Stephen King – La torre oscura

Hola, ofidios.

Pozí, se acabó lo que se daba: he terminado de leer la saga de LTO. Con esta La torre oscura se acabó lo que se daba. Con ello el señor King ya puede descansar diciendo ‘he acabado’. Ale, listo.

Stephen King - La torre oscura

Stephen King – La torre oscura


A lo largo de sus páginas el libro se convierte en una especie de tour de force en el que el autor parece tener prisa por acabar. De hecho esas prisas suponen meter mucho más en este libro que en otros. En efecto, en esas mil páginas hay suficiente como para dividirla sin problema en por lo menos tres novelas: Nacimiento, Destrucción y Llegada, por ponerlas tres motes. Si King hubiera usado la técnica de Lobos de Calla o de Canción de Susannah tendríamos tres novelas más, cada cual de seiscientas páginas, por lo menos. Pero no, el abuelo King tenía miedo de no acabarla y pone toda la carne en el fuego en esta novela. Por desagracia eso supone que la obra quede descompensada, un texto enorme y de narración acelerada. Nota: lo de ‘acelerado’ para King siempre debe ir entrecomillado; en él ‘acelerado’ equivale a que lo que otro autor narra en una página él lo hace en diez en vez de en treinta.

Pero las prisas nunca son buenas consejeras. ¿En qué se nota eso? Sólo voy a dar un nombre de algo que queda infrautilizado debido a ellas: el hijo de dos padres y dos madres. Vaya desperdicio, por dios.

Aunque leyendo estos dos párrafos casi se puede pensar que la novela no me ha gustado: nada más lejos de la realidad. La he disfrutado de cabo a rabo… lo que no quiere decir que no tenga su enorme puñado de errores, la mayoría de ellos debidos a ese apresuramiento. Unas prisas que se hacen muy cabreantes sobre todo en el tema del estilo: estoy seguro al 90% de que algunos párrafos King no los ha revisado ni una sola vez. Repeticiones de palabras que resultan cacofónicas, párrafos sembrados de ‘seres’, construcciones que obligan a una segunda lectura… Y eso por no mencionar extrañas mediciones que me hacen pensar que el autor ha usado yardas/pies/pulgadas y que al traducirlas, en vez de dejar las medidas en esas unidades las han pasado al sistema métrico. Señores traductores, si el autor dice que algo está a 150 yardas (usando el número redondo para dar una sensación de imprecisión, de algo calculado a ojo de buen cubero) no se les ocurra decir que ese alfo está a 137 metros. ¿Qué cojones de aproximación es 137? 137 es un número concreto, el que va entre 136 y el 138, no una aproximación ni una valoración estimativa. El caso concreto que ahora recuerdo y me revuelve las tripas: ¿qué es esa mierda de que ‘Susannah calcula que Rolando tiene 182 centímetros de estatura’? Joder: Susannah estima que el pistolero mide seis pies de alto. Seis pies. Punto. Seis putos pies, traductores de los cojones. Nos gustará más o menos el sistema de medida inglés, pero no traiciones al autor de esa manera tan cutre distorsionando de manera innecesaria su obra.

Dejemos en paz a los traductores traidores y sigamos con la novela.

Prisas, mucho que contar, todo arrejuntao en casi mil páginas. ¿Resultado? Pues un sabor agridulce, por desgracia. No sólo por el simple hecho de que se haya acabado, sino porque esta novela final de la saga demuestra al mismo tiempo las luces y las sombras de King.

Las luces brillan con una intensidad abrumadora: la manera en la que el autor te envuelve con sus palabras haciéndote no sólo ver sino saborear la historia es una marca de la casa. Lo que en otros autores se podría calificar como paja insustancial él, con su forma de narrar, hace que se disfrute de cabo a rabo. Incluso ese mamotreto sobredimensionado Mago y cristal, una novela que sigo pensando que sobra en la saga (o que esas mil páginas se hubieran podido destinar a algo mejor que esa historia de amor), se hace agradable a la lectura. La eficiencia en las descripciones de los personajes, así la capacidad de aportar pinceladas precisas y duras al mismo tiempo que desenfadas, no defrauda a nadie.

Pero King también tiene sus defectos, o mejor dicho sus puntos flacos, y en este libro (y en general en toda la saga) quedan bien a la vista.

De entrada decir que la historia se centra demasiado en los Estados Unidos modernos. Parece que en el multiverso de King sólo existen los USA más o menos modernos. No sé si tenemos ante nosotros un ombliguismo exagerado (de nuevo regresa a mi mente ese fallido El texto de Hércules) o que King no se ve capaz de manejar tiempos distintos a los más o menos modernos. ¿Qué ha sido de las distopías como La larga marcha? No recuerdo mucho de Ojos de dragón (cosas de leerlo hace casi treinta años) pero me da que no chirriaba ese mundo medieval. La insistencia en que casi todos los personajes tengan su origen en los Estados Unidos modernos hace que llegue un momento en el que la suspensión de incredulidad salta por los aires. Y eso jode, de verdad: jode mucho. La menudencia de olvidarse de que existen más países/nacionalidades, y que hay miles de años de Historia de La Tierra hace que la narración quede coja. No le iba a pedir a King que se metiera en un nuevo Mundo Río de Farmer, pero tamos debía quedarse en algo tan limitado. Sin llegar a esa riqueza de personajes, la serie de sagas de Moorcock relativas al Campeón Eterno poseen más riqueza que esta de King. Aunque claro, el de Maine medio compensa este fallo a base de un tratamiento de la escena y del personaje que ni Moorcock ni casi ningún otro autor posee.

Llegado a este punto final veo que no se explican varias cosas. No hace un Perdidos pero… Sólo voy a mentar uno de los detalles no explicados: la plaga de mellizos en los Calla. ¿Por qué hay esa cantidad de mellizos? ¿Fruto de la creación de los disgregadores? No recuerdo haber leído nada de eso, ni siquiera un mero apunte. Y creo que no lo sabe ni King.

Luego está el enorme tufillo de ‘vamos para adelante, como sea pero adelante’: todas las piezas parecen encajar de tal manera que el final feliz resulta obvio. Lo más sangrante lo tenemos con los pequeños deus ex machina que aparecen, cumplen su función y desaparecen. Sí, hablo sobre todo de Maturin, sí. Y de la jodida excusa que se repite como un mantra para todo ese deus ex machina: ‘es el ka’.

Pero es que lo del deus ex machina en esta novela final, en su último cuarto, ya es descarado. Tanto como que el propio autor nos lo arroja a la cara: así entra en escena El Artista, o quizá deberíamos hablar de Dios (o el Hombre Molécula de King). Vamos, un deus ex machina con patas.

Un detalle que me desconcertó un poco es ese momento en el que Bill Tartaja habla de satélites orbitando y espiando. En mi cabeza cuadriculada satélite implica órbita, y órbita me lleva a pensar en Kepler. Vamos, que lo que dice el Tartaja me hizo pensar en bolas de metal dando vueltas a un planeta tipo La Tierra. Sin embargo a lo largo de las novelas, sobre todo desde Las tierras baldías, al describir los haces y decir que surgen de portales ‘en el borde del mundo’ me hizo pensar en una geometría plana. O al menos en algo similar a la de los Mundos Jóvenes de Elric-Moorcock, un mundo rodeado en vez de caos de vacío, y sobre un caparazón de tortuga. Y en esa descripción no encajan mucho los satélit, no. Pero vamos, que este detalle concreto puede que se limite a una chorrada de mi mente.

Pero no me voy a liar más. La novela como tal se lleva un 7, cosa que no está mal… King no la caga al final tanto como en otras obras, pero como ya he dicho las prisas por acabar repercuten en la calidad.

Por cierto, cualquiera que haya leído esta saga y la otra en la que se inspira sabe cómo acaba de verdad la historia de Rolando cuando entra en LTO. ¿Qué no? El propio King da una pista al decir que se escuchó el sonido de un cuerno. ¿Se refiere al Cuerno de Eld? Teniendo en cuenta que en toda la saga sólo se habla de un cuerno, no parece haber dudas. Pero me animo a pensar que el de Maine también pensaba en otro cuerno. ¿Cuál? Pues uno soplado por cierta marioneta, un pelele manejado a lo largo de toda una saga por otra encarnación (mucho más sincera con su naturaleza oscura) del pistolero. ¿De qué narices hablo? Pues de una saga de la que King saca buena parte de su concepto de Rolando. Al menos esa es mi impresión. Creo que el de Maine se ha inspirado en ella, por lo menos de manera inconsciente. Hablo de una saga escrita años antes del primer capítulo de la de LTO, una saga que acaba con esta frase magistral:

Después saltó y se elevó en el aire; su voz enloquecida se rió burlona del Equilibrio Cósmico llenando el universo con su alegría impía.

Sí, el Rolando de King no es sino una nueva encarnación de mi querida negra. Al igual que ella, el pistolero dispensa desgracia y muerte a todos los que se cruzan en su camino, y como ella está vinculado al destino del multiverso. Pobres miembros del ka–tet, el de la mirada azul hielo no tiene nada que envidiar a la aulladora de fuego negro. Si el oriental pelirrojo, uno de los mejores guerreros de su país, no sobrevivió a su hambre, ¿cómo iban a hacerlo ellos, simples aprendices de dispensadores de plomo? El destino de los compañeros del de la mirada gélida no se diferencia del de los que caminan junto a la negra de las runas. Con la diferencia de que el maestro Moorcock no se deja embarrar con finales felices.

¡Salve, maestro Moorcock! Y sí, por qué no: ¡salve, maestro King!

Adiós.

PD: ¿qué libro leeré ahora? Lo admito, ni puta idea… pero me llama o algo escrito en español (libre de traductores traidores) o algo de ciencia ficción dura, muy dura.

Stephen King – Canción de Susannah

Hola, culebras.

Ya sólo me queda uno, un librito de casi mil páginas para acabar con LTO. Como se ve me he ventilado este Canción de Susannah en un plis, en un auténtico santiamén. Al menos en mi caso, alguien que cada no sé por qué vez lee con más lentitud, así me lo ha parecido. ¿Qué quiere decir eso? Pues que lo he disfrutado, sí señor. En esta Canción King regresa a una lucidez perdida en los volúmenes tercero y sobre todo cuarto (me niego a hablar de ese interludio apenas interesante dentro de la saga titulado El viento).

