Mathew G. Lewis – El monje

Hola, culebras.

Leí esta obra de Mathew G. Lewis hace ya casi quince años (lo compré recién reeditado por Círculo de Lectores en 1996), y recuerdo que me gustó, pero no del todo: su linealidad y lentitud me dejó un poco insatisfecho.

Pero eso sucedió hace 15 quince años. Ahora lo he disfrutado mucho más, de igual manera que he apreciado mejor sus defectos.
Entre lo bueno, y comparado con el anterior clásico goticoso que he leído, El castillo de Otranto, la mejoría en cuanto a estilo y forma es indudable. Lewis nos recrea una atmósfera y unas situaciones bien descritos y mejor ambientados (algo que tiene mucho más mérito si se tiene en cuenta que el autor era un veinteañero). El culmen de lo gótico se puede decir que lo encontramos en la intensa y lúgubre narración final de Inés: una magnífica ambientación de una escena por completo gótica, en la que hay numerosos detalle tétricos e incluso morbosos (la vida tras la muerte en Inés, y al revés con su bebé, la catacumba, la tortura moral mezclada con el remordimiento, la depravación de los carceleros, la podredumbre, que alcanza sus cotas máximas con las muestras de amor de la madre hacia el cadáver putrefacto de la criatura). Otra de las narraciones a destacar es la del marqués de las Cisternas: la historia de cómo llega al castillo, de lo que sucede en el mismo y posteriormente me parece por sí sólo un perfecto ejemplo de cuento gótico, cuento cuyo clímax llega en la posada con la aparición de ese supuesto judío errante, figura que a mí me recuerda más al Caín bíblico, condenado a vagar con la marca de Dios en la frente, repudiado por el resto de personas.

El relato del marqués llena gran parte de la primera mitad del libro haciendo que muchas páginas el monje, ‘supuesto’ protagonista de la novela, pase a un segundo plano. De hecho Ambrosio no destaca como centro de la misma hasta bien pasado el primer tercio de la obra. Sin embargo a partir de ese momento su figura resurge como un catalizador de la depravación… y del patetismo. Depravado porque acoge con gusto y abusa de todo lo que Matilde le ofrece; patético por la extrema facilidad que con olvida aquellos valores que le hacían parecer santo a sus congéneres. A raíz de esa dualidad Anselmo me ha recordado a dos personajes con ambos caracteres, uno malvado y otro patético. En el lado malvado a Dorian Grey, un ejemplo de la depravación enmascarada en forma de belleza o virtud; en la vertiente patética al bíblico Adán, esa figura débil y penosa que no supo obedecer la única regla de Dios, y que aparte de pecar con extrema facilidad ante la tentación de la serpiente, se permitió el lujo de acusar a Eva (que aquí es Matilde) de su error. La debilidad de Ambrosio se hace patente casi desde el primer momento, dado que el autor deja entrever el orgullo del supuesto santo. A mediados de la novela, una vez que ya ha caído en los brazos de Matilde, el autor se desdice de la supuesta santidad, pintando a Ambrosio como una persona cuya ‘pureza’ se debe a su aislamiento con respecto a la realidad fuera del convento: la virtud se consigue a través del aislamiento, y ante la presencia del mal el hombre santo cede y peca con facilidad.

Matilde en la novela no sólo hace las veces de Eva, virtud engañosa, sino de la propia serpiente del Génesis, del puente hacia la perdición. Ella, al igual que Ambrosio, posee una naturaleza dual, de maldad y patetismo. Su maldad es obvia, llevando al santo varón por el camino del crimen y la perversión; su patetismo aparece en forma de dedicación abnegada, de un servilismo hacia Ambrosio, incluso cuando éste ha dejado bien claro que la desprecia.

¿O no se trata de servilismo? ¿Matilde es una persona… o un avatar de Lucifer, un instrumento del diablo para derribar la torre de santidad que representa Ambrosio? La verdad es que Ambrosio se adentra en la espiral descendente gracias a Matilde, y la presencia de ésta junto al monje sólo sirve para acelerar ese descenso, culminando con la venta de su alma. ¿Habría caído Ambrosio sin la presencia de Matilde?

