Joe Haldeman – Compradores de tiempo

Hola.

Pues de inmortales a inmortales, y tiro porque me tocan las morales. O dicho de otra manera: dado que me había leído un libro de inmortales que no me acabó de satisfacer, le di una nueva oportunidad al subgénero con otro libro que tenía en La Pila. Y un nuevo chasco, si bien este menos gordo. Compradores de tiempo (de Joe Haldeman) llevaba en La Pila años, pero una buena pila de años (creo que lo compré por correo a Miraguano, en esos pedidos que casi compraba los libros por decenas , y eso implica que todavía vivía en Santander), más que nada debido a que lo que ponía en su contraportada no me atraía mucho. No mucho, o más bien nada (lo mismo sucede con El engaño Hemingway, del mismo autor y que lleva posiblemente igual cantidad de años cogiendo polvo). Debido a eso el que tras leerla la novela no me gustara no me ha supuesto ninguna sorpresa.

Compradores de tiempo es un libro que encaja en ese subgénero llamado ciberpum, un estilo que jamás me ha dejado satisfecho: eso de las conspiraciones entre corporaciones en las que se ve envuelto de repente un don nadie (mindundi pero que sin embargo está lleno de recursos) para ir sufriendo a lo largo de las páginas diversas calamidades (y que entre medias se encuentra con una chica casi guapa pero triste por los palos que le ha dado la vida) para luego, a los dos tercios de páginas, descubrir que las corporaciones en realidad son gigantes con pies de barro, y allí está el para aplicar la manguera… pues como que no.

Coño, si acabo de contar toda la novela. Una molestia menos. Bueno, voy a decir algo más: en esta novela el malo, muy malo, se hace despreciable, sí, dan ganas de darle una paliza ‘a culo visto’ (como dirían en la familia de mi mujer), pero… coño, que el objetivo final de la Stillman es bueno: hacer de cortafuegos de los ricos que están pagando los rejuvenecimientos. ¿Quiere Haldeman una basura social como la descrita por Anderson en el último episodio de La nave del millón de años? Por dios, no. El hombre por definición, por naturaleza, debe ser mortal. ¿Un mundo lleno de hijos de puta como los de ahora, pero con una esperanza de vida de milenios? No hijo, no. Si es que los idealistas de los asteroides desconocen lo que se esconde tras el concepto de ‘explosión demográfica + naturaleza humana’. ¿Dónde está un Tuf cuando se le necesita? Lo que le hace falta a este planeta es una mezcla de Atila, Hitler, Pol Pot, Stalin y demás trabajando a escala mundial… vamos, la vista de un czarniano.

El título de Compradores de tiempo casi describe a la perfección la esencia de lo que el autor busca con el libro: has pagado por el libro, lo has leído, el dinero ha acabado en las manos del autor, y tú estás deseando coge el siguiente.

Vamos, que le pongo un cinco raspado, por eso de que no entra dentro de lo claramente malo, pero nada más.

Poul Anderson – La nave del millón de años

Buenas, ofidios.

Hace muchísimo que no leía nada de Anderson, y dado que vi La nave a un precio bastante jugoso (y me sonaba haber leído buenas reseñas de la novela) pues lo compré.

Pero vaya chasco. Como novela no vale mucho, más que nada ya que se trata de un fix-up ampliado, que muchas veces resulta repetitivo y monótono. Tanto es así que hay capítulos que no dicen nada, pudiendo saltarse sin problema alguno. Se nota que fueron escritos de manera salteada para luego acabar juntos en la novela. La psicología de los personajes resulta casi nula, más aun dado el rango de tiempo en el que trascurre.

Mención aparte merece el extenso capítulo final, que rompe con todo lo anteriormente mostrado en la novela, y que además de desgajarse de la trama (de nuevo un añadido suelto que deshace la coherencia de la misma) intenta dar un pequeño giro a la psicología de algún personaje.

No merece más palabras: un cuatro y va que chuta.

Dmitri Glukhosvsky – Metro 2033

Hola, culebrillas.

