratamiento. Ese preciso momento lo aprovecha mi mujer para acudir a la secretaría a por el papel que justifique mi ingreso con la puerta en las narices. Sale del cuarto y yo me quedo leyendo con la dolorosa medicina entrando por el condenado gotero. Al cabo de un tiempo regresa mi mujer con las manos vacías, los ojos llorosos y un cabreo descomunal: no ha logrado que la den el informe de ingreso; por el contrario se ha encontrado con que la han dado con la puerta en las narices. Ella se presentó en la secretaría donde, para casualidad, también estaba la reina. Dirigiéndose a la secretaria le explicó lo que necesitábamos. La respuesta de ésta consistió en, con malos humos, decirla que estaba muy ocupada realizando los informes de alta y que no podía atenderla. Mi mujer trató de explicar la urgencia con que necesitábamos ese papel, ante lo cual se ve que la secretaria subió el tono, diciendo que ya se haría más tarde… y en eso intervino la emperatriz senil: apoyó a la secretaria invitando a mi mujer a salir de la oficina, invitación realizada mientras agarraba el pomo de la puerta y la empezaba a cerrar. Literalmente la cerró la puerta en las narices y poco la faltó para empujarla con la hoja. Por supuesto que mi mujer no sólo regresó al borde del llanto, indignada por el trato: también marcó de por vida en su mente a la emperatriz senil. Yo, en lo que a mí se refiere, no la deseo nada malo en el resto de su vida. De su, espero, muy corta vida.

La tarde y la noche transcurrieron con la relativa normalidad de las periódicas dosis de medicamento, el dolor, los paseos por el dormitorio para evitar que acabara con un problema de circulación en las piernas (notaba que me dolían por la falta de actividad) y el tratar de dormir a trompicones, cuando podía.

El Jueves.

Para nuestra sorpresa la mañana del jueves se presenta otra doctora de infeccioso, tanto o más pitiminí que la anterior. Nos dijo que la ecografía que me habían realizado ayer no ha dado nada raro, pero que aun así me recomienda que hagan seguimiento en mi hospital de referencia. Yo seguí recordado el comentario del bulto/quiste que decían haber encontrado y ya pensé que lo que querían es deshacerse de mí, que no les supusiera un nuevo gasto. Respecto a la infección comentó que parecía que todo iba en buen camino, que de seguir igual al día siguiente dejaría el antibiótico intravenoso empezando por la mañana con el oral.

A esas alturas ya me duele toda la medicación que me ponen: unas duelen más, otras menos, pero todas duelen. Tengo la mano y parte del brazo hinchado y muy irritado. En un momento dado pido que me limpien la vía dado que el apósito que la cubre está ya bastante rojo de sangre. Para mi sorpresa la que lo cambia parece que jamás ha realizado esta operación (cambiar el apósito de una vía sin perderla), cometiendo una auténtica chapuza: lo compruebo no sólo por el aspecto raro con el que me ha dejado la vía, sino con que al rato de recibir una nueva dosis de suero parece que éste no entra con la velocidad de antes, y a veces incluso gotea por fuera. Todo parece indicar que ha dejado la cánula medio salida de la piel.

Para variar el dolor se mantiene. O incluso se intensifica.

En un momento de la mañana entra en mi cuarto una mujer rubia y regordita que no viste uniforme de personal sanitario: me hace entrega de un papel y se va, todo sonrisas. Al fin tengo el papel que justifica mi ingreso. Y de paso el nombre de la emperatriz senil: doctora Alonso. Infausta doctora, política y contable, traumatóloga Alonso.

Por la tarde pido a ver si pueden pasarme el antibiótico más diluido el suero, ya que me está destrozando el brazo. Lo hacen, pero eso implica ahora que mi brazo tarda tres horas en absolver lo que antes hacía en cosa de una hora. Aguanto porque la enfermera de la tarde me dice que esa es la última bolsa, que por la noche no me van a aplicar más, y que ya la han informado de que mañana paso a recibir todo por vía oral.

Cambian el turno, entrando el personal de la noche. Resulta que la enfermera de la noche que me toca es la misma robocop que sirvió de séquito a la reina la vez que la conocimos. Malo. La cortesana de la reina, al ver la lentitud cómo mi brazo absorbe el suero, dice que así no se puede seguir, que deben de tomarme otra vía. Nosotros no comprendemos: le explicamos que la enfermera del turno anterior nos ha dicho que ese era el último, a lo que la cortesana replica que de eso nada, que debo seguir recibiendo antibiótico intravenoso, y que ahora me debe tomar otra vía. Estudia mi brazo y lo ve que quemado que nos comunica que no puede tomarme una vía normal. Habla de tomarme un DRUM (vía central de acceso periférico)  o incluso una vía mayor en el cuello. Mi mujer y yo no comprendemos nada: escasas horas atrás nos dicen que ya va acabar el tratamiento intravenoso y ahora, por el contrario, nos dicen que no sólo va a seguir sin fecha final clara, sino que además se pretende usar unos métodos más agresivos… antes de intentar tomar una vía normal.

Le explicamos a la enfermera que las dos doctoras de infecciosos han dicho que mañana ya se me pasa a oral. Dado que la vía actual (situada en la mano) parece que no da más de sí, preguntamos si no se puede poner una nueva cerca de la flexura del codo para una nueva e inesperada dosis de intravenoso (se trataría de la de las 12:00 de la noche). O incluso dejar esa última dosis y, siguiendo lo que han dicho las doctoras de infecciosos, pasar ya a vía oral. La enfermera dijo que no podía hacerse algo así, además de que ella tiene órdenes de que no se me quitara la intravenosa al menos mientas estuviera ingresado. De seguir allí se me pondría un DRUM o una vía mayor en la carótida.

Pero no se quedó en eso sólo: además dice que debería haber sido así desde un primer momento. Nos dejó muy claro que según ella toda la elección de vías que me habían hecho (las dos que ella conocía estaban en la mano) se había hecho mal, que nunca debieron tomarme ese tipo de vías periféricas, sino que de entrada se me debía haber practicado una de tipo DRUM o mayor. En otras palabras: ella estaba poniendo de incompetentes a todo el equipo de Valdecilla, a sus compañeros de Liencres que habían mantenido estas vías durante estos días e incluso a sí misma, que me vio con esa clase de vía el primer día y no hizo ni dijo nada.

Mi mujer y yo teníamos bien claro a estas alturas que querían que nos fueramos, y que la ‘amenaza’ de ponerme un DRUM o una vía carótida mientras siguiera allí tenía por única intención amedrentarme. Nosotros estallamos, ya atacando a ella, a los médicos y a la enorme falta de información entre el propio personal: no parecía de recibo que de un turno a otro cambiara de esa manera la forma de informar al paciente, ni que cómo un medico dice una cosa y otro la opuesta. ¿Qué explicación tenía que mientras unos hablan de una posible alta el viernes o el sábado, alta para poder regresar a nuestra ciudad, otros quisieran alargar el ingreso? Mientras las dos doctoras de infecciosos hablaban de empezar el viernes con el antibiótico oral esa enfermera hablaba de seguir de manera indefinida con el intravenoso. Y un intravenoso aplicado sólo con vías mayores. También le eché en cara la salvajada de una doctora le sugiriera a un recién operado, cuando apenas han pasado cuatro días tras una intervención como la mía, que cogiera el coche, suero en vena incluido, y condujera cientos de kilómetros hasta su hospital de referencia.

Iracundos, casi a gritos aunque rodara la una de la madrugada, exigimos que consultara esta situación con el traumatólogo de guardia. Eso nos reveló una nueva sorpresa: la costó, pero al final admitió que en el hospital no había ninguno de guardia. Debería llamar a Valdecilla. Así, bastante con el rabo entre las patas y consciente de que nos tenía no sólo en contra, sino que estábamos por completo indignados y dispuestos a montar un santo escándalo, salió de la habitación. Al cabo de un tiempo algo largo regresó: había hablado con el traumatólogo de guardia en Valdecilla el cual le autorizaba a posponer el antibiótico por esta noche, y que mañana empezase a recibirlo vía oral. De igual manera recibiría el alta hospitalaria esa mañana siguiente. Ya algo más calmados se lo agradecimos y la decimos a la claras que queríamos dejar este hospital.

Aquella fue la primera noche que pude dormir más o menos del tirón. Al menos en la medida que las carcajadas que nos llegaban desde el control de enfermería: debían estar jugando a las cartas y se estaban partiendo el pecho, de manera literal, con las jugadas. Las cantaban a pleno pulmón. A las dos y pico de la madrugada. Acojonante.

Al fin Viernes.

A mediodía nos visitó la emperatriz senil, la cual nos entregó la receta con el nuevo antibiótico. En torno a una hora después nos hacen entrega del alta y de todos los informes (leyendo el informe de alta descubrí que me habían mentido: no sólo me aplicaban cloxacilina sino también gentamicina, algo de lo que jamás me informaron. ¿Tanto costaba responder a las preguntas con la verdad?). Poco después de comer llegaba nuestro transporte con lo que huimos como alma que lleva el diablo.

La herida seguía necesitando curas diarias, exudaba líquido y dolía mucho. Pero lo importante era salir de ahí. Me enfrentaba a un viaje muy largo hasta mi ciudad, pero quería abandonar ese hospital en el que se me consideraba una molestia: ya no tendrán que soportar al extranjero que les gasta recursos, cama y tiempo. Al menos en mi hospital de referencia deberán tratarme sí o sí ya que estoy empadronado con ellos.

Una especie de conclusión.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Que los habitantes, políticos o lo que sea de Cantabria, Valdecilla y ese H.S.C. L. se defiendan como quieran, o como puedan. No voy a investigar a acerca de la situación del H.S.C. L., ni de su pasado. Sólo quiero que piensen una cosa: siempre he defendido la sanidad pública, siempre la defenderé. Pero actitudes como las que me he encontrado en el H.S.C. L. dan la razón a los que la quieren destruir: les dan argumentos para desmantelarla.

La emperatriz senil (esa infausta doctora Alonso, de traumatología) y su séquito hacen más mal que bien a la sanidad pública; o lo hacen si a todos los pacientes les maltratan como a mí. Tales ‘profesionales’ merecen trabajar en la privada, y sólo en la privada. Sí, me gustaría verla despedida de la sanidad pública.

Y no voy a poner más, que ya va un buen tocho: más de 5.700 palabras, se dice pronto.

Adiós.

PD: En mi cuenta de twitter tengo mucho mensajes enviados esos días y los siguientes. En otra ocasión los recupero y añado a esta entrada.

Mi experiencia en la sanidad pública cántabra (I): Valdecilla

Hola, culebras.

Como ya dejé entrever en la anterior entrada me han tenido que intervenir (y además hacerlo de urgencia), algo que nunca antes me había sucedido. Bueno, por no haber pasado por un hospital decir que en toda mi vida lo más ‘gordo’ que he tenido ha sido un esguince. Y, claro está, la tendinitis/calcificación que ha acabado provocando esta operación. Ahora, sin comerlo ni beberlo, he acabado de cabeza en cosa de escasas horas en un quirófano, sometido a anestesia general, afectado por algo que los médicos han catalogado como muy grave. El problema tenía tal seriedad que los doctores dijeron no una sino varias veces que de haber dejado avanzar el proceso unos días más podría haber hecho peligrar mi vida (ante esto seguro que alguno que me sé babea lleno de placer y anticipación. Ajo y agua, que todavía no vas a tener la posibilidad de bailar sobre mi tumba).

Inciso: debo dar gracias a las nuevas tecnologías (como por ejemplo los reconocedores de voz incluidos en los móviles). Ellas me están permitiendo escribir todo esto, algo imposible para alguien con un brazo medio tonto y lleno de dolor. Eso y la familia que me está ayudando. Fin del inciso.

