Kim Stanley Robinson – 2312

Hola, ofidios.

A la espera de ponerme con la trilogía de Marte, he sacado de por ahí este librito. No sé por qué (supongo que lo puedo aducir a mi despiste generalizado) pensé que se trataba de Tiempos de arroz y sal, la ucronía, al punto que creí que se titulaba 2312: Tiempos de arroz y sal. Pero al cabo de unas páginas vi que no, que eso no tenía pinta de ucronía. Lo dicho, que vivo en un despiste continuo. Pero como ya lo había empezado no lo iba a dejar así porque sí. Máxime teniendo en cuenta que nunca había leído nada del autor.

Lo que me he encontrado en 2312 se puede definir como ciencia ficción dura y paisajística. Sí, tal cual: paisajística. Robinson se deleita, y de paso al lector, llevándonos de un lado a otro del sistema solar para mostrarnos los paisajes de diversos mundos y lunas. En plan Cosmos, vamos, pero con una diferencia: aquí la ciencia ficción dura se nota en la forma de terraformación poco menos que masiva, auxiliado por poco menos que maravillas de la ingeniería. Así, a lo largo de las páginas visitamos un planeta Venus que ha sido frenado, protegido por un parasol estático y sometido a un enfriamiento que se ha cargado su atmósfera infernal; o un cinturón de asteroides en órbita interior a la de Mercurio, que comercian con luz del sol; o una serie de satélites y cometas convertidos en terrarios que, al estilo de los ricksaws vistos en Mundos en el Abismo, surcan a altas velocidades el sistema solar y sirven tanto de hábitats como de transporte; o las diversas lunas de Júpiter y Saturno convertidas en entornos habitables.

Entre medias de todas esas descripciones de carácter más o menos físico, Robinson nos muestra una sociedad medio utópica en la que el trabajo se ha convertido en una suerte de voluntariado social: la gente trabaja en lo que le gusta y se le da bien, y luego colabora en labores comunitarias cuando quiere y donde quiere. Una especie de anarquismo, vamos, pero auxiliado por un enorme desahogo económico.

En esa sociedad del s. XXIV el hombre, como especie, ha pasado de un binomio hombre-mujer a un abanico de diversas sexualidades, llegando incluso a tener hermafroditas. Todo ello se logra mediante operaciones y terapia. Similar a lo dicho en Tritón… pero no: Robinson no lo muestra de manera directa como ‘de hetero me convierto en gay, y por arte de magia mis gustos cambian de una sexualidad a otra, para luego volver a hetero’, o viceversa, sino como una evolución (o crecimiento, o ampliación en el caso de las personas con ambas sexualidades activas y viables) de la personalidad. La sociedad ha aceptado y normalizado cada vertiente de esas nuevas sexualidades, algo que a día de hoy resulta impensable. Eso sí, esa suerte de sociedad utópica sólo existe fuera de La Tierra: el planeta madre sigue siendo un sindiós de hambre, guerra y radicalismo.

Hasta aquí algunos detalles paisajísticos. Pero 2312 no se limita a eso: no es libro enmarcado en el naturalismo, por decirlo de alguna manera. En la novela hay un poco de trama e intriga. Sí, muy al servicio de los paisajes físicos y sociales, pero lo hay. Lo bastante como para servir de hilo conductor. Sencillito, con una clara referencia a la Hyperion de Simmons. Entretenido. Punto.

Como resultado final queda un libro un poco hueco, sobre todo en lo relativo a personajes y trama, pero por otro lado muy visual y bello. Como a mí el componente paisajóstico me encanta, no me molesta ese defecto. Así que le pongo un 7 y me quedo con ganas de leer más de Robinson.

Un saludo.

Samuel R. Delany – Tritón

Hola, culebras.

Hace mucho… bah, no tanto. Hace algún tiempo que no leo nada de Delany. Lo último no me dejó muy buen sabor de boca, aunque mejor de lo esperado dado que este autor tiene fama de ‘difícil’. La verdad, Tritón lleva muchísimo en la Pila, más que nada porque lo que pone en la contraportada no me atraía mucho. Cosas de comprar de manera compulsiva ultramares.

Samuel R. Delany - Triton

Samuel R. Delany – Triton

Pero ya le ha tocado la hora. O no, según se mire: no he podido acabarlo, me ha vencido.

De entrada decir que me he encontrado con muchos, muchísimos, demasiados -mentes. Se puede decir que este libro sirve de ejemplo de lo que implica abusar de los modales. Se hacen cargantes, insufribles. Una auténtica tortura, al menos para mí.

Ni que decir tiene que junto con los -mentes uno no se libra de la infestación de seres. El jodido verbo ser se convierte en una plaga.

Pero los problemas con el estilo no acaban ahí. La propia sintaxis se hace cargante, con frases enrevesadas de manera artificiosa. Uno sufre ante el exceso de paréntesis: a veces incluso se encuentra tres incisos de ese tipo en una sola frase (hace muchos años me reía de Lorenzo Luengo por su sistemático uso de los paréntesis; leyendo este libro hubiera deseado que Delany se quedara en el estilo de Luengo). Esa sobreabundancia hace que el discurso quede roto, por no decir destrozado. Uno se pierde entre las acotaciones, las inserciones, los comentarios, y por ello la lectura se vuelve farragosa. Para acabar de joder la marrana, demasiadas veces esos incisos aportan datos de poco o nulo interés. Vamos, una paja descomunal.

La forma mal, muy mal. Pero, ¿y el fondo?

Entre tanta acotación y comentario, la novela se arrastra. Padece de un inicio muy lento, que hace que el lector no sepa bien adónde ser pretende ir. Esto es habitual en Delany, sí, pero en esta novela se hace excesivo. Y el escenario tan distinto de lo habitual no ayuda: si se introdujera al lector de una manera más fluida en esa sociedad de Tritón se llevaría mejor ese primer centenar de páginas, pero el autor parece empeñado en ofuscar el texto. Porque sí, tarda ciento sesenta páginas en arrancar. Todo un record.

Aun así, seguimos.

Debo decir que, para la época en que se escribió el libro, me ha sorprendido la manera tan clara de mostrar la sexualidad, incluida la homosexualidad. Resulta refrescante saber que hay gente que no se muestra timorato ante esos temas. Ahora mismo, en este país de mierda, todavía hay gente que no tolera esas expresiones de sexualidad.

Aunque el discurso de Delany tiene algún mensaje que hoy día sí que se llevaría palos. Uno de ellos, quizá el más grave, versa en lo relativo a que, según el libro, la inclinación sexual se puede cambiar mediante un proceso químico-médico. Ni soy sexólogo, ni endocrino, ni nada similar, pero me da que el tema de la orientación sexual va más allá de un coctel de hormonas y operaciones de bisturí.

Un ejemplo de palabras, y palabras y más palabras introducidas sin apenas sentido (poco menos que para engrosar el libro) lo tenemos en el discurso relativo a la metalógica que le da el protagonista a su nueva ayudante. Según lo leía pensaba «Ya lo puede justificar más adelante, porque si no es un ejemplo brutal de paja». Y luego sí, me quedó claro que había acertado.

Según avanza el libro la paja me empieza a saturar. Diálogos plagados de acotaciones, muchas de ellas sin aportar nada salvo detalles superficiales; esa partida de vlet, con la descripción en exceso detallada del juego, que a todas luces está sobredimensionada (ni siquiera en un libro como El jugador, a priori más predispuesto a ello, se llega a tal detalle); la descripción del sistema de gravedad artificial (de repente nos metemos en harina de pseudo ciencia ficción dura). En general todo podría haberse descrito con efectividad, pero no tanto detalle.

El libro avanza. Sufren ciertas desgracias, viajan a La Tierra, regresan… todo a lo largo de miles de palabras, de incisos, de comentarios que no aportan nada. La lectura se hace casi insoportable. Y sin el casi. Acabé dejando el libro de lado: ya no estoy para perder el tiempo (y, a fin de cuentas, la vida) en semejantes cosas. Me quedé en la página 270 de 400. No pude más. Será por falta de libros que leer.

Lo siento, Delany, entras en la lista de fracasos. Y te llevas con este Tritón un 3.

Siguiente.

Robert A. Heinlein – Viernes

Hola, culebras.

Otro Heinlein que cae en mis manos. Aunque todo hay que decirlo: este Viernes lleva mucho, pero mucho, en la pila. Nunca me he sentido muy atraído por lo que pone en la contraportada, la verdad. El libro lo compre en mi etapa compulsiva, cuando me hacía con casi todo lo que veía (y me lo podía pagar), y ahí quedó. ¿Cuánto tiempo? ¿Quince, veinte años? Más o menos eso.

Pero ya le ha llegado el momento.

Robert A. Heinlein - Viernes

Robert A. Heinlein – Viernes

De Viernes puede decir que entretiene, pero poco más. La sucesión de peripecias de esta especie de agente secreto se resumen en unas cuatrocientas páginas de dar tumbos de un lado a otro, y poco más. Supongo que habrá gente que le guste este tipo de novelas vacías, pero a mí no me ha dicho nada de nada.

La mala baba de Heinlein se nota en muchas partes, como por ejemplo su manera de considerar a los funcionarios: como seres corruptos, indignos y conformistas. La visión liberal, vamos, en contra de los gobiernos centrales, domina a Heinlein. Pero hace gracia cómo, según le pone de parásitos para arriba, luego les exige y les recrimina que no funcionen bien. «Eres una mierda inútil, pero ¿cómo no eres capaz de hacerme este trabajo? Oye, que pago por ti». A ver, chavalín: si tanto pones a bajar de un burro lo público y defiendes lo privado, vas, no usas nunca eso que tanto detestas (ni les exiges nada), y te buscas la vida con lo que te ofrezca lo privado. Si luego te encuentras con que esa maravilla de sistema privado te sangra el bolsillo y en cuanto dejas de tener dinero te da una patada en el culo, te jodes. Y no vuelves a lo público, claro. Te jodes y si hace falta te mueres, don liberal.

Ale, ya he soltado mi alegato anti libegal—de—chichinabo (que incluye a lacras sociales como Esperanza «mamandurrias girl» Aguirre y demás libegales que viven de vampirizar lo público) del momento.

Nadie me puede negar que en este libro Heinlein mete mucha, pero que mucha paja. A veces la lectura de esas chuminadas interesante (como por ejemplo las descripciones de la vida cotidiana, y las teorías sociopolíticas llenas de mala baba), pero otras no, de verdad que no. Saber el menú completo de un restaurante, lo que comen los protagonistas, los anuncios de la prensa, o el vestuario completo de un rehén al que vas a desnudar sobra. Esas dosis de paja se puede decir que llegan a su máximo esplendor cuando describe el viaje de la nave. A ver, todos esos gráficos y tablas sobran, y sólo sirven para que el autor demuestre lo mucho que sabe de astronomía. Que sí, Robert, que todos sabemos que no tenías un pelo de tonto, pero con esas demostraciones no ganas nada. Al contrario, jodido pedante engreído liberal filonazi.

De vez en cuando la novela está salpicada de detalles cachondos. Un ejemplo: en la página 196 hace una mención tronchante a la relevancia política de Gales como nación. La iguala (así, tal cual) a Swazilandia o Nepal. Pobres galeses, ¿qué le han hecho al gruñón?

Me ha sorprendido un detalle que no sé si tiene algo de homenaje o burla. En un momento dado, casi sin previo aviso, el rollo de espías y carreras de un lado a otro acaba. Sin quererlo ni beberlo la protagonista (guapa, lista, fuerte, la nuera perfecta) deja de ser un agente de campo y se convierte en especialista de inteligencia. ¿Su labor? Pues ni más ni menos que hacer de Hari Sheldon y practicar psicohistoria. ¿Guiño a Asimov? ¿O mala baba de Heinlein contra el profesor, que basó parte de su éxito en esa magufada? De una manera u otra ese inciso interrumpe el sendero que parecía estar tomando la novela: el convertirse en un nuevo emperador de todas las cosas. Y bastante peor, más aburrido, que Radix, por cierto.

La novela avanza, y llega el momento de la disyuntiva: ¿la lanzo a tomar por culo o sigo con ella? Me refiero al ‘Momento de lotería’. ¿En serio? ¿Me tengo que tragar esa mierda? A eso le llamo deus ex machina y lo demás cuento. Y mejor no hablar de esos últimos capítulos en plan ‘nos juntamos todos y, cogidos de la mano, danzamos en torno a la hoguera’. Su puta madre. ¿Tanto cuesta no ser tan baboso?

Hay que agradecer que el estilo con que está escrita la novela, aunque mejorable, no chirría demasiado. La novela está narrada en primera persona, a modo de memorias informales de la protagonista. Eso hace que los defectos formales se manejan más o menos bien, al considerarlos parte de la manera de expresarse de Viernes.

Nota: por lo que veo parece que la gente se queda con las aventuras sexuales. A mí no me ha parecido nada del otro mundo. Aunque se agradece en manera tan natural en la que se enfoca la sexualidad en todas sus variantes. En eso Heinlein puede descuadrar a más de uno: no resulta habitual que un liberal defienda y hable de esa manera tan clara de relaciones homosexuales o en grupo. En ese sentido, ¡olé!, Robert.

Con todo la novela se lleva un 5, aprobado raspado, y me quedo a la espera de otro Heinlein de más calado. El Forastero en tierra extraña sigue en la pila, pero es tan gordo…

Adiós.

Elia Barceló – Consecuencias naturales

Hola, culebras.

Se puede decir que primera lectura que hago de Elia Barceló. En algún momento pasado he leído de ella algún cuento, creo que en un recopilatorio de la UPC. No estoy seguro ni me voy a molestar en buscarlo. Bueno, sí me he molestado y he encontrado dónde la leí. Y sin mucho éxito, la verdad. Pero de esa lectura hace ya mucho tiempo, casi seis años, así que olvidemos lo que me encontré allí y vamos con este Consecuencias naturales que lleva en mis estanterías más de veinte años.

Elia Barceló - Consecuencias naturales

Elia Barceló – Consecuencias naturales

Y joder, es que lo que me encuentro no da lo que se dice para lanzar cohetes: lenguaje torpe, lleno de esos seres que tanto he llegado a detestar, así como de —mentes. A eso se suma que de vez en cuando uno se topa con frases demasiado largas, sentencias que habrían necesitado un repaso (y con ello me refiero a dividirlas, sí). Ese defecto se nota sobre todo en algunas líneas de dialogo, que por largas acaban resultando poco o nada creíbles.

Sigo avanzando y me encuentro con que, con veinte años de antelación, Elia ha sabido plasmar un horror del lenguaje hoy en boga: el repudiar el masculino neutro, algo amenazante sólo para quienes buscan enemigos por todas partes. En su lugar nombra cada objeto con su masculino y su femenino. No voy a entrar a hablar de esa aberración. Sólo diré que, enarbolando la igualdad de sexos, lo que se consigue es entorpecer y arrastrar la principal misión del lenguaje: la comunicación fluida. Y no soy yo quien opina así. Pero vamos, pero como no habla ella sino sus personajes no voy a decir más. La señora Barceló ha decidido pintar una sociedad donde el movimiento integrador ha optado por manifestarse, entre otros detalles, con esa forma de lenguaje. Y ya.

Al cabo de unas páginas el libro empieza a hacer aguas. Y no por la autora, sino la propia edición. ¿Cómo marcan que un personaje inserta un punto y aparte en su discurso? Desde que tengo memoria yo lo he visto de la siguiente manera:

Aquí va un párrafo descriptivo o ambiental. Se trata de texto de narrador, no de personaje.

—El personaje suelta su perorata —entre las rayas el narrador acota lo que dice el personaje, o describe algo importante para la escena—, y luego sigue hablando hasta que llega el lugar donde decide marcar un punto y aparte en su discurso.

»Y pese a que se trata de un punto y aparte sigue hablando, lo que queda marcado con el símbolo de fin de comillas españolas (latinas o angulares). Sigue hablando y cuando decide de verdad acabar de hablar planta un punto y aparte y se acabó.

Ahora empieza un nuevo párrafo de narración, no dialogal. Vamos, que el narrador vuelve a entrar en acción y ya nos olvidamos del discurso del personaje.

Como se ve, gracias al símbolo de fin de comillas españolas (») se diferencia a la perfección un párrafo que enlaza dialogo de un personaje de otro que sólo introduce elementos narrativos. Pues bien, en todo el libro no se pone un solo símbolo de fin de comillas españolas, y eso que más de una vez los personajes introducen puntos y aparte en su discurso. Por ello hay que estar adivinando (tampoco supone mucho esfuerzo, no, pero eso no sirve de excusa) si se trata de un tipo de texto o del otro.

Sigamos, que me encabrono con esta mierda de ediciones/editores.

Esto ya sí que entra en el terreno de la autora: ¿tiene algún problema con los paréntesis? A ver, que se pueden usar. Incluso la malvada RAE dice cómo y cuándo se puede utilizar. Ale, a leer e interiorizar tochos ¿aburridos? pero muy didácticos, como lo descrito en el punto 2.a). La señora Barceló introduce incisos en las frases poniéndolos entre comas, cuando en algunas (y no pocas) ocasiones piden a gritos paréntesis o rayas.

Por cierto, la raya no existe en este libro: sólo hay guiones. Sí, en eso tienen la culpa tanto la aurora (menos) como el editor (más).

Los ojos me siguen sangrando debido a la ausencia de tildes. No una, ni dos ni tres. Para rematar, casi por norma los ‘él’ (sobre todo cuando empiezan una frase) carecen de rallita.

Sí, soy un tiquismiquis de la forma.

El texto se desarrolla en torno a un alegato feminista. Se me ocurre la palabra ‘tibio’ para describirlo, aunque quizá quedaría mejor expresado si se dijera que la sociedad descrita todavía está a medio proceso. Sólo eso explica que junto al llamado ‘lenguaje integrador’ (que la propia Charlie admite lioso y molesto) siga habiendo machos hispánicos con poder de mando y violaciones.

La novela, pese a su envoltorio de ciencia ficción, tiene más de aventurilla de fantasía que de otra cosa. Hay naves y extraterrestres, sí, pero tan increíbles que sólo se pueden considerar fantasía. ¿Qué por qué increíbles? Pues porque la evolución convergente tiene sus límites. Uno de los grandes, enormes, descomunales, intolerables fallos de Start Trek está en sus alienígenas todos iguales. Por no mencionar atmósferas, biologías, etc. Otro ejemplo: adoro Alien, la considero de las mejores películas de terror de la historia. Pero en cuanto se empieza a rascar la piel de ciencia ficción la lógica de la cinta se cae a pedazos.

