China Miéville – Kraken

Hola, culebras.

Tras haber leído hace un tiempo La estación de la Calle Perdido debo decir que agarré con una mezcla de sentimientos este Kraken. Me explico: el otro libro me pareció de lo más interesante y fresco, invitando a profundizar mucho más en ese mundo de Nueva Crobuzón, pero lo leído en la contraportada de Kraken no me atraía, la verdad. Será una engañosa primera impresión, me dije. Seguro que Miéville hace que olvide la soberana premisa/chorrada inicial del libro despliega un escenario tan rico como el que se veía en Calle Perdido.

Iluso. Jodido iluso. No supe, o no pude, dejar de pensar una y otra vez la absoluta estupidez de la que parte la novela. No podía engancharme en la novela. Me decía ¿pero qué tontería esta, la que se está liando por un puñetero calamar muerto? La cosa no se arregla, pero nada, cuando empieza a enredarse tanto con los cultos como con la huelga. De hecho la aparición de la huelga me resultó de lo más chirriante: dos libros, dos huelgas. Demasiada casualidad. ¿Qué pasa? ¿En cada libro de Miéville aparecerá una huelga? ¿A eso se limita la reivindicación política –que parece muy comprometido– de este hombre?

Huelga o no el libro avanzaba y yo veía cómo la desidia y la apatía me poseían. No me apetecía continuar la lectura. Eso sólo me ha pasado en muy contadas ocasiones en mi vida: Miéville se une al reducido grupo del que ya forman parte Bernard Wolf (Limbo) y Walter M. Miller (San Leibowitz y la mujer caballo salvaje).

Tal desidia me producía su lectura que dejaba lo abandonaba cada vez que tenía la menor excusa y me ponía con otros libros: un total de nueve obras pasaron por mis manos, leídas, acabadas y comentadas, antes de cerrar este Kraken. Me parece muy triste y una clara muestra de fracaso de la obra de Miéville: sólo lo he acabado a base de pura fuerza de voluntad.

No voy a decir más de este libro dado que supondría dedicarle un esfuerzo que no se merece. Le pongo un tres pero a esta nota añado otra más, sobre todo para navegantes: yo soy ese al que La historia de tu vida (Ted Chiang) no le gustó nada de nada.

Adiós.

Washington Irving – Cuentos de la Alhambra (reseña Bukus)

Hola, ofidios.

Bukus Reseñas

Bukus Reseñas

De nuevo cae en mis manos, gracias a la amable gente de Bukus, un libro de Washington Irving. En esta ocasión se trata del famoso Cuentos de la Alhambra. Podéis leer mi reseña en Bukus para saber qué me encontré y qué me pareció.

La figura de Washington Irving destaca sobre todo por dos aspectos: por un lado como pionero en la literatura de los Estados Unidos al convertirse en el primer literato en alcanzar la fama en su país; y por otro, gracias a sus vivencias personales y a su estancia en España, como importante hispanista. Juntando ambas facetas Irving nos regala este Cuentos de la Alhambra. El libro, más allá de una imitación a Las Mil y Una Noches (libro que devorara en su infancia), no se limita a recopilar una serie de cuentos y leyendas, sino que sirve de perfecto folleto turístico de la Granada de época, y de paso de toda esa Andalucía que de forma muy colorida describe.

Un saludo.

Kiril Yeskov – El último anillo

Hola, culebras.

Kiril Yeskov - El último anillo

Kiril Yeskov – El último anillo

Por fin, acabé este condenado libro. Así, tal cual: condenado. El último anillo, de Kiril Yeskov, ha supuesto todo un reto para mi aguante. Partiendo de una premisa muy interesante el libro arranca de forma algo irregular: las secciones onanísticas (esas en las que se nota a la milla que el autor está disfrutando narrando trasfondo histórico, y haciéndolo de manera desmedida) se suceden descompensando el ritmo.

El libro empieza más o menos bien (aun con dichos párrafos onanistas), presentando a unos protagonistas inmersos en una de esas situaciones límite que invitan a seguir leyendo. A pesar de las diatribas culturizantes, metidas a piñón en medio del texto, la narración logra mantenerse interesante más o menos unas cien páginas. Tras ello se hunde de manera absoluta en una serie inaguantable de intrigas que quizá gusten a los apasionados den los libros de espías, pero que a mí se me ha convertido en una absoluta pérdida de tiempo, un marear la perdiz para meter un par de cientos de páginas de paja. Tristísimo me parece poco calificativo para esto: algo que bien llevado podría durar una cuarta parte de espacio y quedar bien solventado, Yeskjov lo retuerce en fintas de fintas de fintas de fintas, y así hasta casi el infinito. Para acabar de embarrar el texto va introduciendo más personajes secundarios que no aportan quien dice nada y más párrafos didácticos. Incluso a partir de ese punto el estilo de escritura cambia, empezando a aparecer párrafos casi humorísticos o satíricos, algo que descuadra con lo leído anteriormente. El autor parece perdido no sabiendo si meterse en más embrollos de espías, si describir los entresijos más insustanciales de la sociedad o narrar las aventuras de su abuelo Pavel cuando luchó en el frente alemán. Un despropósito absoluto.

Pero por fin llega un momento en el que el protagonista principal de esa sección media muere: lo celebramos con brindis, aplausos, ovación, cohetes artificiales y no con una orgía porque aquí somos muy tímidos. Tras ello pasamos página y rezamos para que cambie el tono del libro. y en efecto cambia, pero de mano de un descomunal deus ex machina, versión ‘la solución pasa porque, de entre todos los habitantes de esa enorme Tierra Media, resulta que la clave está en las manos del cuñao del protagonista’. Ale, a tomar por culo. Casi doscientas páginas de intrigas y luego resulta que el cuñao de uno de los protagonistas está en el lugar idóneo, en el momento idóneo, en el puesto idóneo y capacitado para la misión de forma casi idónea. Vivan los cuñaos.

Tras esto el continuar leyendo se convierte en un acto de mucha voluntad. Pero mucha. Llegados al final de la novela sin la menor ilusión… para descubrir que el señor Yeskov todavía tenía ganas de soltar más parrafadas pseudo pedagógicas, en las que incluso se hacen referencias nada veladas a la Unión Soviética.

Llegados a la última página del libro, cuando se acaban las palabras, sólo se puede hacer una cosa: dar gracias. Y pensar en el descomunal chasco que ha supuesto esta lectura. Menos mal que lo compré en edición de bolsillo, porque llego a haberme gastado más dinero y me dan ganas de estrangular cierto Luis G. Prado.

Le pongo al libro un dos y me parece quizá demasiado. Novela sólo recomendable para los muy forofos del Señor de los Anillos, y entre esos los que tengan un cerebro muy poco exigente.

Adiós.

Washington Irving – ‘Rip Van Winkle’ (reseña Bukus)

Hola, culebras.

Mientras intento acabar el tocho que más se me está atragantando en años, El último anillo (llevo con él ya mes y medio y todavía no le veo el final, lo que va a suponer sin duda un 1 o un 2 de valoración), sigo leyendo cosicas que me trae la gente de Bukus. En esta ocasión un clásico por antonomasia de la literatura fantástica americana: ‘Rip Van Winkle’, de Washington Irving. Decir que releer ese cuento supone una auténtica delicia, y se lo recomiendo a todos los amantes del género fantástico. A continuación un extracto de la reseña:

El cuento Rip Van Winklees, junto a la La leyenda de Sleepy Hollow y CUENTOS DE ALHAMBRA, una de las más famosas (y populares) creaciones del autor. Se trata de un cuento corto de corte fantástico al tiempo que costumbrista, narrado con frescura y dotado de notable socarronería. Cuenta con singular cercanía y afabilidad la extraña aventura de un habitante de las colonias norteamericanas cuando éstas todavía dependían de Inglaterra.

Como siempre, quien quiera leerla en su totalidad deberá pasarse por la web de Bukus.

Adiós.

Roberto Alhambra – La Niebla que cubre las aguas (reseña Bukus)

Hola, ofidios.

La Niebla que cubre las aguas, de Roberto Alhambra

La Niebla que cubre las aguas, de Roberto Alhambra

Segunda reseña que hago para Bukus, en esta ocasión de un autor español y de un libro de fantasía: La Niebla que cubre las aguas, de Roberto Alhambra.

