Robert E. Howard – Conan el vengador

Hola, ofidios.

Otro libro de la serie de Conan para dentro. En esta ocasión Conan el vengador, un texto que si bien en la tapa pone que es de Howard realmente fue escrito por otras personas, en concreto por Sprange de Camp y por Björn Nyberg. Lo que sí que pertenece a la pluma del texano es la segunda parte del ensayo sobre la Era Hiboria.

En general el texto de la novel es una patata lineal, simplona y ‘todo para adelante’: no hay ni intriga, ni tensión, ni nada de nada. Bárbaro llega a un sitio, bárbaro se encuentra con antiguos colegas (o los hace gracias a su increíble don de gentes y lenguas), bárbaro los lidera, bárbaro arrasa. Entre medio el bárbaro, muy fiel esposo, se tira a varias jamonas. Y punto final. Una historia infantil que nada tiene que ver con las joyas que Howard escribió.

Vamos, un pufo de tres pares de narices que sólo se hace agradable a los fans de Conan como yo.

El ensayo de Howard recuerda un poco al Silmarillion de Tolkien, sino no fuera porque se centra demasiado en la manera en que se derrumbó la Era Hiboria, hecho que se narra sin esa riqueza de detalles propia de Tolkien.

Se lleva un 3, y mucho me parece.

Chao.

L. Sprague de Camp – Que no desciendan las tinieblas

Buenas, culebrillas.

Otro librillo que llevaba años vigilándome desde la estantería, esperando su oportunidad. Y al fin llegó: Que no desciendan las tinieblas, de L. Sprague de Camp, me ha resultado gracioso, ameno, pero poco más: un pasarratos, un telefilme de los domingos por la tarde… nada más.

¿Qué es lo que me falla en este libro y me obliga a no tomármelo en serio? El protagonista, que deja a McGiver a la altura de la suela: sabe hacer de todo (bueno, de casi todo, que con la fórmula de la pólvora no da). Ingeniero, químico, historiador, economista… joder, al lado suyo DaVinci era un pringado.

Nada, que aprobado raspado y va que chuta: un cinco (y por culo te la hinco).

Aaaaaaaaadios.