Me desvío.

Que no, que no me parece creíble esa raza, tan compatible con la nuestra, tan humana en apariencia (todas ellas gélidas diosas de cuerpos perfectos) como para crear esta historia. Y lo de que se implanten pechos artificiales como símbolo de rango/status, pechos que se parezcan tanto a los humanos como para resultar atractivos, ya me parece el colmo del ridículo. A eso le llamo yo forzar el deus ex machina a lo burro creando una especie demasiado a huevo para generar le conflicto de la novela. Porque ¿cómo coño llega una cultura alienígena a esa idea de implantarse tetas? La autora no lo dice, y me da en la nariz que tampoco lo sabría explicar.

Otro detalle chorra y efectista, pero que en cuanto se piensa se cae solo: eso del despertar dolorido y con sangre. En una mujer se explica con total facilidad, sí, pero aquí no. Y digo no. Lo peor de todo es que la autora no da ni el menor atisbo de explicación. Ale, lo suelta y a tomar por saco. Y tú te quedas con cara de tonto preguntando que qué narices ha pasado, que de dónde sale toda esa sangre.

Cómo mola esa especie tan diferente de la nuestra, que rehúye todo contacto, y que sin embargo se permite operar/drogar/psicoanalizar a un individuo de otra especie como si nada. Olé sus huevos, y qué tontos los humanos que lo permiten así por las buenas.

Y ahora entro en donde la mataron: la sexualidad de los siesos (no, no me refiero a sus anos) xhroll. No me la creo, pero ni de lejos. La semejanza de los xhroll con los humanos, hasta el punto de hacerse atractivos, supera mi capacidad de lector de ciencia ficción.

Pero bueno, que esto no es cifi sino fantasía.

¿Alguien se puede creer el descrito sistema reproductor de los xhroll? La autora, de manera premeditada, no lo describe nada más que muy de pasada. Claro, porque no tiene ni pies ni cabeza y no parece dispuesta a meterse en ese berenjenal. Sí, hace mención a una antigua catástrofe planetaria que ha cambiado la biología de la especie dificultando su reproducción. ¿Aceptamos barco? No me gusta masticar ruedas de molino. ¿Qué tiene que ver esa catástrofe con que todos los extraterrestres tengan un sistema reproductor con el aspecto de una hembra de la especie humana? Aquí todo son vulvas, aberturas con labios que llevan a canales interiores. Pero no existe la contrapartida a esas oquedades, en la fisiología xhroll no hay nada ‘que los rellene’. ¿Mande lo cualo? ¿La catástrofe extinguió a los machos? Eso supondría tener mucho que decir. ¿Cómo ha sobrevivido la especie?

La evolución, en temas de reproducción sexual (porque de eso se trata, nada de bipartición ni métodos similares), tiende a generar órganos complementarios. Si en uno de los sexos hay un ‘hueco’ el sexo opuesto tiende a contar con algo que lo llene. El caso vagina/pene creo que lo conocemos todos. Bueno, en la naturaleza hay excepciones como en el caso de la fecundación externa. Ejemplo: las hembras de algunos peces depositan las huevas sobre un lecho arenoso, y luego los machos las riegan con su semen. Pero este no es el caso: los xhroll que aparecen en la novela poseen vagina, es decir, órganos reproductores muy internos. Si todos los xhroll poseen esos órganos reproductores muy internos, ¿cómo narices se logra el intercambio de gametos? ¿Haciendo la tijera? ¿La vagina o el útero se externaliza y algunos xhroll la sacan a modo de pene?

Porque en el fondo todo se reduce a una canción infantil: ¿Dónde están los del penes, matarile—rile—rile? ¿Dónde están los del penes, matarile—rile—rón? ¡Chim—pom!

Perdón, pero me río de esa biología. Me río mucho.

Sí, de verdad estoy ante una obra de fantasía. Fantasía de la dura, de la que obliga a apagar el cerebro y creer a ciegas.

Volvamos a la reproducción propia de los xhroll. Con todo ese alegato feminista (machos malos, machos violentos), la autora parece que se ha queda sin argumentos. ¿Costaba mucho hablar de reproducción asistida o similar, y así mandar a tomar el fresco a los engendros dominantes y brutales del pingajo colgante? Así se lograría explicar que se mantuviera, mal que bien, esa especie con su batiburrillo de vulvas sin pene. Pero no, la autora no se mete en ese asunto (“a los xhroll no les gusta hablar de eso”) y obliga al lector a tragarse que los xhroll han evolucionado de esa manera tan curiosa. Curiosa no, increíble.

Además está el detalle de la primera fecundación. O yo me he enterado mal o a la víctima la fecundan siguiendo un método muy similar al del contagio de las enfermedades veneras. Son unos virus macizorros con patas y juju (‘Rancio’ dixit). O si no ¿cómo ha ocurrido lo que ha ocurrido?

Cada vez que pienso más en la sexualidad de los xhroll menos me la creo.

Pero para acabar de rizar el rizo (AVISO: si no has leído el libro y quieres ponerte con él NO SIGAS) luego resulta que los machos—con—aspecto—de—hembra—macizorra—y—vagina—muy—muy—penetrable sí que tienen (al menos algunos xhroll) vaginas y úteros funcionales y que reciben de la manera tradicional. En serio, ¿se está riendo de mí? Ese caos de fisiología no se la cree nadie con dos dedos de frente.

No voy a hablar más de fisiología sexual. Al fin y al cabo la novela encaja en la fantasía con tintes reivindicativos. De la lectura queda claro que en esa sociedad los hombres (los machos) siguen siendo los malos, al menos en determinadas etapas de la vida y en ciertos rangos de poder. No lo voy a negar: bastante cavernícola se ve a día de hoy, y va a resultar muy difícil erradicarlos. ¿La sociedad pintada en la novela funciona? No queda del todo claro. Sólo hace falta leer las reacciones de bastantes machos ante las hembras. Sin lugar a dudas está en una etapa intermedia entre la actual (machista) y la deseable de la igualdad real (que no feminista). La igualdad (yo sigo a lo mía) no se va a lograr anulando el masculino genérico sino con medidas de mucho mayor calado y lentitud, sobre todo culturales/educativas. Y aun con ellas, tal y como comenta cierto personaje al final, ni siquiera se puede controlar a los sacos de hormonas masculinas a ciertas edades. En eso sí que creo que hace falta un salto evolutivo, y uno muy serio. ¿Se apunta alguien a un hecatombe zombi?

En definitiva, el libro ganaría mucho no sólo con una reescritura o con una mejor edición, sino con replantearse en serio y a fondo la sexualidad de los xhroll. Porque si nos quedamos nada más con el mensaje feminista de la reivindicación de la mujer en el escalafón social nos queda muy poco. Para eso mejor, por ejemplo, La puerta al país de las mujeres.

Le pongo un cinco muy pero que muy raspado.

Chau.

Stanislaw Lem – Ciberiada

Hola, ofidios.

Esta visto que lo mío con Lem se resume en un no rotundo. Nada de lo que he leído de él (Retorno de las estrellas, Viajes de Pirx, Congreso de futurología) me ha gustado. Sólo algunas partes concretas de Retorno de las estrellas me llegaron a agradar, pero con un balance final negativo. ¿Y qué me ha pasado con este Ciberiada? Pues más de lo mismo, sólo que en esta ocasión he acabado lanzando el libro lejos de mí: no podía soportar lo leído y a mi edad ya sé que no debo gastar mi tiempo en algo que no me satisface.

Stanislaw Lem - Ciberiada

Stanislaw Lem – Ciberiada

En esta microrreseña voy a hablar sólo de los tres relatos que he leído… o sufrido.

  1. La primera patada en la boca que me da ‘Expedición primera, o La trampa de Garganciano’ llega en la forma de la frase inicial: se puede decir que estoy ante la antítesis de frase gancho. Por favor, que alguien me mate. Sigo leyendo y descubro que, en vez de cuentos serios, estoy ante una chirigota casi surrealista. Por si alguno aun no lo sabe ese género, en general, no me agrada nada. La narración hace aguas por muchas partes, y al cabo de unas páginas la suspensión de incredulidad salta por los aires. Al final sólo me lo puedo tomar como una fábula medio infantil, tontuna e intrascendente. Versión blanda de En las colinas las ciudades. Del todo prescindible. Le endoso un 3.
  2. Me pongo con ‘Expedición primera A, o el Electrobardo de Trurl’. Sólo puedo definir el cuento como una estupidez de tomo y lomo. Puede que este sinsentido le haga gracia a alguien, pero a mí no. Me parece una absoluta pérdida de tiempo. Tras leer este cuento ya me decido: si el libro sigue por esos derroteros lo lanzo a la basura a la de ya. No puedo ponerle más que 3.
  3. Ahora llega ‘Expedición segunda, o la oferta del rey Cruelio’. De nuevo una chorrada sin sentido. No tiene ni pies ni cabeza. Otro 3 y el libro a tomar por culo.

La media, por decir algo, se queda en 3.

No voy a perder el tiempo con esto. A la porra. Me quedé en la página 66 y no le di más oportunidades. Mi tiempo libre lo quemo con otros entretenimientos, no estos.

Adiós.

James Tiptree Jr. – A diez mil años luz

Hola, culebras.

Nunca antes había leído nada de James Tiptree Jr., y eso lo puedo asegurar casi con un 100% de seguridad, incluso pese a mi pésima memoria. ¿Por qué? Pues por el estilo tan personal de este autor. Su manera de narrar los relatos de este A diez mil años luz se puede describir como elíptica y tangencial.

James Tiptree Jr - A diez mil años luz

James Tiptree Jr – A diez mil años luz

Narración elíptica, tangencial… ¿Qué cojones quiero decir con eso?

De entrada para saberlo invito a todos a leer la colección de relatos. Juro que no te dejarán indiferente. Pero para describir eso de ‘narración elíptica y tangencial’ voy a enrollarme un poco.

El estilo narrativo de Tiptree  se puede definir como trepidante, arrojado. Pero no como lo hiciera por ejemplo Moorcock, que pese a la acción nos describe con la justa riqueza los mundos por los que sus personajes viajan. No, en los textos de Tiptree  apenas hay descripciones ambientales o de contexto. A lo sumo nos encontramos con pequeños incisos en la narración que demasiadas veces dan más sombras que luces.

A ver: no se necesita que el autor nos dé un mundo mascado y regurgitado, casi a lo Tolkien, aunque a mí eso me guste y me demuestre el grado de compromiso del autor con su obra y con el universo que crea. Pero esto tampoco: pinceladas sueltas que dejan demasiado a la imaginación del lector. En un universo más o menos realista (o fantasiosos pero ya aceptado dentro de los cánones de la fantasía conocida) la carencia de descripciones o contexto no supondría problema alguno. En una novela ambientada en el s. XX no hace falta describir aspectos tecnológicos o sociopolíticos. Pero cuando los relatos están inmersos en escenarios fantasiosos muy alejados de ‘lo normal’ esa carencia de marco puede hacer que los hechos narrados resulten poco menos que incomprensibles.

El ejemplo más claro está en ‘Las puertas del hombre dicen hola’. ¿Cómo comprender ese mundo, con esos variopintos habitantes y ese sistema tan extraño sin poseer apenas descripciones del entorno? El lector acaba arrojado de un hecho extraño a otro, sin acabar de saber qué narices le está vapuleando. Pero este ejemplo tiene su contraejemplo: el magnífico ‘Os somos fieles, Terra, a nuestra manera’ usa la misma técnica, pero la extensión y riqueza de las situaciones y anécdotas llenan casi todos los huecos de las descripciones generando un relato (al menos en cuanto al fondo) casi perfecto, muy sólido.

Como ya he empezado a hablar de algunos de los cuentos, ¡entramos en harina! Los comentarios están anotados a medida que he ido leyendo los textos. Y sí, los he he ‘embellecido’ un poco a posteriori:

  1. ‘Y desperté aquí’. La palabra que define a este relato es ‘más’. El cuento necesita más, mucho más. No lo digo como un defecto sino en el sentido de que se atisba todo un universo en esas pocas páginas, y que nos quedamos con las ganas saber más de él. Creo que el relato hubiera ganado en riqueza, en jugosidad, duplicando su extensión. En definitiva, aportando más luz. MÁS. El relato describe un momento cotidiano de la vida de un reportero: no descubre la noticia que le hará famoso, ni nada similar, pero tampoco importa del todo. Por esa falta de palabras (insisto: me pide más) se lleva sólo un 8.
  2. ‘Las nieves se han fundido’. El relato sigue la premisa del anterior: muestra un momento concreto de la vida de la protagonista. Durante buena parte de la historia no se sabe de qué va el asunto: sólo acompañas a la protagonista en sus idas y venidas, en sus carreras (nunca mejor dicho) y empiezas a dudar de lo que ves gracias a algunos detalles y palabras concretas. Quizá las sucesivas carreras se llegan a hacer algo pesadas, pero entiendo que se necesitaban para dar la sensación de persecución prolongada. El relato cuenta con una forma más o menos cuidada, con imágenes cuidadas. Aunque al final te ves obligado a tirar de imaginación para entender lo que ha pasado porque tampoco explica del todo lo sucedido. ¿El lugar elegido para ambientar la historia? Supongo que tiene más de simbólico que otra cosa. Se lleva otro 8. La cosa promete.
  3. De ‘La apacibilidad de Vivyan’ voy a decir muy poco, o casi nada. ¿Por qué? Porque no me ha enganchado lo más mínimo. Le pongo un 3 y va que chuta.
  4. ‘Mamá vuelve a casa’. Según empieza ya casi me arranca los ojos: me encuentro con frases en las que entre el sujeto y el verbo hay una coma. Horrible. PECADO. ¡Penitenciagite! En este cuento la labor de edición y traducción empieza a hacer aguas. Hay párrafos que me tiran para atrás, de verdad. La historia por sí misma no está mal, graciosa con su toque al mismo tiempo feminista (reivindicando una sociedad matriarcal) y  machista (al final la figura del macho brutal y primitivo supone la salvación), pero ha envejecido muy mal. En mi caso no me dejado más que satisfecho a medias. Un 5.
  5. ‘Socorro’. La sospecha se confirma en un horror definitivo: no hay revisión alguna del texto. La mala puntuación, ese ente tan maltratado en general, es sólo la punta del iceberg. No sólo hay frases con los signos ortográficos mal colocados. En algunos casos incluso se adivina que el traductor se ha perdido por completo en lo que quiere decir el autor y no ha sabido captar el significado; en esos casos da la impresión de que se ha limitado a traducir de manera literal y ya está. Vamos, como a mí me pasó hace años, un ‘lost into the woods’. La historia se me ha hecho graciosa, poco más, llena de sinsentidos y con detalles tomados por los pelos. De nuevo un 5.
  6. ‘Sabio en el dolor’. Otro relato que está sin revisar. A eso hay que añadir el estilo —más caótico si cabe— de la autora. Si de por sí en ingles debe hacerse complicado pillarle el sentido a lo que se lee, si el texto queda embarrado con una traducción torpe y una edición que a veces no respeta no siquiera los saltos de párrafo el asunto ya se pone cuesta arriba. De resultas de todo ello la historia se me he hecho demasiado confusa, ya que obliga demasiado a intuir. Lo siento, pero un 4.
  7. ‘Os somos fieles, Terra, a nuestra manera’. Magnífico cuento. Dinámico, envolvente. Y eso usando el mismo estilo que en los relatos anteriores suponía un hándicap. Apenas hay explicaciones, pero la manera de encadenar comentarios y detalles suple esa carencia. La brusquedad con la que se arroja al lector a ese extraño mundo me ha recordado a El experimento Dosadi de Herbert. Cuento del todo recomendable, y que casi por sí solo justifica la compra del libro. Un 10 bien gordo.
  8. ‘Las puertas del hombre dicen hola’. Relato al que me ha resultado imposible cogerle la gracia. Eso en cuanto al fondo, que la forma… Por dios. Si es que incluso los guiones que marcan incisos de los diálogos están todos mal colocados, confundiendo lo que dice el interlocutor con lo que acota el autor. De nuevo se nota a gritos que hace falta una revisión del texto. Nada, nada. Un 4 y creo que me muestro magnánimo.
  9. ‘El hombre que volvió’. A este relato le quitaría el inicio y el final, ya que se me hacen demasiado confusos (vamos, que no los he llegado a entender bien). Salvando eso tenemos una historia que te obliga a leer, un cuento casi redondo. Pero…. Sí, hay un pero: tiene una influencia muy clara de Cántico por Leibowitz de Miller, lo que lo desluce un poco. Pese a ello se disfruta y se merece un 8.
  10. ‘Una eternidad en la Bahía de Hudson’. Otro relato que no me ha enganchado nada. Vamos, que por mí se podían haber quedado en Hudson y no salir de ahí. Se lleva un 4.
  11. ‘Te estaré esperando cuando la piscina esté vacía’. Relato jachondo que me recuerda algo a las historias de Lafferty pero con un detalle malo, muy malo: se limita a avanzar, avanzar y avanzar, hasta que se desinfla sin un giro que deje al lector descolocado. Vamos que no hay gancho final. Como detalle chorra decir que no he pillado por ninguna parte la referencia al título. Le pongo un 5 y ya.
  12. ‘Soy demasiado grande, pero me encanta jugar’. Joder con la edición. La puta edición. Ahora voy y me encuentro dos puntos dentro de dos puntos. Y —mente, —mente, —mente. En general en todos los relatos hay una sobreabundancia de —mentes, pero en este caso me ha costado seguir leyendo. Eso en cuanto a la forma deforme. En cuanto al fondo, este relato de nuevo tiene de nuevo unas secciones de inicio y de final que se hacen demasiado confusas. ¿Habla la víctima de la ‘transformación’? El estilo tangencial de escritura ‘marca de la casa’ a veces se hace demasiado… tangencial, haciendo que no se vea del todo bien lo que se pretende mostrar. Pese a todo la historia (ese alegato final) no está nada mal. Pero no puedo evitar recordar la forma horrible en la que está envuelto. ¿El autor tiene la culpa o el traidor del traductor y su compinche editor? Y yo voy y pese a ello le pongo un 6.
  13. ‘Nacimiento de un viajante’. Historia que de entrada se me hace muy semejante —demasiado—a ‘Os somos fieles, Terra, a nuestra manera’. Semejante pero más ‘vacía’. Parece una versión primeriza del mismo cuento. No está mal, pero queda ensombrecida si la comparas. Un 7.
  14. ‘Madre en el cielo con diamantes’. Llegas a cierta frase en concreto sacada de una canción de los Beatles (es un decir) y se te atraganta el cuento. Piensas: no, por favor, no. Y luego es que sí. Malo, muy malo, cuando el título de un cuento adelanta su final. Aquí el autor mantiene el recurso de ‘todo comprimido’, sólo que en este caso me ha dado la impresión más que nunca da la impresión de que parece querer ahorrar palabras. Me parece que hay una excesiva falta de descripciones de ambiente y  de contexto. Odio las tijeras que llevan a este tipo de textos, cercenados. Venga, le pongo un 6 y ya.
  15. ‘Súbenos a casa’. Scotty, beam me up! El relato quizá le guste a un fan de Star Trek. En mi caso  durante gran parte del mismo me sentí como si leyera Juan Raro en plan descafeinado (muy descafeinado). De nuevo no logré conectar con el texto, y la escena final me dejó muy frío, sobre todo por lo forzado. No se trata de un texto de Matheson como para sacarse de la chistera ese grajo. Acabamos con un 4.

