Arthur C. Clarke – El martillo de Dios

Hola, culebras.

Mucho tiempo ha pasado desde que no leo nada del maestro Clarke. Me regalaron este libro por navidad hace un año y cuando lo agarré me perecía la mejor manera de desintoxicarme de tanto zombi y relato casposillo. La cifi hard seria siempre me ha servido para aclarar ideas y limpiar la mente. En lo que se refiere a cifi hard seria el señor Clarke es todo un referente. Además El martillo de Dios, con sus escasas trescientas páginas y su letra gorda de infante se podía leer en un santiamén. Perfecto para desintoxicarme.

Arthur C. Clarke - El martillo de Dios

Arthur C. Clarke – El martillo de Dios

A los lectores asiduos al inglés el contenido de El martillo de Dios no les defraudará, si bien tampoco les hará excitarse mucho. Se trata de un texto a todas luces menor. El propio autor lo dice en el epílogo: estamos ante una historia corta novelizada. No digo con ello que se limite a meter paja sobre un idea de corto recorrido (en parte sí que hace eso), pero sí que el formato de novela se le queda grande: a lo sumo novelette o novela corta, y como tal creo que debería estar publicada acompañada de varios relatos que lo complementaran o arroparan.

La historia posee la sencillez típica de Clarke, que presenta una premisa de amenaza que desafía a la humanidad (en esta ocasión en forma de meteorito). Conociendo al autor todos sabemos que hay un 90% de probabilidades de que todo acabe bien, con un final feliz. Lo interesante es cómo se llega a él, y las vicisitudes que los protagonistas vivirán y deberán superar. En todo ello Clarke no defrauda. Pero ese argumento central supone una fracción de la novela. El resto de ella, quizá en sus dos quintas partes, consiste en la presentación y desarrollo de una sociedad semiutópica muy al gusto del autor. De igual manera disfraza de inmersión en el pasado del protagonista lo que a todas luces tiene la pinta de ser la base de un relato corto. A ver, como historieta no está mal, pero se alarga demasiado haciendo casi olvidar la idea base de la novela. Lo dicho, el libro está hinchado.

Pero por fortuna en esto de ‘hinchar’ textos hay autores y autores. Mientras con unos da gana de tirar el libro a la basura con Clarke, con su manera amena, sencilla y didáctica, dan ganas de seguir leyendo y aprender. De esa manera en este libro Clarke mezcla la pseudohistoria (la utopía que dibuja), el relato de cifi hard didáctico (la carrera) y la historia de ciencia ficción pura y clásica (el problema meteorito y su solución). Todo ello descrito con un lenguaje llano y claro marca de la casa.

Como resultado tenemos que El martillo de Dios es un libro menor en la bibliografía del autor, pero aun así una obra que destaca sobre mucho que he leído en los últimos tiempos. Se merece un 6.

Ta luego.

Arthur C. Clarke – El fin de la infancia

Hola, ofidios.

Me pongo con uno de los autores clásicos por excelencia de la ciencia ficción, y con una novela del subgénero de ‘primeros contactos’: Clarke y su El fin de la infancia, una de las primeras novelas del maestro de la ciencia ficción hard. Tengo que admitir que por lo general Clarke me encanta. Hace mucho que no leo nada de él, por lo que ya tocaba. Por desgracia esta novela no ha resultado de mi agrado, ni mucho menos: se me ha hecho larga y lenta, de pesada lectura.

¿Por qué?

Por una razón por completo personal y subjetiva: lo descrito en ella no me parecido interesante. El asunto del ‘primer contacto’ como tema central siempre me ha atraído, ya en forma directa, cercana y detallada (como en el caso de Contacto) o con un tratamiento más aventurero y exótico (voy a citar sólo uno que me resultó tanto sorprendente como agradable, Camelot 30k), por no hablar de textos de desarrollo o premisa errónea (en eso destaca entre lo que he leído El texto de Hércules, con su americanocentrismo galopante).
¿Qué le ha pasado a este Fin de la infancia para que no me satisfaga?