[…]  Así, un poco más tranquilos, empezamos la lectura. Tras leer la primera página nos queda bastante claro que toda la narración estará a cargo de un narrador en tercera persona, de tipo observador omniscente. Lo que con esas primeras páginas no podríamos adivinar es el por desgracia demasiadas veces torpe espíritu didacta que dicho narrador posee. Más allá de prólogos más o menos insulsos el texto demuestra poseer un cierto nivel de claridad que lo aleja de la nulidad del señor Kuperman. Al menos Alhambra intentaba mostrarnos lo que rodeaba a los personajes, no se limitaba sólo a contar los acontecimientos. Vale, el estilo de esas primeras páginas se nos hacía algo rebuscado, retorcido (incluso arcaico), pero no le dimos demasiada importancia… al principio. […]

Si queréis leerla al completo id a la web de Bukus.

Adiós.

Juan Miguel Aguilera – Rihla

(Reseña redactada con fecha 12/11/2013.)

Hola, culebras.

Juan Miguel Aguilera - Rihla

Juan Miguel Aguilera – Rihla

Hacía mucho que no leía nada de Aguilera, y de hecho ésta es la segunda novela que de él acabo (no cuento como suyas las de Akasa Puspa dado que están escritas en colaboración con Redal). En la anterior ocasión pasó por mis manos La locura de dios, libro que leí justo cuando salió y que en su momento me pareció magnífico; tras leer este Rilha, siguiente novela en solitario en la carrera del autor, no me atrevo a releerlo no vaya a encontrarme con que le debo bajar la nota.

Así dicho parece que Rihla no me ha gustado. Pues no, no me ha gustado nada. De hecho lo he acabado por pura fuerza de voluntad. Si bien empezó muy bien, aventurillas emocionantes y un misterio agradable, en un momento dado noté dentro de mí un crack, una rotura, un hasta aquí hemos llegado. Puede que en parte de deba a que, convaleciente como estoy, no ando con el ánimo muy elevado. El estar enfermo tampoco me debería afectar mucho porque hace un par de veranos estuve muy enfermo y eso no me impidió disfrutar de La luna es una cruel amante, por ejemplo. Pero con Rihla casi no ha habido manera. Identifico un claro momento de bajón, cuando junto los nombres de Kareem Abdul Jabbar (no, no es broma, aunque a mí me sonó a eso desde el principio) aparecen Piri Reis y Vlad Tepes. Recuerdo que en ese preciso instante dije para mí ‘esto es una coña, un condenada coña marinera’. Incluso lo puse en un twit. De ahí en adelante me di cuenta de que la lectura me producía pereza, suma pereza. Un libro de esta extensión nunca me duele durar tanto, pero éste…

Las páginas se iban sucediendo unas tras otras y no recuerdo emocionarme ante lo que leía. Al contrario, alguna escena me chirriaba, como por ejemplo la naturalidad con la que el brujo maya habla del hielo. Por muy chamán, brujo o iluminado que sea ¿habla como si tal de algo que no ha visto jamás de los jamases? Entiendo que la idea de hielo se le haga conocida a un moro de Granada (no por nada Sierra Morena la tiene al lado y seguro que habría reparto de hielo, fresqueras y demás por aquel entonces), pero ¡un maya que vive en un ambiente tropical con absolutamente ninguna cumbre nevada en miles de kilómetros a la redonda lo conoce! Sí, que me pueden decir que en una de sus encarnaciones lo ha visto, incluso palpado… pero yo eso no lo leo en el libro.

Pero ese error, más o menos menor, no me cabreó tanto como le inicial–final. En la portada pone una cifra, un año: 1485. En la contraportada otro diferente: 890 de la Hégira. Veo esas cifras y empiezo a mosquearme un poco, de manera muy leve. Dentro de la novela se dice que Lisán nace en el año 850 y de que la expedición parte, tal y como pone en la contraportada de la novela, el año 890 de la Hégira.

Fechas, fechas y más fechas. Entre medias dos personajes históricos: por un lado Piri Reis (1465–1554) y por otro Vlad Tepes (1431–1476). Recordemos que pone que Lisán nace el 850 a. H. Ya con esas cifras la cosa empieza a bailar. Bueno, vale: admitimos que en puro plan folletín que Vlad no murió en la emboscada de 1476 y que la tumba en el monasterio de Snagov está vacía (el Empalador huyó haciendo uso de sus artes). Así podemos permitir que un Tepes cincuentón comparta tiempo y espacio con un mozalbete llamado Piri Reis.

Ahora llega la clave que me cabrea más. Yo estudié que la Hégira sucedió el año 622 d. C. Empecemos a jugar convirtiendo fechas.

  • Lisán nace el 850 a. H., con lo que tenemos que 850 sumado a  622 da 1472. Según esto Piri es mayor que Lisan, algo que no se lee en ningún momento del libro.
  • La expedición parte el año 890 d. H. sumamos a 890 los 622 iniciales y nos da 1512. un Tepes casi octogenario y un Reis ya madurito que en esas fechas estaba labrando su leyenda en el Mediterráneo. En 1512 Lisán tenía la mediana edad que se desprende en la novela sí.
  • Se pone la fecha de 1485. En ella Piri tiene veinte años. Bien. Tepes tiene cincuenta y cuatro. Vale. Lisán tiene ¿trece? ¿Mande?

Teniendo en cuanta las fechas aportadas por el propio autor la credibilidad del libro se resquebraja sola. Si tomamos a Reis como referencia y es de verdad joven, la fecha de la expedición está mal y Lisán es un crío de trece años; si por el contrario tomamos las fechas como correctas entonces nos encontramos con un Tepes vejestorio y un Reis entrado en la cuarentena.

Aquí ya hay que dejar de pensar en los personajes como figuras históricas, lo que nos lleva a considerar que el autor sólo ha tomado los nombres porque sí, para llamar la atención. Pero esto tampoco cuadra: en el texto se describe la vida de Tepes con nombres de padre y abuelo incluidos, y hace referencia a su cautiverio de joven con los turcos; y en el caso de Reis habla de su tío Kamal. Entonces parece que sí que se trata de los personajes históricos. Vaya lío.

¿Estamos ante una especia de ucronía exagerada, en la que no se explica el origen de la misma? No se me ocurre cómo encajar fechas y personajes. Eso me reconcome mientras leo, pensando que la novela es una tomadura de pelo.

Pero es que entonces llegamos a la frase final y ya no sé si Aguilera se ha reído de mí o si no tiene idea de lo que escribe. Voy a trascribirla tal cual:

Era el año 897 Hijra. El 1492 del calendario gregoriano.

Acabáramos: según el señor Aguilera (a ver esas mates: 1492 menos 897 da 595) Mahoma realizó la Hégira veintisiete años antes. Joder, que todo el libro se basa en una ucronía de la Hégira y de Mahoma: que el profeta se largo a Medina con veinticinco añitos de nada, todo un chaval. Qué haría a esas edades el muy tunante.

A tomar por culo el libro.

La novela resulta más o menos agradable en cuanto a lo que se refiere de lectura. Aventuritas, mundos y culturas exóticas, cosmogonía incluida, mucha sangre, final con sorpresa… pero lo de las fechas lo mata. Le doy un cuatro pero me ha costado mucho vencer la tentación de rebajarlo más. Mucho más.

Adiós.

Oscar Wild – El retrato de Dorian Gray

(Reseña redactada con fecha 9/11/2013.)

Hola, culebras.

El retrato de Dorian Grey

El retrato de Dorian Grey

Hace unas semanas emitieron en la televisión una adaptación de la novela, en este caso una muy moderna coprotagonizada por Colin Firth. Eso me sirvió para recordar que la tenía en la Pila desde hacía años, en incluso en dos ediciones diferentes, una de Valdemar y otra de El Mundo. Por una simple cuestión de peso (la de Valdemar, al estar realizada con papel mucho mejor pesa más) opté por la de El Mundo. Y creo que me voy a arrepentir, dado que por mucho que se suponga que esa edición es una reimpresión de la de Alianza, me ha parecido descuidada y burda.

A lo que iba, al libro. De todos es sabido que El retrato de Dorian Gray está incluido entre los clásicos de la literatura del siglo XIX. Yo nunca había leído nada de Oscar Wilde (no cuenta un vago recuerdo de haber leído una versión reducida de La importancia de llamarse Ernesto en clase de inglés cuando yo apenas levantaba tres palmos), así que esto me ha supuesto el descubrir al autor. Me he encontrado con un texto a mi parecer demasiado localizado en la Inglaterra de esa época: toda la novela critica la sociedad y costumbres de ese país en ese tiempo, pero de una manera tan implicada (me parece que la novela está llena de guiños, de juegos de palabras, de chascarrillos y puñaladas a personas, situaciones y actitudes concretas) que yo, como absoluto lego de la realidad de la alta sociedad inglesa de esa época, no he podido apreciar.

