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Cordwainer Smith – Los señores de la instrumentalidad IV

Hola, culebras.

He tardado años en coger este libro de la pila, más que nada por la tontería de que es el cuarto de una colección de la que me faltan los tres primeros, pero aun así al cabo de más de diez años de espera, ha caído. Sólo conocía de Smith su Nostrilia, que leí hace unos siete años, y de la que tengo un muy mal recuerdo: aburrido y ñoño son dos palabras que me vienen a la cabeza ante ese libro. Pero dado que a veces una primera impresión engaña, le di a Smith esta segunda oportunidad. Así tomé en mis manos este volumen.

¿Qué me encontré?

En primer lugar debo hablar del núcleo del libro, la novela corta ‘En busca de tres mundos’. Se trata de una especie de epopeya en el que de nuevo sale a la luz la candidez y ñoñería del autor, con pasajes que se suponen líricos, llenos de supuestas alegorías del bien y el mal, del hombre, etc., pero que a mí no me han acabado de gustar. El protagonista no trasmite nada, diluido en una realidad y un trasfondo demasiado fantasiosos. Los escenarios a veces resultan tan irreales que no pueden llamarse ciencia ficción, y los personajes parecen sacados de una fábula infantil (para los amantes de ese género perfecto; para mí no). Sin embargo algunos, pocos, pasajes destacan, sobre todo el último: ‘Tres a una estrella’ constituye una pieza cargada de rareza y personajes alienados que me hicieron retomar el libro con ganas.

El resto de los relatos del libro, todos ellos independientes, los podría calificar como fallidos, por no decir ridículos (en eso destaca ‘La ciencia occidental es tan maravillosa’, una estupidez que sólo está ahí por haberla escrito quien la ha escrito).

En definitiva, una lectura que me deja mal sabor de boca, y que ya sume a Smith entre uno de los autores vetados de mis futuras compras.

Un saludo.

George R. R. Martin – Los viajes de Tuf

Del gordo y barbudo éste de Martin sólo había leído la primera entrega de Perdidos… digo, de La canción de Hielo y Fuego, Juego de tronos (libro que me leí prestado por un amigo y que me dejó como los primeros episodios de la serie de televisión, entre interesado por las diversas tramas y receloso ante el pedazo de culebrón que se anunciaba tras sus páginas. Posteriormente me compré las dos continuaciones, y seguramente adquiriré el resto hasta que acabe la saga, para luego leerla de un tirón, a ver que pasa. Y eso que por lo general no me gusta la fantasía). Perdón por la confusión, todos sabemos que no hay paralelismos (ninguno, ninguno, ninguno) entre la manera de concebir y narrar Perdidos y esa saga.Pero no nos perdamos y vayamos a este fixup, palabro anglo para definir una recopilación de relatos escritos ex profeso para ver la luz como un todo. Así, a lo largo de los siete relatos que incluye el libro nos encontramos con un todo más o menos autoconclusivo, las andanzas de un comerciante espacial llamado Tuf. A Tuf se le podría definir de cargante, cansino, ridículamente sincero y, dado que no le han matado, absoluta e injustificadamente afortunado. Esa característica, la de librarse de la muerte en todas sus aventuras aun siendo un bocazas hiriente de primera hace que se vuelva un personaje en extremo increíble, incapaz de conseguir que conecte con el lector.

Algo que, seguro, le importa un bledo a Martin.

Con esas, a lo largo de los relatos acompañamos al eterno suertudo desde descubrimiento y apropiación de ‘El Arca’, su mítica nave, hasta cómo salva tres veces a los pobladores de un planeta de su ciega y obsesiva estupidez. Entre ello Martin nos permite visitar otros planetas y otras culturas, aspecto en el destaca la obra: repleto de mala leche, los relatos rezuman una dura crítica a la ceguera humana, ante las que el cargante personaje consigue brillar contraponiendo su actitud coherente y lógica al sinsentido del universo que le rodea. Es por ese juego de contrastes por lo que se disfruta de verdad el libro, ver como una hiriente y clara sinceridad sale victoriosa (con enorme suerte, eso sí, de no acabar apaleado de por medias) ante esa basura llamada humanidad.

