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Dmitri Glukhosvsky – Metro 2033

Hola, culebrillas.

Un nuevo libro, Metro 2033, en esta ocasión de origen ruso (el autor es, agarrémonos, Dmitri Glukhosvsky): eso, por sí sólo, ya supone una diferencia. Bien, admito que lo tomé con muchas ganas, dado que la idea me parecía atrayente (original no, por supuesto, pero sí fresca en medio de la plaga de zombies que infesta las estanterías últimamente).

Al principio se nota que es una novela rusa y para rusos (o más concretamente moscovitas): acostumbrarse al mapa de metro ruso resulta poco menos que infernal, sobre todo si se tiene en cuenta la descomunal incoherencia entre el nombre de las estaciones que se indican en las solapas y las que aparecen en el texto propiamente dicho. Pero ese problema se disipa al cabo de las pocas páginas.

El arranque no está nada mal, mostrando un metro agónico y de pesadilla gracias a la irrupción de ‘los negros’. Resulta un poco difícil comprender la escala tan diminuta de población: nos encontramos ante la epopeya de un protagonista en medio de una población de ¿cuánto, diez mil personas? Cuando uno se da cuenta al fin de ese detalle, y lo compara con la población real de Moscú, empieza a percibir la realidad de ese mundo. Agónico no se ajusta a esa situación: terminal.

Como he dicho, la novela tiene un buen principio, pero esto se trunca enseguida. Aparecen personajes ‘filósofos’ que rompen  el ritmo narrativo y el clima (por más que no tratar de imaginárselo, resulta poco menos que increíble el encontrar a gente que divague de esa manera en medio de ese cataclismo). Por desgracia a medida que avanza la novela se comprueba que ese tipo de digresiones son frecuentes… lo que no acaba ni de justificarlas ni hacer que encajen con el resto. Y, peor aún, cuando parten del protagonista lo único para lo que sirven es para desvirtuarlo como personaje coherente: a veces parece un papanatas, y otra un cruce entre Tolstoi y Aristóteles.

Como se deduce de estos comentarios, la novela padece de altibajos y errores de trama. Uno de los más graves trata de ‘lo  negros’ y su manera de relacionarse con el entorno, y más concretamente con los hombres. No diré más de esa cagada. Además, si bien a novela posee por lo general un ambiente de realismo, de materialismo, en otras (escasas, y precisamente por eso más chirriantes) ocasiones habla y describe fenómenos poco menos de que magufos. Supongo que dado que la novela se publicó en entregas y en internet (orientada a un público juvenil, lo que implica poco exigente), el autor no debió ser capaz de evitar las chorradas magufas.

En definitiva, el libro entretiene a ratos, por lo que le otorgo un seis, nota que mejoraría mucho si se hubiera trabajado un poco más los personajes y sobre todo el entorno. Bueno, sí, eso casi suena a que escriba de nuevo toda la novela. ¡Qué cosas!

Rafael Marín – Mundo de dioses

Hola, culebrillas.

Pues ya hubiera sido mejor leerme el Illium de Simmons, sí, a santo de lo que dije en el anterior comentario. Poco (o nada) de lo que he leído de Rafa Marín me ha gustado (todo relatos). Y este Mundo de dioses tampoco: demasiado juvenil, demasiado lleno de guiños a Marvel. Sí se le puede agradecer el que se trate de una lectura de obra rápida, muy rápida. Pero por otro lado nos encontramos ente un libro totalmente prescindible. Me leí Psycho (la joya de Robert Bloch) en apenas dos días y tras cerrarlo sólo lo podía definir como obra maestra, libro redondo; este me ha durado tres días y me ha dejado igual que como me quedé, buscando otro libro.

Acerca de la historia: se puede resumir en un guión de comic marveliano llevado a formato novela. No he leído ninguna de las novelas de Chris Claremont pero me da que si el resucitador de la patrullosa creara novelas mediocres, crearía exactamente esto.

Todavía espero la justificación de la fama de Rafa Marín… ¿o será que supo estar en el sitio oportuno, en el momento idóneo, y poco más?