Stephen King - Canción de Susannah

Stephen King – Canción de Susannah

¿Qué me hace pensar así? En un primer lugar hay que hablar de que nos encontramos ante una lectura ágil, al más puro estilo del King clásico y que tan buenos recuerdos me trae. Lo narrado invita a leer y leer sin pausa. Por desgracia ese hambre que genera la historia se contrapone a que nos encontramos con una obra breve, muy breve, mucho más que  aquellas a las que nos tiene acostumbrado el autor. Casi se podía decir que se trata de una novela corta (ojo, hablando en términos de Stephen King, claro). Al acabar de leerla se junta en hambre con las ganas de comer, que dirían en mi casa, lo que haga que tengas la impresión de que se quedaban cosas en el tintero. No lo digo como algo malo, sino en el sentido de que se podían haber narrado bastantes más acontecimientos en este libro. De hecho todo el libro sabe a preludio de algo gordo, pero no de ‘lo gordo del final’ sino de ‘lo gordo de un episodio clave no resolutivo’. No se si me ejpliko :P. Se me hace que dejan demasiados asuntos pendientes para el último libro. Al fin y al cabo todavía están por ahí volando muchos temas, como el del terreno, todo lo relativo a Tronido y lo que hay más allá, por no mencionar ciertos biológicos y desconcertantes cabos sueltos de Lobos.

Aún con todo hay que insistir: los pros superan a los contras.

Uno de los aciertos del libro, al menos desde mi punto de vista, radica en que nos encontramos con un texto que juega con algo que sólo puedo describir como metarrealidad. Como amante de Moorcock debo decir que me han encantado esas pinceladas de la teoría del multiverso. King no lo hace de una manera tan alocada y divertida como el inglés, pero reto al señor King a que mi niegue que no pensó en Elric, Ereköse, Hawkmoon o Corum al narrar estas aventuras de Rolando y compañía. A través de esa metarrealidad se empieza a explicar esas referencias literarias y cinematográficas que en las entregas anteriores me mosquearon. En las otras entregas esas referencias supusieron una manera fácil de meter páginas y argumentos, eso hay que decirlo claro. En Lobos el señor King se limitó a llevar a su mundo una historia ya narrada, revistiéndola de su propia mitología pero con la mitad del trabajo de base ya hecho. Y en Bola fusiló ideas del Mago de Oz, con lo que eso implica de ‘como otro ya lo ha pensado yo no pienso y no me esfuerzo’. De nuevo no se puede comparar su actitud con la de Bester, pero tira hacia ese rollete. Pese a todo gracias a este sexto libro esa serie de ‘homenajes’ empiezan a encajar aportando un ‘sentido del todo’ bastante (sí, al final tengo que decirlo) onanista. O muy onanista, qué carajo. En esta obra el señor King se da un homenaje a sí mismo como no he leído jamás en otra novela, o al menos ahora mismo no recuerdo nada semejante. Sin duda ha disfrutado, y mucho, al redactar ciertas secciones de este libro. Lo comprendo: él que puede, a él que le dejan (sigo pensando que a otro autor con menos éxito comercial el editor no le hubiera dejado publicar eso), que lo disfrute. Sólo puedo decir que siento una horrible envidia por ello.

Pese a lo disfrutable que es el libro tiene sus contras, como no podía faltar en una obra de King: el libro queda descompensando. Algunos protagonistas pasan por las páginas sin apenas pena ni gloria, poco menos que olvidados hasta cierto momento final; por el contrario otros reviven en una grandeza y fuerza sólo comparable a la de La invocación. De resultas de todo ello, junto a la brevedad del texto, me queda una sensación de que ‘aquí han faltado más historias’. Me da la impresión de que, tal y como se desprende del coda, el señor King se ha encontrado con que la MUERTE le ha metido prisa:

–TERMINA ESTA CONDENADA SAGA, HIJO, QUE SI NO LA SIGUIENTE FURGONETA ACABARÁ CONTIGO.

Nota, por si acaso alguno piensa algo: no, no me considero NI DE LEJOS fan de Pratchett. De hecho no me atrae nada de nada todo el rollo ese me Mundodisco.

No diré que Stephen King se haya vuelto un cagaprisas, pero casi, casi. Sin lugar a dudas el atropello ha desencadenado su necesidad de acabar la historia, pero ¿qué hubiera pasado su no hubiera pasado eso y, siguiendo el ejemplo de George R. R. Martin, se hubiera tomado su tiempo (y sus miles de páginas) en hilvanar algo más maduro? El mismo King lo admite: escribe por impulso. Ahí radica su magia… y supone su talón de Aquiles.

En fin, esto es lo que hay. Ajo y agua.

No quiero adentrarme en el libro, más que nada porque alguien al que respeto no se ha leído ni este libro ni el siguiente: no voy a adelantar nada para no reventarle la sorpresa. Sólo sabe que tiene mis libros a su disposición para cuando quiera acabar la saga.

Pese a todo yo no sería yo sin dar un poco de cera. ¿En qué? Pues claro, en los errores que he creído identificar:

  • Errores de traducción, como por ejemplo las dimensiones de la puerta de la cueva. La verdad es que este error proviene de Lobos, pero lo pongo aquí porque me acordado ahora de él y porque no se subsana en Canción. En Lobos se habla de una puerta de una ¿veintena? de metros de alto, algo sin duda llamativo. Sin embargo en Canción no se la describe así de grande (descomunal, mejor dicho), sino que de manera similar a las de la playa. ¿Qué ha pasado? No dispongo de los originales en inglés pero apostaría a que han bailado las unidades de medida, de pies a metros. Haciendo la conversión pies–metros ya sale una puerta grande pero aun así mucho más comprensible y creíble, sobre todo para una puerta que se encuentra dentro de una caverna.
  • Errores de escenario: uno de los más graves que me chirrió mucho de nuevo tiene que ver con la puerta. En Lobos la parte posterior de la puerta daba justo a un abismo. Sin embargo en Canción resulta que tras ella hay espacio suficiente para que se forme un semicírculo de personas. Entiendo que mola la idea de rodear la puerta para el ritual. ¿Que la descripción original no me cuadra con la escena? No pasa nada: la muevo por arte de magia y dejo entre ella y el abismo el sitio necesario. Arreglado. Tsk, tsk, señor King. Aceptamos barco como animal acuático, vale.
  • Vació en la trama, al menos vacíos sin cubrir a estas alturas de partida: pese a lo explicado respecto a los Lobos y su función/trabajo (o lo que medio se ha intuido) me sigue quedando una gran duda. O se me ha pasado o sigo sin ver una razón lógica para que en los callas haya semejante superpoblación de mellizos. ¿Razones ambientales? ¿Alimenticias? ¿Manipulación genérica? ¿Selección de una población con tendencia a ese tipo de descendencia? ¿O simple y pura magia? Espero que ese detalle vital (que al fin y al cabo justifica un libro entero, y supone la base de la explicación para el comportamiento de parte de la facción enemiga) se explique en la última novela.

Pero bueno, salvando pequeños detalles voy a empezar a leer la última novela con auténticas ganas. Me esperan casi mil paginitas. A ver si no defrauda. Al menos esta Canción no lo ha hecho, tanto como que al final se lleva un 8.E insistirle a cierto individuo a que se deje de tontarías y que se lea ya estos dos últimos libros.

Adiós.

Stephen King – Lobos del Calla

Hola, ofidios.

Iba a preparar otro diálogo como el de la entrada anterior (juro que este libro da para uno mucho más jugoso) pero se me han quitado las ganas. Pereza, que se dice. Y que no quiero repetir el recurso tan pronto.

Una pereza similar, en cuanto a ideas, demuestra King en este libro. Así, a las claras: dicho queda. Pereza. Ya en la anterior entrega de la LTO el tufo homenaje se hacía excesivo. Entiendo que en los Estados lo de El mago de Oz tenga gran fama, pero una cosa es eso (homenajear) y otra empezar a fusilar ideas. Por una vez basta, me dije. Y luego resulta que me encuentro con este Lobos del Calla.

Stephen King - Lobos del Calla

Stephen King – Lobos del Calla

Admito que, como seguro que mucha otra gente, conocí primero Los siete magníficos. Recuerdo verla de crío y quedarme fascinado con la historia. Muchos años después descubrí que esa película era una versión pasada por el filtro del western de una película de Kurosawa. Sonará pedante pero la obra del japonés, Los siete samuráis, le da cien mil vueltas a la de Sturges.

¿A santo de qué digo esto? Pues a que este Lobos del Calla es un nuevo homenaje, plagio, calco o como quiera decirse, en esta ocasión de Los siete samuráis. Vamos, que el señor King estaba falto de ideas y, en plan muy hollywoodiense, ante esa carencia tira de los remakes.

¿Esto es bueno o malo? Sin duda en otro autor supondría darle una patada al libro (o casi, en plan Las estrellas mi destino), pero dado que se trata del mago de los personajes hay que darle una oportunidad para disfrutar del recorrido. Recorrido que sí, se disfruta.

En Lobos del Calla King usa el mecanismo al que el autor ya nos tiene acostumbrados: desplegar una panoplia de personajes con los que tejer una red de situaciones y conflictos. El pueblo y sus gentes se vuelven creíbles y vívidos (no tanto como por ejemplo en La cúpula, pero en ese estilo), si bien de entre todos destaca el cura. Gracias al padre, y sobre todo a su historia, la novela recupera las alturas de calidad de la magnífica segunda entrega de LTO. Mención aparte merece el decir que buena parte de las sensaciones del padre apuntan a confesión descarnada del propio King y su paso por el infierno de la adicción. En cierta medida esa narración nos lleva no sólo a recordar lo sucedido y narrado en Salem’s Lot, sino también a esa novela de carretera titulada El talismán y a su secuela. Nos devuelve a un King crudo y directo, lejos de las chorradas pseudoinfantiles o a lo Mad Max que no acababan de cuajar. A ello se une que por fin el ka tet demuestra que funciona como grupo unido. El que hasta ese momento era la mascota principal, Jake, adquiere peso e importancia, más allá de sus traumas ante la muerte. El último detalle a resaltar, y que acerca la narración al lector, es la humanización de Rolando. La manera en la que se juntan los achaques junto al romance otoñal dejan de lado la figura de hielo inicial (que en ningún caso desaparición con Mago y cristal) y por fin lo humanizan.