Habrá que esperar a la anunciada segunda colección de relatos, a ver si Tuf continúa con su suerte injustificada o recibe su bien merecido final.

Un saludo.

C.S. Lewis – Perelandra

Hola, culebras.

Hace ya años me leí Malacandra, la primera entrega de esta saga, y tengo un muy buen recuerdo del libro. Eso me llevó a seguir con esta segunda parte. Esperaba más aventuras de Ransom en otro planeta extraño y sugerente como el Marte de la primera entrega.

¡Iluso! ¡Infeliz! Perelandra es un libro profundamente cristiano, religioso, con toques filosóficos respecto a la naturaleza del ser humano, su relación con la mujer y la intervención del demonio en todo ello. Un libro que sólo es capaz de entenderse en todo su mensaje desde un punto de vista puramente cristiano. En definitiva, un tostón para alguien profundamente ateo como yo. Al menos me salvó y algo amplio conocimiento de la religión cristiana (ocho años en un colegio de curas, entre otras cosas, dejan huella) me permitió captar los devaneos que nos planta Lewis en su obra. Pero no implica que me gustase.

No me voy a abundar más en un libro que leí con excesiva rapidez, casi deseando que pasaran las páginas. Seguramente alguien más receptivo lo habrá sacado más jugo, e incluso apreciado. Yo no. Tengo en la pila la tercera parte de la saga, y la verdad es que no sé si algún día me atreveré a agarrarlo. Uno es valiente (literariamente hablando), pero cada día huye más del masoquismo.

Norman Spinrad – La canción de las estrellas

Tengo que admitir que de este hombre sólo conozco (y me parece sobervio) el artículo ‘Emperador de todas las cosas’ (en muchos sitios, por ejemplo en Tau Cero). Aparte de esto nada más. Nada. Y desde hace años llevo oyendo hablar muy bien de él, así que en un pequeño trabajo de arqueología casera desempolvé este libro de entre las decenas de ejemplares de la pila -el único que tengo por ahora de él- y empecé a leerlo.¿Qué me encontré en La canción de las estrellas? Exactamente lo que me temía: una historia jipi, pero completamente jipi, con sus toques de sexo libre, drogas, conciencia ecológica, contracultura y demás basuras muy de la época de cuando lo escribió Spinrad (siempre he pensado que la new age en gran parte se reduce a basura y pérdida de tiempo). Sí, todo el libro es de pura coña, una crítica no sólo a la sociedad humana en general, sino incluso a los valores propios valores jipis, mostrados como falsos y maniqueos. Pero ahora, treinta años después, cuando ya toda esa filosofía ha quedado totalmente trasnochada, uno no puede evitar sonreír y pasar página tras página ante lo que se lee en ellas. Vamos, que ha envejecido muy mal, si es que en algún momento en autor se preocupó en que la obra no envejeciera. El planteamiento social de los protagonistas es tan irreal que pasma (todos muy jipis, aceptando la palabra de un mindundi que hace de juez, y además juez drogado), y sólo llegué a identificarme, y poco, precisamente con los malos, los patéticos exiliados ‘negros’.

La lectura se hace amena, cosa que se agradece, pero cuando uno acaba no puede evitar decir eso de ‘¿Siguiente?’.

En definitiva, La canción de las estrellas no es más que literatura de metro… Habrá que esperar a leer otro libro de Spinrad, a ver si se redime de este pequeño pecado jipioso (y que conste, si es que importa, que no soy el único que piensa así).

AA.VV. – Visiones 1999

Muchos años han pasado desde que este libro está en la pila: en aquellos días incluso era miembro de la entonces llamado AEFCF, sin la T de ahora. Pero eran otros tiempos… Vamos a los que vamos: la lectura. Si alguien quiere leer más reseñas, que busque por ahí visiones 1999.En este libro hay de todo, como en botica, y más que hundir lo malo prefiero ensalzar lo que mejor sabor de boca me ha dejado. Dado que se trata de una recopilación de relatos escritos por autores noveles, aficionados, es lógico que el nivel muchas veces sea regular, por no hablar de bajo. Pero dado que se trata de eso, de noveles y/o aficionados, es lógico.

