Robert E. Howard – Conan el aventurero

Hola, culebras.

Un poco de aire fresco, lectura rápida tras la profunda y densa anterior. Para eso el amigo Conan siempre viene muy bien. Este volumen contiene cuatro relatos. En el índice pone que pertenecen a L. Sprague de Camp, pero la autoría real le correspode a Howard. De hecho de Camp sólo mete mano en ‘Los tambores de Tombalku’, relato póstumo redactado a base de apuntes dejados por el tejano.

Robert E. Howard - Conan el aventurero

Robert E. Howard – Conan el aventurero

  1. ‘El pueblo del círculo negro’. Por mucho que Leiber diga, el cuento (más bien novelette) me parece un ‘más de lo mismo’ en lo relativo a los relatos de Conan. Se lleva un 5 raspadete, y bastante.
  2. ‘La sombra deslizante’. Y de nuevo le llevo la contraria, al menos en parte, a Leiber. El cuento es pasable. ¿El peor de Howard? No lo podría decir dado que ahora mismo tengo cierto cacao entre todos los que he leído del tejano y de sus discípulos (pero mucho mejor que cierta morralla intragable). Lo que sí que hay que decir es que tiene una enorme falta: la atmósfera inicial (alienante y extraña) recuerda demasiado a ‘Clavos rojos’. Tras ese arranque muy interesante el cuento deriva en un continuo ‘que te pego, leche’. De nuevo pongo un 5.
  3. Con ‘Los tambores de Tombalku’ se podría decir que tenemos dos relatos por el precio de uno. Dos historias en una, dos aventuras que pese a estar enlazadas entre sí muy bien podrían haber aparecido de manera independiente; de hecho en los cómics se narra poco menos que en innumerables ocasiones escaramuzas similares. Tenemos una mezcla de ambientes y parajes: desde los extraños (aunque algo semejantes a los de ‘La sombra deslizante’) a los desérticos de la época de los zuaguires, pasando por brujería e incluso un Conan entronizado. Un enorme fallo de este cuento lo tenemos en las descripciones de las dos naciones en las que transcurre la historia: puedes decir mil y un veces que están ‘perdidas y olvidadas’, pero si haces que un sólo personaje las encuentre en el plazo de unos días y sin recorrer mucho espacio (un par de días a lomos de camello) entre una y otra… algo falla. Casi da la impresión de que más que perdidas estaban dejadas de lado por el resto del mundo adrede: como si las vieran y las rehuyeran. Vamos, como una especie de Nadsokor. Pero no, que nadie había podido encontrarlas en cientos de años, nadie menos los protagonistas, oye. Pese a ello el cuento me ha dejado bastante mejor sabor de boca que los anteriores, por lo que se lleva un 7.
  4. Leyendo ‘El estanque del negro’ volvemos a adentrarnos (por cuarta y última vez en este libro) al esquema de ‘exploración que lleva al descubrimiento de una raza perdida’. Todo muy lovecraftiano pero al mismo tiempo –al menos en los dos primeros tercios del cuento– bastante maquinal. Por fortuna ese tono ‘a lo Lovecraft’, sobre todo al final, hace que el texto resurja: no se limita a mostrar ‘lo primigenio’ en forma de de la enésima raza perdida sino que añade detalles que encajan con el horror cósmico que se estaba engendrando en la época en la que se escribió el relato. Todo un cuento a media camino entre ambos géneros. Merece un 7 como nota.

A modo de comentario final decir que la edición tiene algunos defectos, con unas pocas frases raras o forzadas. Nada que enturbie demasiado la lectura, y sin duda a años luz de los despropósitos de otras editoriales.

Ah, sí, la media de la valoración: un correcto 6.

Un saludo.

Robert E. Howard – Canaán negro

Hola, ofidios.

Dado que ando con la pila digamos que ‘poco accesible’ (la inmensa mayoría está repartida en cajas) el abanico real de opciones de lectura se limita sólo un puñado, y he elegido otro libro de relatos de Howard, en este caso relatos que no encajan con ninguna saga: Canaán negro.