Ah, sí, claro: un 4 y va que chuta.

George H. White – Gran saga de los Aznar, tomo 5

Hola, culebras.

Quinta entrega de la saga de los Aznar y ya se confirma lo que sin duda es el estilo de la prosa del señor White: no me extraña que se mantenga de aquí al final de la serie. Pero vamos a lo importante, lo leído.

Rendición no contesta tienen como premisa primera el anhelado regreso a rendición, un viaje que se torna en pesadilla debido a la reaparición de  los hombres de silicio. Estos han vuelto para asolar todo lo que había en el planeta, y planteando un nuevo y gran problema a los viajeros de Valera. La novela entretiene si bien adolece de los mismos defectos de las anteriores historias (diálogos exagerados, personajes planos y tópicos, escenas forzadas) que suponen la marca de la casa. El nuevo final con boda ya empieza a oler mal. Los cristalitos resultan ser un clon de los japoneses de postguerra: copian las tecnologías sin acabar de comprenderlas, mucho menos mejorarlas. Esta actitud copiona llega al colmo del ridículo en el caso de copiar las naves no sólo en forma, sino incluso en la disposición interna de los mamparos, pasillos y salas. También hay que destacar de nuevo la cerrazón del autor para la «solución final«; sólo cabe una manera de solventar el problema con los extraterrestres no antropomorfos: el exterminio del no humano. Se pierde la oportunidad de un enriquecimiento entre especies tan dispares pasando a la cavernícola disyuntiva de ‘o tú o yo’.

Mundo siniestro. Cuarto ejemplo de la atrayente (sin duda para el autor) teoría de la evolución convergente, llevada al extremo con ejemplos de compatibilidad genética y reproductiva. El escenario resulta ridículo (incluso con un fuerte sentimiento de deja vú de Star Trek) ya de manera extrema en lo que se refiere a los detalles físicos: por ejemplo el que en una superficie cubierta en casi un 100% de agua luego resulta que es la superficie de una esfera hueca con un sol interno y con gravedad dentro de la misma. Joer, la caña del space opera, pero totalmente en contra del concepto de campo en física. En lo que respecta a la trama, de nuevo todo de bastante forzado, encontrándose justo con los personajes oportunos en el momento oportuno. Entretenida y poco más.

División Equis. Números enormes, ejércitos mastodónticos. Todo a lo grande, como debe ser para poder recuperar Redención, para poder exterminar a toda una raza inteligente distinta del hombre. Hagamos que Hitler, Himmler y Göring sean simples aficionados. Ya no se sabrá nada más de ellos, ni de su historia, ni de sus logros, ni de su psicologia. Todos al paredón y punto. Eso sí, entre medias otra boda. Digamos adiós a los silicatos, adiós a las tramas profundas. Vamos, una nueva apología del holocausto.

Bueno, que sí, que lo pongo regular, pero en el fondo es divertido… salvando el de Mando siniestro que definitivamente no me gustó.

Veredicto: un 6 es lo que se merece.

Adiós.

George H. White – Gran saga de los Aznar, tomo 4

Hola, ofidios.

Había escrito un pequeño montón de palabras (exactamente 869) acerca de lo malo que es meter números en un libro: los números (y las fechas, que al fin y al cabo son otro tipo de números) esclavizan a un autor. La mayor parte de las veces pueden llegar a hundir un libro. En mi parrafada (de casi 900 palabras) hablaba de las fechas incluidas en la primera novela del libro (Salida hacia la Tierra), de los tiempos de viaje a velocidades relativistas (incluyendo referencias a las transformadas de Lorentz y a una calculadora de los resultados de las transformadas), de las edades de patriarcas casi bíblicos, de progresiones numéricas en cuanto a descendencia (cual conejos y Fibonacci).

Pero es que al releerlo descubrí que soltar todo ese rollo significaba una auténtica pérdida de tiempo: no sólo porque tengo muy oxidada la física, sino porque White tampoco da suficientes datos como para realizar un estudio serio.

