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Buenas, culebrillas.

Sí, caí en la moda zombi. Tampoco supone una novedad dado que el género me encanta, hasta el punto de verme las tres películas de la saga Resident Evil :P

Si bien el primer libro de Max, el hijito de Mel Brooks, no me atrae lo más mínimo, este Guerra mundial z ya es otra cosa.

Emulando el estilo epistolar, convertido en esta ocasión en una sucesión de entrevistas a los supervivientes, se nos narra las experiencias personales de gente diversa ante una plaga zombi de ámbito mundial. Ese carácter epistolar desde un primer momento me atraía: ese estilo permite llevar de manera magnífica el terror a las páginas de manos de la más absoluta subjetividad (otra de las bases del terror). Por otro lado, y en vista del autor (un guionista de cine yanqui) y el arco temporal que se supone (desde la hecatombe inicial a la lucha supervivencia y la victoria final) mucho me temía un excesivo americanismo de la novela: si en el fondo todo americano lleva dentro de sí lo que aquí llamamos patriotero, o incluso facha. Pero la verdad es que salvando una de las partes del libro, la centrada en la agonía americana, el resto del libro no padece excesivamente ese aire yanqui.

Empieza muy bien, con un primer centenar de páginas no exentas de tópicos, pero con escenas que hacen las delicias de todos los amantes del subgénero.  Se suceden las escenas más o menos típicas, pero aderezadas con una mezcla de subjetividad y directa mala leche que las hace más jugosas. Resulta incluso de risa encontrarse a París Hilton en el libro (pena que no se describa su muerte), y en algunos párrafos se ataca directamente el American Way of Life.

Por desgracia a medida que la historia avanza ésta pierde interés. Al menos para mí: la victoria sobre los zombis y cómo se llega a ella no es una idea de mi agrado, y hubiera preferido un nuevo mundo por completo Z, con una enorme Z mayúscula. O por lo menos algo similar al Día de los trífidos, más abierto. Sin embargo asistimos, primero, a un resurgir de las cenizas de cada país (haciendo en la mayoría de ellos de una organización y recursos nada creíbles dada la gravedad de la epidemia), para luego continuar con a una supuesta alianza internacional. El caso de Canadá más EE.UU. más México es casi de broma, con la estrategia de barrido. Una de las más admisibles y atrayentes, por otro lado, es la rusa. Y la japonesa sólo puede definirse como chiste.

El autor usa (no me atrevo a decir que abusa) de adaptaciones de hechos reales de la historia de la guerra. Me explico: coges una historia de supervivencia de la Segunda Guerra Mundial, cambiar los nazis por los zombies, lo aderezas un poco y ¡voilá! Ya tienes toda una entrevista de uno de los supervivientes. A ver, no soy un experto en historia de la guerra, pero es que muchas de las narraciones me suenan a eso.

No creo que tardemos muchos años en ver este libro llevado a las pantallas, sino incluso en forma de trilogía (que es lo que mejor le iría, visto el desarrollo). Nota: en la wikipedia ya se habla de una nueva película.

Puntuación final: un ocho.

Adiós.

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Hola, culebrillas.

Un nuevo libro, Metro 2033, en esta ocasión de origen ruso (el autor es, agarrémonos, Dmitri Glukhosvsky): eso, por sí sólo, ya supone una diferencia. Bien, admito que lo tomé con muchas ganas, dado que la idea me parecía atrayente (original no, por supuesto, pero sí fresca en medio de la plaga de zombies que infesta las estanterías últimamente).

Al principio se nota que es una novela rusa y para rusos (o más concretamente moscovitas): acostumbrarse al mapa de metro ruso resulta poco menos que infernal, sobre todo si se tiene en cuenta la descomunal incoherencia entre el nombre de las estaciones que se indican en las solapas y las que aparecen en el texto propiamente dicho. Pero ese problema se disipa al cabo de las pocas páginas.

El arranque no está nada mal, mostrando un metro agónico y de pesadilla gracias a la irrupción de ‘los negros’. Resulta un poco difícil comprender la escala tan diminuta de población: nos encontramos ante la epopeya de un protagonista en medio de una población de ¿cuánto, diez mil personas? Cuando uno se da cuenta al fin de ese detalle, y lo compara con la población real de Moscú, empieza a percibir la realidad de ese mundo. Agónico no se ajusta a esa situación: terminal.