De entrada se me hace raro el no encontrarme con una introducción o presentación de los libros, algo que la gente de Valdemar suele cuidar. Y eso me mosqueó un poco, la verdad. Mosqueo que fue a más al empezar a leer los relatos.

Comento los relatos a medida que los leo, lo que explica el estilo y las notas a los textos.

  1. ‘Cabeza de lobo’ no sé si decir ha envejecido mal, si carece de mucho sentido argumental (esa mezcla de historia de terror con hombre lobo raruno a la limón con aventura según el estilo de la casa, todo ello bastante mal encajado y con fallos de timing interno) o si, a las llanas, es un relato malo. Quizá lo acertado es lo último: le pongo un 3, y mucho me parece.
  2. El relato ‘Aparición en el cuadrilátero’ pertenece a uno de esos subgéneros en voga a de inicios del siglo, y ahora totalmente desaparecidos: el de los boxeadores. Nunca antes había leído un relato de estos, y la verdad sea dicha, esa temática no me interesa lo más mínimo, lo mismo que el deporte en el que se basa. Si a eso añadimos que el título del relato supone un spolier directo (añadida a la nota de pie de página que aparece en la primera página, que ya lo borda) pues… intriga poca, la verdad. El relato puede que a un amante del boxeo le interese e incluso sepa extraer jugo a ese cruce de golpes y descripciones de los mismos; a mí me ha aburrido de forma soberana. Admito que la extensión resulta la justa y necesaria para crear un clima de ‘que está a punto de perder hasta que de repente…’, pero a mí se me ha hecho excesivo. Y la resolución final simple y mal envejecida: un relato quizá sorprendente para la época, pero que ahora peca de inocente y manido. Le otorgo un 5 y al siguiente.
  3. Leyendo ‘El terrible tacto de la muerte’ siento un intenso deja vú: he leído algo muy similar esto, un relato de alguien velando el cadáver de ¿Schopenhauer? Una rápida búsqueda entre lo que he leído de un tiempo a acá y ya estoy centrado: ‘Junto a un muerto’, relato de Guy de Maupassant incluído en Felices pesadilllas. Pero no, en este caso el origen del terror no es una dentadura postiza… sino otra cosa. Vamos, que tampoco se salva de la quema. Le pongo un triste 3.
  4. Seguimos con ‘El horror del túmulo’, una historia que mezcla los escenarios de la Texas contemporánea al tiempo de Howard con el pasado de los conquistadores. Y con algo más que, una vez leído y a la luz del sol, cruje, chirría y, en definitiva, falla. Se lleva otro 3.
  5. Ahora toca a ‘El hombre en tierra’, un relato de odios y venganzas en el salvaje oeste, una historia que se cae como un castillo de naipes al final, sin sentido por algo muy sencillo: ¿cómo se dispara esa segunda bala mortal? Que me lo explique alguien, pero mientras tanto este nuevo relato se apunta otro 3.
  6. El aire inicial del relato ‘La marca del cabo’ recuerda algo a Machen, rememorando un pasado oscuro y perdido. Historia de corte gótico, con ruinas y espectro incluído. Por desgracia el final resulta torpe y muy previsible. Al final el texto se hace merecedor de un 5 raspado, obtenido por las primeras páginas, que no por la últimas.
  7. Le toca el turno a ‘El fantasma del anillo’ y de nuevo siento un deja vú: ya he leído en otra parte relatos de anillos malditos, y no me refiero al tocho insoportable de La fuerza de su mirada (uno de esos muy escasos libros con la nada honorable medalla de no-acabado; y por ahora sin la menor gana de retomarlo, todo sea dicho ya de paso). Rebuscando en internet, pero sin ponerme a buscar entre las estanterías (vago que es uno) creo haber hallado de dónde me llega esa impresión: del Maestros del horror de Arkham House, en concreto del relato de Campbell o del de Counselman. Salvando esa relación decir que el relato resulta graciosillo al aparecer así de repente, sin esperarlo, Toth Amón. Por desgracia el relato adolece del mismo defecto que muchos otros de la compilación: resulta forzado, encontrándonos con que gran parte de los detalles claves de desarrollo metidos a piñón, para que encajen de una manera perfecta. O cuasi perfecta. Pero el resultado final no me agrada: le pongo un 4.
  8. Continuamos con ‘La luna de Zambebwei’, un relato que de nuevo se hace tópico, con expresiones exageradas de malos muy malos, de buenos muy fuertes (casi parece un tanque), de bellas damiselas en apuros de cabellos rubios deslumbrantes. Acción del tipo ‘todo para adelante y sin frenos’, que quizá a un neófito le agrade, pero a alguien con un poco más de trasfondo no. Le otorgo un ramplón 4.
