Stephen King – El viento por la cerradura

—Oye, tengo una cosita…

—¿Con qué letrita?

—Déjate de tonterías.

—Has empezado tú. Dime, ¿de qué hablas?

—Un cuento. De unas sesenta mil* palabras.

—Un cuento, jodío. Uno de los tuyos.

Ya tú sabes

—Bueno, vale. ¿Y?

—¿Qué va a ser? Pues que quiero publicarlo.

—¿Pero no tienes nada más?

—Ahora mismo no.

—Pues lo veo complicado. Con esa extensión y tu nombre hace falta o más compañía, dos o tres cuentos de igual extensión…

—Como en Todo os…

—Sí. O eso o que por lo menos duplique las palabras. ¿Seguro que no tienes nada más?

—Joder, no. Ya sabes que ando con esos guiones y con…

—No me cuentes tu vida. Así no lo puedo publicar. Aunque seas tú.

—Y eso que no te he dicho el resto.

—Ah, pero ¿hay más?

—El cuento es infantil.

—Anda, ¡no jodas! ¿Tú? ¿Te ha dado por hacer un Barker o qué?

—No necesito que mientes a nadie más.

—Sesenta mil, ¿y además infantil? Nope.

—¿Seguro?

—¿Así? Segurísimo. Ya te he dicho que para un único cuento de entrada necesito más palabras. Anda, majo, dale una vuelta y ven con algo más sustancioso.

—Vale…

Unas semanas después.

—Hola.

—Hola. Me pillas liado pero bueno, siempre tengo tiempo para mi gallinita de los huevos de oro. Dispara.

—¿Te acuerdas del cuento que te dije la otra vez?

—Tío, aunque no lo creas no eres el único ególatra con el que hablo…

—El infantil.

—Ah, sí. Dios, ¿ahora qué?

—Lo he modificado un poco y…

—Cien mil. Cien mil palabras por lo menos… y aun así lo de infantil no me encaja con tu nombre.

—He hecho los deberes, ¿qué te pensabas? Para mí cien mil es como mil para otros.

—Vale, sí, lo que digas. Quiero verlo.

—Toma, aquí tienes el manuscrito. Pero antes de que te pongas con ello te aviso: he logrado meterlo en La Saga. Y te juro que encaja.

—¡No jodas! Pero ¡qué demonios pinta un cuento infantil en La Saga!

—Lo tienes encima de la mesa. Léelo y calla. Y luego me lo publicas.

—¿Pero sigue siendo infantil?

—Sí… y no. Tenías razón: mi nombre pesa demasiado, incluso a mí mismo. Al final he metido mi marca de la casa.

—El rojo.

—Por supuesto. Hay rojo.

—Pero sigue siendo infantil.

—Bueno, sí y no. Digamos que se ha convertido en un cuento para niños adultos. Tiene un poco de Melmoth.

—¿De melqué? Te he dicho mil veces que mi no me vengas con esas jergas tuyas raras. Bueno, da igual. Lo leeré, y si tiene un mínimo de calidad lo meteré en el horno. Cabrón, al final siempre me lías.

—Por supuesto: no hay nadie mejor en eso. Al fin y al cabo soy el rey, ¿no?

*La cifra está puesta a ojo de buen (o mal) cubero.

Pues sí, culebras. No os habéis confundido: eso que acabáis de leer es otra reseña. O al menos parte de ella. La verdad, esta pequeña tomadura de pelo titulada El viento por la cerradura se merecía algo especial. El señor King se ha reído de todos los fans de LTO: ha encapsulado un texto, que muy bien podía tener peso propio e independiente (eso sí, orientado a otro público), en La Saga.

Stephen King - El viento por la cerradura

Stephen King – El viento por la cerradura

A ver: el libro se lee en un santiamén, se hace ameno y divertido. Pero al mismo tiempo el grueso del mismo (el cuento infantil) desentona por completo de las tres primeras novelas. Ojo, he dicho de las tres primeras. En este El viento por la cerradura al fin King hace lo que me temía en Mago y Cristal: nos planta un Melmoth (narración dentro de la narración, dentro de la narración).Y aun así no aburre, como hiciera el tocho de Maturin, lo cual se agradece, por supuesto.

¿Aporta algo a LTO? A mi entender no. Sí, habla un poco de los territorios de Rolando, vemos cómo la sombra de Randall Flagg se alarga, se perfila un poco más al padre de Rolando, descubrimos una nueva especie de mutantes lentos (muy diferentes a los vistos antes), pero… ¿y? No hay nada en ella que no me parezca prescindible, y de hecho nada que aporte al aura que LTO posee desde sus primeras historias. ¿Estorba? Dejando atrás las horas ‘perdidas’ leyéndolo (me di cuenta que contaba como el 4.5 de la secuencia de LTO cuando llevaba leído 1/3 de Los siete samuráis, digo Lobos del calla, con lo que interrumpí esa lectura), tampoco.

En definitiva, que le pongo un 6. Y no voy a entrar en el estilo con el que está escrito, que me repito.

Adiós.

PD: me acaba de entrar cierta curiosidad al ver en la tele un documental de la secta de la Cienciología. En esa secta/estafa uno de los objetivos (una de las metas) que deben lograr los abobados discípulos de Hubbard se llama ‘el claro’, que poco menos que supone una culminación de sus esfuerzos y progresos mentales. Por otro lado, según King en LTO la gente tiene como costumbre decir que cuando uno muere llega ‘al claro al final de la senda’. Quizá se trata de una simple casualidad o coincidencia, pero no me deja de llamar la atención: en ambos casos el concepto de ‘claro’ lleva asociado una cambio de estado, una especie de logro o consecución vital. ¿Tiene King alguna relación con esa secta?

Deja un comentario