Proyecto de Iván: buscoaliados.com

Hola, culebras.

Os presento la nueva aventura editorial de alguien muy especial, Iván Hernández (para mí siempre será DisneyMan, y autor de algunos dibujos de otras épocas): buscoaliados.com.

Se trata de un intento de promoción de una trilogia de temática fantástica en la que está trabajando, El futuro no tiene aliados. La idea de promoción se basa en el ‘apoyo’ a través de feisbuk, con los ya típicos ‘me gusta’. Haciéndose ‘fan’ de la web recibiréis regalos electrónicos. Como no podía ser menos posee una página en el citado servicio. También posee su propio torrente de pío-píos en el pajaroto.

Dado que no uso feisbuk (de hecho odio ese engendro) no voy a poder ‘aliarme’ como Iván quiere, pero animo a todos los zombies de feisbuk a que lo hagan. A ver si el proyecto acaba bien, con la trilogía en las librerías.

Yo por mi parte desde aquí lo enlazo y lo propago vía feed. Menos da una piedra. Y sobre todo si se trata de una piedra misántropa 😉

Un saludo.

¿Se acerca el momento decisivo? 15 de mayo de 2011

Hola, reptiles.

Hace tieeeeeeeeeempo ya hablé de una porra revolucionaria (por supuesto el número de participantes en dicha porra fue diréctamente proporcional al seguimiento de este blog 😛 ). Han pasado los años y parece ser que ahora sí que se mueve la gente. ¿Qué ha hecho falta para que algunos salten? Aquí van una lista, ni de lejos exhaustiva, de las posibles razones:

Estas y muchas más cosas han movilizado a una parte de la población. Mientras, buen parte del resto les hace el juego a quienes les explotan y sólo se preocupan del enésimo clásico (sin darse cuenta de que esa panda de millonarios sobrepagados se ríen de sus miserias), por las interioridades de piltrafas humanas o de intoxicarles haciendo que ataquen a quienes, más que menos, tratan de que mejoren sus condiciones (aunque a veces la caquen y bien).

Pero, como he dicho, la cosa cambia. Un movimiento ciudadano y no vinculado a ningún partido político ni sindicato se prepara para salir a la calle de manera coordinada: ¡Democracia real ya! El próximo 15 de mayo, a siete días de una nueva tomadura de pelo llamada elecciones municipales, empieza el pulso entre esos ciudadanos anónimos y la corrupta y endiosada clase política que se deja manipular por los bancos. En Madrid esa clase política se ha dado cuenta de que no los puede callar así a las bravas; en Toledo los políticos ha decidido que las protestas ciudadanas contra banqueros y los políticos no deben salir a la calle (así son ellos de listos, incapaces de pensar que esa actitud bien puede suponer de manera automática la pérdida de votos de todos los manifestantes).

Por fortuna en Madrid, como digo, la manifestación va a efectuarse. Y habrá que ir: día 15 de mayo a las 18:00 de la tarde desde Cibeles a Sol. A abultar. A protestar. A exigir que rueden cabezas.

¡democracia real ya!

Yo voy. Porque quiero una democracia de verdad ya mismo.

Un saludo.

Robert J. Sawyer – Starplex

Hola, culebrillas.

De este autor canadiense, Robert J. Sawyer, ya había leído algún que otro relato (sobre todo en los U.P.C.), pero ninguna novela. Así que cuando me encontré esta obra de raro nombre, Starplex, a un precio realmente bajo (tres euritos) no lo dudé. No conocía la editorial ni la colección, lo cual de entrada me daba un poquillo de miedo: a ver si se trataba de una edición cutre con una traducción googleada o similar. Pero por fortuna no acerté: hay algunas erratas pero nada grave.

El inicio de la novela recuerda un poco a las de Robert L. Forward, con sus diagramas orientativos, si bien en esta ocasión no acaban de aportar nada especialmente interesante a la novela. Ésta empieza de manera algo torpe, con un uso de cursiva y un flashback que no me acaban de convencer: la secuencia de hechos y la manera gráfica de identificarlos (cursiva para ‘lo más actual’ y tipografía normal para el flashback) al principio me hizo dudar de si se narraba uno, dos o tres momentos de acción distintos.