Entre los que he leído diría que mi favoritto es ‘Completismo’, de Eugenio Sanchez Arrate, un relato de cifi de corte clásico y bien escrito: no pasará a la historia pero tampoco defrauda.

Otros que, quedando a mi gusto por atrás pero que merecen una mención son:

–         ‘Apuntes para un experimento’, de Alberto Castellón Serrano: entretenido, con algunos fallos de estilo y de argumento pero que se disfruta. Ambicioso por su temática pero que no acaba de cuajar.

–         ‘El trofeo’, de Miguel Ángel Aijón, que bebe de la fantasía en plan brujería y espada, pero con menos brujería y más espada.

–         ‘Si te dicen que Caín’, de Raúl Gonzálbez del Águila, que me ha hecho gracia, si bien me ha resultado mosqueantemente previsible y quizá padece de una perspectiva demasiado antropomórfico, dado el protagonista. Dada la naturaleza del relato no diré el género en el que podría encajar: que quien lo lea disfrute de las tribulaciones del ‘sujeto paciente’ y trate de adivinar el final.

Del resto de relatos no diré que sean malos, sino que mejorarían mucho con más experiencia, (si bien algunos podrían, sin mucha pena por ello, ser descartados por poco originales).

Como curiosidad personal encontrarme aquí a Gabriel Olivo Díaz, un ‘compañero’ de mis primeras experiencias en esto llamado internet (conmigo escribiendo relatos pastiche de Lovecraft y tratando de moverlos por todas las webs posibles, e intercambiando enlaces con otras de relatos, españolas o hispanoamericanas), cuando monté ese horror de web llamada… ‘no se qué de Hger’. Jaja. ¿Era ‘El árbol de Hger’? estaba alojada en la web de mi empresa de entonces, Nortenet (¿qué habrá sido del deditos, del gordí y del  escaqueado? ¿Y de Gema ‘la escaladora’ [aún recuerdo esa foto de la sombra del Everest, y los mares de nubes], de Patri y de Víctor ‘cornacol’?). Joder, ha pasado mucho tiempo desde eso.

Bueno, nada más por hoy, culebras… I need blood, digo agua (eso me pasa por ponerme melancólico mientras escucho a los S.D.I.).

Harry Harrison – Catástrofe en el espacio

De nuevo un libro acabado, de nuevo una minirreseña sobre el mismo. En esta ocasión se trata de Catástrofe en el espacio, (comentario de FJSI) de Harry Harrison. No voy a negar que con ese título tan de film de serie B agarré el libro con cierto miedo de lo que entre sus páginas me podría encontrar. Pero también he de decir que tras títulos anodinos o sospechosos a veces uno encuentra pequañas joyas, como me sucedió con Ambiente, de Jack Womack, libro que me sorprendió muy gratamente en vistas de que esperaba una mierda ciberpunk. Tras leer este libro de Harrison puedo decir que se trata de un

Intento pretencioso pero lamentablemente fracasado.

El tema del que habla, un intento de aliviar la escasez energética del planeta a través del despliegue de velas solares colocadas en órbita, resulta ambicioso, atrayente y muy interesante. Por desgracia ese tema se limita a ser el detonante de una obra de catásrtofes, muy setentera. Hasta ahí puede decir uno ‘vale, lo de las velas solares es nada más una excusa’. Pero es que lo peor viene luego: situaciones en extremo forzadas y personajes estreotipados. El conjunto hace que la obra como tal naufrague.

Tras acabar de leerla uno realmente piensa que lo que tiene entre las manos , y obviamente sin pretenerlo por parte del autor, no es más que la novelización de un filme de catastrofista.