La aparición de Lucifer supone en la novela el punto álgido, y sin duda el más engañoso y tramposo (por parte del autor): en él se descubre el origen del personaje, algo que resulta fallido por la propia naturaleza la fuente. ¿Se pueden creer las palabras del señor de las mentiras? ¿Realmente la puerta se iba a abrir para liberarle (en ese detalle me gustaría saber si había leído Poe esta obra antes de escribir ‘El pozo y el péndulo‘)? ¿De verdad era hijo de quien dice Lucifer que era hijo, y hermano de quien se supone? Con Lucifer no hay manera de estar seguro… pero sin lugar a dudas de esa manera el autor se quita de encima el problema de descubrir el origen de Ambrosio.

Los protagonistas femeninos sólo están para sufrir, para padecer y (en el caso de dos de ellos) morir. Los masculinos para mostrar un aspecto aguerrido al tiempo que débil (esos desmayos y debilidades enfermizas que se suceden en cuanto se dan cuenta de los destinos de sus amadas).

Si algo que se le puede agradecer a la obra es su valentía: la manera en que no teme mentar a la iglesia y la biblia, mostrando que en su seno  no todo son santos y piadosas criaturas, sino que dentro de ella cabe la perversión, la maldad y el asesinato. Si hablar así de la iglesia ahora mismo puede suponer un problema, hay que ponerse en la piel de una persona de finales del siglo XVIII, cuando la Iglesia tenía tanto poder como el estado, o más si cabe. Lewis tuvo un enorme arrojo al publicarlo. Sí, lo hizo como anónimo y no hizo público su nombre hasta que el éxito de la obra obligó a una reedición (parecido a lo que sucedió con Walpole), para obtener réditos de la misma.

Para acabar este pequeño comentario habría que hablar del ‘timing’ de la novela: en él se nota la inexperiencia del autor, así como las prisas (diez semanas) con las que la escribió. En una primera parte el autor demuestra su incapacidad de dosificar las historias, incrustándonos la de Raimundo a modo de discurso extenso, demasiado extenso (y a saber si con cierto carácter onanista). Tras esa perorata entra en acción Ambrosio y, entre sus fechorías y las desgracias que les suceden al resto de protagonistas, se habla del paso del tiempo de manera incoherente (por un lado se habla de semanas de recuperaciones, viajes y esperas, por otro los acontecimientos aparecen de forma casi lineal). Pero gracias al increscendo de la historia ese detalle se disimula sin mucho problema.

El resultado final satisface mucho más ahora en esta segunda lectura. Sin duda El monje es una obra mejorable estilísticamente, pero aun con todo una lectura muy digna, lo que la hace merecedora de un merecido ocho.

Un saludo.

Ramsey Campbell – Cartas malditas

Hola, culebrillas.

Tras varios años regreso a Campbell con este Cartas malditas. La última vez que tuve en mis manos un Campbell se trataba de El parásito, libro que por desgracia perdí y no pude acabar de leer, y eso que me estaba gustando bastante (con lo que, si alguno me lo quiere regalar le esteré muy agradecido).

De entrada el título me recordó el modesto pero efectivo Imágenes malditas, del que tengo un agradable recuerdo (más aún para tratarse de la primera novela de Campbell que leí), pero por desgracia a medida que la novela avanza las semejanzas se limitan a eso, al título. Y si uno se fija en el original inglés, Obssesion, ni en eso.

Pero la verdad es que el título inglés, Obsesión, si que encaja a la perfección en lo narrado en el libro, que se reduce principalmente a una única idea: el ‘Corazón delator’ de Poe, alargado y ampliado con algunos toques sobrenaturales. Y es que en el libro no hay más. Sí, está el maravilloso y agobiante toque Campbell, presentándonos a unos protagonistas cada vez más sumergidos en la angustia, con una vaga pero opresiva sensación de estar perseguidos y observados, pero poco más. El libro al final defrauda, recordándome (y sé que suena casi a pecado) al Demogorgo de Lumley. Sí, pone los pelos como escarpias la asociación, pero es que realmente me vino a la cabeza una escena de ese engendro de libro.

Sin lugar a dudas nos encontramos con un  Campbell menor, muy distante de esa auténtica maravilla que es El sol de medianoche. Una pena. Le otorgo un 6 y casi que me parece demasiado.

Adiós.

Horace Walpole – El castillo de Otranto

Hola, ofidios.