Un nuevo libro, Metro 2033, en esta ocasión de origen ruso (el autor es, agarrémonos, Dmitri Glukhosvsky): eso, por sí sólo, ya supone una diferencia. Bien, admito que lo tomé con muchas ganas, dado que la idea me parecía atrayente (original no, por supuesto, pero sí fresca en medio de la plaga de zombies que infesta las estanterías últimamente).

Al principio se nota que es una novela rusa y para rusos (o más concretamente moscovitas): acostumbrarse al mapa de metro ruso resulta poco menos que infernal, sobre todo si se tiene en cuenta la descomunal incoherencia entre el nombre de las estaciones que se indican en las solapas y las que aparecen en el texto propiamente dicho. Pero ese problema se disipa al cabo de las pocas páginas.

El arranque no está nada mal, mostrando un metro agónico y de pesadilla gracias a la irrupción de ‘los negros’. Resulta un poco difícil comprender la escala tan diminuta de población: nos encontramos ante la epopeya de un protagonista en medio de una población de ¿cuánto, diez mil personas? Cuando uno se da cuenta al fin de ese detalle, y lo compara con la población real de Moscú, empieza a percibir la realidad de ese mundo. Agónico no se ajusta a esa situación: terminal.

Como he dicho, la novela tiene un buen principio, pero esto se trunca enseguida. Aparecen personajes ‘filósofos’ que rompen  el ritmo narrativo y el clima (por más que no tratar de imaginárselo, resulta poco menos que increíble el encontrar a gente que divague de esa manera en medio de ese cataclismo). Por desgracia a medida que avanza la novela se comprueba que ese tipo de digresiones son frecuentes… lo que no acaba ni de justificarlas ni hacer que encajen con el resto. Y, peor aún, cuando parten del protagonista lo único para lo que sirven es para desvirtuarlo como personaje coherente: a veces parece un papanatas, y otra un cruce entre Tolstoi y Aristóteles.

Como se deduce de estos comentarios, la novela padece de altibajos y errores de trama. Uno de los más graves trata de ‘lo  negros’ y su manera de relacionarse con el entorno, y más concretamente con los hombres. No diré más de esa cagada. Además, si bien a novela posee por lo general un ambiente de realismo, de materialismo, en otras (escasas, y precisamente por eso más chirriantes) ocasiones habla y describe fenómenos poco menos de que magufos. Supongo que dado que la novela se publicó en entregas y en internet (orientada a un público juvenil, lo que implica poco exigente), el autor no debió ser capaz de evitar las chorradas magufas.

En definitiva, el libro entretiene a ratos, por lo que le otorgo un seis, nota que mejoraría mucho si se hubiera trabajado un poco más los personajes y sobre todo el entorno. Bueno, sí, eso casi suena a que escriba de nuevo toda la novela. ¡Qué cosas!

Stephen R. Donaldson – La necesidad de Mordant

Hola, culebrillas.

La saga de Mordant, de Stephen R. Donaldson, vendida en España como cuatro libros separados, realmente se trata de un solo libro enorme dividido en cuatro. No hay manera de leerlos independientemente… y lo acabo de padecer. Hace un par de años empecé con el tomo uno. Al acabar con él no me entraron ganas de seguir, por lo que lo dejé. Mala elección. Al continuar la saga pensaba encontrarme con una entradilla resumen de lo anterior, pero no: ale, todo para adelante, como los de Alicante.

La saga encaja en ese género de historias de intrigas que a algunos autores, como Herbert, les encantaba. A mí me aburre un poco-bastante, pero en vista de que estaba con las manos chungas y quería leer algo largo (por eso de no tener que preparar a posteriori chorrocientas reseñas, algo que al final sí ha sucedido), pues seguí con ella.

La obra es de ritmo muy lento, con una narración basada en la introspección. Pero en una introspección extrema, al punto de que toda la saga se basa en las elucubraciones de un solo hombre. La ‘prodigiosa’ mente de ese personaje es capaz de predecir, incluso a años vista, los movimientos y las reacciones de sus amigos y enemigos. En definitiva, increíble e imposible. Magnífica base para escribir un tocho equivalente a cuatro novelas.