No voy a hablar en esta entrada del miedo real que he sentido en la antesala del quirófano: no deseo entrar en lo vulgar, en algo ya dicho y redicho. Tampoco voy a hablar de lo jodido que está resultando el postoperatorio ni de las secuelas que la intervención me puede dejar (por fortuna no graves pero si molestas). Aquí no he venido a llorar ni a dar pena.

Esta entrada va a tratar de mi experiencia en la sanidad pública española, y en concreto en la cántabra: para eso en ella me han operado y llevado a lo largo de en los primeros días tras la intervención.

En mi caso he de dividir mi experiencia con la sanidad pública cántabra en dos fases: una primera en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (en adelante H.U.M.V.), y una segunda en el Hospital Santa Cruz de Liencres  (con él usaré las siglas H.S.C.L.; qué original, sí.).

Primera fase: el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla.

Parece mentira que he vivido durante más de quince años se puede decir que al lado de este hospital. En todos esos años apenas he entrado al mismo sólo de visita, y muy pocas veces (la vez más surrealista la originó una ex cuando trató de suicidarse. De peli, la verdad). He tenido que emigrar para, disfrutando de mis vacaciones, acabar allí intervenido. Pero la vida es así: me puedo dar con un canto en los dientes de haber sido atendido allí y no en un hospital de segunda, como por ejemplo el de Ávila.

Entré de urgencias en el H.U.M.V. a eso de la una y media de la tarde y tras una evaluación rápida en traumatología empezaron a preparar el preoperatorio. Así, tal cual. De esa experiencia apresurada y para mí por completo nueva he de destacar la dejadez y torpeza del enfermero que me atendió, el ayudante al traumatólogo de urgencias ese día, viernes 16 de agosto: un hombre cercano a los cincuenta años, más gordo que delgado, moreno y de bigote. Ese aprendiz de torturador me banderilleó el brazo para ponerme la vía con una habilidad digna de Torquemada. Siempre me han dicho que tengo venas ‘como cañones’, resultándoles a los enfermeros muy fácil encontrarme los puntos donde insertar la aguja. Hasta que llegó este tío y la cagó, algo que luego pagué en mis carnes y con una vía que funcionaba regular para mal. Con posterioridad escuché decir a otro miembro del personal médico que no consideraba normal que ante un preoperatorio pusieran me hubieran colocado la vía en la flexura del brazo y de esa manera. Porque además mi vía casi desde el primer momento sangró, indicio de lo bien que estaba colocada.

Pero debido a mi ignorancia respecto a estos temas, los nervios y la urgencia entré de esa manera al quirófano.

A las nueve y media de la noche ya estaba en esa sala aséptica que tan grande, vacía y fría se me hizo. Por suerte no había comido nada desde las diez de la mañana, con lo que no tuve que esperar mucho, sólo a que llegara el primer turno libre de operación. No voy a negar que me encontraba algo acojonado; más de una vez insistí al personal que lo mío no se trataba de amputar ni nada similar, y que el hombro dañado era el derecho (ni el izquierdo, ni las piernas ni nada, que todos hemos oído los casos de uno que entra a operarse de la mano derecha y le enredan la izquierda, con el resultado de acabar con ambas destrozadas). Máscara de oxígeno, anestesia entrando por la vía, charla intrascendente tipo ‘¿de dónde eres? ¿Qué haces aquí? ¡No jodas que estás de vacaciones!’ y Morfeo me acogió en su seno.

Luego llegó del despertar en reanimación, la asquerosa sensación de dolor y escozor que deja en la garganta la intubación recién quitada y el hambre, un hambre enorme. Eso y el mastodonte de vendaje que tenía en el hombro, un mostrenco del que surgía (como probóscide a lo Giger) un tubo conectado a un bote. El catéter estaba repleto de sangre medio coagulada, diluida con un líquido acuoso que sólo podía ser pus. El bote estaba lleno en su cuarta parte de esos fluidos que casi parecían sacados de la portada del Load.

Por supuesto, todo esto aderezado con dolor. Sordo, continuo, de intensidad media-alta si permanecía quieto y con cuchilladas agudas si intentaba moverme. Pero ya he dicho que no voy a hablar de esto. No.

Ahora quiero hablar de que el personal de traumatología y de reanimación del H.U.M.V. hizo un trabajo soberbio, estando atentos de manera constante a todos los pacientes. Como es su deber y trabajo. Al césar lo que es del césar: no voy a alabar la tarea de un médico por operar y curar a un paciente, ni a elogiar a un enfermero por cuidar y aplicar las medicinas a un convaleciente, ni a lisonjear a un auxiliar de enfermería por atender y vigilar a los enfermos. Es su tarea, han estudiado para eso y por eso se les paga. Las alabanzas, elogios y lisonjas se las merecerían personas que, sin pertenecer a esas profesiones, realizaran esas tareas. Este párrafo viene a que estoy hasta los cojones de la injustificada altivez de los médicos, individuos que en la mayoría de los casos se permiten el lujo de mirar por encima del hombro a los demás sólo porque han estudiado eso. Se ve que ellos cuidan y recolectan toda la comida que comen, se tejen la ropa que visten, construyen todo el instrumental que usan, programan todos los equipos que manejan, educan a sus hijos, vigilan por su seguridad, etc. Ah, ¿Qué no hacen eso? Pues que se bajen los humos y se coloquen en su lugar dentro de la cadena social: tienen su función pero no son más que otros.

Vale, sigo.

En el H.U.M.V. me encontré con la típica enfermera muy agradable con los enfermos pero que de tan amable dejaba sus tareas sin hacer. Incluso en un momento de la noche quedó claro que estaba haciendo puntos con una paciente que era familia de alguien con peso en la casa. Vamos, la típica pelota que espera conseguir puntos de ascenso a base de dorar píldoras: criticada por las auxiliares de su turno, censurada por sus compañeras enfermeras del turno siguiente. (De las cosas que uno se entera haciéndose el dormido debido al aburrimiento.)

También me topé con otro tipo de enfermera: una que supongo que posee una magnífica calidad profesional, pero que su trato con el paciente iguala al que dispense un estibador con los fardos que carga.

Salvo esas dos ‘divergencias’ la norma del comportamiento del personal en la reanimación no merece la menor queja. Incluso había un ente casi paranormal: el ‘House’ de la zona, un traumatólogo de origen mexicano o similar que deambulaba por entre los boxes apoyando su pierna deforme en un bastón. El chaval (mucho más joven que yo) en los más de dos días y pico que estuve en la rea debió haber realizado una guardia de 72 horas porque parecía omnipresente.

Y ahora llego al primer punto negro, de verdad negro, de lo vivido en el H.U.M.V.: estuve en la rea mucho tiempo más del que debería. Pero mucho, mucho: por lo menos 24 horas de más, ocupando un box y sin subirme a planta. Yo estaba catalogado como ‘paciente de traumatología con afección muscular’. Ese detalle, el ‘muscular’, debía suponer la diferencia clave. A los intervenidos por problemas óseos en cuanto recibían el alta en la rea les pasaban a planta, a una habitación en el propio H.U.M.V. Pero a los musculares no. ¿Por qué? En ese momento no tenía ni puñetera idea. Algo oí, como que en el H.U.M.V. no había camas para ese tipo de pacientes…

Obras del H.U.M.V. (fuente Pondio.com)

Obras del H.U.M.V. (fuente Pondio.com)

A raíz de la inexistencia de camas entramos en una de las vergüenzas del H.U.M.V.: está todavía a medio construir, y no tiene fecha para su conclusión porque no hay dinero. Empezaron hace años una reforma que supuso la demolición de un ala entera (recordemos que el H.U.M.V. es un hospital de tipo mixto: tiene tanto pabellones de altura baja y diseminados por su terreno, como dos alas de gran altura, con numerosas plantas) y a medio camino se quedaron sin fondos. Y así se quedó el hospital, empantanado y viendo cómo los presupuestos y costes para acabarlo suben y suben. Mientras tanto para basuras como el centro cultural de Botín (la soberana basura que van a hacer junto a los Jardines de Pereda) sí hay dinero. El hospital a medio hacer, los pacientes aparcados en los boxes o en los pasillos, y mientras dando el dinero fluyendo para un proyecto con el único objetivo de engrandecer el ego de un defraudador (aunque a posteriori haya ‘reparado’ el error, a saber con qué tejemanejes de por medio para salir indemna). Un defraudador dueño de toda la provincia, todos sea dicho.

Una enfermera, junto a una auxiliar, nos explicó a los pacientes que estábamos en condiciones de escucharla (que en esa zona de la rea no éramos pocos) cómo el hospital estaba degenerando. Por supuesto la palabra ‘recortes’ apareció. Recortes y mala gestión. No hay que tener una inteligencia privilegiada para comprobarlo. Vivirlo desde dentro es mucho peor porque compruebas cómo algunas cosas se mantienen más que nada por la dedicación de los profesionales que trabajan en ella. Trabajadores que con esfuerzo logran mantener el nivel de calidad que antes tenía la sanidad pública.

Pero aquí de nuevo he de hacer un inciso (de cosecha y experiencia propia, que la enfermera y la auxiliar no dijeron nada de eso) y marcar una salvedad: no todos los profesionales actúan de esa manera, desinteresada y coherente con la profesión que han escogido realizar. Por desgracia resulta muy triste comprobar como aun en estas circunstancias algunos colectivos –léase muchos médicos, por ejemplo– siguen con su egoísmo y altanería. Sólo se mueven para mantener su status y privilegios, desvinculándose de enfermeros y de la mugre (esos infraseres llamados auxiliares de enfermería y personal de base). Médicos que mantienen esa actitud altiva de ‘yo aquí, vosotros allí y debajo mío’).

Por supuesto que mientras que la enfermera y la auxiliar nos describían realidad de la sanidad pública y del H.U.M.V. nos pedían que les apoyáramos. Yo he ido ya a numerosas marchas y manifestaciones en apoyo de la sanidad pública, y seguiré haciéndolo.

Al fin llegó el lunes y con él el prometido traslado a planta. Pero no ha planta en Valdecilla, dado que allí no existían, sino al Hospital La Santa Cruz de Lierganes. De pequeño, con mis padres, había pasado varias veces al lado de ese hospital. Como crío ignorante ni me había fijado en él. De hecho pensaba que se trataba de un hospital privado, mira tú. Pero no, el H.S.C.L. es público y depende del H.U.M.V., estando en él parte de traumatología.

Mi destino. Mi destino si me querían admitir, claro.

Yo era ‘el de fuera’, ‘el foráneo’, el ‘rarito que no era de Cantabria’. Tócate los cojones: criado, educado y madurado en Santander, la que durante muchos años he considerado mi ciudad, para al cabo de los años acabar tratado en la sanidad de la ciudad como una especie de apestado. ¿Veis ahora porque detesto las nacionalidades, los patriotismos y esas mierdas territoriales? Sirven para eso: más que para unir para separar. Todos somos seres humanos iguales, no ‘cántabros’, ‘vascos’, ‘catalanes’, ‘chinos’ o ‘congoleños’. Todos sangramos sangre roja. La única nación que debemos reconocer la tenemos bajo los pies en forma de una preciosa bola de barro, una esfera achatada orbitando en el espacio a una unidad astronómica de esa estrella humilde y anodina pero nuestra llamada Sol. No hay más nación que esa.

Bueno, por ahora se acabó el alegado comunista.

A lo que iba: que me debían derivar al H.S.C.L. Pero eso si a ellos, a los responsables de ingresos del H.S.C.L., les daba la gana.