La historia se resume a una sucesión de chapuzas alentadas por personajes tópicos, casi caricaturescos. Americanos que o se comportan como imprudentes avariciosos y prepotentes, o como heroicos al tiempo que alegremente inconscientes; soviéticos o bien frios y calculadores o si no bonachones a inestables). Por otro lado están los personajes de caracter político (ambiciosos en extremo), los jefes militares despiadados, los científicos despistados y enclaustrados obsesivamente en su mundo limitado… tópicos tras tópicos. Eso en lo que refiere a las personas. Luego están los diversos acontecimientos que se narran en la novela, más o menos fortuitos, pero que se amontonan en forma de coincidencias cogidas de los pelos, tanto que el lector más de una y más de dos veces piensa eso de ‘no me creo que ahora pase esto’.

Como se puede deducir por todo esto, Catástrofe en el espacio se trata de una obra indudablemente menor en la producción de Harrison, más aun si se la compara con con esa indudable obra maestra que es ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! En este Catástrofe en el espacio se habla de un futuro en el que la civilización se encuentra al borde del colapso, ema que se encuentra desleido por personajes y situaciones no acertados; en el otro libro nos sumerge directamente en la debacle a través de un personaje patético el tiempo que entrañable, y con una historia que nos engancha. Lo que en ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! se limita a meras alusiones a la fuerza política, detalles que permiten colorear un decorado sin perdernos en la auténtica trama, aquí la saturan, volviéndola torpe… y con un patético deus ex machina al final.

En definitiva, un libro para olvidar. En vista de mis últimos éxitos 😛 habrá que cambiar drásticamente de registro.

Philip K. Dick – La penúltima verdad

Nuevo intento de hincarle el diente a Dick me formato novela, y de nuevo fallido.

La primera ocasión resultó poco menos que desastrosa: Sivainvi se me hizo completamente insoportable, y sólo lo terminé a fuerza de voluntad, mucha voluntad; Los clanes de la luna alfana me pareció poco menos que una tomadura de pelo, anodino y sin sentido; Sueñan los andriodes con ovejas eléctricas es un libro con buen inicio que acaba perdiendose y aburriendo, libro que se vio injustamente dignificado por una obra maestra del cine.

De este último libro, el de La penúltima verdad, digo que es un compendio de

Enredos sin sentido fatalmente ambientados

o lo que es lo mismo, una novela de intrigas pero tan llevadas de los pelos, e integradas en un completamente inverosimil futuro pésimamente descrito, que de nuevo acabar el libro es toda una proeza. Habrá fans de Dick que les guste esta novela, pero por mi parte se puede decir que casi significa el último martillazo en su ataud, en lo que se refiere a novelas (tema aparte son los relatos, que por ahora tolero).

El punto de partida de la novela es interesante, con un escenario que en parte se podría decir está inspirado en La máquina del tiempo de Wells: una educada élite en la superficie, disfrutando de un planeta sólo para ellos, y el grueso de la población mundial esclavizada y enterrada en tanques bajo tierra, temerosos de una supuesta guerra nuclear. Eloi inteligentes contra Morlocks aterrados. Promete, ¿no?

No, por desgracia no promete. Paranoias excesivamente de la época (bloque soviético contra occidental, y en ese aspecto la novela envejece horriblemente mal), un tratamiento penoso de las implicaciones de una guerra nuclear (no vale con decir que ‘todos los mamíferos han muerto’ y que ‘brilla el horizonte’ para luego decir que con una simple manipulación del terreno las zonas ‘templadas’ atómicamente hablando se limpian y demás estupideces sin sentido), la patética y constante referencia a relés, engranajes, mecanismos y ‘tarjetas perforadas’ (sic), que demuestra el nulo interés que el autor ha puesto en preveer un poco el fututo de la robótica y/o la informática (si es que ha tenido algún interés, claro). No pretendo que hable de discos duros, o de memorias flash, pero suponer que las tarjetas de cartulina perforada son la salida de un megaordenador de inicios del siglo XXI es para decirle VAGO a la cara al señor Dick.

Y eso por no hablar de los personajes: el patético Adams, totalmente voluble, cobarde e incoherente; el Brose que no logra ser todo lo despreciableque pretende al autor, sino bastante ridículo (un año después de la publicación de este libro, en 1965, sí que aparece un personaje gordo, deforme y decididamente maquiavélido: Vladimir Harkonnen); el increíble (y no como halago) Lantano, un lamentable ejemplo de Deus ex machina con patas.