Haciendo la media me sale un 5,8. Una pena esa nota tan baja. Las luces (ese soberbio ‘Os somos fieles, Terra, a nuestra manera’) han acabado casi devoradas por las sombras. Pese a ello la manera de narrar del autor me parece muy interesante y en ocasiones brillante. Habrá que conseguir más…

Un saludo.

Pd: para los que no lo sepan, el autor (Jaime) tenía tetas.

Algis Budrys – ¿Quién?

Hola, culebras.

Necesitando un libro finito para que me entrase bien en el bolsillo interior de la chupa rescaté este diminuto Ultramar. Llevaba no sé cuánto tiempo en La Pila este ¿Quién? por eso de que el tema de una posible historia de espías en la guerra fría me atraía poco y menos.

De Algis Budrys había leído ya Michaelmas y El laberinto de luna, sin recordar ahora mismo mucho de ambos, lo que denota el escaso éxito que a largo plazo han tenido en mi cerebro.

Algis Budrys - ¿Quién?

Algis Budrys – ¿Quién?

Empecé a leer este ¿Quién? temiendo encontrarme un rollo de espionaje y contraespionaje. No voy a negar que no hay algo de ello, pero para mi sorpresa el libro lleva entretejida una historia de crecimiento (o más bien desarrollo) personal del protagonista que le quita peso al rollo de las agencias. También temía darme de frente a un bodrio psicológico, por eso de tratar de descubrir (y cómo hacerlo) la verdadera personalidad bajo esa cara de metal. Sin embargo tampoco ha habido mucho de ello. ¡Menos mal!

La verdad es que la lectura se hace ligera, si bien no del todo amena. Al menos para mí, que no acabo de cogerle el gusto a la temática. A lo largo de las páginas se medio juega al gato y el ratón de una manera muy somera para tratar de averiguar quién se esconde tras la máscara. Pero no hay verborrea psicológica, tratando de trazar fintas en las fintas de las fintas para pillar al impostor. Al contrario, aparecen unos agentes bastante mediocres o desganados que no se ven capaces de hacer mucho. O al menos de sacar nada en claro.

Sin duda no está entre las lecturas de mi vida, pero tampoco la puedo llamar truño.

La edición cuanta con una traducción algo mejorable a cargo de Rafael Marín. ¿Podría traicionar al autor y cargarse esa ristra de adverbios modales? ¿Eso es traición?

Le pongo un 6.

Adiós.

Jack Vance – Lámpara de noche

Hola, culebras.

Hace muuuuuucho que no leía nada de Vance. Fijaos cómo es la cosa que tengo con este autor que me he comprado el libro como quien dice hace nada y ya está acabado. No ha durado en La Pila ni una sola semana: en cuanto he acabado con Cerca del punto crítico me he lanzado sobre este Lámpara de noche.

Y sí: me he comprado un libro. Tras sin gastarme ni un solo duro en libros, ni siquiera en saldos, al fin ha caído uno más. ¿Acaso ha mejorado mi economía? Pues no, por desgracia. Pero de repente me encontré con un pequeño vale de cierta tienda y… pequé. Más aun cuando vi en la estantería Lámpara de noche.

Jack Vance - Lámpara de noche

Jack Vance – Lámpara de noche

Tras años y años, de nuevo Vance. Debo decir que mi última lectura del maestro me dejó un sabor de boca no del todo agradable: Lionesse se me hizo demasiado Tolkien, como si Vance hubiera tratado de emular la fantasía medieval. Y a mi entender sin lograrlo.

Pero en esta ocasión el autor regresa a la manera de narrar que ya usara en ‘El planeta de la aventura‘. La descripción de civilizaciones extraterrestres como elemento narrativo principal. Pero con una diferencia con respecto a ‘El planeta’: aquí Vance parece casi desaforado. Describe y describe. Los mundos, sus sociedades, sus detalles. Nos introduce en ellos de tal manera que un poco más y las podemos tocar. Descripciones detallistas que al menos a mí nunca me han aburrido.

En este sentido hay que destacar que Vance, pese a la variedad de lo narrado, el libro apenas supera las 400 páginas. Todo un sopapo a los actuales forjadores de tri-penta-heptalogías: ellos sacarían 1600 páginas. O más. Y puede que ni así narraran lo mismo que Vance y con su fluidez.

Sí, hay detractores (y no pocos) de este libro. ¿Que los mundos no son del todo creíbles? En esos extremos tan a menudo ridículos y cogidos con pinzas está, a mi entender, la gracia. El mundo de Gallingale es un sinsentido absoluto con su sistema de niveles sociales; el de Fader es el espectro de un espectro, regodeándose de un pasado perdido, acosado por criaturas que parecen un recuerdo exagerado de los Tschai (o si se quiere con La máquina del tiempo de Welles), y sumido en unos conceptos morales tan rígidos como prepotentes. El colmo de todas esas sociedades estrambóticas está en lo que se descubre en el Congreso de Aguasclaras: habitantes que buscan el reconocimiento y la gloria a través de la inmolación más llamativa posible. Mundos imposibles, exagerados… desde nuestra perspectiva actual: en el libro queda bien claro que algunos de ellos llevan miles de años fermentando sus sociedades. ¿Alguien se atreve a decir que con tiempo y soledad no se puede llegar a semejantes sociedades? Quien diga que no que se dé una vuelta por esta bola de barro y compare sociedades.

Lo que sí hay que admitir, por ejemplo, es la manera en la que se olvida de las notas. Al principio del libro se repiten, jugosas e interesantes. Pero en cierto punto desaparecen para no volver.  ¿Olvido? ¿Despiste? Una pena porque por ejemplo en Fader, tanto para describir la zona civilizada como a lo largo de la epopeya de Maihac, hubieran tenido mucho peso y enriquecido el texto.

Si, en algunos aspectos se puede decir que el libro parece algo descuidado. Pero mucho y muy bueno me parece teniendo en cuenta que para entonces el autor ya estaba ciego. Me gustaría ver a los críticos narrar algo semejante sin ver.

Durante un instante el libro me hizo pensar en Radix. En un momento dado Jaro, el protagonista, parecía que iba a progresar por ese camino… pero no. Falsa alarma (si de verdad se puede considerar alarma a ese libro de superación personal extrema, cosa que no).

Siguiendo la lectura nos encontramos con aventuras dentro de aventuras, como la narración de Maihac. Sólo esa historia ya hubiera dado para una novela por sí sola. Vance la ventila en unas páginas y nos acaba introduciendo en una especie de folletín.

En general se puede decir que el autor configura una historia tipo maquinaria de relojería: en que todo encaja a la perfección. El plan de Maihac sale a la perfección, logra todo sin apenas complicaciones (y cuando las hay triunfa al modo Radix, convirtiéndose en algo más poderoso). Algunos detalles chirrían de una manera escandalosa, como por ejemplo la locuacidad del prisionero. Que sí, que es telépata, que su carcelero parece que hablaba por los codos, que es muy listo, pero coño: que habla como un Chéspir. Este detalle, y otros, le obliga a uno a pasarse por alto la suspensión de incredulidad. Pero hablamos de Vance (sí, se le perdonan esos pecados, sí. O al menos yo —vanciano confeso— se los perdono), y hay que seguir leyendo porque en cualquier momento nos golpea con su sentido de la maravilla.

¿Se puede decir que el libro es una obra encorsetada? Sí, pero… pero a algunos eso no nos importa. Yo cogí el libro consciente de que la historia del protagonista muy bien podía resultar un simple vehículo para conocer mundos y culturas extraños. No me ha defraudado, incluso con las limitaciones argumentales.

En definitiva, se trata de una obra recomendable más que nada para forofos de Vance. Hay que admitir que se necesita tener estómago para las digresiones que se suelta. Pero como yo tengo ese estómago no he sufrido con ellas, y como Vance me encanta, no lo he sufrido. Pero admito que si uno no conoce al autor y se encuentra de repente este Lámpara de noche con suma facilidad acabará huyendo… y perdiéndose joyas como La tierra moribunda o el ya citado ‘Planeta de la aventura’.

Vamos, que le pongo un 6, siempre teniendo en cuenta que yo me leo mamotretos que mucha otra gente tiraría a la basura.

Un saludo. O adiós. Lo que queráis.

Hal Clement – Cerca del punto crítico

Hola, culebrillas.

Sigo esquivando las leZturaZ. Esta vez, sacando de la pila los libros que me dio Alberto hace un tiempo, me he encontrado con un autor nuevo. Nuevo para mí, se entiende, que Hal Clement tiene ya un poco de solera. Entre los que tenía a mano, y sin saber como quien dice nada de nada de su contenido, escogí este Cerca del punto crítico. Además se trataba de un librito pequeño, novela muy cercana a la novelette, lo que me permitía (en caso de no gustarme) liquidarlo con rapidez.

Una vez leído ¿qué puede decir de este Cerca del punto crítico?

Hal Clement - Cerca del punto crítico

Hal Clement – Cerca del punto crítico

Me he encontrado con una obra de cifi dura, ambientada en un planeta rocoso gigante con una gravedad el triple que la nuestra. Así de primera me recordó a Estrellamoto (esa divertidísima novela de Robert L. Forward), pero al poco de leerlo las semejanzas se empiezan a diluir. En Estrellamoto teníamos una civilización sobre la superficie de una estrella de neutrones, los entrañables cheela: diminutas criaturas de un ritmo vital alocado. Sin embargo aquí están los ‘tenebritas’, en plena transición del paleolítico de cazadores/recolectores a la cultura trashumante (proceso imbuido, todo sea dicho de paso, por un programa poco menos que colonialista/paternalista muy de la época de la novela). Si la estrella de Estrellamoto rotaba a una velocidad alocada haciendo que sus habitantes vivan en un marco temporal diferente al nuestro, el coloso rocoso protagonista de este libro (con el sugerente nombre de Tenebra) gira de tal manera que sus días ocupan cuatro de los nuestros, lo que hace que sus habitantes vivan jornadas larguísimas.

Pero no está ahí la clave de dureza que afecta a todo el desarrollo del libro. Acompañada a la gravedad enorme del planeta se describe una atmósfera de enormes presiones y de calor casi infernal. En ese ambiente el punto crítico al que se refiere el título no tiene relación directa con ningún hecho dramático de la trama, sino que se trata del punto crítico de termodinámica. Aquí un poco más de información sobre el agua y ese punto. Usando una atmósfera cercana al punto crítico del agua el autor nos muestra la importancia de ese débil equilibrio entre líquido y gaseosos, tanto para la geografía, climatología y orografía del planeta como para la propia vida que en él hay. Nos muestra ríos y océanos evanescentes, una lluvia sorprendente, una dinámica de masas de aire en función de zonas de convección generadas por hogueras (sí, como digo: la atmósfera y sus meteoros modificados a golpe de fogata). En resumen, Clement se ha trabajado un planeta sorprendente dadas esas condiciones tan extrañas para el común de los mortales, pero al mismo tiempo creíble y coherente.

Aunque antes de seguir con lo duro hay que decir una cosica: si bien el autor se nota que maneja a la perfección los procesos químicos (lógico en Clement), falla de manera bastante estrepitosa en lo referente a la tecnología. Las referencias a cintas como soporte de grabación o a las reglas de cálculo a la hora de trabajar los navegantes e ingenieros le hacen a uno sonreír.

Inciso superado. Con ese escenario tan elaborado Clement nos presenta una pequeña historia de segundo contacto. Sí, segundo, porque así se me ocurre llamarlo dado que el primero parece un coitus interruptus.  Unido a esto hay un reto de cooperación entre especies tan diferentes como la humana y la tenebrita. A ello se añade un posible conflicto diplomático con una tercera raza en discordia, una suerte de klingons molestos e irritantes.

Por desgracia, como se suele acusar a la ciencia ficción dura, el lado literario pierde frente al científico. La brevedad de la obra no ayuda a hacer que el lector empática con los protagonistas. Al drommiano no hay quien se lo crea, de igual manera que (pensándolo dos veces) nadie creería en razas belicosas y con poder de navegación estelar: se auto exterminan antes de llegar a ello con seguridad. De los humanos apenas se atisba un poco del biólogo y de la niña, y de los tenebritas algo de Nick… y ya.

Al final de la obra hay cierto olor a deus ex machina, sobre todo en lo relativo a ‘lo que soluciona el problema’. Qué casualidad, vamos, que no han visto uno en todo el planeta y, oh maravillas, ahí está justo cuando se le necesita.

En una época en la que los libros pecan de que les sobra páginas y páginas, a éste le falta extensión. Y no sólo para crear personajes, sino que incluso para componer una trama con gancho. Mucho paseo por la superficie del planeta buscando y llegado el momento del salvamento… En fin, Forward se lo ha trabajado mejor que Clement. Pero hay que dejar clara la cantidad de años que separa esta obra (escrita en 1958) de la de Forward (de 1985). Esos casi treinta años, que en cifi han supuesto mucho (en fondo y forma), convierten Cerca del punto crítico en un más o menos digno antecedente. Si el libro de Forward se me hace muy recomendable (serio en cuanto a la elucubración de posible vida en un lugar tan increíble como la superficie de una estrella de neutrones), este Cerca del punto crítico se me hace por lo menos agradable, aunque no para tirar cohetes.

Antes de acabar no podía por menos que hacer mención a la traducción: descuidada, con algunas frases que me he visto obligado a releer para comprender. Y con algunas que ni así, obligándome a tirar para adelante sin saber bien lo que han querido decir. También la puntuación falla, tanto que se vuelve surrealista por momentos. Para acabar de rizar el rizo me he encontrado con errores en líneas de diálogo, que por arte de birlibirloque se han convertido en párrafos sueltos, o han acabado insertadas a las bravas dentro de otros. Espero que el resto de libros que tengo de esa colección mejoren ese aspecto, porque si no vaya pena.

Vamos, que le pongo un seis. Gracias, Alberto 🙂

Adiós.

PD: no, no he leído Huevo de dragón. Se admiten donaciones.

Philip José Farmer – Relaciones extrañas

Hola, ofidios.

Pues sigo esquivando lo de leer eZcritos, mira por dónde. Y es que ¿por qué gastar el tiempo en esos posibles engendros si tengo más cosas bonitas por leer? Como por ejemplo este Relaciones extrañas de Philip José Farmer.

Conocí a Farmer con A vuestros cuerpos dispersos hace… puf, hace mucho (que todavía no me afeitaba, vamos). Y debo decir a las claras que su descubrimiento me dejó casi en estado de shock. Devoré la saga entera, maravillado no sólo por el escenario sino también por los personajes y la sociedad que mostraba. Debo aclarar que tenía la saga entera gracias a los saldos de Ultramar y a mi manera de comprar libros de manera compulsiva: esa obsesión por conseguir libros la sufro desde que me empezaron a dar una paga semanal, algo que ha acabado creando mi pequeña montaña de libros.

Que me disperso.

Antes de ponerme a leer algún tezto de dudosa calidad me acordé de este librito. No tengo Los amantes, pero en esta compilación había alguno de los cuentos que hizo famoso a Farmer. Así que, ¿qué mejor manera de pasar el tiempo que volver a disfrutar de la pluma de este irreverente?

Philip José Farmer - Relaciones extrañas

Philip José Farmer – Relaciones extrañas

Por desgracia al poco de abrir el volumen me encontré con un problema (para mí) bastante serio: se trataba de una edición argentina. Pero argentina escrita en argentino. En español argentina. Boludo y todo eso. Eso me hizo enfrentarme a frases como ‘Sus lucubraciones fueron interrumpidas en forma violenta’ y otras incluso más extrañas. No estoy seguro de si siquiera un argentino puede considerarlas bien construidas, pero sin duda a mí se me hacían cuesta arriba. Por desgracia me encontré otra vez tratando de adivinar lo que había intentado decir el autor. Nada bueno, vamos.