Acercándome al inicio más inicio de lo gótico, en esta ocasión me acerco al El castillo de Otranto, de Horace Walpole.
No hay que buscar mucho para saber que académicamente se le considera el inicio de todo un estilo, un género caracterizado por lo espectral, lo arquitectónico, lo atmosférico, aspecto que ya conocía… pero como esencia del género también están los sentimientos exacerbados y los enredos de cama y/o linaje, algo que siempre ha asociado al melodrama y la novela romántica.

Todo ello está presente en Otranto: presencias fantasmagóricas e inexplicables; catacumbas, pasadizos, castillos y naves eclesiásticas; oscuridad, lobreguez y humedad. Eso por un lado. Por otro unos personajes exagerados y maniqueos que siembran la novela de diálogos increíblemente afectados, tanto que rozan el ridículo. ¿Hablaba y pensaba la nobleza de finales del s. XVIII así? No lo sé, pero podría creerlo vista la manera de hablar y actuar de los pijos de ahora, esas criaturas que por no salir de su burbuja forrada de dinero siguen soltando el ‘oigh’ en cada frase que mal pronuncian.

La mezcla de esos elementos se ve que sorprendieron y encantaron en su momento, hasta llegar al punto de que a raíz del libro se creó todo un estilo lleno de seguidores, estilo que (con las modificaciones del paso del tiempo) ha llegado hasta ahora. Pero al César lo que es del César: el estilo general del libro casi parece escrito por un niño de primaria. Los ya citados diálogos exagerados y mal llevados, descripciones simplonas y ambientación casi nula, junto a un sentido del ritmo poco menos que completamente desacompasado. Eso, junto a que ha envejecido pésimamente, hace de esta lectura un ejercicio más que nada académico, carente de interés para un lector actual que busque el ‘disfrute’ del texto.

Por todo ello se lleva un raspadito 5: sin duda en manos de otro autor más experimentado habría quedado un texto más presentable, pero es que quien tuvo la idea fue Walpole, y no daba para más. Ni para menos.

Chau.

John Brunner – Rebaño ciego

Hola, culebras.

Con otro Brunner he topado en la pila, otro tocho que nos presenta una visión pesimista del futuro: Rebaño ciego.  ¿Qué se puede decir de las historias de estas ovejas descarriadas? Pues mucho, y todo muy bueno. O muy malo, según se interprete. Muy bueno porque la manera que el autor usa para llevarnos a ese mundo triste y patético es detallista y, por desgracia, realista; muy malo porque desde el primer momento casi se sabe que hagan lo que hagan esos desgraciados, el libro sólo puede tener un final. Cuando ese final llega lo hace con un cinismo y una amargura soberbias, magistrales, por completo inglesas. Chapó.

La galería de personajes es amplia y de espectro variado, como ya ocurriera en Todos sobre Zanzibar, un conjunto de individuos arrastrados por la marea de un tiempo que más que vivir lo único que permite es sobremalvivir. El autor no deja títere con cabeza, atacando a la clase política (presentándonos un Prexy que casi lleva tatuado en la frente la palabra Arbusto), militar, periodística, industrial, al simple populacho… Incluso a los ecologistas. Nadie sale bien parado en esa magistral obra de arte.

Publicado cuatro años después de Todos sobre Zanzibar, Rebaño ciego mantiene ese estilo de enorme y enrevesado nudo gordiano haciéndonos viajar a través de varias historias independientes pero que según avanza la historia se entrelazan. Como matiz más llamativo en su relación con Zanzibar aquí también aparece un ordenador y un individuo que busca en él la solución. Pero en esta ocasión no se presenta un Alejandro Magno capaz de desfacer el entuerto a golpe de espada, ni un programa informático que apunte a una solución más o menos severa. Al contrario, y esto casi se puede decir que es un poco destripar la novela (sí, estoy avisando), el último capítulo tiene una brevedad, un salvajismo y una contundencia que se ajusta a ese único final válido que un lector como yo está deseando. El salvajismo descarnado, el egoísmo y la ceguera de la sociedad global y de la americana en especial que se muestra en esta novela la hacen mucho más intensa que la antes citada de Zanzibar. Con ello se logra un libro más directo y descarnado, una lectura más satisfactoria.

Vamos, que mejora a Zanzibar.

