Gabriel García Márquez – El coronel no tiene quien le escriba

Hola, culebrillas.

Lo que dije el otro día: tras LTO debía leer o cifi dura o algo en español. Al encontrar este micro libro dando vueltas por casa me lo dejó muy claro, así que me adentré por segunda vez en la obra de Gabo. A por El coronel no tiene quien le escriba.

Nota inicial: me ha llamado la atención que dos historias que leo de Gabo, dos historias que empiezan con un entierro. Casualidad, supongo. Aunque tengo pendiente la lectura de Cien años de soledad. ¿Cómo empezará? ¿Otro entierro?

Para empezar he de decir que da gusto leer algo no traducido, tener la certeza de que el traductor no ha jodido el texto original. Aquí lo que se lee es lo que el autor quiso decir, y punto. Y Gabo habla de una manera hermosa, sí señor.


La forma de esta novela corta/cuento largo supone toda una delicia en comparación a textos como los que he leído en estos últimos meses: no, King no destaca como autor ‘de estilo’, la verdad. Allí donde el de Maine muchas veces (quizá demasiadas) cuenta, el señor Gabo muestra. Además lo hace soltando de vez en cuando auténticas perlas, como cuando describe la forma en que el relámpago y el trueno irrumpen en el dormitorio de la pareja. Una auténtica delicia, un párrafo para enmarcar y del que aprender.

Pero por supuesto Gabo también tiene sus peros: que de vez en cuando se le va la –mente; otras veces se le van las palabras y, al intentar crear algo bello, acaba volviéndose confuso. El uso de la elipsis, quizá exagerado, no ayuda en ese aspecto… aunque a base de sacar deducciones y darle la vuelta a lo leído todo queda más o menos claro. Incluso lo imposible.

Lo imposible.

Sí, en este cuento rural y deprimente también tiene cabida lo imposible, lo irracional. Lo hace en forma de las cartas clandestinas de Agustín. Ese detalle al principio desconcierta, pero cuando la situación se repite uno se rinde a la evidencia: está ante una muestra de eso llamado realismo mágico que Gabo desarrolló. Por desgracia nunca se sabe nada más de ellas: las cartas existen, tienen suficiente peso/realidad como para que la policía detenga a sus poseedores, y punto.

Más allá de ese detalle de fantasía, una simple pincelada, El coronel no tiene quien le escriba se encuadra en lo costumbrista y duro. La historia narra la miseria y la desesperación de una pareja anciana y paupérrima: él, coronel retirado (individuo que, en contra de lo que se pensaría al conocer su rango militar, se muestra pusilánime y tímido), espera con una paciencia bíblica una carta que marcará la llegada de su paga de jubilación; su mujer, mucho más dura y realista, trata de sembrar la cordura y el sentido común en su marido. Junto a ellos descubrimos al médico (auténtico Mercurio, propagando las nuevas internas y del extranjero), al potentado (que a base de juegos políticos y una moral blanda ha amasado su fortuna), a los excompañeros del hijo muerto, al jodido gallo (la emplumada promesa de prosperidad, un detalle casi berlanguiano). Y con todo ello, macerando la tragedia, el paso del tiempo. El transcurrir de los meses se equipara casi a una sentencia de muerte: la pareja debe esperar a la llegada de la temporada de las peleas de gallos, aguantando como sea, incluso comiendo…

Hay que decirlo bien claro: qué final más bueno. Pero bueno de verdad, sobre todo viniendo de un personaje cuyos zapatos nunca han oído algo similar. Chapó.

Realista y duro relato. Aunque a mi gusto se queda ‘en poco’. Como me ocurre con esto del realismo/costumbrismo, echo de menos una trama, un esquema de inicio, nudo, desarrollo, nudo, resolución. La narración de desgracias/vivencias, sin más, no me engancha tanto como otro tipo de tramas. Además ésta se me hace algo apresurada: las sucesivas elipsis hacen que pasajes con posible miga queden algo descafeinados. Creo que la historia hubiera ganado mucho con el doble de palabras, incluso sin el esquema de tres actos. Algo más como Amor en los tiempos.

Pero, aun con esos defectos, está muy bien narrado, leñe. Eso hace que el cuento se merezca un 7. Y seguir leyendo más de Gabo, por si alguno lo duda.

Adiós.

Gabriel García Márquez – El amor en los tiempos del cólera

Hola, culebras.