Como he dicho, la novela tiene un buen principio, pero esto se trunca enseguida. Aparecen personajes ‘filósofos’ que rompen  el ritmo narrativo y el clima (por más que no tratar de imaginárselo, resulta poco menos que increíble el encontrar a gente que divague de esa manera en medio de ese cataclismo). Por desgracia a medida que avanza la novela se comprueba que ese tipo de digresiones son frecuentes… lo que no acaba ni de justificarlas ni hacer que encajen con el resto. Y, peor aún, cuando parten del protagonista lo único para lo que sirven es para desvirtuarlo como personaje coherente: a veces parece un papanatas, y otra un cruce entre Tolstoi y Aristóteles.

Como se deduce de estos comentarios, la novela padece de altibajos y errores de trama. Uno de los más graves trata de ‘lo  negros’ y su manera de relacionarse con el entorno, y más concretamente con los hombres. No diré más de esa cagada. Además, si bien a novela posee por lo general un ambiente de realismo, de materialismo, en otras (escasas, y precisamente por eso más chirriantes) ocasiones habla y describe fenómenos poco menos de que magufos. Supongo que dado que la novela se publicó en entregas y en internet (orientada a un público juvenil, lo que implica poco exigente), el autor no debió ser capaz de evitar las chorradas magufas.

En definitiva, el libro entretiene a ratos, por lo que le otorgo un seis, nota que mejoraría mucho si se hubiera trabajado un poco más los personajes y sobre todo el entorno. Bueno, sí, eso casi suena a que escriba de nuevo toda la novela. ¡Qué cosas!

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Hola ofidios.

Regreso a Dan Simmons tras muchos años sin leerlo. Lo último que leí de él fue Fases de gravedad, un libro que me supuso un chasco, más que nada porque esperaba una cosa (idea preconcebida) y me encontré algo realmente diferente. Tras esa lectura no me recomendaron leer la saga de Endymion, y la saga de Troya no me atrae absolutamente nada (y menos aun por la forma en que la han publicado aquí en EsPPaña). Pero tras haber leído hace poco El lobo de mar este libro me llamó la atención.

He de aclarar que compré el libro con un poco de resquemor: está incluído en la colección de ‘histórica’, con lo cual eso me esperaba, una novela realista más o menos acertada. ¿Qué me he encontrado en El terror? Pues una joya que no llega a la categoría de obra maestra por poco. Una historia magnífica, absorbente. La presencia del frío, del polo, como un personaje más, dibujado como una personalidad propia e implacable, el auténtico protagonista de la historia. La lucha entre el hombre y la naturaleza. Y la derrota (con trazos de gloria y patetismo) como otro miembro de la tripulación.

Entre medias, acechando en torno a toda esa desolación, algo. Mientras las páginas avanzan uno se ve más y más inmerso en un paisaje, en una ambientación, que ya la hubiera firmado el mejor HPL (del que veo que todavía no he metido ninguna reseña en la nueva encarnación del blog: cosas de haberme leído casi toda su obra). Las páginas vuelan y al tiempo que quedan atrás uno descubre algo más: la criatura no importa, casi es lo de menos: lo que realmente interesa radica en la lucha entre el hombre y ese entorno inmisericorde.

Por desgracia en la última sección el libro se desinfla con una innecesaria explicación, una parrafada que ensucia el resto de las páginas. Todo ese rollo jippi sobra por completo.

Pero lo peor, sin duda, es el editor… o la ausencia del mismo. ¿Quién tiene la culpa de ese estilo tan horrible? ¿Simmons y su editor yanqui, o el traductor y el editor español? Lo ignoro, pero la falta de unas galeradas, de una corrección de estilo, ensombrece el libro por encima de todo. Otro detalle que habla mal, y en esta ocasión el culpable sin lugar a dudas es el editor español, es el de colocar este libro dentro de ‘histórica’. Sin duda el encargado de esta clasificación no se he leído el libro (ni siquiera las primeras cien páginas) y no se ha dejado orientar por alguien que sí lo haya leído. Se trata de un libro de terror, y más concretamente rayano al concepto de horror cósmico de Lovecraft. Sí, usa personajes históricos, unos hombres cuya epopeya (por cierto, ovejas eléctricas es lectura obligada) sin duda supone material para una obra realista, pero no es realista: el libro entra del género de lo fantástico.