Y de paso nos hace pensar (y casi aterrorizarnos) ante lo que le está pasando al planeta, un mundo dirigido por una serie de personajes por desgracia nada diferentes de los de la novela. Tanto que casi dan ganas, como más de una vez se dice en el texto, de no tener hijos. ¿Para qué, para que vivan en ese mundo de mierda? Ya hay una generación perdida por un efecto casi Brunner. ¿Hasta qué punto debemos llegar para que no sucedan los acontecimientos del final del libro?

Lo dicho, una obra maestra, una lectura obligatoria, más si cabe en estos días de globalización y revolución.

¿Qué nota se merece? Un merecidísimo 9.

Chau.

Seguimos con ejemplos de los que nos gobierna

Hola, ofidios.

Hace unos días hablaba de una elementa que tiene un cargo oficial pero que, sin embargo, se puede decir que no sabe hacer la O con un canuto: me refiero a Isabel López i Chamosa.

Como alguno que otro ya sabrá, durante unos días esta señora adquirió fama (de ese tipo efímero y muchas veces patético que abunda en internet) por la horrible sintaxis, por nefasta y vergonzante manera de expresarse, ya hablando (y admito que ese aspecto resulta en gran medida excusable, dado que cada uno tenemos una serie de dejes o acentos que hemos ‘mamado’ desde pequeños y que resulta muy difícil abandonar), ya escribiendo en un blog. Como ya dije el saber escribir no tiene ninguna excusa para un cargo público, y menos aún en el caso de uno que se permite el lujo de admitir que lo escribe mientras se sienta en el hemiciclo (acumulando tiempo para conseguir esa pensión que a otros les niegan).

Pues bien, en el blog de esa señora se acumularon numerosos comentarios en su contra, la inmensa mayoría de ellos en referencia a su pésima manera de escribir. Para defenderla saltaron a la arena un par de personas, que demostraron su incapacidad no sólo para argumentar, sino su disposición a rebajarse a ese nivel de discurso que ellos mismos declaraban detestar. De igual manera saltó la propia Isabel, sólo para excusarse soltando la desfachatez de que escribía lo que escribía con mucha prisa porque lo hacía desde su escaño.

Sin más comentarios.

Entiendo que al partido (y por supuesto a la aludida) moleste el manteo que ha sufrido esa persona, pero es que no tenía defensa posible visto el despropósito de su blog. Lo que no se entiende es que las decenas de comentarios de esa entrada hayan sido literalmente borrados del mapa, eliminados sin dejar rastro (incluso sin dejar rastro dentro de blogger) dejando colgados en la web menos sólo diecisiete.

2011-01-17 ELeccionesCatalanas

Pero de algo sirve lo de ‘afiliarse a los comentarios de una entrada’: aquí están en formato imagen, dado que no he sabido sacarlos del gmail de otra manera sin que pierdan el formato, casi todos (los que tengo almacenados desde que me adherí a la entrada.

Comentarios Chamosa 1 Comentarios Chamosa 2 Comentarios Chamosa 3 Comentarios Chamosa 4 Comentarios Chamosa 5

Si la señora Isabel, o alguien de su partido, ha pretendido eliminar/censurar los comentarios desfavorables que contra ella y su manera de escribir algunos internautas han colgado, va a ser que no.

Un saludo y no uséis la censura, políticos, que quedáis peor aún. Si cabe.

Balance de lecturas 2010

Hola, ofidios. Tal y como ya hice el pasado año, aquí va (más que nada para mí, que me encantan estás chorradas estadísticas sin sentido) el sumario de lo leído el pasado año.

 

Fecha fin lectura Autor Título

Valoración

Género
08/01/2010 John Varley Y mañana serán clones

8

Ciencia ficción
02/02/2010 David Brin Tierra

6

Ciencia ficción
13/02/2010 Alfred Bester Las estrellas mi destino

4

Ciencia ficción
25/02/2010 Neil Gaiman Objetos frágiles

4

Fantasía
06/03/2010 Jack London El lobo de mar

6

Aventuras
09/03/2010 Brian Lumley Demogorgo

3

Terror
17/03/2010 Isaac Asimov El hombre del bicentenario

5

Ciencia ficción
22/03/2010 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 3

7

Ciencia ficción
30/03/2010 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 4