El elemento fantástico queda convertido en un simple armazón para dar voz a Dorian y, sobre todo, a lord Henry. Éste de personaje surge la mayor parte del discurso escandaloso y chocante de la novela. El autor nos muestra a lord Henry como un bohemio cínico y desencantado, una máquina de proferir frases sin sentido pero llenas de veneno contra lo socialmente establecido. Él retuerce todo lo que ve y comenta colocándolo patas arriba para así obligar al puritano lector inglés a escandalizarse. Dorian se comporta buena parte de la novela como un simple comparsa, un aprendiz de ese gran manipulador y blasfemo de nombre Henry.

Durante muchas páginas, quizá demasiadas, el libro se sustenta en los diálogos, unos duelos verbales llenos de puñaladas y florituras en los que la figura de Henry lo llena todo. El lord utiliza un discurso salpicado de frases contradictorias que sólo pretenden escandalizar al oyente: no hay un discurso coherente, mucho menos una filosofía consistente, sino sólo el gusto por la provocación.

En medio de todo ello aparece Gray. Al principio de la novela Wilde nos lo presenta en la forma de un espíritu tan inocente como aislado del mundo real. Sí, sobre él pesa la sombra de su cruel abuelo, pero más allá de eso no conoce todo lo que Henry le presentará. En ese punto de la novela, la perversión de un alma pura, la novela nos puede recordar a El monje, si bien en esta tenemos la dualidad de la maldad en los personajes de Dorian y Henry.

Un ejemplo de cómo Gray cae en la manipulación de Henry y se sumerge en esa superficialidad que le poseerá el resto de su vida la tenemos en la breve y efímera relación con Sibyl. Lo ridículo supera a lo trascendental, con un único final posible. De ahí en adelante Dorian se sumerge con lentitud pero sin pausa en la depravación, mientras Henry continúa con cháchara sin sentido pero punzante y provocadora. La degradación moral se disfraza de adoración al arte en sus diversas maneras, y así nos lo muestra el autor en un concreto episodio. Pero por otro lado el arte debe de estar controlado y acomodado a esa depravación: cuando llega alguien para denunciar que se está pervirtiendo la belleza ocurre una crisis, cuyo desenlace implica muerte. La superficialidad debe matar al Pepito Grillo que denuncia la podredumbre interior. Pepito Grillo debe morir, así como todo rastro de la desgracia y la locura que la perversión ha parido: las víctimas del comportamiento de Gray no merecen nada más que el olvido, la degeneración y en último caso la muerte como un animal.

Pero esa depravación se acumula y deja un poso que no se puede eliminar: la gloria del cuerpo acaba cediendo ante el temor a la muerte, acosada por el significado de esa antinatural belleza imperecedera. Al fin Dorian descubre que la belleza no lo es todo sin el amor, sin ese sentimiento puro sobre el que tanto ha bromeado Henry. Cuando el amor regresa surge el vértigo ante la degeneración humana que Gray ha vivido y con ello aparece el sentimiento de culpabilidad, el no poder afrontar lo hecho, la nausea ante la huella de los desmanes cometidos. Dorian pasa de la pureza de alma a la más oscura suciedad, y una vez hundido en ella (cuando vislumbra de nuevo la luz del amor), intenta regresar a la superficie. Toda una suerte de epopeya personal. Esto es lo que esconde El retrato de Dorian Gray.

Por desgracia, si bien el fondo no está nada mal, la forma en la que Wilde nos lo presenta resulta enrevesada y cargante, muy (o quizá demasiado) de ese siglo XIX. Algunos párrafos dan ganas de saltárselos debido a la verborrea que usa el autor. A eso hay que añadir que en esta edición hay demasiadas erratas, lo que no ayuda nada a la lectura.

Como un detalle de calidad e intensidad me gustaría destacar la magnífica escena de cuando Gray acude al fumadero de opio: leerlo me ha recordado que nunca he leído nada de Dickens. O al menos nada que describa de primera mano (me refiero a descrito por un autor de la época y del lugar) ese submundo aterrador y sucio del Londres paupérrimo de la segunda mitad del siglo XIX. A mi memoria regresa la sobrecogedora forma en que Simmons lo describía en su Drood. Casi parece que se hubiera inspirado en ello.

Otro detalle de calidad que debo destacar lo tenemos en la introducción, una poética oda que incluso me llevó a completarla en forma de twit. Muy buena esa pieza.

La lectura del libro, en conjunto, ha sufrido de sus altibajos. El poso que ha dejado no ha sido del todo agradable, más que nada por la excesiva locuacidad sin sentido de Henry. Por todo ello otorgo a la novela un 6.

Un saludo.

Edgar R. Burroughs – El ajedrez viviente de Marte

Hola, ofidios.

Sigo leyendo de vez en cuando lo poco que tengo de la Saga de Marte de R. Burroughs. Sé que en La Pila he hablado de ‘el año de las sagas’: cuando George R. R. Martin publique su último libro de Canción de Hielo y Fuego me los leeré todos de una tacada (hasta ahora sólo he leído el primero, que me gustó más por lo que deja entrever del futuro que por lo que contaba por sí mismo). Ese año, una vez acabada de leer la saga de Martin, seguiré con otras que tengo empezadas y no acabadas (o ni siquiera empezadas), como la de La Torre Oscura, Mundo Anillo o el Marte Tricolor, por decir tres.

Pero de ese atracón de sagas he decidido sacar adrede la Saga de Marte de R. Burroughs y la de los Dorsay de Dickson, dado que lo leído hasta ahora ni me gusta ni tiene formato real de saga, sino de simples libros independientes dentro de un universo compartido.

A lo que iba, que me disperso: ¿qué me he encontrado en El ajedrez viviente de Marte? Pues por desgracia más de lo mismo: damiselas en apuros que son salvadas en todo momento por el héroe de turno; acontecimientos que se encadenan con demasiada perfección (los episodios iniciales son claro ejemplo de esto: dos personas se pierden de manera independiente pero, de manera ‘casual’ acaban encontrándose en el mismo lugar, en el preciso momento, y en las circunstancias más propicias para que… bueno, eso, todo metido a piñón). Mención aparte de que en cada libro aparecen más y más razas marcianas. Al final el ‘moribundo’ planeta va a tener más variedad y estar más lleno que la propia Tierra.

En este libro de nuevo parece que nos vemos envueltos en una trama de cartón piedra, con decorados que (aun descritos  por de manera tan adjetivada y ampulosa) no dejan de quedar poco menos vacíos y sin sentido. Los protagonistas parecen a veces gilipollas (tanto los buenos como los malos), impresión reforzada por esa manera de hablar tan arcaica y exagerada, por completo increíble: quedé harto de leer lo de ‘Tara de Helium’, así, tal cual, cada dos por tres. Y eso por no acabar menos loco o cansado de la cansina ambivalencia del autor al hablar de un mismo personaje: refiriéndose a Gahan, tan pronto habla de él con ese nombre, como el Jed de Gathol, como cambia para llamarle Turan el panthan. Por no hablar del pobre Ghek, importantísimo en la trama pero directamente borrado del mapa (u olvidado por el autor) de mitad del libro en adelante.

Una pena que R. Burroughs demuestre comportarse en estos libros como un simple mercenario que llena más y más páginas con apenas cuidado en cuanto a trabajo de la trama, personajes y estructura del libro, ni de pasorespeto de paso hacia el lector, al que debe tomar por gilipollas o retrasado. Me pregunto si en su tiempo alguien encontró los mismos defectos que yo veo… y cómo algo tan chapucero y lineal llegó a tener el éxito que tuvo.

Con todo y por todo, dado que supone poco o nada de esfuerzo del autor por innovar en la saga, se lleva un 4.

Adiós.

Henry Rider Haggard – Ayesha

Hola, ofidios.

Nunca antes he leído nada de Rider Haggard. Más aún, hasta hace unos meses (cuando desenterré este libro de La Pila, que me puse a buscar por la web acerca de él) no tenía ni de quien era. Eso le pasa por tratarse de un libro heredado de la manera más fría posible: de una pila de libros que había en una vieja casa de pueblo que hace años compró mi madre (casa que algún día aparecerá en mi futurible novela –ojo al título provisional, mogollón de cutre– Tormenta Roja, dado que es uno de los escenarios iniciales). Sea como fuere llegaron a mis manos un buen puñado de libros más o menos viejunos, entre los que me llamó la atención este, y así lo aparté.