Aun con todo, sólo por el fondo (sin tener en cuenta la forma), recibe un muy meritorio 8.

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Durante años he estado viendo en las estanterías las Crónicas Necrománticas de este hombre, Brian Lumley, y siempre me han dado un poco de repelús. Algo en ellas me decía que la calidad de los textos no iba a ser precisamente buena. Pero cuando hace unos años vi este libro de salto por dos duros dije “¿por qué no?”, y lo compré.

Ahora que lo he leído he de confirmar mis primeras, e injustificadas, impresiones: la calidad no encaja ni de lejos con los mínimos que suelo exigir. Se puede describir Demogorgo como una novela adolescente poseedores de la calidad justa como para que un editor mediocre la publique. O eso o una novelización de una campaña de La Llamada de Cthulhu, una campaña no muy buena, ya sea dicho de paso (entre cómica y ridícula).

De hecho la resolución de la primera escena da un poco vergüenza ajena. La novela prosigue presentándonos los diversos protagonistas, a cual más vacío y tópico. A medida que lo he ido leyendo se me hacía más y más claro que lo que tenía entre las manos era un juego de rol novelizado, una partida larga y no muy divertida pasado a formato de libro. Y esa impresión final se ha convertido en realidad al leer el final (el primer final, para ser más exacto): el colmo del ridículo, lo patético y lo vergonzante. Una paliza habría que darle al editor por permitir que se publique eso.

No puedo decir que leer este libro significa una pérdida de tiempo: muy al contrario, dado que no conocía al autor este libro me ha servido como aviso para no volver a leer más de él. Además, por fortuna, la tarea de acabármelo no me ha llevado prácticamente nada.

A por el siguiente.

Valoración: 3

PD: escribiendo esto he recordado que Lumley tiene varias novelas ambientadas en Los Mitos. A ver si a través de nuestro señor Cthulhu este tío va a recibir una segunda oportunidad…

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Hola, ofidios.

Nuevo año, nueva entrada, en esta ocasión a modo de resumen de las lecturas del año anterior. Aquí desgloso mis pobres lecturas (pobres por ser sólo 23 libros: ni siquiera uno por semana, cosas que pasan por sólo leer en los traslados al trabajo). A continuación, el resumen:

Fecha fin lectura Autor Título Valoración Género
28/01/2009 AA.VV. Mares tenebrosos 8 Terror
10/02/2009 Oliver Sacks Un antropólogo en Marte 6 Ensayo
17/02/2009 Michael Moorcock El programa final 3 Fantasía
23/02/2009 AA.VV. Visiones 1999 5 Fantasía
17/03/2009 Norman Spinrad La canción de las estrellas 6 Ciencia ficción
01/04/2009 C.S. Lewis Perelandra 4 Ciencia ficción
17/05/2009 Stephen King Apocalipsis 7 Fantasía
30/05/2009 George R. R. Martin Los viajes de Tuf 7 Ciencia ficción
10/06/2009 Cordwainer Smith Los señores de la instrumentalidad IV 5 Ciencia ficción
02/07/2009 AA.VV. Maestros del horror de Arkham House 7 Terror
25/07/2009 AA.VV. El peón del caos 6 Fantasía
07/08/2009 AA.VV. Lo mejor de la ciencia ficción soviética II 6 Ciencia ficción
15/08/2009 Karel Čapek La guerra de las salamandras 4 Ciencia ficción
23/08/2009 Javier Negrete La mirada de las furias 6 Ciencia ficción
05/09/2009 Sheri S. Tepper Despertar 8 Ciencia ficción
18/09/2009 Robert Bloch El que abre el camino 7 Terror
01/10/2009 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 1 5 Ciencia ficción
13/10/2009 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 2 7 Ciencia ficción
21/10/2009 James Herbert Aullidos 5 Thriller
29/10/2009 Theodore Sturgeon Venus más X 3 Ciencia ficción
27/11/2009 John Brunner Todos sobre Zanzibar 7 Ciencia ficción
06/12/2009 AA.VV. Visiones macabras 7 Terror
16/12/2009 Arthur C. Clarke La ciudad y las estrellas 9 Ciencia ficción
24/12/2009 AA.VV. Conan el bucanero 7 Fantasía