Salvando esos detalles pijoteros la novela arranca más o menos bien, planteando una doble intriga. Pero por desgracia a medida que se avanza una de las dos incógnitas (la que se plantea en la sección de cursiva) parece quedar olvidada por el autor. Mientras tanto la sección ‘no cursiva’ se prolonga en lo que se asemeja a un episodio de la serie clásica de Star Trek, con un Kirk discutiendo con una mezcla de Spock con rasgos klingon. El spoiler inicial que se marca la propia novela hace que lo que quizá intentó el autor fuera un momento álgido se convierte en algo así como ‘sí, que sé que va a pasar esto: adórnalo bien para que no me aburra’.

Por fortuna al final la novela retoma el ritmo y nos plantea un escenario final realmente jugoso, incluso grandioso (por la escala). Se acaban las páginas y me queda un sabor agridulce, como de una historia con un buen trasfondo, una idea base muy buena, pero mal llevada. Habrá que intentarlo con otra obra de este autor, a ver si mejora.

Al final la pongo un siete justico, dado que un seis me parecería poco.

Un saludo.

Robert E. Howard – Conan el conquistador

Hola, ofidios.

De nuevo recurro al bueno Howard para desintoxicarme, y en esta ocasión le toca a Conan el conquistador. Sin saberlo he tenido entre las manos la única novela como tal del cimmerio, una historia que gracias a su extensión permite al autor introducirnos más nunca en el mundo hiborio y sus enredos políticos.

De nuevo los personajes son estereotipos, pero funcionan a la perfección para obtener una novela trepidante, con batallas épicas, combates a cara de perro, horrores antiguos, magia negra y conspiraciones viles. Conan pasa de rey a fugitivo, de ahí a pirata y de nuevo a triunfante conquistador.

No voy a decir mucho más, porque leyendo el resto de reseñas que he puesto de los libros de Conan se puede adivinar cómo funciona de bien.

La novela se merece un justo ocho de puntuación.

Un saludo.

A.A.V.V. – Visiones peligrosas I

Hola, culebras.

En una nueva muestra de esa lucidez de editorial tan española, esta antología de relatos (que en origen se publicó como un sólo volumen) de Harlan Ellison la han partido en varios tomitos. Pero mejor no voy a despotricar de los editores (eso lo dejo para otro día) y me voy a centrar en lo contenidos de esta recopilación que significó un antes y un después en la ciencia ficción angloparlante, lo que quiere mundial.

Ellison se ha rodeado para esta antología de nombres de una manera u otra famosos, algunos porque cuando la concibió ya de por sí habían alcanzado la fama, y otros que la alcanzarían a posteriori.

La obra arranca con una serie de prólogos y presentaciones, dos de las cuales de la mano del mismísimo Asimov. Como la mayoría de loa escrito por el doctor, se hacen amenas y agradables. Tras ellas entra en escena Ellison, con toda una verborrea que a veces se vuelve casi baboseante para ciertos autores. Cada relato de la antología tiene un texto presentación del antologista y un epílogo del propio autor.

Podré unas pocas palabras de cada relato:

El canto del crepúsculo, de Lester del Rey, no está mal, si bien yo (y personalmente yo) le pondría un pero: lo podría haber escrito yo. La forma, la temática, el desenlace, todo es muy semejante a otros relatos que he escrito. Relatos que no han pasado alguna que otra criba. Le planto un 6.

Moscas, de Robert Silverberg, es un relato con mucha mala leche, dinámico, pero algo previsible. Le otorgo un 7.

El día siguiente a la llegada de los marcianos, de Frederik Pohl, por desgracia es un relato americano, demasiado americano. No digo que no tenga su gracia, su fondo reivindicativo, pero es que la mentalidad de los personajes es demasiado norteamericana. Sin duda en esa época y en ese país el tema estaría muy en boga, pero al estar tan constreñido a tiempo y lugar ahora pierde la gracia y el sentido. Un 5 y no más se merece.

Jinetes del salario púrpura, de Philip José Farmer, nos presenta a un Farmer desbocado, queriendo meter demasiado en un texto al mismo tiempo demasiado corto (por todo lo que pretende mostrar) y demasiado largo (con diferencia la narración más extensa el volumen). Un relato atrevido, iconoclasta, provocador y lenguaraz, muy al estilo del autor. Usa lenguaje experimental con que puede decirse está emparentado con La naranja mecánica de Burgess. Precisamente ese aspecto semántico se queda en ‘intento’ debido a que para que se desarrolle con efectividad se hubiera necesitado mayor extensión. Y es que de hecho el texto se reduce a una excusa para dibujar a grandes trazos un mundo rico y sugerente, una serie de pinceladas que no llegan a profundizar a causa de la reducida extensión. Por todo ello el relato no acaba de llenar. Le otorgo un 6.