6

Ciencia ficción
09/04/2010 George H. White La gran saga de los Aznar, tomo 5

6

Ciencia ficción
24/04/2010 Dan Simmons El terror

8

Terror
27/04/2010 Rafael Marín Mundo de dioses

4

Ciencia ficción
18/06/2010 Stephen R. Donaldson La necesidad de Mordant

5

Fantasía
28/06/2010 Dmitri Glukhosvsky Metro 2033

6

Ciencia ficción
17/07/2010 Poul Anderson La nave de un millon de años

4

Ciencia ficción
18/07/2010 Joe Haldeman Compradores de tiempo

5

Ciencia ficción
23/07/2010 Michael Moorcock Las crónicas del castillo de Brass

6

Fantasía
28/07/2010 Rodolfo Martinez Tierra de nadie: Jormungand

6

Ciencia ficción
31/07/2010 L. Sprague de Camp Que no desciendan las tinieblas

5

Ciencia ficción
17/08/2010 AA.VV. UPC 2002

6

Ciencia ficción
25/08/2010 A.A. Atanasio Radix

9

Ciencia ficción
31/08/2010 Max Brooks Guerra Mundial Z

8

Terror
06/09/2010 Robert C. Wilson Darwinia

4

Ciencia ficción
13/09/2010 David Morrell Rambo

8

Thriller
28/10/2010 Clive Barker Imajica

3

Fantasía
05/11/2010 Frederik Poh Mineros del Oort

4

Ciencia ficción
13/11/2010 Stephen Hawking Brevísima historia del tiempo

6

Ensayo
17/11/2010 Robert E. Howard Conan el Guerrero

7

Fantasía
12/12/2010 Iain M. Banks Pensad en Flebas

6

Ciencia ficción
19/12/2010 Robert E. Howard Conan el Usurpador

8

Fantasía

A modo de resumen, y comparando con el año anterior:

  • He leído un poco mas, 29 referencias frente a 23, si bien de esas 29 hay incluidas un par de sagas como ‘todo uno’.
  • Más páginas,  1217 (casi un 30% más, que se dice pronto), que hacen unas 33 páginas diarias. Sigue siendo poco, pero más que el año pasado.
  • De nuevo hay más que nada cosas de cifi, pero ya he intentado yo que la pila no imponga tanto su ley.
  • La valoración media de lectura ha resultado penosa, un seis ramplón, y es que me he topado con auténticos bodrios, de los gordos.

Entre lo más destacable del libro sin duda las primeras tres cuartas partes de El terror (una verdadera joya), Radix (de la que alguien en su día me avisó como ‘libro malo’ y mira por dónde…) o la sorprendente, por eso de que no me esperaba algo tan bueno, Guerra Mundial Z.

Bueno, esto ha sido todo en lo que se refiere a lecturas del 2010. A ver cómo se porta el 2011.

La gran inocentada

Hola, ofidios.

La mayor inocentada, la más grande, la puedes ver en el siguiente vídeo. Más concretamente en el minuto dos con veintitrés segundos:

Porque… es una inocentada, ¿no? ¿Un canal de 24 horas de noticias y reportajes sustituido por 24 horas de hoygan vividores descerebrados? ¿A eso se reduce el futuro en lo que se refiere a programación televisiva?

Si es cierto tendré que repetir de nuevo el mantra: ‘mierda de país; mierda de humanos’. Repetirlo y seguir implorando porque Stephen King sea más visionario de lo que él mismo se imagina.

Adeu.

PD: Acabo de ver este promo y me parece que le falta algo.

¿Qué le falta? No sé… la lápida del desgraciado de CNN+ en jardín posterior, quizá.

¿Qué pensará el rubito e inocente Cuatro cuando descubra lo depravado que es su nuevo casero/padre? ¿Se unirá a la orgía fisgando a 7 a través de una rendija en la pared mientras ésta se desnuda, sodomizando a Factoría con la caspa nacional o pervirtiendo a Boing con los cuentos pornorwelianos del Gran Hermano?

Ellos lo llaman democracia

Hola, culebras.

Siempre he pensado que este sistema político en el que vivimos en vez de llamarse democracia debería recibir el nombre de timocracia, porque durante unos días una panda de falsos venden la moto, se les llena la boca de promesas, y en cuanto están en el poder ‘donde dije digo digo Diego’, y si te he visto no me acuerdo (y para demostrar la manera en que esto ha calado en la sociedad que vean el anuncio creado para el juego ‘Quien soy electrónico’ de Diset. Pena que no lo encuentro por ningún lado para enlazarlo).

