Hola, culebras.

Un hombre humilde que sufre una traición, la soledad y el abandono. La impotencia ante un destino cruel que no se merece. La oscuridad. Sentirse manejado por personas que encarnan poderes más allá de su comprensión. Un encarcelamiento injusto en una mazmorra y bajo unas condiciones inhumanas. Un inesperado compañero que sirve de apoyo a nuestro protagonista a lo largo de esa nueva prueba. Una huida a través del agua (con un inconfundible simbolismo iniciático) hacia una inmensa fortuna que le aguarda, escondida. La aparición triunfal de un personaje histriónico, dilapidando lujo y extravagancia, ampulosidad y misterio. El nuevo bufón de la corte aparece en… pues no, no se trata de París.

Porque no estoy describiendo de la primera parte de El Conde de Montecristo, el inmortal clásico de Alejandro Dumas. No, señores: este argumento que apunta a plagio descarado pertenece a la primera mitad (ojo, que hablo de toda la primera mitad del libro) de Las estrellas mi destino, el clásico de Alfred Bester, el supuesto referente o revulsivo de la ciencia ficción de los cincuenta… que en el fondo no de deja de ser un plagio a un clásico decimonónico. Eso demuestra lo digna de confianza que es la crítica ‘estándar’, tanto americana como no americana. Han ensalzado a eso. Si este plagio se merece el calificativo de clásico de la cifi, que venga Cthulhu y devore las almas de quienes lo defienden.

En definitiva, nos encontramos ente un libro de lectura inevitable para detestar la crítica profesional, para seguir yendo por libre, sin implicarse en ese mundillo cerrado y endogámico que responde al nombre de ‘fandom’ (mundillo en el que, como en el de los negocios, hay demasiado de ‘yo te como el rabo si tú me lo comes a mí’ con el simple objetivo de subir, de crecer. En resumidas cuentas: humanos).

Por lo demás, si quieres leer un libro basado en la idea de la evolución de un personaje, de la nada al todo, mejor aprovecha tu tiempo en la novelita de Farmer El hacedor de universos. Al menos de Farmer se sabe que siempre fue un gamberro, un iconoclasta y plagiador/homenajeador.

Eso sí, todo esto sólo hablando del tema del plagio, ya que dentro de la novela hay fallos argumentales (como el escandaloso de ‘la aparición’ y explicación del jaunteo) que son para darle de gorrazos al autor por tratar de subnormales a los lectores. Pero ponerme a hablar de ellos significaría dedicarle más tiempo y esfuerzo del que se merece este enorme chasco. Menos mal que me lo he leído en muy poco tiempo, con lo que ya mismo me pongo con otro para intentar quitarme el mal sabor de boca. ¿O abría que decir mal sabor de ojos? :P

Adiós.

Una Respuesta a “Alfred Bester – Las estrellas mi destino”
  1. [...] El texto tiene unos cuantos momentos onanistas (la descripción del orbital, el megabarco, la VGS, los apéndices), en los que el autor sin duda se regodea en lo que describe -de nuevo tengo que decir que eso no es un defecto en sí, siempre y cuando tenga su medida y no se apodere de la narración-. La parte del orbital recuerda demasiado a un Mundo anillo (otro libro que me defraudó; aguarda a una próxima relectura, a ver qué pasa), pero bastante más desaliñado y desnudo. En general la lectura me ha dejado una intensa sensación de chasco, si bien no tan intensa como la de Las estrellas mi destino. [...]

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