Dado que toda la trama se basa en este forzado deus ex machina la lectura acaba siendo bastante aburrida: siempre habrá algo que demuestre que el listo ha sido muy listo y ha predicho lo que va a ocurrir.

Salvando las distancias La necesidad de Mordant recuerda a Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin, pero con personajes mucho más planos, sin mala leche y vacío. Sin duda Martin ha sabido sacarle partido al concepto del folletín de intriga medieval mucho mejor que Donaldson.

La lentitud se vuelve casi pastosa en los tomos 2 y 3, y el resto de acontecimientos que se narran en el tomo 4 no justifican lo anterior. Pero es que la imagería como recurso mágico de poder no queda bien demostrado en ningún momento de la saga.

La saga de Mordant no es una de esas lecturas que recomendaría a nadie, pero si estás como yo, con mucho tiempo libre por delante, puedes intentar leerla: puede que incluso te guste.

Un 5 raspadito. Nada más.

Aaaaaaaaaaaaadiós.

Rafael Marín – Mundo de dioses

Hola, culebrillas.

Pues ya hubiera sido mejor leerme el Illium de Simmons, sí, a santo de lo que dije en el anterior comentario. Poco (o nada) de lo que he leído de Rafa Marín me ha gustado (todo relatos). Y este Mundo de dioses tampoco: demasiado juvenil, demasiado lleno de guiños a Marvel. Sí se le puede agradecer el que se trate de una lectura de obra rápida, muy rápida. Pero por otro lado nos encontramos ente un libro totalmente prescindible. Me leí Psycho (la joya de Robert Bloch) en apenas dos días y tras cerrarlo sólo lo podía definir como obra maestra, libro redondo; este me ha durado tres días y me ha dejado igual que como me quedé, buscando otro libro.

Acerca de la historia: se puede resumir en un guión de comic marveliano llevado a formato novela. No he leído ninguna de las novelas de Chris Claremont pero me da que si el resucitador de la patrullosa creara novelas mediocres, crearía exactamente esto.

Todavía espero la justificación de la fama de Rafa Marín… ¿o será que supo estar en el sitio oportuno, en el momento idóneo, y poco más?

Ah, sí, claro: un 4 y va que chuta.

Dan Simmons – El terror

Hola ofidios.

Regreso a Dan Simmons tras muchos años sin leerlo. Lo último que leí de él fue Fases de gravedad, un libro que me supuso un chasco, más que nada porque esperaba una cosa (idea preconcebida) y me encontré algo realmente diferente. Tras esa lectura no me recomendaron leer la saga de Endymion, y la saga de Troya no me atrae absolutamente nada (y menos aun por la forma en que la han publicado aquí en EsPPaña). Pero tras haber leído hace poco El lobo de mar este libro me llamó la atención.

He de aclarar que compré el libro con un poco de resquemor: está incluído en la colección de ‘histórica’, con lo cual eso me esperaba, una novela realista más o menos acertada. ¿Qué me he encontrado en El terror? Pues una joya que no llega a la categoría de obra maestra por poco. Una historia magnífica, absorbente. La presencia del frío, del polo, como un personaje más, dibujado como una personalidad propia e implacable, el auténtico protagonista de la historia. La lucha entre el hombre y la naturaleza. Y la derrota (con trazos de gloria y patetismo) como otro miembro de la tripulación.

Entre medias, acechando en torno a toda esa desolación, algo. Mientras las páginas avanzan uno se ve más y más inmerso en un paisaje, en una ambientación, que ya la hubiera firmado el mejor HPL (del que veo que todavía no he metido ninguna reseña en la nueva encarnación del blog: cosas de haberme leído casi toda su obra). Las páginas vuelan y al tiempo que quedan atrás uno descubre algo más: la criatura no importa, casi es lo de menos: lo que realmente interesa radica en la lucha entre el hombre y ese entorno inmisericorde.

Por desgracia en la última sección el libro se desinfla con una innecesaria explicación, una parrafada que ensucia el resto de las páginas. Todo ese rollo jippi sobra por completo.