Tras un primera parte algo tosca y torpe (la estratagema de la linterna, el presumir que la pantalla oculta al supervisor, y que en efecto eso ocurriera, me parece de lo más inocente) se llega a una segunda parte en la que empezamos con el tema místico/espiritista, algo que ya me hizo recordar el enorme chasco que me supuso en su día la lectura del final de Cita con Rama (ese su horrible ‘ahí va la tercera de Newton’). Y es que toda la escena de la ouija me da bastante asquito y repelús. Aparte me encuentro la inocentada del polizón… vamos, que el libro ha envejecido muy mal no, lo siguiente. Es en la tercera parte de libro cuando Clarke demuestra sus dosis visionarias: no olvidemos que la novela es de 1954: lo que se describe en esa última parte parece elucubrada por un jipi endrogao, y los jipiosos tienen su origen en los 60. Además el cambio de destino de la humanidad surge en la novela de una manera poco menos inopinada. Jajá, lo siento, no he podido evitarlo. Esta última sección del libro tiene bastante influencia de Stapledon, haciéndome recordar en cierta medida La última y la primera humanidad. Pero, allí donde el mago de la filosofía espacial lo bordaba, Clarke apenas llega a idear una diminuta fracción de las maravillas que ideó este otro.

Vamos, que no me ha gustado el libro. Aparte de que, otra vez, Clarke se carga a Newton y sus leyes sin siquiera intentar dar el menor atisbo de explicación (por no mentar las incongruencias como que unas naves que provocan presión en la atmósfera al moverse -ergo son materia- sin embargo no aparecen en las pantallas de radar -ergo son materia indetectable… ¿ein? ¿naves kilométricas de estilo Stealth?).

Por todo ello le pongo un 3, y mira que me duele otorgarle esa nota a un maestro que ha demostrado en numerosas veces su habilidad.

Adiós.

Arthur C. Clarke – La ciudad y las estrellas

Hola, culebrillas.

Han pasado varios años desde mi último Clarke, y pensé que había llegado la hora de leer este libro, el único que me quedaba por casa del maestro del hard.

Pero antes de hablar del libro comentaré una tontería: hace muchos, bastantes años (yo debía ser un crío) no sé dónde leí una historia que me impactó, la de una extraña ciudad recorrida por un niño, el único que había nacido en ella a lo largo de millares de años. Hasta ahí llega mi recuerdo. Más mayor pregunté si a alguno les sonaba este argumento y todos me dijeron lo mismo: La ciudad y las estrellas, de Clarke. Pero es que lo que yo leí llegaba como mucho a cuento corto, ni de lejos poseía la extensión de una novela.

Sigo sin saber si leí esa historia, la soñé o qué. Lo importante es que con La ciudad y las estrellas y las aventuras de Alvin la intriga de saber que le pasaba al chico ese se me ha pasado: me he encontrado con una historia magnífica, con ese sentido de la maravilla estilizado y elegante típico de Clarke. Un gozada.

Pasando las páginas uno viaja de un decorado opresivo, masificado e impersonal (la cuasi eterna Diaspar) a la bucólica Lys. En esa transición, al comparar ambas sociedades, uno no puede evitar recordar la relación entre la primera y la segunda fundación (las de Asimov), una tecnológica y la otra psíquica. Pero es que el viaje no acaba aquí: en una sucesión de acontecimientos acabamos recorriendo los rescoldos de enormidades equiparables a las descritas en Mundo anillo o en Invernáculo. La historia más sorprendente del final me arrancó otra relación, en esta ocasión con un clásico, pero admito que este enlace está un poco tomado por los pelos.

Sentido de la maravilla, desproporción cuidadosamente calculada (y justificada), abismos de tiempo… esto y más hay en esta novela. No voy a decir nada más: sólo que quien quiera disfrutar con un buen libro ya está tardando en hacerse con él.

Hasta luego…