El sistema Malley, de Miriam Allen deFord, es un relato mediocre, con final forzado y anodino. La mejor parte es la primera, llena de ultraviolencia. Un triste 4 le pongo.

Un juguete para Juliette, de Robert Bloch, es un relato bien llevado, con un estilo infantil lleno de repeticiones, pero que adolece de un final burdo y apresurado (casi diríamos que novel) que desvirtúa el conjunto. Otro 6.

El merodeador en la ciudad al borde del mundo, de Ellison, es un relato descompensado. El protagonista, de tan malo que es, parece más tonto que otra cosa, algo que se contrapone a la bestia que en realidad debía de ser Jack. Además el relato falla en lo relativo a crear un entorno creíble y el modo en que interactúa con el protagonista. Intenta forzar la situación y a personaje envolviéndolo con un mundo alienante, pero tal alienación nunca se logra, y por el contrario vuelve al protagonista aun más patético. No se merece más de un 5.

La noche en que todo el tiempo escapó, de Brian Aldiss, la podemos definir como paranoia ridícula fruto de un autor totalmente endrogado, una estupidez sin sentido alguno. De nuevo Aldiss demostrando es capaz de crear basura. Un 3, y por ponerle algo.

Un saludo.

PD: Me se olvidaba. La media del libro da un resultado de un cinco con veinticinco. Bastante triste para la que se supone que es una recopilación de relevancia casi histórica.

Charles R. Maturin – Melmoth el errabundo

Hola, culebras.

Tenía pensado redactar una meditada reseña de este libro, Melmoth el errabundo (de Charles R. Maturin), una tan extensa como las dos que he escrito de Frankenstein o de El monje. Pero eso es lo que tenía pensado, y otra la realidad: ando liadísimo y apenas tengo tiempo para dedicarme a este humilde blog. Así que me voy a ceñir a lo más conciso de este clásico de la literatura gótica.

Maturin nos presenta una obra de extensión desmesurada, y en ese mismo concepto de desmesura se encuadra el contenido del texto. Siguiendo los cánones del texto gótico, en sus páginas nos encontramos con los ya típicos (y tópicos) pasadizos secretos, presencias fantasmales, conspiraciones eclesiásticas, relaciones familiares engañosas, oscuridad y sufrimiento, etc. Así, basándose en esos elementos que no por manidos pierden fuerza, el narrador nos presenta una historia que al principio engancha: un supuesto inmortal que ha alcanzado tal condición a través de un pacto con el demonio. No he leído el Fausto de Goethe, con lo que me resulta imposible hablar de semejanzas, así que ese asunto me lo voy a saltar (que no, que no voy a enrollarme mucho).

El libro arranca con un inicio impresionante: regreso a una mansión en extremo tétrica, un pariente moribundo y mezquino, una tormenta, un naufragio y, como culmen de todo ello, la aparición de una figura incongruente y aterradora. Magnífico.

A raíz del inicio de la narración del español ya se puede hablar de semejanzas con El monje en lo relativo al enfermizo ambiente eclesiástico: su historia arranca de manera maravillosa con su descripción de las maldades que se ocultan tras los muros de un convento (el único y gran defecto de esta parte, y en general de toda la novela, es el tono resabiondo y cargante que usa el autor a la hora de describir). Las desventuras del pobre español parecen no acabar nunca, siempre acaeciéndole algo todavía más dramático.

Y ahí empieza a degenerar.

Yo esperaba (tonto de mí al ‘esperar’) que la narración del español fuere una suerte del cuento de la monja sangrienta en El monje. Pero aquí no es así: la narración se alarga y alarga y alarga. Y vemos cómo dentro de ella hay otra, y luego otra, y más allá otras dos, y una quinta. Eso en un momento en el que el pobre español se encuentra en medio de una situación llena de tensión: recién huido de la cárcel de la Inquisición. El texto se ve lleno de paréntesis a cual más extenso y farragoso, todo ellos para que el clérigo que se esconde tras el autor se solace en un impertinente sermón. El autor no sabe distinguir su púlpito de la novela, y así ésta decae hasta el punto de desear abandonar el libro.La últimas páginas uno las lee casi a desgana, deseando que acabe ese tormento: no el de Melmoth, sino el del lector.