Y así, sin mucha idea de lo que me iba a encontrar, empecé hace unos días este Ayesha. Y empecé mal, en tanto y cuanto que sabía que era una segunda parte. Sí, la venden como una novela independiente, blah, blah, pero… pero a lo largo de las páginas mi temor se confirmó: hace falta leerse Ella para poder apreciar todos los matices de Ayesha. De esa manera incompleta y coja continué la lectura. ¿Qué me encontré? Una historia de aventuras con grandes dosis de romanticismo (en el sentido ‘amoroso’ de la palabra), una apresurada inmersión en el Asía remota y profunda, en un Tibet que para la época en que se escribió la novela era tan remoto al occidental medio como ahora mismo nos puede resultar Neptuno (no vale la comparación con Marte ya que gracias a los rovers casi parece que estamos al ladito del planeta rojo).

La novela goza de un inicio casi lovecraftiano, con círculo de piedras, invocación, espectro y testigo reluctante incluidos. Tras ella nos adentramos en una agradable mini epopeya hasta llegar a un momento crucial: la visión en la distancia del objetivo, un momento que en cierta medida me recordó a la saga del castillo de lord Valentine (la dispar tetralogía de Silverberg), o también a la Torre de las Nieblas de la saga de Mundo Río (la afamada saga de Farmer). Desde ese punto nos adentramos en un mundo ajeno a lo conocido y no carente de intrigas y maravillas a medida que nos acercamos a la meta final, el santuario en la cumbre del volcán.

Por desgracia lo interesante se puede decir que acaba una vez allí: el autor se enfanga en una historia extremadamente romántica, una lucha entre un amor platónico y otro más carnal, entre el poder casi desenfrenado de lo salvaje y la moderación de lo civilizado, todo ello saturado de un lenguaje decimonónico (que veo que cada vez soporto peor, más si cabe tras el libro que me leí justo antes que éste) que ralentiza la lectura.

Tras acabar el libro me queda un sabor de boca agridulce, como de novela que se reduce a un simple alargamiento de una historia ya contada, y bien cerrada. No digo que el resultado sea insatisfactorio, pero sí que queda a la sombra de algo más grande. Algo que no he leído y que quiero leer. Vamos, que tengo que conseguirme Ella.

Al final se lleva un 6.

Adiós.

China Miéville – La estación de Calle Perdido

Hola, ofidios.

Primer texto que leo de China Miéville, y hay que admitir que me ha encantado. La estación de Calle Perdido es un texto rico y en parte sorprendente. Repleto de colorido y al mismo tiempo oscuro y mugriento, a lo largo de sus páginas nos vemos inmersos en un caleidoscopio de escenas, localizaciones, costumbres y razas. Si bien el editor español ha optado por catalogar el libro como ciencia ficción el texto pertenece a la más pura fantasía oscura: la ambientación se basa en una mezcla la magia (aquí taumaturgia) con una especie de ciencia deforme, tan agarrada por los pelos que se reduce a un mero ornamento.

A lo largo de la novela descubrimos razas y sus culturas asociadas detallados de tal manera que recuerda al ciclo Tschai de Vance. Cada raza está integrada en la ciudad de una manera u otra, haciendo que la ciudad se comporte como un crisol de grupos con entidad y costumbres propias, pero que con el paso del tiempo se han ido integrando de manera más o menos cordial, si bien se mantienen ciertos tabúes (como por ejemplo en el que están inmersos dos de los protagonistas). Todo este entramado sociopolítico y cultural el autor lo describe de una manera fluida y amena, volviendo por momentos la lectura una experiencia casi deliciosa. El completo conjunto de engranajes, cada cual con su propia naturaleza y que sin embargo encajan (bien o mal, forzados o con fluidez), hacen mover esa enorme maquinaria social llamada Nueva Crobuzón. Por supuesto, esas complejas interacciones generan sinergias y tensiones: un ejemplo rico, colorista e intenso lo tenemos en la potente escena de la huelga, los piquetes y cómo son reprimidos por el gobierno. Una escena que a alguno quizá le suene tan subversiva y fuera de lugar, pero que encaja a la perfección con un autor que ha estado metido en política.

El conjunto describe de una manera por completo satisfactoria la ciudad, de tal manera que la propia urbe se convierte en otro personaje, casi protagónico. Todo ocurre en su seno, y de su futuro como organismo social depende la trama de la obra. Porque hay que admitirlo: La estación de Calle Perdido es una novela que bien podría pertenecer a un subgénero arquitectónico, como Los pilares de la tierra, La ciudad y las estrellas, Los años de la ciudad u otras. La ciudad como seno y germen de dramas, epopeyas y luchas, refugio de exiliados y fuente de maldades; purulenta y grandiosa, ruinosa y resplandeciente de belleza. La ciudad, un ente en torno al cual todo se desarrolla de igual manera que en un organismo pluricelular pulula la vida unicelular.

Y qué vida, esa que aparece en La estación de Calle Perdido. Si hay un referente en esta novela, aparte de Vance por la rica y lúcida mezcolanza de especies, es Barker: Nueva Crobuzón recuerda mucho a Yzordderrex, pero esta vez descrita con el detalle con el que se habla de Midiam en Cabal. A lo largo del texto parece que se describe aquello que Barker se dejó en el tintero en cuanto a sus razas de noche y demás criaturas deformes y retorcidas. Una delicia para los amantes de la fantasía oscura y casi sin límites.

Otro detalle a agradecer es el lenguaje usado por los protagonistas: totalmente llano, directo y sin ninguna floritura literaria que pudiera distanciar al lector de esa realidad industrial y decadente de la ciudad.

Pero no todo pueden ser puntos positivos: existen las sombras en este libro, y la mayor de ellas la encontramos en la manera de resolver el problema. El autor echa mano de un ardid demasiado vinculado a la fantasía: el excesivo de la misma. La novela hasta las cuatro quintas partes encaja en la llamada fantasía oscura, pero desde una óptica más o menos racional: se describen cosas, situaciones y personajes que, aun con un componente más o menos mágico, son fáciles de racionalizar. No te obliga a ‘forzar la máquina’. Sin embargo, a la hora de afrontar ‘el recurso’ con el que se pretende solucionar el nudo del problema, el autor empieza a desbarrar con una perorata mística, filosófica, mágica que chirría con el tono que la novela ha usado hasta ese momento. Vamos, un Deus ex Machina de manual. Una pena, la verdad, el ver cómo se enfanga en ese detalle.

Por lo demás admitir que se trata de un libro muy recomendable, y que me invita a buscar más del autor. Nota final: un merecido 8.

Adiós.

Robert E. Howard – Conan el vengador

Hola, ofidios.

Otro libro de la serie de Conan para dentro. En esta ocasión Conan el vengador, un texto que si bien en la tapa pone que es de Howard realmente fue escrito por otras personas, en concreto por Sprange de Camp y por Björn Nyberg. Lo que sí que pertenece a la pluma del texano es la segunda parte del ensayo sobre la Era Hiboria.

En general el texto de la novel es una patata lineal, simplona y ‘todo para adelante’: no hay ni intriga, ni tensión, ni nada de nada. Bárbaro llega a un sitio, bárbaro se encuentra con antiguos colegas (o los hace gracias a su increíble don de gentes y lenguas), bárbaro los lidera, bárbaro arrasa. Entre medio el bárbaro, muy fiel esposo, se tira a varias jamonas. Y punto final. Una historia infantil que nada tiene que ver con las joyas que Howard escribió.

Vamos, un pufo de tres pares de narices que sólo se hace agradable a los fans de Conan como yo.

El ensayo de Howard recuerda un poco al Silmarillion de Tolkien, sino no fuera porque se centra demasiado en la manera en que se derrumbó la Era Hiboria, hecho que se narra sin esa riqueza de detalles propia de Tolkien.

Se lleva un 3, y mucho me parece.

Chao.

Greg Bear – La ciudad al final del tiempo

Hola, culebras.

Hace ya bastante que no leía nada de Greg Bear. Las pasadas navidades, cuando vi en la estantería de una librería este libro, su título me llamó la atención: me recordó a Eón, libro que leí hace ya mucho y que no me dejó mal sabor de boca. Así que me compré esta La ciudad al final del tiempo. Durante unos cuantos meses ha estado amontonada en La Pila hasta que ahora le ha llegado su momento.

Cuando abrí sus páginas esperaba introducirme en una historia de ciencia ficción en un futuro más que remoto extremo. No por nada se habla de ‘el final del tiempo’. ¿Algo como El mundo al final del tiempo, de Pohl? Pues seguramente sí, me imaginaba algo en cierta medida similar.

Pero iba a ser que no. La ciudad al final del tiempo dista de parecerse a la obra de Pohl. Incluso ni siquiera puede calificarse como ciencia ficción propiamente dicha.