Lo que sí quiero dejar claro es la impresión de error, de que algo no cuadra, con respecto al impás de casi dos mil años entre la partida y el regreso de los Aznar a la Tierra. Supongo que alguno con más conocimientos y más ganas ya habrá realizado los cálculos, así que no me voy a poner a ello. Sólo decir que 42 + (270-¿30?) + 30, por mucho que le apliques la dilatación temporal de viajes relativistas, muy (pero que muy) cerca de la velocidad de la luz debes ir para que dé casi dos milenios. Y eso arrastrando en el viaje de vuelta todo un planetoide de un material supermasivo. ¡Olé sus huevos!

También es un poco de coña (visto desde la perspectiva que da el tiempo y la realidad social actual, se entiende) ese sentimiento tan cristiano de tratar que la liberación coincida con la navidad. Algunos se quejan de lo patriótico y ridículo que es el filme de Roland Emmerich de Independece day, pero casi se diría que el «señor catástrofe» se basó en White.

Más de coña (puro pulp) parece la mezcla de técnicas obsoletas en tiempos tan avanzados como el año 4000:

  • ¿Ocultarse la flota tras un punto ciego? Pero si eso implicaría que el enemigo no tiene nada más que una base de observación. Así sucede lo que sucede, que les descubren a la primera de cambio.
  • Boya de dedona (quiero pensar que con una buena carga eléctrica asociada para que pueda flotar) conectada con un cable a una nave sumergida, y emitiendo una señal de radio pirata. ¿Desconocía Pascual los sistemas de triangulación?
  • ¿Y eso de que usaban una frecuencia que «el enemigo no solía usar»? Ese enemigo, ante la incursión de naves enemigas en su espacio cercano, ¿no se pondría alerta y desplegaría escáneres de frecuencia? ¿Tan tonto y confiado es?
  • El uso del láser como simple comunicación silábica y visual (a modo de morse) entre unidades, nada de paquetes de información.
  • La existencia de televisión casi igual a la que había en el siglo XX.
  • ¿Cómo cojones consiguen mover a velocidades relativistas la enorme masa de Valera? Cuanto más cercana a c es la velocidad mayor energía se necesita. En el gráfico energía/velocidad la velocidad de la luz marca asíntota a infinito. Vamos: intentemos mover toda la masa de un planetoide a velocidades relativistas y tendremos una masa relativista de tres pares de cojones. ¿Qué motor mueve eso?
  • En la novela (las novelas) se habla muchísimo del uso de torpedos blindados en dedona como método principal para la destrucción de objetivos. A mí, en mi ignorancia, y dado que tienen la posibilidad de crear naves esféricas (y sobre todo usando Valera) ¿no hubiera resultado más práctico en esas naves de corte circular colocar aceleradores de partículas y lanzar balas relativistas? Eso sí que sería más efectivo que los torpedos: ostiones relativistas en plan Brigadas del espacio sin duda superan en eficacia a bombas W o torpedos de dedona. Y sin duda usan una munición más fácil de conseguir: tienen para ellos todos los pedrolos del cinturón de asteroides. Y así no desperdician de material tan valioso como la dedona.

Ale, ya me estoy yendo por las ramas. Eso es bueno: el libro (de hecho la saga) me agrada tanto como para perder el tiempo en estas elucubraciones.

Salida hacia la Tierra, al igual que La conquista de un imperio, es una novela con una enorme ración de entreacto: trata de unir un hueco de los dos milenios, entre la huida de la Tierra (y llegada a Redención) y el regreso vengador. Como ya he dicho antes a mi entender no logra explicar la existencia de tan extensa brecha temporal, pero es mi opinión personal y como tal me la hecho a la espalda y sigo leyendo. Por otro lado me queda por sabe qué ha sucedido en Redención en todos esos años: dos mil años de historia son muchos años, más que nada cuando el primero (lo narrado en el tomo 3) resultó tan movidito.