En cuanto a la forma más de lo mismo: redacción a veces descuidada y apresurada, que hubiera necesitado una segunda o tercera vuelta. Pero vamos, lo de siempre: los editores cagando leches por llenarse los bolsillos con una nuevo mamotreto de King, éste refocilándose en su enorme riqueza y casi igual complacencia, y los lectores con ojo crítico a seguir sufriendo (y teniendo que mirar a otro lado) sus defectos.

En definitiva, tenemos un libro con sus altibajos. Momentos trepidantes e historias adictivas, la mayoría de los cuales se desarrollan muy lejos del Calla, junto a otros mucho menos interesantes pero que cubren el expediente. A ello se une el que alguna subtramas que no acaban de desenredarse quedando para siguientes novelas: las cosas se acumulan, quedando más y más misterios por resolver (espero que haga un Perdidos al final). No, no se trata de una nueva invocación, pero sin duda está mejor que los volúmenes anteriores. ¿LTO retoma el vuelo?

Como nota le pongo un 7, que me parece que no está mal visto lo visto.

Adiós.

PD: Por si alguno quería saber algo más de ese santo peliculón titulado Los siete samuráis aquí tiene un poco más de lectura.

PD 2: El nivel de chirigota en lo relativo a homenajes hace saltar las alarmas cuando uno lee cierta placa de cierto arma. Aquí se nota que escribe quien escribe: de tratarse de un autor novel el editor le habría parado los pies a la de ya rechazando la idea y exigiendo que sacara de ahí esa chorrada. No soy fan, ni de lejos, del aludido en esa placa, y por eso no pillé la referencia (hablo de esa en concreto; ignoro si hay otras, la verdad) hasta ese momento. Eso me sirvió (ya se sabe: ojos que no ven, corazón que no siente) para disfrutar un poco más del libro sin que me chirriara la referencia.

Stephen King – El viento por la cerradura

—Oye, tengo una cosita…

—¿Con qué letrita?

—Déjate de tonterías.

—Has empezado tú. Dime, ¿de qué hablas?

—Un cuento. De unas sesenta mil* palabras.

—Un cuento, jodío. Uno de los tuyos.

Ya tú sabes

—Bueno, vale. ¿Y?

—¿Qué va a ser? Pues que quiero publicarlo.

—¿Pero no tienes nada más?

—Ahora mismo no.

—Pues lo veo complicado. Con esa extensión y tu nombre hace falta o más compañía, dos o tres cuentos de igual extensión…

—Como en Todo os…

—Sí. O eso o que por lo menos duplique las palabras. ¿Seguro que no tienes nada más?

—Joder, no. Ya sabes que ando con esos guiones y con…

—No me cuentes tu vida. Así no lo puedo publicar. Aunque seas tú.

—Y eso que no te he dicho el resto.

—Ah, pero ¿hay más?

—El cuento es infantil.

—Anda, ¡no jodas! ¿Tú? ¿Te ha dado por hacer un Barker o qué?

—No necesito que mientes a nadie más.

—Sesenta mil, ¿y además infantil? Nope.

—¿Seguro?

—¿Así? Segurísimo. Ya te he dicho que para un único cuento de entrada necesito más palabras. Anda, majo, dale una vuelta y ven con algo más sustancioso.

—Vale…

Unas semanas después.

—Hola.

—Hola. Me pillas liado pero bueno, siempre tengo tiempo para mi gallinita de los huevos de oro. Dispara.

—¿Te acuerdas del cuento que te dije la otra vez?

—Tío, aunque no lo creas no eres el único ególatra con el que hablo…

—El infantil.

—Ah, sí. Dios, ¿ahora qué?

—Lo he modificado un poco y…

—Cien mil. Cien mil palabras por lo menos… y aun así lo de infantil no me encaja con tu nombre.

—He hecho los deberes, ¿qué te pensabas? Para mí cien mil es como mil para otros.

—Vale, sí, lo que digas. Quiero verlo.

—Toma, aquí tienes el manuscrito. Pero antes de que te pongas con ello te aviso: he logrado meterlo en La Saga. Y te juro que encaja.

—¡No jodas! Pero ¡qué demonios pinta un cuento infantil en La Saga!

—Lo tienes encima de la mesa. Léelo y calla. Y luego me lo publicas.

—¿Pero sigue siendo infantil?

—Sí… y no. Tenías razón: mi nombre pesa demasiado, incluso a mí mismo. Al final he metido mi marca de la casa.

—El rojo.

—Por supuesto. Hay rojo.

—Pero sigue siendo infantil.

—Bueno, sí y no. Digamos que se ha convertido en un cuento para niños adultos. Tiene un poco de Melmoth.

—¿De melqué? Te he dicho mil veces que mi no me vengas con esas jergas tuyas raras. Bueno, da igual. Lo leeré, y si tiene un mínimo de calidad lo meteré en el horno. Cabrón, al final siempre me lías.

—Por supuesto: no hay nadie mejor en eso. Al fin y al cabo soy el rey, ¿no?

*La cifra está puesta a ojo de buen (o mal) cubero.

Pues sí, culebras. No os habéis confundido: eso que acabáis de leer es otra reseña. O al menos parte de ella. La verdad, esta pequeña tomadura de pelo titulada El viento por la cerradura se merecía algo especial. El señor King se ha reído de todos los fans de LTO: ha encapsulado un texto, que muy bien podía tener peso propio e independiente (eso sí, orientado a otro público), en La Saga.

Stephen King - El viento por la cerradura

Stephen King – El viento por la cerradura

A ver: el libro se lee en un santiamén, se hace ameno y divertido. Pero al mismo tiempo el grueso del mismo (el cuento infantil) desentona por completo de las tres primeras novelas. Ojo, he dicho de las tres primeras. En este El viento por la cerradura al fin King hace lo que me temía en Mago y Cristal: nos planta un Melmoth (narración dentro de la narración, dentro de la narración).Y aun así no aburre, como hiciera el tocho de Maturin, lo cual se agradece, por supuesto.

¿Aporta algo a LTO? A mi entender no. Sí, habla un poco de los territorios de Rolando, vemos cómo la sombra de Randall Flagg se alarga, se perfila un poco más al padre de Rolando, descubrimos una nueva especie de mutantes lentos (muy diferentes a los vistos antes), pero… ¿y? No hay nada en ella que no me parezca prescindible, y de hecho nada que aporte al aura que LTO posee desde sus primeras historias. ¿Estorba? Dejando atrás las horas ‘perdidas’ leyéndolo (me di cuenta que contaba como el 4.5 de la secuencia de LTO cuando llevaba leído 1/3 de Los siete samuráis, digo Lobos del calla, con lo que interrumpí esa lectura), tampoco.

En definitiva, que le pongo un 6. Y no voy a entrar en el estilo con el que está escrito, que me repito.

Adiós.

PD: me acaba de entrar cierta curiosidad al ver en la tele un documental de la secta de la Cienciología. En esa secta/estafa uno de los objetivos (una de las metas) que deben lograr los abobados discípulos de Hubbard se llama ‘el claro’, que poco menos que supone una culminación de sus esfuerzos y progresos mentales. Por otro lado, según King en LTO la gente tiene como costumbre decir que cuando uno muere llega ‘al claro al final de la senda’. Quizá se trata de una simple casualidad o coincidencia, pero no me deja de llamar la atención: en ambos casos el concepto de ‘claro’ lleva asociado una cambio de estado, una especie de logro o consecución vital. ¿Tiene King alguna relación con esa secta?

Stephen King – Mago y cristal

Hola, culebras.

Ya acabé la cuarta parte de LTO. Por fin. ¿Por qué digo eso? En primer lugar por el peso que supone acarrear la edición que poseo. Por lo menos kilo y medio de mamotreto inmanejable. Mi columna ha sufrido, mis brazos han sufrido. Todo mi cuerpo ha sufrido al acarrear esa mole. Nunca más compraré un monstruo semejante.

Pero bueno, el ‘por fin’ de antes no se debe sólo a la incomodidad física de leer ese libro concreto. Hay más, sí.

Stephen King - Mago y cristal

Stephen King – Mago y cristal

Este Mago y cristal supone un nuevo descenso en la calidad de la saga. Parece que a medida gana páginas y volúmenes la saga de LTO se vuelve menos interesante. ¿Qué ha pasado con este libro? Empezaré narrando los pros y luego acabaré con los contras.

Los pros:

  • La manera de narrar de King hace que un mamotreto de más de mil páginas se lea sin apenas rechistar. Lo que en otros autores supondría paja (una paja absoluta) con él se convierte en a veces deliciosa ambientación. Sí, en este libro hay mucha paja. La historia se podía haber narrado en menos páginas; pero de igual manera la forma en que nos hace viajar King hace que no nos sintamos aburridos o engañados.
  • El amplio abanico de personajes, pese a su variedad, encajan entre sí creando un todo engranado se diría que a la perfección.
  • La narración en tercera, omnisciente, permite llegar a los entresijos de una historia llena de detalles.