  9. Al fin llegamos al relato que da título a la compilación, ‘Canaán negro’. Nos hallamos ante un relato que muy bien podría haber protagonizado el coloso cimmerio, sobre todo si lo transportamos las marcas bossonias y con los pictos como malvados. Sí, el relato rezuma racismo (representa a los negros, a toda la raza, como poco menos que criaturas degeneradas y de naturaleza tendente a lo demoníaco), ¿y? Los blancos no acaban mejor pintados, crueles amos que consideran a lo negros poco menos que animales. Todo ello se revela como fermento ideal para que germine la historia, aderezado como unos toques de magia negra y deformidad típicas de la casa. La historia sigue el esquema de “todo p’alante y sin frenos” habitual en este género, pero se disfruta mucho. Ale, un 7.
  10. De la mano de ‘Los muertos no olvidan’ llegamos a un texto que usa el ya casi olvidado recurso de las historias epistolares, en este caso ambientado de nuevo en el salvaje oeste de Howard. Relato sencillo pero efectivo, una historia de fantasmas cruda y de inevitable final. Se lleva un 6.
  11. Y del lejano oeste a la remota Sumeria con ‘La casa de Arabu’. La verdad es que parece que a medida que el libro avanza los relatos mejoran: tras ese triste inicio (sólo hay que ver las notas de los primeros relatos) los que engrosan el centro del volumen mejoran en cuanto a calidad. Así con este relato tenemos de nuevo una narración ‘tipo Conan’, tópico si se ha leído más del cimmerio pero aun con todo agradable. Le pongo un 6.
  12. Por desgracia con ‘La perdición de Dermod’ el nivel baja un poco, al resultar un relato demasiado corto, demasiado forzado: este tipo de narraciones parecen casi encorsetadas. Se hace merecedor de un 4.
  13. ‘Delenda est’ creo que tiene varios fallos de coherencia histórica hace referencia a una Cartago que ignoraba que existía: yo me quedé en ‘una ciudad arrasada y de la que no dejaron piedra sobre piedra y los campos sembrados de sal para volverlos eriales’, y ahora descubro que en el año 29 a.C. se volvió a fundar una nueva sobre ella. No te irás la cama sin saber algo más. Ya sólo por eso en mi caso merece la pena el relato 😉 Le pongo un 5, dado que más allá de ese detalle personal resulta simplón y predecible.
  14. De un relato ambientado en un barco a uno protagonizado por marinos, pero ya en tierra. Y ambos dos de fantasmas. Uno ya empieza lo que va a ocurrir en ‘Aguas inquietas’ sólo con leer la manera en la que se preocupa el autor de decir dónde está sentado cada uno de ellos. Pero aun así se merece otro 5.
  15. ‘El horror sin nariz’ se revela como uno de esos relatos cuyo título nos engaña. En efecto, todo parece apuntar en una dirección y luego… De estilo demasiado decimonónico (es que a mí, que un autor del s. XX pinte a todos los protagonistas tan afectados, sensibles a impresionables me chirria demasiado). El relato hubiera ganado más con unas cuantas páginas más, tanto describiendo mejor al sij y dándole trasfondo como a toda la relación de los personajes y la preparación de ‘lo que les iba a ensañar’. Sin ello se vuelve un relato apresurado y, de nuevo, predecible en cuanto adivinas que el título te está despistando. Otro 4.
  16. Ahora nos encontramos con un relato metido de lleno en Los Mitos. Incluso se nombra a uno de los libros famosos inventados por El Círculo de Lovecraft. Aquí el autor sí que sabe mantener un tempo oportuno, alargando la historia y creando una atmósfera y ambiente. Sí, lo que crea a estas alturas resulta típico, pero es el mismo aire de amenaza que popularizó HPL. Y entonces resultaba una novedad. Relato que he disfrutado en gran parte de su extensión (salvando el exagerado e irreal discurso de la chica). Hice conmigo mismo una apuesta por acertar lo que se ocultaba arriba y… pedí: esperaba uno de esos vastaguitos de mi amiga Shub, pero no: lo que acechaba resultó algo diferente. Una historia que se lleva un 7.
  17. El penúltimo relato de la compilación se titula ‘La última canción de Casonetto’, y no va de puertas deslizantes empotradas, no. El mayor fallo del relato es que el prota se pone escuchar el disco supuestamente acompañado de su amigo, pero éste de repente desaparece… hasta el momento final. Un ejemplo de historia que en primera persona pierde. Al final como cuento no funciona, lo que le hace merecedor de un 4.
  18. Y llegamos al final con ‘Los moradores bajo la tumba’, una historia que -de nuevo- bebe de Lovecraft. Ignoro la fecha en la que Howard lo escribió, pero casi diría que tiene una clara inspiración con En las montañas de la locura, mi obra favorita del de Providence. El horror subterráneo en este relato no por predecible deja de resultar menos efectivo. Un relato que, aun con su inocencia, se disfruta de cabo a rabo. Por ello le pongo un 7.

