Clive Barker – Imajica I y II

Hola, ofidios.

Hace mucho, quizá demasiado, que no regresaba a Clive Barker. Así que cuando vi en una tienda estos dos volúmenes de Imajica no pude reprimir la tentación y me los compré: ni más ni menos que en torno a ochocientas páginas de Barker prometían una magnífica dosis de mezcla de fantasía oscura y terror, todo ello mezclado con esa atmósfera malsana y morbosa que el británico aporta a sus creaciones. La última novela que leí de él, Sortilegio, me encantó y me dejó con ganas de leer más. Ésta era la oportunidad de saciar ese ansia.

Pero joder con este libro: tras leer las ochocientas páginas he de admitir que Imajica es el peor Barker con el que me he encontrado.La novela carece de ritmo… o más bien padece de un ritmo tan lento que casi ni existe (y tan lento es el ritmo que incluso a mí me ha afectado, tardando mucho tiempo en acabar lo dos volúmenes). Ves como las páginas pasan y pasan sin que suceda casi nada, y lo malo es que cuando ocurre algo carece de interés por manido. El protagonista no se hace agradable, pero la verdad es que eso en un autor como Barker no supondría problema alguno de existir una galería de secundarios con carisma y gancho, como es el caso de las Hermanas en Sortilegio. Por desgracia en este Imajica ese tipo de personajes atrayentes no existen, a lo sumo encajaría dentro de ese grupo el penoso Dowd, pero como sombra en comparación a las anteriormente citadas Hermanas. Y tampoco se puede decir que en la novela disfrutemos de escenas memorables: incluso en libros fallidos como El juego de las maldiciones (que por algo es su primera novela) tiene pasajes inolvidables, algo que en este no sucede, a lo sumo el encuentro con Descansito y poco más. Por el contrario, bastantes escenas (el ascenso al glaciar o la visita a la última ciudad) parecen sacadas de un Moorcock cruzado con un flojillo King.

El intento de la novela de suponer un acercamiento a la mitología cristiana, por más que hable de ello el autor en el prefacio, se reduce a tomar un par de nombres (como la Vía Crucis o Cristo) y poco más. Al contrario, tiene más influencia de la new age y rollo hipioso.

En definitiva, se mire por dónde se mire no satisface, Imajica no posee la fuerza de otras obras suyas como Cabal, Hellraiser, Sortilegio o incluso la primeriza El juego de las maldiciones.

Se merece un ramplón 3, y mucho me parece.

A ver si consigo hacerme con El gran espectáculo secreto para redimir a uno de mis autores favoritos.

Un saludo.

David Morrell – Rambo

Hola, ofidios.

Ésta es la última de las reseñas que tenía pendientes, y para tratarse de la última hay que decir que habla de un libro que me ha dejado un muy grato sabor de boca.

De entrada he que decir que el personaje de Rambo (el conocido ya casi universalmente gracias a la pantalla grande) sólo me gusta en la primera película, y éste es el libro en el que se basa. Y, como suele suceder, el libro le de cien mil vueltas a la película: de hecho casi parece otra historia, mucho más intensa, dura y triste.

El libro que nos brinda David Morrell, de lectura muy rápida, te sumerge en unos personajes penosos, patéticos, tanto por sus soledad como por la manera que enfrentan el futuro. Rambo, una víctima inadaptada que en la novela se nos muestra como un máquina de matar mucho más letal que en el filme, un chaval de poco más de veinte años convertido en un monstruo; Teasle, un personaje mucho mejor dibujado en la novela, un desafortunado incapaz de superar una crisis familiar. Ambos personajes se enfrentan defendiendo sus ideas, cada uno tratando de llevar al otro a su camino: el primero con su actitud solitaria y libre, tratando de ‘demostrar’ su libertad; el segundo intentando doblegar al salvaje que irrumpe en su territorio, lo único que le queda como suyo. Entre medias, la naturaleza de una región que engaña al lugareño y que ayuda al forastero oponiendo los roles de cazador y presa.