Ese turno de mañana del lunes regresó de vacaciones la enfermera jefe de reanimación de traumatología, una mujer que al parecer tiene un carácter ‘fuerte’ (me acuerdo a la perfección de la auxiliar de enfermería que repetía eso de ‘con lo bien que se estaba sin ella y sus malos humos. Es que el sólo verla ya me pone de los nervios’). Así de entrada la señora me echó la bronca por caminar por la rea sin la parte superior del pijama: a esas alturas de partido, con más de 48 horas encerrado allí, aguantando un ambiente insoportable debido a los lumbreras de climatización que o nos congelaban o nos asaban, estaba hasta los cojones del pijama. Yo jamás, jamás, visto pijama.

Pero la bronca más seria, y en la que ella tenía toda la razón, se la dedicó a la encargada de ingresos del H.S.C.L. En la rea se da la maravillosa circunstancia de que el control, y con ello los teléfonos, están dispuestos de tal manera que todos los pacientes si quieren pueden escuchar. Y yo quise hacerlo cuando me percaté de que se hablaba de los traslados al H.S.C.L. La jefa de rea le explicaba a su compañera de admisión del H.S.C.L. que en Santander había pacientes que llevaban todo el fin de semana a la espera de un ingreso: dijo que algunos ya incluso deambulaban casi con total libertad por la zona (sí, me da que hablaba de mí, del tocahuevos que sólo unas horas después de la operación –aun en la madrugada del viernes al sábado– ya estaba con energías y ánimos para escapar de la prisión, digo bajar de la cama, aunque eso supusiera dolores. No soporto estar mucho tiempo en la cama despierto). Para sorpresa de la jefa de planta (y mía también) desde el H.S.C.L. se negaban a admitirnos por la mañana, diciendo que como muy pronto lo harían por la tarde. Yo no lo entendía, y por la manera en que la jefa de planta le replicaba a la del H.S.C.L. ella tampoco. La reanimación, decía, es de manera esencial una zona de transición, de paso: cuando un intervenido da signos positivos de mejora y recuperación debe salir de ella. Y de ninguna manera se puede tener allí de manera indefinida a la gente. Más aun cuando en la planta dedicada al cuidado de esos pacientes hay habitaciones y camas libres, tal y como en el H.S.C.L. habían admitido que había.

Así estaba el tema: en la rea del H.U.M.V. había dos pacientes que llevaban casi 48 horas listos para recibir el alta, en el hospital que los debía recibir tenían cinco habitaciones vacías esa misma mañana, pero el personal de admisión de ese hospital prefería que los ingresos los realizara el turno siguiente… o en otro, pero no con ellos. La jefa de planta de la rea se puso seria, muy seria, y les dio un plazo para que le dieran una respuesta satisfactoria y colgó. Cosa de una media hora después recibía la confirmación de que nos acepaban en el H.S.C.L. Mientras esto sucedía a mí me hacían la primera cura, veía la pinta horrible del tajazo que me habían propinado, me quitaban el tubo del drenaje y me despedía de los ‘amigos’ que había hecho allí.

Por fin, rondando la una de la tarde, llegó mi ambulancia. El sanitario me llevó en la silla de ruedas hasta el vehículo. ¡Qué extraña sensación esa de que te lleven en silla de ruedas! De esa manera, más bien tarde que pronto, mi mujer (que siempre estuvo a mi lado, sirviendo de impagable apoyo) y yo partimos hacia el H.S.C.L. Allí conoceríamos la cara B de la sanidad cántabra. Si del H.U.M.V. no había tenido queja alguna, la cosa en Liérganes cambiaría. Y mucho. De blanco a negro.

Pero de eso hablaré en la parte II de esta historia. Ya he soltado mucho rollo por ahora y toca descansar.

Hasta luego.

Una especie de despedida

Hola, culebras.

No, no voy a dejar el blog, ni a cerrarlo ni nada por el estilo. Por eso mismo no he puesto como asunto ‘Una despedida’, tal cual, sino ‘Una especie de despedida’. Me voy, pero no me voy. Dejo el blog, pero no lo dejo.

¿Cómo se entiende esto? Pues de una manera bien sencilla: a partir de ahora la web se dedicará sólo a reseñar lo que leo. De hecho ha ido sucediendo eso mismo de unos meses acá. Se acabaron las entradas con comentarios más o menos políticos: adiós a contenidos etiquetados por 15M, crisis, economía, España, política… No volveré a dar mi opinión del mundo humano. Me da tanto asco lo que veo, lo que me rodea, lo que vivo que bastante tengo con eso, con vivirlo (o sobrevivirlo) como para además perder lo único que de verdad  me pertenece, mi tiempo, en hablar de ello.

Esta sección geográfica del planeta llamada por ahora España, y sobre todo sus habitantes, me ha defraudado sobremanera. Su indolencia, su cerrazón, su hipocresía, su falta de ética y de visión de futuro, su ridículo territorialismo, todo eso y mucho más me ha acabado de apartar de ellos. Apartado en la medida que la circunstancias de la vida me lo permiten, claro (todavía no puedo agarrar una nave espacial y largarme a explorar, por ejemplo, Titán, Io o Europa). Mientras sigo encadenado a esta bola de mierda voy a intentar perderles de vista a todos estos humanos y hablar sólo de mi única pasión/droga: la lectura.

Hay veinticuatro entradas etiquetadas como revolución, veinticuatro entradas hablando de cosas relativas a un deseado –por mí– cambio social.  Veinticuatro entradas que sólo han evidenciado cómo este país de adocenados ombliguistas sigue ciego a lo que sucede, sin capacidad de reaccionar mientras una panda de psicópatas avariciosos lo sangran. Gritaría un sonoro ‘QUE OS JODAN’ si no fuera porque, por desgracia, eso equivaldría a un ‘que me jodan’. Me da verdadera envidia el destino final de Krug.

Pero al menos me quedan mis libros. A diferencia de los humanos ellos son inmutables y persistentes en su naturaleza: un libro malo es malo y jamás  puede engañar haciéndose el bueno, por mucho que lo releas. Un libro malo se descubre enseguida y se le puede relegar al olvido (o incluso puedes hacer con él un Farenheit 451) sin el menor reparo. Un libro malo sólo se le olvida (o elimina) y se va a por el siguiente. Ojalá se pudiera hacer eso mismo con ciertos humanos, esos psicópatas sociales que llenos de orgullo, prepotencia y arrogancia llevan de cabeza a la especie humana al dolor, el sufrimiento, la destrucción y la muerte.

Lo dicho, se acabó hablar del mundo real. Mejor sumergirse en el de los libros mientras espero a que el rebaño ciego dirija su camino hacia la destrucción. Y que yo lo vea.

Adiós.

P.D.: Al parecer en WordPress hay algo para convertir etiquetas en categorías. Si la cosa funciona transformaré las etiquetas que he usado para catalogar los libros (Ciencia Ficción, Terror, etc.) en categorías. Sé que eso dará problemas con las viejas entradas que hacen referencia a ellas como etiquetas, pero se trata de un mal menor.

España en alquiler con derecho a compra

Hola, ofidios.

Hace un tiempo actualicé la lista de tiranos de los últimos años. Por desgracia hoy ya puedo modificarla un poco más: Mariano I obtiene por méritos propios el sobrenombre de El Rescatado, y da paso a un periodo oscuro dentro de la historia de este mugriento país. Nos han alquilado, con derecho a compra. La cifra del alquiler que nos va a pagar la Unión Europea asciende a 100.000 millones de euros.

Voy a comentar un simple detalle de esa cifra, analizando las palabras de Chiquito de la Calzada, digo de De Guindos: esos 100.000 millones de euros son un máximo. ¿Este tío es economista? ¿Ésta es la buena gestión económica de los de derechas? ¿No se ha dicho siempre ‘no te hipoteques o endeudes en exceso’? Ya veo a Mariano I comprándose un piso e hipotecándose por el 100% de su precio. O por más. Y salir en la tele diciendo que ‘ha conseguido un chollo’, y que ‘tiene dinero de sobra’. Estúpido. Penoso. Triste. Significativo. Y este tipo de cretinos incoherentes son los que ‘nos mandan’. Así les luce el pelo, al menos a ellos y a los que les han votado y les sieguen defendiendo. Gilipollas.

Mariano I dice que no nos han comprado, sino que lo que pasa es que nos han prestado dinero para los bancos. Pero el préstamo, señor Rescatado, está a nombre del país, no de los bancos. No hay una deuda a nombre de Botín ni de ninguno de sus mafiosos colegas. Y ahora es el país el que ha de rescatar a los bancos, no la Unión Europea. Sí a esos bancos a los que ya se ha dado miles y miles de millones de euros; a esos  mismos bancos que todo ese dinero que se les ha dado se lo han quedado para ellos mismos; a esos mismos bancos que son de facto los dueños de España. Mariano I dice que se trata de un préstamo, y que sólo afectará a los bancos. La Unión Europea ha alquilado los bancos. Pero se da la triste realidad de que los bancos gobiernan España (algo que llevan demostrando ya años). A efectos reales la Unión Europea nos ha alquilado. A la mierda la soberanía popular.

La Unión Europea va a poner deberes a los bancos. Y claro, los bancos (como hermanas de la caridad que son) no repercutirán esos deberes en nosotros, la plebe. La Unión Europea apretará a los bancos. Aplicando la transitiva, estos aplicarán el aprieto a aquellos a quienes tienen cogidos por los huevos: a los que tengan cuentas con ellos, particulares o empresas; y éstas a todos sus trabajadores. Entre medias habrá un gobierno títere que dirá amén a todo cuanto diga la Unión Europea, no vaya a ejecutar su opción a compra (como ya ha hecho en P.I.G.). En resumidas cuentas: la Unión Europea achuchará a los bancos y al estado español, pero los que al final se tendrán que apretar el cinturón doblemente (por el estado y por los bancos) seremos nosotros.

Es un hecho: la Unión Europea manda en España. De futa madre.

Pero la Unión Europea es muy chula, lista y retorcida. No se moja en alquilar bancos así, cara a cara: prefiere el uso de intermediarios, y que ellos se partan la cara y los cuernos. Así que no les da el dinero a los bancos directamente y no se mancha las manos. Que gestione otro el préstamo: el <inicio de coro de risas>Reino de<fin de coro de risas> España. Y, dado que la Unión Europea es de la misma calaña que los bancos a los que ‘rescata’, aparte de endosarle a España el marrón por ‘los servicios’ le cobra un interés. España es la puta a la que no sólo apalean, sino que pone la cama y paga por ello. Hablan de un módico un interés del 3%. El 3% de 100.000 millones son… 3.000 millones. Una bagatela. Eso a cambio de que una panda de mafiosos se llenen los bolsillos, agarren el dinero, jueguen con él, blanqueen sus cuentas y atenacen más si cabe a la sociedad. En otras palabras, la Unión Europea nos alquila el país, toma el mando y por todo ello nos cobra; nos roban la ya de por sí casi inexistente soberanía popular y todavía, a cambio de ese ‘favor’, nos endeudamos más aun.

España ha entrado en la puerta grande en el camino de la desaparición como institución. La desaparición del estado español –independiente y unitario– no tiene de por sí nada malo si se hace en aras de una mejor calidad de vida, de mejor sanidad, educación, transportes, infraestructuras, etc. Pero una pérdida de soberanía sólo porque unos usureros la hayan cagado, sólo para ver cómo apuntalan sus Minas Morgul particulares, sólo para seguir de culo y cuesta abajo… pues no. Lo que intentó durante décadas de sangre y dolor E.T.A., lo que ha ido socavando durante años los gobiernos de Cataluña, lo van a lograr ahora los bancos. De una manera muy diferente a la que los terroristas y los tragaldabas egocéntricos, eso sí. Ni para unos (terroristas ilegales) ni para otros (ladrones de guante blanco): España es para los alemanes, para los tecnócratas, para ‘los mercados’.