Pero lo peor, sin duda, es el editor… o la ausencia del mismo. ¿Quién tiene la culpa de ese estilo tan horrible? ¿Simmons y su editor yanqui, o el traductor y el editor español? Lo ignoro, pero la falta de unas galeradas, de una corrección de estilo, ensombrece el libro por encima de todo. Otro detalle que habla mal, y en esta ocasión el culpable sin lugar a dudas es el editor español, es el de colocar este libro dentro de ‘histórica’. Sin duda el encargado de esta clasificación no se he leído el libro (ni siquiera las primeras cien páginas) y no se ha dejado orientar por alguien que sí lo haya leído. Se trata de un libro de terror, y más concretamente rayano al concepto de horror cósmico de Lovecraft. Sí, usa personajes históricos, unos hombres cuya epopeya (por cierto, ovejas eléctricas es lectura obligada) sin duda supone material para una obra realista, pero no es realista: el libro entra del género de lo fantástico.

Aun con todo, sólo por el fondo (sin tener en cuenta la forma), recibe un muy meritorio 8.

George H. White – Gran saga de los Aznar, tomo 5

Hola, culebras.

Quinta entrega de la saga de los Aznar y ya se confirma lo que sin duda es el estilo de la prosa del señor White: no me extraña que se mantenga de aquí al final de la serie. Pero vamos a lo importante, lo leído.

Rendición no contesta tienen como premisa primera el anhelado regreso a rendición, un viaje que se torna en pesadilla debido a la reaparición de  los hombres de silicio. Estos han vuelto para asolar todo lo que había en el planeta, y planteando un nuevo y gran problema a los viajeros de Valera. La novela entretiene si bien adolece de los mismos defectos de las anteriores historias (diálogos exagerados, personajes planos y tópicos, escenas forzadas) que suponen la marca de la casa. El nuevo final con boda ya empieza a oler mal. Los cristalitos resultan ser un clon de los japoneses de postguerra: copian las tecnologías sin acabar de comprenderlas, mucho menos mejorarlas. Esta actitud copiona llega al colmo del ridículo en el caso de copiar las naves no sólo en forma, sino incluso en la disposición interna de los mamparos, pasillos y salas. También hay que destacar de nuevo la cerrazón del autor para la «solución final«; sólo cabe una manera de solventar el problema con los extraterrestres no antropomorfos: el exterminio del no humano. Se pierde la oportunidad de un enriquecimiento entre especies tan dispares pasando a la cavernícola disyuntiva de ‘o tú o yo’.

Mundo siniestro. Cuarto ejemplo de la atrayente (sin duda para el autor) teoría de la evolución convergente, llevada al extremo con ejemplos de compatibilidad genética y reproductiva. El escenario resulta ridículo (incluso con un fuerte sentimiento de deja vú de Star Trek) ya de manera extrema en lo que se refiere a los detalles físicos: por ejemplo el que en una superficie cubierta en casi un 100% de agua luego resulta que es la superficie de una esfera hueca con un sol interno y con gravedad dentro de la misma. Joer, la caña del space opera, pero totalmente en contra del concepto de campo en física. En lo que respecta a la trama, de nuevo todo de bastante forzado, encontrándose justo con los personajes oportunos en el momento oportuno. Entretenida y poco más.

División Equis. Números enormes, ejércitos mastodónticos. Todo a lo grande, como debe ser para poder recuperar Redención, para poder exterminar a toda una raza inteligente distinta del hombre. Hagamos que Hitler, Himmler y Göring sean simples aficionados. Ya no se sabrá nada más de ellos, ni de su historia, ni de sus logros, ni de su psicologia. Todos al paredón y punto. Eso sí, entre medias otra boda. Digamos adiós a los silicatos, adiós a las tramas profundas. Vamos, una nueva apología del holocausto.

Bueno, que sí, que lo pongo regular, pero en el fondo es divertido… salvando el de Mando siniestro que definitivamente no me gustó.

Veredicto: un 6 es lo que se merece.

Adiós.

George H. White – Gran saga de los Aznar, tomo 4

Hola, ofidios.

