Archivo mensual: abril 2009

Una pequeña luz

Hola, culebras.

Anteayer vimos los afectados por la diabetes tipo I una pequeña luz al final del túnel: el éxito de un tratamiento con células madre a diabéticos que acababan de debutar (aquí un poco más). Por supuesto, tal y como explica el artículo, la técnica tiene sus limitaciones (se aplica sólo a los debutantes) y sus complicaciones (neumonía o problemas hormonales, por ejemplo), pero no deja de ser una alegría para los que la sufrimos día a día el saber que algunos chicos estuvieron hasta años sin necesidad de pincharse.

Ojalá se siga investigando en esta materia y se encuentre pronto una cura a esta enfermedad que, lamentablemente, cada vez es más frecuente. Y a la gente que se niega a que se investigue con células madre sólo les digo una cosa: que nunca se vean afectados por una de estas enfermedades… o, ¡qué cojones!, que se vean afectados y con extrema gravedad: a ver si así se siguen negando a que se investigue. Es muy fácil negarse cuando no lo padeces.

Chau.

Un regalo para quien más se lo merece

Para ella, e ineludiblemente también para la otra: lo son todo para mí.

Para ella, para ellas, un pequeño cuento. Mucho me ha costado, de tan oxidado que estoy en esto de juntar palabras, pero ahí está el resultado de mi esfuerzo. Ojalá la una lo sepa apreciar hoy, y espero que la otra haga lo propio en un día futuro y próximo.

Y aunque no lo valoren: para ella, para ellas.

C.S. Lewis – Perelandra

Hola, culebras.

Hace ya años me leí Malacandra, la primera entrega de esta saga, y tengo un muy buen recuerdo del libro. Eso me llevó a seguir con esta segunda parte. Esperaba más aventuras de Ransom en otro planeta extraño y sugerente como el Marte de la primera entrega.

¡Iluso! ¡Infeliz! Perelandra es un libro profundamente cristiano, religioso, con toques filosóficos respecto a la naturaleza del ser humano, su relación con la mujer y la intervención del demonio en todo ello. Un libro que sólo es capaz de entenderse en todo su mensaje desde un punto de vista puramente cristiano. En definitiva, un tostón para alguien profundamente ateo como yo. Al menos me salvó y algo amplio conocimiento de la religión cristiana (ocho años en un colegio de curas, entre otras cosas, dejan huella) me permitió captar los devaneos que nos planta Lewis en su obra. Pero no implica que me gustase.

No me voy a abundar más en un libro que leí con excesiva rapidez, casi deseando que pasaran las páginas. Seguramente alguien más receptivo lo habrá sacado más jugo, e incluso apreciado. Yo no. Tengo en la pila la tercera parte de la saga, y la verdad es que no sé si algún día me atreveré a agarrarlo. Uno es valiente (literariamente hablando), pero cada día huye más del masoquismo.