Y acabó lo que se daba. Al final del todo aparece un listado y con la fecha de publicación y la revista o publicación donde cada relato vio la luz. Así vemos que el orden de impresión en esta compilación se corresponde con el de aparición a la luz pública.

Habiendo leído todos me queda claro que los relatos ganan cuando más desarrollo tienen, si bien de la lectura general se desprende un cierta visoñez, un muy mal paso del tiempo sobre las historias. Eran otros tiempos, más inocentes y sencillos, lo cual en parte lo justifica. Pero sólo en parte: por aquella época, y antes, ya hubo cuentistas mordaces cuyos textos no han envejecido tan mal (y sólo diré dos nombres: Machen y Hogdson), escritores que hoy, más de cien años despues de su tiempo, aún logran poner los pelos como escarpias. Por desgracia eso no ocurre con muchos de los textos de esta compilación, la cual me temo que debe su existencia al mero nombre de Howard y a la larga y poderosa sombra de Conan. Con ella queda demostrado que el texano tuvo sus luces y sus sombras, las cuales se coagulan densas y cenagosas en este volumen.

La media de los relatos leídos da un triste 4’72. Una pena que por poco no llegue al 5. Pero es que hay relatos malos, casi infumables, al menos a mi gusto.

Adiós.

Robert E. Howard – Conan el vengador

Hola, ofidios.

Otro libro de la serie de Conan para dentro. En esta ocasión Conan el vengador, un texto que si bien en la tapa pone que es de Howard realmente fue escrito por otras personas, en concreto por Sprange de Camp y por Björn Nyberg. Lo que sí que pertenece a la pluma del texano es la segunda parte del ensayo sobre la Era Hiboria.

En general el texto de la novel es una patata lineal, simplona y ‘todo para adelante’: no hay ni intriga, ni tensión, ni nada de nada. Bárbaro llega a un sitio, bárbaro se encuentra con antiguos colegas (o los hace gracias a su increíble don de gentes y lenguas), bárbaro los lidera, bárbaro arrasa. Entre medio el bárbaro, muy fiel esposo, se tira a varias jamonas. Y punto final. Una historia infantil que nada tiene que ver con las joyas que Howard escribió.