Las lecturas no han tenido la variedad que yo hubiera deseado (menos preponderancia de la cifi y más del terror) pero como lo que manda en estos años es sobre todo La Pila, pues hay que atenerse a ella y a su ciencificiosa realidad.

Ahora juguemos un poco con los números.

En total han sumado 9773 páginas leídas este año, lo que hace una media de unas 27 páginas por día. Pobre, muy pobre, lo admito. Pero quizá eso se debe a que de los veinticuatro libros leídos he sacado una media de satisfacción que no llega al seis (en concreto un 5’73).

El género que este año mejor sabor de boca me ha dejado es el de terror (con un 7’23 de promedio), pero esto no puede sorprender dado que sólo he leído cuatro libros del mismo, frente a los trece de cifi, con una media de satisfacción del 5’67.

Por palo de creación, el que más resultados positivos me ha brindado es (para variar) el de relato corto, donde me encuentro con un promedio de 6’37. Por el contrario, el que peor resultado me ha dado ha sido para mi sorpresa la novela corta, circunstancia sin duda debida sobre todo a causa de ese El programa final, que lastra las demás. La novela estándar no destaca, con un mediocre aprobado alto (exactamente un 5’7).

A ver si este año que ahora entra consigue que se disperse un poco más los géneros y se eleven las medias de satisfacción por lectura.

Ale, se acabó esta entrada pedantilla y sin sentido aparte del meramente masturbatorio.

Hasta luego, culebras.

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Hola, culebras.

Voy a hablar de otro libro que lleva años en La Pila, y que allí ha estado de manera consciente debido a uno de los nombres que aparece en portada: el de Dean R. Koontz. Nunca he leído nada de él, más que nada porque sólo he escuchado pestes acerca del autor. Pero bueno, algún día debía leerlo y ese día ha llegado: estas son las Visiones macabras que viví.

El libro casi lo podríamos describir como una colina; empezamos acercándonos a ella y, parea nuestra sorpresa, en torno a la base hay un pantano hediondo. Con dificultados lo atravesamos, y con una sonrisa de alivio iniciamos el ascenso. La ladera posee una pendiente suave, un paseo agradable, no muy llamativo pero con algunos macizos de flores que alegran la vista. Continuamos subiendo y a medida que nos acercamos a la cumbre descubrimos que estamos disfrutando de verdad. Sensación que se confirma al coronar la cima: desde ella podemos disfrutar de un paisaje magnífico; nos sentirnos contentos de haber llegado allí. Sin embargo debemos avanzar, seguir, descender. Para nuestra desgracia al otro lado nos encontramos con una ladera que termina en acantilado. Mal que nos pese nos descolgamos por las rocas, mas no podemos evitar algún golpe, sufriendo incluso alguna caída que provoca heridas. Pero al fin llegamos al suelo y, ya desde él, oteamos esa cumbre recordando la pequeña gloria que descubrimos en ella. El muy agradable recuerdo nos hace valorar como positiva la excursión. Nos lamemos las heridas, damos la vuelta y seguimos nuestro camino.

Ya he colado la metáfora. Ahora a aclararla.

El pantano, como se habrá podido adivinar, es la introducción del libro, una basura pesada, tocha, pedante, perpetrada por el señor Koontz. El colmo del despropósito llega cuando, si no entiendo mal, ataca veladamente a la nueva ola de terror que surgió en los ochenta (cuya figura más importante la podemos encontrar en Clive Barker) por dejarse llevar por lo grotesco, lo sucio. Barrer es grotesco, sucio, sexual, y son duda se ha ganado a pulso el término de revulsivo del género. Que haya cada diez años un nuevo Barker, por favor, y que empalen a Koontz en una plaza pública en esas mismas fechas.