¿Qué sucede con esta ciudad? Pues que el conjunto entero del libro podemos decir que es un homenaje a diversos autores, principalmente a mi querido William Hope Hodgson, si bien hay más referencias directas, indirectas o sospechadas a otros autores.

Empezaré por la primera, la más poderosa y descarada: la de W. H. Hodgson. Toda esta obra de Bear supone una especie de reescritura–homenaje a esa descomunal e interesantísima (en cuanto al fondo, que no en lo relativo a la forma) epopeya de Hodgson que es El reino de la noche. Los paralelismos saltan a la vista a las pocas páginas, en cuanto se describe la ciudad de El Kalpa y lo que la rodea. Las similitudes se van acrecentando a lo largo de la novela, hasta llegar a un punto cumbre de homenaje al autor inglés cuando le menta de manera bastante directa: uno de los protagonistas secundarios de la historia habla de cómo persiguió a un soñador que escribió acerca de un reducto muy similar a El Kalpa, soñador que murió en una guerra (Hodgson murió en el frente durante la Primera Guerra Mundial).

Pero como he dicho las referencias y relaciones con otros autores no se quedan en el autor de Essex.

Otra muy fuerte es la de Borges, sobre todo en lo relativo al uso de las bibliotecas y el concepto de ‘biblioteca de Babel’. La palabra Babel se repite asociada a las bibliotecas que se describen en la obra, e incluso en por lo menos una ocasión se nombra al argentino.

Hasta aquí las referencias más directas, pero hay otras más sutiles si bien no menos presentes.

Por ejemplo la manera en la que se describen a ‘los malos’ le recuerda a uno fuertemente al estilo de Clive Barker. Esa maldad retorcida y sucia, deforme y purulenta. Incluso los nombres (como La Polilla o la Princesa de Caliza) recuerdan al tan visual autor inglés. Incluso hay un momento en el que pensé en Yzordderrex (de su bastante digna del olvido Imajica) al tratar de imaginar El Kalpa.

Luego está la para mí bastante clara influencia de Michael Ende, sobre todo a la hora de describir las infestaciones que El Tifón hace dentro de la ciudad. Bear parece describir de manera casi idéntica el efecto de La Nada, el mal que amenaza Fantasía en su inmortal La historia interminable. Por otro lado Bear también insiste en el poder de la palabra (y por extensión de los libros) como fuerza creadora y sustento de la realidad, al igual que la Hija de la Luna enseñó a Bastian.

No se puede uno olvidar, en un libro que habla de la lucha contra el caos, de Michael Moorcock. La manera en la que el caos aparece en la novela recuerda muchísimo a la que el inglés  usa, sobre todo en los viajes de Elric. Por no mentar que el objetivo de la búsqueda de los protagonistas tiene cierto aire de Tanelorn, sobre todo cuando la describe como ciudad neutral que intenta mantenerse aparte de disputas y que sirve de refugio a los exiliados de todas las facciones. Vamos, Tanelorn.

Para acabar no puedo evitar mentar a Stephen King. A lo largo de la obra se hacen varias referencias a algo que casi parece Torre Oscura. En plan ya muy rebuscado juraría que hay ciertas insinuaciones de algo semejante al Rey Carmesí (o incluso al Rey En Amarillo, de Chambers), sobre todo por la manera de describir a ‘la hermana mala’.

Pero bueno, dejémonos de las posibles influencias del libro. ¿Qué nos encontramos en La ciudad al final del tiempo? Pues de entrada muy poca ciencia ficción, o mucha, si nos ceñimos de manera estricta a la tercera ley de Clarke. Vamos, que el libro más que nada pertenece a la fantasía, o como mucho a la fantaciencia.

Como trama poco hay que decir, la relación con la obra de Hodgson resulta tan extrema que no resulta nada difícil intuir el final, o algo muy cercano al mismo. Alguno de los paralelismos con el libro del inglés son poco menos que mosqueantes, como el caso de El Testigo y su clara influencia con respecto a los vigilantes de ‘El Refugio’, o la situación casi final con respecto al segundo refugio. Los paralelismos con el clásico, al menos, no resultan tan sangrantes como en otros casos. El libro avanza con lentitud, quizá con demasiada, tanto que a mitad del mismo todavía uno está esperando que ocurra algo importante. Se va saltando de un personaje a otro sin acabar de generar tensión, y en caso de algunos quedan mal explicadas sus habilidades. Al menos a mí no me cuadra lo del desplazamiento. Todo está explicado sin pillarse las manos, más aduciendo a la magia que a la ciencia, lo que en mi caso personal supone un lastre, un ejemplo de vaguería y poco compromiso del autor. Además al inicio del libro nos encontramos con que el autor disfruta de su momento onanista cuando describe de una tacada el entorno (más que nada las últimas edades del universo) que preceden a la instauración de El Kalpa.

Detalle quisquilloso: la manera de tratar el caos de nuevo peca en lo mismo que pecó Moorcock, equiparar caos con maldad. ¿Por qué autor tras autor se empeñan en meternos en la cabeza que lo aleatorio sólo puede significar maldad y corrupción? ¿En ese inacabable abanico de posibilidades nunca cabe algo positivo o bello? La ley y su estricta tiranía pueden ser tan terribles como el absoluto caos (idea que ya esbozó el propio Moorcock, para luego olvidar en sus textos). Entre la panoplia multicolor del caos puede tener su sitio oasis de bondad.

La edición que he comprado esta digamos que… mal. Bastante mal: bolsillo con numerosas, demasiadas, erratas. Al principio pensé que se trataba de un problema del traductor, Pedro Jorge Romero, pero al cabo de las páginas y más páginas de errores no sólo ortográficos sino incluso sintácticos sólo me queda pensar que se trata de una versión sin corregir, sin galeradas. Un nuevo triunfo para la profesión de editor.

En definitiva se trata un libro para pasar el rato, y para el que debes armarte de un poco de paciencia, sobre todo al principio. Insisto en que aunque lo vendan como ciencia ficción (así está encuadrada dentro de la editorial) pertenece más bien a la fantasía o a la fantaciencia. Nada que ver con un Clarke, Forward o Benford, por ejemplo. Si te gustan los autores a los que homenajea le encontrarás un cierto puntillo gracioso. Como nota le pongo un seis apuradito, que ya es bastante.

Adiós.

Robert E. Howard – Las extrañas aventuras de Solomon Kane

Hola, ofidios.

Hasta ahora, en lo relativo a Howard, me había centrado sólo en Conan. Pero ya era hora de cambiar de personaje. Aprovechando la película que se rodó hace no mucho, Valdemar ha publicado este tomito con todos los relatos que Howard le dedicó a este puritano cafre.

Según pone en la introducción (a cargo de míster engreído-prepotente-sobrao, que también se ha encargado de la traducción) a los textos originales de Solomon Kane se les ha dado a lo largo de la historia cierto lavado de cara, eliminando aspectos y expresiones que con el tiempo han entrado en lo ‘políticamente incorrecto’. Esta edición que he leído se supone que es fiel al texto original. Al menos sí que se leen varios detalles de corte racista que me recuerdan en cierta medida a los de Lovecraft.

Pero vayamos a los textos que incluye el libro.

