Archivo mensual: octubre 2008

Tres meses de ¿mobbing?

Hola, culebras.

Pues sí, me da por pensar que eso es lo que me están haciendo: mobbing. Os habréis fijado que de un tiempo acá el blog (bueno, los blogs, todos ellos) está completamente en silencio, sin actualización alguna. Podría decir que ha habido problemas de ordenador, o que he estado muy ocupado, o con problemas de salud, o que me ha regresado la apatía que me poseyó unos años atrás, o cualquier otra excusa. Pero la realidad es un poco más complicada (o sencilla, según se mire).

Hoy hace exactamente tres meses mi empresa me cambió el ordenador. Antes tenía uno que no era precisamente de última generación, pero sí plenamente funcional y útil para mi último proyecto laboral (un marrón, pero trabajo al fin y al cabo). Pero el 31 de julio de 2008 me cambiaron el equipo y me dieron ¡tachán! uno sin conexión a internet, sin conexión a correo electrónico, con un usuario muchísimo más limitado que el típico usuario limitado de windows. Unos ejemplos de cómo está de limitado este usuario: no puedo ni lanzar el explorador de windows pulsando <windows+e>, no puedo ver los iconos del escritorio, no puedo cambiar el fondo de escritorio, no puedo subir/bajar/apagar el volumen del sonido. Para más INRI, tengo un monitor desconfigurado con una resolución de pantalla horrible que al rato de estar delante de él provoca dolor de cabeza. La lista detallada de ‘cosas normales que no puedo’ hacer es casi kilométrica.

Ni que decir tiene que esta situación es lo más cercano a mobbing que he vivido en toda mi carrera profesional. Y quema. Quema mucho. Ver a compañeros en las mismas condiciones de ‘intercontrato’ disponiendo de ordenadores plenamente operativos, mientras a uno le castigan como a un paria, quema la sangre. Me cabrea.

Si a esto se añade que llevamos padeciendo en mi familia una enfermedad muy grave durante los últimos meses (pero que por fortuna ya va a acabar, y con un fin completamente positivo), resulta que al llegar a casa no tengo la más mínima gana de tocar un ordenador, esas asquerosas máquinas de las que mi empresa se sirve para intentar putearme. En casa sólo deseo estar con mis niñas, olvidar la mierda del trabajo y escuchar sus historias, sumergirme en sus risas (y en algún que otro llanto, sobre todo de la pequeñaja).

Desconectar.

Y eso implica, mal que me pese, dejar un tiempo apartado los blogs. Por ahora no me dan de comer, así que si algo hay que sacrificar, ellos están muy arriba en al lista. Pero sin duda se trata de un impass temporal. Tengo esbozados otros dos proyectos (uno de ellos con su primer episodio muy avanzado) que poco a poco saldrán adelante.

Pero hoy he hecho un pequeño esfuerzo, abandonando un poco a mis niñas (perdonadme), para escribir estas letras. Porque me resulta sangrante que en una ‘gran multinacional, líder en su sector’ (a mis jefes se les llena la boca al decir ese tipo de frases vacías, frases que con su actitud pierden todo significado) suceda esto, una situación que poco a poco se me ocurre llamar mobbing. Ya dura tres meses, tres meses de largas, de escuchar por parte del director financiero eso de ‘sí, tranquilo que ya te ponemos bien el equipo. Mañana, mañana mismo’. Tres meses en los que mi confianza en mis jefes, en mi empresa y en su buena voluntad se ha acercado infinitesimalmente al cero absoluto.

Bueno, por ahora ni hay nada más que añadir. A medida que las cosas en casa vayan mejorando (algo que espero sea en breve) trataré de retomar un poco ‘mi tiempo’, e iré avanzando en los proyectos ya abiertos e iniciando los nuevos.

Hasta entonces, un saludo.