No alabo el sistema anterior, ni de lejos, pero al menos en él se sabía de sobra lo que había: ordeno y mando, y si no te gusta o te jodes o te largas del país. Aquí y ahora es lo mismo durante cuatro años menos cuatro semanas de campaña. O quizá incluso peor: al menos antes podías echarle la culpa de cómo estaba todo de mal al tipejo cuyo careto venía en todas las monedas; ahora, por mucho que despotriques del de las cejas, quienes mandan de verdad en esta timocracia son unas cosas llamadas mercados y lobbies de poder. Vamos, que ya ni siquiera el culpable es un canijo con mala leche, un hijo de puta patrio. Ahora la mierda que nos dirige, la bazofia que nos acerca cada vez más a una calidad de vida similar a la del vecino del sur, nos llega importada ya desde Bruselas (algo que hasta cierto punto veo incluso lógico), ya desde el planeta bursatil, la galaxia banquera, o incluso desde el país hipócrita por excelencia.

¿Y qué ocurre cuando la gente intenta mover el culo de la reducida manera que puede, a modo de pequeña revolución digital? Pues suceden cosas como estas: un impresentable (vía teleoperador) que se cree que la gente no puede llamar a su grupo político para saber qué van a votar. La actitud de ese subnormal (pena que no se descubra su nombre y apellidos, y se le despida de manera fulminante) sirve como indicativo preocupante de lo que sucede con este sistema. Eso y que otros se dediquen a juguetear con el ordenador en las sesiones. Vergüenza siento al saber que ocupan el sitio que ocupan, cobran lo que cobran y ostentan el poder que ostentan analfabetos y prepotentes como estos. Vergüenza ajena, por supuesto, que no suya: ellos no la tienen al hacer lo que hacen, al decir lo que dicen, al prometer lo que prometen para luego olvidar lo que olvidan. Total hasta dentro de tres años y medio pueden hacer lo que les da la gana, y que ningún currito les chiste.

Mención aparte merecen los hipócritas (veo que en esta entrada esta palabra se va a repetir ‘un poco’ 😛 ). Me parece de risa que el duermeovejas éste hable de dictadura cuando él apoya un sistema antidemocrático como del que hablo, la timocracia, más que nada porque se trara de uno de los que pierden el culo la hora de sacar su dinero del país, todo sea por acaparar más y más, y si evitar ayudar al país, mejor que mejor. Al menos sabemos de qué lado están, del de algunos de los lobbies que tratan de manipular gobiernos e imponer leyes. Por cierto, leo que con eso mismo ha saltado el caranimal. Venga, ahora que esos lobbies, ricachones defraudadores o directamente expatriados voluntarios para evadir impuestos sigan presionando a ver si cuela en otra ocasión. Y saldrá, seguro, pero para entonces espero que la burla que descubierta para mucha más gente.

Ellos lo llaman democracia; yo lo llamo timocracia, un nuevo modelo de despotismo ilustrado lleno de hipocresía.

Jodidos humanos de mierda. Pena de Martillo de Dios que os caiga a todos encima… aunque sea por navidad.

Veo… fichas de libros

Hola, culebras.

Ahora mismo me estoy partiendo el pecho de pura risa. Hace ya más de veinte años (y casi seguro que más) gasté una broma inocente, de esas que se cometen en la infancia sabiendo que no van a llegar a ningún lado. Se trataba de una broma que yo mismo creía que no llamaría la atención de nadie (sí, así de humilde era esa chanza). Lo curioso es que, años después, encuentro lo que bien podría ser una prueba de que alguien sí se dio cuenta de la pequeña chufla. O eso o que alguien más tuvo la misma idea.

¿En qué consistió esa bromita? Pues muy sencillo. Por aquel entonces yo acudia bastante a la Biblioteca Municipal Menendez Pelayo de Santander, tanto para fusilar libros de deporte con los que hacer trabajos de gimnasia para don Joaquín Pardo (uno de los profesores que con más cariño recuerdo de los salesianos, junto a don Joaquín ‘Huevo’ Egozcue [maestro que supo hacer interesante e incluso atractiva esa cosa llamada filosofía] a don Julio Manzano [lo mismo que con Egozcue, pero con la literatura: gracias por recomendar tan encarecidamente La historia interminable] y a… a… que Cthulhu me perdone por no recordar el nombre de este magnífico maestro de ciencias naturales de BUP y COU: ‘el tarzán’ ¿Juan Manuel?).