  • ‘Cráneos en las estrellas’ es un relato sencillo y de desarrollo lineal, al que buena falta le haría un giro argumental o alguna sorpresa final. Le otorgo un 5 raspado.
  • ‘La mano derecha de la maldición’ parece una revisión literaria del film Las manos de Orlac. El relato adolece de excesivas explicaciones finales, que empañan un final previsible. Se lleva un 4.
  • ‘Sombras rojas’ no tiene nada que ver en cuanto el desarrollo de la historia con ‘Clavos rojos’, uno de los mejores relatos de Conan, por mucho que su título parezca indicarlo. Sin embrago el texto sí que tiene cierta relación, en lo que a ambientación se refiere, con algunos del cimmerio. En este relato, además, se da la casualidad de que la manera en que Howard describe a su héroe me recuerda mucho a la forma en que Moorcock hace lo mismo con Elric: una criatura extraña, de mirada dura y melancólica, de piel pálida; un individuo anclado en un código moral demasiado estricto (quizá trasnochado) y con una actitud que hace que quienes le rodeen le rehúyan. Otro detalle curioso (y que se irá repitiendo en otros relatos) es la aparente memoria atávica de Kane. Me recuerda a lo que más adelante sería Erekosë. ¿Se inspiró Moorcock en este detalle de Kane para crear su campeón eterno? Ni idea. Pero lo que importa es que el resultado final del relato es muy satisfactorio, mereciendo un 8.
  • Con ‘Resonar de huesos’ regresamos a la idea subyancente de Orlac. Y huele. Además el texto tiene un detalle demasiado torpe (rotura de la cadena) que ya te dice cómo va a acabar. En resumen, un texto muy poco original que se lleva un triste 4.
  • La historia de ‘Luna de calaveras’ es la más extensa de todo el libro. Y por desgracia de nuevo tiene un cariz lineal. Todo está metido a piñón fijo, para que encaje y lleve al héroe a un único destino. Los acontecimientos se suceden uno tras otro de la manera más apropiada para que todo acabe como debe hacerlo. Para colmo nos encontramos con una apoteosis final en exceso oportuna. Sin duda en aquella época (años 20-30 del siglo XX) ese tipo de finales apoteósicos debían resultar muy efectistas y cautivadores, pero ahora quedan trasnochados y demasiado forzados. Algo positivo en el texto lo hayamos en la atmósfera lovecraftiana que lo envuelve en una buena parte de su extensión, detalle que yo (fan del de Providence) agradezco. Le pongo al relato un 6.
  • Ahora le toca el turno a ‘Las colinas de los muertos’. De nuevo en relato con el espíritu de Conan, y que posee una escena final muy jugosa, con los buitres haciendo acto de presencia. Se lleva un 7.
  • ‘Alas de la noche’ repite casi el inicio de ‘Sombras rojas’, presentándonos a Kane como un justiciero vengador siempre dispuesto a castigar al malvado. Pero a medida que avanza esto cambia del ‘corre que te pillo’ al ‘en un tiempo pasado ocurrió esto’ muy lovecraftiano. Por desgracia los malos no me acaban de gustar, apareciendo mal dibujados, demasiado tópicos. Algo en ellos me da la impresión de no haber sido bien pensados. Lo peor llega al final de la historia, cuando demuestran ser tontos de remate. Le pongo un 6 al relato.
  • En ‘Los pasos en el interior’ una vez más nos encontramos con Conan, en un relato divertido pero demasiado sencillo, lo que le otorga un 6.
  • Tras estos relatos de Kane aparece el único relato que escribió Howard de Sonia ‘la roja’, la que luego se convertiría en el cómic en Red Sonja. Nada tiene que ver el personaje de Howard con el de los tebeos. El relato en cuestión se titula ‘La sombra del buitre’ y, casualmente se puede decir que es el mejor de toda la recopilación. Una historia que engancha, carente de elemento fantástico pero rebosante de acción y tono épico. El carácter pendenciero, independiente y rabioso de la Sonia de este texto destaca sobre el resto de personajes, bastante planos y manidos. Ignoro cuánto de real hay en las descripciones tanto de la Viena del siglo XVI como de la corte de Solimán, pero el resultado es creíble, colorido y agradable. Le pongo un 8 alto al relato.

Concluyendo, la recopilación de cuentos tiene sus altibajos, pero en conjunto se lleva un 6 raspado.

No quiero olvidarme de hablar de la portada del volumen, la ilustración de Juan Antonio Serrano García: no tiene absolutamente nada que ver con ninguno de los ocho textos protagonizados por Solomon Kane. Pero ni de lejos. Hay lectores, sobre todo jóvenes, que esperan que la portada represente una escena (o el espíritu) del libro que presentan. Pues bien, si esperaban descubrir qué eran esas criaturas purpureas se van a quedar con las ganas. Parecerá una chorrada, y para muchos lo será, pero a mí me demuestra una falta de respeto tanto al autor (no se han molestado en plasmar algo de la obra) como al lector (por lo que he dicho antes). Ya como impresión personal de la portada, me parece un dibujo extremadamente rígido, sin vida: me recuerda a los momentos más chungos de Ernie Chan, de cuya muy reciente muerte me acabo de enterar al hacer la búsqueda para poner este enlace. R.I.P.

Un saludo.

AA.VV. – Art Nalón Letras 2004

Hola, ofidios.

Después de cosa de siete años saco de la pila este libro. Lo conseguí por participar en el Art Nalón Letras 2005, en el que (como es lógico) no obtuve nada. A excepción de este reducido volumen. Y acerca de su contenido voy a escribir ahora un poco.

Ante todo hay que decir que el nivel medio de los relatos ha sido aceptable, pero no como para echar cohetes. Se nota que hay mucha gente aficionada participando en el mismo. Se trata de un concurso orientado a la ¿juventud?, a escritores de menos de 37 años. A esa edad ya hay gente que escribe mucho y muy bien, pero por lo que sea en esta edición ese tipo de concursante no abunda.

Pero vayamos al contenido. Los tres primeros relatos están escritos en bable, por lo que ni siquiera los he ojeado. Así que pasamos a los escritos en castellano actual.

El relato ganador, ‘Puerto Hambre’ de Mar Sancho Sanz, sufre un defecto estilístico a mi entender descomunal: está todo él (cuatro páginas y pico, y en torno a las 1.200 palabras) redactado en un único a inacabable párrafo. A lo mejor se podría decir que es un recurso estilístico o… no sé. Pero a mí me parece un error de bulto, algo que de por sí ya lo invalidaría para obtener ningún galardón. Más aun cuando al leerlo los puntos y aparte saltan a la vista. En cuanto a la historia se puede decir que este sencillo relato surge de una simple anécdota. El final del relato (aviso de que lo voy a reventar) chirría bastante en tanto y cuanto que Gastón no es un nombre muy español, precisamente. Hay alguna que otra frase extraña, como la del ‘betún de croata más alto’ Hay otros fallos, en este caso de edición, como el cambiar ‘turno’ por ‘tumo’, o un ‘d el’ que sin lugar a dudas proviene de un ‘del’. ¿Envió el relato en papel y el OCR provocó estas erratas? En resumidas cuentas, un relato gracioso que se lleva un 6.

Tras el ganador en libro se incluyen otros relatos seleccionados por el jurado.