Magnífica lectura, de la que se hubiera sacado una película mucho mejor de no ser, sin duda, por el ansia de los productores. Este Rambo se merece un indudable ocho.

Chau.

Robert C. Wilson – Darwinia

Hola, culebras.

Darwinia es el primer libro que leo del autor, Robert C. Wilson, y sin duda me ha dejado una sabor agridulce… o mejor dicho ‘dulceagrio’. Me explico: la novela empieza bastante bien, con un escenario y unos acontecimientos puramente lovecraftianos. El primer desembarco supone un claro ejemplo de ello. Esa atmósfera se intensifica en la expedición al interior de la selva, un relato cuya relación con Las montañas de la locura resulta poco menos irrefutable, e incluso me atrevería de decir que bebe también algo de El que susurra en la oscuridad. La tensión y el sentido de la maravilla emulando el espíritu del escritor de Providence queda plasmado de nuevo sin lugar a dudas cuando se adentran en lo que encuentran en el corazón de la selva (no quiero destripar esa parte de la novela, así que no lo digo).

Por desgracia esa tensión, ese buena impresión que deja la lectura se evaporan de una manera brutal y sin sentido cuando el propio autor mete un spoiler brutal del entorno en el que se sumerge la novela (y con un poco de imaginación también de los hechos futuros que van a suceder). Ese spoiler, colocado a modo de inapropiada explicación a eso de un tercio de la novela, hace que ésta pierda buena parte de su interés, si no todo. Su naturaleza es tal que en mi caso me dieron ganas de lanzar el libro directamente a la basura: lo que dice me dejó bien claro que nada de lo que sucediera en las siguientes páginas tendría un interés real.A medida que se avanza en la lectura, y gracias a ese spoiler, la historia pierde gancho, diluyéndose en una ridícula y patética lucha bien/mal, llena de un pseudo misticismo que la propia naturaleza de lo que habla el spoiler anula.

Llegados al final de la novela ya da igual quien gane ni o que se diga, porque todo ello realmente no afecta a nada real.

En definitiva, me encuentro ante un libro que defrauda, y como tal se merece un simple (y puede que magnánimo) cuatro.

Adiós.

Un regreso lento, muy lento

Hola, ofidios.

Han transcurrido muchos meses de silencio, una situación obligada por una baja médica que me ha impedido escribir, y de la que no me he recuperado del todo… pero es que aun con las manos doloridas y con pinchazos he de poner algo aquí, en la web. ¿El qué? Pues lo lógico: han sido meses alejado de un ordenador, de un teclado, pero de igual manera meses practicando mi vicio favorito: leer libros y más libros.

Así que ahora, medio recuperado, voy a ir aportando poco a poco las pequeñas reseñas de lo leído. Aunque una vez publicadas no las lea ni dios dado que Google me sigue teniendo baneado, me da  igual: lo hago para mí, para mi satisfacción, y para mi memoria. Y eso me parece ya bastante.

En los próximos días iré colgando, con fecha modificada para que perezca la auténtica de finalización de lectura, lo que me han parecido los libros. Así de entrada veo, repasando las fechas, que en general he aumentado mi velocidad de lectura: más obras, más personajes, más historias, más mundos. Más. Y sin duda para mí eso significa mejor. Ya que no puedo escribir, ya que me resulta imposible plasmar los mundos e historias que se me acumulan dentro de la cabeza (sin duda mi mayor maldición), al menos trato de evadirme leyendo las de otros.

Bueno. En breve la siguiente (aunque con fecha antigua) entrada, la próxima reseña.

Hasta entonces, un saludo.

PD: Se me olvidaba decir que la última reseña no ‘trucada’ era la de la saga de los Aznar 3, del 22/3/2010.

Max Brooks – Guerra Mundial Z

Buenas, culebrillas.

Sí, caí en la moda zombi. Tampoco supone una novedad dado que el género me encanta, hasta el punto de verme las tres películas de la saga Resident Evil 😛

Si bien el primer libro de Max, el hijito de Mel Brooks, no me atrae lo más mínimo, este Guerra mundial z ya es otra cosa.

