Juan Miguel Aguilera y Javier Redal – Némesis

Hola, culebras.

En mi caso, hablar del dúo AguileraRedal equivale a hablar de uno de los descubrimientos más satisfactorios de mi juventud: Mundos en el abismo y Hijos de la eternidad supusieron una auténtica bofetada en la cara para un chaval que pensaba que en España no se escribía ciencia ficción dura de calidad. Esas dos obras sirvieron para demostrar que en nuestras fronteras se puede encontrar textos dignos de dar sopas con hondas a Clarke, Benford o Bear, por decir tres que me acaban de venir a la cabeza.

Este Némesis pertenece al arco argumental de Akasa-Puspa, y en realidad se trata de una reescritura de El refugio. No había leído El refugio, así que he disfrutado de Némesis como si se tratase de una novela nueva.

¿Qué me he encontrado en Némesis? De entrada, hay que volverlo a decir: ciencia ficción de primera categoría, digna de los grandes. Frente a la temática bastante a lo Benford de En un vacío insondable (por citar mi última lectura del ciclo, y un texto ¿menos conocido? de la pareja), Némesis lo pudieran haber firmado (cada uno con su ‘porción’ de pastel) sin problemas Stanley Robinson o Clarke.

A las primeras páginas uno se da cuenta de que los autores no van a tener piedad a la hora de describir acontecimientos. Lo que sucede tras el ataque, la dureza que implica, no se suele leer a menudo en la ficción medianilla. Pero hay ciertas escenas de Hijos de la eternidad que no me acaban de encajar con esa hecatombe, aunque admito que leí los primeros libros hace ya más de veinte años y mi memoria puede fallar. Por no mencionar que este Némesis se trata de una reescritura de El refugio, posterior a la propia reescritura-fusión de Mundos en el abismo y Hijos de la eternidad en Mundos en la eternidad: quizá en esa segunda versión revisada de la historia se consigue encajar lo narrado en Némesis con lo que encuentran y descubren (o les es revelado) los viajeros de la Utsarpini al llegar a La Tierra.

Hay pequeños defectos de estilo, que se me hace raro que cometa tanto Aguilera como Rodolfo Martínez. Por ejemplo, nunca ponen las comillas de continuación de discurso tras punto y aparte (»). Al menos eso pasa en mi edición de kindle, libro comprado hace un par de años.

Pero mucho más grave es cuando se confunden los sujetos con los vocativos. De esa manera encontramos por ahí dispersas varias comas asesinas que dan ganas de arrancarse los ojos. Sí, soy in poco exagerado 😛

He encontrado algunas cosicas en cuanto a fondo que me chirrían. Por supuesto, si meto la gamba en algo me lo decís y rectifico.

Por ejemplo, se comenta que el haz de positrones va al 99’9999% de la velocidad de la luz. Si va a esa velocidad ¿cómo hacen para detectarlo y ver su avance, tal y como se describe en las páginas anteriores a la que aparece esa cifra? ¿Acaso pueden comunicarse con las estaciones como la Khayyam L 5/7 a más velocidad que la luz (tecnología tipo ansible que luego no aparece por ningún lado, ojo)? Aunque acabo de recordar el ‘Horror vacui’ de Sergio Mars , y lo que el autor me dijo respecto a la catástrofe descrita en su cuento, con lo que a lo mejor me la tengo que volver a envainar 😉 No habría el menor problema, por supuesto.

Tampoco me cuadra el cálculo que hace del momento en que se realiza la emisión/ataque. Dice que sale cincuenta años antes del momento presente de la narración. Pero si el foco de emisión está a una distancia aproximada de un año luz (en plena nube de Oort), y si el haz viaja al 99’9999% de la velocidad de la luz, entonces la emisión se produjo… ¡Exacto! ¡Hace un año! Debo haberme perdido algo, sin duda, porque no sé de dónde vienen esos cincuenta años.

Otro detalle que no acabo de ver: ¿cómo rompen los sellos de la Zheng He los no invitados? ¿Tan inteligentes son como para saber cómo hacerlo? ¿Pero no se supone que apenas son zánganos de ataque/castigo? En un momento dado se dice que revientan escotillas. ¿Qué pasa con la descompresión al reventar esas escotillas? A ver: entran por el exterior (en vacío) y se adentran en zonas presurizadas sin que se sepa bien cómo pasan de un medio a otro (y sin descompresión explisiva de por medio). Debía estar dormido mientras leía esa sección, porque no lo vi. No, señor.