Los contras:

  • Sé que me repito, pero en esta nueva obra peca (a veces mucho) de un cumplir su consejo de los adverbios. No lo diría de nuevo (y lo haré todas las veces que me dé la gana, y más) si no hubiera hecho de esa frase una de los consejos centrales de su Mientras escribo.
  • Desde el momento en que la segunda narración empieza sentí una punzada: ¿estoy ante un nuevo Melmoth? No comprendo la adoración que la gente siente por la obra de Maturin, y me temía un homenaje a ella en este libro. Por fortuna King no hizo un Melmoth… sino algo casi peor.
  • A medida que la narración avanza queda claro que King siente devoción por Tolkien, al punto de introducir como elemento principal del libro una especie de cruce entre un silmaril, un palantir y el anillo único. Rhea parece una bastardización de Golum con Saruman; Rolando una especie de Frodo, contando con su propia compañía. Pero no sólo eso chirría por su falta de originalidad: hay más.
  • La novela de Rolando y Susana (porque al fin y al cabo se trata de una novela dentro de otra) me da impresión de algo que ya tenía por ahí bosquejado y que dijo ‘oño, que me sirve para meterlo aquí’. De hecho esa parte central tiene un componente tan romántico y fuera de lugar (comparándolo con el tono de los otros libros) que me hace pensar en la repelente En algún lugar el tiempo de Matheson. ¿O quizá se trata también de un homenaje a Matheson?
  • Durante toda la historia de Rolando y Susana me chirrió ese narrador omnisciente que lo sabe todo, lo conoce todo, pensamientos y detalles que ninguno de los protagonistas podría llegar a descubrir. ¿Cómo puede alguien narrar de esa manera sus vivencias? Al final de la novela King intenta justificarse diciendo (AVISO: SI NO HAS LEÍDO LA NOVELA NO SIGAS) que todo eso se lo dijo a Rolando la propia bola… pero a mí me sigue dando la impresión de que ha metido con calzador un texto ya existente. Cambia los nombres, añade algunos detalles (como el de los compañeros de Rolando), escribe una parte inicial y un desenlace y ¡ale, listo!
  • De hecho la presencia acción de la bola tiene peso incluso fuera de la narración de Rolando. Voy a dar por válido el tercer homenaje, esta vez descarado, a Lyman Frank Baum, aunque esto ya me suene a chirigota (una chirigota que también me recuerda a otra de esas estafas ensalzadas por la gente: Las estrellas su destino). Cuando los protagonistas llegan a un callejón sin salida ¿qué pasa? Pues nada: ahí está la bola para solucionarlo. Puf. Sí, a veces la sensación de Deus ex machina (algo habitual en la magia) se vuelve excesiva. La suspensión de incredulidad me derrapa cuando me encuentro con textos demasiado ricos en DeM.

Con todo, el libro se lleva un 5 justito. Espero que el siguiente mejore. A ver, que es King: puede hacerlo mejor. Aunque siga cagando adverbios en –mente cada dos por tres.

Adiós.

Stephen King – Las tierras baldías

Hola, ofidios.

Sigo con los comentarios exprés. Digo lo mismo que en el anterior: si cometo faltas por el apresuramiento lo siento. ¡Ale!

Stephen King - Las tierras baldías (LTO III)

Stephen King – Las tierras baldías (LTO III)

Las tierras baldías, tercer volumen de la saga de LTO, se queda a medio camino entre el primer volumen y el segundo. En este la acción se centra sobre todo en el Mundo Medio, pero aun así King no abandona del todo nuestro mundo: debe cerrar la paradoja. Pese a ello el libro tiene un componente mucho más lineal y descriptivo que el anterior. Tenemos un grupo de personajes que van más o menos ‘directos’ hacia la resolución del texto. Eso hace que la novela pertenezca de lleno al género de la aventura, careciendo de ese componente de creación de personajes que tanto me gustó en el anterior volumen. Bueno, sí: se sigue adentrando un poco en su mentalidad, pero salvo los pasajes dedicados a Jake de una manera bastante tangencial. Hablar de Jake significa hablar en buena medida del motor de la novela: todo gira en torno a él, junto a su extraña relación con Rolando. Y de hecho él empieza a dar claves de ambientación que (creo, espero, deseo) tendrán importancia en las siguientes novelas. Entre ellas la rosa y el color rojo.

Al tratarse de un texto más ligero (de más o menos aventura pura, entremezclada con algo de terror) para mi pierde un poco de interés. No quiero decir que esté mal, sólo que no se me ha hecho tan intenso como el anterior. Aquí los personajes ya están dibujados: apenas se nos presentan recuerdos y detalles como los que gozamos en la anterior entrega. Como sustituto a ello en esta novela ganan presencia las descripciones del mundo de Rolando. El Mundo Medio se convierte en un personaje más, desde sus paisajes a su historia, pasando por sus habitantes. En ese sentido hay pasajes de gran interés. Y no me refiero sólo a lo que se ve en las propias tierras baldías, muy lovecraftiano. Muchos otros hacen volar la imaginación del lector sembrando toda una serie de preguntas. Un puñado de ellas, pero no las únicas, llegan de la mano del avión, del oso, de la naturaleza mecánica del Haz, de lo que hay bajo Lud… La relación entre nuestro mundo y el de Rolando me levantan sospechas. Al igual que cuando leí la creación de Arda en el Silmarillion –hace casi veinticinco años– pensé de manera automática en un mundo postnuclear (tengo que volver a leer ese inicio del libro para ver si sigo pensando lo mismo), leyendo este Las tierras baldías no puedo evitar pensar en La Tierra Moribunda. ¿Alguna vez King ha confesado ser admirador de Vance? Porque eso respondería a algunas cosas.

Como detalle decir que al parecer no soy el único que ha visto una relación entre cierto pasaje de la novela y determinada película.

En cuando al estilo, para mi desgracia, he seguido encontrándome con el mismo defecto que en el anterior. No lo voy a repetir: que se lea quien quiera la otra entrada.

King sigue mezclando bien los de estilos de lenguaje: sencillo y directo para el narrador, coloquial y de argot para algún personaje (Eddie en especial) o refinado e incluso culto para Rolando, lo que ayuda a mantener la credibilidad del texto.

Para no extenderme mucho más: el libro decae en comparación con la intensidad del anterior, lo que hace que los defectos en su redacción se hagan más notorios. Como consecuencia de ello le debo poner sólo un 6 de nota.

La primera vez que me adentré en el camino de LTO me quedé aquí: no pude comprar el siguiente libro, Bola de cristal. Cuando empezaron a aparecer el resto me los compré, pero para entonces Bola de cristal como tal había desaparecido, sustituido por el Mago y cristal que leeré a continuación. ¿Qué me encontraré en los siguientes volúmenes? ¿Una jodida historia de amor, como me dijo Ludo hace años hablando de Bola de cristal? Lo ignoro. Solo deseo una cosa: King, por favor, espero que no la hayas cagado con el final.

Adiós.

Stephen King – La invocación

Hola, culebras.

Toca comentario exprés porque carezco de tiempo incluso para estas reseñas. Ale, reseña rapidita, poco menos que a vuelapluma. Lo digo por las posibles faltas de ortografía. Quien las encuentre y la quiera resaltar gracias. Quien se base en ellas para atacarme 😛 ya sabe lo que tiene que hacer: el mundo ‘del interné de las cosas’ es muy grande así que ¡pista!

¿Qué decir de La invocación? Tras un inicio de la saga con evidentes altibajos este segundo volumen tiene su parte de cal y de arena. Hay luces y sombras, si bien las luces predominan sobre las sombras.

Vamos al asunto.

Stephen King - La invocación (LTO II)

Stephen King – La invocación (LTO II)

Las sombras se centran sobre todo en algo que a veces se me ha hecho poco menos que insufrible: los odiosos adverbios modales. Veo que incluso en su etapa madura, cuando ya no podía escudarse en su bisoñez, King seguía fallando en esto. Se me hace extraño leer cómo no es capaz de aplicar su propia regla. ¿Estamos ante un clamoroso caso de ‘en casa de herrero cuchillo de palo’? A mí más bien me da la impresión de un texto a veces poco revisado, en el que el editor –ávido de sacar a la venta un nuevo volumen de King– no se ha preocupado mucho de ese detalle. Al fin y al cabo a esas alturas de su carrera literaria ya vendía bien todo lo que escribía: aun le quedaban años para adentrarse en esa triste época en la que incluso sus notas del baño mientras cagaba se las publicaban (y cierta sección del público las alababa), pero apuntaba maneras. A mí no me paga ni el editor, ni una revista ni el autor para hacer una reseña positiva por fuerza (para eso ya hay por ahí cientos de lameculos que no voy a nombras, por mucho nombre que me venga a la mente. Uno de ellos quedó descubierto, y el valor de su palabra y/o criterio literario quedo por los suelos, al recomendar leer cierta obra), así que digo lo que pienso: los odiosos adverbios modales aparecen demasiado y en demasiadas ocasiones ensucian el texto. Tanto que a veces me poco menos que me han entrado nauseas.

Pero la sangre no ha llegado al río, o el vómito no se me ha derramado garganta afuera. ¿Por qué? Pues porque si la obra falla en la forma (y en ocasiones de manera vergonzante, como he dicho), en el fondo no se le puede sacar el menor defecto. Ya le gustaría a muchos autores actuales, afamados o no (lo siento pero como contraejemplo tengo que poner a dos que me causaron singular disgusto. Aunque quizá, por eso de que no se diga que sólo ataco sólo a lo patrio o a lo ‘menor’, nombro a un tercero moderno y a un cuarto clásico), poseer ese manejo de los personajes así poder dotar a sus trabajos de semejante ritmo e intensidad.

El libro no se lee. Ni siquiera se devora: las páginas se convierten en una puta droga que hay que aplicarse día tras día. Leyendo este La invocación uno se ve arrastrado por el auténtico poder de la narración. Casi se diría que duele alejarse del texto. Hay que hacer cosas, no todo es leer y leer. Pero, la verdad, cuesta apartarse de esta obra.

La manera en que descubrimos a Eddie y nos hacemos unos con él debería entrar en los libros de texto de análisis literario: King, con dos personajes tan dispares, consigue que nos impliquemos en ellos de una manera perfecta. Rolando y su pasado ya lo describió en el libro anterior, en éste lo enfrenta a poco menos su antítesis. Podemos sentir y conocer a Eddie de una manera íntima, marca de la casa de King. Ambos personajes, poco menos que antagónicos, engendran unas sinergias que obligan al lector a seguir y seguir leyendo.

La entrada en escena de Odetta/Detta supone una ligera bajada del nivel: el personaje se me hace un poco demasiado forzado. No sólo por la invalidez (sigo pensando que una persona con ese problema tendría serias dificultades en un mundo como el de Rolando, aunque sólo se tenga en cuenta en el aspecto de movimiento) sino por lo exagerado de su psique. En esa exageración el autor pretende presentarnos un conflicto y un triunfo de la nueva protagonista, pero mientras lo leía me envolvía abandonarme una sensación de artificiosidad. No hace falta semejante cristo para añadir una dama de las sombras, King. Además me ha dado la impresión de que Odetta queda desdibujada en comparación con la arrolladora personalidad de Detta. Algo que no acaba de cuadrar con la final invocación de Susannah: de verdad no hay unión de personalidades, sino un rebautizo de Odetta en Susannah, con Detta convertida en ‘recurso para luego’.