Ese ascenso suave y con detalles de color, de calidad, se trata de los tres relatos de F. Paul Wilson. ‘Sentimientos’ remota el clásico de la mano amputada y maldita, para contarnos una historia previsible, lineal y poco afortunada. ‘Caras’, por otro lado, me recuerda a los niños de la talidomida: ¿Se habrá inspirado en ese drama el autor? Lo ignoro, pero el resultado del relato satisface, al punto de verlo incluso filmable. ‘Inquilinos’ nos presenta una historia correcta, con buen ritmo y un cambio de registro final que deja un buen sabor de boca.

La cumbre del libro, sin lugar a dudas, la encontramos en el relato ‘El jardinero’, de Sheri S. Tepper. De no haber leído nada de ella en mi vida a encontrarme con estas dos joyas. ‘El jardinero’ es un relato magnífico, que sabe aprovechar muy bien la extensión impuesta por el editor para conseguir una novela corta redonda, con personajes algo tópicos pero creíbles (incluso el deforme protagonista). El único pero que se le puede ver a la novela es que resulta predecible, si bien ese defecto queda eclipsado por el resto de sus virtudes.

El acantilado, el despropósito final de la compilación tiene como autor a Ray Garton, ¿aclamado? autor de Crucifax. Realmente, si esa novela tiene el mismo corte que esta otra de ‘Monstruos’ espero que no pasa pos mis manos jamás: la estructura de la novela es horrible, con flashbacks pésimamente colocados (al punto de que a veces no sabes si estás leyendo algo del presente o del pasado). La novela en sí mete a monstruos en un entorno en el que no hacen falta: las propias personalidades de los personajes (y la organización religiosa de fondo) ya son de por sí lo suficientemente despreciables como para generar horror. El final se predice a la milla, pero no se disfruta ni cuando se acerca, ni al llegar a él, ni después, con esa lovecraftiana nota policial que acerca la novelilla al pastiche chusco, de broma. En definitiva, ‘Monstruos’ se reduce a una monstruosa pérdida de tiempo y un mal colofón para una compilación que iba ascendiendo en calidad.

Mención aparte merece la contraportada: se nota que quien lo ha redactado no le ha gustado nada, y se ha dedicado a reventar las historias. Un nuevo despropósito editorial, para seguir la tradición de Aullidos.

Una pena que esa basura final manche algo que iba muy bien. Por lo menos uno recuerda con agrado los primeros dos tercios del libro (sobre todo el relato central). Espero que la siguiente lectura me satisfaga más.

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Si se conoce mundialmente a Robert Bloch no es por otra cosa que su magnífico libro Psicosis, que inmortalizó Alfred Hitchcock en su homónima obra maestra. Psicosis pertenece a ese terror de humanos, por humanos y para humanos, un perfecto retrato de una mente enferma. Pero Bloch tuvo unos orígenes muy distintos, alejados de esa horrible realidad que amenaza desde las demasiado cercanas sombras de la mente humana.

Miembro del círculo de Lovecraft, sus primeras creaciones enmarcan en el terror de fondo puramente fantástico. A ese periodo primerizo pertenecen la mayoría de los relatos de esta compilación: sí, hay algún monstruo con pantalones y traje, pero muchos otros son deformidades inhumanas. El conjunto de relatos que incluye El que abre el camino merece un aprobado alto, permitiendo vislumbrar los derroteros de una carrera clave en la concepción del terror moderno. Y también deja entrever la decadencia (acomodada, oportunista y en cierta medida conformista) de su última etapa. Recorramos los mejores y peores momentos de esta compilación.

Entre lo destacable nos encontramos auténticos clásicos, piezas inmortales como ‘La capa’, ‘El dios sin rostro’, ‘El que abre el camino’ o ‘El vampiro estelar’ (obras que trascienden lo normal, ya por su calidad o por sus repercusiones literarias posteriores, como en el caso ‘El vampiro estelar’); insistir en sus cualidades carece de sentido, ya que se ha hablado de ellas en otros sitios en numerosas ocasiones.