Vamos, un pufo de tres pares de narices que sólo se hace agradable a los fans de Conan como yo.

El ensayo de Howard recuerda un poco al Silmarillion de Tolkien, sino no fuera porque se centra demasiado en la manera en que se derrumbó la Era Hiboria, hecho que se narra sin esa riqueza de detalles propia de Tolkien.

Se lleva un 3, y mucho me parece.

Chao.

Robert E. Howard – Las extrañas aventuras de Solomon Kane

Hola, ofidios.

Hasta ahora, en lo relativo a Howard, me había centrado sólo en Conan. Pero ya era hora de cambiar de personaje. Aprovechando la película que se rodó hace no mucho, Valdemar ha publicado este tomito con todos los relatos que Howard le dedicó a este puritano cafre.

Según pone en la introducción (a cargo de míster engreído-prepotente-sobrao, que también se ha encargado de la traducción) a los textos originales de Solomon Kane se les ha dado a lo largo de la historia cierto lavado de cara, eliminando aspectos y expresiones que con el tiempo han entrado en lo ‘políticamente incorrecto’. Esta edición que he leído se supone que es fiel al texto original. Al menos sí que se leen varios detalles de corte racista que me recuerdan en cierta medida a los de Lovecraft.

Pero vayamos a los textos que incluye el libro.

  • ‘Cráneos en las estrellas’ es un relato sencillo y de desarrollo lineal, al que buena falta le haría un giro argumental o alguna sorpresa final. Le otorgo un 5 raspado.
  • ‘La mano derecha de la maldición’ parece una revisión literaria del film Las manos de Orlac. El relato adolece de excesivas explicaciones finales, que empañan un final previsible. Se lleva un 4.
  • ‘Sombras rojas’ no tiene nada que ver en cuanto el desarrollo de la historia con ‘Clavos rojos’, uno de los mejores relatos de Conan, por mucho que su título parezca indicarlo. Sin embrago el texto sí que tiene cierta relación, en lo que a ambientación se refiere, con algunos del cimmerio. En este relato, además, se da la casualidad de que la manera en que Howard describe a su héroe me recuerda mucho a la forma en que Moorcock hace lo mismo con Elric: una criatura extraña, de mirada dura y melancólica, de piel pálida; un individuo anclado en un código moral demasiado estricto (quizá trasnochado) y con una actitud que hace que quienes le rodeen le rehúyan. Otro detalle curioso (y que se irá repitiendo en otros relatos) es la aparente memoria atávica de Kane. Me recuerda a lo que más adelante sería Erekosë. ¿Se inspiró Moorcock en este detalle de Kane para crear su campeón eterno? Ni idea. Pero lo que importa es que el resultado final del relato es muy satisfactorio, mereciendo un 8.
  • Con ‘Resonar de huesos’ regresamos a la idea subyancente de Orlac. Y huele. Además el texto tiene un detalle demasiado torpe (rotura de la cadena) que ya te dice cómo va a acabar. En resumen, un texto muy poco original que se lleva un triste 4.
  • La historia de ‘Luna de calaveras’ es la más extensa de todo el libro. Y por desgracia de nuevo tiene un cariz lineal. Todo está metido a piñón fijo, para que encaje y lleve al héroe a un único destino. Los acontecimientos se suceden uno tras otro de la manera más apropiada para que todo acabe como debe hacerlo. Para colmo nos encontramos con una apoteosis final en exceso oportuna. Sin duda en aquella época (años 20-30 del siglo XX) ese tipo de finales apoteósicos debían resultar muy efectistas y cautivadores, pero ahora quedan trasnochados y demasiado forzados. Algo positivo en el texto lo hayamos en la atmósfera lovecraftiana que lo envuelve en una buena parte de su extensión, detalle que yo (fan del de Providence) agradezco. Le pongo al relato un 6.
  • Ahora le toca el turno a ‘Las colinas de los muertos’. De nuevo en relato con el espíritu de Conan, y que posee una escena final muy jugosa, con los buitres haciendo acto de presencia. Se lleva un 7.
  • ‘Alas de la noche’ repite casi el inicio de ‘Sombras rojas’, presentándonos a Kane como un justiciero vengador siempre dispuesto a castigar al malvado. Pero a medida que avanza esto cambia del ‘corre que te pillo’ al ‘en un tiempo pasado ocurrió esto’ muy lovecraftiano. Por desgracia los malos no me acaban de gustar, apareciendo mal dibujados, demasiado tópicos. Algo en ellos me da la impresión de no haber sido bien pensados. Lo peor llega al final de la historia, cuando demuestran ser tontos de remate. Le pongo un 6 al relato.
  • En ‘Los pasos en el interior’ una vez más nos encontramos con Conan, en un relato divertido pero demasiado sencillo, lo que le otorga un 6.
  • Tras estos relatos de Kane aparece el único relato que escribió Howard de Sonia ‘la roja’, la que luego se convertiría en el cómic en Red Sonja. Nada tiene que ver el personaje de Howard con el de los tebeos. El relato en cuestión se titula ‘La sombra del buitre’ y, casualmente se puede decir que es el mejor de toda la recopilación. Una historia que engancha, carente de elemento fantástico pero rebosante de acción y tono épico. El carácter pendenciero, independiente y rabioso de la Sonia de este texto destaca sobre el resto de personajes, bastante planos y manidos. Ignoro cuánto de real hay en las descripciones tanto de la Viena del siglo XVI como de la corte de Solimán, pero el resultado es creíble, colorido y agradable. Le pongo un 8 alto al relato.