Pero aun así intenté seguir: los relatos incluidos bien que merecían el esfuerzo. Y a ellos voy:

  1. ‘Madre’. Me sorprende este relato. A día de hoy resultaría simplón, casi inocente, pero me deja claro indica lo mal que estaba el tema de la moralidad y el puritanismo en aquella época. Como ya se verá en el resto de relatos, Farmer mezcla en Madre los aspectos cuidados de la cifi pseudo dura (describe procesos biológicos con aparente lógica) con los del más alocado space opera (ale, a ir de planeta en planeta como si se va de Móstoles a Mataró. Caminemos sin escafandras, sin análisis de aire o microrganismos. ¡A pecho descubierto!). Por no hablar de que se me hace demasiado fantasiosa la facilidad para entablar contacto (y diálogo fluido) entre dos inteligencias tan diferentes. Coño, que según esto Sagan se podría haber ahorrado Contacto: total, un poco de maña y cualquiera se comunica con una forma de vida tan extraña como Madre. Saltando esos defectos queda un relato agradable, por no decir interesante, que se lleva un 7.
  2. ‘Hija’. En la introducción del libro (demasiado a lo Barceló a mi gusto) hablan de este relato como algo menor en comparación con ‘Madre’. Y sí, posee ese aire socarrón, entrando casi dentro de lo que se podría considerar pastiche. Pero profundiza en detalles que complementan a ‘Madre’, poco menos que obligando a una lectura conjunta. Como el anterior cuento, posee un desarrollo muy interesante de la biología extraterrestre, aunque con un pero enorme: una inteligencia como la descrita debería tener un mayor conocimiento de su entorno, algo que parece que no posee. ¿Usó esa carencia para reforzar el carácter moralizante? El miedo a lo desconocido se convierte en un factor clave en el texto, y la manera de superarlo en un ejemplo a seguir. ¿Que tiene bastante de fábula? Pues sí. ¿Que se parece a los tres cerditos? ¿Y? A mí me mola la manera en que se llega al ‘soplaré, soplaré y tu chabolo derribaré’, cómo sucede y cómo lo resuelve el cerdito albañil. Le pongo un 7… no, mejor un 8.
  3. ‘Padre’. En este cuento el libro empieza a decaer. De entrada el tratamiento del viaje especial es demasiado cercano a mi gusto a la space opera. De nuevo tenemos esa dualidad algo irritante: seriedad y buena elucubración en cuanto a la biología y, por el contrario, un tratamiento infantiloide del viaje estelar, de los procedimientos de seguridad y de exploración… casi parece que los protagonistas de ese pestiño llamado Prometheus hubieran leído este relato a modo de manual de cómo actuar. Algunos detalles que no aportan anda y en cambio sólo sirven para molestar. El ejemplo más clamoroso lo tenemos cuando describe la distribución continental del planeta: dice que sólo posee una masa continental en el hemisferio norte, estando el resto de él cubierto de agua. Sin embargo también dice que el clima es suave, algo imposible debido a los diferenciales térmicos que generaría esa distribución de tierra/agua. Vamos, que si no dice ese detalle aquí paz y después gloria. Otro detalle de pura coña: el fundador de la orden religiosa se llama Jairus Cbwaka. Cbwaka. Cambia la ‘b’ por un ‘he’ y a lo mejor te recuerda alguien. No voy a decir más de esa chorradilla. Seguimos con los detalles: al profundizar en la biología de Padre y de su mundo se mete en un enredo de muy señor mío. El diablo está en lo detalles, y aquí Farmer ha acabado en el puro infierno. La verborrea pseudocientífica mal metida no sólo no ayuda, sino que hunde el texto. Entre la concatenación de incoherencias y palabros, si pretendía que el texto tuviera cierto aire de Cifi dura la verdad es que ha acabado pareciendo el texto un guion de serie B. No voy a hablar mucho más, salvo que ese final con ciertas semejanzas a El Monje (M. Lewis) no me acabó de convencer. De hecho todo el rollo religioso no me lo creí jamás. Al final se lleva un justito 5.
  4. ‘Hijo’. De un relato presuntuoso y fallido llegamos a uno más humilde y sin embargo efectivo. Sí, la descripción de Keet podría ser más completa, pero eso rompería con identificación entre narrador y el prisionero. El relato resulta un texto simple, tradicional y efectivo que se merece un 6.
  5. ‘Hermano de mi hermana’ regresa a las pretensiones de pseudorrealismo de ‘Madre’, ‘Hija’ o ‘Padre’, pero sin caer en los defectos de este último. No tenemos un Marte de Burroughs, pero tampoco uno de Robinson. Leyéndolo me vino a la cabeza Una odisea marciana de Stanley G. Weinbaum; hace años que no leo ese cuento y creo que sería un buen momento para recuperarlo. A lo que iba: en ‘Hermano de mi hermana’ Farmer recupera el tono y nos muestra cómo la biología puede generar problemas en las relaciones entre especies tan distintas como las protagonistas… y pese a todo haber momentos de erotismo –por decirlo de alguna manera– ‘extraño’. Texto interesante, tanto por la visión de Marte y sus habitantes como por la del resto de entidades biológicas. Le pongo un 7.

Y haciendo una media me sale un 6’5. Por el c…

Adiós.

David Mitchell – El atlas de las nubes

Hola, culebras.

Puf. Más de un mes desde la anterior entrada. Cosas de mi síndrome de velocidad de lectura decreciente.

Descubrí El atlas de las nubes (David Mitchell) a través de una sesión de cine nocturna: llegué a casa y cambiando de canales me encontré con una película ya empezada. Me puse a verla, aunque la información del canal decía que ya había avanzado en sus ¾ partes. Pese a ello lo que vi me llamó la atención, más que nada porque no pude hilvanar un argumento: parecía un batiburrillo de historias, cada una de su padre y de su madre y en tiempos muy separados. La peli acabó y me quedé con cara de tonto, sin saber lo que había visto.

Hasta que bastante después me encontré con este libro. Al parecer la crítica lo describía como todo un nuevo clásico, una obra enorme y de gran riqueza.

Bien, ya lo he leído. ¿Y?

De entrada voy a hablar del estilo. O mejor dicho del arte de escribir que demuestra David Mitchell. Leerle resulta un placer casi inenarrable :P, sobre todo si se compara con el estilo torpe de Brunner (sí, novedoso y transgresor en su momento con esa manera de dividir la novela, y el concepto de novela río de implacable efectividad. Pero insisto, en cuanto a estilo –lirismo, o poder evocador– a Brunner sólo se puede describir como muy limitado). Allí donde el americano no destaca con las descripciones o el lirismo Mitchell apabulla. Así de sencillo: hay secciones de un gusto romántico (sobre todo las de los dos primeros protagonistas) cuya lectura resulta una delicia. Por desgracia ese estilo casi lujurioso se va perdiendo a medida que la novela avanza: el corte en la sección de Luisa Rey sólo se puede describir como radical. Luego regresado un poco con Timothy, para acabar convirtiéndose en uno plano por momentos en el caso de Somni y directamente (sí, he soltado uno) artificioso en Zachry. El estilo del libro se vuelve más y más pesado, aburrido, a medida que avanzaba, coincidiendo con esos cambios de narrador. ¿Acaso quiere el autor volver anodino el libro de manera premeditada? O a lo mejor todo se debe a que mis gustos por un estilo literario ya en desuso.

De una manera u otra ese cambio en el estilo ha afectado a mi lectura (eso y al sufrir una operación entre medias). Por alguna razón, a saber si como efectos de la droga (léase efectos euforizantes de la anestesia) he encontrado mucho más interesante e instructivo agarrar Fundamentos de física, de Richard Wolfson y Andrew F. Rex, que retomar el libro de Mitchell. Pero al final me he obligado a acabar con El atlas. Y en esto ya entro en harina y hablo del fondo del libro.

Yo, tonto de mí, pensaba que a lo largo de la narración las tramas se iban a entrelazar, a formar un todo. Incluso en un principio se me ocurrió que se trataría de una narración circular, enlazando la narración de Adam con la Zachry a través de algún efecto de viaje en el tiempo o similar (cosas de intentar ver relaciones entre los Moriori y la tribu de Zachry). Pero no. Nada de nada. La reiterada alusión a cierto antojo, ni la repetición de ‘el mapa de las nubes’ como concepto/creación, no sirven para unificar el texto. Las seis narraciones se convierten en historias autoconcluyentes e independientes con una muy leve relación entre sí. ¿Se trata de la historia de la evolución de una única alma a través de varias ‘reencarnaciones’? ¿Quizá de mostrarnos la evolución del concepto de rebeldía y anhelo de justicia, desde la torpe e inocente actitud de Adam a la involuntaria pero activa de Somni? De ser eso, ¿entonces qué sentido tiene el epílogo de Zachry, un ejemplo de involución en lo relativo a los personajes? ¿O el caso de Timothy, una especie de sainete con un final muy inglés? Además ¿evolución del alma? Pero si Somni es el enésimo fruto de un experimento genético, algo por completo ajeno al concepto de alma, y que como mucho tiene algo que ver con el tema de fondo de Un mundo feliz de Huxley.

En algún lugar leí un comentario de alguien que decía se trataba de seis novelas independientes que el autor logró engarzar y sacó con ellas este El atlas de las nubes. Cada vez que pienso estoy más convencido de lo acerado de ese comentario. El atlas de las nubes empieza y te lleva en un viaje por momentos delicioso –por momentos soporífero– hacia ninguna parte concreta. El crecimiento de esa alma se resume en un fracaso de nombre Zachry. ¿Eso pretende decir el autor, que todos los esfuerzos por mejorar pueden acabar arrasados por los maoríes de turno? Muchas páginas para eso, creo yo.

Dé que no se trata de una colección de relatos pero voy a dar puntuaciones independientes a cada historia:

  1. El diario de Adam Ewing: 7. Buen arranque (historia de corte decimonónico en formato diario, algo muy a mi gusto), pero decae con un final demasiado descompensado. Un final, además, reventado por otro de los protagonistas del libro. Me tiré un buen tiempo diciéndome eso de ‘que no sea, que no sea, que no sea’.
  2. Las cartas de Robert Frobisher: 8. La mejor narración, tanto en cuanto a estilo como a fondo. De nuevo el estilo diario me parece un acierto.
  3. La investigación de Luisa Rey: 6. El género negro nunca me ha gustado, y este texto no se escapa a ello. Estilo plano y aburrido en plan “vamos pa’lante”.
  4. La movidilla de Timothy Cavendish: 5. Si la parte inicial se me ha hecho algo curiosa por lo de la terraza y la manera de componer al protagonista, luego decae en una aventurilla de extrarradio. Supongo que la dosis de crítica (algo errantica) al sistema inglés a un nativo le dirá algo; a mí no. El texto acaba en un sainete senil. Poco antes de ese momento empecé a ver la película.
  5. El descubrimiento de Somni: 7. Una especie de sí pero no. La distopía con matices orwellianos y de Neal Stephenson (con mucha sorna en lo relativo a la elección del lugar, Corea) avanza sin mucha gracia, nada que ver con la narración de Robert. Y es que el ciberpum de conspiraciones (como hijo de la novela negra) no me atrae casi A mi entender resultan más interesantes las descripciones del mundo, junto a lo que se deduce de sus detalles, y la sociopolítica de fondo que la propia historia de Somni.
  6. Las andanzas de Zachry: 6. La debacle en cuanto a argumento. Si con Somni parecía conseguirse ‘algo’, al menos en lo relativo a trasfondo social, luego llega este escenario y lo tira todo por los suelos. Con esta narración queda claro que la evolución de personajes (observador crítico – rebelde creativo – rebelde divulgativo – revolucionario de geriátrico – revolucionario social) no ha valido para nada y nos vemos arrojados a un círculo. No se trata de una relación directa con los Moriori pero algo hay de ello. Un anticlímax en toda regla. El lenguaje degradado acentúa la degeneración de la historia, sumergiéndonos en un ‘todos estos esfuerzos para nada’. Triste y duro, lo que no estaría mal de no ser porque se me hace demasiado largo, así como por momentos aburrido y artificioso. ¿A qué me refiero? A la visión y la ‘presencia’ del diablo: me sobran y sólo sirven para alargar una historia que podía quedar con facilidad en la mitad de palabras.

Todo eso da una media de 6,5.

Quiero incidir en un detalle: el antojo. Con él el autor creo que intenta dar a entender que sucede una especie de reencarnación, a través de la cual evoluciona ‘el alma del protagonista’, el auténtico eje de la novela. Pero la idea de una evolución más o menos lineal del alma se la carga el propio autor cuando le empiezan a explicar a Somni el motivo de su existencia. Sin ella ¿qué nos queda? Pues lo que dijo alguien: un sexteto de relatos independientes reescritos de tal manera que con detalles incidentales hacen un apaño de historia común.

En definitiva, como fix up no está mal, pero dista mucho de la perfección… y de resultar tan entretenido como otros que ahora mismo me vienen a la cabeza. ¿Película de esto? En serio, cada vez entiendo menos ese mundillo de los editores/productores, y en base a qué toman las decisiones.

Chao.

John Brunner – Órbita inestable

Hola, hola, culebras.

Pues con este Órbita inestable acabo la llamada ‘Trilogía del Desastre’ de John Brunner. Quien quiera saber lo que opiné de los otros dos volúmenes aquí tiene mis comentarios.

De este Órbita inestable puedo (más bien debo) decir que se trata del peor de la trilogía. La manera de fluir la historia no difiere de los otros dos: historias en principio más o menos separadas que acaban enfocando a un mismo desenlace. Sin embargo en este caso el abanico al final se concentra en un único punto que cierra la historia, y lo hace de una manera esperanzadora. Esto supone toda una novedad: en los otros dos libros la conclusión era más o menos tremendista y negativa, sobre todo en el magistral y contundente Rebaño ciego.

El libro contiene varias imágenes poderosas, como lo relativo a la normalización del uso de drogas y la sistematización de la paranoia y la agresividad racial, pero en conjunto no posee la misma fuerza que su inmediata sucesora (Rebaño ciego). Pese a ello algunas de las profecías le dejan a uno de piedra por lo acertadas. Uno de esos casos es el de la descripción las relaciones sociales de los adolescentes, en concreto el uso de las redes sociales. Hay que recordar que el libro tiene fecha de 1969, a años luz de la existencia de internet, por no decir de whatsapp, twitter, facebook y otras redes sociales. Pese a ello Brunner describe comportamientos que por desgracia están sucediendo a día de hoy: ese preferir la presencia electrónica a la física, las equivocas relaciones electrónicas, el sentirse perdido en un mundo aislado pese a las posibilidades de la telecomunicación, etc. Sólo por ello este libro creo que se merecería un estudio detallado.

Pese a sus aciertos el libro tiene sombras, y no pocas. Algunas escenas se desarrollan de un modo demasiado confuso. Sí, algunas de ellas tratan con aspectos de la psicodelia y la experimentación mental, pero así la manera de expresarse del autor (con un abuso de las frases largas y subordinadas) las vuelve demasiado confusas. Un ejemplo claro de ello lo tenemos en la escena de ‘el hombre de siete cerebros’. La manera en la que intercala las sensaciones de Lyla con lo que sucede en la sala, aparte de que a veces ‘se olvida’ del resto de actores, hace que la escena se haga inacabable y pesado por liosa.

Hablando de Lyla. Si los otros dos libros destacaban por su aplastante racionalidad y plausibilidad, en este Órbita inestable nos encontramos con la aparición de poderes que podrían definirse parafísicos o místicos. Un ejemplo claro está en las pitonisas, pero el más chocante e increíble se descubre al final del libro. Tal injerencia de lo fantasioso a mi entender arruina la historia.

De estilo poco puedo decir. O poco bueno. Como ya he dicho antes, Brunner abusa de las construcciones enrevesadas, de las frases inacabables en las que demasiado a menudo no acabas sabiendo bien lo que quiere decir. ¿Culpa del traductor? Me da que no. Luego está la horrible proliferación de –mentes. En algunos párrafos resulta en extremo dolorosa.

Sin duda en este libro Brunner no tuvo el menor interés en mantener un mínimo de calidad de estilo, al menos en lo relativo a la sintaxis pura y dura. Porque sin embargo se mantiene fiel al estilo novedoso (en su día para mí, cuando leí Todos sobre Zanzibar) de la agrupación de los episodios en torno a títulos, a veces entradillas, llenas de sorna y significado. Para saber más de ese estilo dejo un enlace que lo explica mejor que yo.

En definitiva, una buena lectura que queda eclipsada por las anteriores. El libro se lleva un 6, y para quien no las conozca creo que supone toda una invitación a leer los otros dos volúmenes de la trilogía.

Una saludo.

 

PD: Sí, por supuesto que el libro encaja muy bien en el clima social norteamericano de estos días, eso de policías-blancos-matando-negros-sin-motivo-y-negros-matando-polícias-blancos-como-venganza.  Pero bueno, esa es la mierda de ese país de mierda. Ahí se les atragante, ciegos que no ven los que se les avecina ni aunque se lo tatúen en la frente.

Pau Varela – Pandora despierta

Hola, ofidios.

Tenía por ahí en el kindle este libro (no recuerdo bien cómo llegó a mí, supongo que a través de alguno de los vales que conseguí hace unos meses) y empecé a leerlo sin saber bien qué me iba a encontrar. Vamos, que no tenía ni idea de lo que iba a leer.

Y debo admitir que la experiencia no me ha dejado mal sabor de boca. Para tratarse de una especie de autoedición, este Pandora despierta de Pau Varela no está mal.

Pau Varela - Pandora despierta

Pau Varela – Pandora despierta

La historia, aunque se la pueda acusar y con razones de carecer de originalidad, se deja leer y entretiene. Desde que arranca uno parece estar ante una versión española de Falling Skies, la serie esa de televisión. ¿Por qué? No destripo nada de la trama al hablar del sentimiento de fatalidad e indefensión que describe el protagonista: ‘llegaron, barrieron y ya está: se acabó la humanidad’. Clavado al arranque de la serie. En ese escenario, en el que los humanos se ven reducidos a simples musarañas de ego arrasado, se desarrolla la historia. Viviremos las andanzas de un muchacho bueno para nada, uno de esos tan de nuestros días que aparte de jugar a la consola y perder el tiempo en internet sirven para poco más.

Pues vaya novedad, ¿no? Sí, eso se podría decir. Y de hecho se puede decir. Nada nuevo bajo el sol. De hecho la novela entera tiene un aire de serie medianita, de las que tendría su audiencia pero tampoco llamaría la atención. Algo que, disco sea de paso, no desmerece lo más mínimo. Ya tenemos ejemplos editoriales de bodrios que siguen por ahí, editaros y reeditados, muchos peores que este Pandora.

Porque esos otros bodrios, aparte de basarse en clichés, están más narrados. Cosa que no ocurre, o al menos no del todo, con esta novela: el texto posee la suficiente agilidad como para no aburrir. O al menos no me ha aburrido a mí (lo digo porque a otros lectores sí que les ha provocado esa sensación). Durante la primera mitad de la novela paseamos por una Barcelona muerta descubriendo escenarios casi a lo 28 días después, sólo que en vez de infectados esta vez tenemos, para darle un poco de tensión, a ‘los ocultos’.

Inciso en relación a esos ‘ocultos’: acabado el libro sigo sin comprender su ‘materia’. Me parecen el elemento más increíble y fallido de la novela, en tanto y cuanto que su invulnerabilidad a las armas humanas. ¿Cómo explica el autor su capacidad de resistencia a armas cinéticas, de corte e incluso explosivas? Pues no lo explica. Y punto. Vamos, eso para mí me parece un enorme fallo, un berenjenal en el que no se ha querido liar.