Pero en la recopilación nos encontramos con otras obras que se merecen igual valoración positiva:

  • ‘Los honorarios del violinista’, con su toque fáustico, no narra una magnífica historia de desamor y egoísmo.
  • ‘El influjo del sátiro’, relato que goza de un delicioso toque a lo Arthur Machen.
  • ‘Regreso al Sabbath’, una historia que bien le podría haber servido de inspiración a Campbell para su magnífico Imágenes Malditas.
  • El relato ‘Los canarios’ quizá descuadra un poco al leerlo respecto a sus compañeros, pero se nos revela como una maravillosa delicia casi infantil.
  • Entre los últimos a destacar está la cachonda ‘Abadía infernal’, una broma de corte gótico, breve y ante la que uno no puede evitar sonreir.

Todo esto hablando de las luces; del lado de las sombras tenemos relatos que desentonan por su mala calidad, más que nada argumental. Entre ellos ‘El extraño viaje de Richard Clayton’ (demasiado sinsentido para mi gusto), ‘La casa del hacha’ (excesivamente tonto y predecible) y ‘Viaje son retorno a Marte’. Pero lo dicho, se trata de excepciones que no manchan en demasía una buena colección de historias.

Como conclusión, El que abre el camino resulta una lectura recomendable que aportará momentos de gran y aterradora lucidez; y permitirá al lector adentrarse en un claro exponente del terror americano de la primera mitad del siglo XX.

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Hola, ofidios.

Suculento, realmente suculento parecía este libro en la estantería del FNAC, tanto que no pude menos que soltar (con dolor) los casi treinta euros que valía y comprarlo. Y al poco tiempo leerlo, por supuesto.

Me encuentro ante un Valdemar Gótica, esa soberbia colección conocida por todos los amantes del terror clásico. Y además en su título aparece el nombre de una editorial mítica en el género del terror, y una editorial sobre todo significativa para los amantes de Los Mitos. Sin Arkham House, sin la labor de August Derleth, no se hubiera descubierto la figura de H.P. Lovecraft, uno de los autores más influyentes en toda la historia de la literatura fantástica. Y se supone que aquí esta unido lo mejorcito del elenco de autores de la editorial en forma de una extensa colección de relatos. Bien, bien: promete.

Ale, ya lo he leído. El prólogo y en general las introducciones a cada autor resultan por lo general interesantes (algunas incluso mucho, sobre todo para descubrir ese mundillo oscuro de los editores), si bien quizá peca de un poco excesivo partidismo en defensa de Derleth. Pero como eso ya lo adelanta el compilador en el prólogo, pues estamos sobre aviso. En mi opinión Derleth la cagó al tratar de sistematizar los Mitos, creando unos bandos donde en principìo (según lo descrito por H.P.L.) no los había, pero se trata de una opinión personal.

Entre los relatos a destacar por su calidad citaré:

  • ‘El valle de lo perdido’ de Robert E. Howard, narración sencilla y directa, dotada de la habitual agilidad del autor.
  • ‘El dios de orejas de perro’ de Frank Belknap Long Jr., un auténtico clásico dentro de la literatura de Los Mitos.
  • ‘La hermosa dama’ de David H. Keller, un relato que no conocía pero que está dotado de un aura de clásico)
  • ‘Amantes desde la tumba’ de Edgar Hoffman Price, historia cargada de los misterios del Egipto faraónico, aderezado con una justa dosis de romance, romance un poco forzado pero perdonable.
  • ‘El lobo de las estepas’ de Greye La Spina, dotado en parte de un estilo epistolar que recuerda a clásicos como Frankestein o Drácula, si bien trata de otro de los monstruos eminentes del terror, el hombre lobo.
  • ‘Algo viejo’ de Mary Elizabeth Counselman, de lo mejorcito de la compilación, un relato que de nuevo encaja a la perfección con lo que se espera de un clásico.
  • ‘Bon voyage, Michelle’ de Seabury Quinn, una historia triste, de final previsible pero que seduce por ese fatalismo romántico que destila.
  • ‘El señor de Cotswold’ de Nelson Bond, interesante relato para todos los amantes de Machen, Lovecraft y en general para los seguidores del terror emparentado con Los Mitos. No cuenta nada nuevo, resultando previsible, pero sirve de muestra de cómo la sombra del de Providence se alarga dentro de la editorial.