Pero pese a todo King logra tejer una tensión en esa segunda parte que incita a leer y leer sin parar. ¿Cómo lo logra? Mezclando la resolución de problema de Detta con la del tercero en discordia: el señor Mort.

Hay que admitirlo: en la tercera parte King demuestra su gusto (algo que nunca ha negado) por las historias del oeste. En esta tercera parte enlaza con la primera de una manera sorprendente para el lector: de repente nos encontramos de nuevo con Jake, el chico. Este en apariencia hombre gris, de apellido tan mortal, se revela como un factor de importancia tanto en la vida de Odetta como en la de Jake… y de paso, a través de la no–acción, en la Rolando.

Si en la primera obra se adivinaba la existencia de viajes entre planos de realidad en esta segunda esa sospecha se confirma. A ella hay que añadir los lazos temporales, vínculos de causalidad que encadenan las vidas de los protagonistas. De esa manera empezamos a intuir (todavía no me atrevo a decir ‘ver’) que King tiene preparado una enorme y basta red de relaciones. La búsqueda de la torre no se limita a ‘voy para adelante’ sino que se complica en un juego de poderes y personalidades que la engrandecen… y que la hacen peligrar en lo referente a lograr una resolución válida y satisfactoria. En mente de todos está el ‘hacer un Perdidos’. Y sabemos de sobra que el señor King suele fallar de manera estrepitosa en las resoluciones sus novelas. Pero hasta llegar a ese punto final de la búsqueda todavía queda mucho.

La historia de Jack Mort, como he dicho, acaba convirtiéndose en un western en toda regla: lectura rápida y adictiva. Bueno. Pero buenobuenobueno. El relato de paso sirve de contraste entre el mundo de Rolando (y su manera de actuar) y el nuestro. Resulta interesante la comparativa que el autor hace en lo relativo a la manera de entender la justicia y el actuar los alguaciles. Por lado tenemos los modales duros pero al mismo tiempo caballerescos de Rolando, por otro los descuidados, blandos y a veces asesinos de los policías del nuestro, agentes que han olvidado el rostro de su padre, que diría el Pistolero.

En conjunto las tres historias conforman un tríptico absorbente. Una lectura poco menos que obligatoria para todo amante del género fantástico, así como muy recomendable para todo aquel que desee conocer no sólo a King, sino cómo manejar una obra coral.

Una pena esos defectos formales (sigo pensando que se trata de una falta de revisión), que me obligan a puntuar con un 8 algo que muy bien se hubiera llevado un 9. Lo dicho: una pena.

Adiós.

Stephen King – La hierba del diablo

Hola, culebrillas.

Pues va a ser que sí, que me he lanzado de cabeza a leer toda la saga de LTO. Tras la anterior reseña ahora toca ya, por fin, meterse en harina. Ésta es la segunda vez que leo La hierba del diablo, la anterior hace quince años más o menos. Pese a ello el libro se conserva más o menos bien: amarillea un poco pero nada más. Para las lecturas he tirado de mis versiones viejas: carezco de dinero para conseguir las nuevas ediciones, de las cuales sólo poseo Mago y cristal (al no poder encontrar la antigua La bola de cristal me tuve que hacer con esa nueva edición, sí o sí). Sé que entre ambas versiones hay ciertas diferencias, pero según he creído entender no afectan demasiado al desarrollo. Y siempre quedan las páginas en las que se resaltan las modificaciones.

Stephen King - La hierba del diablo

Stephen King – La hierba del diablo

Lo digo, al tema. El primer libro en realidad consta de varios relatos individuales pero continuados. Vamos a ellos.

  1. La cosa empieza con ‘El pistolero’, cuanto crudo y que demuestra el bien partido que puede sacar King a un lenguaje en apariencia (sólo en apariencia) parco. El texto parece toda una lección magistral de cómo la economía de recursos no se contradice con conseguir un ambiente asfixiante. Sin lugar a dudas King cuenta con un el rico imaginario que a lo largo de más de un siglo ha generado el oeste americano: nadie necesita mucha explicación para poder ‘ver’ lo que sucede casi con pelos y señales. Aun así el autor logra retorcer más aun el escenario y crear una suerte de pueblo de pesadilla sobre el que pende la en teoría invisible presencia de Walter. Sobre todo el cuento ronda una mezcla de fatalidad mezclada con lúgubre incomprensión. Nadie acaba de tener claro el porqué de ese destino que les ha tocado vivir o sufrir, y al que se arrojan forzados por poderes que se les escapan. ¿Defectos que le veo? En primer lugar uno que medio se lo perdono: la plaga de adverbios. Entiendo que se trata de un texto medio primerizo, con lo que no voy a fustigar a King con el látigo que él mismo redactó. Luego está el recurso de la historia en la historia en la historia: para un texto tan corto se me hace excesivo. Sé que quiere meter la persona de Brown y su cuervo para acabar con ese remate de intriga acerca de naturaleza de aquel, pero quizá hubiera resultado más eficaz ir insertando en el presente (la chabola en el desierto) con recuerdos del pasado (ir entrelazando lo que sucede en Tull con lo que se encuentra Rolando en el desierto y su habitante, tejiendo el texto de tal manera que el alma del desierto se mezclara con la atmósfera del pueblo) y hacer que la pregunta de ‘¿qué paso?’ desatara el recuerdo de la escena final de Tull. Vamos, yo lo hubiera escrito así; todos sabemos que King Aun con todo me parece una historia entre buena y muy buena, por lo que le pongo un 8. Pd: no, no voy a elogiar la frase inicial, ya que a mí no me acaba de parecer tan genial.
  2. Aunque se vista como un solo relato, ‘La estación de paso’ en realidad consta de dos, ambos casi anecdóticos de no ser porque contribuyen a dar trasfondo para futuras historias. Por un lado está la historia que da nombre al cuento: en ella un Rolando casi vencido por el desierto se encontrará de manera inesperada con compañía. Además, y quizá se trata de lo de verdad interesante de ese cuento, por primera vez aparece de manera clara la existencia de realidades alternativas, concepto que en novelas posteriores adquirirá un peso vital en la saga. La otra historia se limita a dar apuntes de la juventud y adiestramiento de Rolando, profundizando en ese mundo decadente a medio camino entre el lejano oeste y lo medieval. Ambas historias por sí solas carecen casi de interés, a diferencia de la anterior, sólo adquiriendo peso integrándolas en narraciones futuras. Eso hace que se lleven un justito 5.
  3. Al leer ‘El oráculo y las montañas’ uno se da perfecta cuenta de que con este cuento King ya ha trazado un plan de acción y de escritura: nos va a presentar falsas narraciones individuales, historias que sin las que las preceden no podrían vivir solas. ¿Qué opinaría un lector que se encontrara en sus manos este cuento sin haber leído el anterior? Casi con total seguridad no sabría de qué vaina va todo esto. La magia que tenía el primer cuanto ahora ha desaparecido sustituida por un lastre de historias pretéritas. ¿Eso hace que lo contado pierda interés o valor literario? Sí y no. Como fixup me parece más logrado, por ejemplo, Los viajes de Tuf. En la obra de Martin los relatos, si bien entre ellos había relación, se podían leer bastante bien de manera individual y sin poseer el contexto. Sin embargo esto último no sucede con estos dos últimos cuentos de King: necesitan demasiado del anterior para saborearlos. Dado que no soy un experto en este escrito no me atreveré a decir si el editor le publicó los cuentos sabiendo de antemano que pertenecía a un todo inconcluso, si lo hizo sólo por decir ‘yo publico a King’ o si tenía pleno conocimiento de que estaba editando algo incompleto. Pero vayamos al relato. En él King ya nos introduce sin el menor complejo en una nueva mitología. La manera en que describe el pasado de Rolando (por ejemplo ese castillo descomunal pero colapsado), así como el presente que vive, poblado por demonios y lleno de referencias intrigantes y sugerentes, incita al lector a fantasear con lo que se esconde tras el telón del relato. Ya nadie puede hablar de relatos individuales sino una saga: las historias se encadenan sin que nunca se llegue a un final concreto, convirtiéndose en episodios de algo a todas luces mucho más largo. Al contrario que en el anterior cuento en éste no hay una dicotomía entre lo narrado del pasado y el presente de Rolando, lo que hace que el texto funcione mucho mejor. Como se podría esperar el cuento mantiene los mismos defectos formales que sus antecesores, algo que sólo me explico con una urgencia por acabar de entregarlos y ver concluida esta primera entrega de la saga. En definitiva, la narración mejora (al menos en lo relativo al fondo) por lo que el cuento se lleva un 7.
  4. El desenlacen del anterior relato supone un gancho absoluto. Nadie que lea ese cuento se puede quedar tal cual: o no lee su continuación, este ‘Los mutantes lentos’ (lo que significa que la obra, su mitología y sus escenarios no le han enganchado nada), o la lee con auténtica avidez, sorprendido por ese diálogo e invitación finales. Con ‘Los mutantes lentos’ regresamos a las dicotomías, de nuevo alternando el momento actual de Rolando y Jake con el pasado del pistolero. Pero si en ‘La estación de paso’ las dos historias no acababan de cuajar en este cuento cada cual, con su ritmo propio, triunfan. Por un momento nos olvidamos de los pasajes sugerentes y medio mitológicos para adentrarnos en la realidad oscura del presente y la cruel y bárbara (dentro de su ‘civilización’) de pasado. Las dos incitan a leer sin parar, las dos enganchan y muestran aspectos interesantes del pistolero (su cruda y despiadada inteligencia, junto a su mal llevada –por no decir sufrida– capacidad de jugar con las personas). Dos en uno que encajan a la perfección, y que hacen que el cuento se lleve un 8.
  5. Con ‘El pistolero y el hombre de negro’ regresamos de nuevo al aspecto mitológico. El cuento tiene bastante de onanista, de ‘escribo todo esto porque me pone, y me pone mucho’. De hecho la parte final del epílogo que sigue al cuento parece una especie de justificación al mismo: hay todavía demasiado que contar que ni siquiera el autor sabe a ciencia cierta lo que es… pero mientras llega todo ese conocimiento se ha hecho una pajilla con el diálogo entre el hombre de negro y pistolero. Vamos, que casi se podría decir que –salvando las distancias– este cuento es un esbozo de un suerte de Silmarillion de Stephen King. Como apunte/boceto/pajuela se merece un 6. Está bien, pero se hubiera merecido más páginas, más desarrollo. Pero las pajas tiene eso, brevedad y demasiados ‘jugos brutos’.