Concluyendo, la recopilación de cuentos tiene sus altibajos, pero en conjunto se lleva un 6 raspado.

No quiero olvidarme de hablar de la portada del volumen, la ilustración de Juan Antonio Serrano García: no tiene absolutamente nada que ver con ninguno de los ocho textos protagonizados por Solomon Kane. Pero ni de lejos. Hay lectores, sobre todo jóvenes, que esperan que la portada represente una escena (o el espíritu) del libro que presentan. Pues bien, si esperaban descubrir qué eran esas criaturas purpureas se van a quedar con las ganas. Parecerá una chorrada, y para muchos lo será, pero a mí me demuestra una falta de respeto tanto al autor (no se han molestado en plasmar algo de la obra) como al lector (por lo que he dicho antes). Ya como impresión personal de la portada, me parece un dibujo extremadamente rígido, sin vida: me recuerda a los momentos más chungos de Ernie Chan, de cuya muy reciente muerte me acabo de enterar al hacer la búsqueda para poner este enlace. R.I.P.

Un saludo.

Robert E. Howard – Conan el conquistador

Hola, ofidios.

De nuevo recurro al bueno Howard para desintoxicarme, y en esta ocasión le toca a Conan el conquistador. Sin saberlo he tenido entre las manos la única novela como tal del cimmerio, una historia que gracias a su extensión permite al autor introducirnos más nunca en el mundo hiborio y sus enredos políticos.

De nuevo los personajes son estereotipos, pero funcionan a la perfección para obtener una novela trepidante, con batallas épicas, combates a cara de perro, horrores antiguos, magia negra y conspiraciones viles. Conan pasa de rey a fugitivo, de ahí a pirata y de nuevo a triunfante conquistador.

No voy a decir mucho más, porque leyendo el resto de reseñas que he puesto de los libros de Conan se puede adivinar cómo funciona de bien.

La novela se merece un justo ocho de puntuación.

Un saludo.

Robert E. Howard – Conan el Usurpador

Hola, culebrillas.