Por el contrario no quiero olvidarme de relatos a mi entender sobrevalorados y que aparecen en esta compilación: me estoy refiriendo a ‘El pequeño asesino’ de Ray Bradbury (jamás me ha convencido la manera de actuar, la psicología de los protagonistas; en el fondo se trata de un Bradbury rudimentario, muy lejos de lo que años después conseguiría con ese delicioso estilo poético suyo) y a ‘Propiedad del anillo’ de John Ramsey Campbell (otro relato que por más que lo leo no me engancha… ni le llego a comprender).

Resumiendo, la compilación merece la pena, si bien hay que abordarla de una manera abierta: yo me esperaba una nueva colección de relatos de Los Mitos y no es eso lo que hallé, sino un poco de todo. Quizá por eso me dejó ese sinsabor.

Un saludo.

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Otra vez King, otra vez un pequeño-gran chasco. Compré el libro plenamente consciente de que tras esas más de mil quinientas páginas habría una rica galería de personajes, cada cual definido e intenso; por otro lado temía que, aun con esa enorme cantidad de páginas, surgiera de nuevo el chapucero incapaz de concluir bien una puñetera historia.

Y acerté. Otro pleno, otra vez se renueva esta extraña relación que tengo con el de Maine: placer ante sus premisas, admiración por la descripción de los personajes, y nausea cuando se acerca el último cuarto de la historia. Vamos, lo de siempre. Pero volveré a leer algo más de él, seguro, como por ejemplo acabar con la saga de a torre oscura. Y de nuevo me cagaré en todo lo que le sea sagrado. En eso soy, mal que me pese, demasiado humano.

Apocalipsis es la versión buena, más amplia, de lo que en un primer momento se publicó como La danza de la muerte. En verdad que la historia, sobre todo el primer tercio, resulta puramente apocalíptica, con la plaga exterminando la humanidad. El capitan trotamundos hace muy bien su trabajo, rozando casi la perfección. A medida que es barrida la raza humana (todo un placer para un auténtico misántropo) Stephen King nos va presentando diversos personajes, algunos con su carga de patetismo y en cierta medida entrañables (Lloyd, Larry y Frannie), otros que se hacen más difíciles de tragar (el ejemplo más claro lo encontramos en Stu, don perfecto), mientras que los menos son simples parodias, esperpentos, como Trashcan o Harold. Luego están los supuestos catalizadores, a saber: por un lado una nueva encarnación de Randall Flagg, el amigo oscuro que en ningún momento acaba de dar miedo (sí, a lo largo de gran parte de la novela se habla de, ¡uh!, lo malo malísimo que es, pero en pocos momentos se capta de verdad esa espíritu); por otro un sinsentido lleno de ñoñez y tontería llamado Abigail, que dan realmente ganas de darla una paliza, o de alentar a las comadrejas para que hagan su trabajo de una futa vez.

A lo largo del libro algunos personajes mejoran, como es el caso de Stu, otros son borrados de un plumazo (como el caso de Nick, ejemplo de santurrón exacerbado), y otros se van sin haber dado lo que se esperaba de ellos (el caso mas chirriante lo tenemos con Nicole). Aun con todo disponemos de una gran cantidad de personajes que aderezan unas situaciones que nunca llegarían a resultar interesantes de no ser por ellos, sobre todo en la parte central del libro.

Lo dicho, el libro avanza gracias a los personajes, aunque con una terrible y pesada falta: el ridículo e injustificado egocentrismo americano, que de nuevo enmarca el fin del mundo, la llegada del maligno y de un salvador en su territorio, en los Estados Unidos. No hay más países en el mundo, no hay miles de millones de personas fuera de ese terruño, no: la lucha del mal y del bien se debe realizar ahí, entre paletos rednecks y dandis norteños, y con los ‘buenos’ rebosando de esa mierda de sensiblería patriótica a la que están acostumbrados en ese país. Bueno, al fin y al cabo se trata de una autor yanqui, que escribe para yanquis… en una primera instancia.