Haciendo un poco de mates este libro se lleva al final un digno 6’8. Una pena que el estilo deje algo que desear, sobre todo debido a que King demuestra ser uno de esos de ‘consejos vendo, pero para mí no tengo’.

Si por aquí hay algún experto en King: ¿por qué la fijación con Hey Jude? Aparece tanto en ‘Las hermanitas’ como en ‘Los mutantes lentos’. ¿Le gusta mucho ese tema o tiene algún significado en la saga que por ahora se me escapa? Por otro lado me jode haber leído hace mucho Salem’s Lot y El resplandor como para no recordar la relación con Jake y Rolando. Quizá algún día los relea.

Pero hablando de relecturas, ésta ya está: tras quince años vuelvo a cerrar el primer tomo. Ahora a por el segundo. Y esta vez con la certeza de que acabaré la saga, más que nada porque ahora sí hay final y lo tengo en mi estantería.

Adiós.

Stephen King – Las hermanitas de Eluria

Hola, ofidios.

Tras la anterior lectura ya dije que me quedó un muy mal sabor de boca. En efecto, Todo oscuro, sin estrellas muestra al peor King que he leído en mi vida, y eso que ya me he topado varias veces con textos suyos que me han hecho decir eso tan Poético de ‘nunca más’. Pero siempre regreso al de Maine. Sin embargo esta vez el mal sabor de boca ha sido tan intenso, tan ‘a negro mal pagado’, que necesito volver a saborear un buen King.

Por desgracia sólo tengo pendiente de leer la saga de La Torre Oscura, y se supone que esa serie sólo la iba a empezar una vez acabara de leerme de un tirón todo Canción de Hielo y Fuego. Pero, como ya dije en el anterior comentario, si debo esperar a que el señor Martin acabe CdHyF me da que voy a criar muchas canas más. Así que saltándome esa regla que llevo siguiendo años he empezado con LTO.

¿Por dónde empezar? Pues por el lugar más lógico: lo primero. Por desgracia eso suponía conseguir cierto texto que llevaba años esquivándome: por ningún lugar he visto una edición de Todo es eventual. Así que, lo admito, me ha tocado tirar de internet. Y ahí, cómo no, ha aparecido.

La primera etapa en el camino a LTO lleva por título Las hermanitas de Eluria. Se trata de un relato, no una novela, pero aun así se va a merecer una crítica individual, por eso de no empezar a mezclar churras con merinas.

En lo relativo al estilo del cuento mejora de manera ostensible con respecto a Todo oscuro, si bien de nuevo me encuentro con un a veces preocupante exceso de adverbios. Qué pesado, dirá alguno; pero si me muestro insistente en ese detalle no se debe a más que a las propias palabras de King: el camino hacia el infierno está plagado de adverbios. Se refiere en especial a los mentales, los que acaban en –mente. Pues bien, como he dicho en este relato los hay, e incluso encadenados. ¿Estamos ante un ejemplo de ‘no predicar con el ejemplo’? ¿O se trata de una traición de un traductor traidor? ¿Hay tanto –ly en el original como –mente en mi texto? Como no dispongo de la versión original (ni ganas de buscarlo, que al menos el texto no se hace tan infumable como otros) no voy a entrar en más asuntos de forma, o al menos no incidir en ese aspecto concreto.

Más allá de las mentes uno encuentra un texto mucho más ágil que los de Todo oscuro (quiero que se entienda que yo soy el primero que admite que le gustan los textos envolventes, densos y atmosféricos, pero que digan algo), que avanza a base de pinceladas justas y concisas. Apenas se dan detalles, pero los pocos que muestra sirven del todo para ambientar lo que uno lee. Efectividad unida a economía de recursos: la esencia de un relato.

En cuanto al fondo creo que nos encontramos con una buena introducción a ese mundo desplazado de LTO. Y digo creo porque en mi caso, tras haberme leído los primeros tres libros, además de El talismán (lectura juvenil que me absorbió, y que según leo los comentarios disfruté de él en el momento justo, cuando todavía no tenía criterio 😛 ) y Casa negra, ya sé de qué va la vaina. ¿Qué sensaciones obtendría un lector neófito? Sin lugar a dudas desconcierto: a uno que no sepa dónde se mete mezclar en una misma historia vaqueros, mutantes y vampiros debe dejarle bastante descolocado. Pero aun así creo que se entiende bien que ‘algo ha cambiado’ en ese mundo. Más aun, la lectura (al menos en mi caso) obliga a saber más, a conocer qué ha sucedido para que surjan todas esas aberraciones. No voy a contar nada de la historia en sí dado que el menor detalle, para algo tan corto, ya podría suponer reventarla.

En definitiva, un correcto relato introductorio que se merece un 7.

Un saludo.

Stephen King – Todo oscuro, sin estrellas

Hola, ofidios.

Hace mucho que agarraba un King y tras la última lectura, toda una obra de terror, necesitaba otra. Lo que se dice, una clavo saca a otro clavo. Tenía este libro de relatos en la pila desde hacía unos años y me ha parecido una buena manera de cambiar de aires. Al fin y al cabo, incluso con sus defectos (que los tiene), King no suele dejar mal sabor de boca.

O eso debería suceder. Porque esta recopilación tiene luces, pero también sombras. Y muy densas, como la noche a la que hace referencia el título.

Veamos lo que ha deparado Todo oscuro, sin estrellas.

Stephen King - Todo oscuro, sin estrellas

Stephen King – Todo oscuro, sin estrellas

No me voy a andar con ambages. Al poco de empezar a leer ‘1922’ uno empieza a adivinar el tufillo a ‘El corazón delator’. ¿Hay a estas alturas alguien que no conozca ese magistral relato de Poe? Para los que levanten la mano: la puesta está por ahí. No regresen hasta enmendar ese pecado capital. A lo que iba: ‘1922’. Si algo hay que destacar de este relato sin duda alguna eso es la ‘mano de King’. Su manera de escribir tan directa y llana, pero al mismo tiempo detallista le permite a uno meterse en la historia y vivirla paso a paso. La naturalidad con la que introduce detalles y trasfondo hace que uno se sumerja en esa América rural pre depresión sin el menor problema y, aunque lo conozca a fondo puede participar de la vida de su protagonista. ¿Qué el estilo resulta tosco y vulgar? Se supone que lo escribe un granjero en primera persona, así que no se le puede exigir el estilo de un literato. Y sé que ese truco lo he puesto a parir varias veces en referencia a esa nueva hornada de seudoescritores Z. Pero entre King y ellos hay una diferencia muy grande: lo que he descrito unas frases antes, la capacidad de cautivar con las palabras. Pero como decía, el relato (más allá de ‘la mano de King’) poco aporta a su bibliografía. Unas pocas escenas ‘espectrales’ bastante manidas y una tensión que no acaba de cuajar. Al menos en lo relativo al aspecto fantasioso del cuento; la vertiente realista se hace mucho más interesante haciendo casi innecesario lo fantasioso. Y aquí volvemos a ‘El corazón delator’. Poe no necesitó de ratas ni similar para crear esa sensación que Wilf describe a lo largo de las páginas de ‘1922’. Y Poe lo hace en mucho menos espacio y de una manera más efectiva. En definitiva, relato de relleno de King, y que se lleva un 6 más que nada por el retrato de una sociedad y momento histórico.

Si el anterior cuento se libró de ningún tipo de paliza en cuanto a estilo debido a que estaba narrado en primera persona, no sucede lo mismo con ‘Camionero grande’. Aquí King no se puede escudar en el que ‘lo que lees es lo que dice el protagonista’. No, aquí existe la figura de un narrador omnisciente, una tercera persona que nos describe lo que pasa. Pero lo hace de una forma poco menos que vergonzosa. Me dicen que este texto no proviene de la mano de King y no lo dudo ni un segundo. De hecho ni siquiera un milisegundo. Horrible me parece que se queda corto. Ya de entrada decir que abusa, sobreabusa e incluso vomita adverbios modales. Sí, se supone que este cuento proviene de ese hombre que dijo eso de que ‘el camino al infierno está enlosado de adverbios’. Pues bien, aquí no sólo pavimenta el suelo con ellos sino que con ellos crea un túnel grisáceo e interminable de –mentes. Por no hablar del abuso de los verbos comodín. Hay secciones que parecen un campo minado: ‘seres’ por todas partes. HORRIBLE. En serio, vergonzoso. A eso se añade que algunos párrafos posean tan torpeza narrativa que me hace pensar en la mano de un negro, no en la de King, como autora de esto. Lo de ‘mostrar, no contar’ parece que lo olvida. Terrible. Pero el problema no se limita a la forma. Durante un primera parte del cuanto dije ‘vale, ¿y ahora?’, para de seguido pensar ‘porque no va a ocurrir esto, ¿verdad? ¿Verdad?’. Y va y sucede. De cabo a rabo. Como en un cuento de misterio tan malo que ni hay misterio ni nada. Juntando todos estos detalles llega un momento de la lectura en la que, por eso de no tirar el cuento a la basura uno pone el piloto automático y deja de ‘saborear’ el texto, limitándose a seguir leyendo hasta que llegas a la última página. Una vez acabado de leer sin poderme creer que este cuento haya salido de una pluma tan laureada (y valorada por mí mismo). Tampoco me trago que lo escribiera por necesidad de dinero. Se trata de un texto descuidado, apresurado y sin la menor corrección de estilo, poco menos que un insulto a la figura y arte de King. Le pongo un 3 por ponerle algo, pero dado el nombre que lo firma se merecería mucho menos.