Tras este inciso sigamos. ¿Cómo nos narra el autor esta aventurita? Pues con un estilo que varía bastante y que, como he dicho, no me ha aburrido. Unas veces uno se encuentra con párrafos con detalles que poseen cierto aire poético. En otras ocasiones, las más frecuentes, unas un lenguaje directo y carente florituras.

Y llega el momento de los peros. No podía faltar. El texto tiene sus defectos, y negarlo no ayuda a nadie. Se nota que tenemos entre las manos una autoedición. Cuidada y bastante revisada, sí, pero no carente de fallos. Así nos encontramos con frases chocantes como ‘exploro las inexistentes opciones que tengo’, o ‘me agarran y me jalan de mí’. También hay muestras de ortografía variable, ese ‘criquet’ que se convierte en ‘cricket’. Por supuesto no faltan unos pocos detalles que van contra la lógica, como que tras una explosión llegue antes la llamarada que la onda expansiva, o que los personajes vean (y no una sino varias veces) en la más absoluta oscuridad (supongo que algún factor mutante les permitirá ver sin radiación luminosa). A eso hay que añadir aquí y allí alguna que otra falta, acentos que no están, y ciertos defectos puntuación que molestan un poco. Pero, insisto, que como se trata de una autoedición no ‘se comprenden’. Entre comillas, pero se comprenden. Para acabar no podía olvidarme de los malditos ‘seres’. Por fortuna en general el texto no está saturado de ellos como en otros casos que he sufrido, pero sí que hay algunos párrafos en los que sobreabundan.

Pero, insisto, pese a esos defectos la sensación general tras la lectura satisface.

El lector anterior destacó otro error, y estoy con él: el título de la novela. Mal. Mal y mal. Cualquiera que conozca el mito de Pandora sabe, si el título viene a cuento, cómo puede acabar todo esto.

A este pequeño fallo se unen otros. ¿Qué algunos episodios/incisos, como el de Australia, quedan demasiado en el aire sin quedar clara del todo su relación con la historia, ni siquiera lo que cuentan? Pues sí. ¿Qué algunas escenas no tiene ni pies ni cabeza, como cuando se ve estallar una sección de la luna y casi de inmediato caen sobre la ciudad esos restos? Pues también. ¿Qué la figura de Ona está demasiado poco desarrollada para que recuerde lo que recuerde y en función de eso haga lo que haga? Que me diga alguien lo contrario. ¿Qué hay cierto baile de cifras (miles de años frente a miles de millones de años) que chirría mucho, lo que me hace pensar en un gazapo? Lo mismo, que el autor me lo explique.

Pero a ver, que tenemos delante un libro de puro entretenimiento, un pasarratos efectivo. Nada más. Y nada menos. Ni cifi dura ni una edición revisada por un equipo profesional. Si hasta la portada pertenece al señor Varela. Sólo puedo decirle ‘olé’. Espero que siga trabajando y más adelante llegue a mis manos una novela suya más madura. O puede que eso no ocurra y, al contrario, una editorial le descubra y le promocione para que continúe escribiendo obras similares. Al fin y al cabo ese nicho de la cifi palomitera existe, con autores de renombre. También hay nichos mucho peores, repletos de bodrios infumables, y que sin embargo están mejor considerados por el público y el mercado.

Al final se lleva un 6 como nota final, lo que para una autoedición no está nada mal.

Un saludo.

AA. VV. – Historias del dragón

Hola, ofidios.

No tengo ni idea de cómo llegó a mis estanterías este libro, pero sin duda no me lo compré. ¿Un regalo de alguien? Pues no lo sé, la verdad. Pero la cosa es que lo he agarrado.

Al parecer, si no me engaña eso del #FFF, se trata de una edición para el Festival Fantástico de Fuenlabrada.

Aclaración: sí, leyendo la nota final del libro me queda claro que es para ese festival, y entiendo que en su edición de 2013.

El relato ultracorto, microcuento, nanocuento o como que quiera decir es un estilo que, salvo para concursos (por eso de que se leen muy rápido, lo que facilita la selección de textos), en España casi ni existe. Si el cuento está desprestigiado frente a la novela, lo de estos apuntes narrativos ya roza lo subterráneo, quedando para fanzines y similar. Y pensar que uno de los grandes del microcuento se estudia (o se estudiaba en mis tiempos) en el instituto: las greguerías de Ramón Gómez de la Serna no dejan de ser microhistorias de brevedad extrema. Este tipo de textos no dejan de poseer cierto parecido a otras microcreaciones que si no me equivoco en España todavía apenas se conocen: los haikus.

Como el intento de escritor que fui hace tiempo yo mismo he practicado todo eso, tanto la greguería como el microcuento y el haiku. Quizá con esa experiencia de que sé lo que supone esto de la microcreación (lograr que en un espacio ínfimo lograr no sólo enganchar al lector, sino llevarle por un camino concreto para, llegados a final, desconcertarle) he leído con mirada en especial crítica los cuentos de Historias del dragón.

AA.VV. - Historias del dragón

AA.VV. – Historias del dragón

Que la compilación esté presentada por Carlos Sisi se ajusta a un intento de darle tirón comercial al producto. Algo que en mi caso, y en aras de lo único que he leído de ese autor, poco éxito tiene. No voy a hacer que esa presentación lastre el contenido. Al fin y al cabo los 109 textos recopilados puede que tengan poco o nada que ver con Sisi.

Lo dicho, he leído los 109 textos con el ojo crítico del que se ha peleado (lápiz y papel en blanco) con este estilo de creación. Al empezar me puse una cifra como umbral de valoración: que un 10% del contenido tenga una calidad media–alta. Eso deja un 90% de falta de originalidad, mediocridad y morralla, siempre desde mi punto de vista.

No voy a hablar de lo malo: entre los nombres presentes en la compilación sin duda hay mucho aficionado o principiante. Ellos tienen por delante todo el tiempo del mundo para mejorar y madurar. Les animo a perseverar.

Pero debo resaltar los textos que a mi gusto más me han llamado la atención.

  1. ‘Inocencia’, de Joe Álamo, encaja poco más o menos en mi idea de lo que debe tener un microcuento standard: visual, directo, introduciendo al lector en una escena concreta con agilidad pero sin caer en lo simplón, y con un final que rompe la línea del cuerpo del texto.
  2. Con ‘Pléyone y Atlante’, de Helen C. Rogue, me da la impresión de que algo se me escapa. He tenido que navegar para descubrir la historia de los protagonistas. Me gusta eso de que se usen palabras o conceptos que con su mera mención ya aporten toda una historia. Aunque luego la mención final a la guerra en el Olimpo me descuadre. Y sin embargo me deja buen sabor de boca.
  3. ‘La niña perdida’, de Francisco García Jiménez, cuento dotado de un toque surrealista (en el sentido de lo macabro) que me ha gustado.
  4. ‘El extranjero’ (Daniel Garrido Castro) aparte de bien escrito posee un mensaje potente.
  5. ‘El milagro’ de Patricia Mejías, aunque entra un poco en el tópico tiene una idea e imagen de base potentes.
  6. Debo reconocer que me ha hecho gracia ‘Hombre y máquina’ (Salvattore Mon): tan humano como ridículo y real.
  7. Sabes que estás entrando en un juego del engaño, pero aun así sigues. Bien. Hablo de ‘La primera vez’, de Montse N. Ríos.
  8. De ‘La grieta’ (de Sergio Pérez-Corvo🙂 debo decir que siento cierta afinidad hacia él dado que relato posee un estilo muy similar al que yo usaba.
  9. ‘El último caminante’, de Aitziber Saldias, con una mejor redacción–puntuación (el texto más repartido en párrafos, por ejemplo) entraría entre los mejores del libro. Bueno, de hecho al aparecer en esta lista ya está entre ellos.
  10. Respecto a ‘Guerrero de Marte’, de Ramón Dan Miguel Coca, sólo puedo decir que esa tontería (por inocente y juvenil) me ha hecho mucha gracia, lo que ya es mucho.
  11. Acabamos con ‘Reloj, tiempo y olvido’, de Valjean, un cuento que demuestra que un simple y buen diálogo lo puede decir todo.

Un par de cosillas más. Los relatos ‘Caernhenn’ (Víctor Conde) y ‘Victoria contra los desahucios’ (J. J. Castillo) puede que tengan algo similar a ‘Pléyone y Atlante’, que jueguen con referencias concretas. Pero si existen no he sabido/podido encontrarlas, lo que los convierte en fallidos. Pero ojo, que es muy probable que el fallo esté en mí, por ciego y torpe.

De las ilustraciones me han gustado ’Contigo y los otros’ de Sebastián Cabrol (muy a lo Cosa del Pantano, con un aire muy profesional), ‘La mala mujer’ de Guiomar González (infantil pero potente), ‘Ventanas de la percepción’ de Marlene Llanes (con ese ligero toque Escher), ‘Noche lluviosa’ de Hugo Salais (quizá la culpa la tiene esa escolopendra que no lo es, pero algo me obliga a mirar el dibujo de vez en cuando) y ‘–¿Qué hacen? / –Me están mirando’ de Soraya Santamaría (todo un nanocuento en sí mismo. Perfecto).

Haciendo un poco de estadísticas, si yo esperaba encontrarme un 10% de relatos satisfactorios (unos 11, redondeando al alza) el número final asciende a ¡once! Eso hace un porcentaje de un 100% sobre el mínimo esperado. Mis felicitaciones a los nombrados y ánimo a los no nombrados (entre los que se encuentran varios nombres famosos, demostrando que esa fama no va acompañada siempre de buenos textos), a seguirlo intentando.

Un saludo.

AA.VV – Alucinadas

Hola, ofidios.

Toca de nuevo leer un libro de relatos. No recuerdo bien cómo llegó a mis ‘manos digitales’ este volumen, pero me suena que fue a raíz de eso llamado ahora como pago social: publicar un tweet o entrada en caralibro para conseguir el acceso a descargártelo. Me parece una manera oportuna de difundir una obra, sobre todo en tiempos de crisis como los actuales. Espero que las autoras reciban algún pago en forma de contratos con editoriales tras esta compilación.

Autoras. Sí, en femenino y plural. Esta obra trata de aunar a mujeres que escriben CiFi. En la introducción se habla del predominio masculino en este género (bueno, dicen que salvo en el romántico el macho predomina sobre la hembra en todos los campos de la literatura), y que por eso hay que potenciar la obra escrita ‘por ellas’. Lo que algunos llaman discriminación positiva. ¿Esto es útil, oportuno o acertado? No sé qué decir, más que nada porque jamás me he acercado a un libro pensando en si lo ha escrito un macho o una hembra de humano: sólo me atrae la temática. Así me he leído obras escritas por mano femenina que me han encantado, otras que me han dejado más o menos indiferente (la trilogía de la xeogénesis) y otras que no me han gustado nada (El hombre hembra). Y para ello no ha tenido nada que ver el sexo. Vamos, que una obra (y su autor o autora) se defiende por su contenido, no por los genitales de quien la escriba.

Se acabó mi paranoia igualitaria y que no va a ningún lado. Al tajo. A ver cómo de Alucinadas están las damas.

Tras dos introducciones demasiado similares, y una de ellas con una excesiva influencia de Barceló, al fin entramos en harina.

AA.VV. - Alucinadas

AA.VV. – Alucinadas

  1. A ver, se supone que el relato ‘La Terpsícore’ (Teresa P. Mira de Echeverria) entra dentro de la CiFi, en concreto de la temática cuántica. Pero es que yo no le he visto CiFi casi por ningún lado, y sí que he visto mucha fantasía. Pero fantasía en plan homenaje/inspiración/¿plagio? Quien haya leído Marinero de los mares del destino empezará a ver las relaciones más que claras:
    • La nave que surca espacios/mares de una manera anómala.
    • El capitán que nunca sale de ella.
    • Que en el buque se junten distintas versiones de una misma persona.
    • Que una de ellas tenga una joya en la cabeza, con un ojo que no es suyo (ya sólo faltaba una mano mágica).
    • Que se fusionen los cuerpos de unos cuantos de los marineros.
    • La presencia de una entidad medio robótica como elemento unificador (ya de misión o como enemigo).

¿Más coincidencias? No las veo, pero me parecen bastantes como para ver muy clara la influencia de Moorcock en este relato. Eso en lo relativo al fondo; la forma no disgusta, a pesar de algún que otro giro argentino. He encontrado unos pocos defectos (a mi entender) de puntuación pero nada clamoroso. En definitiva, el cuento no me ha disgustado pero tampoco me ha llamado la atención. Quizá porque la sombra de la obra del inglés es demasiado alargada y prefiero el original a la obra derivada. Le pongo un 6.