Y es que el texto sufre de un narrador en exceso omnisciente, que describe todo de una manera tan prolija que aburre y mata los ambientes de horror que presenta. No sugiere sino vomita las escenas. Ves hasta el más diminuto menudillo medio digerido. Y te obliga a saborearlo. Horrible.

A eso se suman los diálogos monótonos,  monocordes, con una única voz y estilo de discurso. Todos (hombres, mujeres, niños y ancianos) hablan igual: no existe en el menor ‘trabajo de personaje’. Horrible.

Para rematar la chapuza el autor inserte de manera bastante anárquica citas supuestamente cultas, las cuales más que alumbrar algo a la narración sólo demuestran un nivel de pedantería descomunal. Peor todavía cuando muchas de esas citas carecen de objeto alguno e incluso rompen el ritmo. Horrible.

Una lástima que, algo que prometía ser una delicia, el autor -con su afán de demostrar ‘lo bien que escribe’- acabe destrozando todo el texto.

Le pongo un cinco gracias al fondo que hay tras muchas de las escenas (magnífico), ya que por la forma se llevaría un bien merecido cero.

Un saludo.

PD: Al final sí que me he enrollado un poco 😛

Gordon R. Dickson – Nigromante

Hola, culebras.

Tras varios años sin retomar la saga Dorsai, de Gordon R. Dickson, me llevé a las manos este Nigromante, una novelita que no abulta nada, ideal para llevarla encima. Ya me había leído los dos primeros números de la saga (Nigromante es el tercero): el primero no me disgustó y el segundo me resultó aburrido aunque digno. Sin embargo este Nigromante me ha parecido una auténtica pérdida de tiempo, un libro jipioso lleno de pseudofilosofía chusca y ridícula, ‘aderezado’ por una serie de ‘misterios’ tramposos metidos con calzador y que el autor se dedica a ‘resolver’ en la parte final del libro. Un ejemplo de deus ex machina, vamos. Además está enlazado con la saga Dorsai por los pelos (con una simple frase al final del libro), supongo que para ‘unir’ universos.

Vamos, que casi no merece ni el esfuerzo de leerse.

Le planto un dos porque hay que ponerle algo y porque un poco de imaginación sí que tiene.

Ale, a por el siguiente. Y de paso acabarme de una vez el Melmoth.

Chao.

Ángel Torres Quesada – Los vientos del olvido

Hola, culebras.

Agarré de la pila Los vientos del olvido por desintoxicarme un poco de mi lectura actual, un mamotreto de más de mil páginas que se me está haciendo difícil de tragar en sus últimas cien páginas. La verdad es que no sabía qué me iba a encontrar en su interior, con esa horrible frase en portada que hace de brutal e injustificado spoiler. Pero tras concluir la lectura he de decir que es uno de los libros de Ángel Torres Quesada que más he disfrutado, y sin duda el que más trasfondo crítico tiene. Ataca no sólo a la cultura musulmana (algo que creo que en parte se merece, y que ya lo está haciendo alguno), sino a la cristiana, a la hebrea y al propio ateísmo materialista. Vamos, que casi no deja títere con cabeza.

A lo largo de libro nos sumergimos en un mundo coherente en su estancamiento, situación que a todos nos suena conocido: el de la cultura islámica, anclada en el pasado por una idea de religión basada en la intolerancia y el oscurantismo (sí, en gran medida como los poderes que gobiernan la cristiana). Por ese mundo se mueven nuestros personajes, algo planos pero que nos sirven al efecto de darnos a conocer el medio y las circunstancias de ese mundo. El pequeño rompecabezas que se desarrolla a lo largo de la novela resulta algo previsible, pero no por ello menos interesante, con detalles que recuerdan a Clarke.

El resultado final es altamente satisfactorio, un space opera implicado sociopolíticamente, un texto muy oportuno para estos tiempos convulsos en los que vivimos.

¿Qué le pongo? Un merecido siete, y mi recomendación como un buen ejemplo de cifi española.

Un saludo.

Democracia real ya

Hola, culebras.

El lunes descubrí este movimiento de Democracia real ya vía meneame. Quien siga un poco mi web verá obvias semejanzas entre mi discurso político (sobre todo recientemente) y el que se lee en esa web.