  • ‘El murallón de Sindarleza’, de Santiago Javier Ambao, resulta un relato mejorable, sobre todo en temas ambientación. Mezcla detalles que dan una idea de modernidad (como un centro comercial, un centro de esparcimiento y un hospital) con otros de toque fantasía medieval (el murallón, las torres de vigilancia, etc.). Precisamente la primera aparición del murallón es una imagen sugerente. O al menos para mí, que ya escribí hace años un relato acerca de un muro (relato que ahora que lo pienso bien podría ser recuperado/revisado y acabar en Eterno V2). Otro defecto del relato es la falta de coherencia, o de lo que para mí es coherencia: esos cien años de que habla no me parecen un lapso de tiempo suficientemente largo como para darle el aspecto añejo de lo que incluye el párrafo. Aparte del sinsentido de entregar toda la producción de oro a ‘los otros’. ¿Entonces en qué se basa el comercio de la colonia? Luego está el tema de la mentalidad de los colonos, que se anticipan a lo que les pueda suceder sin base alguna de sospecha, o su capacidad de ver lo que hay más allá del muro sin atreverse a echar una ojeada. ¿Cómo saben que hay patrullas al otro lado si nunca han mirado? Todo esto hace que se lleve un humilde 5.
  • Nuria C. Botey nos presenta ‘Oficina de cambio’, un relato muy corto y prácticamente vacío. Se basa en una única idea sin aportar nada. La poca originalidad se acentúa al darse cuenta de que todo se reduce a un ‘paren el mundo que me bajo’, algo ya muy viejo. Le aplico un 4.
  • ‘El culto’, de José Luis Erausquin Granados, mantiene un buen tono. Sólo al final se adivina de qué va, lo que supone un éxito. Lo único que el tono casi medieval o preindustrial del inicio de la historia no encaja con la resolución final del mismo. El relato se merece un 7.
  • El relato ‘Café de contrabando’, de Mercedes González Alonso, está bien escrito y posee un ritmo interesante. Incluso al inicio posee unas imágenes llamativas. Por todo ello le pongo un 7, nota que podría haber superado de no existir algún defecto, como la mención  a Profidén, que no encaja con un relato por lo demás limpio de marcas o llamamiento a ‘lo real’.
  • El texto de ‘Nassau’, de nuevo de Mar Sancho Sanz, padece el mismo defecto que el ganador del concurso: se trata de un único y descomunal párrafo. Acojonante que pasaran ambos dos la criba (por no hablar de que uno de ellos ganara). Aun así la historia no queda mal. Tiene un giro argumental que le aleja del típico (y vacío, sencillo, manido) argumento emocional para adentrarse en uno más duro. Un relato al que le aplico un 6 que bien hubiera podido llegar a 7, de no ser por el defecto estilístico.
  • Llegamos a ‘Jardineros’ de Jaime Alejandro Roda Bruce. Por fortuna este relato es corto, por lo tonto que resulta. Nos hallamos ante un texto sobre cargado de palabrería ‘técnica’, a veces ridícula, con términos entiendo que introducidos más por su sonoridad que por su eficiencia en la historia. Pero la referencia a Oort supera lo tolerable, dando ganas de dejar el relato. El final resulta tonto, una fantasía que no va a ningún lado. Le doy un 4, y bastante me parece.
  • ‘Albricias’, de Roberto Vivero Rodríguez, al poco de empezar ya me provoca horror con una simple palabra: ‘imeileaban’. Semejante salvajada ya supondría cerrar el libro, o cambiar al siguiente relato. Otro defecto es el tono que se usa en la narración, que a veces se confunde entre un narrador distante a otras con un protagonista involucrado. El resultado final es una chorrada ‘humorística’ (supongo) en un estilo nada de mi agrado. Le pongo un 4.
  • Jonathan Préstamo Rodríguez nos presenta ‘Entrar, saludar, salir, esperar’, un relato que me ha pillado por sorpresa. Admito que no había captado la temática hasta justo el final. Eso ya me gusta (o a lo mejor es que leer de madrugada en el metro supone a veces tener esos despistes). No me acaba de cuadrar el que el protagonista conozca a la gente parte de la gente del vagón. Aun así le pongo un 7.
  • ‘Celia pies de flor’, de Carlos de Puerto Martín, es una pequeña delicia. Sí, por unos momentos se pierde (cuando habla de los niños y el fútbol), pero luego regresa a esa fantasía onírica delicada, deliciosa. Un muy merecido 8.
  • Con ‘Una nota en la cocina’ de Ismael Piñera Tarque nos presenta juna historia sencilla y emotiva, pero que funciona, con una final que agrada y sorprende. Eso le hace merecedor de un 7.
  • El mismo autor, Ismael Piñera Tarque, repite relato en la compilación con ‘La apuesta’. Se trata de un texto menor en comparación con el anterior, una historia que se reduce a una anécdota y que tendría mucho mayor peso e interés si estuviera contextualizada (y ampliada y acompañada de otras similares) dentro de ese interesante Breve historia del odio. Le doy un 5.
  • ‘El ladrón de flores’, relato de José Manuel Moreno Pérez, tiene aire de clásico, de texto costumbrista, humilde y sencillo. En general se puede decir que está bien escrito, salvo la parrafada inicial, y posee un buen final. Se trata de una historia realista y pícara, un texto de agradable lectura. Todo ello le otorga un 7.
  • Acaba la compilación ‘Plato de jnuuj’, de Juan Jacinto Muñoz Rengel. Nos hallamos ante un texto de corte surrealista y graciosillo. Tiene un pequeño error, que sin embargo supone un detalle casi vital en el desarrollo de la historia: no explica cómo consigue el jnuuj, algo que se supone es rarísimo y casi inconseguible. Sin embargo ese problema lo ventila en un plis, como si no hubiera supuesto un problema. Esa búsqueda de un ingrediente tan exótico buen hubiera podido suponer todo el relato. Pero no. Un fallo; el fallo. Aun con todo no me acaba de gustar ese ‘humor’, por lo que le aplico un 6.

Una vez leídos todos los relatos nos da media de 5’93. No llega por poco al bien. Sin embargo me dan ganas de leer más de otras ediciones. Supongo que será imposible hacerme con copias de otras convocatorias: se agradece que alguien me las regale.

Y así de paso me regodeo viendo cómo otros más jóvenes llegan a algún sitio (publicar y todo eso) mientras yo desperdicio mi vida sin llegar a ningún lado. Positivo que está uno, sí señor.

Un saludo.

Edgar Rice Burroughs – Thuvia, doncella de Marte

Hola, culebras.

De nuevo una reseña escrita muy a posteriori, concretamente el día 28 de octubre de 2012.  En esta ocasión me toca este texto del creador de Tarzán, Edgar Rice Burroughs, que nos vuelve a llevar a ese Marte imposible y romántico suyo.

Thuvia, doncella de Marte es una obra desenfadada, directa y simple, sin sorpresas ni especial misterio, llena de malos muy malos (preferiblemente feos) y buenos muy buenos (a ser posible guapos y fortachones). Vamos, un texto para apagar el cerebro y escrito también así, con el piloto automático para atraer a un lector sencillo, nada exigente. En definitiva, un guión simplista, de los de ‘todo para adelante y mascadito para el protagonista’. Muy pulp, muy de la época. Muy mal envejecido. En su momento no digo que esta novela tuviera buen aceptación; leerla ahora te obliga a implantarte con fuerza el chip de ‘lector de los años 20’, que si no no la disfrutas.

En cuanto a los detalles del contenido hay que decir que de nuevo nos encontramos ante una obra que tiene mucho más de fantasía que de ciencia ficción, perceptible sobre todo en lo relativo a los poderes personales de alguno de los protagonistas. El amigo Carthoris es mucho más que un superhombre: el elegido del destino, al que todo le sale bien, o incluso mejor. La pobre Thuvia se resume en un bonito maniquí manipulado de un lado para otro, que ve cómo su paladín va detrás de ella a todo lo largo del planeta.

Qué decir de la edición… pues mala (incluso en la elección de la tipografía), con errores de ortografía y fallos de maquetación, como por ejemplo el mal uso del guión largo en los diálogos. El conjunto crea un aspecto general de aficionado; lo mismo podemos decir de la traducción, poco menos que descuidada. Pero es que en ese aspecto sigue al resto de libros de la colección Omean.

En definitiva, le pongo 5 y bastante me parece.

Adiós.

Haruki Murakami – El Fin del Mundo y un despiadado país de las maravillas

Hola, ofidios.

Por primera vez en mi vida, si no me engaña la memoria, leo algo escrito por un japonés (no vale manga, que es cómic). Me habían hablado bien de este autor, Haruki Murakami, concretamente del la obra Tokio Blues. En FNAC por esos días estaban poniendo por todas partes stands con sus libros y, cuando me encontré este de tan curioso nombre, me lo compré por impulso.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas me ha dejado un sabor de boca amargo, nada satisfactorio para un autor mundialmente reconocido y al que acaban de dar el XXIII Premio Internacional de Catalunya. ¿Por qué? Pues porque en algo como la fantasía con este libro me demuestra que cuando lo escribió (1985) no tenía casi ningún dominio del género. O eso o el autor es un ñoño de tres pares de narices.

El libro se divide en dos escenarios muy claramente diferenciados:

  • Por un lado hay un Tokio de un futuro cercano, muy cercano. En ese futuro se ha desarrollado una técnica de computación que, por la manera en que la desarrolla (luego hablo de ese detalle), bien podría haber surgido de la mente de Cronenberg: el uso de un cerebro humano modificado mediante cirugía para ‘encriptar’ datos. Vale, eso no supondría de por sí nada nuevo, ni bueno ni malo. Pero cuando el autor intenta entrar en los detalles se pierde y alcanza niveles de patetismo que a mí me ha sonrojado. Un simple ejemplo: la entrada de datos el bioencriptador se realiza de modo visual (en ese aspecto nada que objetar), y la salida de datos ya encriptados es ¡tachán! ¡hojas escritas a bolígrafo! Sin comentarios. Bueno, sí que lo comento: con Cronenberg la salida de datos hubiera quedado de igual manera orgánica, incluso seminal, y sin duda mucho más efectista. No como este truño de Murakami. El resto de situaciones que se describen en la sección ‘futuro’ van desde lo retro o cutre (como los dos macarras, que parecen sacados de un manga) a lo sin sentido (los discursos pseudocientíficos que suelta el profesor), con lo ridículo (como el uso de los clips) entre medias.
  • Por otro lado una sugerente y misteriosa ciudad. En ella hay unicornios, a las personas se les extirpa con cuchillo la sombra, la biblioteca está llena de cráneos, la gente no tiene corazón (de manera literal)… Sin duda un entorno que en otras manos daría lugar a toda una serie de historias de lo más sugerente. Pero lo que digo: en otras manos. En manos de Murakami todo se reduce a una ñoñedad absoluta de sentimientos ñoños, acciones ñoñas y discursos ñoños. Una cosa es la ñoñedad de textos como La historia interminable, en el que el público al que estaba destinado (infantil y juvenil) justifica ese mensaje babosón. optimista y sentimental; otra muy diferente este texto, que en principio (y casi sin él, si se tiene en cuenta la psicología del protagonista) orientado a un público adulto. Pero adulto no equivale, al menos en mi caso, con simplón.

Resumiendo: por un lado tenemos un muy poco acertado escenario pseudofuturista, y por otro lo que muy bien podría ser una fantasía oscura que acaba convertida en una ñoñedad sin límites.