Emulando el estilo epistolar, convertido en esta ocasión en una sucesión de entrevistas a los supervivientes, se nos narra las experiencias personales de gente diversa ante una plaga zombi de ámbito mundial. Ese carácter epistolar desde un primer momento me atraía: ese estilo permite llevar de manera magnífica el terror a las páginas de manos de la más absoluta subjetividad (otra de las bases del terror). Por otro lado, y en vista del autor (un guionista de cine yanqui) y el arco temporal que se supone (desde la hecatombe inicial a la lucha supervivencia y la victoria final) mucho me temía un excesivo americanismo de la novela: si en el fondo todo americano lleva dentro de sí lo que aquí llamamos patriotero, o incluso facha. Pero la verdad es que salvando una de las partes del libro, la centrada en la agonía americana, el resto del libro no padece excesivamente ese aire yanqui.

Empieza muy bien, con un primer centenar de páginas no exentas de tópicos, pero con escenas que hacen las delicias de todos los amantes del subgénero.  Se suceden las escenas más o menos típicas, pero aderezadas con una mezcla de subjetividad y directa mala leche que las hace más jugosas. Resulta incluso de risa encontrarse a París Hilton en el libro (pena que no se describa su muerte), y en algunos párrafos se ataca directamente el American Way of Life.

Por desgracia a medida que la historia avanza ésta pierde interés. Al menos para mí: la victoria sobre los zombis y cómo se llega a ella no es una idea de mi agrado, y hubiera preferido un nuevo mundo por completo Z, con una enorme Z mayúscula. O por lo menos algo similar al Día de los trífidos, más abierto. Sin embargo asistimos, primero, a un resurgir de las cenizas de cada país (haciendo en la mayoría de ellos de una organización y recursos nada creíbles dada la gravedad de la epidemia), para luego continuar con a una supuesta alianza internacional. El caso de Canadá más EE.UU. más México es casi de broma, con la estrategia de barrido. Una de las más admisibles y atrayentes, por otro lado, es la rusa. Y la japonesa sólo puede definirse como chiste.

El autor usa (no me atrevo a decir que abusa) de adaptaciones de hechos reales de la historia de la guerra. Me explico: coges una historia de supervivencia de la Segunda Guerra Mundial, cambiar los nazis por los zombies, lo aderezas un poco y ¡voilá! Ya tienes toda una entrevista de uno de los supervivientes. A ver, no soy un experto en historia de la guerra, pero es que muchas de las narraciones me suenan a eso.

No creo que tardemos muchos años en ver este libro llevado a las pantallas, sino incluso en forma de trilogía (que es lo que mejor le iría, visto el desarrollo). Nota: en la wikipedia ya se habla de una nueva película.

Puntuación final: un ocho.

Adiós.

A. A. Attanasio – Radix

Hola, ofidios.

Rescaté Radix de la pila recordando el comentario despectivo que al respecto pronunció alguien que conocí hace años (y de criterio bastante fiable en lo que se refiere a cifi hard). Pero eran otros tiempos, hace ya muchos años, y ante la perspectiva de una temporada fuera de casa opté por arriesgarme con este grueso tomo.

No me arrepiento, ni de lejos. Hay que admitir el mayor problema  de texto de Attanasio: hay momentos (sobre todo cercano el final) en los que peca de críptico, de farragoso. A veces cuesta comprender lo que se lee, ya que el autor se deja llevar por una excesiva retórica new age (royo jipioso, vamos), manchada con un lirismo que nos sumerge en párrafos de ñoñería ‘vital’ y ‘guay’, con toques de lo que creo haber reconocido budismo y zen. Pero salvando esas parrafadas, el mensaje del amor-vida-ñoñez, el resto atrae, engancha.

El autor nos presenta como protagonista a un desgraciado que resulta odioso, una criatura patética y que por más que evoluciona hacia algo mejor nunca acaba de resultar atractivo (detalle que considero un gran acierto por parte del autor: otros hubieran caído en la tentación de convertirlo en un ‘tío guay’, o al menos un ‘tío duro’). De hecho a lo largo de toda la novela casi dan ganas de que le maten de una puñetera vez y que así deje de sufrir.