Y, aparte de todos ellos, el único más o menos normal, Nick, coherente en su rebeldía y sentido del deber, pero que sin embargo se acostumbra co excesiva facilidad a ‘lo de arriba’. Se salva de la quema, además, por esas últimas frases del libro, perfectas.

Para acabar tengo que comentar ‘el engaño’, un supuesto falso documental que engañaría a muy pocos de entre la población mundial con un mínimo educación y de lógica (y mucho menos a dirigentes con su equipo de asesores). ¿Hitler viajando en un reactor antes del final de la Segunda Guerra Mundial? ¿Stalin hablando inglés? Eso son chistes malos y lo demás cuento. Lo peor es que todo el entramado sociocultural de la novela se basa en semejantes chapuzas, y no vale que con admitir eso en la novela, señor Dick. El argumento es endeble y penoso, únicamente creible si posees la inocencia de un niño, y hace que la novela se convierta en un castillo de naipes que cae por su propio peso.

Mala, muy mala.

Ah, antes de que se me olvide: un saludo a José Luis de la Cuétara, esté donde esté ahora mismo. Este ticket de lavandería suyo me lo encontré en el interior del libro (de segunda mano, por supuesto). Espero que la colada le quedara muy limpita.

AA.VV. – UPC 2001

Hola, culebras.

De nuevo estoy aquí, otra vez para comentar un librito. En esta ocasión  se trata de Premio UPC 2001. Empecemos con la minirreseña de cinco palabras:

Buenos relatos, pero mala selección.

Y ahora, dejando esa frase en apariencia inconsistente, al tema.

Uno abre el libro y empieza a leer la conferencia de Aguilera siete años después de que saliera a las pantallas Stranded, y todas las palabras preciosas que dice se las lleva el viento. No he visto la película, no he leido el libro de Edu Vaquerizo (no puedo evitar saludar a esa bellísima persona), pero por todo lo que me han dicho, y no pocas personas, mejor ni me molesto.

Seguimos con el relato de Carlos Gardini El libro de las Voces. Éste ilusiona, sobre todo las primeras sesenta páginas. Bien escrito, con un ritmo que huele a clásico, todo apunta a que nos encontramos con una muy buena obra. Dotado de un escenario típico de la edad de oro, acompañamos al protagonista a lo largo de una viaje iniciático a lo largo de un mundo devastado y misterioso. Sin embargo, a medida que nuestra lectura llega a su desenlace la historia se deshinfla: el escenario final es de todo menos original, y destroza toda la atmósfera que ha creado a lo largo de las páginas. ¿Y esto es todo?, se pregunta uno al acabar.

Con ese sabor agridulce uno inicia El mito de Er de Javier Negrete. De nuevo se ilusiona con una historia que promete, una ucronía que para los aficionados a la historia es de lo más atrayente: qué hubiera hecho Alejandro Magno de no haber muerto en Babilonia. El relato nos transporta a través de una Europa primitiva que los romanos no han llegado a dominar, un viaje hacia el norte inexplorado y salvaje. El premio al viaje es un escenario sobervio, sencillo pero de nuevo con una aire de clasicismo magnífico. Y justo entonces el condenado final, que te hace sentirte engañado. Y más engañado aun cuando lo comparas con el del relato anterior. ¿Es un coincidencia? Esperas que no y empiezas con el siguiente texto.

En Tiempo muerto de Jose Antonio Cotrina nos olvidamos de la historia antigua o de planetas lejanos para sumergirnos en una historia actual… pero al mismo tiempo viajando a los largo de esa cuarta dimensión relativista. La protagonista, poco creíble (sobre todo por la manera en que la describe el autor), se va adentrando en una trama de intriga que, dios mío, tiene de nuevo características similares a las otras dos historias del libro: las condenadas organizaciones, corporaciones, organismos diplomáticos o como quieras llamarlo. ¿Qué pasa aquí que parece que todos los relatos tienen un patrón común? ¿Qué jurado ha escogido estas obras? ¿No les ha llegado un solo escrito con una temática diferente, en el que no salgan poderes organizativos de fondo como causentes/desencadenates de la historia? Acabas el relato de Cotrina sin saber muy bien qué narices ha pasado con el dichoso tiempo muerto (eso tras una serie de explicaciones pseudocientíficas, al inicio y a mediados de la historia, cogidas muy de los pelos) y de nuevo cagándote en las condenadas corporaciones que parecen centrar la compilación (a lo mejor me he perdido algo por no leer la introducción de Barceló, pero es que me niego a leer introducciones de ese destripahistorias).