Olé.

Sólo queda la esperanza en la gente, en los ciudadanos. Un alzamiento, una revolución francesa. Ya tenemos nuestro propio Robespierre, que llegó como salvapatrias y en cinco meses ha derivado en terrorista de estado: Mariano I. La población no tiene porqué aguantar más: el 8 de Termidor (28 de Julio) está muy cerca. Saquemos las guillotinas de una puta vez y acabemos con ellos. Porque llegados a estos extremos el magnicidio no es un objetivo indigno sino un derecho, un acto de autodefensa. En Plaza de España hay sitio de sobra para un cadalso. Que Cervantes sea testigo de la caída de estos asesinos de ilusiones, y que su cabeza ruede bajo la triste mirada de Alonso Quijano.

Adiós.

El precio de la evasión

Minirrelato tonto (no lo pongo en Eterno porque tiene un carácter tan puntual que no merece la pena) basado en una conversación que he sufrido esta mañana. No soy muy dado a los dialogados, pero creo que en esta ocasión no hace falta nada más.

El precio de la evasión

–Abuelo, abuelo: ¿Cuándo tú eras pequeño todas las personas estaban como ahora, cargadas con argollas colgadas del cuello, arrastrando cadenas?

–No, hijo, ¡qué va! Por aquel entonces éramos libres.

–Ah, ¿no? Entonces, ¿qué pasó?

–Si te soy sincero no lo recuerdo bien. Pero de lo que sí me acuerdo es de cierto partido, un poco antes de perder la libertad, en el que ganamos por segunda vez el mundial. ¡Qué momento más glorioso, hijo mío! Todos eufóricos y unidos, inundando las calles. Una maravilla. Por un rato se olvidaron los enfrentamientos, los piques regionales, las envidias… Entonces uno se sentía realmente orgulloso de este país, de esa bandera, de estos colores.

–Sí, abuelo, muy bonito. Pero si mientras veíais ese partido, cuando celebrabais esa victoria, os ponían las cadenas y os reducían a esclavos, ¿de verdad estabais para celebraciones?

–Hijo, eran malos tiempos. Crisis, muchas crisis. Por todas partes llovían palos. Y teníamos derecho a nuestro diminuto momento de evasión, ¿no?

–Ya, pero ahora lo pago yo con mi esclavitud, abuelo. Lo pagamos todos. Y tú también.

–No te preocupes. Es agua pasada. Como se suele decir: a lo hecho, pecho. Tú mira la tele, que esta noche hay un nuevo clásico.

–No tango ganas, abuelo. No tengo ganas. Ese enésimo clásico me ha costado muy caro.

***

Ya está. Vaya tontería de relato, diréis. Pues sí. O, según se mire, pues no. Cuando algo así representa la realidad actual se puede pensar de eso cualquier cosa menos ‘vaya tontería’.

Como veis el relato se reduce a  una conversación triste, seguida de silencio posterior más triste aun.

Igual que la que mantuve.

Yo hacia de niño; la otra persona persona asumía el papel de abuelo que, deslumbrado por las luces de los eventos, huye de la realidad negándose a ver el pozo al que vamos de cabeza.

–Todos tenemos derecho a evadirnos –decía.

–No –respondí yo–, si el precio es la libertad de nuestros hijos.

Y tras eso el silencio. Un silencio molesto, triste y patético como pocas veces lo he vivido.

Para algunos merece más la pena el solaz momentáneo que el protestar y luchar por un futuro mejor. La política del avestruz, del corre y no mires atrás. La política del cobarde incapaz de luchar por lo que tiene.

Conversaciones como ésta, que cada vez se suceden con más frecuencia, son las que me refuerzan en mi misantropía, y me refuerzan en mi deseo de un exterminio absoluto de la raza humana.

Mucho me temo que en este país de mierda tiene poca esperanza de salvación. La timocracia más el fútbol, unido a la cobardía, el egoísmo y el ‘juntémonos y vayan ellos’, tienen idiotizados a la mayoría de la población.

Adiós, culebras.

PD: Puede que dentro de un tiempo más que dirigirme a culebras tendré que hacerlo a cinturones, botas o sombreros, porque así acabaréis todos: muertos de hambre, pasando previamente por la (en muchos casos bien merecida) miseria. Otros quizá acabemos corriendo por las calles (a saber si protegidos con una máscara anti-gas y unas gafas) para tratar de defender no ya lo nuestro, sino lo de nuestros hijos.

PD II: Curioso que me vea involucrado en esta conversación y al rato lea este patético (por el mensaje que contiene) cómic de J. R. Mora.

No hay excusa: el jueves #29M, Huelga General

Hola, ofidios.

Iba a preparar un sesudo, largo e intenso post acerca de la necesidad de secundar la huelga general. Pero a estas alturas quien llegue a leer este blog ya tiene conexión a internet. Y si tiene eso tiene acceso a toda la información que quiera, y más. Si accede a internet puede esquivar la desinformación (educado eufemismo para no decir basura) mediática con la que nos bombardea la tele, la radio y la prensa.

Lo dicho, no voy a repetir lo que se ha descrito hasta el detalle en miles de sitios: la huelga no es sólo por tu bien, sino por el de todos. Por tus hijos, nietos, hermanos, amigos también. La segunda reforma laboral del #PPSOE, de seguir adelante, nos recortará derechos de una manera una más drástica que la anterior (que ya era la leche, durísima).

Esta entrada del blog va dedicada a los que no van a secundarla diciendo eso de ‘es que si hago huelga pierdo dinero, y no está el horno para bollos’. Que se den cuenta de unas cosas:

  • Si cobran muy poco, y esa situación les jode, que piensen que con la reforma van a pasar a cobrar menos aun. O nada. Un día de huelga en un sueldo pequeño no supone mucha pérdida económica… en comparación con lo que van a perder si no se revoca la dichosa reforma laboral.
  • Si cobra ‘lo normal’ (me horripila pensar en cuánto es eso ‘normal’, ¿mil miserables euros?) que se dé cuenta de un detalle. Pequeño. Nimio. De seguir adelante la reforma que no se extrañen si un día les bajan el sueldo ‘porque la cosa va mal’. Entonces ¿qué? Pues que llorarán, y recordarán ese ‘sueldo normal’ como si se tratara de ‘vacas gordas’. ¿Merece la pena perder un día de tu sueldo ‘normal’ para luchar por mantener ese salario ‘normal’ y quizá optar a uno mejor? Sí. Decididamente sí.
  • Si cobra más que ese sueldo normal tiene las mismas razones, o más, que los otros para hacer huelga. ¿Por qué? Pues porque de seguir la reforma en vigor vas a ser el objetivo del empresario. A ver, empanado: no quieren a gente con un sueldo tan gordo como el tuyo. No les rentas. Así que a tu jefe/gerente ya se le ocurrirá la manera (y el gobierno del #PPSOE no se lo ha puesto nada difícil, recuerda) de despedirte por dos duros. Y una vez en el paro vete a buscar un trabajo con un sueldo como el que has perdido. Entonces te darás cuenta de lo que tenías, y cuán difícil te va a resultar recuperarlo. Vamos, que con un sueldo alto la huelga también merece la pena. Y eso sólo por querer ahorrarse el salario de un día. ¿No cobras tanto, licenciao? ¿Te es tan necesario el salario de un día como para poner en peligro tu futuro y el de los que quieres? Si te pagan tanto supongo que se deberá a que te consideran listo. Pues demuéstralo y piensa en el futuro: secunda la huelga.

Pero veo que aun sin quererlo me enrollo. No voy a hacerlo más, joder: menos influencia de Esteban Rey.

Más de uno y más de dos no secundarán a huelga. Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Aunque puede que sea en el camino de ‘como la huelga ha tenido éxito ahora me apunto a las ventajas que han conseguido los cabrones huelguistas’. Vamos, el cobarde ‘juntémonos pero que vayan ellos’. No voy a decir que ese tipo de gente me da asco porque creo que ya queda claro.

Dedicada a esa basura humana llamada esquiroles les recomiendo la lectura de una entrada alusiva del Teleoperador. Que ustedes lo disfruten. Si trabajan el día 29 quizá nos vemos. Yo en el lado del cliente ‘curioso’, ‘pesado’, ‘olvidadizo de cartera’ o similar. Ustedes en el de gilipollas que no sabe que le están dando pero que bien por el culo (o que no le importa).

Lo dije hace ya más de tres años: o la gente de de este adormecido pueblo de borregos se empieza a mover o vamos a acabar emigrando a Marruecos.

Un saludo.

PD: Ya conozco personalmente a uno que le han despedido aplicándole la maravillosa reforma. Iba a secundar la huelga de igual manera, pero así me dan más razones. Que el esquirol piense en esto: mañana puedes ser tú. O tu hermano. O tu hijo. O tu padre. Luego te quejarás y llorarás, Boabdil de tres al cuarto.

La realidad de los últimos treinta y pico años (II)

Hola, ofidios.

Esto lo tenía pendiente de hace ya varios meses: la segunda parte de La realidad de los últimos treinta y pico años. He de ampliar el listado de tiranos con uno nuevo. Y, cómo no, ya tiene apelativo el recién salido.

La lista resultante queda así:

  1. Carlos V, el triste (3 de enero de 1974 – 1 de julio de 1976).
  2. Adolfo I, el deseado (3 de julio de 1976 – 29 de enero de 1981).
  3. Leopoldo I, el breve (25 de febrero de 1981 – 1 de diciembre de 1982).
  4. Felipe VII, el europeo (1 de diciembre de 1982 – 4 de mayo de 1996).
  5. José María I, el constructor (4 de mayo de 1996 – 17 de abril de 2004).
  6. José Luis I, el traidor (17 de abril de 2004 – 21 de diciembre de 2011).
  7. Mariano I (21 de diciembre de 2011 – presente).

Todos ellos bajo el patronato y supervisión de Juan Carlos I (22 de noviembre de 1975 – presente), y los dos primeros auspiciados por Francisco I el Grande.

Si el anterior tirano, Jose Luis I, estaba emparentado con Felipe VIII, el actual surge de la sombra de Jose María I. Todo queda en casa. En la de unos pocos, se entiende.

No me gustaría adelantarme a la hora de colocarle un sobrenombre al actual tirano, pero todo apunta a que acabará adquiriendo el mismo apodo que Vlad III de Valaquia. Por desgracia, en oposición al rumano, a este nuestro Vlad particular no le veo defendiéndonos a capa y espada del enemigo: más bien todo lo contrario,  ayudando al enemigo (interno y externo) a vapulear y desangrar al pueblo español.

Ya se sabe: a río revuelto ganancia de pescadores. Lo malo es narrar la historia desde dentro del agua, esquivando anzuelos y/o barrenas.

Un saludo.

La realidad de estos últimos treinta y pico años

Hola, ofidios.

Dado que últimamente he hablado de la realidad de España, aquí la muestro de un modo cronológico y un poco más realista, no como nos la pintan cada tantos años.

  1. Carlos V, el triste (3 de enero de 1974 – 1 de julio de 1976).
  2. Adolfo I, el deseado (3 de julio de 1976 – 29 de enero de 1981).
  3. Leopoldo I, el breve (25 de febrero de 1981 – 1 de diciembre de 1982).
  4. Felipe VII, el europeo (1 de diciembre de 1982 – 4 de mayo de 1996).
  5. José María I, el constructor (4 de mayo de 1996 – 17 de abril de 2004).
  6. José Luis I (17 de abril de 2004 – presente).

Todos ellos bajo el patronato y supervisión de Juan Carlos I (22 de noviembre de 1975 – presente), y los dos primeros auspiciados por Francisco I el Grande.

Un saludo.