Leyendo el libro uno no puede olvidar el artículo de Spinrad de ‘El dios emperador de todas las cosas’, y si bien Kagan sigue en parte el prototipo de antihéroe, el universo que recorre tiene un componente de sentido de maravilla que lleva a leer más y más. La obra encaja con otras de carácter iniciática, como Traición (del osito Card) o El hacedor de universos (ese magnífico borrador del más magnífico aún Mundo Río de Farmer), y se encuentre muy lejos (muy por encima) de ese supuesto prototipo de novela de ‘de hombre a dios’ que es el timo de Las estrellas mi destino, de Bester.

Eso respecto al protagonista. Pero es que en Radix hay algo mucho mayor: el mundo en el que se mueve, una extraña Tierra que se va descubriendo muy poco a poco, pincelada a pincelada, y que te atrae con todas y cada una de ellas. A veces me recordaba a Vance, el mejor Vance, el de la Tierra Moribunda.

Vamos, que me he leído el libro en todos y cada uno de los momentos que he podido: me he sentido enganchado a las peripecias y desgracias sufridas por Samnuel.

No voy a decir nada más de la trama del libro, sino sencillamente invitar a la lectura del mismo y sumergirse en ese mundo sorprendente y místico de la linergía.

Lo dicho, magnífica lectura que se lleva un merecido 9.

Chao.

AA.VV. – UPC 2002

Güenas, culebras.

De nuevo tengo en mis manos un UPC, en este caso el de 2002. Y de nuevo relatos más o menos afortunados, y mi habitual desacuerdo con los resultados del premio.

Por una vez no voy a seguir el orden de presentación de los relatos en el libro, sino que voy a hablar de los que más me han gustado:

  1. ‘Odisea’, de Fermín Sánchez Carracedo, con su aire clásico (homenaje incluido a Clarke) ha sido sin duda el que más satisfecho me ha dejado. Un relato pausado, clasicista, de un primer contacto. No será muy original, eso no lo dudo, pero sin duda me ha hecho disfrutar, si bien el final lo hubiera dejado un poco más oscuro.
  2. ‘La ruta a trascendencia’, de Alejandro Alonso, me gustó… y no me gustó. Me explico: la situación mostrada en el relato resulta sin duda atrayente por lo enrevesada, pero la manera de lograrlo… algo falla. Yo habría aparcado el sentimentalismo y aplicado un poco más de mala leche: la gente en esas circunstancias creo que se volvería más precavida, más egoísta, y más que una comuna hubiera devenido en un alejamiento, creando una especie de área de ermitaños (como la escena del abuelo ‘trasparente’, de lo mejor del relato). Pero es que se trata de un escenario muy complejo: sólo por la valentía de tratar el tema ya merece mi respesto.
  3. ‘Escamas de cristal’, de Pablo Nauglin (Pablo Villaseñor), me gustó pero lo vi… hueco, forzado. Artificio sentimental para llenar páginas. No me acabó de gustar. Ahora, al escribir esta reseña, no sé porqué me llega a la memoria ‘El pusher‘ de Varley: quizá porque eso sí es saber jugar con los sentimientos de una manera magistral, concisa y directa.
  4. ‘Teorema’, de Irene da Rocha, resulta aburrido, tonto. Una pérdida de tiempo. No me gustó en absoluto. Por no mencionar el detalle de ‘me planto en la luna para cenar, querida’. Así, como si nada.

De nuevo mis gustos no encajan con los del jurado del UPC. Razón de más para no mandar nunca nada allí 😛

Este se lleva un correcto seis.

L. Sprague de Camp – Que no desciendan las tinieblas

Buenas, culebrillas.

Otro librillo que llevaba años vigilándome desde la estantería, esperando su oportunidad. Y al fin llegó: Que no desciendan las tinieblas, de L. Sprague de Camp, me ha resultado gracioso, ameno, pero poco más: un pasarratos, un telefilme de los domingos por la tarde… nada más.