¡Hemos venido a destruir el mundo! resulta entretenidillo con un único fallo, defecto que ya veo que es marca de la casa (de la saga): el apresuramiento. No ha transcurrido ni un año desde el final de la novela anterior cuando sucede lo que sucede en ésta. Vamos, que se ve que nuestro sistema solar (eso que Enguídanos se empeña una y otra vez en llamar erróneamente galaxia) está más concurrido que la línea 6 en hora punta. M.M. Cortina nos promete un mejor dibujo de lo nahumitas en próximas novelas: eso espero, porque de esta novela sólo saco unas pocas impresiones, y que encajan bastante con «comportamiento irracional». La novela se lee con facilidad, como el resto, y da pena el pensar que se trate de escritura rápida: qué hubiera salido de las manos del autor con más tiempo y, sobre todo, más páginas. Sin duda unas historias más elaboradas y más jugosas. Una pena.

Respecto a Guerra de autómatas decir que, como el resto, entretiene al tiempo que aporta nuevos fallitos al universo de Enguídanos, el mayor de ellos curiosamente tiene relación con La horda amarilla, una novela que sí me gustó. Lo que en Horda era desmesurado pero creíble, las cantidades ingentes de aparatos en combate aéreo, aquí resulta ridículo: se puede entender cientos de miles de drones combatiendo como locos sobre los cielos, pero movilizar cientos de miles de naves (mucho más voluminosas y que requieren un espacio de maniobra muchísimo mayor) en torno a un planeta decididamente no. Si se apiñan en un combate pseudoaéreo lo más probable es que nos encontramos con escenas tan penosas como las que aparecen en la película de Las brigadas del espacio (cuando las naves de la flota humana se chocan entre sí huyendo de los «pedos»); si por contra los alejamos a una escala de combate espacial, con decenas (si no cientos) de kilómetros entre nave y nave la cosa tal y como se describe en el libro no cuadra. Eso si no se tiene en cuenta que en algunos párrafos casi parece que Marte o Venus están ahí a lado, como para mandar refuerzos desde sus órbitas así porque sí, de forma casi instantánea.

Otro detalle que me parece un fallo es el que los redentores (tan listos como son) jugaron con el factor sorpresa de Valera tan mal: señores, colocan «el satélite» en una órbita externa a la de la Luna y atraen hace ese escenario a los malos. ¿Colocar a Valera en órbita a la Tierra, pero justo en u punto opuesto a la Luna? Eso para qué, ¿para joder todo el planeta ellos mismos con la fuerza de mareas?

Insisto: las ideas son buenas, graciosas y a veces incluso inspiradas, pero si se hubieran trabajado un poco más, si se hubieran reposado, el resultado final de las novelas hubiera mejorado muchísimo.

Valoración: 6.

George H. White – Gran saga de los Aznar, tomo 3

Hola, culebras.

Retomo la lectura de la saga de los Aznar con los tres volúmenes que me regalé a mi mismo en navidad (a saber, del 3 al 5). Supongo que me los leeré seguiditos para luego dar a la saga el oportuno descanso hasta que me compre otros tres en la siguiente navidad.

Este tercer volumen consta, al contrario que los anteriores, de sólo dos novelas cortas. Según se cuanta en las notas se trata de una revisión por parte del autor de las novelas, revisión que en el caso de las incluidas en este volumen se trata de una prácticamente de una reescritura. Así la novela que cerraría esta trilogía, Dos mundos frente a frente, desaparece.

¿Que nos presenta Enguídanos en esta ocasión? La conquista de un imperio es una novela que sigue presentando los mismos defectos que las anteriores: apresuramiento narrativo (todo sucede demasiado rápido) y una prosa recargada y a veces incluso arcaica. Pero precisamente ese apresuramiento, ese querer que todo suceda ya, hace que la novela se vuelva de lectura agradable adictiva (salvando incluso las situaciones a veces excesivamente forzadas). Si hay un defecto argumental en esta novela, algo que para mí supone un fallo de concepto enorme (pero que no sé si se explica más adelante), ese es la supuesta dieta de las criaturas de silicio: ¿criaturas con base de silicio comiendo a otras con base de carbono? Joder, y nosotros comemos arena, sí señor. Supongo que en novelas posteriores tratará de explicar esa soberana metedura de pata, más aún si lo que tengo entre manos son revisiones con textos y tramas mejoradas.