19 de junio: marcha de Leganés a las Cortes

Hola, culebras.

Hace unos días lo apunté en este blog. Ahora hago un diminuto resumen de la marcha. Cinco horas bajo el sol en muy buena compañía; cinco horas protestando contra los desmanes de la clase política y económica.

Tras la llamada de un colega me uní a la marcha desde un poco más abajo de ‘los cabezones’.

avituallamiento ...¡la gente!

De allí, sin prisa pero a buen paso, pasamos por la Opel en dirección de Carabanchel. Pero antes de llegar a ‘la corona’ la policía nos detuvo. A lo mejor pretendían de verdad que fuéramos en fila de a dos por el arcén.

Atasco al llegar a 'la corona'

Menos mal que al cabo de una rato la columna siguió, tomando todo el carril norte de la carretera a Carabanchel.

Pasando la rotonda ante la M40

Al llegar a la avenida de la Peseta nos juntamos con una buena cantidad de gente. Bien.

Llegando a Carabanchel

Seguimos hacia el centro, encontrándonos con muestras de apoyo, de resistencia (como lo de Magerit) y de indiferencia, esta última sobre todo a modo de gente que nos miraba desde las ventanas y las terrazas de los bares.

Los trabajadores de la SS nos apoyan No nos mires, ¡únete! El Magerit resiste

Al llegar a Pirámides nos juntamos con más gente, y a partir de ahí ya se notó el auténtico mogollón.

Nos juntamos con la gente en Pirámides

La sensación era muy similar a la del 15m, sólo que ya menos de ‘bichos raros’ y más de miembros de algo generalizado.Huelga general Vamos de culo P Todos al suelo

Mucha gente seguía mirando, haciéndonos fotos, incluso desde museos (como si fuéramos arte 😛 ), hasta llegar a nuestro destino.

Desde la parte de abajo del Rastro nos hacen fotos Y pensaba que lo de 'guapa' se lo decian a ella Los turistas tuvieron sesión adicional de España

Me sorprendió ver a los sirios haciendo acto de presencia. Bien por ellos: se llevaron los aplausos y el apoyo de la gente de a pie, más que del gobierno.

Apoyo al pueblo sirio

Una vez que la gente se empezó a disolver nos acercamos a Las Cortes. Allí estaba la basura de la prensa… y mogollón de gente con pancartas, algunas con la curiosa propuesta de un supuesto referendum (eso mismo se merece una entrada independiente).

La prensa Propuesta que me crea dudas RESPETO

Ante la calle de las Cortes

Tras ver la situación dimos la ‘vuelta al ruedo’ y acabamos en la parte de arriba de la calle de las Cortes: el templo de la democracia, la casa del gobierno del pueblo, cercada por policía y barricadas para que el pueblo no puede plantarse delante.

El templo del gobierno del pueblo...

¿Hace falta otro ejemplo mejor de este sistema de despotismo ilustrado, con unos meses de dorar la píldora al personal y luego casi cuatro años de ‘hago lo que me sale de los cojones, y os calláis’?

Esto debe cambiar.

Cómo no, había pancartas para todos los gustos, pero el mensaje de cabreo estaba ahí, siempre presente. Me encanta la de ‘Quedarte en el bar no sirve de nada’, contra esta actitud tan española de ‘juntémonos y vayan ellos’. Más claro, agua.

Labordeta ¡presente! Pienso luego estorbo No nos representan

ni pacto ni ostias Quedarte en el bar no sirve de nada

timocracia Indignados != indignos

Tras la caminata yo acabé agarrando un buen moreno, lo que no me pasaba desde hace años. Pero ha sido por una buena causa.

Una manifa más a mis espaldas. Habrá más. Y espero que más lleguen pronto que tarde.

Esta revolución no hecho sino empezar.

Un saludo.

Marcha desde Leganés a las Cortes

Hola, culebras.

Este domingo 19 de junio puede ser de nuevo, como la del pasado 15 de mayo, un día histórico en este país de mierda: se ha organizado una serie de marchas en todo el país para demostrar que la gente está hasta los mismísimos cojones de la situación y de cómo se está llevando. De nuevo nos la quieren clavar, ahora con una cosa llamada Pacto del Euro (ante el que da gusto ver cómo hay gente que da la cara y dice las cosas en público).

La que me pilla más cerca es la del suroeste de Madrid, para la que se ha creado este cartel:

Cartel de la marcha de Madrid

En mi caso serán en torno a cuatro horas y media de caminata. Habrá que prepararse con cantimplora, bocata, gorra para el sol, cámara de fotos… y un mechero por si al final se decide quemar algo 😛

Ahora, precisamente ahora, es cuando realmente me da envidia la gente que tiene smartphones y puede difundir (lo que equivale a documentar) en directo lo que sucede. Una revolución que me hace envidiar una de las piezas clave de la tecnología social. ¡Quién lo diría!

Pero regresando a lo esencial: hay que salir de nuevo a la calle, que la basura que nos gobierna se de cuenta de que no vamos a parar, que aunque algunas de las acampadas se hayan disuelto la gente sigue ahí, expectante y muy cabreada.

Esta dinámica debe seguir, debe haber más manifestaciones, más muestras de poder. Estamos entrando en la dinámica para lograr que España realmente pertenezca a los españoles y no a lobbies político-económicos. El camino será largo, meses o incluso años. Ello se debe a que mientras en otros países en los que las revoluciones populares han triunfado (como Túnez o Egipto) la situación política era indudablemente dictatorial, aquí durante décadas nos han pretendido aborregar con una supuesta democracia, ese paripé que yo llevo llamando timocracia desde hace ya demasiados años. Ese poder (sobre todo el político, pero también el religioso y el económico, y en cierta medida incluso el judicial) se ha creído ese cuento, constituyendo con el tiempo toda una maraña de mafias. Esas mafias se propagan cual negra telaraña de corrupción por todo lo institucional, ministerial y similar (un ejemplo que conozco demasiado de cerca [y que lo he declarado en mi casa como tema tabú] es el de una abogado de veintimuypocos años, miembro activo de las juventudes socialistas gallegas, ‘ella muy muy lista’ [sic] y que ‘estudió la oposición en veintiséis días’ [sic] para acabar con plaza fija de abogado del estado para el Senado. Tócate los cojones. Como se diría, blanco y en botella: leche. Una hija más de la mafia política convertida en funcionaria gracias a su condición de ‘arrimada’. Ese tipo de realidades me ofenden, me cabrean, me enervan). La mentira democrática ha calado tan hondo entre esas mafias que no va a ser vencida con facilidad. Pero no hay que ceder, no hay que desesperar, sino seguir y seguir.

El domingo 19 sal a la calle y protesta: es tu futuro y el de los tuyos lo que sigue en juego.

Un saludo.

PD de recochineo (madrugada del 15/06/2011): ayer salió el tema de nuevo y me confirmaron (sic) que la ‘superlista muymuy joven abogada que estudia y aprueba oposiciones en 26 días’ tiene como compañero de mesa de trabajo casi todos los días a un tal Jose Luis. Pero, por supuesto, ni es blanco, ni va en botella, ni es leche. ¿Cómo voy a poder pensar eso? Y de paso, en esa conversación, me cayó otra perla: yo soy ‘uno de los culpables de la situación actual por haber comprado un piso sobrevalorado’ (sic). E igual que yo supongo que el resto de gente que ha comprado en estos últimos cinco años un piso también seremos culpables de la situación del país. Que lo sepáis: es vuestra culpa. Toda, toda, toda, por seguirles el rollo a los banqueros y a los políticos. Manda güevos.

El próximo sábado ante los ayuntamientos

Hola, culebras.

Por si alguno no se ha enterado el día 11 de junio se celebran (sobre todo ellos, los políticos) las investiduras en los ayuntamientos. Pues bien: ese día hay que recordarles que están ahí para servir el pueblo, y no a ellos mismos.
¿Cómo? Pues con una sesión de cacerolada. Esta acción forma parte de las que se están organizando desde el movimiento 15M para que no se quede todo en acampadas: hay que hacer ruido, mover a la gente y, mientras tanto, informarla, culturizarla. Que sepan la realidad del país.

Que suenen las cacerolas ante el ayuntamiento de tu localidad.

Pero con esta cacerolada no acaban las iniciativas: otra que puede resultar muy interesante si se consigue movilizar a la gente es la de la marcha al congreso. La gente unida marchando hacia lo que se supone es el órgano que les representa. ¿También sacarán a los perros cuando la gente de agolpe ante el congreso? ¿La prensa se tomará esta iniciativa también a broma?

Hay que seguir protestando. Este mes, el siguiente, todos hasta que escuchen al pueblo.

Un saludo.

Asamblea global: un simple esbozo

Hola, ofidios.

Lo prometido es deuda.

Quien haya leído El juego de Ender y La voz de los muertos (lo siento, pero no pude con más) de Orson S. Card ya tendrán una idea muy clara de lo que a través de la red y con democracia (más oradores) se puede conseguir.

Pero claro, se trata de cosas leídas en libros de ciencia ficción, ese género para descerebrados adolescentes lleno de ‘naves volando por el espacio pegando tiros a monstruos siderales’…

¿Y? ¿Qué pasa si digo que ese sistema democrático que Card plasma en esos libros es posiblemente en un 90% factible ya mismo en esto llamado primer mundo? ¿Qué es una vacilada? Pensad: en el libro se habla de conexión a la red desde casa, de foros de opinión, de avatares, de discursos on line, de comentarios, de validación de usuarios.

Vamos, de cosas inimaginables.

Huy, perdón, que para acceder a esta web he entrado desde mi casa con un ordenador personal. Antes de publicar esto para que lo lea cualquiera que acceda en esta página web he estado en un par de foros informándome. En uno de ellos he usado un nick (léase avatar) y le he dado caña a otro elemento con el que no me llevo muy bien: le he soltado un discurso de tres pares de narices, algo que ha generado algún que otro comentario. Luego me he metido en una web ministerial y con mi certificado digital (único e intransferible, que me identifica como ciudadano de mi país) he realizado algunos trámites oficiales.

¿De qué hablaba antes? Ah, sí, de que lo que decían esos libros no resulta factible ni de lejos ahora mismo.

<clonck>Onomatopeya de sartenazo en toda la cabeza.</clonck>

¿Cómorl? Sí que es posible, como todos sabéis.  La ciencia ficción permite a su lector estar un paso por delante de los no lectores en algunos aspectos. Y éste es uno de ellos, sin lugar a dudas: llevo soñando con ese ideal de democracia real cibernética desde que leí esos libros hace… mucho. Y el momento de verla hecha realidad puede haber llegado: los medios están aquí, y la indignación contra la casta política puede servir de detonante.

¿De qué manera se puede cumplir ese sueño? Pues con algo que, estoy convencido, nos dieron los políticos sin saber el verdadero poder que ocultaba: el certificado digital y a posteriori el D.N.I. con chip. Eso, unido a la infraestructura apropiada, permite hacer recurrente (sin gastar dinero en papeletas, urnas, etc., etc.) y accesible el voto universal. Un voto que se puede realizar tantas veces como se vea necesario sin gasto económico, más allá del de almacenamiento en servidor y tráfico.

Y es que con esos dos medios (realmente se trata de uno sólo, pero con y sin envoltorio físico) se puede conseguir a la perfección el sueño de la democracia real. Y ¡ya!

El certificado digital permite la utilización de sesiones individuales validadas a través de las cuales alzar nuestra voz.

¿Cómo? De la manera que se me hace más lógica (todo ellos desde mi humilde experiencia laboral en desarrollo y testéo de aplicaciones con firma electrónica para organismo ministeriales).