Por supuesto, hasta ahora lo mío era predicar en el desierto (y dado lo humilde de mi web así sigue siendo). Pero antes, además, sabía que en ningún sitio ocurría nada que me diera esperanzas.

Pero la situación ha cambiado.De unos meses a ahora se empiezan a sublevar los que durante años he pensado que eran tontos sin remedio: los árabes. Sí, tal cual como suena: siempre he pensado que esa gente eran tontos. Cientos de millones de hombres, mujeres y niños, viviendo en la miseria mientras sus pies pisan alguno de los territorios más ricos del planeta; cientos de millones de personas sometidos a dictaduras y a tiranías medievales, sistemas políticos casi sacados de un libro de historia antigua; cientos de millones de seres humanos sometidos a una religión tergiversada y deformada hacia el terror. Cientos de millones de tontos que sufrían todo esto en silencio, o incluso matándose entre sí. Tontos.

Pero ya no pienso así. Están dando toda una lección al mundo de lo que la gente sencilla y humilde, unida, puede hacer. Están demostrando que la paciencia tiene un límite, que no todo se soporta.

Están gritando un descomunal aviso para navegantes.

En el ‘mundo árabe’, ese extraño planeta dentro de un planeta, la mecha ha prendido. Y la mecha ya se ha alargado a otros polvorines, como China o Estados Unidos.

¿Prenderá en España? Sinceramente deseo que sí. Que la gente reaccione de una vez. ¿Quién? Los que ponen a parir a Zapatero (como si él tuviera la culpa de todo, incluso del forúnculo que le ha surgido a Juan en la nalga izquierda por no limpiarse correctamente: de eso también tiene la culpa Zapatero). Los que hablan pestes de la basura de los políticos en general. Los que piensan que los gobernantes sólo en los ciudadanos de a pie una vez cada cuatro años, negándose el resto del tiempo a escuchar sus palabras. Los que saben que los banqueros son los enemigos públicos números uno no del estado, sino de cada españolito. Los que entre hipoteca, luz, gasolina y comida llegan mal (o no llegan) a fin de mes. Los que se han quedado sin casa. Los que están a punto de quedarse sin casa y están peleando ante los tribunales contra una ley que el poder se ha negado a anular (y es que nos lo ponen bonito). Los más de cuatro millones de parados que ven cómo no consiguen trabajo, y que cuando lo encuentran es a cambio de un sueldo tercermundista. Los que saben que algo tan importante y nuestro como nuestra sanidad pública está siendo desmantelado para que la empresa probada la destroce. Los que han visto cómo el estado regala dinero a los banqueros. Los que mientras empresas españolas baten récords de beneficios ven cómo les condenan a posponer su jubilación.

Las cosas se pueden hacer de otra manera, e Islandia así lo demuestra. Menos ver el puto furgol y más mover el culo por el futuro de todos. Tuyo, mío, de nuestros hijos. Hay que salir a la calle. Hay que dejar las urnas vacías, o por lo menos llenas de votos para otros. Hay que moverse. Porque nada cambiará mientras este sistema se mantenga.

Estamos ante un posible punto de inflexión.

Los políticos empiezan a acojonarse ante iniciativas tan legales y poderosas como el #nolesvotes (vale, se trata de una plataforma surgida de una manera absolutamente penosa, la movilización de gafapastas acomodados acojonados cuando su juguete se lo querían quitar de las manos, burguesitos que si bien han pataleado cuando les apartaban el chupete no hicieron nada por temas mucho más graves).

Y ahora surge esta otra plataforma: democracia real ya.

No pido revueltas como en Egipto, ni una guerra civil como en Libia (ya hemos completado el cupo por varios siglos). Sólo hace falta que se sucedan claras demostraciones de poder. Que el poder establecido sepa que hay otro poder, el del pueblo.

Por ello, porque aún deposito algo de confianza en la gente de este país, pongo en la columna de la derecha de esta web el banner de Democracia real ya.

¡democracia real ya!

Todo porque no quiero pensar que ahora que los árabes han demostrado ser listos, los españoles demuestren seguir mereciendo con razón el calificativo de tontos.

El pueblo puede.

Chau.

Mary Wollstonecraft Shelley – Frankenstein o el moderno Prometeo

Hola, ofidios.