Tras acabar el libro me parece como si el autor hubiera dicho ‘ale, que en este libro me voy a poner a escribir cifi y, olé mis huevos, la voy a mezclar con fantasía’, todo ello sin tener el menos bagaje en ambos géneros. Así le queda algo torpe, descafeinado y en muchas ocasiones ridículo texto.

¿Qué salva al libro? La creación del protagonista y la manera que tiene de describir su manera de ver el mundo y reaccionar ante él. Murakami demuestra tener buenas dotes de narrador de historias. Lástima que en este libro lo quiera revestir de fantasía, lo que le hace cagarla de manera radical. Al menos para alguien acostumbrado a moverse por esos lares.

Como nota final le pongo un 5, y se salva del suspenso por esa manera de contar la historia/desgracia del protagonista.

Habrá que leer otro libro de Murakami, uno en el que no se ahogue en el género fantástico.

Un saludo.

Proyecto de Iván: buscoaliados.com

Hola, culebras.

Os presento la nueva aventura editorial de alguien muy especial, Iván Hernández (para mí siempre será DisneyMan, y autor de algunos dibujos de otras épocas): buscoaliados.com.

Se trata de un intento de promoción de una trilogia de temática fantástica en la que está trabajando, El futuro no tiene aliados. La idea de promoción se basa en el ‘apoyo’ a través de feisbuk, con los ya típicos ‘me gusta’. Haciéndose ‘fan’ de la web recibiréis regalos electrónicos. Como no podía ser menos posee una página en el citado servicio. También posee su propio torrente de pío-píos en el pajaroto.

Dado que no uso feisbuk (de hecho odio ese engendro) no voy a poder ‘aliarme’ como Iván quiere, pero animo a todos los zombies de feisbuk a que lo hagan. A ver si el proyecto acaba bien, con la trilogía en las librerías.

Yo por mi parte desde aquí lo enlazo y lo propago vía feed. Menos da una piedra. Y sobre todo si se trata de una piedra misántropa 😉

Un saludo.

Robert E. Howard – Conan el conquistador

Hola, ofidios.

De nuevo recurro al bueno Howard para desintoxicarme, y en esta ocasión le toca a Conan el conquistador. Sin saberlo he tenido entre las manos la única novela como tal del cimmerio, una historia que gracias a su extensión permite al autor introducirnos más nunca en el mundo hiborio y sus enredos políticos.

De nuevo los personajes son estereotipos, pero funcionan a la perfección para obtener una novela trepidante, con batallas épicas, combates a cara de perro, horrores antiguos, magia negra y conspiraciones viles. Conan pasa de rey a fugitivo, de ahí a pirata y de nuevo a triunfante conquistador.

No voy a decir mucho más, porque leyendo el resto de reseñas que he puesto de los libros de Conan se puede adivinar cómo funciona de bien.

La novela se merece un justo ocho de puntuación.

Un saludo.

Horace Walpole – El castillo de Otranto

Hola, ofidios.

Acercándome al inicio más inicio de lo gótico, en esta ocasión me acerco al El castillo de Otranto, de Horace Walpole.
No hay que buscar mucho para saber que académicamente se le considera el inicio de todo un estilo, un género caracterizado por lo espectral, lo arquitectónico, lo atmosférico, aspecto que ya conocía… pero como esencia del género también están los sentimientos exacerbados y los enredos de cama y/o linaje, algo que siempre ha asociado al melodrama y la novela romántica.

Todo ello está presente en Otranto: presencias fantasmagóricas e inexplicables; catacumbas, pasadizos, castillos y naves eclesiásticas; oscuridad, lobreguez y humedad. Eso por un lado. Por otro unos personajes exagerados y maniqueos que siembran la novela de diálogos increíblemente afectados, tanto que rozan el ridículo. ¿Hablaba y pensaba la nobleza de finales del s. XVIII así? No lo sé, pero podría creerlo vista la manera de hablar y actuar de los pijos de ahora, esas criaturas que por no salir de su burbuja forrada de dinero siguen soltando el ‘oigh’ en cada frase que mal pronuncian.

La mezcla de esos elementos se ve que sorprendieron y encantaron en su momento, hasta llegar al punto de que a raíz del libro se creó todo un estilo lleno de seguidores, estilo que (con las modificaciones del paso del tiempo) ha llegado hasta ahora. Pero al César lo que es del César: el estilo general del libro casi parece escrito por un niño de primaria. Los ya citados diálogos exagerados y mal llevados, descripciones simplonas y ambientación casi nula, junto a un sentido del ritmo poco menos que completamente desacompasado. Eso, junto a que ha envejecido pésimamente, hace de esta lectura un ejercicio más que nada académico, carente de interés para un lector actual que busque el ‘disfrute’ del texto.

Por todo ello se lleva un raspadito 5: sin duda en manos de otro autor más experimentado habría quedado un texto más presentable, pero es que quien tuvo la idea fue Walpole, y no daba para más. Ni para menos.

Chau.

Balance de lecturas 2010

Hola, ofidios. Tal y como ya hice el pasado año, aquí va (más que nada para mí, que me encantan estás chorradas estadísticas sin sentido) el sumario de lo leído el pasado año.

 

Fecha fin lectura Autor Título

Valoración

Género
08/01/2010 John Varley Y mañana serán clones

8

Ciencia ficción
02/02/2010 David Brin Tierra

6

Ciencia ficción
13/02/2010 Alfred Bester Las estrellas mi destino

4

Ciencia ficción
25/02/2010 Neil Gaiman Objetos frágiles

4

Fantasía
06/03/2010 Jack London El lobo de mar

6

Aventuras
09/03/2010 Brian Lumley Demogorgo

3

Terror
17/03/2010 Isaac Asimov El hombre del bicentenario

5

Ciencia ficción
22/03/2010 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 3

7

Ciencia ficción
30/03/2010 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 4

6

Ciencia ficción
09/04/2010 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 5

6

Ciencia ficción
24/04/2010 Dan Simmons El terror

8

Terror
27/04/2010 Rafael Marín Mundo de dioses

4

Ciencia ficción
18/06/2010 Stephen R. Donaldson La necesidad de Mordant

5

Fantasía
28/06/2010 Dmitri Glukhosvsky Metro 2033

6

Ciencia ficción
17/07/2010 Poul Anderson La nave de un millon de años

4

Ciencia ficción
18/07/2010 Joe Haldeman Compradores de tiempo

5

Ciencia ficción
23/07/2010 Michael Moorcock Las crónicas del castillo de Brass

6

Fantasía
28/07/2010 Rodolfo Martinez Tierra de nadie: Jormungand

6

Ciencia ficción
31/07/2010 L. Sprague de Camp Que no desciendan las tinieblas

5

Ciencia ficción
17/08/2010 AA.VV. UPC 2002

6

Ciencia ficción
25/08/2010 A.A. Atanasio Radix

9

Ciencia ficción
31/08/2010 Max Brooks Guerra Mundial Z

8

Terror
06/09/2010 Robert C. Wilson Darwinia

4

Ciencia ficción
13/09/2010 David Morrell Rambo

8

Thriller
28/10/2010 Clive Barker Imajica

3

Fantasía
05/11/2010 Frederik Poh Mineros del Oort

4

Ciencia ficción
13/11/2010 Stephen Hawking Brevísima historia del tiempo

6

Ensayo
17/11/2010 Robert E. Howard Conan el Guerrero

7

Fantasía
12/12/2010 Iain M. Banks Pensad en Flebas

6

Ciencia ficción
19/12/2010 Robert E. Howard Conan el Usurpador

8

Fantasía

A modo de resumen, y comparando con el año anterior:

  • He leído un poco mas, 29 referencias frente a 23, si bien de esas 29 hay incluidas un par de sagas como ‘todo uno’.
  • Más páginas,  1217 (casi un 30% más, que se dice pronto), que hacen unas 33 páginas diarias. Sigue siendo poco, pero más que el año pasado.
  • De nuevo hay más que nada cosas de cifi, pero ya he intentado yo que la pila no imponga tanto su ley.
  • La valoración media de lectura ha resultado penosa, un seis ramplón, y es que me he topado con auténticos bodrios, de los gordos.

Entre lo más destacable del libro sin duda las primeras tres cuartas partes de El terror (una verdadera joya), Radix (de la que alguien en su día me avisó como ‘libro malo’ y mira por dónde…) o la sorprendente, por eso de que no me esperaba algo tan bueno, Guerra Mundial Z.

Bueno, esto ha sido todo en lo que se refiere a lecturas del 2010. A ver cómo se porta el 2011.