Otro defecto (aunque realmente no lo es, sino una simple necesidad argumental dentro de una arco tan grande), de La conquista de un imperio consiste en su condición de entreacto: se inicia partiendo de una situación extrema por desesperada y concluye con la estabilización en otra mucho más prometedora. Toda la novela se reduce a ese cambio de status de los protagonistas. Ni más ni menos. Como digo, no se trata de un defecto sino de una lógica necesidad argumental, algo que en una novela más extensa hubiera supuesto buena parte del «segundo acto».

Por el contrario con El reino de las tinieblas ya nos encontramos con el arco argumental de nuevo desplegándose. Las cosas suden de manera apresurada, sí (de hecho la acción principal se reduce a días), pero de esta vez con un inicio y un fin de etapa claros: el establecimiento en Redención de la colonia y la eliminación de los competidores. No puedo evitar destacar con un poco de sorna el antropocentrismo tan brutal que demuestra el autor en esta novela: si bien los Aznar buscan el entendimiento y el acuerdo con el resto de seres humanos (y no deja de hacerme gracia la excesiva y forzada convergencia evolutiva entre planetas tan remotos, al punto de que en Redención no sólo hay humanos genéticamente compatible con los de la tierra, sino que además es un criadero de tías jamonas), con los «hombres de silicio» no se realiza ni el menor intento de diálogo. Para ellos sólo cabe el exterminio y la muerte por diferentes. Vamos, quien golpea primero golpea dos veces. Y si del golpe matas al potencial enemigo, pues mejor que mejor.

Pero bueno, no todo tiene porqué ser juego limpio. Y en eso los españoles no nos quedamos atrás. Así que habrá que seguir leyendo las andanzas de estos Aznares. ¿Saldrá algún pendenciero Jose Mari entre ellos?

Valoración: 7

Isaac Asimov – El hombre del bicentenario

Entré de lleno al mundo de la ciencia ficción gracias a Isaac Asimov y su  trilogía de la fundación, en parte debido a una edición cuya portada me llamó la atención. Así empezó mi etapa «asimoviana», devorando todo cuanto encontraba del viejo doctor, con resultados dispares: la trilogía (luego descubrí que en realidad se trataba de una pentalogía) de la Fundación me encantó; las precuelas decididamente no; los cuentos unas veces sí, otras no; novelas sueltas como Némesis o Los robots del amanecer no me hicieron mucha gracia (vale, la de Los robots del amanecer no es una novela sola: pero es que tampoco me agradó la saga en sí de Elijah Baley). Con el paso del tiempo, a medida que descubría otros autores, se me fue calmando la ansiedad por leer más de Asimov.

Años después, con el viejo ya casi olvidado, leí El fin de la eternidad y me dije «nunca más leo algo de este señor».

Pero hete aquí que en la pila encontré esta recopilación de cuentos y me dije «habrá que darle otra oportunidad al viejo doctor». Alguno de los relatos ya los había leído hacía mucho, como el que abre la antología («Intuición femenina») y el que da título al volumen, con lo que pensé que se merecía la oportunidad.

¿Resultado de la lectura? Pues que, sin lugar a dudas, ya no soy fan de Asimov. El doctor pertenece a una época de mi vida literaria que ya ha pasado. Leyendo estas páginas he encontrado demasiadas sombras: «Intuición femenina» me ha parecido tramposo, «Tromba de agua» insulso, «Qué es el hombre» una historia que no se ajusta a la premisa que se supone trata de explicar (el título), «Cuando los santos» es una demostración de que llegado un momento publica sólo por su apellido (aunque escriba basuras como ese relato).