Tras haber leído por segunda vez este clásico de la literatura debo reafirmarme en la impresión que ya me dejó hace años: nos encontramos ante un libro que debería ser casi de obligada lectura por el tratamiento que hace del bien y el mal y su relación con la condición humana. Esto permitiría espantar la más bien triste, por no decir ridícula, representación que el cine ha dado de la criatura. Visionando las viejas películas relativas a la obra de Wallstonecraff Shelley, y sobre todo las ‘canónicas’ de la Universal, uno se hace una idea de que la criatura es un ser de temperamento bondadoso pero de mente débil, un patético engendro creada por un genio más o menos loco.

Pero en el libro no hay eso, sino mucho más.

La obra de Wallstonecraff Shelley se basa en la confrontación de dos indudables protagonistas, ninguno por debajo del otro, ambos geniales y prodigiosos:

  • Por un lado tenemos a Víctor Frankenstein, un hombre de inteligencia fuera de su tiempo, que se hunde en el odio.
  • En el otro lado nos encontramos a la criatura (me niego a citar la página que de la criatura hay en la wikipedia española, porque es un ejemplo de porqué mucha gente odia esa web: está bandalizada y con una contenido inexacto, trivial y horriblemente redactado), un ser asilvestrado de impresionante evolución, de la nada al bien y de allí al amargado mal.

Del enfrentamiento de ambos personajes surge una historia donde uno no puede decir quién es realmente el monstruo y quién no. El libro es un tour de force de depravación de ‘lo humano’, un hundimiento en las simas de lo retorcido . Por un lado lo protagoniza un supuesto ser humano que en su vanidad y egoísmo abandona toda esa caridad que al principio enarbola como propia; por el otro una creación supuestamente inhumana que en su intento por acercarse a la sociedad hace propios los más graves defectos del hombre.

La evolución de Víctor a lo largo del libro es en su casi totalidad descendente: de culto y digno de respeto científico a un casi despreciable egoísta, sólo preocupado por su bien y el de los suyos, un irresponsable miedoso incapaz de afrontar sus actos. A base de esfuerzo y dedicación su saber sobrepasa los campos en los que se especializa, anatomía y la medicina, y gracias a su inspiración alquímica llega a emular a Dios. Pero si bien con al tiempo su capacidad creadora crece hasta convertirle en un demiurgo, su personalidad como ser humano no iguala esos progresos: Víctor se comporta como un crío, irresponsable y egoísta. Incapaz de enfrentar las consecuencias de sus acciones, se niega a tomar responsabilidad alguna; peor aún, reniega de la misma, la abandona cobardemente desde un primer momento y, una vez la misma le busca y le explica su triste existencia, en primera instancia le niega auxilio alguno. Víctor se convierte en ejemplo de corrupción moral a la que el mal entendido (y exacerbado) sentido de la familia puede llevar.

La criatura desde el principio se nos presenta como algo triste, desahuciado de la sociedad. En su primera aparición, tras su nacimiento, demuestra una timidez casi infantil ante su creador, no atreviéndose siquiera a perturbar el sueño de Víctor (un cuya primera reacción ante la criatura se reduce a odio y repulsa, algo de lo que la criatura es consciente). Así, sintiéndose repudiada se aleja de su creador y se sumerge en lo primario, en lo más básico de la naturaleza animal. Gracias a una inteligencia poco menos que pasmosa (en ningún momento justificada en el libro, lo que le da un carácter prodigioso, casi divino) pasa en unos meses de comportarse como algo primario y animal a moverse según las necesidades de un auténtico ser humano normal, compañía, amor y respeto como individuo. Esa necesidad de ser y sentirse útil devendrá en frustración, lo que le llevará a conocer y hacer suyo el lado oscuro del ser humano: la envidia, el rencor que lleva al odio, y en última instancia la venganza.

Llega un momento de la novela en el que la criatura se convierte en la conciencia de Víctor, sacando a la luz esos remordimientos, esa culpa que Víctor se niega a admitir: ha realizado una obra, pero de mala factura y peor finalización. La criatura, a su manera brutal y directa, exige al creador que perfeccione su obra, que la acabe, aunque sea sólo dando a su Adán una Eva con la que soportar esa soledad, a satisfacer una para la que Víctor sí tiene derecho (casarse con Elisabeth).