¿Qué es lo que me falla en este libro y me obliga a no tomármelo en serio? El protagonista, que deja a McGiver a la altura de la suela: sabe hacer de todo (bueno, de casi todo, que con la fórmula de la pólvora no da). Ingeniero, químico, historiador, economista… joder, al lado suyo DaVinci era un pringado.

Nada, que aprobado raspado y va que chuta: un cinco (y por culo te la hinco).

Aaaaaaaaadios.

Rodolfo Martínez – Tierra de nadie: Jormungand

Hola, culebras.

Retomando la pila desempolvo este tocho (el calificativo va por lo del tamaño del libro, nada más) de otro español, en este caso Rodolfo Martínez.

De Jormungand puedo decir que es un libro de lectura rápida, si bien con algunos defectos estilísticos y de forma que demuestran que nos encontramos ante una novela primeriza. Antes que esta había leído La sonrisa del gato, un ciberpún que se me hizo agradable… lo que significa mucho, teniendo en cuenta que es un subgénero que no me gusta nada.

En esta novela nos presenta un mundo prisión en el que suceden cosas que se escapan al control original de los guardianes. Por un lado posee imágenes poderosas, como el paso de la luna sobre el planeta deformándolo con su fuerza de mareas; y por otro cagadas descomunales, como el uso en viajes de ida (bien) y vuelta (¿comorl?) de esas mareas lunares (lo siento, pero si bien comprendí a la perfección la huída siguiendo el flujo de la marea jamás comprendí el uso de esa marea para ir en sentido contrario, en su contra).

Me fastidió la manera en que desaprovechó el personaje que presenta la novela, una criatura interesantísima e infrautilizada. Y que la verdad es que durante una buena parte de la novela creía que se iba a convertir en el protagonista, pero no. Una pena. A lo mejor en otras novelas del ciclo de Drimar lo usa más.

Tras acabar la novela tuve la impresión de haber leído una de esas en las que el autor quiso abarcar más de lo que supo o pudo expresar.

Bueno, se lleva un seis.

Ta lugo.

Michael Moorcock – Las crónicas del castillo de Brass

Hola.

Retomo a Michael Moorcock en el último libro que tenía pendiente de leer de la saga del campeón eterno: Las crónicas del castillo de Brass, la segunda etapa de las aventuras de Dorian Hawkmoon. Siempre me ha parecido el más endeble, el menos atractivo de las cuatro personalidades ‘principales’ del campeón eterno (y mi favorita sigue siendo Corum un poco por delante de Elric), y tras leer esta segunda etapa sigo pensando lo mismo. Más aún, ahora que la guerra con Londra ha desaparecido las aventurillas del de la joya en la frente (si bien ya no la lleva) parecen bastante sacadas ‘por los pelos’.

En este volumen Moorcock aplica con demasiada exactitud los esquemas que ya ha usado en otras novelas del ciclo, haciendo en extremo previsible ‘El Campeón de Garathorm’. Sin embargo la última novela del tomo salva al resto: La búsqueda de Tanelorn, más allá de que es un tema recurrente en el multiverso, y que retoma por cuarta vez el episodio de Agak y Gagak, más allá de esto continúa con en forma de buen epílogo para el ciclo del Multiverso. Aparece y se medio-explica la presencia de alma del demonio negro, así como la naturaleza de La Balanza, para tras ello cortar por lo sano (muy al estilo de Moorcock) y por fin dar descanso al héroe eterno (un descanso muy merecido en los casos de Erekosë y de Jhary-a-Conel, que los pobres ya estaban artitos de dar más y más vueltas).

Nota: sin embargo, y en vista de lo que pone en la wikipedia inglesa, parece que todavía me falta mucho por leer del multiverso. A ver si lo editan en español… y si no a tratar de leerlo en pitinglis.

En definitiva, una lectura interesante para los seguidores de Moorcock pero muy poco aconsejable para los neófitos (para esos mejor que agarren el primero de Elric, mucho más accesible, y hablo en todos los aspectos; a este respecto desde aquí quiero darle las gracias Julipán, el de Santander, por meterme en el mundillo de Elric hace ya cosa de veinte años).

Valoración final que le pongo: un seis.