  1. La cosa sigue con ‘La plaga’. Leyendo este relato de Felicidad Martínez no pude evitar recordar el Aliens de Cameron. El planteamiento inicial es poco menos que calcado, Vásquez incluida. Sí, luego la narración se aleja de la típica historia de misión de limpieza para adentrarse en un asunto más ecologista (con alguna que otra deducción del nivel de Perogrullo pintada como ‘gran descubrimiento’), pero esa primera impresión no me acabó de abandonar. Al final se queda en simple historia entretenidilla, que se merece un correcto 6.
  2. Cuando leí le título de ‘La tormenta’ (Laura Ponce) no pude por menos que pensar en la obra casi homónima de Chespir. Pero no, me da que no tiene nada que ver. La tormenta de la que este cuento habla sirve de aglutinante de personajes, al mismo tiempo que detona los acontecimientos. Que el final resulte previsible no hace que el cuento pierda interés, sobre todo por la manera lenta con la que se narra. Bien. Le pongo un 7 que hubiera llegado a un 8 si, por ejemplo, se hubiera desarrollado mejor el planeta y su ecología (que en un día se produzca esa explosión de vida supera con creces mi suspensión de la incredulidad).
  3. En ‘El método Schiwoll’ de Yolanda Espiñeira hay demasiadas incongruencias. Hablan de lo galáctico cuando casi parece que se refiere al barrio (o grupo local), las catástrofes del planeta parecen demasiado exageradas, sacadas de peli de serie B y decorados de cartón piedra, la manera en que se llega al ¿desenlace? me da la impresión de que la autora no ha sabido salir del entuerto en el que se ha metido. Aunque me da la impresión de que algo se me escapa: la referencia a la hipercalemia me sugiere que hay un posible nivel técnico que ignoro, o que no he sabido leer. Aun así me fastidia pero debo otorgarle un triste 3, sin tigre ni trigal.
  4. Leyendo ‘Casas Rojas’ de Nieves Delgado no he podido evitar pensar en Priss. Sí, Priss, mi replicante favorita (me da que no soy el único que tuvo fantasías con ella). Y es que este cuento juega con eso que ni Dick ni Ridley Scott se atrevieron a meter en sus respectivas obras: la sexualidad de los replicantes. Aquí ese aspecto de la naturaleza humana se convierte en la base del cuento. ¿Sueñan los androides con follarse a humanos? En respuesta la a esa pregunta está la clave del cuento, que me parece bastante interesante. Un 7.
  5. Los ‘Mares que cambian’ de Lola Robles seguro que habrán cambiado mucho, pero a mí me han dejado frío, muy frío. El tema del que trata, el cambio de sexo como fundamento de un sociedad, no me atrae lo más mínimo. De hecho me parece artificioso y rebuscado. Por eso mismo al relato debo ponerle un suspenso, un 4, pero dejando bien claro que sólo porque la temática no me gusta. Supongo que a los que les guste Playa de acero (la tengo en la pila y me sigue dando bastante repelús) o Venus mas X (no sé si hablar de Limbo, porque aunque no habla de sexualidad sí que creo que puede tener algo que ver con ese tipo de exquisiteces filosóficas y medio morfológicas) sepan disfrutar de este relato.
  6. Bueno, bueno, bueno… Y llegamos a ‘Techt’ de Sofía Rhei. Por una vez y me voy a adelantar dando la nota al texto antes de hablar de él: un 9. Sí, un sobresaliente. A medida que iba leyendo este cuento notaba cómo me iba agradando más y más. Llegados a mitad del mismo ya sabía que le iba a otorgar un 7, pero con el último tercio tuve que rendirme ante la autora y la historia que narra, hasta el punto de verme obligado a dar este infrecuente (dentro de mi catálogo de críticas) nueve. El relato me parecido un delicia. ¿Por qué? De entrada posee un fondo de ciencia ficción elaborada: sólo hay que ver el cuadro de caracteres y cómo lo trata de explicar y defender. Ante ese esfuerzo, sincero y con ideas, sus errores quedan reducidos a algo incidental: ¿a quién le importa que ‘vida+a+p’ resulte que por narices tenga que ser ‘perro’ y no ‘pulpo’ ‘periquito’, ‘pulga’ o ‘pato’? ¿De verdad se va a fijar uno en que el número de siete pulsaciones esté falseado porque de verdad las pulsaciones simultáneas son múltiples, no una sola? A mí me da igual: el sólo esfuerzo de elaborar ese lenguaje ya me parece digno de loa. Pero es que el cuento no se limita a eso. El verdadero trasfondo de la historia radica en un enfrentamiento cultural muy de nuestros días: la neolengua surgida a partir de los SMSs (una degradación idiomática fomentada tanto los sistemas de comunicación actuales como por la educación paupérrima) frente a alguien culto y que ama y respeta su idioma. Todo padre con un mínimo de habilidad de redacción se ha enfrentado a las aberraciones que su hijo (y su camarilla) escribe en whatsapp, caralibro, twitter y demás. Ese padre ha tenido que ver, para su horror, como tales aberraciones no sólo las consideran aceptables, sino que reinciden en ellas dándolas un aire de corrección. En mi casa se ha vivido eso, el ‘pero se me entiende, ¿no?’ frente al ‘una mala redacción depaupera a quien la usa, dando una imagen de persona analfabeta, cuando no bestial’. Supongo que este cuento me ha afectado mucho más que a otro lector: me considero un amante del lenguaje y me duele muchísimo comprobar cómo éste degenera poco a poco. ¿Llegará a haber algún día algo similar a lo narrado en el cuento? Espero no vivirlo, la verdad: me convertiría en un Ludwig amargado y anacrónico. Pero volvamos al cuento. El texto juega con el lenguaje y traza en torno a él toda una historia, tanto personal como sociopolítica, y con drama incluido. Lo hace de una manera no sólo correcta, sino bien narrada. Tanto que hasta ahora es la única autora a la que no remitiría (en una manera u otra) a mis reglas de escritura. En definitiva, leer ‘Techt’ me ha supuesto una c completa delicia. El texto justifica por completo la compilación, y de nuevo demuestra de que los gustos y los colores van por barrios: yo, a falta de leer los cuatro relatos restantes, hubiera nombrado a este cuento cómo ganador indiscutible del concurso. Así que insisto: un nueve y mi más sincera felicitación a la señora Rhei. Me postro a sus pies, señora.
  7. El inicio de ‘Bienvenidos a Croatoan’ (Layla Martínez) promete algo que luego o yo soy muy necio (posibilidad que nunca voy a negar del todo) y no lo veo o poco tiene que ver con el cuento. El relato juega con una especie de viajes en el tiempo bastante sui géneris: se consigue mediante drogas que inhiben la función de colapso de la mente humana (para leer acerca de algo similar consultar Cuarentena, de Greg Egan. Esa novela también se desarrolla en torno a la idea de un universo cuántico en el que el observador colapsa las posibilidades). Los viajes en el tiempo, por llamarlos de alguna manera, que se describen en el cuento tiene más experiencia química que de otra cosa. O al menos así los describe al principio… porque luego la autora se da patadas a sí misma (y a su argumento) y convierte los viajes en algo físico. Y llegados a ese punto, una incongruencia enorme creada por la propia autora, se me quitaron las ganas de leer más. Si ni siquiera es capaz de hacer coherente su propio universo, sus propias premisas, ¿qué interés tiene el cuento? Un suspenso, un simple 4.
  8. De nuevo me siento en cierta medida desconcertado (o engañado) con el relato ‘Black Isle’ de Marian Womack. Me ha dejado descolocado esa referencia descarada al Drácula de Stoker: que me digan que no pintan a todo un sosias de Renfield. Tras descubrir ese relato uno se podía esperar que la narración, hasta entonces que entra dentro de la cifi ecológica clásica, diera un giro hacia el horror. Y me refiero a un giro con lógica y argumento. Sin embargo la historia avanza manteniéndose en ese campo ecologista: el síndrome que afecta a las especies recreadas. Y en eso sigue, y sigue… hasta que de repente la autora parece que se da cuenta de que va a llegar al límite de palabras del concurso y corta por lo sano, deja intuir algo que se sale de lo hasta ahora mostrado. Y punto. Olé tus huevos, que se diría. Con ello me ha dejado cara de pasmo (no por la calidad, precisamente, sino por la ligereza con la que se desentiende de lo narrado) y hace que la aparición de esa especie de Renfield quede reducida a un recuerdo mal hadado. En otras palabras, o de nuevo estoy espeso y negado (ya empiezo a creer que sí) o esto roza la estafa. Un tres. Lo siento pero un tres.
  9. Admito en público que no me apasiona el deporte. Pero nada de nada. Supongo que eso, una cuestión personal, hizo que no acabara de enganchar con ‘Memoria de equipo’ de Carme Torras. No acabé de verle el sentido a lo de montar un partido virtual para tratar de descubrir a un asesino. Tampoco pude comprender el marco legal de esos EE.UU. que permite semejante artificio, ni la estrategia de los protagonistas de serializar la investigación en modo blog y con crowdfounding final incluido. Por no hablar de lo de los avatares del público, con el supuesto descubrimiento entre ellos del promotor (uno que en la escena final… pero mejor me callo. Sólo diré que hay otra incongruencia más). En definitiva, creo que la autora ha querido mezclar su pasión por el baloncesto con cosas ‘nuevas’ como el crowdfounding para crear un relato de intriga. Por desgracia no ha sabido desarrollar el entorno de forma lo suficiente credibilidad como para que la historia funcione. No hace falta que me describa de pe a pa el sistema penal de ese mundo, pero cuando la historia se basa en algo tan peregrino (y distinto de lo que conocemos) necesito más datos para que creérmelo. Vamos, que tengo amplias tragaderas, pero no infinitas. Le pongo un 4 al cuento.
  10. El libro acaba con ‘A la luz de la casta luna electrónica’ de Angélica Gorodischer. Si no me equivoco de la señora he leído poco o nada. La ‘conozco de toda la vida’, al menos su nombre como autora. Incluso juraría que tengo/tuve por algún lado Bajo las jubeas en flor. Pero no, no lo he leído. Ni ese ni nada más de Gorodischer. Y mucho me temo que tras este ‘A la luz de la casta luna electrónica’ la cosa no ha cambiado: me ha sido imposible acabar el cuento. De entrada me encontré con algo que al menos para mí supone una barrera: el idioma demasiado localizado. El cuento no está escrito en español, sino más bien en argentino. A ver, digo por delante que se trata de un prejuicio personal. No lo considero un defecto per se (la autora, si a ella le apetece, usa el lenguaje de la manera que a ella se le hace natural y cotidiano), sino que a mí (como lector español) no me agrada. Tras unas cuantas páginas de lectura me encontré acudiendo al diccionario en demasiadas ocasiones, y sólo para saber qué significaba determinado localismo. Y eso cuando venía en el diccionario. Pero el tema del lenguaje no supuso el auténtico problema. La cosa empezó a ir mal de verdad al descubrir la manera en que se trataba a los planetas. El cuento usa ese estilo despreocupado y cómodo –y que detesto– según el cual un planeta (con toda su extensión, su población, orografía y sistemas político, social, cultural) es poco menos que un pueblo: el alcalde, el jefe de policía, el cura y el maestro. Algo tan grande como un planeta, con su inevitable riqueza y variedad cultural, por muy globalizado/galaxizado que esté, no lo puedes tratar como Villaabajo, como algo plano, uniforme y maniqueo. Pero ese defecto está muy difundido y para mí, aunque ya me permite clasificar al autor, no supone una traba fatal para la lectura del texto. Otra cosa es que la temática y la manera de abordarla no se me hagan nada interesantes. Y en eso sí que cae de lleno el cuento: encajaría más o menos en lo cómico o picaresco, géneros que jamás me han gustado. Las páginas se sucedieron como los días de una condena, hasta que de repente me di cuenta de que se me hacía más interesante la bufonada de ‘Quien quiere casarse con mi hijo’ que este ‘A la luz de la casta luna electrónica’. Así que llegó un momento que mandé a Trafalgar a paseo, cerré el libro y di por acabada la lectura. Como no lo he acabado no le voy a poner ni nota, y tampoco va a afectar a la media. Pero si encuentro alguna vez entra la Pila algo de Gorodischer no creo que lo agarre con muchas ganas.

Concluyendo, el libro empieza regulín pero toma velocidad y adquiere calidad. La explosión de fuegos artificiales que supone ‘Techt’ le hace a uno sonreír, alegrarse por el tiempo de lectura invertido, desear más. Desde aquí mi felicitación en especial a Sofía Rhei, y en parte a las editoras al permitirme descubrir a esa autora. Pero como se suele decir: lo bueno acaba. Los relatos siguientes van perdiendo interés y garra, hasta acabar con el de señora Gorodischer.

La nota final me sale de un 5’30, que enmascara la calidad de un reducido puñado de relatos, una primera mitad de la compilación que basta para hacerla merecedora de una lectura.

Un saludo.

Bruce Boston – El guardián de almas

Hola, culebras.

Rescato de la pila un nuevo volumen editado por La factoría de ideas y de nuevo lo hago con cierto temor ante lo que me pueda encontrar. No tengo ni la más remota idea de quién es Bruce Boston, y la contraportada de su novela El guardián de almas tampoco me acaba de decir nada especial. ¿Que por qué lo leo? Porque soy un drogata de la lectura, porque lo compré de saldo, porque me ocupa espacio en la estanterías… añade la razón que quieras.

De entrada, sin leer el libro, habría de hablar de la portada: llamarla mala supone quedarse corto. No dice nada, e incluso tira bastante para atrás dando la imagen de tratarse de un composición descuidada que más que vender pretende que nadie la compre. Coño, que ahora mismo no recuerdo una tan mala de entre todos los libros que tengo La factoría (y que para desgracia de la editorial, gracias a sus saldos, no son pocos). Da pena descubrir, una vez leído el libro, cómo se confirma esa primera impresión de dejadez: da la impresión de que el portadista (o quien le ha dicho qué ilustrar) no se ha leído el libro ni tiene la menor idea de qué narices va la obra a la hora de componer la ilustración.

Un insulto al autor, así de claro.

Pero no estoy aquí para hablar de portadas. Al fin y al cabo jamás me he puesto a valorar un libro por su portada. Me interesa lo de dentro, el negro sobre blanco.

El texto, más que orwelliano, se le podría considerar heredero de Un mundo feliz, la obra de Huxley. Han pasado cerca de treinta años desde que leí esa novela, así que la tanto un poco bastante olvidada, pero este El guardián de almas posee un aroma que me hace pensar en ella. Pero ya tire más hacia Huxley que hacia Orwell tengo algo muy claro: no me ha aportado nada. Más aún, al principio me parecía estar leyendo un escenario del Paranoia, con sus infras y todo.

La falta de originalidad y la ausencia de una trama sorprendente (estamos ante un thriller que muy bien podría acabar rodado en formato telefilme y emitido por Antena 3 en una de sus infames sesiones de cine tras el telediario del mediodía) hacen que la lectura se convierta casi en un acto de voluntad. De hecho he acabado el libro a base de constancia y decisión. Que no me iba a vencer, vamos.

Pero no toda la culpa la tiene el autor por no haberle sabido dar algo de atractivo a la historia. No señor, no. De nuevo debo hablar de la labor –o mejor dicho el descalabro– editorial de La factoría. Parece que en lo relativo a los saldos la editorial se quiere seguir cubriendo de gloria. De esa gloria marrón, pestilente y que atrae a las moscas. Porque otra vez me encuentro ante una edición descuidada, salpicada de errores de traducción y faltas de ortografía y/o de sintaxis. Palabras mal acentuadas, ausentes, frases mal conjugadas o sin verbo visible. Sí, el autor se supone que es un poeta y quizá por su propia pluma existan esas elipsis exageradas, que no se sepa desenvolver en un género tan distinto de la poesía como el de la novela, que la creación de atmósferas o tramas no exista en lo lírico, pero… ¿él tiene la culpa de la mala acentuación o de las palabras mal escritas?

Joder, La factoría, que me estáis poniendo pero muy difícil el decidirme a daros dinero con otra cosa distinta a saldos. Parece que os empecináis en rechazar al lector exigente y sólo volcaros en ediciones de baratillo.

No saldéis estas mierdas: directamente recicladlas. O, quizá mejor para todos: dejar de publicar a mansalva títulos mediocres y convertíos en una editorial que cuide los textos, a los autores y a los lectores. ¿O queréis ‘dolmenizaros’?

Dejemos de poner a parir a La factoría, que me temo que viendo mi pila ya tendré más ocasiones para ello, y regresemos al texto.

Bruce Boston - El guardian de almas

Bruce Boston – El guardian de almas

El tipo de narrador usado en la novela me ha dejado desconcertado. Resulta confuso sobre todo durante los primeros dos tercios de la novela. Si bien la introducción da a entender que nos encontramos ante una especie de narración realizada por parte de un testigo, a lo largo de esas páginas se mezcla de manera a veces indistinta un narrador casi omnisciente (capaz de decir lo que piensa y siente un tercero) con uno distante. Sólo se empieza a usar un narrador de verdad distante en el tercio final de la obra, en el que al fin el guardián narra con voz propia su experiencia. Da la impresión de que el autor ha tomado inacabada y le ha dado un remate sin preocuparse de unir los estilos… y que el editor se lo ha permitido.

Está visto que siempre acabo hablando del editor, sobre todo cuando leo ciertos saldos. ¿En cuántos libros de La factoría no he acabado mentando al editor y su incompetencia o falta de criterio? Pues este es otro más. Y van…

Volvamos. Hablaba del narrador raruno y su estilo inconsistente. Pues un ejemplo de ello lo encontramos en la manera de referirse al personaje principal: a veces dirigiéndose a él usando su nombre, otra su apellido, y todo ello sin que queden claro diferentes enfoques del personaje, sin que se aprecie que lo describen distintos observadores. Como si el autor no tuviera clara la manera de enfocar al personaje.

Ya voy casi mil palabrillas dedicadas a esta novela que no se merece no la décima parte del esfuerzo, así que acabo. Le pongo un tres y va que chuta.

Adiós.

AA. VV. – Cuentos para Algernon: Año I

Hola, ofidios.

Tras la magnífica lectura anterior (que me ha servido para reivindicar que sí que hay gente que sabe escribir terror en este país), y tal y como les dije en su momento con el twitter, me iba a poner a leer una recopilación de factura patria. Tenía las opciones de Terra Nova 1 o este Cuentos para Algernon: Año I. Dado tan loable esfuerzo que Marcheto, el recopilador, ha hecho brindándonos gratis esos textos he optado por Cuentos para Algernon: Año I. Aquí dejo la página de donde descargar la compilación.

Pero vamos al grano.