Pasos previos que básicamente sólo se deben realizar una vez:

  • Concesión a Internet del carácter de derecho constitucional, universal o el adjetivo legal oportuno, con tal de que todo ciudadano pueda acceder libremente a internet. Se entrada, y tras la #spanishrevolution, bien que me imagino a los políticos colocándose en contra de esto. Ya se sabe, internet es igual a información y coordinación de ‘gente libre = subversiva’, luego es algo malo.
  • Reparto gratuito (o a precio simbólico) de lectores de D.N.I. electrónico entre los ciudadanos que ya tienen ordenador, conexión y desean votar desde su casa. Esto ya se hizo hace unos años, pero se puede repetir.
  • Habilitación en ayuntamientos, centros cívicos, juntas de distrito, etc. de ‘salas de voto’ para quienes no tengan conexión en casa.
  • Desarrollo de una plataforma de voto mediante a través de web D.N.I. electrónico. La plataforma debería estar auditada las veces necesarias y por las entidades necesarias como para tener la absoluta certeza de que el voto es secreto, fiable y no manipulable. Ahí, en la auditoría, veo el mayor escollo: ¿quien le pone el cascabel al gato? ¿Quién nombra los auditores, y quién se fía de sus resultados?

Pasos posteriores y a usar en cada votación:

  • Se presenta un propuesta a votar.
  • Durante un tiempo quienes quieran/puedan informan de las opciones/consecuencias de la misma (vulgo campaña). Uso de foros, redes sociales, radio, televisión, boca en boca… lo que sea.
  • Elección de una ventana temporal de voto en el que poder ejercitarlo
  • Un ciudadano, un D.N.I. electrónico, una sesión de navegador, un voto y un periodo de x horas (la susodicha ventana temporal) para ejercerlo.
  • Recuento de votos.
  • Medida aprobada o rechazada.
  • Y punto. A la siguiente.

Esto podría aplicarse a las I.L.P. . Otra cosa muy diferente, con ese componente caótico y espontaneo tan recurrente en internet, sería el lanzamiento de iniciativas ciudadanas a través de webs no gubernamentales, como ya se hace ahora. Algo intermedio (una web no gubernamental que supuestamente servirá para alojar I.L.P.s, pero no iniciativas ‘espontaneas’) ha empezado su andadura, MiFirma. Quiero pensar que de aquí en un tiempo permitirá recoger firmas de manera menos estricta… y si no que surgirán otras web que sí que permitan trabajar de una manera más dinámica.

No soy experto en nada de esto de ‘organizar un país’, ni pretendo serlo, y seguro que lo que digo al fin y al cabo son simples sandeces, pero de alguna manera hay que mandar a tomar por culo a los chorizos que nos gobiernan.

Mientras toca seguir esperando.

Un saludo.

AA.VV. – Antología de ciencia ficción española 1982-2002

Hola, culebrillas.

Tras varios años en la pila me pongo con esta recopilación a cargo de Julián Díez. Los nombres en portada son la inmensa mayoría conocidos por mí, alguno incluso en persona, pero por fortuna (por eso de hacer unas reseñas más objetivas) la relación tras todos estos años es escasa, si no nula.

  • ‘Mein Fürer’, de Rafael Martín, nos muestra una obra más de este autor en mi opinión sobrevalorado. En este relato se mete en una historia de viajes en el tiempo de la que luego no sabe salir (posee un final absolutamente carente de sentido, típica huida hacia delante). El estilo que usa, de tan rápido que es, acaba sufriendo el defecto de ocultar los diálogos. Se lleva un 4.
  • ‘La estrella’ de Elia Barceló es uno de los varios relatos que no comprendo qué narices pintan aquí, porque la verdad es que de cifi, muy poco. Más bien su temática se puede definir como de fantasía disfrazada de cifi, sobre todo debido a esos mutantes tan poco creíbles: no se puede obrar un cambio similar en 800 años y al mismo tiempo lograr la estabilidad genética. Aún así el texto posee un aire poético que le hace merecedor de un 6.
  • Con César Mallorquí y ‘El rebaño’ ya entramos en algo mucho más serio. ‘El rebaño’ es un magnífico relato, en parte heredero de textos como La tierra permanece o Apocalipsis. Su eficacia da poco pie a comentario, aparte de decir que se disfruta de cabo a rabo. Sólo le plantearía un pero (muy tonto pero que se me ocurrió al poco de empezar a leerlo): ¿quién esquila a las ovejas? ¿o éstas arrastran sus lanas como bolas de pelo? No recuerdo que se dijera eso en el texto. Un 9.
  • ‘Míster ego’, León Arsenal, nos presenta su ‘El centro muerto’ y defrauda. El relato tiene una lectura muy agradable, sí, pero padece un final en exceso incongruente que peca de fantasioso. Tanto es así que para mí anula todo lo leído antes. De nuevo tenemos fantasía revestida de cifi. Se lleva un 6.
  • El siempre pulcro Juan Miguel Aguilera, de la mano de ‘El bosque de hielo’ nos sumerge en un relato de corte clásico, al estilo de Clarke o Niven. El relato me parece que tiene relación con ese extraordinario universo de Akasa Puspa (digo ‘me parece’ porque no me he puesto a comprobarlo), en lo que creo que son el embrión de los colmeneros. La pena es que el relato se me hizo corto: su brevedad le da casi el cariz de anecdótico, necesitando a mí entender mayor extensión para tratar todo lo que deja entrever. Vamos, que se podría sacar una novela. Le pongo un 8.
  • Con ‘Otro día sin noticias tuyas’, de Juan Carlos Planells, la compilación empieza a caer. En picado. En barrena. Relato insulso y vacío, una sucesión deshilachada de recuerdos a medio camino entre intimista nostálgico y la más ligera fantasía. Su presencia en la compilación no que de ninguna manera justificada. Un 3. Y mucho me parece.
  • Sigue el picado, ahora ya vertiginoso. Otro de los gurús injustificados de la cifi española, Rodolfo Martínez, aporta ‘Un jinete solitario’. De entrada se trata de ciberpum, y eso no me gusta. Además relato negro, menos todavía. Si lo sumamos tenemos un relato que lo ha sufrido. Y mucho. Si le añades un final tramposo (típico del género detectivesco, y razón para que bodrios como Los misterios de Laura los deteste a más no poder) junto a un personaje llorón, da como resultado un texto ostentoso y hueco. Un 2 por no ponerle un 1.
  • Armando Boix, aplicándose sobre los mandos con firmeza, consigue alzar el vuelo en su corto, humilde y efectivo ‘Nada personal’. Le pesa la previsibilidad, pero aun así destaca frente a sus dos antecesores. Un correcto 6.
  • Poco a poco regresamos a altura de crucero con ‘Los herederos’ de Daniel Mares. He de admitir que me gustó mucho más ‘La máquina Pymblikot’, pero éste no desmerece. Sobre un escenario descrito de una manera superficial se dibuja una extraña historia de amor, cuya extrañeza esconde una realidad apenas atisbada. La pena está en el final, que tratando de explicar ese mundo el autor cometa un error de bulto: el origen de la transmisión implica una carambola cósmica muy poco creíble, si no imposible. Aun con todo le otorgo un 7.
  • Poco puedo decir de ‘Días de tormenta’ de Ramón Muñoz. Tras leerlo sólo me venía a la cabeza el anuncio ese del Scattergories del pulpo. Este relato y su inclusión en la compilación es igual: está metido con calzador. Un 4.
  • ‘Una esfera perfecta’, de Eduardo Vaquerizo, no es un relato perfecto, no. Sencillo e intimista (aun con toda la sangre que salpica en sus páginas), se lee muy bien pero no cala. Le pongo un 6.
  • La recopilación acaba con el relato ‘Entre líneas’, de José Antonio Cotrina, un texto indiscutiblemente fantástico (se ve que en España la cifi no da para más y por fuerza hay que meter la fantasía), bien llegado y que agrada, al que le otorgo un 7.

La media final del libro es de 5.6, periodo 😛 No llega ni al bien.

Aquí se termina la lectura y empieza una muy breve opinión: me parece preocupante que en una supuesta antología de nada más ni nada menos que veinte años de ciencia ficción española se incluyan tres relatos de fantasía y un pulpo. ¿Tan bajo está el nivel? Una pena, y muy mala manera de promocionar el género. Pero ¿existe de verdad el relato de género en esas dos décadas?

Un saludo.

Toma los barrios: esto se propaga

Hola, culebras.

El movimiento se propaga, y no sólo por España.

Y yo sonrío.

Aquí la clase política está de resaca, desoyendo (para variar) al pueblo y siguiendo con su actitud ombliguista: unos a regocijarse por el poder adquirido, y otros a ponerse tiritas, con posible amputación de miembros de por medio.

Ellos a sus cosas y parte del pueblo (como bien digo una parte, ya que todavía mucha gente piensa que ‘ésto que han montado perro flautas emporrados y vagos’ no va con ellos) a las suyas: tratar de crear un corriente de acción alternativa que demuestre la indignación que muchos sentimos.

Hasta ahora la principal manifestación de ese descontento la encontrábamos en forma de acampadas improvisadas, con peor o mejor infraestructura, plantadas en ciudades concretas. Esos campamentos, por su carácter semipermanente (el más antiguo no llega a los quince días de vida) y sus requerimientos de una infraestructura relativamente compleja, tienen complicada, si bien no imposible, su prolongación en el tiempo más allá de ¿meses? La logística y la falta de disciplina pueden acabar fagocitándolos en el cáos. Eso hablando de los enemigos internos. Aparte está la casi certeza de que llegará el momento en que a los ayuntamientos se les hinchen las pelotas y digan ‘hasta aquí’ y los traten de desalojar.

Esos son unos pocos inconvenientes de los campamentos. Pero es que hay otro muy gordo: o vas tú a ellos o no puedes ‘vivir’ la experiencia. Eso limita su efectividad como elemento catártico, y mucho menos en lo relativo a un resultado útil.

Pero eso hasta ahora.

Porque ¿y si son los campamentos quienes vienen a tu pueblo, a tu barrio? ¿Y si la experiencia de poder hablar y ser escuchado se planta por unas horas muy cerca de tu hogar? Esa es la idea tras Toma los barrios: llevar a tu mundo  más próximo lo que ocurre en Sol. No son acampadas sino ‘simples’ asambleas en las que la gente escuche, hable y opine.

La iniciativa me parece buena, en tanto y cuanto a acercar esta nueva realidad revolucionaria a más gente. Pero sigue teniendo sus defectos. El más grave de ellos, e imposible de salvar ahora mismo, es su falta de representatividad. Ya se han alzado voces en contra de esas asambleas por ese tema.

Y sin duda el problema es serio: ¿cambiar una oligarquía por otra, mayor pero al fin y al cabo no representativa? Por supuesto que no.

¿Cómo tratar de salvar ese escollo? De entrada resulta complicado, tanto en lo relativo a organización como a validación por parte del pueblo. Sin embargo existen ejemplos que pueden resultar inspiradores. El modelo suizo, por ejemplo: de reuniones a nivel local a una asamblea suprema. ¿Se puede intentar esa dinámica aquí y ahora? Sí… y no. La población española, aun indignada, posee ese carácter tan nuestro de vagos y pasotas. Mucho me parece que se ha logrado al aparecer este moviento del 15M, pero la desidia sigue impresa muy hondo en nuestros cerebros.

Aunque dado un primer paso el siguiente no da tanto miedo. ¿Se podría instaurar las asambleas como una dinámica estable en todos los barrios/pueblos/ciudades de España? ¿Sería factible que los ‘acuerdos’ de cada asamblea se transfieran a una central donde se juntan y los más repetidos se presentan como la voz de una parte del pueblo? Para que todo ello tenga un mínimo viso de valor la asistencia a esas asamblea debería alcanzar cotas casi masivas. Y ahí volvemos a encontrarnos con el problema que Dans comenta.