Pero el momento quizá excesivo en todo este tema de los invasores llega cuando se pretende entender que, de entre todo lo que hay en los mamparos y salas que invaden, pueden identificar y anular las cámaras. Porque no se da a entender que arramblan con todo, lo que podría implicar la pérdida entre ese todo de las cámaras. No: al parecer sólo atacan las cámaras de manera ex profeso. Coño, que listos los bichines que entre toda esta tecnología y decoración tan extraña (al fin y al cabo están diseñadas por una especie muy distinta) identifican justo lo que ciega a su enemigo.

En el libro no se escapan los homenajes a otras obras del género, como el momento Alien (posición 2971 de mi ebook), la referencia a ‘Cita con Medusa’ (posición 7252) o el glorioso (al menos para un sectario como yo) momento Lovecraft (posición 7183). Hay, de manera obvia, alusiones a otras obras de Aguilera, como ‘El bosque de Hielo’. Mención aparte merece el chirriante momento Iker Jiménez (posición 4149).

Pero bueno, en general se trata de una lectura muy pero que muy recomendable. La ciencia ficción patria reluce con obras como ésta. Le pongo un bien merecido 8.

Adiós.

Pd: no puedo evitar recomendar de la manera más encarecida que, quien pueda, se haga con Mundos en el abismo y Hijos de la eternidad, los ultramares. Su lectura se convierte en toda una experiencia llena (a raudales) de sentido de la maravilla. El conjunto de las dos novelas constituyen una autentica obra maestra de la ciencia ficción dura, y a nivel mundial. Y no, no hagáis caso a los que dicen que Hijos de la eternidad decae frente a Mundos en el abismo: sólo ocurre que tras el shock de ideas de la primera obra, con la segunda continuación ya te has acostumbrado al universo de Akasa-Puspa y parece (pero sólo parece) menos sorprendente. Todavía recuerdo ese parpadeo y se me pone la piel de gallina.

Juan Miguel Aguilera – Rihla

(Reseña redactada con fecha 12/11/2013.)

Hola, culebras.

Juan Miguel Aguilera - Rihla

Juan Miguel Aguilera – Rihla

Hacía mucho que no leía nada de Aguilera, y de hecho ésta es la segunda novela que de él acabo (no cuento como suyas las de Akasa Puspa dado que están escritas en colaboración con Redal). En la anterior ocasión pasó por mis manos La locura de dios, libro que leí justo cuando salió y que en su momento me pareció magnífico; tras leer este Rilha, siguiente novela en solitario en la carrera del autor, no me atrevo a releerlo no vaya a encontrarme con que le debo bajar la nota.

Así dicho parece que Rihla no me ha gustado. Pues no, no me ha gustado nada. De hecho lo he acabado por pura fuerza de voluntad. Si bien empezó muy bien, aventurillas emocionantes y un misterio agradable, en un momento dado noté dentro de mí un crack, una rotura, un hasta aquí hemos llegado. Puede que en parte de deba a que, convaleciente como estoy, no ando con el ánimo muy elevado. El estar enfermo tampoco me debería afectar mucho porque hace un par de veranos estuve muy enfermo y eso no me impidió disfrutar de La luna es una cruel amante, por ejemplo. Pero con Rihla casi no ha habido manera. Identifico un claro momento de bajón, cuando junto los nombres de Kareem Abdul Jabbar (no, no es broma, aunque a mí me sonó a eso desde el principio) aparecen Piri Reis y Vlad Tepes. Recuerdo que en ese preciso instante dije para mí ‘esto es una coña, un condenada coña marinera’. Incluso lo puse en un twit. De ahí en adelante me di cuenta de que la lectura me producía pereza, suma pereza. Un libro de esta extensión nunca me duele durar tanto, pero éste…

Las páginas se iban sucediendo unas tras otras y no recuerdo emocionarme ante lo que leía. Al contrario, alguna escena me chirriaba, como por ejemplo la naturalidad con la que el brujo maya habla del hielo. Por muy chamán, brujo o iluminado que sea ¿habla como si tal de algo que no ha visto jamás de los jamases? Entiendo que la idea de hielo se le haga conocida a un moro de Granada (no por nada Sierra Morena la tiene al lado y seguro que habría reparto de hielo, fresqueras y demás por aquel entonces), pero ¡un maya que vive en un ambiente tropical con absolutamente ninguna cumbre nevada en miles de kilómetros a la redonda lo conoce! Sí, que me pueden decir que en una de sus encarnaciones lo ha visto, incluso palpado… pero yo eso no lo leo en el libro.

