Patrick O’Brian – Capitán de mar y guerra

Hola, culebras.

Por primera vez leía a este autor, Patrick O’Brian, y no voy a negar que tomé el libro con cierto miedo. Sabía que este Capitán de mar y guerra iniciaba la que quizá se puede considerar saga de aventuras navales más famosa que existe. Que me perdone otra saga si me equivoco. Pero eso no me daba miedo, no, sino el trabajo exhaustivo de ambientación que había tras ella. Sabía que me iba a meter en un fregado de términos y maniobras descritas con lenguaje propio delos marinos de inicios del siglo XIX. Y eso sí que me daba miedo: acabar perdido, ni sabiendo de qué se me habla. Pero el resultado ha sido muy positivo, tanto que repetiré más libros de esta saga Aubrey–Maturin: al fin y al cabo consta de ‘veinte más un’ volúmenes, un rico panorama por delante.

Capitán de mar y guerra

Capitán de mar y guerra

Para empezar con esta reseña hablaré de lo que me daba miedo, y de cómo ha acabado ese asunto. El nivel de detalle de las maniobras navales, así como el uso de términos y jerga marinera supera lo exhaustivo. Se puede decir que roza lo omnipresente… pero no podía ser de otra manera: ese tratamiento del lenguaje le da una credibilidad casi absoluta. Uno de verdad cree estar oyendo a verdaderos marinos. Incluso hay bromas usando esa jerga. ¿Estamos ante un problema? Sin duda que para un lego, o un lector vago, sí. Alguien no familiarizado con todos esos términos sin duda alguna se puede perder con facilidad. Pero me da en la nariz que alguien que sepa de lo que se habla disfrutará del texto al máximo. Pena que ya no vivo en Santander y ya no conozco a nadie con experiencia con veleros, que si no le dejaba el libro y esperaba su opinión.

Como se ve, el miedo se disipó. Un poco de fuerza de voluntad, un diccionario a mano, y para adelante. A la ambientación naval lograda se une un buen tratamiento de los personajes. Si bien no recurre al estilo de King (insertar pasajes completos y extensos del pasado), a través de párrafos y cuñas concretas O’Brian logra dar pinceladas de los protagonistas, sobre todo de Aubrey, Maturin y Dillon. La manera de realizar esos trazos deja claro que el autor pensaba en una saga: se adivina un fondo más rico, que quedará pendiente de descubrir en futuros títulos.

El libro posee un espíritu detallista, casi naturalista, que me ha encantado. Descripciones minuciosas que te permiten ver todo lo que rodea. Esa manera de volcarse en los detalles en ningún momento se me ha hecho cargante. Escenas tan deliciosas como la de las mantis están narradas con viveza. Además no caen en saco roto (como simple paja) sino que cientos de páginas más adelante poseen su pequeña razón de ser. Sé que muchos lectores no gusten de esa minuciosidad, pero en mi caso lo he disfrutado muchísimo.

Esa narración puntillosa, como no podía ser menos, se explaya en la descripción de las naves, sus arboladuras y aparejos, junto a las diversas maniobras. De verdad que tras la lectura tengo unas ganas enormes de ver la película, a ver si consigo identificar lo leído. Como ya digo las descripciones poseen una minuciosidad casi extrema. Eso arroja al lector a verse obligado a acudir al diccionario con frecuencia. A mí no me ha resultado molesto, sino más bien todo lo contrario: toda una experiencia constructiva. El resultado me ha confirmado que adoro los temas navales. Ya disfrutaba mucho con las narraciones de Hodgson, pero si en ellas la vuelta de tuerca tenía forma de horror y fantasía, en O’Brian consiste en zambullirse de manera absoluta en la realidad de la vida a bordo de un buque. Lo dicho: he disfrutado como un niño con todo lo que he aprendido de términos de vela. En verdad es otro mundo, con su propio idioma, costumbres y normas, un mundo que dan ganas de descubrir. Vamos, que sin duda alguna leeré más de esta saga.

Ni que decir tiene que un libro como este requiere un lector vocacional, uno que no se canse ante la perspectiva de tener que recurrir al diccionario o la enciclopedia para comprender los términos usados. A ese respecto debo aclarar que he leído el libro con el kindle, cuyo diccionario incorporado se me ha hecho de lo más útil. Pero de igual manera luego, móvil u ordenador mediante, he acudido a internet para seguir investigando. Las partes del barco, la vida a bordo en los buques de esa época, así como incluso temas comentados en la novela de manera tan tangencial (como las diversas señales visuales) han acabado suponiendo ratos de estudio. Lo dicho: un mundo.

¿Qué más se puede pedir al libro? Pues más, sí. Siempre se puede pedir más. ¿El qué? Ahora lo explico.

El estilo a veces deja que desear: nos encontramos con párrafos llenos del condenado ‘ser’. Aunque haya gente que me llame exagerado con ello, debo aclarar que me ofende encontrar ese verbo en dos de cada tras frases. Yo mismo intento evitarlo siempre que puedo (se verá en mis reseñas). Se me hace un recurso vulgar y fácil, que no sólo no enriquece lo narrado, sino que sustituye a otros verbos que darían colorido o acción a lo narrado. También hay descripciones descabezadas, como si el autor perdiera el rumbo en la narración. Aunque quizá yo tenga la culpa por no acabar de captar un detalle (puede que perdido entre la jerga náutica) que haga encajar el conjunto. Luego está el tema de los diálogos: algunos están mal llevados. Pero mal: no concibo que en un mismo párrafo, y casi seguidos, haya líneas de distintos interlocutores. ¿Tanto cuesta ‘una línea de dialogo/una línea de texto’?

A esto hay que añadir que algunas veces hay saltos entre escena demasiado bruscos. Se trata de elipsis tan exageradas que a veces cuesta imaginar lo sucedido entre ambas; otras sólo dices ‘aquí falta algo. Punto’. Da la impresión como de que el autor hubiera cortado escenas enteras. ¿Presiones del editor? Debo decir que el libro ‘se hace largo’. Lo pongo entre comillas adrede: una novela al uso hubiera acabado mucho antes que ésta (con batalla contra el Cacafuego y punto). Sin embargo Capitán de mar y guerra prosigue prolongando la montaña rusa de aventuras y acciones navales de tal forma que uno ya no sabe cómo va a acabar. Además de esa sucesión de aventuras el libro se adentra en la sociopolítica de la época. Ese detalle, describiendo costumbres e incluso tipos sociales, ha propiciado que el libro me guste más todavía. Incluso posee su toque casi Dickens a la hora de describir algunos personajes secundarios, que poco menos parecen sacados de una de las historias del de Portsmouth.

No me voy a explayar más. El libro se merece un 8, nota lastrada sobre todo por los defectos formales. Aun así me ha parecido una lectura muy recomendable. Pero no hay que olvidar que hay que ponerse a ella con paciencia y espíritu curioso, con ganas de investigar y aprender, algo que por desgracia no siempre sucede.

Adiós.

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