Pedazo escollo. ¿Insalvable? Hubo un tiempo en que no, pero se trataba de otros tiempos: ahora la realidad nos abofetea con sus cifras. Las asambleas forman parte de la base histórica de la democracia: en la antigua Atenas funcionaban con ellas, en la llamada ekklesía, en la que participaban oradores de pequeñas o grandes cualidades. Pero en aquella época el número de habitantes y posibles voces no tenían nada que ver con las cifras de población actuales. No caben las comparaciones por desgracia. Pretender que la solución al urgente y gravísimo problema político de este país se encuentra en simples asambleas peca de eso, de simplismo. Las asambleas que se están realizando creo que suponen una buena manera de tomar el pulso a la opinión del pueblo y como colector de opiniones, pero poco más. El auténtico futuro del gobierno democrático se encuentra más lejos, en un concepto semejante pero mucho más grandioso: la asamblea global.

Un tema sin duda apasionante… Pero del que hablaré en una entrada concreta 😛

Mientras eso llega, que empiece la guerra de guerrillas.

Un saludo.

PD: sí, estoy últimamente monotemático. Pero es que no todo son libros en la vida, por fortuna/desgracia.

La cosa sigue ¿igual?

Hola, culebrillas.

Un apunte muy breve.

Ya ha pasado el fatídico 22 de mayo: ha caído el telón. Los políticos ganadores ya se creen con las manos libres para hacer y deshacer más entuertos y enriquecerse a nuestra costa, y los perdedores seguro que ya han empezado a tirar de hilos ocultos para salvar/retomar sus chanchullos algo abollados.

Mientras los pardillos de siempre, esos que ha acudido ayer a votar (y yo soy unos de esos), va a ser olvidados por los políticos de aquí a… ¿un año? Por dios, que sólo es un año. ¿Quien ha dicho que esto de Sol está acabado? ¿Que esto no ha valido para nada?

¡No!

Pancartas

  • Hay que seguir protestando: las acampadas como la de Sol deben seguir. Y si no acampadas (es fácil para mí decirlo, yo que me es imposible estar allí todos los días) al menos sí manifestarse periódicamente. Hay que apoyar a esa gente, darles calor y ánimo.
  • Hay que seguir alzando la voz, semana tras semana, y cada vez con más fuerza. Los blogs y las redes sociales (dios mío lo que voy a decir, quién me ha visto y quién me ve) son útiles para esto dado que los medios generalistas están al servicio de los poderes.
  • Hay que seguir educando. A través de la información se consigue ciudadanos responsables. Eso es lo que temen los políticos: ciudadanos que planteen preguntas, y que sepan respuestas. Ayer mismo le ‘descubrí’ a mi sobrino de 22 años que hubo un tiempo en el que ganaba otro partido, un desconocido por la nuevas generaciones: UCD. No ha sido siempre PPSOE: hay más partidos. Abre los ojos a los que los tienen vendados.
  • Hay que seguir denunciando. Con papel, con pruebas. Ejemplo: si en tu centro de salud no hay medios para atenderte no le protestes sólo a tu vecino, sino planta una reclamación. Y luego escanéala, súbela a la red y difúndela. Que se vea la mierda que nos rodea. Ellos se amparan en que esos casos no se revelan para seguir cometiendo tropelías. Que les salten los colores a la cara de vergüenza, joder.

Protesta. Grita. Educa. Denuncia.

Que la red arda con el clamor de los indignados, un clamor apoyado en denuncias tangibles. Si hay que saturar el sistema de reclamaciones del país, se satura. Y mientras tanto se actúa en la red: que las denuncias sean públicas con nombres de organismos o personas denunciadas. Y hay que usar las herramientas que se tienen para que la situación sea más pública a nivel mundial: que a base de googlebombing se asocie España a ‘país saqueado por políticos, constructores y banqueros‘, PP o PSOE a ‘vendidos a los mercados‘, bipartidismo a ‘pueblo toreado‘, Zapatero a ‘pérdida de derechos laborales‘, Rajoy a ‘mi partido tiene un código ético tan útil como el papel higiénico‘, Valeriano Gómez a ‘donde digo digo ahora digo Diego‘. Ya se hizo con la SGAE; que se haga con ellos también.

Ante la manipulación, educación.

Reportero escoltado

Esto no ha acabado. Debe seguir. Lucha. Si no por ti al menos piensa en el futuro de tus hijos/sobrinos/nietos.

El número

Tenemos ante nosotros los que puede que sea el año más importante de la historia moderna de este país, y a saber si de Europa si esto se propaga.

No podemos cejar en el esfuerzo.

No seas irresponsable y alza tu voz.

Reacciona, indígnate, joder. Y si ya has reaccionado, sigue indignado mientras la cosa no cambie.

PD: Pena que esto no lo lea ni dios…

Primera visita a Sol

Hola, culebras.

Hoy he estado en Sol y la impresión ha sido magnífica. Me tiré un buen rato paseando, hablado con algunos puestos,sacando fotos. Disfrutando.

En un momento de relax abrí el cuaderno y tomé algunas notas a vuelapluma. Aquí las transcribo, un poco mejoradas ya sobre el ordenador.

Llegué y, tras reparar en el bien visible mensaje de ‘no botellón’, me encontré con una asamblea: varios cientos de personas sentadas al sol mientras un micrófono pasaba de mano en mano. A unos metros de los que hablaban una chica traducía al lenguaje de signos. El calor era muy intenso, tanto que gorras, pañuelos, paraguas haciendo de parasoles y artilugios similares se multiplicaban. Pero todo el mundo aguantaba y aplaudía las palabras. Así descubrí el ‘aplauso mudo’, un agitar de manos en alto que según se ve es el aplauso visual que utilizan los sordos. Me embargó una intensa emoción, ya que la escena me evocaba a lo que debía haber sido la antigua Atenas, la democracia participativa original. Y pensé en Demóstenes y en El juego de Ender

Asamblea Asamblea II Asamblea y aplausos

Permanecí allí un buen rato escuchando los diversos discursos de los portavoces de las comisiones. Al final, dado que sólo había visto la asamblea, opté por dejar mi sitio y dar una vuelta por la plaza para conocer de primera mano eso de lo que tanto se hablaba.

La osa y el arbusto Contra la Espe, rEspeto

¿Qué me encontré? Juventud, mucha juventud, que con su energía movía todo. Juventud e ilusión. Y muchas sonrisas. Al lado de la juventud también se encontraba gente de mi edad y mayores: paseando bajo las lonas, comentando la situación, debatiendo de la validez el voto en blanco, al nulo o la abstención, sacando fotos, pegando carteles. Una marea de gente viva y con iniciativas. Algo muy lejos de las consignas unidireccionales de un mitin de partido.

Solución

El número

Sí, hay que admitir que se veía mucho curioso. Lógico. Al llegar un puede pensar que hay más de eso que de gente implicada. Hasta que te metes y te dejas llevar. Así, al rato escuchas un voz, luego dos, tres: que si os regalo toda una caja de rotuladores, que si tengo una imprenta y os puedo hacer carteles, que si os traigo agua o pan… Gente que se implica.

La gente habla libremente No demo Reflexionando

Y también gente que se muestra indignada por el ‘salvajismo’, como la mujer que se queja de que han usado la tierra que rodea una de las fuentes para plantar una pequeña huerta. Esa mujer no ha visto, supongo, a la gente (y muchos niños entre ellos) ilusionada con su pequeñas macetitas de plantones de calabaza, tomate, etc. ¿Mejor dejar el secarral que repartir ilusión? Por la manera en que hablaba casi parecía que la robaran… o eso o su sorpresa era tan mayúscula y genuina que me dio es impresión.

Espacio útil

Sigo deambulando bajo las carpas y encuentro todo tipo de gente: desde chicos que se ajustan a la perfección al concepto de perroflauta hasta otros con aspecto de pijos; desde bebés dormidos en carritos u otros a los que los cambian pañales en medio del gentío (sin que nadie ponga mala cara ante algo tan natural) a mujeres ancianas pidiendo la firma al manifiesto de apoyo al campamento.

¿Todos son perroflautas?

Blancos, marrones, negros.

Gente con cámaras de última generación y otros con analógicas parcheadas.

Y entre ellos “el rey” haciendo “real” la acampada.

Y nos hicimos reales

Ofrecen agua, coca-cola (ambas con la opción de con o sin hielos), manzanas, naranjas, bocadillos, platos de comida vegana, cocido, jamón. Y todo gratis para que la gente que ha optado por estar con ellos se vea un poco recompensada. Yo, dado que no quiero suponerles una carga y porque puedo permitírmelo, opto por comer fuera con mi dinero. No pretendo ir de gorrón: con ver la intención me basta (aunque el jamón llama 😉 ).

Mientras espero que llegue mi mujer compruebo que hay infiltrados: sentado en el escaparate de la tienda de abanicos de Montera veo cómo una dependienta le recrimina a un moro el que apoye un bote de coca-cola sobre el mármol; él la responde con gesto despreciativo, negándose a retirar el bote, hasta que la mujer estalla y dice ‘si tú estás aquí para chapear, que te conozco de sobra: todo esto de Sol te da igual’. Ante esa reacción explosiva de la dependienta el moro sale escopetado, murmurando y haciendo ademanes. ¿Realmente encontrará clientes en Sol estos días? También veo varios mendigos que sin lugar a dudas aprovechan para comer y dormir en mejores condiciones estos días: no se les puede reprochar nada dado que ellos también son víctimas del sistema contra el que se protesta.

El espíritu es compartir.

Después de comer un nuevo paseo por la zona acompañado de mi mujer, metiéndonos en todas las zonas de Sol e incluso en Arenal (hacia la plaza de Celenque). Allí vimos cómo los seguratas de Caja Madrid impedían que colocaran carteles en contra del banco.

Ante Cajamadrid Y se acabó Cajamadrid

Más arriba nos unimos (en modo oyente) a una de las asamblea. Comprobamos cómo la policía intentaba que todo se realizara sin molestar a transeúntes… y comercios.

La pequeña asamblea

Regresamos por Preciados. Ante la entrada del Corte Ingles que tiene boca de metro nos topamos con una performance en contra los bancos y las hipotecas que compran/venden almas y vidas.

Pequeña performance en Preciados

Tras llegar a Sol y doblar a la izquierda empezó el momento surrealista de la tarde: me topé con un curioso equipo de televisión (sin ningún logotipo de cadena o agencia a la vista) flanqueado por tres guardaespaldas pero que bien jinchos. Parecía que a nadie le llamaba la atención, pero yo les saqué unas cuantas fotos, mosca.

Los reporteros y su escolta Los reporteros y su escolta III

Desde el primer momento pensé que era unos muy torpes reporteros de Intereconomía: torpes porque si pretendían sentirse seguros, el rodearse de una guarda pretoriana sólo sirve para llamar la atención sobre ellos mismos y soliviantar a algún exaltado. Dimos otra vuelta a Sol y el momento chanante había llegado: la gente al fin se había dado cuenta de la rareza de la situación e increpaba a los supuestos reporteros de Intereconomía. Los gritos en su contra, los cánticos y demás se sucedieron al punto de que al final se tuvieron que retirar. Eso sí, no hubo ninguna agresión ni física ni verbal.

Y la gente al fin se da cuenta

Tras andar un poco más por ahí ya nos retiramos: había estado cinco horas en Sol, y me fui lleno de ganas de volver.

Sin duda es una experiencia gratificante para todo aquel que se llame de verdad demócrata, para todo el que esté harto de la situación que vive el país y busque una solución real a la misma, no una embutida en el mismo sistema que nos constriñe y que sólo sirve para que algunos se hagan más ricos a costa del resto.