Cuanto tiempo, ¿no? Pues sí, mucho, pero nada fuera de lo normal en estas circunstancias: con las mierda de las navidades de por medio y con un libro grueso y denso entre las manos.

De la Navidad y su aglomeración de despropósitos, falsedad y demás mandangas no voy a hablar. Pero del libro sí. Por supuesto que sí.

Nunca antes había leído una novela de Gabo, y de sus cuentos sólo uno: ‘El ahogado más hermoso del mundo’. Aquel cuento, sin maravillarme, me dejó un buen sabor de boca sobre todo en lo relativo a la atmósfera. Pero todos sabemos que una cosa son los relatos y otra muy diferente las novelas. La calidad de un autor en uno de ellos no tiene porqué igualarse en las otras.

Pese a que tenemos en casa Cien años de soledad, la novela más famosa de Gabo, opté por este menos (un menos con cursiva y casi entrecomillado) conocido El amor en los tiempos del cólera, por eso de que si me gustaba todavía me dejaba en la recámara un texto mejor con el que poder disfrutar en una futurible lectura.

Y creo que acerté. Me ha encantado este El amor en los tiempos del cólera.

Ale. Se acabó la reseña.

Que noooooooooooooo. Que voy a decir algo de esta pequeña pero gruesa joya.

Hablar de El amor en los tiempos del cólera como si de una novela al uso se tratara no sería justo: más que una novela me he encontrado una crónica. Tan impresión no sólo surge de la casi nula existencia de diálogos, sino del tratamiento de los personajes y su relación con el entorno (tanto otras personas como la ciudad o la misma sociedad de la región). Este carácter queda claro desde el primer momento: no hemos llegado a la muerte de Juvenal Urbino cuando ya nos ha quedado claro que estamos ante una obra sobre todo descriptiva, una novela que excita todos nuestros sentidos a través de descripciones ricas y poderosas. Esa manera de narrar, sosegada y centrada en los detalles, supone su gran acierto… y al mismo tiempo su mayor defecto: El amor en los tiempos del cólera dista un abismo de lo que yo llamo ‘literatura de metro’, la de consumo rápido y poco exigente para el lector. Quien se adentra en el jardín de El amor en los tiempos del cólera y desea saborearlo en toda su belleza y enormidad debe detenerse, paladear cada párrafo (y si eso le obliga a tirar de diccionario hacerlo), dejar que las palabras de García Márquez le inunden. Si el lector consigue aclimatarse a ese estilo pausado sin duda se encontrará embarcado en un viaje delicioso, toda una experiencia de la lengua española.

A medida que las páginas avanzan se va desenredando la trenza formada por la perseverante existencia de Florentino Ariza, la altivez de Fermina Daza o la funcional y gris vida de Juvenal Urbino. La figura de Ariza lo llena casi todo, convirtiéndose en protagonista absoluto de la novela. Vemos cómo madura y progresa, cómo ama con el cuerpo a decenas de mujeres pero conserva el amor de su alma consagrado sólo a Fermina. A través de los amoríos de Florentino Gabo nos retrata todo un país y su sociedad, con sus miserias y sus glorias. Vemos la estratificación social y cómo, pese a la pobreza y la inestabilidad de un país en aparente guerra constante, la gente intenta seguir sus vidas y buscar la felicidad.

Y el amor, por supuesto. Porque el amor y las maneras de verlo y vivirlo protagoniza la historia. Sobre todos ellos destaca un amor románico y fiel, el de Florentino por Fermina, bien distinto del utilitario y forzado de Fermina hacia Urbano. Junto a ellos, siempre de la mano de Florentino, encontramos otros salvajes, o tristes, o platónicos, o peligrosos o… Pero para descubrir toda esa panoplia de amores mejor leed la novela. De verdad, merece la pena, incluso a ese estilo lento y a veces denso merece la pena. Incluso a pesar de sus toques machistas o de su visión algo delirante de las violaciones y sus consecuencias sociales. Dejad de lado esos defectos que entrarían de cabeza en lo ‘políticamente incorrecto’ (tras haber leído y disfrutado de algo como Vacas se comprenderá que a mí eso me preocupe poco o nada) y disfrutad de una pluma que te enseña cómo se debe narrar.

Vamos, que le pongo a este El amor en los tiempos del cólera un muy merecido 8.

Y leedlo, joder: leedlo. Si escribís con más razón aún: aprenderéis que las descripciones bien llevadas no sólo no aburren sino que pueden convertirse en el cuerpo principal de una novela de este calibre.

Adiós.