Sigamos con la novela: ya dije que el primer tercio de la misma es casi perfecto. Por desgracia se va desinflando, hasta que a medida que se acerca el final algo huele mal, muy mal: el lector lleva tiempo pensando en que debe ocurrir algo gordo, pero ese algo no acaba de llegar. Al contrario, uno contempla cómo el amigo Flagg se vuelve más y más penoso, Trashcan pierde el rumbo, y la vieja Abigail toma las de Villadiego sin haber hecho mucho más que juntar a la gente. ¿El auténtico Apocalipsis se limita al querido capitán? Parece que sí. ¿Cómo nos saca de este lodazal el autor? Pues con la mano de dios, ni más ni menos: con uno de los finales más atropellados y forzados que he leído en mi vida. Me imagino a King pensando algo así como ‘dado que no se me ocurre nada para desliar el estropicio que he montado invoco a Maradona y ¡gol!’. Vale, sí, lo sé: la demostración de jeta de Dieguito llegó bastantes años después. Pero queda que ni pintado.

Tócate las narices.

Y el editor sin obligarle a reescribir esa mierda de final. La coña final de Flagg sin duda no es nada más que una manera de quedarse con la peña, de decir algo así como ‘ya que a la segunda no supe hacerlo, me dejo una puerta abierta para intentarlo una tercera’.

Guay. Cabreo final, y sin embargo leeré más de este tío. Si es que uno es en el fondo masoca.

Un saludo y hasta luego, culebras.

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Muchos años han pasado desde que este libro está en la pila: en aquellos días incluso era miembro de la entonces llamado AEFCF, sin la T de ahora. Pero eran otros tiempos… Vamos a los que vamos: la lectura. Si alguien quiere leer más reseñas, que busque por ahí visiones 1999.En este libro hay de todo, como en botica, y más que hundir lo malo prefiero ensalzar lo que mejor sabor de boca me ha dejado. Dado que se trata de una recopilación de relatos escritos por autores noveles, aficionados, es lógico que el nivel muchas veces sea regular, por no hablar de bajo. Pero dado que se trata de eso, de noveles y/o aficionados, es lógico.

Entre los que he leído diría que mi favoritto es ‘Completismo’, de Eugenio Sanchez Arrate, un relato de cifi de corte clásico y bien escrito: no pasará a la historia pero tampoco defrauda.

Otros que, quedando a mi gusto por atrás pero que merecen una mención son:

-         ‘Apuntes para un experimento’, de Alberto Castellón Serrano: entretenido, con algunos fallos de estilo y de argumento pero que se disfruta. Ambicioso por su temática pero que no acaba de cuajar.

-         ‘El trofeo’, de Miguel Ángel Aijón, que bebe de la fantasía en plan brujería y espada, pero con menos brujería y más espada.

-         ‘Si te dicen que Caín’, de Raúl Gonzálbez del Águila, que me ha hecho gracia, si bien me ha resultado mosqueantemente previsible y quizá padece de una perspectiva demasiado antropomórfico, dado el protagonista. Dada la naturaleza del relato no diré el género en el que podría encajar: que quien lo lea disfrute de las tribulaciones del ‘sujeto paciente’ y trate de adivinar el final.

Del resto de relatos no diré que sean malos, sino que mejorarían mucho con más experiencia, (si bien algunos podrían, sin mucha pena por ello, ser descartados por poco originales).

Como curiosidad personal encontrarme aquí a Gabriel Olivo Díaz, un ‘compañero’ de mis primeras experiencias en esto llamado internet (conmigo escribiendo relatos pastiche de Lovecraft y tratando de moverlos por todas las webs posibles, e intercambiando enlaces con otras de relatos, españolas o hispanoamericanas), cuando monté ese horror de web llamada… ‘no se qué de Hger’. Jaja. ¿Era ‘El árbol de Hger’? estaba alojada en la web de mi empresa de entonces, Nortenet (¿qué habrá sido del deditos, del gordí y del  escaqueado? ¿Y de Gema ‘la escaladora’ [aún recuerdo esa foto de la sombra del Everest, y los mares de nubes], de Patri y de Víctor ‘cornacol’?). Joder, ha pasado mucho tiempo desde eso.

Bueno, nada más por hoy, culebras… I need blood, digo agua (eso me pasa por ponerme melancólico mientras escucho a los S.D.I.).

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