  1. El libro arranca con ‘Quedarse atrás’, de Ken Liu. Ya sólo al leer la primera frase uno intuye que el relato promete: puro shock. ¿Qué el término de ‘singularidad’ no acabe de encajar con lo que luego se descubre que ha sucedido? Da igual. Y lo hace gracias a la soberbia historia que Liu nos presenta. El relato, carente de artificios narrativos (aunque no peca de defectos graves de forma) ni argumentales, sin embargo sabe pintarnos y sumergirnos en un mundo decadente y sobre todo humano. Haciendo un buen eso de economía narrativa tenemos tanto un trasfondo bien narrado como una situación personal y humana creíble. Y por desgracia más cercana: cualquiera que sea padre de un niño en esta época conoce y teme el poder de internet sobre las mentes inmaduras. El único pero que le veo al relato es su predictibilidad, lo que no impide que le otorgue un 8.
  2. Con ‘Un diez con una bandera’ de Joseph Paul Haines nos adentramos en un mundo que, leyendo las primeras páginas, me recordó un poco a ese cachondo, magnífico y orweliano juego de rol llamado Paranoia. Pero este texto no posee el menor sentido del humor sino que aquí la sociedad de castas está revestida de auténtico drama. El relato no está nada mal, pero me parece un error editarlo justo seguido de ‘Quédate atrás’ por la similitud de la premisa base: la defensa de la relación padre/ hijos en un mundo en el que los padres no tienen el control suficiente. Con esto no quiero decir que el cuento se me haya hecho malo. Al contrario, posee esa mala leche que me encantaba plasmar en mis textos. Sólo que los dos relatos, tan seguidos, me chirrían. Pero vamos, por lo demás otro 8.
  3. Por más que loen este cuento de Tim Pratt, ‘Otro final del imperio’ me ha dejado bastante frío. Como chanza, como cuentecito para pasar el rato, no está mal. Pero a mi gusto da para poco más. Quizá se deba a esa manera de narrar socarrona, que me impide tomarme en serio lo que me cuentan. Nunca me ha apasionado leer textos de humor, y este posee bastante de ello. Lo dicho, se deberá a mi mala predisposición a este tipo de narración, pero apenas puedo darle al cuento más que un 6.
  4. Slipstream dice la antologista, que ‘este relato ni es ciencia ficción ni terror ni fantasía’ (sic). Sin embargo todo amante de Los Mitos sabrá identificar lo que hay en ‘Radiante mañana’, de Jeffrey Ford. Se trata de un cuento que cruza esas aguas poco frecuentadas de la metaliteratura, intentando adquirir profundidad al relacionar lo narrado con la figura (para mí sobrevalorada) de Kafka. Pero, aunque se hable una y otra vez del vienés, el auténtico protagonista de este cuento no nació en Europa sino en Norteamérica. Porque pocos lectores de este cuento podrán evitar pensar en otro escritor, uno de menor fama que Kafka (al menos entre el vulgo) pero aun así de igual –si no mayor– importancia en la literatura: Lovecraft, el genio de Providence. Leer este texto supone recordar una de sus dos más famosas creaciones literarias, el Necronomicón. Porque al fin y al cabo este ‘Radiante mañana’ no pasa ser una especie de pastiche de los mitos, englobado en el puñado (por decir una cifra al azar) de textos inspirados y centrados en el libro maldito. Nada novedoso, ni en el argumento ni en la resolución. Habiéndolo leído justo antes, para disfrutar con textos sobre libros malditos me quedo con la novela de Cañadas antes que con este cuento. Además, y de nuevo entro en la apreciación personal, no me acaba de gustar la forma en que el autor se mete a sí mismo como parte de la trama. Excesivo afán de protagonismo, diría yo, y del todo sobrante. Bueno, con todo el cuento se lleva un 5.
  5. Debo admitir que no le he acabado de pillar ‘el truco’ al cuento ‘La hija de Frankenstein’, de Maureen McHugh. Me parece un poco vacío, sobre todo lo relativo al hijo, que le veo estirado, forzado y al final artificioso. Sólo con la historia de la madre me bastaba de sobra para ‘tener cuento’. Tampoco me ha hecho falta leer el comentario de Ted Chiang, incluido tras el relato, para saber que tenía delante una historia de cifi. Sí, Chiang no es santo de mi devoción, y ese comentario no hace sino recalcar de nuevo su condición de bluff sobrevalorado de tres pares de cojones. Le pongo un 5.
  6. Tras leer ‘26 monos, además del abismo’ de Kij Johnson y viendo que este relato a resultado ganador del Premio Mundial de Fantasía el año 2008 me queda claro (otra vez) que mis criterios no se ajustan a los de los jurados de los premios. El cuento no me ha dicho nada. Pero nada de nada. Se basa en una anomalía que durante un tiempo preside la vida de su protagonista, anomalía que de hecho se introduce en su vida a modo de maldición gitana y que sale de la misma de igual manera. Entre medias ¿el personaje crece o evoluciona? No, porque no considero evolución el ligarse un novio mucho más joven que ella. ¿Un relato corto en el que el protagonista no evoluciona? ¿Y lo premian? ¿Estamos tontos o muy tontos? Lo leo, pienso en lo que he leído y sigo sin comprender qué le han visto, la verdad. Y como me pasa eso debo otorgarle, lleno de incomprensión, un 4.
  7. Pero por fortuna se puede decir la vida es contraste, un caleidoscopio de sensaciones. Así, lo que a algunos agrada a otros se les hace anodino, y al revés. Un ejemplo lo tenemos en ‘Las siete pérdidas de Na Re’, de Rose Lemberg. Seguro que a más de uno, quizá los jurados de ese Premio Mundial de Fantasía el año 2008, no les gustase este pequeño cuento. Sin embargo en mi caso he estado a punto de aplaudir al acabarlo. Menos mal que me he reprimido porque no era ni el lugar (estaba en un vagón de metro) ni el momento (durante plena hora punta). Cuento lírico y emotivo, una pequeña maravilla, toda una delicia. Poco me importa el hecho de que no le encuentre relación con el género fantástico (ojalá la editora me llegue a explicar dónde o qué tiene de fantástico este cuento): ese detalle no empaña la calidad indudable de lo narrado. Un texto memorable, bello y que emociona. Un 9, le pongo un 9. Quien me lee sabrá que esa puntuación se la he puesto a muy pocas obras. Contadas con los dedos de una mano. Y me sobran muchos dedos. Pero es que me ha parecido una auténtica delicia, de verdad. Ese relato sí que lo veo merecedor de premios, y hablo de premios serios, más allá del mundillo endogámico del fantástico.
  8. De ‘Cerbo un Vitra ujo’ de Mary Robinette Kowal poco puedo decir. O al menos poco bueno. Un cuanto simple y con final mal llevado (sobre todo en lo relativo a la elección final de la protagonista, que parece cambiar en el último segundo de intención sin que en ningún momento de la historia vea la deriva mental que le lleve a tomar esa decisión, por más que la narradora diga lo contrario). Puro síndrome Perdidos. Se me ha hecho curiosa la insistencia en aclarar que ‘se trata de un texto de terror’ (un terror muy ligero, si de verdad este cuento le llega a aterrar a alguien) y en que contiene escenas de sexo explícito, de violencia y que no es apto para estómagos sensibles. Sí, sí, que me he visto obligado reprimir la sonrisa, sobre todo al recordar Vacas. Ridícula mojigatería anglosajona. Como ese penoso Neil Gayman sorprendido/espantado de ver carne en los anuncios con los que se topaba en Barajas (si no recuerdo mal se trataba de anuncios de ropa en campaña veraniega). No hace falta haber leído mucho para, llegados a la escena de ‘la mujer pálida’, adivinar el final del cuento, al menos en parte. Eso dice mucho, y nada bueno. Se lleva un 5. Aprobado raspadete.
  9. ‘Halo’, de Annette Binder, juega con la extrañeza. Esa extrañeza hace que no acabe de encajar en ningún género concreto, si bien se puede decir que está enmarcado en la fantasía y al mismo tiempo flirtea con algo que se podría considerar horror. La historia juega desde el punto de vista, logrado, de un niño con poderes premonitorios, los cuales le llevan a sufrir un TOC. La historia deambula entre la vida personal del chaval y sus visiones, para acabar creando un cuadro de fatalidad ineludible. Bien, le pongo un 6.
  10. De la mano de Aliette de Bodard nos llega ‘Caída de una mariposa al amanecer’, historia ambientada en la ucronía De entrada se me hace curioso que el texto de introducción al universo, escrito por la propia autora, aparezca después del cuento. Sin ningún problema podría precederlo. Aparte de ese detalle ínfimo decir que el cuento encaja en el texto detectivesco, quizá demasiado sencillo: la manera de resaltar algunos detalles (como por ejemplo la ausencia del chip de audio) guían de una manera demasiado obvia al lector a esperar que entren en juego en la resolución final del caso. Hubieran venido bien un par de pistas falsas que no hicieran tan lineal el desarrollo. Se lleva un 5, nada más.
  11. De nuevo otro relato no recomendable para lectores rápidos, de los que piden acción sin descripciones ni meditación. En ‘Los ojos de Dios’ Peter Watts no duda en interiorizar en la mente y las circunstancias del protagonistas para mostrarnos una sociedad y un mundo alienados por la falta de intimidad. Con cierta relación con 1984, el texto plantea los límites de la libertad individual frente a la del individuo, y como aquella trata de defenderse ante las agresiones de las mentes peligrosas (en parte también algo semejante a ‘El informe de la minoría’). Como decían hace casi tres décadas los Nuclear Assault: ‘We become the enemy / When freedom dies for security’. La soberbia manera de llevar y describir las tribulaciones del protagonista, sosegada pero intensa y nada aburrida, me obliga a ponerle un 8.
  12. La compilación acaba con ‘Loup-garou’. Este cuento de R. B. Russell encaja en ese tipo de relatos incomprendidos para el lector ‘cómodo’. El texto tiene una trama poco menos que inexistente, centrándose más que nada en la extrañeza y el desasosiego que padece el protagonista, para luego rematar con una escena (esta sí) poco menos que kafkiana. No se explica nada, quedando todo en el aire, lo que al fin de cuentas supone una auténtica bofetada de realidad, en el sentido de que en la vida real muchas cosas (desgracias incluidas) pasan. Suceden y punto. No me ha disgustado, si bien el final se me hace muy brusco. Creo que hubiera mejorado si al protagonista la amenaza le llegara de manera algo más dosificada y velada, pero es una cuestión de gustos y de maneras de escribir. Le pongo un 7.

Y se acabó lo que se daba.

AA. VV. - Cuentos para Algernon: Año I

AA. VV. – Cuentos para Algernon: Año I

Al final la compilación se lleva un digno 6’33, algo que para tratarse de un trabajo aficionado me parece mucho. Debo decir que, en cuanto a la forma, me ha sorprendido no sólo la calidad de los autores (en general no pecan de ese aborrecible estilo de casi todas mis últimas lecturas españolas. Pero a veces chirrían, por no hablar del deplorable abuso de los nauseabundos –mente y el demasiado omnipresente ‘ser’. Maldito Hamlet que dejó la duda en el aire: nunca ‘ser’, jamás de los jamases. Muerte al ‘ser’) sino la de la propia traductora: ya le gustaría a algún ‘autor’ patrio conjugar las frases la mitad de bien que Marcheto. Pero dado que en esta reseña no tengo porqué seguir dando dar caña a los inútiles bien pagados dejo el tema.

Una recopilación muy interesante, tanto por los propios textos como por la loable labor de la compiladora a la hora de dar a conocer nombre nuevos. Espero que alguna de las editoriales que cita en las introducciones le pague por la labor de difusión que está haciendo. Y no me refiero a un miserable Ignotus.

Bueno, ahora me voy a tomar unas vacaciones (en muchos sentidos) y en ellas voy a tratar de desintoxicarme y darme el gustazo de leer El amor en los tiempos del cólera. Espero que este desconocido autor me demuestre lo que implica escribir bien en mi lengua madre, que de él sólo he leído ‘El ahogado más hermosos del mundo’, y ya es hora de descubrir al Nobel.

Adiós.

P.D.: Muy poco después de colgar esta reseña (pero muy muy poco) voy y me entero de que se ha llevado el Ignotus a mejor sitio web. Mentar la bicha y aparecer ésta. Espero que el premio piscinero vaya (de alguna manera) acompañado de dinero, que al fin y al cabo es lo que se merece esta iniciativa dado el esfuerzo que se están metiendo entre pecho y espalda.

Carlos Sisi – Panteón: Conciencia Descarnada

Hola, ofidios.

Me parece que hice mal, muy mal, al leer algo de cifi hard (y ni más ni menos que de Clarke, para más INRI) justo antes de ponerme con este Panteón: Conciencia Descarnada de Carlos Sisi. Nunca antes había leído nada del aclamado y premiado autor de la saga de ‘Los caminantes’, y dado que mi economía no me permite comprar libros (o no sin meditar muy mucho en qué me gasto el dinero), este relato gratuito me pareció una oportunidad excelente.

Tal y como lo indica su título, está englobado en el universo que Sisi ha creado para su novela Panteón, ganadora del Premio Minotauro 2013. Vamos, que me pareció bastante interesante y una buena manera de conocer a un autor en alza dentro del panorama editorial español.

Sisi saltó a la fama, al menos para mí, con la novela de Los caminantes. Se trataba de los primeros títulos de zombis patrios que descubrí. En esa época me sorprendió su portada atrayente y aspecto en general cuidado. Mucho, teniendo en cuenta que mi escaso contacto con la editorial Dolmen me había hecho pensar en ella más como cercana a la fanedición que a lo profesional. A Los caminantes le siguieron otras novelas que continuaban la saga, y el nombre de Sisi parecía ganar popularidad. Tanta que incluso Disneyman me llegó a hablar de él, de su trato cercano y calidad de persona. Y eso que lo último que me imaginaba de Iván era que hablara con un escritor de novelas de zombis.

Mientras la fama de Sisi crecía yo me mantenía apartado de ese subgénero suyo. La sorpresa me llegó cuando me enteré de que en 2013 había ganado ni más ni menos que el Premio Planeta del género fantástico: el Minotauro. Además con una obra de ciencia ficción, Panteón, nada que ver con los zombis. A ver si en Sisi había de verdad un escritor de verdad y no otro ZupueZto eZcritor arribiZta…

Cuando supe que sacaba de manera libre Panteón: Conciencia Descarnada no lo dudé y me hice con una copia. Así podría descubrir a este autor en alza (ahora se habla de un proyecto de cómic juvenil).

Hasta ahora todo lo que he puesto se puede definir como ‘palabras bonitas’, ¿no? Pues bien, mucho me temo que se han acabado… porque llega la hora de hablar de este Panteón: Conciencia Descarnada que acabo de leer.

Como ya he dicho en el primer párrafo me da que mi lectura anterior me ha afectado, y que no ha resultado la más apropiada como antecedente a la lectura de Panteón: Conciencia Descarnada. He pasado de la ciencia ficción dura y seria de un auténtico maestro a… a esto. Llamarlo space opera me parece excesivo. Puedo llamar space opera por ejemplo (y eso que no me gustó) a El jugador, o La torre de cristal, o Nova. Hablo de novelas que, dentro de sus parámetros de ‘viva la Pepa’ en cuanto a rigor científico, tienen su carácter serio y creíble, sabiendo jugar bien con la suspensión de incredulidad, mostrando una trama trabajada, etc. Pero por más que se le busque en Panteón: Conciencia Descarnada no hay de esto. Dado que la idea no es cebarse no voy a hacer nada más que unos pocos comentarios.

Empezaré con el primero, el que me hizo saltar las alarmas y rechinar los dientes. ¿Dónde lo encontré? Pues ni más ni menos que en la primera página, en el primer párrafo. Acojonente inicio de lectura, sí señor. ¿A qué me refiero? No se puede hablar de ‘mapa galáctico del cuadrante’ y en la siguiente frase de ‘varios cientos de miles de kilómetros’. Parece que el señor Sisi no sólo no ha leído mucha ciencia ficción dura, sino que ignora las dimensiones reales de algo tan diminuto como el Sistema Solar en el que vive. Le voy a dar unas pocas lecciones, tan gratuitas como su novela: la unidad de medida más usada para distancias como las que se pueden recorrer dentro del Sistema Solar se llama Unidad Astronómica (UA,) y una de ellas (solita) ya equivale a 149.597.870.700 metros. Un cuerpo como Sedna, de la zona externa de nuestro sistema solar llamada Nube de Oort, tiene un afelio de nada más y nada menos 937 UA. O sea, 140.173.204.845,9 kilómetros. En términos de ‘cientos de miles de kilómetros’ (unidad que el señor Sisi usa para un ‘mapa galáctico del cuadrante’ 😛 ) ni más ni menos que 14.017.320 ‘cientos de miles de kilómetros’. Y eso hablando de un cuerpo que todavía pertenece a un único sistema solar. Eso trasladémoslo a escala galáctica (o de ‘sector’, se refiera a lo que se refiera el autor) y las cifras se disparan. Nuestra Vía Lactea tiene nada más 15.330 parsecs de radio. Dios, lo que digo, que se me lía con esas unidades rarunas: 47.303.440.980 ‘cientos de miles de kilómetros’. Así mejor. Creo que ya se habrá pillado el sinsentido de hablar de ‘cientos de miles de kilómetros’ en lo relativo a mapas galácticos, ¿no? La verdad, incluso la UA puede perder validez a esas escalas; en ellas hablar de kilómetros supera el ridículo.

Bueno, y no he acabado con esto aún: el señor Sisi acaba de pulir la perla hablando de que en el ‘mapa galáctico del cuadrante’ ese del se ve ‘cada pequeño astro, todos sus satélites naturales, todo’ (sic). Que no, que por lo visto el señor Sisi no ha manejado en su vida un plano del Sistema Solar. Le recomendaría antes de seguir escribiendo cifi que, por ejemplo, viera el delicioso Powers of ten, o descubra las dimensiones con las que se juega de verdad. O, igual de sencillo, que se instale y explore con aplicaciones como Stellarium.

Como se puede apreciar Panteón: Conciencia Descarnada empezó de la peor manera posible para mí. Un elefante en una cacharrería hubiera resultado menos molesto y ruidoso.

Los defectos de escenario y credibilidad se suceden. Más que una novela seria parece que estamos leyendo una infantil, o a lo sumo juvenil, donde la coherencia importa poco o nada.

Por un lado esa estación con temperaturas irrisorias por lo oscilante: se habla tan pronto como de que está a una temperatura cercana a la del espacio exterior (señor Sisi, que aunque no lo sepa habla de 2’7 K. Y no le voy a explicar lo que significa la K ni de dónde viene esa cifra) para al cabo de un rato estar en entornos tales como para que los protagonistas se quiten los cascos y no se hable de ningún tipo de condensación ni similar. Olé, saltamos 290 C en un plis. Parece que en esta historia la termodinámica se ha ido de vacaciones, o que la estación está llena de superconductores térmicos (en ese tema ni siquiera Niven/Pournelle se atrevieron a profundizar cuando hablaron de refilón de ellos en La paja en el ojo de Dios).

La estación en sí parece un decorado de cartón piedra. Carece de espíritu. Me parece triste que un autor de terror premiado se vea incapaz de tejer un poco de atmósfera. Coño, por lo menos se debería haber visto Aliens (aunque Alien elabora mejor la claustrofobia de verse inmerso en un complejo desierto y perseguido por algo, si bien no transcurre en una base sino en una nave) y tratado de captar algo de ese horror. Y fíjese, señor Sisi, que no le digo que lea nada: sólo que vea y analice una película. Malgaste dos horas de su vida y aprenda cómo se compone un medio espacial (este sí de puro space opera) hostil.

Los defectos en la capacidad de ver la estación (descripciones que no ayudan, junto a una nula atmósfera) se repiten en lo relativo a todo lo demás. No he podido ‘engancharme’ a la lectura debido a la superficialidad de las descripciones y de los personajes. Madre, la computadora de Alien, tenía más presencia que esta Enclave.

Porque sí, la jodida computadora habla. Aunque leyendo el título del cuento no se podía esperar menos, la verdad. Pero eso no justifica el ‘cómo’ lo hace. Me explico: dos saqueadores llegan a una estación minera perdida en un campo (complejo, lo llama complejo. Dios mío. Complejo, como si tuviera origen artificial) de asteroides. La estación perece abandonada, sin gravedad artificial, sin presión atmosférica, con momias incluidas entre el mobiliario… y de repente una voz. Así, a las bravas. ¿Cómorl? La voz habla, y habla, y habla, y el autor ni siquiera explica cómo sucede eso. Si la estación está sin presión atmosférica el sonido no se puede propagar, a lo sumo a través de las vibraciones de las paredes y el suelo. Pero los humanos no destacan por su habilidad para captar ese tipo de vibraciones. Hablo de física básica, elemental. ¿Le pido micho a un space opera, o lo califico así a las bravas como fantasía? Porque, por si alguno lo dice (las naves chirriando en el espacio y todo eso), La guerra de las galaxias tiene más fantasía que de cifi. Sólo mucho después el señor Sisi (y los lerdos de protagonistas) cae en el detalle de comentar que Enclave ha empezado a usar el sistema de radio. Hasta ese momento, sin aire y sin radio, ¿cómo se dirigía a los dos saqueadores la computadora? ¿Mentalmente? ¿Con La Fuerza?

Luego están los diálogos en sí mismos, en concreto los que hay entre los dos protagonistas. Quiero insistir en eso: conversación entre dos personas. De entrada decir que esos diálogos se pueden describir como un toma y daca que por mundano y simple a veces roza el nivel de las conversaciones de besugos. Pero bueno, no me quiero centrar en eso (una cuestión de fondo que se ajusta más que nada a gustos), sino en un detalle de la forma: los vocativos se repiten una y otra vez. A ver, cuando tenemos un diálogo entre dos personas (Zipi y Zape) se entiende que si uno habla (Zipi) el otro sólo puede ser Zape. Y no hay más. Por fuerza. Para que el lector no se despiste se puede usar el vocativo una vez cada varias líneas de diálogo, pero no en casi todas. Además, cada vocativo viene acompañado con un ‘dijo’, ‘comentó’, ‘preguntó’, ‘respondió’, etc. Cargante, muy cargante. Y además error de novato, o de alguien que no ha practicado mucho la elaboración de diálogos. Está bien usar esos verbos (no me encuentro entre sus detractores, que los hay), pero existe una diferencia entre usar y abusar. Este tema de los vocativos se desmanda en la página 8, cuando incluso se confunde a un protagonista y se le llama por el nombre del otro. Sí, vale: se trata de un simple error que a la persona encargada de la corrección (Sara Segovia Esteban) se le pasó.

No voy a hablar más de la forma. Sólo resaltar –no podía faltar– el uso y abuso que el autor hace del verbo ‘ser’. Lo admito, ya tengo una especie de radar para ese desgraciado de verbo. Tampoco podía faltar el siguiente elemento descubre–descuidados: la existencia e insistencia en los condenados adverbios modales acabados en –mente. Siempre lo diré: solventar esos dos simples defectos agiliza la lectura y le da brío al texto. Y lo de evitar a toda costa los adverbios modales lo recomienda un cenutrio que no tiene ni idea de escribir, y mucho menos de vender historias, llamado Stephen King.