Pero no se reduce todo a sombras: nos encontramos con algunas luces como «La criba» (un relato poseedor de una dureza nada acorde con la línea general del autor), «El hombre del bicentenario» (más directo y menos ñoño que la película) o «Un sistema anticuado» (nada original -de hecho adiviné el resultado a las pocas páginas- pero goza de un aire clásico que me gustó).

Libro con altibajos, que los fans de Asimov disfrutarán; los que ya no formamos parte de ese grupo, pues no tanto.

Valoración: 5

Alfred Bester – Las estrellas mi destino

Hola, culebras.

Un hombre humilde que sufre una traición, la soledad y el abandono. La impotencia ante un destino cruel que no se merece. La oscuridad. Sentirse manejado por personas que encarnan poderes más allá de su comprensión. Un encarcelamiento injusto en una mazmorra y bajo unas condiciones inhumanas. Un inesperado compañero que sirve de apoyo a nuestro protagonista a lo largo de esa nueva prueba. Una huida a través del agua (con un inconfundible simbolismo iniciático) hacia una inmensa fortuna que le aguarda, escondida. La aparición triunfal de un personaje histriónico, dilapidando lujo y extravagancia, ampulosidad y misterio. El nuevo bufón de la corte aparece en… pues no, no se trata de París.

Porque no estoy describiendo de la primera parte de El Conde de Montecristo, el inmortal clásico de Alejandro Dumas. No, señores: este argumento que apunta a plagio descarado pertenece a la primera mitad (ojo, que hablo de toda la primera mitad del libro) de Las estrellas mi destino, el clásico de Alfred Bester, el supuesto referente o revulsivo de la ciencia ficción de los cincuenta… que en el fondo no de deja de ser un plagio a un clásico decimonónico. Eso demuestra lo digna de confianza que es la crítica ‘estándar’, tanto americana como no americana. Han ensalzado a eso. Si este plagio se merece el calificativo de clásico de la cifi, que venga Cthulhu y devore las almas de quienes lo defienden.

En definitiva, nos encontramos ente un libro de lectura inevitable para detestar la crítica profesional, para seguir yendo por libre, sin implicarse en ese mundillo cerrado y endogámico que responde al nombre de ‘fandom’ (mundillo en el que, como en el de los negocios, hay demasiado de ‘yo te como el rabo si tú me lo comes a mí’ con el simple objetivo de subir, de crecer. En resumidas cuentas: humanos).

Por lo demás, si quieres leer un libro basado en la idea de la evolución de un personaje, de la nada al todo, mejor aprovecha tu tiempo en la novelita de Farmer El hacedor de universos. Al menos de Farmer se sabe que siempre fue un gamberro, un iconoclasta y plagiador/homenajeador.

Eso sí, todo esto sólo hablando del tema del plagio, ya que dentro de la novela hay fallos argumentales (como el escandaloso de ‘la aparición’ y explicación del jaunteo) que son para darle de gorrazos al autor por tratar de subnormales a los lectores. Pero ponerme a hablar de ellos significaría dedicarle más tiempo y esfuerzo del que se merece este enorme chasco. Menos mal que me lo he leído en muy poco tiempo, con lo que ya mismo me pongo con otro para intentar quitarme el mal sabor de boca. ¿O abría que decir mal sabor de ojos? 😛

Adiós.

David Brin – Tierra

Hola, culebras.

Lo último que leí de David Brin fue La rebelión de los pupilos, una historia ñoña y menor. Ahora le toca a Tierra, un mazacote que empecé a leer hace casi nueve años. Bueno, para ser sincero no puedo decir que lo empecé: sólo leí las primeras dos páginas y lo dejé debido a su peso (estábamos en verano y no estaba el tiempo para ir cargando con lastre).