No soy McArthur ni el Chuache, pero volveré.

Nota: como se puede notar he optado por no hacer fotos (o no muchas)  del interior del campamento. Quien quiera saber lo que hay bajo las lonas que venga y lo viva.

Un saludo.

La revolución se demuestra revolucionando

Hola, ofidios.

Tal y como deseaba (en el sentido de tener esperanza por ello) la ya llamada ‘revolución española‘ sigue en marcha más allá del 15 de mayo. Y no sólo sigue en marcha: se difunde entre españoles que se manifiestan en diversos países. La cosa crece, y crece… Un ejemplo con mapa y todo es Italia (más en italiano).

Ahora se habla de desarrollar una I.L.P. para elaborar una Ley de Participación Ciudadana. La iniciativa es buena, pero no perfecta: una I.L.P., una vez llega al Congreso, es ‘escuchada’ (viva el eufemismo) por éste y aprobada o rechazada. ¿Qué hará el PPSOE cuando les llegue? No creo que resulte muy complicado adivinarlo.

Pero volvamos al momento actual. El poder político ya ha marcado posturas: no les gusta que la gente se queje de su situación y basándose en la ley electoral intentan dispersar las protestas.


No se dan cuenta (seguramente porque no lo han vivido) de que:

  1. La mayoría de los carteles y peticiones no tienen nada que ver de ninguna manera ni con ataque directo a partidos. Ninguno de los que he visto apoya a partido alguno (de los que yo he visto, ojo), y eliminando mañana y el domingo todos los que digan lo de ‘PPSOE‘ o el ‘No les votes‘ ya no se puede decir que haya una invitación a votar (realmente a no votar) nada concreto.
  2. Las manifestaciones no impiden a los votantes ejercer su derecho al voto. Que yo sepa no se han plantado piquetes en ningún colegio con intención de impedir a la gente el derecho a votar, o coaccionarlos. Ni se tiene la menor intención de ello.

Teniendo esos dos puntos en cuenta lo que nos queda es una multitud descontenta, un gentío que ya no tiene miedo a decir que están hasta los cojones de la situación actual y que le echan en cara al poder el haber acabado así. Eso, por supuesto, al poder que ha permitido todo esto no le gusta. Las verdades a veces duelen. Pero no me parece nada mal que los que alegremente recortan derechos de otros reciban una tanda de sopapos por parte de esos a los que han recortado derechos.

Un partido ya ha reaccionado. ¿Qué pasará? Ya ha pasado: no ha servido de nada el recurso. ¿Y ahora? Seguramente que cada bando seguirá en sus trece: unos tratando de prohibir que el populacho hable, y el populacho diciendo que ‘aquí estoy, no tengo miedo: ten narices y échame‘.

Me voy al sobre. Mañana será otro día, un día muy interesante. Seguro. Habrá que ir a Sol y hacer algo más por apoyarles. El movimiento se demuestra andando. Quejarse en un corrillo ante un café y murmurar o lloriquear no sirve de nada. Absolutamente de nada.

La revolución continúa a la alemana, italiana, belga, francesa… En definitiva, hacia el infinito y más allá.

Llevo todo el día con esta canción en la cabeza. ¡Qué grande Montelius, qué grande Simonsson!

Un saludo.

Después del 15M: la cosa se calienta

Hola, culebras.

Me alegra saber cómo lo que algunos creían (o deseaban) iba sólo a ser cosa de un día se está prolongando. Gracias a la acampada que se ha organizado en Sol lo que empezó en como manifestaciones por todo el país se está volviendo un movimiento similar al de Egipto y su plaza Tahrir. Ayer ya se vio.

La represión policial no ha logrado silenciarles (fotos); muy al contrario le da más difusión a la iniciativa, llegando ya a sitios muy lejanos. Ya se habla, o se grita, de que va a durar por lo menos hasta el día 22. En algunos foros también se comenta el seguir más allá de la elecciones. Y esa es la clave: seguir, no parar. Hay mucho que cambiar, mucho por hacer.

Mientras, algún político objetivo de las protestas trata de defenderse atacando al movimiento popular (olvidando que esos a los que acusa de infantiles son votantes), otro todavía más bizco tira piedras contra su propio tejado: Tomás Gómez arremete (supongo que sin querer) contra Zapatero al decir ‘los verdaderos antisistema están en despachos lujosos’ (a este personaje, Gómez, hay que recordarle por otra frase lapidaria que se le ha vuelto en contra: “me gustaría para Madrid lo que Zapatero ha hecho para España”). ¿Hay algún despacho más lujoso que el del presidente del gobierno que ha perpetrado la reforma laboral que sufrimos? Supongo que igual lujo debe tener el despacho del otro líder que no votó en contra de dicha reforma.

No lo dirán, pero seguro que algunos de ellos deben sentir una respiración a su espalda: es la gente indignada y, lo que es peor para ello, la gente indignada e informada. Esa malvada gente que no sólo tiene una opinión, sino que trata de comunicársela a otros. Horror de horrores para los titiriteros, cuando se dan cuanta de que sus marionetas han descubierto algo llamado tijeras, tijeras que pueden tanto cortar los hilos como decapitar a los titiriteros.

Los próximos días tendrán una importancia vital. Algunos no podemos estar ahí para acompañarles por los deberes de trabajo y/o familia, pero les apoyamos al 100%. Han tardado en estallar, pero una vez la mecha prendida, ¡que arda Roma! Esto puede ser historia.

Un saludo.

PD: Siempre he odiado las redes sociales, pero estoy empezando a seguir lo de Sol y lo de La Porticada. Tiempos extraños requieren medidas extrañas. Y a veces se leen cosas que (de ser ciertas) ponen los pelos de punta.

PD II: Se me olvidó poner la captura de pantalla de la ¿cagada? ¿coladura hacker? del manifiesto de DRY en la web del PSOE. Y acerca de lo que puse antes de Intereconomía, va a ser que no. Lo que no quita que sigan tirando al monte, como perroflautas que de sólo oír las chorradas que dicen (a partir del 14:17) se nota que no saben ni de qué va la movida.

Madrid, 15-M-2011: orgulloso de haber estado ahí

Hola, culebras.

Puede que no haya servido de nada, que los políticos, los banqueros y los medios se sigan riendo de todos los que desfilamos desde Cibeles a Sol reclamando una democracia real, que el gobierno recaiga de verdad en manos del pueblo. Sí, sería triste que todo esto se perdiera como lágrimas en la lluvia, pero puede que así ocurra.

En Cibeles

Aun así, lo puedo decir bien orgulloso: yo estuve allí.

He dejado en flickr un álbum con fotos comentadas como las que acompañan esta entrada del blog, para quien lo quiera ver.

Yo sólo era uno más en medio de  toda una multitud, un gentío protestando indignados, una masa que ha decidido que ha llegado el momento de alzar la voz y quejarse, dejar el comportamiento borreguil y adocenado que tanto desea el poder (el que sigue el lema de ‘consume, paga y calla’) y decir ‘BASTA YA’.

Los chulapos también están hartos Islandia y EFE La bota que aplasta II A pasar todos por al aro, pringados

No puedo negar que acercándome a Cibeles en el cercanías me decía ‘aquí sólo vamos a estar una panda de colgados, los de siempre’. Pero ya en Recoletos vi algo que me alegró bastante: chavales de no más de 18 años que acudía como yo. Y ya al llegar a la rotonda me encontré con la marea humana. Sonreí. Todavía hay un atisbo de esperanza: en este país de mierda, entre su gente de mierda (esa chusma aborregada por el jurgol) todavía hay algunos con sangre en las venas. Gente capaz de indignarse cuando ven que se desmantela todo cuanto le rodean, gente capaz de tener dos dedos de frente y saber que está en juego no sólo su presente, sino incluso el futuro de la siguiente generación.

Especial mención merece ese gran número de jóvenes, muchísimos más de los que había en las manifestaciones promovidas por los sindicatos mayoritarios: ya era hora de que saltaran a la calle y gritaran ‘esta boca es mía’. Al fin y al cabo son quienes más pueden perder. Me alegra muchísimo ver su reacción airada y combativa. Han demostrado que aún existe una posibilidad, porque si las protestas sólo las llevamos a cabo los más mayores, malo: un futuro muy negro nos esperaría.

Las nuevas leyes Manos arriba, esto es un atraco

Estuve entre esa multitud que demostró su indignación ante la situación que vive el país. A lo largo del corto recorrido no se produjo incidente alguno que yo viera. Al contrario, todo transcurrió con ánimo festivo y sin olvidar el cachondeo típico español, como con el Darth Vader y sus amigotes. Anduvimos desde el inicio en Cibeles a las 18:00 hasta Sol, donde se leyeron los manifiestos y discursos (el último de ellos acabó en torno a las 20:30). Dos horas y media de tranquila y vistosa manifestación de poder: el poder del pueblo cabreado con quienes nos dirigen nominalmente (clase política) y quienes lo hacen de facto (la banca).

La manifa en Sevilla II Primera intervención

Luego llegó el momento de la música (con un grupo de rap), pero para entonces yo ya tuve que regresar a casa.

Pancarta gráfica

Ahora los medios destacarán lo que más les conviene a sus amos: los incidentes, los detenidos en los enfrentamientos. Así está la prensa: frente a unas movilizaciones populares en cincuenta ciudades de todo el país, sólo se resalta las salvajadas puntuales de unos pocos energúmenos. Manipulación de la información, y una nueva muestra de cómo el periodismo no es sino la voz de su amo, el político y el banquero.

Eso la prensa de aquí. La de fuera no se ha callado.

Menos mal que existe internet para divulgar lo que otros no quieren. En forma de vídeos, o texto por ejemplo.

Por fortuna esto no va quedar aquí. Habrá más manifestaciones. Y yo estaré allí.

Un saludo.

¿Se acerca el momento decisivo? 15 de mayo de 2011

Hola, reptiles.

Hace tieeeeeeeeeempo ya hablé de una porra revolucionaria (por supuesto el número de participantes en dicha porra fue diréctamente proporcional al seguimiento de este blog 😛 ). Han pasado los años y parece ser que ahora sí que se mueve la gente. ¿Qué ha hecho falta para que algunos salten? Aquí van una lista, ni de lejos exhaustiva, de las posibles razones:

Estas y muchas más cosas han movilizado a una parte de la población. Mientras, buen parte del resto les hace el juego a quienes les explotan y sólo se preocupan del enésimo clásico (sin darse cuenta de que esa panda de millonarios sobrepagados se ríen de sus miserias), por las interioridades de piltrafas humanas o de intoxicarles haciendo que ataquen a quienes, más que menos, tratan de que mejoren sus condiciones (aunque a veces la caquen y bien).

Pero, como he dicho, la cosa cambia. Un movimiento ciudadano y no vinculado a ningún partido político ni sindicato se prepara para salir a la calle de manera coordinada: ¡Democracia real ya! El próximo 15 de mayo, a siete días de una nueva tomadura de pelo llamada elecciones municipales, empieza el pulso entre esos ciudadanos anónimos y la corrupta y endiosada clase política que se deja manipular por los bancos. En Madrid esa clase política se ha dado cuenta de que no los puede callar así a las bravas; en Toledo los políticos ha decidido que las protestas ciudadanas contra banqueros y los políticos no deben salir a la calle (así son ellos de listos, incapaces de pensar que esa actitud bien puede suponer de manera automática la pérdida de votos de todos los manifestantes).

Por fortuna en Madrid, como digo, la manifestación va a efectuarse. Y habrá que ir: día 15 de mayo a las 18:00 de la tarde desde Cibeles a Sol. A abultar. A protestar. A exigir que rueden cabezas.

¡democracia real ya!

Yo voy. Porque quiero una democracia de verdad ya mismo.

Un saludo.