Había escrito un pequeño montón de palabras (exactamente 869) acerca de lo malo que es meter números en un libro: los números (y las fechas, que al fin y al cabo son otro tipo de números) esclavizan a un autor. La mayor parte de las veces pueden llegar a hundir un libro. En mi parrafada (de casi 900 palabras) hablaba de las fechas incluidas en la primera novela del libro (Salida hacia la Tierra), de los tiempos de viaje a velocidades relativistas (incluyendo referencias a las transformadas de Lorentz y a una calculadora de los resultados de las transformadas), de las edades de patriarcas casi bíblicos, de progresiones numéricas en cuanto a descendencia (cual conejos y Fibonacci).

Pero es que al releerlo descubrí que soltar todo ese rollo significaba una auténtica pérdida de tiempo: no sólo porque tengo muy oxidada la física, sino porque White tampoco da suficientes datos como para realizar un estudio serio.

Lo que sí quiero dejar claro es la impresión de error, de que algo no cuadra, con respecto al impás de casi dos mil años entre la partida y el regreso de los Aznar a la Tierra. Supongo que alguno con más conocimientos y más ganas ya habrá realizado los cálculos, así que no me voy a poner a ello. Sólo decir que 42 + (270-¿30?) + 30, por mucho que le apliques la dilatación temporal de viajes relativistas, muy (pero que muy) cerca de la velocidad de la luz debes ir para que dé casi dos milenios. Y eso arrastrando en el viaje de vuelta todo un planetoide de un material supermasivo. ¡Olé sus huevos!

También es un poco de coña (visto desde la perspectiva que da el tiempo y la realidad social actual, se entiende) ese sentimiento tan cristiano de tratar que la liberación coincida con la navidad. Algunos se quejan de lo patriótico y ridículo que es el filme de Roland Emmerich de Independece day, pero casi se diría que el «señor catástrofe» se basó en White.

Más de coña (puro pulp) parece la mezcla de técnicas obsoletas en tiempos tan avanzados como el año 4000:

  • ¿Ocultarse la flota tras un punto ciego? Pero si eso implicaría que el enemigo no tiene nada más que una base de observación. Así sucede lo que sucede, que les descubren a la primera de cambio.
  • Boya de dedona (quiero pensar que con una buena carga eléctrica asociada para que pueda flotar) conectada con un cable a una nave sumergida, y emitiendo una señal de radio pirata. ¿Desconocía Pascual los sistemas de triangulación?
  • ¿Y eso de que usaban una frecuencia que «el enemigo no solía usar»? Ese enemigo, ante la incursión de naves enemigas en su espacio cercano, ¿no se pondría alerta y desplegaría escáneres de frecuencia? ¿Tan tonto y confiado es?
  • El uso del láser como simple comunicación silábica y visual (a modo de morse) entre unidades, nada de paquetes de información.
  • La existencia de televisión casi igual a la que había en el siglo XX.
  • ¿Cómo cojones consiguen mover a velocidades relativistas la enorme masa de Valera? Cuanto más cercana a c es la velocidad mayor energía se necesita. En el gráfico energía/velocidad la velocidad de la luz marca asíntota a infinito. Vamos: intentemos mover toda la masa de un planetoide a velocidades relativistas y tendremos una masa relativista de tres pares de cojones. ¿Qué motor mueve eso?
  • En la novela (las novelas) se habla muchísimo del uso de torpedos blindados en dedona como método principal para la destrucción de objetivos. A mí, en mi ignorancia, y dado que tienen la posibilidad de crear naves esféricas (y sobre todo usando Valera) ¿no hubiera resultado más práctico en esas naves de corte circular colocar aceleradores de partículas y lanzar balas relativistas? Eso sí que sería más efectivo que los torpedos: ostiones relativistas en plan Brigadas del espacio sin duda superan en eficacia a bombas W o torpedos de dedona. Y sin duda usan una munición más fácil de conseguir: tienen para ellos todos los pedrolos del cinturón de asteroides. Y así no desperdician de material tan valioso como la dedona.