El señor Sisi, al menos con este cuento, me demuestra su poca capacidad narrativa. No llega a los límites de un Alfonso Zamora ni de un Alejandro Arnaldos, no. Pero… pero. ¿Este texto ha salido con el beneplácito de su editorial, o de Minotauro? No he leído Panteón pero si un autor con estas carencias gana el premio más importante de las fantasía en español flaco favor le hace al género… y a la propia editorial Minotauro. ¿Premian textos de esta calidad? ¿O se trata que el premio se ha convertido, ya tan pronto, en un simple efecto de marketing editorial para que un autor venda más y más? A lo mejor estoy confundido y mis niveles de exigencia ya se me han subido tanto a las barbas que no puedo apreciar la calidad ni aunque me la estampen en la cara. Puede que a eso se resume todo. Pido mucho. Quizá demasiado. Pero en el fondo pido lo mismo que en mis tiempos intento de escritor se me exigía. Nada más y nada menos.

Para acabar, la nota. Este Panteón: Conciencia Descarnada se lleva un triste 3. Como lectura infantil, incluso juvenil (lectores con un nivel de exigencia distintos de un adulto), puede tener un pase. Pero un aficionado a la buena ciencia ficción se sentirá desengañado ante este texto simplón, mal ambientado y por momentos ridículo. En serio, espero que Panteón, ganador del Premio Minotauro 2013, tenga no una calidad superior sino muy superior a esto. Si no, señores de Minotauro, este texto les puede describir como editores y organizadores de premios: no me parecen serios, dándome la impresión de que sólo buscan el tirón fácil de las ventas de los autores de moda.

Quedo a la espera de que alguien me regale/pase un texto de Sisi que reivindique su calidad como autor. Panteón puede valer, dado que ha ganado ese premio. Y digo que me lo regalen o dejen porque en vistas de esta lectura tengo muy claro que mi dinero no va acabar en los editores. Me cuesta lo mío ganarlo como para tirarlo por ahí.

Adiós.

P.D. 12/12/2014 17:13: Me dicen (ese amigo que no pudo pasar de la página cincuenta de cierto libro) que el señor Sisi ha puesto un enlace a esta página en su caralibro. Como no tengo caralibro (y más aún: me produce mucha urticaria) no puedo entrar para asegurarlo, pero la fuente es digna de plena confianza 🙂 Con todo ello le agradezco al señor Sisi el gesto de enlazar a este humilde y pobre blog, más aún dado el contenido nada positivo de mi reseña. Me descubro ante usted, caballero, y le deseo futuros éxitos.

Arthur C. Clarke – El martillo de Dios

Hola, culebras.

Mucho tiempo ha pasado desde que no leo nada del maestro Clarke. Me regalaron este libro por navidad hace un año y cuando lo agarré me perecía la mejor manera de desintoxicarme de tanto zombi y relato casposillo. La cifi hard seria siempre me ha servido para aclarar ideas y limpiar la mente. En lo que se refiere a cifi hard seria el señor Clarke es todo un referente. Además El martillo de Dios, con sus escasas trescientas páginas y su letra gorda de infante se podía leer en un santiamén. Perfecto para desintoxicarme.

Arthur C. Clarke - El martillo de Dios

Arthur C. Clarke – El martillo de Dios

A los lectores asiduos al inglés el contenido de El martillo de Dios no les defraudará, si bien tampoco les hará excitarse mucho. Se trata de un texto a todas luces menor. El propio autor lo dice en el epílogo: estamos ante una historia corta novelizada. No digo con ello que se limite a meter paja sobre un idea de corto recorrido (en parte sí que hace eso), pero sí que el formato de novela se le queda grande: a lo sumo novelette o novela corta, y como tal creo que debería estar publicada acompañada de varios relatos que lo complementaran o arroparan.

La historia posee la sencillez típica de Clarke, que presenta una premisa de amenaza que desafía a la humanidad (en esta ocasión en forma de meteorito). Conociendo al autor todos sabemos que hay un 90% de probabilidades de que todo acabe bien, con un final feliz. Lo interesante es cómo se llega a él, y las vicisitudes que los protagonistas vivirán y deberán superar. En todo ello Clarke no defrauda. Pero ese argumento central supone una fracción de la novela. El resto de ella, quizá en sus dos quintas partes, consiste en la presentación y desarrollo de una sociedad semiutópica muy al gusto del autor. De igual manera disfraza de inmersión en el pasado del protagonista lo que a todas luces tiene la pinta de ser la base de un relato corto. A ver, como historieta no está mal, pero se alarga demasiado haciendo casi olvidar la idea base de la novela. Lo dicho, el libro está hinchado.

Pero por fortuna en esto de ‘hinchar’ textos hay autores y autores. Mientras con unos da gana de tirar el libro a la basura con Clarke, con su manera amena, sencilla y didáctica, dan ganas de seguir leyendo y aprender. De esa manera en este libro Clarke mezcla la pseudohistoria (la utopía que dibuja), el relato de cifi hard didáctico (la carrera) y la historia de ciencia ficción pura y clásica (el problema meteorito y su solución). Todo ello descrito con un lenguaje llano y claro marca de la casa.

Como resultado tenemos que El martillo de Dios es un libro menor en la bibliografía del autor, pero aun así una obra que destaca sobre mucho que he leído en los últimos tiempos. Se merece un 6.

Ta luego.

Michael Bishop – Sólo un enemigo: el tiempo

Hola, culebras.

Michael Bishop -Sólo un enemigo: el tiempo

Michael Bishop -Sólo un enemigo: el tiempo

Se ve que no tengo suerte con mis últimas lecturas: tengo atragantado de una manera exagerada el Kraken de Mieville, y tratando de poner tierra por medio empecé este Sólo un enemigo: el tiempo de Michael Bishop. Pero, la verdad sea dicha, ni siquiera yo estaba convencido de esta lectura: el libro lleva en mi pila casi veinte años, dos décadas, cuatro lustros en los que de ven en cuando lo cogía, leía la contraportada y lo volvía a dejar. Pero algo así me sucedió con Radix (A. A. Attanasio) y luego resultó que el miedo no tenía fundamento alguno. Pues eso, que atascado con Kraken (desde que lo empecé lo he dejado seis veces y en esos intermedios he leído otros tantos libros) llegó la oportunidad a esta obra de Bishop.

Maldita la hora.

Sí, que se ha llevado no sé cuántos premios, Nébula incluido. Pero ni aun así se va a librar de que lo califique de la manera que a mí me ha parecido: un truño de tomo y lomo. La verdad, no tengo por dónde agarrar semejante bodrio, tanto en la forma como en el fondo.

Las culpas de la forma, dado que he leído una traducción, no se las va a llevar todas ellas la chepa del autor. Al fin y al cabo Bishop no tiene la culpa de que en esta edición de Acervo que poseo los acentos bailen o desaparezcan: ahí la culpa recae en el editor. Tampoco quiero hacer recaer en él la existencia de todos los disparates expresivos que he tenido la desgracia de leer: en eso algo tienen que decir tanto (en último término) el editor como el traductor, el señor César Terrón. En ese vago terreno queda la culpa: que entre ellos se la repartan. Porque hay mucho que repartir: expresiones pedantes, extraños arcaicismos o incluso maneras de llamar a objetos cotidianos poco menos que enrevesadas (si no demenciales). La manera de expresarse el protagonista (la inmensa mayoría del texto está narrado en 1ª persona) no encaja en absoluto con la educación que se adivina ha poseído. Los flash backs al puro estilo Stephen King carecen del gancho del de Maine, no logrando hacer conectar al lector con el protagonista.

Y es que en lo de ‘conectar con el lector’ donde falla, al menos en mi caso, de manera estrepitosa el libro. De un libro se espera que, al cano de x páginas, haya algo que incite al lector a leer más y más. Puede tratarse de un desencadenante, un objeto, una conversación, un misterio, un personaje… muchas cosas. Pero en este Sólo un enemigo no me he encontrado con nada que me incitara a pasar la página. Tristísimo, sí. Quizá ello se deba a que la premisa base de la historia se me hace desde el primer momento ridícula: un viaje onírico al pasado. ¿Estamos ante un libro jipioso de esos de viajes de L.S.D. y encuentro con el yo interno o qué? Pero además el tener esa base de lo onírico desde un principio no pude evitar pensar en que me iba a encontrar con otros Los Serrano y su deleznable final. ¿Qué interés tiene un libro que desde el primer momento te están diciendo que todo lo que va a vivir el protagonista se reduce a un jodido sueño? Coño, si habláramos de fantasía oscura, con magia de por medio, tendría su aquel y un puntillo de gracia (como ya hizo Moorcock con su La fortaleza de la perla), pero ¿en ciencia ficción, y con un supuesto trasfondo científico serio? Anda ya.

Acerca de ese supuesto trasfondo serio, de nuevo no hay quien se lo tome en serio. La idea del viaje onírico al pasado está tan tomada por los pelos que ni propio autor sabe explicar bien cómo narices se produce dicho viaje, ni en qué términos. Juerga con la vaguedad incapaz de aclarar si de alguna manera lo onírico se vuelve físico. Al menos en La celda sabemos de sobra a qué nos enfrentamos, y con eso se juega. En La celda sí tenemos un muy buen ejemplo de lo que  un puede dar de sí el plano onírico en una historia: se puede identificar lo irreal de lo real con claridad, y las justificaciones (aunque fantasiosas) acerca de la manera en que interactúa un plano con el otro cumplen su objetivo de engañar al lector con una buena dosis de suspensión de credulidad. En este libro no: el autor se enfanga a la hora de describir el bus y su funcionamiento, viéndose incapaz de ‘mojarse’ y decir a las claras en qué manera los sueños de un individuo pueden afectar al funcionamiento de una máquina física para conseguir un desplazamiento físico en el tiempo. Porque, si de verdad hay una traslación física al pasado, ¿qué utilidad tiene el que el crononauta sea un soñador? Si la clave del proyecto radica en que el crononauta es un soñador, ¿no se reducirá todo el ‘viaje’ a un jodido sueño? Los Serrano, por dios, Los Serrano sobrevuelan de nuevo el libro. Incluso en un par de ocasiones el protagonista deja entrever que mientras el sueña con el pleistoceno su cuerpo sigue en la camilla del bus. Lo dicho: el autor juega con una ambigüedad tramposa. Tramposa o incapaz.

Con todo ello parece que tenemos un libro que habla no se sabe si de un tío dormido, soñando sus pajas mentales de la infancia, o de ese mismo tío que (a saber cómo) realiza un viaje físico al pasado mientras él mismo cree que está soñando. O de algo entre medias (sí, así de ambiguo resulta el libro). De una manera u otra, en mayor o menor grado, jugamos con sueños. Y ese detalle resulta clave para el segundo enorme fallo del libro: el antropológico. Pensemos un poco: tenemos a antropólogo de prestigio. Por más que quiera conocer datos del modus vivendi de los homo habilis ¿se va a creer que los sueños de un tío suponen una base seria u documentada para sus teorías? Por dios, ¿con qué cara le dice al resto de la comunidad científica que dice que ‘el homo habilis vivía así porque me lo ha dicho este tío: él lo ha visto en sus sueños amplificados con mi máquina’? Antes de responder piénsalo dos veces. O ponte este ejemplo: que te digan que la historia es de una determinada manera sólo porque así lo ha soñado un individuo. A la mierda la arqueología, o la historia forense, o la documentación: lo que importa es lo que un tío sueña. Palabra de John­–John. Te alabamos, John­–John.

En otras palabras: a tomar por culo suspensión de credulidad. Para leer el libro te has convertido a la fe de John­–John, un borrego más que se traga cualquier cosa que le diga John­–John. Y el afamado antropólogo del libro se come todo eso con patatas. ¿Se imagina a alguien a un Leakey basando parte de su documentación de campo en lo que ve un tío en sus sueños? ¿Una revista científica seria aceptaría los postulados de un científico si este dijera que se basan en los sueños de alguien? ¿Estamos tontos o qué? El señor Bishop considera al lector un soberano cretino si espera que se trague eso. Un científico con un mínimo concepto de Método ni se le ocurre arrimarse a lo onírico para obtener pruebas (salvo en el caso de que se trata de estudios médicos/biológicos de enfermedades y mecanismo de sueño, se entiende).

Pero no, que Bishop pretende que comulguemos con ruedas de molinos, que nos creamos esa descomunal sandez.

Anda, a tomar por culo.

Si es que la premisa base del libro es una absoluta ridiculez. Estamos ante un libro que no sólo obliga a apagar el cerebro. Esa es una opción muy digna en la literatura de evasión, y en la cual esa necesidad queda bien clara: vamos a leer idas de olla. Por eso nadie se echa la manos a la cabeza al acompañar las andanzas de un par de enanos que llevan un anillo a un volcán para así matar al mago malo malísimo; o ninguno se rasga las vestiduras al seguir las andanzas de un humano, un gato hipervitaminado y de mal genio y un alienígena de tres patas y dos cabezas, mientras exploran una descomunal estructura en forma de anillo que gira en torno a una estrella. Todos sabemos que estamos ante un cuento chino, nos lo creemos y disfrutamos. Saben trabajar con la suspensión de incredulidad. En esos libros los personajes, aun fantasiosos, poseen mentalidades y formas de actuar que encajan con su lógica, o con la lógica de su mundo. Pero en este libro pretenden hacernos creer que en el siglo XX, en una sociedad realista con un entorno sociopolítico y económico real, hay individuos ‘reales’ como el antropólogo de marras que actúa de la manera que actúa y se cree lo del chico soñador. Y Bishop pretende que comulgue con ello. Lo dicho: a tomar por culo. Le vas a tomar el pelo a otro.

Y aun así sigo leyendo: me debes una, Bishop, por no lanzar este libro a la basura de manera inmediata. Le he dado una oportunidad hasta el final.

El libro avanza. Página tras página descubrimos la vida y obra del protagonista (en su país, antes del viaje, y en África justo antes del mismo y después). También, por supuesto, le acompañamos en su paja mental viaje temporal. En el África del Pleistoceno conocerá a un grupito de homos habilis, se enamorará de una de ellos (guiño al bestialismo, por mucho que diga que se trata de un salto evolutivo hacia el homos sapiens) e incluso (tachán) tendrá una niña. Sí, puede que alguno considere esto como un brutal spoiler: pero semejante tontería, o desafío a la paradoja del abuelo, se ve venir a las pocas páginas de encontrarse el prota con Elena. Vamos, que no reviento nada que alguien con un par de dedos de frente no intuya. Aunque alguien con un par de dedos de frente seguro que habría tirado el libro a la basura mucho antes de que naciera Gusanito.

Yo, como buen tozudo que soy, continué con la lectura.

El libro avanza con una historia de sabana que en ningún momento me enganchó. Se me hizo mucho más interesante La hormiga de Pedro Gálvez que eso (bueno, en eso tiene cierta importancia que la mirmecología me atraiga). Ahí lo dejo.  Aburrido todo salvando la leyenda del rinoceronte, y qué pena que lo más interesante del libro sea a la vez un simple detalle de ambientación. Lo dicho, el libro avanza hacia no se sabe bien dónde. Bueno, sí: hacia la niña medio habilis, medio sapiens, que por arte de magia no tiene nada de habilis. ¿Y ahora qué?, debió pensar el autor. ¿Cómo salgo de este documental de La 2 sin pies ni cabeza? Pues, cómo no, acudiendo al deus ex machina. Y el tío, todo chulo, incluso lo describe así: deus ex machina.

Desde ese momento avanzar en la lectura me supuso un auténtico ejercicio de voluntad. La razón de la existencia de la niña queda enfangada por la no–explicación previa de la naturaleza verdadera del viaje. A eso hay que añadir un fenómeno casi relativista de compresión temporal, al menos desde el punto de vista del viajero. ¿Cómo explicar la presencia de una niña humana, gestada y nacida, cuando se dice que el crononauta estuvo inmerso en su sueño (sí, de nuevo así lo describe el autor: el protagonista estuvo todo el tiempo tumbado en una camilla) un tiempo objetivo no superior a dos meses? Queriendo buscar un golpe de efecto, la niña, el autor se mete más y más en el fango. ¿Dar una explicación? Nada. ¿Para qué complicarse? Corre, corre a escribir otra página, a ver si el subnormal del lector que aun sigue leyendo el engaño de libro olvida ese error con más tonterías (congresos y fiestas años después, entre otras cosas). La novela se alarga más y más, de nuevo sin rumbo, agonizando llena de patetismo (pero patetismo el que siento yo, al ver cómo la estafa que este libro me supone sigue aumentando sin aparente fin). Al fin acaba. Y doy gracias de ello. No termina con un Los Serrano, aunque creo que si hubiera dejado caer ‘y despertó en su cama y todo se había reducido a un mal sueño’ hubiera dado más credibilidad al texto que no acabar de la manera en que lo hace.

Un espectáculo muy triste, la verdad. Triste y de vergüenza.

Pero más vergonzoso aún es saber que este bodrio se ha llevado premios, incluso de los propios escritores. Prefiero no saber los enredos de sobres, chanchullos y amiguismos que se debieron mover en esos Nebula (y en los otros premios). En su tiempo conocí los Ignotus con suficiente cercanía como para intuir la merienda de negros que esconden, algo en el más puro estilo ‘si tú me comes la polla yo te la como a ti’. Todo ello aderezado con los imprescindibles bandos, grupitos (casi lobbies) y partidismos. Muy español todo, vamos. Pero no me esperaba algo así de los anglosajones. Y sin embargo ya veo que ocurre. En todos sitios cuecen habas, y tras esta lectura entierro de manera definitiva mi respeto por todo premio para siempre. El hombre es hombre, y como tal propenso a esas mierdas de chanchullos y maquinaciones, todo por lograr destacar de entre la morralla media.

Nada, que se lleva un 2 y me parece mucho. Demasiado. Una estafa por parte del autor, del editor, de los premios, de la prensa… o eso o mi mente discurre por senderos muy distintos al de toda esa gente que lo alaba.

Sí, sin duda la culpa de esta crítica recae en mí, en mi cerebro, en mi forma de pensar. Me pongo yo el 2, por no saber apreciar esta joya. Eso me pasa por crítico, asocial y misántropo: no entiendo a los humanos.

Adiós.

PD: Una cosa que se me olvidaba decir. La portada de esta edición, tan infame como el libro, tan estafa, tan engaño. Todo es una broma en esta obra. Una broma de mal gusto. Y algunos hemos picado en ella de lleno. Nevermore.