¿Qué se puede decir de este Tierra? Pues que, a grandes rasgos, consiste en mezclar Todos sobre Zanzibar con una trama ciberpum. Sí, puede sonar a descripción sesgada y maniquea, pero no falta a la verdad. Mezclamos los ingredientes de la novela: como ingrediente básico unos rollos en plan grin-pís catastrofitas/buenrollistas, a manera de aglutinador un concepto de red ligeramente relacionado con el de Gibson; aderecemos todo ello con un poco de hard (la presencia de ‘beta’) y unas pizcas de magufada (la cavitrónica, el concepto de gazer [que literalmente se le va de las manos a medida que la novela avanza] y la basura global del final). Mezclamos los ingredientes con páginas y páginas de paja, un exceso de personajes (que por más que hable de ellos no acaban de quedar creíbles, y alguno de ellos directamente sobra, como el trío de babuinos-humano y su maestra, o el los críos gilipollas pobretones, o el ‘ingeniero indígena papú que regresa a la jungla de sus antepasados’) y no sale este mostrenco de más de seiscientas páginas.

Seiscientas páginas para contar algo que en la mitad de extensión se hubiera contado sin problemas. Seiscientas páginas de las cuales algunas directamente me las he leído por encima y rápido (buena parte de los textos de los personajes antes citados). Seiscientas páginas que van entre las ganas de saber qué pasa con ‘beta’ (los episodios hard sin duda constituyen lo mejor del libro) y el más soberano desinterés. Y todo ello finalizado con una horrible escena de diálogo por la que dan ganas de matar al autor: vaya manera de revolverse en el barro.

No, definitivamente Brin no es Benford ni Bear. Por mucho que se hable de ‘las tres Bs’, no señores, no: hay diferencias, grandes diferencias.

Como se puede deducir, no puedo describir a Tierra como un libro muy recomendable: no es un duerme ovejas pero apunta maneras.

Un saludo.

John Varley – Y manaña serán clones

Hola culebras.

Este que ahora voy a comentar es uno de los primeros libros que me compré la llegar a Madrid. Santi L. Moreno me llevó a una librería perdida en lo que me pareció el culo del mundo (más adelante lo asocié con el barrio de Tetuán) y allí, entre estanterías repletas de los más variados libros, adquirí este viejo y desgastado ejemplar. De entrada tiene de verdad un mal aspecto, con las páginas completamente amarillentas y las primeras cuarenta páginas cayéndose del lomo por falta de cola, pero tratándolo con cuidado se deja leer. Y el contenido satisface, sí señor.

De Varley ya había leído Blue Champagne (enternecedor ‘El Pusher’, magníficamente triste y patética ‘La guía telefónica de Manhattan (abreviada)’, acojonante ‘Pulse Enter []’), que sólo puedo calificar como muy buena.

Este Y mañana serán clones no pasará a la historia de mis lecturas, pero al menos ha resultado entretenido y, sobre todo, sorprendente: resulta alocado al tiempo que gracioso ese caos de personajes, diferentes unos de otros pero que en el fondo no dejan de ser los mismos. No voy a destripar esta frase por muy extraña que suene dado que en comprenderla radica uno de los puntos interesantes del libro. En eso y en la línea de emergencia de Ofiuco: auténtica protagonista de la novela, una circunstancia que en un primer momento no se aprecia debido a la pésima traducción del título (el original es, cómo no, The Ophiuchi hotline).

Porque con el paso de las páginas lo que viene de Ofiuco se convierte en la clave de todo para llegar al final a un desenlace que, si bien no puede considerarlo efectista, grandioso ni sorprendente (casi podría calificarlo como gris), sí deja buen sabor de boca. Y con patada en los cojones a la humanidad incluida de regalo, cosa muy de agradecer.

Dado que el libro me lo empecé a leer con una idea ‘a’ (predispuesto por el título y los acontecimientos narrados de los primeros episodios) y al avanzar me encontré con un resultado ‘y’, totalmente inesperado, no voy a decir nada en esta reseña de su trama. Quien quiera leerlo de manera ‘virginal’ que lo haga, y quien quiera zamparse unos spoliers que lo haga en otro web, pero que sepa que si destripa la trama no se hará ningún favor. Palabra de misántropo.

Compra, lee y no te arrepentirás. Y, si no lo has leído aun, ya tardas en conseguir Blue Champagne.