Ale, ya me estoy yendo por las ramas. Eso es bueno: el libro (de hecho la saga) me agrada tanto como para perder el tiempo en estas elucubraciones.

Salida hacia la Tierra, al igual que La conquista de un imperio, es una novela con una enorme ración de entreacto: trata de unir un hueco de los dos milenios, entre la huida de la Tierra (y llegada a Redención) y el regreso vengador. Como ya he dicho antes a mi entender no logra explicar la existencia de tan extensa brecha temporal, pero es mi opinión personal y como tal me la hecho a la espalda y sigo leyendo. Por otro lado me queda por sabe qué ha sucedido en Redención en todos esos años: dos mil años de historia son muchos años, más que nada cuando el primero (lo narrado en el tomo 3) resultó tan movidito.

¡Hemos venido a destruir el mundo! resulta entretenidillo con un único fallo, defecto que ya veo que es marca de la casa (de la saga): el apresuramiento. No ha transcurrido ni un año desde el final de la novela anterior cuando sucede lo que sucede en ésta. Vamos, que se ve que nuestro sistema solar (eso que Enguídanos se empeña una y otra vez en llamar erróneamente galaxia) está más concurrido que la línea 6 en hora punta. M.M. Cortina nos promete un mejor dibujo de lo nahumitas en próximas novelas: eso espero, porque de esta novela sólo saco unas pocas impresiones, y que encajan bastante con «comportamiento irracional». La novela se lee con facilidad, como el resto, y da pena el pensar que se trate de escritura rápida: qué hubiera salido de las manos del autor con más tiempo y, sobre todo, más páginas. Sin duda unas historias más elaboradas y más jugosas. Una pena.

Respecto a Guerra de autómatas decir que, como el resto, entretiene al tiempo que aporta nuevos fallitos al universo de Enguídanos, el mayor de ellos curiosamente tiene relación con La horda amarilla, una novela que sí me gustó. Lo que en Horda era desmesurado pero creíble, las cantidades ingentes de aparatos en combate aéreo, aquí resulta ridículo: se puede entender cientos de miles de drones combatiendo como locos sobre los cielos, pero movilizar cientos de miles de naves (mucho más voluminosas y que requieren un espacio de maniobra muchísimo mayor) en torno a un planeta decididamente no. Si se apiñan en un combate pseudoaéreo lo más probable es que nos encontramos con escenas tan penosas como las que aparecen en la película de Las brigadas del espacio (cuando las naves de la flota humana se chocan entre sí huyendo de los «pedos»); si por contra los alejamos a una escala de combate espacial, con decenas (si no cientos) de kilómetros entre nave y nave la cosa tal y como se describe en el libro no cuadra. Eso si no se tiene en cuenta que en algunos párrafos casi parece que Marte o Venus están ahí a lado, como para mandar refuerzos desde sus órbitas así porque sí, de forma casi instantánea.

Otro detalle que me parece un fallo es el que los redentores (tan listos como son) jugaron con el factor sorpresa de Valera tan mal: señores, colocan «el satélite» en una órbita externa a la de la Luna y atraen hace ese escenario a los malos. ¿Colocar a Valera en órbita a la Tierra, pero justo en u punto opuesto a la Luna? Eso para qué, ¿para joder todo el planeta ellos mismos con la fuerza de mareas?

Insisto: las ideas son buenas, graciosas y a veces incluso inspiradas, pero si se hubieran trabajado un poco más, si se hubieran reposado, el resultado final de las novelas hubiera mejorado muchísimo.

Valoración: 6.

Seguimos con lo del baneo de google

Hola, culebras.

Pues eso, que seguimos hablando del baneo de mi web en los resultados de búsquedas concretas. Sé que suena a pataleo (y lo es), pero como estoy en mi web y me da la gana decirlo, lo digo, ale 😛

Hace unos días me metí en esa cosa llamada Google Webmaster Tools y me sigue sorprendiendo lo que me encuentro tras el baneo de mi nombre y mi apodo en google.

En la 'ruca' está la clave

Lo último: el motor encuentra mi web en la posición segunda a la búsqueda de mi nombre más la palabra ‘ruca’. Si quitamos ‘ruca’, mi web desaparece de los resultados.