El último relato de la coleción (Entre algodones, de Nauglin) ya le coges con miedo, temiendo otra historia de malísimas corporaciones y ¿qué te encuentras? Por dios, exáctamente eso. Sí, mucho debaneo acerca de un dios, una nave alienígena (que el propio autor descarta de manera inexplicada al poco de ponerla en escena) y un final apresurado que deja claro que al autor se le escapó la obra de las manos. Y, como no, todo con organizaciones, corporaciones y similares.

Vamos, que el volumen podría titularse ‘Premio UPC 2001 Inc.’ XD En definitiva una compilación que prometía mucho, que contiene algunas obras ‘muy buenas si las quitamos las últimas páginas’. Habrá que ver qué tal la edición del 2002, aunque si de nuevo la hacen temática que lo avisen en portada.

Al menos no ha sido una pérdida de tiempo.

Algis Budrys – Michaelmas

Haca tiempo, no sé si unos meses o más, un amigo me comentó que se estaba poniendo ‘de moda’ hacer reseñas de cinco palabras. Reseñas de libros, de películas, de cualquier cosa que se te ocurriera. No voy a decir que voy a tomar esa costumbre dado que reducir un comentario de una obra a ella lo veo injusta y tendenciosa. Pero sí que voy a ir comentando (a modo de recuerdo para mí mismo) los libros que caen entre mis manos y que disfruto o sufro leyendo.

Así, por riguroso orden, voy a empezar esta sección con el libro que he terminado hace escasos minutos: Michaelmas, de Algis Budrys (Ultramar). De ese autor ya leí antes El laberinto de la Luna, que no me me dejó ningún recuerdo, ni bueno ni malo. De éste, y siguiendo la filosofía esa de las cinco palabras, puedo decir:

Una auténtica perdida de tiempo .

El principal defecto que le veo al libro está en el personaje central. No se debe a su inverosímil como individuo, sino tan absolutamente increíble que en ningún momento de la novela acabas enganchando con él. Ni siquiera con la ayuda de Domino acaba de ser viable. A partir de eso, y que al fin y al cabo se trata de la base se la novela, el intento de llevarnos a lo largo de una conspiración muy en plan guerra fría sólo consigue embrollarnos. El protagonista junto a su ‘calculadora’ es tan listo, tan omnipotente, que resulta anodino. Las páginas se suceden comprobando cómo es de guay el amigo, o su máquina, tan listo que se adelanta a todo y a todos….menos al final, un desbarre sin ton ni son, un deus ex maquina del copón, que sorprende al lector por su arbitrariedad. Pero, claro, al protagonista no: casi se limita a enarcar una ceja nada más. Cosas de ser tan guay.

Aun con todo el libro tiene algo bueno: el adelanto en algo que tan de nuestros días como la red. En la novela, sin llamarlo así, existe una red de comunicaciones global, con sus bases de datos y sus servidores, que bien podría considerarse un esbozo de la actual Internet. Pero es que libro tiene fecha de 1977. El señor Budrys se anticipó varias décadas a la realidad, aunque no puede evitar la tentación de incluir válvulas de vacío, cables (algunos incluso de espiral), cintas de datos, y teléfonos de marcación por rueda. No se puede acertar un 100%.

Para quien se atreva con el libro, ánimo. Para mí ha sido un tiempo perdido. Y todavía tengo pendiente de ese autor Quién. No sé si algún día me atreveré…

PD: Por supuesto, libro leído entero, nada de dejarlo a medias. Eso es de cobardes incapaces de dar una última oportunidad al autor.