Un detalle a tener en cuenta es que en ningún momento la criatura recibe un nombre: Víctor no se lo da, y la criatura tampoco se aplica uno a sí misma. El nombre propio humaniza, acerca. La ausencia del mismo mantiene la brecha que la separa a la criatura con la humanidad, e incluso la agranda: todos (niños. Jóvenes y ancianos, pobre y ricos, extranjeros y locales) poseen un nombre que los identifica respecto a los demás, un nombre que los vuelve únicos y que permite a sus congéneres dirigirse a ellos. Por el contrario, la criatura no posee nombre, no alcanzando esa cualidad humana de proximidad. Incluso los animales domésticos tienen nombre. Él no. Nace de restos de seres humanos, pero pasa toda su vida desvinculado de la humanidad de la que surgió, ni siquiera unido por algo tan simple como un nombre.

En esta novela los escenarios de catacumbas húmedas y castillos típicos de la novela gótica mutan en estudios llenos de restos de cadáveres y material científico, en cobertizos anexos a casas y en parajes helados (montañosos o polares).

De igual manera los fantasmas y presencias atormentadas son sustituidos por los propios personajes, cada uno sumido en su infierno personal, un infierno alimentado tanto por su conciencia como por el contrincante. Las referencias a la religión y lo eclesiástico que en otras novelas constituyen un punto importante del drama aquí se laicizan, conjurando una visión casi atea del conflicto. Aquí no se enfrenta el hombre contra Dios, sino el hombre y su intelecto frente a sus actos y la responsabilidad ante los mismos. No hay malvados clérigos, orgullos y prepotentes, castigando a inocentes en nombre de un mal entendido dios, sino dos entes sabios (cada uno a su estilo) que se reprochan mutuamente horrores y debilidades que con un mínimo de entendimiento (salvando los escollos de los antes citados orgullo y prepotencia humanas) podrían haber solventado.

Tampoco existe para los protagonistas el premio del matrimonio: al contrario, la boda deviene en un nuevo crimen. Nadie tiene derecho a la felicidad tras emular a Dios.

Un detalle que me llama la atención es que los protagonistas son de Suiza: los marcianos europeos. Un suizo para un europeo continental es lo mismo que un canadiense para un norteamericano, una criatura rara. Si bien otras novelas se ambientan en los recurrentes países mediterráneos (España e Italia, llenos de pasión y oscurantismo religioso), en ésta se huye de ellos, para situarla en el país aislado por excelencia de Europa. Las únicas localizaciones importantes, más allá de los montes suizos, son precisamente otras regiones aisladas: la devastada costa de Escocia y la no menos asolada y oscura de Irlanda (con un nuevo referente a la religión católica). Como se ve, todos los escenarios distan mucho de parecerse a los civilizados Londres o París (la única ciudad no suiza de importancia que aparece en el libro como localización importante es Ingolstadt, si bien no nos la describe casi nada). El horror y la oscuridad no entran en la civilización sosegada y racional, sino que se mantienen aislados en los lugares remotos o, como en el caso de Suiza, en territorios que de manera voluntaria han dado la espalda al resto de países europeos.

Unos pocos comentarios ‘científicos’:

  • Me da algo de pena el que Wallstonecraff Shelley no hubiera nacido un par de generaciones más tarde, para poder escribir su relato bajo la luz de las leyes de Mendel. Seguro que hubiera creado una obra muy diferente, puede que incluso mejor aún (en la obra se hacen un par de referencias a ‘qué surgiría de la unión entre la criatura y su posible pareja monstruosa’).
  • Otro detalle que llama la atención en la novela es el tamaño de la criatura. Siempre se habla de su enormidad, de su tamaño descomunal. Pero, si está creado a partir de seres humanos normales, ¿cómo es que de juntar pedazos normales surge algo descomunal? Muy genio de la anatomía debería ser Víctor para juntar músculos y huesos hasta el punto de poder agrandarlos. ¿O usó sistemas de alargamiento como los actuales? 😛
  • Lo que no hace falta justificar, dado que entra dentro de ese aspecto alquímico en el que se basa el arte de Víctor, es el tema del rechazo de tejidos. Ya obviará ese tema posteriormente Lovecraft en su relato ‘Herbert West: reanimador’, obteniendo un magnífico relato.

Para resumir, Frankenstein no es una historia de monstruo, sino de monstruos: dos, a cual más patético. Un duelo inolvidable a intenso, que marca al lector y le hace reflexionar sobre la responsabilidad ante las consecuencias de sus actos.

Se merece un ineludible ocho, y no se lleva más por el a veces excesivamente enrevesado estilo de escritura.

Adiós.