¿Magia? ¿Potagia? A saber. ¿Qué sentido místico posee la palabra ‘ruca’ como para que sólo con ella se invoque mi web en los resultados?

El pasado día 17 de marzo realicé una ‘Solicitud de reconsideración de txisko.com/’. Por supuesto no confío lo más mínimo en los resultados de eso, dado que será un robot el que la realice, seguramente el mismo robot que, a saber porqué, ha excluido mi web de los resultados de búsquedas por mi nombre y mi apodo.

Nada más por hoy de este tema.

Un saludo.

PD: Ruca, ruca, ruca, que no llevo peluca.

George H. White – Gran saga de los Aznar, tomo 3

Hola, culebras.

Retomo la lectura de la saga de los Aznar con los tres volúmenes que me regalé a mi mismo en navidad (a saber, del 3 al 5). Supongo que me los leeré seguiditos para luego dar a la saga el oportuno descanso hasta que me compre otros tres en la siguiente navidad.

Este tercer volumen consta, al contrario que los anteriores, de sólo dos novelas cortas. Según se cuanta en las notas se trata de una revisión por parte del autor de las novelas, revisión que en el caso de las incluidas en este volumen se trata de una prácticamente de una reescritura. Así la novela que cerraría esta trilogía, Dos mundos frente a frente, desaparece.

¿Que nos presenta Enguídanos en esta ocasión? La conquista de un imperio es una novela que sigue presentando los mismos defectos que las anteriores: apresuramiento narrativo (todo sucede demasiado rápido) y una prosa recargada y a veces incluso arcaica. Pero precisamente ese apresuramiento, ese querer que todo suceda ya, hace que la novela se vuelva de lectura agradable adictiva (salvando incluso las situaciones a veces excesivamente forzadas). Si hay un defecto argumental en esta novela, algo que para mí supone un fallo de concepto enorme (pero que no sé si se explica más adelante), ese es la supuesta dieta de las criaturas de silicio: ¿criaturas con base de silicio comiendo a otras con base de carbono? Joder, y nosotros comemos arena, sí señor. Supongo que en novelas posteriores tratará de explicar esa soberana metedura de pata, más aún si lo que tengo entre manos son revisiones con textos y tramas mejoradas.

Otro defecto (aunque realmente no lo es, sino una simple necesidad argumental dentro de una arco tan grande), de La conquista de un imperio consiste en su condición de entreacto: se inicia partiendo de una situación extrema por desesperada y concluye con la estabilización en otra mucho más prometedora. Toda la novela se reduce a ese cambio de status de los protagonistas. Ni más ni menos. Como digo, no se trata de un defecto sino de una lógica necesidad argumental, algo que en una novela más extensa hubiera supuesto buena parte del «segundo acto».

Por el contrario con El reino de las tinieblas ya nos encontramos con el arco argumental de nuevo desplegándose. Las cosas suden de manera apresurada, sí (de hecho la acción principal se reduce a días), pero de esta vez con un inicio y un fin de etapa claros: el establecimiento en Redención de la colonia y la eliminación de los competidores. No puedo evitar destacar con un poco de sorna el antropocentrismo tan brutal que demuestra el autor en esta novela: si bien los Aznar buscan el entendimiento y el acuerdo con el resto de seres humanos (y no deja de hacerme gracia la excesiva y forzada convergencia evolutiva entre planetas tan remotos, al punto de que en Redención no sólo hay humanos genéticamente compatible con los de la tierra, sino que además es un criadero de tías jamonas), con los «hombres de silicio» no se realiza ni el menor intento de diálogo. Para ellos sólo cabe el exterminio y la muerte por diferentes. Vamos, quien golpea primero golpea dos veces. Y si del golpe matas al potencial enemigo, pues mejor que mejor.

Pero bueno, no todo tiene porqué ser juego limpio. Y en eso los españoles no nos quedamos atrás. Así que habrá que seguir leyendo las andanzas de estos Aznares. ¿Saldrá algún pendenciero Jose Mari entre ellos?

Valoración: 7