El nivel no se recupera mucho tras leer ‘Una extensión justa’. Decir que se trata de un relato mefistofélico supondría regalarle al cuento un remate que de verdad no posee. En el texto tenemos de nuevo un ejemplo de cómo alguien con gran oficio (capaz de acercarnos al protagonista y sus miserias de una manera eficaz) puede demostrar una dejadez poco menos que vergonzosa. Tras un inicio decente, que no bueno, el cuento se va desinflando y desinflando hacia algo que se supone se debe llamar final. Y lo describo así, ‘se supone’, porque a mí se me ha hecho del todo flojo y vacío. Tras una serie de anécdotas que describen la desgracia de uno de los personajes el relato se limita a acabar. Ni giro, ni golpe de mano final. Nada de nada. Ale, al siguiente cuento, y punto. La leche, me ha parecido la leche. Una nueva muestra de que una vez que tienes incluso los garabatos inconclusos en papel higiénico tienen salida editorial. Este relato se lleva otro 3. Y de nuevo embarra el nombre de King.

El último relato, ‘Un buen matrimonio’, no desentona con los demás. Juega mucho con la psicología de la protagonista, tejiendo muy bien tanto su entorno como lo que supone su descubrimiento. Pero de nuevo tenemos una resolución demasiado simplona, que en ningún caso sorprende. Leyéndolo me ha dado la impresión de estar leyendo una versión novelada de un telefilme de los de después del telediario del mediodía. Vamos, algo muy distante al King famoso. Además de nuevo hay párrafos torpes, auténticos caminos enlosados con esas baldosas que dirigen al infierno. Como telefilme se llevaría un justito 5, más que nada por la manera efectiva de tejer el ambiente, de hacer creíbles y reales los personajes; pero al tratarse de algo surgido de King sólo se merece un 4… y nunca olvidar que incluso los mejores cometen borrones.

Un pequeño apunte más. Curiosa la manera de presentar la mujer en los dos primeros relatos: hay un puñado de frases en las que se dice, más o menos, que las mujeres casadas están para acatar todo lo que dice el marido o, en caso de no hacerlo, para recibir una merecida –y ‘justificada’– paliza. Entiendo de sobra que esas frases forman parte de la representación de una ‘mentalidad’ de parte de la población americana (ni me ofenden, ni me escandalizan ni nada similar), pero se me hace curioso ver cómo en estos cuentos se han juntado citas a esa ‘mentalidad’.

Como media de la recopilación me sale un muy triste 4. Parece mentira que pertenezca a un libro de relatos de uno de mis autores más admirados. Pero lo que he dicho unos párrafos más arriba: no siempre se puede mantener el nivel. Aquí Stephen King sin lugar a dudas suspende. Más aun, incumple sus propios consejos y normas. Una pena, de verdad, pero no por mí: me parecería muy triste que un lector que nunca hubiera leído a King le descubriera con estos cuentos. Se llevaría una impresión errónea del autor que, si no recuerdo mal, descubrí cuando salió en España la primera edición de It, libro que me absorbió y tuve que leer de cabo a rabo de una manera casi obsesa; un autor que, salvando los finales (ese amor/odio que siento por él se debe en parte a su reiterada incapacidad de rematar bien las obras), siempre deja un buen sabor de boca.

Creo que necesito leer más de él para quitarme este mal sabor de boca. Por desgracia ‘sólo’ tengo en la pila la saga de la Torre Oscura, y me prometí no empezar ese tipo de sagas hasta que me leyera de un tirón todos los de Canción de Hielo y Fuego… una vez que Martin los acabara. Dado que eso puede que quede muy lejos (espera a ver si no la palma antes), creo que ponerme con la saga de King no supondrá mucho problema. Ya veré lo que hago.

Adiós.

Stephen King – Mientras escribo

Hola, culebras.

De nuevo leyendo un King, y eso que hace años me dije que nunca más, debido a los a veces nauseabundos y deplorables finales del yanqui este… Pero tengo que admitir que, aunque casi por norma las partes finales de sus novelas sean auténtica basura, lo que se lee hasta llegar a ellas en la mayoría de las ocasiones supone una auténtica delicia.

Pero eso se refiere a novelas: en cuanto a relatos la cosa mejora bastante: no le da tiempo a subir tanto como para que luego la ostia final resulte tan fuerte.

Novelas y relatos, relatos y novelas. A eso se reduce todo lo que había leído de King… hasta ahora que he concluido Mientras escribo, una suerte de mezcla entre autobiografía apresurada, ensayo/manual de escritura y desbarre de un afamado, prolífico y ocioso (en el sentido de que su realmente envidiable facilidad de escritura le permite sacar partido de todo cuanto escribe, incluso textos como éste, en plan ‘pues un día se me ocurrió esto y aquí lo tenéis, pobres mortales’) autor.

Desde las primeras páginas King dice que no quiere escribir otro libro de estilo, otro manual de ‘cómo hacer la novela del milenio’, para lo cual jura y promete no meter nada de paja (tipo de contenido en lo que él es un consumado maestro: logra que la paja no parezca tal, permitiendo al lector disfrutar como un enano de una sección de la obra que simplemente es eso: paja). Pero como es King, y como ya lleva mucho tiempo en el oficio practicando esos hábitos que tan buenos frutos le han dado, no puede evitar caer en el pecado que en un principio quería evitar. Así gran parte de la primera parte del texto, la autobiográfica, resulta prescindible. Colorista, agradable de leer, sincera (o al menos espero que tenga mucho de eso, si bien un buen escritor escribiendo es como un actor hablando: las criaturas menos dignas de confianza que pueda haber; al fin y al cabo viven de la mentira, de la invención, de la falsedad). En esa primera parte se descubre un hombre débil, a veces patético, que se ha hecho a sí mismo a base de constancia… bueno, no: Stephen King es así porque tenía una predisposición natural a ser así. Ni más ni menos: nació una monstruosidad, una bestia que supo descubrir desde una muy tierna edad su carácter monstruoso y cómo afilar sus garras y dientes. Pero el monstruo estaba allí desde un primer momento. Interesante parte autobiográfica, aun con todo, pinceladas de la vida de una bestia que ya ha adquirido atributos completamente mitológicos.

La segunda parte, y el meollo del asunto, es la forma en cómo describe King la profesión de escritor. Da consejos, recomienda hábitos de trabajo, avisa de defectos y posibles vicios, todo ello desde un lenguaje llano y sencillo. Para un escritor novel sin duda será de utilidad, siempre desde esa distancia que King ya deja bien clara: todo lo descrito le sirve a él, y no tiene porqué serle de utilidad a otro. En mi caso por desgracia ya me conocía la inmensa mayoría de ellas: y digo ‘por desgracia’ porque para lo que me ha servido… Si bien una de las recomendaciones me ha llamado la atención, más que nada porque es algo que yo jamás he tenido en cuenta como importante, y que sólo en una ocasión he practicado (con nulo y/o inútil resultado): el tener un lector ideal, una persona que te lea los textos de primera mano y en la que recaiga el principal peso de la corrección (o, lo más importante, de la crítica sincera). En otras palabras:

  1. ceder tus textos a una segunda persona,
  2. pringar a esa persona para que lea esos textos esperando una respuesta, una reacción a los mismos,
  3. recibir esa reacción y usarla en el texto, si se considera oportuno.

En mi caso me resulta imposible ese grado de ¿cómo decirlo: capacidad de compartir? No puedo. Bastante me parece, leyendo lo importante que considera King ese aspecto de la creación literaria, haber publicado lo poco que he publicado siempre con un único revisor: yomimmo.

Pero bueno, como eso es algo que nunca va a cambiar, o que veo muy difícil que cambie, hay que seguir. Con la vida y con el libro.
Y de eso, de la vida, habla la penúltima parte del libro: el accidente de tráfico que casi mata a Stephen King en verano de 1999 (no en el año 2000, como dice de manera totalmente imperdonable la contraportada de la edición que he leído, la de DeBols!llo). Una sección dura, muy dura…

El libro acaba con un breve e interesante ejemplo de 1ª revisión de texto y una lista de lecturas recomendadas.

Todo ello, así juntito, da un merecido y satisfactorio 7. Y si no te has puesto nunca ante el reto de escribir seguro que le das más.

Chao.

Stephen King – La cúpula

Hola, culebras.

De nuevo un mamotreto de Stephen King, un monstruo que supera las 1.100 páginas. Un tocho que, sin embargo, se lee mucho mejor que otros de un tercio de extensión. De nuevo el señor Rey nos embarca en una obra coral, con decenas de personajes que interactúan casi todos con todos. Sin lugar a dudas la tarea de engarzarlos todos y que quede bien, realista, es enorme.

Y precisamente en eso falla La cúpula. A las pocas páginas uno siente un intenso déjà vu: ¿estoy leyendo La cúpula, novela reciente de Stephen King, o una revisión de It? La verdad es que el personaje de Junior parece casi un clon de Henry Bowers. Pero bueno, eso no supondría mucho problema (al fin y al cabo se tratan de obras de un mismo autor, y como tal se pueden ver vínculos y semejanzas). Lo peor llega cuando el abanico de personajes se despliega y uno se encuentra ante un demasiado claro caso de bandos, buenos contra malos malísimos. Entre medias hay unos pocos personajes grises que pasan por la novela sin pena ni gloria; casi puro attrezzo. Lo blanco (un poquillo manchado pero al fin y al cabo blanco) contra lo negro abisal, a eso se resume el libro. Porque una vez se forman los bandos cada personaje se ajustan de forma milimétrica al rol que tiene asignado, sin salirse en ningún momento. No hay dudas, ni flirteos, ni traiciones. Nada de nada.

Al menos, siguiendo ese patrón de bandos, la novela se disfruta muy mucho: vemos como los malísimos hijos de puta hacen eso, el cabronazo, puteando a los buenos. Los chicos que de antemano sabemos que acabarán ganando y librándose de todo las pasan muy putas. Los malos malosos se regodean en su maldad y la reparten a tutiplén por todo el pueblo. Todo ello salpicado, al estilo del autor, con detalles de historia personal que enriquecen de colorido el texto.