Adiós.

Matrix y Avatar: la historia de dos besos muy mal colocados

Hola, culebras.

Hace unos días fui al cine, algo de por sí infrecuente dado que estoy en contra de ese tipo de cultura abusiva en la que pagas una exageración por apenas dos horas de algo que incluso puede que no te guste, y que si te gusta no puedes volver a disfrutar. Por no mencionar que te meten publicidad no deseada al principio, y que te arriesgas a padecer vecinos molestos.

Bueno, eso, que hace unos días me metí en una sala de cine a ver la peli de moda, Avatar. Si entré con cierto temor  acerca de lo que me iba e encontrar (no pude evitar leer algunos comentarios de gente que tiene costumbre, como yo, a leer ciencia ficción), la verdad es que salí sintiendo vergüenza ajena. No voy a hablar en detalle de las razones de ese sentimiento, sino simplemente diré que Avatar posee uno de los guiones más vergonzosos que he visto en años. El señor Cameron para mí, mientras guionice, ha muerto. Vamos, que se acaba de ganar un precioso R.I.P.

Pero entre los despropósitos que como plaga bíblica se suceden en la película, algunos de ellos dignos de apaleamiento, destaca uno: el jodido beso del marine con la jamona alien de turno. Ese beso supuso el anticlímax de la película, el colmo de ‘hasta aquí hemos llegado’. A la mente me viene otro beso que se carga una película hasta el momento aceptable: el beso de Trinity a Neo. Ese beso dejaba bien clara una cosa: Trinity es a la ‘realidad’ de la Tierra conquistada por las máquinas lo que Neo a Matrix, una persona capaz de alterar las reglas de esa ‘realidad’, de resucitar muertos. Yo, al salir del cine tras ver Matrix, estaba convencido de que deberían hacer una segunda parte de la película sólo para explicar eso. Por supuesto, como luego se vio, nasty de plasty. Los hermanos Wachowski (no confundir con el otro) con la segunda película de Matrix demostraron que sólo saben hacer persecuciones súper caras y aburridas en autopistas creadas sólo con ese fin, porque lo que se dice cine de ciencia ficción entretenido y (siempre dentro de los parámetros de la fantasía y la ciencia ficción) creíble/coherente no.

¿Qué le pasa al beso de Avatar? Pues algo que cae por su propio peso: lo que aparece en pantalla no es más que un puñetero beso humano, muy humano, demasiado humano. ¿Dónde está el esfuerzo por hacer una civilización medianamente alienígena y creíble, con todo su juego de relaciones interpersonales alienígenas? Vamos, que ese beso como demostración de amor está puesta ahí para que lo comprendan los espectadores lobotomizados, vagos o cortitos, aquellos a los que hay que darles todo mascado porque si no se pierden. Contemplando la biología del planeta (esa que tanto mentan a los largo de la peli los de green piece de turno) ¿para qué querrían besarse estos seres cuando poseen algo mucho mejor, un vínculo neural (la cosa de la coleta) que les permite unirse mucho más allá del simple contacto de la carne? Al protagonista le muestran el uso de ese enlace especial en numerosas ocasiones, hasta llegar al punto de ser una parte imprescindible de su relación con el entorno: con los ‘caballos’, con los ‘dragones’, con la propia ‘Gaia’, con sus muertos incluso. Así que, llegados al momento de demostrar el amor (que no deja de ser un sentimiento humano, y qure no tiene porqué aplicarse a una raza extraterrestre) ¿no resultaría más lógico que usaran ese mismo enlace y no recurrir a algo tan primitivo e insulso como un froti-froti buco lingual? Por dios, que le amputen las manos a Cameron para que no coja un teclado en su vida. Y que también le laringoticen para que no pueda dictar nada. No más guiones de ese tío, por favor.

En definitiva, dos besos, dos momentos supuestamente románticos (supongo que metidos para satisfacer los requisitos comerciales de los productores) que se cargan lo que hasta el momento se narraba en la película.

Un premio para ellos.

Adiós, ofidios.