Bueno, que me disperso.

A lo que iba:  mis visitas a la Biblioteca Municipal Menendez Pelayo. Acabé sabiéndome bastante bien la manera de codificar las fichas de los libros, que por aquel entonces se ‘amontonaban’ en un mastodóntico archivador cúbico en la planta uno. Conocía lo suficiente de su formato como para añadir una de mi propio puño y letra. Bueno, de mi propia máquina de escribir. Y ni corto ni perezoso agarré la máquina de escribir, una cartulina y visité el archivador de marras; la biblioteca se había hecho poseedora, sin saberlo, de una codiciada joya de la literatura

Siguieron décadas de olvido… hasta ahora, que por cura casualidad me encuentro con ello en la wikipedia.

Seguro que no se trata de mi pequeña broma, casi con toda totalidad que otro como yo ha tenido la misma idea, extraída del mismo libro. Pero no puedo evitar sonreír al recordarlo. Cosas de juventud, una juventud de forofo devorador de libro ‘raros’.

Ah, bueno, por si no lo ha pillado aún alguno: donde pone ‘así como que en el catálogo de la Biblioteca de Santander (España) aparecía también una versión latina del libro’ se hace referencia a la ficha que dejé yo allí del Necronomicón. Y si no es la mía, si se refiere a otra, eso se debe a que en Santander hay más de un fan de H.P.L. capaz de gastar esa broma.

Adios.

Robert E. Howard – Conan el Usurpador

Hola, culebrillas.

Parece casi que le he agarrado cariño al musculoso tejano de Howard, sobre todo tras disfrutar de ‘Clavos rojos‘.  Así que me puse con este Conan el usurpador pensando en ese Super Conan 1 en el que se narra a modo de novela gráfica la llegada al trono de Conan. Esperaba encontrarme con un relato que narrara esos hechos. Pero no: ninguno de lo relatos narra ese acontecimiento concreto. Sin embargo nos queda un buen ramillete de historias:

  • ‘El tesoro de Tránicos’ forma parte de los clásicos de Conan, con su habitual mezcla de aventura y magia, una historia en la que el cimmerio no es el auténtico protagonista, sino que de nuevo ese aspecto principal lo asume la amenaza picta. Al  relato se añade la presencia de ese socias de Nyarlathotep, el infame Thoth Amón, que sin saberlo ayudará a Conan en el logro de su destino. ¿Tendrá el estigio en futuras novela la misma importancia que tiene en los comics Conan Rey? El tiempo y las páginas lo dirán.
  • La historia de ‘Lobos más allá de la frontera’, si bien no es un relato ‘de Conan’, quizá sea el mejor relato (en lo referente a el tema de acción y aventura) del libro. Un auténtico cuento del oeste, dinámico, sin pausa. Muy bien. mejor que a mi gusto que ‘Más allá del río Negro’.
  • Sobre ‘El fénix y la espada’ y ‘La ciudadela escarlata’ voy a hacer un comentario conjunto. Son buenos relatos, sí, sobre todo el pasaje central de La ciudadela, pero ambos dos, tras leerlos, me hacen pensar en un nombre propio: Moorcock. ¿Porqué? ¿A quién que no haya leído las crónicas de campeón eterno no le ha sonado algo el sueño de Conan en ‘El fénix’? ¿Cómo no leer el viaje de Conan a través de las catacumbas, en ‘La ciudadela’, y no rememorar las entrañas de Imrryr o puede que de Pan Tang? (Incluso, forzando un poco, ¿el nombre del compañero del protagonista de ‘Lobos’ no recuerda algo a Dyvim Slorm?)

En definitiva, una lectura magnífica de un Howard inspirado. Toda una delicia. Se lleva un ocho sin lugar a dudas.

Los siguientes libros que me quedan de Conan pertenecen a una época para mí más desconocida, la de un hombre ya mayor y que, por fuerza, debe ir perdiendo esas habilidades felinas que tan buen resultado le han dado a lo largo de su vida. ¿Cómo presentará Howard el declive de el guerrero por excelencia? Habrá que esperar.

Chao.