Pero bueno, si el autor no acierta a la hora desarrollar las interacciones entre esas varias decenas de humanos, a lo mejor atina a describir el mundo y las circunstancias que provocan la crisis. Ahí hay que decir un sí pero no. Me explico: King es minucioso a la hora de describir a los personajes, cubriéndoles de uno y mil detalles humanos (de hecho el desarrollo de personajes es uno de los fuertes del autor). De igual manera  se nota que la labor documental la ha realizado muy bien (al final del libro hay una nota al respecto): el mundo que rodea a los protagonistas, y la forma en que éste cambia a lo largo de la novela, está descrito al detalle y de una manera que desde mi ignorancia me parece acertada. ‘Pero’. Hay un ‘pero’. Una cosa es hacernos ver a la perfección el interior de la casa de cada personaje, saber lo que comen, lo que beben, lo que visten, lo que respiran, y otra muy diferente explicar la raíz de todo: la cúpula. Sí, la tercera ley de Clarke dice eso de toda tecnología suficientemente avanzada se confunde con la magia. Pero no deja de llamar la atención la manera en que la cúpula se circunscribe de manera exacta, al milímetro, con el territorio de Chester’s Mills. Demarcación por completo arbitraria. ¿Un domo que se ajusta de forma mágica a algo tan ridículo como lo que indica un plano político? Eso sorprende mucho más cuando se descubre el origen de la cúpula. ¿Los creadores, siendo como son de remotos, se ajustan a la normativa topográfica y legal americana? Demasiado increíble. Por no hablar de el foco no sólo no está en el centro aproximado del núcleo urbano (un calcetín no posee centro geométrico, que yo sepa), sino que se sitúa allí donde se sitúa, tan descompensado. Todo cuanto rodea a la cúpula, su funcionamiento, comportamiento y origen queda mal descrito, sobre todo a raíz de las últimas páginas. Y es que la tercera ley de Clarke tiene un tope, a partir del cual la magia se vuelve tomadura de pelo.

La sombra del deus ex machina vuela por la novela a los largo de demasiadas páginas. Sobre todo desde el momento del perro, el sofá, el sobre y ‘la voz’. Esas escenas carecen de sentido dentro de la novela, no teniendo ni continuación ni posible engarce dentro de la misma. Se reducen a ‘tengo de alguna manera de salir de ese pequeño lío en que me he metido y lo hago así, porque yo lo valgo’. El fenómeno de las voces y de las visiones se sucede en numerosos personajes y tampoco encaja con absolutamente nada de lo que luego se descubre. Como si el autor lo hubiera olvidado. O, lo que es peor: lo hubiera querido obviar una vez llegado al final. ‘Lo puse, sí, pero llegados a este punto no sé cómo salir del berenjenal en el que me he metido. Aun así, ¿molaba, no?’, eso es lo que creo que se le debe pasar por la mente a King con esos detalles.

De igual manera queda por completo fuera de lugar la escena final de Rennie. King no lo deja nada claro, no se muestra rotundo en el origen de esas presencias. No se moja. ¿Hubiera supuesto mucho problema explicar que todo resultó como fruto de un cerebro afectado por los gases tóxicos? Ese condenado detalle hace que la novela, hasta ese instante integrada en un buen 99% de crudo ‘realismo’, quede manchada por un borrón de fantasía. Mácula que sobra, lo mires como lo mires. Eso sí, la escena queda muy dantesca, muy efectista. Muy adolescente. Y por completo fuera de lugar, conformando un final del todo inapropiado e injusto para el malvado supremo de la obra.

El deus ex machina se vuelve a manifestar, furioso y descarado, en la escena final del ‘alzamiento’. Incluso el propio autor lo dice: la cúpula sigue decenas, centenares de metros bajo tierra. Y sin embargo… Necesitaba salvar a esa gente y para eso ¡ale!, a romper la continuidad. No creo que hubiera supuesto mucho, dado el devenir de la novela, mostrarse firme en cuanto a la cúpula. El final que yo hubiera escrito hubiera llevado al lector en las últimas páginas a un futuro remoto. Y allí hubiera zanjado bien el asunto. No de esa manera tramposa.

Y es que Stephen King, tras sus varias décadas de escritor, sigue sin saber plantar un desenlace satisfactorio. Se va por la ramas, todo vale con tal de un buen final. Ahora mismo recuerdo pocos finales consecuentes con el desarrollo de la novela (quizá Thinner sea de los pocos que me hicieron decir chapó). Porque el desenlace de La cúpula roza lo patético. Un ‘no sé cómo acabar con este condenado domo irrompible y os suplico, lectores, que me perdonéis’. Tal cual. Triste, muy triste. Señor King, lo suyo no es la ciencia ficción sino el terror, así que deje los artefactos paracientíficos a los que sí saben manejarlos y llevarlos a buen –o al menos mejor–  término.

Acerca de la cúpula y su comportamiento hay otro un detalle nimio, casi ridículo, que sin embargo demuestra una voluntad tramposa (o quizá ignorante, o descuidada) que del tratamiento de la misma se hace en la novela: la cúpula es prácticamente impermeable a todo tipo de partícula, si bien no sucede lo mismo con las radiaciones. Como un cristal irrompible, vamos. Pero, si es así, ¿cómo es que algo tan físico como el sonido lo atraviesa si problema alguno? No recuerdo haber leído nada de acerca de atenuación sonora en todo el libro.

Los personajes hablan a través de ella como si nada, y sin embargo potentísimos ventiladores industriales pegados a ella apenas generan una tenue brisa. Si hay algo que pido en este mundo, cuando se trata de cosas que se pide que se tomen en serio, es coherencia. Y más aun cuando se trata de un autor que tiene todo el tiempo del mundo para repasar su obra antes de que ésta acabe en imprenta.

En definitiva, la novela resulta amena (incluso adictiva) pero sabiendo casi desde un primer momento que le autor la va a cagar con el final. Lo malo es que King no logra sorprenderte con un desenlace digno. Supongo que algún día, antes de morir, lo logrará.

¿Qué nota se lleva? Pues pese a todo, y gracias a esas 1.000 páginas de palomitas y diversión, un 7.

Adiós.

Stephen King – Apocalipsis

Otra vez King, otra vez un pequeño-gran chasco. Compré el libro plenamente consciente de que tras esas más de mil quinientas páginas habría una rica galería de personajes, cada cual definido e intenso; por otro lado temía que, aun con esa enorme cantidad de páginas, surgiera de nuevo el chapucero incapaz de concluir bien una puñetera historia.

Y acerté. Otro pleno, otra vez se renueva esta extraña relación que tengo con el de Maine: placer ante sus premisas, admiración por la descripción de los personajes, y nausea cuando se acerca el último cuarto de la historia. Vamos, lo de siempre. Pero volveré a leer algo más de él, seguro, como por ejemplo acabar con la saga de a torre oscura. Y de nuevo me cagaré en todo lo que le sea sagrado. En eso soy, mal que me pese, demasiado humano.

Apocalipsis es la versión buena, más amplia, de lo que en un primer momento se publicó como La danza de la muerte. En verdad que la historia, sobre todo el primer tercio, resulta puramente apocalíptica, con la plaga exterminando la humanidad. El capitan trotamundos hace muy bien su trabajo, rozando casi la perfección. A medida que es barrida la raza humana (todo un placer para un auténtico misántropo) Stephen King nos va presentando diversos personajes, algunos con su carga de patetismo y en cierta medida entrañables (Lloyd, Larry y Frannie), otros que se hacen más difíciles de tragar (el ejemplo más claro lo encontramos en Stu, don perfecto), mientras que los menos son simples parodias, esperpentos, como Trashcan o Harold. Luego están los supuestos catalizadores, a saber: por un lado una nueva encarnación de Randall Flagg, el amigo oscuro que en ningún momento acaba de dar miedo (sí, a lo largo de gran parte de la novela se habla de, ¡uh!, lo malo malísimo que es, pero en pocos momentos se capta de verdad esa espíritu); por otro un sinsentido lleno de ñoñez y tontería llamado Abigail, que dan realmente ganas de darla una paliza, o de alentar a las comadrejas para que hagan su trabajo de una futa vez.

A lo largo del libro algunos personajes mejoran, como es el caso de Stu, otros son borrados de un plumazo (como el caso de Nick, ejemplo de santurrón exacerbado), y otros se van sin haber dado lo que se esperaba de ellos (el caso mas chirriante lo tenemos con Nicole). Aun con todo disponemos de una gran cantidad de personajes que aderezan unas situaciones que nunca llegarían a resultar interesantes de no ser por ellos, sobre todo en la parte central del libro.

Lo dicho, el libro avanza gracias a los personajes, aunque con una terrible y pesada falta: el ridículo e injustificado egocentrismo americano, que de nuevo enmarca el fin del mundo, la llegada del maligno y de un salvador en su territorio, en los Estados Unidos. No hay más países en el mundo, no hay miles de millones de personas fuera de ese terruño, no: la lucha del mal y del bien se debe realizar ahí, entre paletos rednecks y dandis norteños, y con los ‘buenos’ rebosando de esa mierda de sensiblería patriótica a la que están acostumbrados en ese país. Bueno, al fin y al cabo se trata de una autor yanqui, que escribe para yanquis… en una primera instancia.

Sigamos con la novela: ya dije que el primer tercio de la misma es casi perfecto. Por desgracia se va desinflando, hasta que a medida que se acerca el final algo huele mal, muy mal: el lector lleva tiempo pensando en que debe ocurrir algo gordo, pero ese algo no acaba de llegar. Al contrario, uno contempla cómo el amigo Flagg se vuelve más y más penoso, Trashcan pierde el rumbo, y la vieja Abigail toma las de Villadiego sin haber hecho mucho más que juntar a la gente. ¿El auténtico Apocalipsis se limita al querido capitán? Parece que sí. ¿Cómo nos saca de este lodazal el autor? Pues con la mano de dios, ni más ni menos: con uno de los finales más atropellados y forzados que he leído en mi vida. Me imagino a King pensando algo así como ‘dado que no se me ocurre nada para desliar el estropicio que he montado invoco a Maradona y ¡gol!’. Vale, sí, lo sé: la demostración de jeta de Dieguito llegó bastantes años después. Pero queda que ni pintado.

Tócate las narices.

Y el editor sin obligarle a reescribir esa mierda de final. La coña final de Flagg sin duda no es nada más que una manera de quedarse con la peña, de decir algo así como ‘ya que a la segunda no supe hacerlo, me dejo una puerta abierta para intentarlo una tercera’.

Guay. Cabreo final, y sin embargo leeré más de este tío. Si es que uno es en el fondo masoca.

Un saludo y hasta luego, culebras.