Pero ese error, más o menos menor, no me cabreó tanto como le inicial–final. En la portada pone una cifra, un año: 1485. En la contraportada otro diferente: 890 de la Hégira. Veo esas cifras y empiezo a mosquearme un poco, de manera muy leve. Dentro de la novela se dice que Lisán nace en el año 850 y de que la expedición parte, tal y como pone en la contraportada de la novela, el año 890 de la Hégira.

Fechas, fechas y más fechas. Entre medias dos personajes históricos: por un lado Piri Reis (1465–1554) y por otro Vlad Tepes (1431–1476). Recordemos que pone que Lisán nace el 850 a. H. Ya con esas cifras la cosa empieza a bailar. Bueno, vale: admitimos que en puro plan folletín que Vlad no murió en la emboscada de 1476 y que la tumba en el monasterio de Snagov está vacía (el Empalador huyó haciendo uso de sus artes). Así podemos permitir que un Tepes cincuentón comparta tiempo y espacio con un mozalbete llamado Piri Reis.

Ahora llega la clave que me cabrea más. Yo estudié que la Hégira sucedió el año 622 d. C. Empecemos a jugar convirtiendo fechas.

  • Lisán nace el 850 a. H., con lo que tenemos que 850 sumado a  622 da 1472. Según esto Piri es mayor que Lisan, algo que no se lee en ningún momento del libro.
  • La expedición parte el año 890 d. H. sumamos a 890 los 622 iniciales y nos da 1512. un Tepes casi octogenario y un Reis ya madurito que en esas fechas estaba labrando su leyenda en el Mediterráneo. En 1512 Lisán tenía la mediana edad que se desprende en la novela sí.
  • Se pone la fecha de 1485. En ella Piri tiene veinte años. Bien. Tepes tiene cincuenta y cuatro. Vale. Lisán tiene ¿trece? ¿Mande?

Teniendo en cuanta las fechas aportadas por el propio autor la credibilidad del libro se resquebraja sola. Si tomamos a Reis como referencia y es de verdad joven, la fecha de la expedición está mal y Lisán es un crío de trece años; si por el contrario tomamos las fechas como correctas entonces nos encontramos con un Tepes vejestorio y un Reis entrado en la cuarentena.

Aquí ya hay que dejar de pensar en los personajes como figuras históricas, lo que nos lleva a considerar que el autor sólo ha tomado los nombres porque sí, para llamar la atención. Pero esto tampoco cuadra: en el texto se describe la vida de Tepes con nombres de padre y abuelo incluidos, y hace referencia a su cautiverio de joven con los turcos; y en el caso de Reis habla de su tío Kamal. Entonces parece que sí que se trata de los personajes históricos. Vaya lío.

¿Estamos ante una especia de ucronía exagerada, en la que no se explica el origen de la misma? No se me ocurre cómo encajar fechas y personajes. Eso me reconcome mientras leo, pensando que la novela es una tomadura de pelo.

Pero es que entonces llegamos a la frase final y ya no sé si Aguilera se ha reído de mí o si no tiene idea de lo que escribe. Voy a trascribirla tal cual:

Era el año 897 Hijra. El 1492 del calendario gregoriano.

Acabáramos: según el señor Aguilera (a ver esas mates: 1492 menos 897 da 595) Mahoma realizó la Hégira veintisiete años antes. Joder, que todo el libro se basa en una ucronía de la Hégira y de Mahoma: que el profeta se largo a Medina con veinticinco añitos de nada, todo un chaval. Qué haría a esas edades el muy tunante.

A tomar por culo el libro.

La novela resulta más o menos agradable en cuanto a lo que se refiere de lectura. Aventuritas, mundos y culturas exóticas, cosmogonía incluida, mucha sangre, final con sorpresa… pero lo de las fechas lo mata. Le doy un cuatro pero me ha costado mucho vencer la tentación de rebajarlo más. Mucho más.

Adiós.