Parece casi que le he agarrado cariño al musculoso tejano de Howard, sobre todo tras disfrutar de ‘Clavos rojos‘.  Así que me puse con este Conan el usurpador pensando en ese Super Conan 1 en el que se narra a modo de novela gráfica la llegada al trono de Conan. Esperaba encontrarme con un relato que narrara esos hechos. Pero no: ninguno de lo relatos narra ese acontecimiento concreto. Sin embargo nos queda un buen ramillete de historias:

  • ‘El tesoro de Tránicos’ forma parte de los clásicos de Conan, con su habitual mezcla de aventura y magia, una historia en la que el cimmerio no es el auténtico protagonista, sino que de nuevo ese aspecto principal lo asume la amenaza picta. Al  relato se añade la presencia de ese socias de Nyarlathotep, el infame Thoth Amón, que sin saberlo ayudará a Conan en el logro de su destino. ¿Tendrá el estigio en futuras novela la misma importancia que tiene en los comics Conan Rey? El tiempo y las páginas lo dirán.
  • La historia de ‘Lobos más allá de la frontera’, si bien no es un relato ‘de Conan’, quizá sea el mejor relato (en lo referente a el tema de acción y aventura) del libro. Un auténtico cuento del oeste, dinámico, sin pausa. Muy bien. mejor que a mi gusto que ‘Más allá del río Negro’.
  • Sobre ‘El fénix y la espada’ y ‘La ciudadela escarlata’ voy a hacer un comentario conjunto. Son buenos relatos, sí, sobre todo el pasaje central de La ciudadela, pero ambos dos, tras leerlos, me hacen pensar en un nombre propio: Moorcock. ¿Porqué? ¿A quién que no haya leído las crónicas de campeón eterno no le ha sonado algo el sueño de Conan en ‘El fénix’? ¿Cómo no leer el viaje de Conan a través de las catacumbas, en ‘La ciudadela’, y no rememorar las entrañas de Imrryr o puede que de Pan Tang? (Incluso, forzando un poco, ¿el nombre del compañero del protagonista de ‘Lobos’ no recuerda algo a Dyvim Slorm?)

En definitiva, una lectura magnífica de un Howard inspirado. Toda una delicia. Se lleva un ocho sin lugar a dudas.

Los siguientes libros que me quedan de Conan pertenecen a una época para mí más desconocida, la de un hombre ya mayor y que, por fuerza, debe ir perdiendo esas habilidades felinas que tan buen resultado le han dado a lo largo de su vida. ¿Cómo presentará Howard el declive de el guerrero por excelencia? Habrá que esperar.

Chao.

Robert E. Howard – Conan el Guerrero

Hola, ofidios.

Realmente es un gusto leer los relatos de Conan, historias de fantasía sincera y directa, alejada de pretensiones. En esta ocasión, además, las historias e incluídas en este Conan el Guerrero surgen de la pluma del propio creador del personaje, con lo que nos encontramos ante un Conan tal y como lo ideó Howard. Por supuesto eso supone un aliciente más a la lectura.

¿Y qué nos encontramos? De entrada una historia magnífica: ‘Clavos Rojos’. Esta historia nos sumerge en un escenario extraño, decadente y oscuro, con una atmósfera llena de velada amenaza. Casi se diría que con tintes de Lovecraft. No diré más de ella, sólo que (salvando algunas incoherencias) se disfruta de cabo a rabo.

‘Los dientes de Gwauhlur’, por el contrario, nos saca de los interiores decrépitos de una ciudad mastodóntica a la jungla y a unas ruinas en ellas. El relato es un poco más flojo, si bien encaja a la perfección dentro del estándar de la obra de Howard: acción, chicas, magia y muerte.

‘Más allá del río Negro’ quizá suponga el relato más flojo de los tres, si bien tiene el interés de ver una faceta humana del salvaje, sobre todo al final de la historia. Cambiamos pictos por indios, Conan y su compañero por vaqueros y los aquilonios por el ejercito yanqui y tenemos un buen relato del oeste. Entretenido.

Así dicho todo casi parece que el libro decae y que se acaba con cierta desgana, algo que realmente no sucede gracias a que en ningún momento deja de ser ameno.

Puntuación: un justo siete.